La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 3

Árador, Tierras de la Aurora

Finalizada · 19-03-2006

Historia Por Puntos. Lempë Ohtari. Historias De Rilmaven Lára. Circhnan.

2007:03:02:17:53:51

Darlak Lórindol

Historias de Rilmaven Lára

Rilmaven Lára es ahora una tierra inhóspita, llena de peligros y hostiles criaturas, o eso dicen los rumores. Situada entre las fronteras de los reinos de Lempë Ohtari y Eirë Esteldor, es un lugar misterioso y antiguo que pocos se atreven a cruzar. Dicen las antiguas leyendas que los primeros pobladores de Árador se instalaron en esta región, otrora fértil y rica. Muy conocida es la historia de una de las ciudades élficas más maravillosas de Árador, ésta es Amaurenori. Sin embargo, otros pueblos se asentaron en esas tierras. Ha llegado el momento de narrar sus historias.

***

Circhnan

En la vasta extensión de tierra que rodeaba a la esplendorosa ciudad élfica de Amaurenori se habían asentado varias familias de hombres tras despertar en Hildorien. Allí, en Rilmaven Lára, habían florecido grandes ciudades humanas de las que pocas historias y leyendas han permanecido con el tiempo. Así a principios de la segunda edad del sol a pocos habitantes de Árador les suenan nombres como Hithnan (la villa envuelta en niebla), Lhachnan (la villa de la llama) o Haudhnan (la villa de la colina), todas ellas ciudades que existieron en la tierra que hay entre Lempë Ohtari y Eirë Esteldor. Pero si hay alguna historia que algunos de los más antiguos de Árador conocen es la historia de Circhnan* (la villa de la hoz), una ciudad que pocos pueden ubicar en el mapa pero cuya leyenda se ha mantenido con el tiempo...

*Los hombres de Rilmaven Lára modificaron su idioma a partir de la lengua de los avari del este de Árador, pariente a su vez del sindarín y el quenya del oeste, usando la raiz –nan(d) “valle” para referirse a los asentamientos que surgían en la tierra llana de Rilmaven Lára, de ahí que “nan” pasase a significar “villa o ciudad”.

En la misma época en la que los elfos habitaban pacíficamente Amaurenori, los hombres prosperaban con sus aldeas en las llanuras de Rilmaven, llena de campos de cereales y frutales. Era en ese entonces un lugar apacible, un pequeño río que surgía de las montañas del este surcaba sus llanas tierras enriqueciéndolas y haciendo de ellas uno de los lugares más fértiles de todo Árador. Al lado de los campos de cultivo se hallaban una multitud de aldeas, pequeñas formaciones de casas de barro, piedras y paja que daban cobijo a los campesinos de Rilmaven. Un poco más allá, estaba el Taur-in-Felya, que para los humanos resultaba oscuro y peligroso. En ese entonces el bosque se extendía un poco más al oeste de lo que lo hace ahora. En realidad ningún tipo de peligro se escondía entre sus árboles ya que los elfos de protegían los rincones del Taur-in-Felya desde sus hogares en Amaurenori, la esplendorosa ciudad élfica.

Había un importante campesino que ostentaba una gran fama por el rendimiento de sus tierras y las magníficas cosechas que le aportaban, aquél se llamaba Barak. Era un campesino como los demás, pero su trabajo en el campo era inmejorable. Dominaba como nadie el uso de la hoz a la hora de segar los campos de cereales y tenía suficiente fuerza como para doblar un árbol joven y coger los frutos de su copa, lo cual no podían hacer otros. Además era muy diestro en la hora de plantar las verduras y las hortalizas, ni muy pronto ni muy tarde, sino justo en el momento en el que era necesario. Su destreza en el cultivo de la tierra era la mejor de la región y por eso fue elegido por todo el pueblo como su alcalde.

Sin embargo, Morgoth actuaba en aquella época en Árador. De esta manera, una horda de orcos y trolls atacó la aldea un día en pleno invierno. Las débiles murallas de palos y estacas que la defendía no pudieron resistir mucho tiempo y los aldeanos empezaron a caer bajo la estela avasalladora de los orcos que intentaban incendiar la aldea con antorchas incendiadas. Barak animó a los hombres a salir a defender sus hogares y, tomando hoces, estacas y palos, salieron a luchar contra los orcos. Se mostraron fieros y lograron hacer caer a muchos de las apestosas bestias que estaban atacando su aldea. Barak demostró gran capacidad como guerrero y su hoz fue temida por todos los enemigos. Sin embargo, los orcos y los trolls eran muy numerosos y poco pudieron hacer para defender sus hogares. El campesino vio su casa incendiada pero el destino fue muy cruel y, cuando llegó, su esposa había perecido en las llamas aunque pudo rescatar a sus dos hijos con vida.

No obstante, Barak sabía de la existencia de los elfos en el interior del bosque aunque jamás ningún hombre había entrado en contacto con ellos pues temían más al bosque que a los mismos orcos. Se armó de valor entonces y decidió adentrarse en los oscuros árboles para pedir ayuda a los elfos antes de que los orcos asolaran todas las aldeas de Rilmaven Lára. Fue entonces cuando se adentró en el Taur-in-Felya acompañado de sus hijos, mientras intentaba con esfuerzo infundarles de valor. No tenía dónde dejarlos pero necesitaba con urgencia la ayuda de los elfos para evitar la masacre que las hordas de los orcos y los trolls estaban haciendo en las llanuras, por eso los llevó consigo.

Caminaron entre los árboles mientras el sol era tapado por sus copas. Los pequeños sollozaban de miedo mientras Barak rogaba que nada saliera mal. Sin embargo, el ambiente oscuro y silencioso empezó a avanzar conforme se aproximaban hacia Amaurenori.

- ¡Mirad los árboles! – les dijo el capataz a sus hijos, que caminaban cabizbajos. Los ojos de los pequeños se alzaron temerosamente pero lo que vieron entonces les animó. Las hojas de los árboles brillaban con destellos dorados al reflejo de la luz, los ojos de los recién llegados miraban asombrados la belleza de los árboles y la luminosidad de sus ramas.

Sin embargo, una presencia les salió al paso. - ¿Qué buscáis en el gran bosque? - Barak y sus hijos estaban ante un elfo, y la belleza de su rostro y sus ojos cristalinos los tuvieron durante un rato sumergidos en un estado de asombro que les impedía hablar. Nunca habían visto a ningún elfo, y su hermosura les resultó hechizante y peligrosa al mismo tiempo. – Buscamos ayuda- atisbó a decir el campesino mientras sus hijos se abrazaban a sus piernas. Barak le contó lo que estaba sucediendo en la llanura y el elfo que dijo llamarse Lenfalas accedió a llevarse ante el rey de los elfos, Siliros (o Celebros como se le ha venido llamando después en Árador).

Barak fue llevado ante el trono de Siliros en Amaurenori y allí pudo exponerle al rey elfo los problemas que azotaban a las aldeas de las llanuras. Un grave silencio inundó el recinto donde se hallaba el trono de Siliros y éste, viendo la gravedad del asunto y sabiendo quién estaba detrás de las hordas que se hallaban asolando Rilmaven Lára, tomó la decisión de acudir en ayuda de los hombres de las llanuras.

Así fue como los elfos salieron de su querido bosque y llegaron a la llanura donde hicieron frente a las numerosas hordas de orcos y trolls que esos días infestaban los campos de frutales y cereales de los hombres. Y entre las filas de los elfos iba Barak, que con su hoz sesgó tantos orcos como pudo haberlo hecho un elfo con sus flechas. Los elfos cayeron sobre las huestes de Morgoth y los orcos y los trolls huyeron, y los elfos consiguieron la victoria. Grande fue la odisea, y los elfos consiguieron alejar el mal de Rilmaven Lára. Pero los hombres veneraron a su héroe, el campesino Barak, que les había traído la salvación desde el interior del bosque.

Y sucedió que los hombres volvieron a reconstruir sus aldeas y sus campos tras varios años de exhaustivos cuidados y esmeros, volvieron a ser fértiles. De todas las aldeas las que más crecieron en los años siguientes fue la de Barak y de la proeza de su hoz surgió el nombre que le dieron a partir de entonces a aquel pueblo, Circhnan, el pueblo de la hoz.

Pasaron los años y, gracias a los tratos con los elfos, los hombres de las llanuras aprendieron muchas cosas útiles que le sirvieron para crecer y florecer. Ya no temieron al bosque y sus aldeas se convirtieron en magnificas ciudades pero de ellas Circhnan fue la más grande y vistosa.

[Editado por aratir el 24-02-2007 20:33]

Kelusse

La historia reporta 210 puntos a Lempë Ohtari.