Bohr Daedth
Marawën despertó de un sueño inquieto. El dolor de cabeza era intenso y se encontraba perdida, desorientada.
Entre la niebla que empañaba sus ojos distinguió la luz de un fuego; miró al su alrededor y descubrió que no estaba sola, reconoció algunos rostros conocidos para ella.
-Has despertado…-dijo una voz familiar.
La joven intentó incorporarse pero se sentía demasiado débil aún.
-No tranquila, no te esfuerces. Casi no has comido estos días y aunque has estado inconsciente tu sueño ha sido inquieto.
-Elhedriel, ¿eres tú?-preguntó la semielfa.
-Sshh, tranquila; ahora descansa, mañana será otro día…
…
La mañana llegó y con ella nuevas sorpresas.
Marawën volvió a despertar pero esta vez lo hizo algo más tranquila. Los malos sueños parecían haber desaparecido la noche anterior y por fin había descansado.
Salió de la tienda en la que había permanecido y vio a la gente ir y venir en sus quehaceres. Era ya mediodía y las mujeres preparaban la comida que los escasos hombres que habían quedado habían procurado conseguir. El ambiente se notaba tenso y ninguna cara sonreía, muchas mujeres habían perdido a sus maridos o a sus hijos, lo que era una pérdida irrecuperable.
La joven vio a Elhedriel y se acercó a ella.
-Veo que ya estás mejor pequeña-le dijo la elfa mostrándole una triste sonrisa. El silencio las invadió a ambas hasta que Marawën decidió romperlo.
-¿Qué paso? ¿Qué es lo que…?-contuvo el llanto que afloraba en sus ojos sin terminar la frase.
-No lo sabemos con exactitud-respondió seria Elhedriel-habían llegado rumores de guerra más al sur de nuestras tierras, pero ya sabes que somos gente pacífica, no dada a la lucha, así que tuvimos la esperanza de permanecer ajenos a todo este mal. No ha sido así…
-¿Mi madre? ¿Sabes algo de ella?
La elfa la miró apesadumbrada y bajó la mirada sabiéndose temerosa de responder.
-Por favor Elhed, dime lo que sea, dímelo por favor te lo suplico-la joven no pudo contener las lágrimas por más tiempo y estalló en sollozos.
-Se dice que fue capturada, pero desconozco qué ha podido ser de ella.-La elfa se aproximó a Marawën apoyando su mano sobre su hombro para reconfortarla pero nada podía animar a la joven en ese momento. Rompió en un desconsolado llanto ante la idea no volver a ver a su madre.
-Todos hemos perdido a alguien en aquella horrible batalla. Algún hijo, o algún marido del que ya no volveremos a saber más…el padre de Hilaran…- se ahogó en su propio llanto sin poder continuar.
-Entiendo-respondió la semielfa.-Entiendo…
…
Las horas pasaban eternas ante la incertidumbre, y el ánimo de la gente menguaba por segundos. El silencio reinaba el campamento y solo algunas voces infantiles lo quebraban de vez en cuando entre susurros.
…
La noche trascurría apacible pero el sueño de Marawën era intranquilo. Daba vueltas en el lecho debido a la pesadilla que estaba teniendo.
Una enorme sombra se cernía sobre ella, en la lejanía, el sonido de los tambores cantaba a la par de los latidos de su corazón. Estaban cada vez más cerca…
Se sentía prisionera allí clavada al suelo, no podía moverse y sus piernas no le respondían. Intentó gritar para pedir auxilio pero nada salía de su garganta.
Una sombra cruzó a su costado y la hizo temblar no solo de miedo, sino también de frío. Cerró los ojos intentando tranquilizarse pero fue en vano, los temblores casi se habían transformado en terribles espasmos y las lágrimas resbalaban frías sobre sus mejillas.
Notó el frió a su espalda, tras la nuca sentía el gélido hálito de la muerte respirar lentamente y cada vez más cerca.
“-Debo liberarme y ayudar a mis amigos”-pensaba la joven, pero todo intento fue inútil.”¿Qué quieres de mi?”-gritó desesperada y a punto de derrumbarse…
“-Te quiero a ti…”-la voz parecía salida del mismismo averno, trasmitía furia, odio, muerte…
El vello se le erizó en el cuerpo y no pudo evitar el escalofrió que recorrió su espalda al escuchar aquella terrible voz que sentía tan próxima.
“-¡No!”-gritó-“Debo ayudar a mis amigos, me necesitan”-respondió entre sollozos-“debo…”-pero la voz se le quebró.
“-No irás a ninguna parte. Ellos ya se han olvidado de ti, ni siquiera han reparado en tu ausencia. ¿Para qué los necesitas?”-pronto aquella voz pasó de ser amenazadora a convertirse en una voz agradable y familiar que no tardó en reconocer.
“-Madre…”-sus fuerzas estaban flaqueando.
“-Sí hija mía, soy yo, he venido a ayudarte”-la voz ahora era dulce y cariñosa-“Deja que te abrace mi pequeña niña, has crecido tanto…mis brazos te serán reconfortantes, siempre es duro conocer la cruel verdad”
-“¿Qué verdad madre?”
-“La de tus “amigos”, querida. Ellos te han olvidado. Te suponen muerta, o huída y no les importa. No valen la pena… Ahora, has de venir conmigo mi niña, no te pasará nada a donde he de llevarte…”
La joven dudaba, no podía ser su madre. Había desaparecido, tal vez estuviera muerta. No podía creer aquello tan terrible que la voz le contaba, no podía ser cierto. Había comprobado cuán leales eran y hasta donde podía llegar su cariño. Morirían por ella si la situación lo requiriera, al igual que ella moriría por ellos.
“-No, eso que me dices es imposible. Conozco a mis amigos, sé que no me abandonarán. Sé que vendrán por mi.”
Un breve silencio se hizo en la estancia que fue roto por la voz conciliadora de la elfa.
“-¿Estás totalmente segura?”
Pero esta vez no dudó como aquel ser habría esperado, en su corazón no había miedo y la confianza que había depositado en sus compañeros era infinita.
“-Lo estoy…”-respondió con voz firme y segura. -“Sé que vendrán”.
“-Está bien, si estás tan segura…”-la voz fue transformándose de nuevo gradualmente conforme pronunciaba estas palabras- “Serás mía lo quieras o no…aunque confíes en ellos, tengas miedo o no…lo serás…”
“-Estoy preparada para lo que deba ser…mi alma está encomendada a Eru, no temo por ella…”
La voz sonó justo detrás de su oído, pronunciando las palabras una a una, lentamente. El tiempo parecía haberse detenido y solo seguían su curso las inhumanas palabras que pronunciaba aquel extraño ser…
“-Ni los Valar podrán ayudarte…ellos nada tienen que ver con esto…”-una espeluznante risa surgió de la nada subiendo gradualmente de tono hasta convertirse en un estridente chillido agónico.
Marawën sintió una mano gélida alrededor de su cuello que la oprimía y que le cortaba de súbito la respiración. Intentó liberarse de la garra que la aprisionaba pero era inútil.
“-¡Mía!, jajajaja, mía…”
“-¡¡Nooo!!”
Marawën se despertó de un sobresalto desorientada y asustada…un álgido sudor recorría su espalda y las lágrimas surcaban su rostro.
Alguien había entrado en su tienda mientras ella dormía.
-¿Qué ocurre?- dijo intentando tranquilizarse.
-Siento haberte despertado así-era Elhed, parecía afligida por algo, extremadamente preocupada-Hilaran ha desaparecido Marawën, no lo encontramos por ningún lado- contestó entre sollozos.
Salió de un salto de la cama y se vistió con lo primero que encontró. Ni siquiera tuvo tiempo de pensar en la espantosa pesadilla, simplemente decidió desecharla pues no la comprendía y pensó que sus propios miedos le habían jugado una mala pasada, así que lo mejor sería olvidarla.
Salió a toda prisa de su tienda y entre unos pocos se dispusieron a encontrar al chico.
Se repartieron en varios grupos de a tres, y se adentraron en la espesura del bosque.
…
Un muro en ruinas se extendía a lo largo del camino, e Hilaran se sentía curioso. Era joven e impulsivo así que no le asustaba caminar solo por aquellos parajes; al fin y al cabo qué podía ocurrirle en un lugar desierto, derruido y abandonado años atrás.
Conforme se acercaba al final del muro el frío se hacía más intenso. A cada paso el ambiente era más cargado y la niebla más espesa.
Llegó al final del camino y frente a él se alzaba una enorme plaza en ruinas con una bella fuente esculpida en su centro. Casi nada se había salvado de la destrucción allí pero la fuente, aquella magnífica fuente, estaba prácticamente intacta.
De repente oyó un grito aterrador, asustado se volteó y vio la cara de su madre pálida y horrorizada.
-¡Madre!, ¿qué le ocurre?
-¡Hilaran!-gritó desesperada-¡hijo, detrás!-intentó correr hasta su hijo pero el pavor la tenía paralizada.
Al momento varias mujeres aparecieron al lado la elfa que gritaron agonizantes.
El niño miró a su espalda y entonces lo vio.
Varias sombras se cernían sobre él, acosándolo, observándolo. Las sombras tenían cuerpo, y rostros, pero podía verse a través de ellos. En sus cadavéricos rostros se adivinaba el odio, la destrucción. La tez del niño perdió su color rosado al instante y el pánico lo invadió. Corrió hacia su madre pero esta parecía no ver nada. Su rostro había quedado desfigurado en un rictus de consternación y contraído en un grito eterno.
-¡Madre, reacciona!-gritó el joven. La madre parecía regresar poco a poco de otro mundo y miró a su hijo.
-¡Hilaran!-tocaba a su hijo y lo miraba como si de un fantasma se tratase.-Corramos, debemos salir de aquí.
La prisa apremiaba y no conocían el terreno. Corrieron sin dirección dando vueltas entre la niebla. Sin saber cómo entraron en una pequeña sala a la que seguían unos empinados escalones. Los bajaron a la carrera y entraron en una pequeña habitación oscura y maloliente. Ambos se encogieron en un rincón y se abrazaron llorando, angustiados y totalmente perdidos…
Las horas pasaron y nada ocurrió. Habían conseguido calmarse pero su turbación era la misma.
-Madre, tengo hambre-dijo el niño desconsolado.
-Necesitamos comida, o moriremos de hambre igualmente aquí enterrados. Escúchame cariño, voy a salir a ver qué encuentro. No escúchame, no me pasará nada, volveré enseguida.
…
Varias mujeres llegaron gritando al campamento. Estaban totalmente atemorizadas y desorientadas.
Marawën se acercó al grupo que se había reunido en torno a ellas e intentó descifrar algo de lo que a duras penas lograban pronunciar.
De repente un fuerte viento se levantó en torno al grupo y un extraño silencio se alzó en el bosque. Todos se miraron desconcertados sin saber qué ocurría. Las mujeres volvieron a gritar desmoralizadas.
-¡Ya están aquí! ¡Vienen a por nosotros!
-¿Quién?-preguntaron algunos-¿qué ocurre?
Las caras de las elfas se tornaron pálidas al instante mirando a un punto en concreto. Los ojos parecían salírseles de las órbitas y no podían dejar de gritar.
Pronto el caos se hizo con ellos al ver aquellas sombras que los acechaban y que poco a poco se acercaban a ellos.
El viento soplaba fuerte entre las hojas de los árboles, las ramas empezaron a crujir violentamente, tanto que algunas se rompieron y cayeron al suelo con estrépito.
La gente empezó a correr de un lado a otro despavorida, pero la enorme sombra ya los había atrapado.
Marawën recordó entonces el horrible sueño que había tenido aquella noche. Recordó aquel ser envuelto en penumbras que la acosaba, rememoró el frío contacto de su ser contra su piel y se estremeció. Sin darse cuenta empezó a correr instintivamente sin saber a dónde le dirigían sus pies.
Corrió y corrió sin descanso sintiéndose acechada en cada momento. Corrió y corrió sin mirar atrás hasta que las piernas le fallaron y no pudo seguir. Le faltaba el aire y se encontraba débil y mareada.
Intentó seguir pero no lo consiguió, intentó gritar y tampoco pudo. Cayó inconsciente en el suelo.
La suerte ya estaba echada, cruel el destino que había jugado con ella pero que ahora sin embargo, y sin saber cómo, le había hecho llegar hasta las puertas de la ciudad de Hón, territorio de Fanyarëa…
