Kelusse
Fin Guerra: Lempë Ohtari se retira del Combate
Armadas perdidas por "Helkelen Lara" = 6
Armadas perdidas por "Lempë Ohtari" = 10
Victoria para Helkelen Lara.

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.
Edicion 3
Finalizada · 19-03-2006
2007:03:01:09:20:35
Fin Guerra: Lempë Ohtari se retira del Combate
Armadas perdidas por "Helkelen Lara" = 6
Armadas perdidas por "Lempë Ohtari" = 10
Victoria para Helkelen Lara.
-¿Crees que encontraremos algo interesante en esta vieja biblioteca? –Pregunto Elric.
-Estoy seguro que sí- respondió Overon entusiasmado – Mi padre siempre decía que en todas las leyendas siempre hay una parte de verdad y que mejor sitio que esta vieja biblioteca, para encontrar alguna pista que nos conduzca a algún fabuloso tesoro. – El rostro de Overon se iluminó, solo de pensar en el botín que podría obtener.
-No sé Overon – dijo con desánimo Elric - Mira a tu alrededor – Mientras alumbraba con el candil, por los distintos pasillos de la biblioteca – ¿Sabes la cantidad de libros y manuscritos que se han acumulado aquí?, ¿que posibilidades tenemos de encontrar algo interesante? –Pregunto Elric.
-Vamos Elric no te desanimes tan pronto – Dijo Overon, mientras le daba unas palmaditas en la espalda – Es cierto que no hemos tenido mucha fortuna….
-¿Fortuna? – Interrumpió Elric – El incidente de las cuevas de Oester, se suponía que había una fortuna en joyas y monedas, solo encontramos una madriguera de mofetas. El mapa que comprastes en Loregard, nos condujo a una emboscada, donde te he de recordar que escapos por muy poco de los bandidos. – Comentaba sarcásticamente Elric.
Overon se encogió de hombros – No pretenderás que a la primera encontremos un gran tesoro. Mi padre siempre decía – Los inicios son siempre dolorosos –Dijo Overon en tono solemne.
-Cierto que lo son -Respondió Elric, asintiendo con la cabeza –Oler a mofeta, caerse por la cascada, el flechazo en el costado… ¿quieres que continue?
-Para de quejarte y haz algo útil – Interrumpió Overon, alargando su mano tomo unos manuscrito que se encontraban en una de las estanterías de la biblioteca y se los entregó a Elric – Tu lee que yo te alumbro – Le ordenó.
Elric resopló, sabia que estaba a punto de encaminarse en otra alocada búsqueda, pero que demonios, quizás aquella vez tendrían más fortuna. Bajo la luz del candil comenzó a leer el manuscrito:
[…]
Mis tropas estaban en el valle dorado al norte de la ciudad de Mirianost. Alcanzamos al enemigo, tras dos duras jornadas de marchas forzadas, Ezel me seguía por detrás, y con la caravana de provisiones iba Apacen.
-Señor, las tropas de Lempë están a tan solo unas decenas de metros de aquí-
-Acamparemos aquí.-Dije en voz lo suficiente alta para que me oyeran todos. -Los alcanzaremos al alba.- Concluí.
Esa noche fui a la tienda de Apacen, el cual estaba despierto, sentado sobre el blando colchón mirando el suelo pensativo.
-Apacen, sal un momento.- Lo llamé.
Las hogueras estaban apagadas, no había ninguna luz, para que él enemigo no se percatara de nosotros.
-Apacen, mira, desde aquí se ven las hogueras de Lempë. Mañana al alba será donde todos yazcan muertos aquellos que traicionaron a Lara.-
-Vamos a la cama, mañana nos espera un día largo y duro…que los espíritus nos protejan-.Dijo Apacen antes de meterse en su tienda y acostarse.
Volví a mi tienda y me senté en el borde de la cama pensativo, estiré los doloridos músculos, y me tumbé, cerré los ojos y intentando dormir. Cuando abrí los ojos aún no había amanecido, los soldados ya estaban preparados para empezar el ataque. Las hogueras de Lempë ya no brillaban.
Me vestí, cogí la fría armadura y me la coloque sobre el torso, lo mismo hice con el casco, saqué la espada y el cinto de debajo de la cama y me los coloqué a la altura de la cintura. “Ya estaba listo para combatir al enemigo” Pensé.
Los primeros rayos de sol ya asomaban entre las laderas de las montañas, calentando levemente los yelmos de los soldados.
Salí de mi tienda, monte en mi caballo negro como el tizón y me puse en primera fila.
-Hermanos, os he llamado para por una vez dar muerte aquellos que fueron nuestros amigos, hasta hace poco contábamos con su apoyo, pero ahora estamos solos, nos traicionaron…ahora son solamente para nosotros cucarachas que se esconden tras la fría piedra, sin atreverse a salir por el miedo…Yo os invito a exterminarlas por siempre de estas frías tierras a las que llamamos hogar, ¿estáis con migo?- Dije seriamente.
En las caras de los soldados se veía más seguridad, sabiendo lo que a muchos les esperaba.
Nos encontrábamos en una ladera de una colina no muy inclinada, pero lo suficiente como para que tuviéramos una pequeña ventaja en la batalla.
El sol ya alumbraba las armaduras de los enemigos, el reflejo de las cuales me daba directamente en los ojos.
Pocos minutos después de terminar el discurso. Las espadas sonaron… la batallo comenzó, pronto de rojo el campo se tiñó con sangre y con valor.
Los arqueros se apostaban en lo alto de la pequeña ladera, la caballería unos metros mas atrás y detrás de estos se encontraba el campamento, desierto solo en el estaba Apacen, mirando hacia el infinito, pensativo en lo que sucederá en la batalla.
El sol se cubrió de una larga oscuridad, producida por las mortíferas flechas que se detenían en los cuerpos inmóviles de los numerosos enemigos de Lara. La infantería salió como una exhalación de su posición, pero, se encontró que la gran barrera enemiga de picas y venablos, muchos retrocedieron pero otros cogieron demasiado tarde esa opción y fueron atravesados por el enemigo.
Las tropas del invasor avanzaron con férrea determinación, haciendo retroceder a nuestras tropas. Intente abrirme paso yo solo, pero pudieron con migo, un destello paso por mi derecha, tras ella un reguero de sangre, mi brazo llevaba un feo corte que llegaba hasta el hombro, caí al suelo, ahí sentí como una flecha se clavaba en mi pierna derecha, mis ojos se tornaban rojos, sentía que era el fin, iba a morir en el campo de batalla, “¿acaso había mayor honor que aquel al que me acercaba?”- pensé para mi.
Lo último que vieron mis ojos fue a una mujer que daba unas estocadas con una soltura increíble, venia hacia mí, note como sus calidas manos me cogían por debajo del hombro y me llevaban a un lugar seguro, en el oía las voces de Apacen y Ezel. Esta volvió a la batalla dejándonos solos a Apacen y a mi, él intentaba curarme las heridas pero estas no pararon de sangrar.
A la noche siguiente, conseguí abrir los ojos, Ezel reposaba su costillar con un vendaje, me dijo que fue alcanzada por tres flechas que salieron de la nada, le rompieron la cuarta costilla y le fracturaron la segunda.
-¿Vencimos en la batalla?- pregunté a Ezel.
-Si, poco después de que te ocurriera esto el enemigo se marchó al refugio de las montañas.-Confirmo Ezel.
-Muy bien, volvamos a casa, aquí ya no haremos nada, somos pocos y si vuelven nos encontrarán desprevenidos.-
Herkeblam, capitán de la primera compañía de Helkelen Lara
[…]
-Que te parece Elric, la pista que andábamos buscando. Donde hubo una batalla, siempre quedan cosas de valor.
-¿Ahora pretendes que robemos a los muertos? – Dijo con desgana Elric.
-Siempre tan negativo – Overon volvió a encogerse de hombros - Así nunca seremos unos grandes aventureros…
Mi amado Lórindol...
No sé si estarás todavía enfadado conmigo, tenía miedo de escribirte después de haber partido como un ladrón, en las sombras. Lo siento amor.
Tantos días lejos de casa, de nuestras familias, de nuestros seres queridos. ¿Valdrá la pena tanto sacrificio? Esa pregunta me la he repetido en cada paso que damos. Por el momento, vamos en dirección de un lugar seguro, después de la última batalla algunos hombres necesitan aún de cuidados, lo cual es un poco difícil en esta tierra fría.
¡Cuántos meses han pasado desde que dejamos atrás la comodidad de nuestros hogares, las caricias de nuestros seres amados, el despertar cada mañana con la cálida caricia del sol tras los sedosos cortinajes al viento...! Ya no recuerdo qué día era, sólo recuerdo la fría noche y las lágrimas en mis ojos esperando volver a verte, mi querido Darlak.
Nuestro pequeño ha crecido rápido y, junto a él, mi vientre, que ya se parece a una sandía. Me siento obesa y Vanadessë cada vez que la miro pareciese que va por las mismas que yo. Constantemente la veo pasar seria, con su rostro pálido, callando una verdad que duele y yo no sé qué decirle, no sé cómo ayudarle. ¿Por qué amar duele tanto?
El otro día la escuché llorar sola en su tienda. Aunque no me lo diga, se que lleva un hijo en su vientre de aquel capitán Helkeriano. ¡Cuántas veces levanté mi espada frente a él y a su compañía cuando defendíamos nuestras tierras, antes de que ella llegara con su rostro sonriente a ofrecer sus servicios a la dama de fuego! Qué ironía del destino. Ya veremos que nos deparará en un futuro.
Hace días que el bebé no deja de moverse, es como si la ansiedad de la batalla también llegase a él y por la fuerza de sus patadas creo que será un gran guerrero, ya que en más de una ocasión ha logrado que se me escape un grito. ¿Serán berrinches? ¿O estará enfadado conmigo por alguna razón? No lo sé. Yo creo que son las ganas de salir pronto y ser un valiente luchando al lado de su padre... ¿Y si es una niña? ¡Qué hermoso sería una princesita! Aunque estoy más segura de que será un pequeño varón. ¡Por Eru qué manera de dar patadas!
El otro día Draric, mi querido enano, llegó con un pequeño caballo que talló de una rama caída de un hermoso roble. Me dijo que era un presente para el pequeño. ¡Es lindo! Si lo vieras te gustaría, se parece a tu corcel.
Todavía no se me ocurre como le podríamos llamar. Acá los soldados ya le están llamando Otharossë, bueno, Vanadesse me dijo que también le dicen el Vengador Lemperiano y que al nacer le pateará el trasero a medio mundo por los padres que se gasta. Yo no sé a qué se referirán con eso, pero no me causa mucha gracia.
Cariño, tras la última batalla, hay muchas cosas que todavía rondan en mi cabeza. Sé que hemos luchado con todas nuestras fuerzas y gracias a Eru, logramos darles un buen susto a la compañía enemiga, pero todavía siento en el aire que algo no está bien. Mis hombres han descubierto que gran parte del camino está sin vigilancia. Siento que estamos siendo observados a la distancia, pero no hemos encontrado señales del enemigo. Por esa razón he ordenado cambiar de posición, ya que temo un ataque sorpresa. Espero no tener problemas nuevamente con nuestros propios soldados. ¡Te necesito tanto a mi lado! Últimamente no sé si mis decisiones serán las correctas. A veces quisiera dejar todo de lado y correr a tus brazos. Pero sé que estás también con tus preocupaciones, enmarcado en más batallas. ¿Encontraremos alguna vez la paz que tanto ansiamos? ¿O sólo la tendremos una vez que nuestros cuerpos yazcan bajo la tierra?
La noche ha caído hace algunas horas y las fogatas alumbran en el improvisado campamento. Dentro de poco partiremos nuevamente, a enfrentarnos con nuestro destino.
Espero que mis manos tengan la fuerza suficiente para seguir luchando por nuestros sueños.
Te amo mi niño hermoso.
Sonyariel Lissë.
[...]
Mi amado Darlagil,
Ya ha pasado casi una semana de mi última carta y no he recibido señal tuya. Yo ya no sé que pensar, ni qué sentir mi niño. ¡Necesito tanto saber de ti! Pero entiendo... sé que no he sido una buena mujer y menos una buena madre. Me merezco esto. Por lo menos escribir me hace sentirte cerca.
Después de mi última carta, los vigías por fin encontraron señales enemigas. Nos seguían los pasos de cerca y muchos aún no estaban del todo recuperados después del último enfrentamiento, por lo que separamos nuestras fuerzas.
El grupo que aún se encontraba débil partió en dirección de los refugios en las montañas, mientras el resto nos organizamos para emprender un nuevo ataque desde la ladera norte a la ciudad de Mirianost. No fue mi mejor decisión. Nos tendieron una emboscada. Difícilmente nos pudimos reagrupar después del primer ataque que nos cayó encima como un balde de agua fría, pero la furia y la voluntad de nuestra gente es grande. Con decisión todos hicieron frente a las tropas que nos estaban acorralando.
Fue difícil, no lo niego, pero su sangre alimentó nuestras armas de la misma manera que nuestros compañeros estaban alimentando las suyas.
El cielo por unos momentos pareció oscurecer. La cantidad de saetas que surcaban el cielo era espeluznante. Muchos de los nuestros cayeron, el resto alcanzó a cubrirse con los gruesos escudos con el símbolo de la llama roja sobre ellos.
Nuestra infantería luchó bien, se creó una barrera con sus fuertes lanzas gracias a las oportunas órdenes de mi querido enano, mientras que los arqueros organizados por Vanadessë contestaron con una lluvia de sus agudas flechas, dirigidas sobre los jinetes enemigos que se acercaban con brío.
Esa mañana, no sé por qué, me vendé la barriga y me puse una gruesa cota de mallas que me regaló el enano después de la última batalla. Tú sabes que no acostumbro a usarlas, pero algo me dijo que ya era hora. Si no fuera por ella...
La adrenalina estaba en su punto y no me di cuenta cuando una segunda lluvia de saetas enemigas cayó en la dirección donde me encontraba. Gracias a ella ahora puedo escribirte, y gracias a los valientes soldados que se encontraban intentando mantenerme fuera de la contienda no se transformó en algo peor. Recibí el corte de una de aquellas en el muslo, mordiendo mis carnes como si de un animal se tratase. La sangre brotó con fuerza, y al intentar quitarla, fue peor.
Me sentí débil, y de ahí se me borraron las imágenes de la batalla. Ahora me encuentro en uno de los refugios en la montaña, Vanadesse me estuvo retando como media hora porque no uso escudos, ahora está junto a los soldados preparando nuevas estrategias y organizando el nuevo turno de los vigías. Temo que esta noche será demasiado larga.
Recibí otras heridas pero más pequeñas sólo rasguños, pero el susto fue enorme. Y que decir de la rabia de haber caído en las manos de los enemigos tan fácilmente.
Desde que hemos iniciado esta guerra, temo que los dioses estén sólo de parte de aquellos que quieren ver a nuestro reino transformado en ruinas.
De las veces que hemos luchado ¿Cuántas victorias hemos alcanzado? Es como si nos hubieran abandonado a nuestra suerte. Por ello ruego a mis antepasados que nos iluminen en los momentos de dificultad.
A veces al cerrar mis ojos recuerdo mi niñez y cómo el desierto se llenó de flores ante los ojos maravillados de mi pueblo extinto. Después de bendecirnos con sus virtudes nos dejaron desamparados en manos de seres que sólo vivían del odio. No quiero pensar que también nos dejaran abandonados al igual que mi querida tierra, ya transformada en cenizas. Mis oraciones son para recibir la gracia y la iluminación, y para poder estar luego a tu lado, y poder abrazarte en paz, apoyando mi cabeza en tu pecho, recostados bajo el amparo de las cálidas llamas de la chimenea.
Besos.
PD.: El bebé te envía saludos. Mientras dejaba el papel a un lado, acaba de dar un salto dentro de mi barriga para recordarme que te envíe un beso y un abrazo de su parte. Es fuerte. Y sé que será tan valiente y amado como su padre.
Esperando que Eru una nuestros pasos nuevamente.
Siempre tuya
Sonyariel Lissë.
Resumen de la batalla.
Helkelen Lara ha perdido 6 armadas x35= 210 puntos.
Recuperables: 168 puntos.
Valoraciones: 8+7,8+7,4+7= 7,55
Recupera: 127 puntos. Se han solicitado daños para los dirigentes, pero no son de aplicación al no haber perdido el número mínimo reglamentario para tenerlos en cuenta.
Pierde: 83 puntos.
Lempë Ohtari ha perdido 10 armadas x35= 350 puntos.
Recuperables: 175 puntos.
Valoraciones: 9,2+8,8+8,8+7,4= 8,55
Recupera: 150 puntos. Los dirigentes sufren daños por el 20%, por este concepto recupera 70 puntos. Total recuperación: 175 puntos.
Pierde: 175 puntos.
Lempë Ohtari entrega 100 monedas a Helkelen Lara por el abandono de la batalla.
Compañías actualizadas y listas.