Apacen
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Apacen surgió para urgir la partida, y Ezel, sin saber porque automatizó la premisa y se dispuso a guardar los abrigos y resto de bártulos necesarios para el viaje.
Su inconsciente la había traicionado otra vez.
En principio tenía pensado interrogarlo cuando menos, a cerca del lugar de destino, del objetivo del viaje, y como no, pretendía enterarse de quien era realmente aquel que por lo pronto se perfilaba como compañero suyo. Y sin embargo guardó silencio. Ya tendría la oportunidad de acribillarlo con sus interrogantes.
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Muchas dudas y preguntas asaltaban la cabeza de Apacen, por unos instantes la cordura y la razón volvieron a su mente, recapacito sobre su actuación. Sabía que la premura era vital para aquella empresa, los espíritus volvían a manifestar; primero fue cerca de Sor-Kanor, donde envió a Liceh, y ahora las ruinas Ferith Ar-Karáh se revelaba como su nuevo destino, pero hacia donde se dirigía y porque, esas preguntas sin respuesta le atormentaba, tan solo se podía aferrar a su fe en los espíritus.
Una voz familiar le saco de su ensimismamiento, justo a tiempo, antes de verse arrastrado hacia una espiral de preguntas sin respuestas, aquellas a las que su don y maldición le arrastraban continuamente. La lucha por mantener la cordura, por soportar la carga que le había sido impuesto. – Algún día me será revelada – se dijo para tranquilizarse.
-Alegra esa cara hombre – Mientras depositaba la mano sobre el hombro de Apacen - todo esta preparado tal como deseabas, tu trineo y mis mejores perros, - Dijo Liceh sonriente y eufórico.
-Gracias amigo, no se que haría sin ti – Contesto Apacen, intentando dibujar una sonrisa en su rostro, y suavizando su tono.
-Ser un buen Senescal, permanecer en la capital atendiendo asuntos de importancia, sentado junto a momias, enterrado en toneladas de papeleo. Los dos hombres dejaron escapar una carcajada, aliviando así la tensión.
-¿ Pero quien va a conducir el trineo? – Pregunto Liceh. – Recuerdas lo que paso la última vez no..
El rostro de Apacen se arrugo, para después dejar salir un resoplido. Para tu tranquilidad será Ezel quien se encargue de esa tarea, yo le enseñare. Puedes ayudarle a traer sus cosas hasta aquí.
-Bueno tu sabrás lo que haces, pocas veces te equivocas ... Respondió Liceh.
-Y las que me equivoco estas tu/yo para recordármelo – Dijeron ambos hombres a la vez para luego soltar un par de carcajadas.
Mientras Liceh iva a buscar a Ezel, Apacen cogió la capa que tenia sobre el trineo. Hecha de piel de oso se la puso por la espalda, se ajusto el broche al cuello y después se ajusto la capucha a la cabeza, que tenia la forma de una cabeza de oso. Cualquiera que lo viera de lejos pensaría que era un oso.
[…]
Con la sola idea de tener que llevar las riendas del trineo, los ojos de Ezel se abrieron descomunalmente.
-Yo...no...- comenzó a balbucir, mas se detuvo. Debía mantener la cordura. Por un momento había olvidado que Apacen no estaba en condiciones de maniobrar a los perros, aunque estaba segura que el joven les generaba mayor empatía.
Era oriunda de tierras más cálidas, por donde se manejaba de maravilla sobre un corcel, pero aquello era completamente diferente.
Sin embargo, haciendo gala de su buen humor y levantando los hombros resignada, dejó escapar una sonrisa autocompasiva. No tenía otra oportunidad más que aprender las reglas de oro del maniobre, en poco más que un par de horas, si es que no menos.
Cuando hubo trasladado sus pertenencias al lugar indicado con la amable ayuda de Liceh, se acercó a Apacen con ganas y disposición de aprender.
Solía ser entusiasta, y más aún, si la meta en cuestión representaba un desafío.
-Vamos a empezar tu clase, ¿Estas preparada? – Preguntó Apacen.
A lo que Ezel respondió con un energético – Sí –
Una sonrisa se dibujo en el rostro de Apacen, a modo de aprobación por el entumíamos de la joven.
-Perfecto, empecemos la lección. – Apacen se dio la vuelta mirando al trineo, mientras le hacia señales con la mano derecha, indicándole que se acercara. – A mi derecha se encuentran los perros que tiraran del trineo, Naulë será el perro guía o líder del grupo, los otros seis perros le seguirán, cada uno de ellos tiene una función especial pero no hace falta que entremos en detalle. ¿Entendido? – Apacen dejo la pregunta en el aire, sin esperar respuesta de la joven, la tomo del brazo y se dirigió hacia el trineo.
-Este es el trineo, la cesta a sido modificada, es un poco más grande de lo habitual, normalmente se utilizan para transportar más carga, o alguna persona herida, yo ocupare ese lugar, así que manéjalo con cuidado, después de este viaje me gustaría poder sentarme, en menos de una semana si es posible – Bromeo Apacen – La cesta va montada sobre los patines, que son las dos tablas de madera que hay cada lado del trineo; por la parte delantera acaban en forma de arco unidos a la cesta por el Brush , y por la parte trasera sobresalen medio metro, aproximadamente.
-¿Y yo? – preguntó Ezel.
-Tú lugar será el del Musher – Apacen se adelanto y se coloco detrás de la cesta, ayudado por las manos tanteo el trineo. Coloco un pie en cada lado del trineo sobre los patines, y se agarro con fuerza al pasamano que sobresalía de la cesta por la parte posterior. – Ven aquí a probarlo – Le pidió Apacen, mientras retrocedió unos pasos para dejarle espacio.
Ezel se acerco y se coloco entre Apacen y la cesta. Una vez que estuvo colocada, Apacen se aproximo y extendió sus manos, buscando donde las había colocada Ezel sobre el pasamanos – Tendrás que agarrarte con fuerza, sino quieres caerte, al igual que colocar bien los pies sobre los patines - ¿Entendido?
-Sí – respondió Ezel algo desconcertada –
-Ahora mira hacia abajo, ¿ves una pequeña palanca situada en el centro? justo debajo de la cesta, es el freno cuando aya que frenar písala.
-Ya ahora pasemos a lo mas divertido, di “Adelante” con convicción le susurro Apacen.
Ezel obedeció, y de sus labios surgió un ¡ Adelante! – Algo efusivo, a los que perros obedecieron y se pusieron en marcha, el trineo dio un leve tirón, que sorprendió a Ezel.
-Te dije que te agarras bien- Le soltó Apacen, en un tono burlesco, como si ya subiera lo que iva a pasar.
-Gee , grito Apacen – mientras se inclinaba a la derecha, los perros obedecieron y comenzaron a girar a la derecha, - Recuerda bien esta palabra, te permitirá girar a la derecha.
- Haw , volvió a gritar Apacen – mientras se inclinaba a la izquierda, esta vez los perros giraron hacia la izquierda.
- Para girar a la izquierda, se apresuró a contestar Ezel,
- Pisa el freno, - Le dijo Apacen – De inmediato pulso la palanca – al tiempo que Apacen gritó Whoa! , Así podrás parar el trineo.
Incorporaba las órdenes sucesivas esperando recordarlas en el momento que fuese necesario, pero algo le decía que vociferar de memoria un par de vocablos mecánicos no bastaba para controlar a la jauría.
Aún cuanto hasta el minuto tan solo había estado practicado, a Ezel le dolían las manos por la fuerza con que se había aferrado al trineo cuando de pronto los perros habían respondido a su elocuente ‘adelante’.
A penas emprendieron el viaje, el blanco cegador de la nieve hizo que se llevara instintivamente el antebrazo a la altura de los ojos.
Pronto sintió subir el rubor a sus mejillas, propiciado por las lacerantes ráfagas de viento y el sol reflejado en el impoluto desierto blanco.
- ¿Tienes un mapa a mano? O bueno...algo...en fin, ¿sabes por donde vamos? Porque como dependa de mi guiar la empresa, nos perdemos seguro...soy tan ciega como tú, en este que no es mi lar.– comentó algo preocupada Ezel.
-Hacia el oeste, Nos internaremos en el Aeglos.- Respondió Apacen.
