Kelusse
Fin Guerra: Liantari Dimbar se retira del Combate
Armadas perdidas por "Heren Fanyarëa" = 41
Armadas perdidas por "Liantari Dimbar" = 37
Victoria para Liantari Dimbar.

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.
Edicion 3
Finalizada · 19-03-2006
2007:03:14:20:13:17
Fin Guerra: Liantari Dimbar se retira del Combate
Armadas perdidas por "Heren Fanyarëa" = 41
Armadas perdidas por "Liantari Dimbar" = 37
Victoria para Liantari Dimbar.
Morë se levanta del suelo, suave cómo el algodón, cubierto con suaves mantas y almohadones, al percibir una presencia en la habitación, se va acercando la hora de abrir heridas y tiene poco tiempo por gastar, pero en esos quince minutos de desayuno los pensamientos fluyen como si fuesen horas.
- Despertar con el aroma de las zarzamoras es algo verdaderamente delicioso.-
Abro los ojos bajo la luz del sol, alegre por un regalo que me trae una de las damas de la cocina, verdaderamente, cuando el ejercito está en la capital los soldados comemos bien.
-Se ve usted hermosa, debería usar sus vestidos más seguido.- Me dirige una mirada amable y cálida al pronunciar estas palabras, que yo no puedo devolver, es una mujer alta y agradable, cocina unos deliciosos pasteles de zarzamoras, pero no nos tenemos confianza, ella me sabe guerrera y yo se que me tiene muchos recelos.
-La verdad me incomodan mucho estas vestimentas, pero por el momento, debo guardar mi armadura mientras no esté en batalla...-
¿Por qué me preocupa si se asustan? así obedecen mejor, así evitan causarme disgustos y trabajan al máximo, por el momento, solo quiero sentirme cómoda a su ruedo, mirarlos comportarse, la verdad, tienen cosas muy interesantes, me gustaría conocer a algunos un poco más, creo que mi armadura ha formado recelo en algunas partes, desde que se desintegró la compañía uno he conocido a nuevos dirigentes y soldados, por un lado en lugar del elfo sanguinario ahora contamos con un enano malgenio del que se muy poco, y en lugar de Nimkáno, hombre de grandes habilidades, está Taursereg, un cambia pieles que suele convertirse en ciervo, el día que lo conocí llevaba esa forma y me acerqué para acariciarlo, ¡que criatura tan extraordinaria! , nunca antes había visto algo así, pero huyó de mi, luego cambió de forma, y regresó armado para luchar ( por primera vez vi a un animal tomar forma humana y me asustó, es mejor que no lo sepa) me armé con mi espada, y con un hechizo simple lo mandé a volar, se levantó tranquilo, me miró con una sonrisa y dijo: "asumo que eres Morë, me habían contado algunas cosas sobre ti", yo me quedé perpleja, definitivamente es una criatura muy interesante.
-¿Quiere que le traiga su armadura? según oí Fanyarëa se acerca, creo que pronto estarán aquí, o por lo menos eso ha dicho el señor Taursereg...- por un momento había olvidado a la dama, y al escuchar sus palabras perturbó mis pensamientos, no solo porque la sentía aparecer de pronto, si no porque según me daba a entender las noticias de batalla tardaban en llegar.
-¿Qué? ¿a qué hora han llegado los mensajeros? ¿por qué no me han avisado?.- Hora de darle una pequeña visita a Uzbad...
-Yo... no lo se...-
-Trae mi armadura, y dirígeme a dónde estén Taursereg y Uzbad, tenemos que defender Astan Neuma.- se le nota asustada, supongo que teme por sus familias, por sus ideales, por todas esas oportunidades que no tendrá si perdemos, pero yo tengo confianza, hoy el aire sabe como las avellanas, eso siempre es una buena señal.
*** *** ***
- ... si los atraemos a este túnel podremos utilizar estas tres cámaras y tener al ejército esperando...- Taursereg seguía el dibujo de los túneles en el mapa, intentando explicar su estrategia, en ese momento, Morë irrumpió en la habitación seguida por una dama que cargaba una reluciente armadura negra con bastante dificultad, la luz de las antorchas le daba un toque rojizo a los contornos de las figuras, las miradas se centraron en la hechicera cuando dijo:
-Veo que habéis acaparado los planes de batalla...- Morë los miraba en una postura firme y decidida. Uzbad se levantó enfadado.
-Si os hubieseis levantado a tiempo habríais tomado parte en el asunto.- La miró de pies a cabeza y notó que no llevaba su armadura. - O tal vez lo que ha sucedido es que hoy se ha tardado tanto la dama en arreglarse que no ha llegado a tiempo...- Morë se ofuscó y estaba a punto de reaccionar cuando Taursereg interrumpió la conversación.
-Bueno, guapa está la señora, vale que algún rato se arregle, empezaba a pensar que su cuerpo estaba adherido a esa armadura suya, aparte de eso, acabamos de comenzar con las estrategias- viró el rostro y se dirigió a la hechicera.- Tiene quince minutos de retraso, la próxima asegúrese de llegar a tiempo, en la guerra premia el tiempo...- Morë se sonrojó y dio una mirada a los largos pergaminos grisáceos que se apilaban sobre una gran mesa de roble, escuchó las ideas propuestas y las reflexionó un momento.
-Si los dejamos ingresar a los túneles nos tendrán acorralados, aunque por otra parte tendremos varias ventajas, nuestros soldados están acostumbrados a la falta de luz, conocemos a la perfección el terreno y eso nos daría la oportunidad de un ataque sorpresa.- Uzbad Kibil mostraba gran empeño por la batalla, se lo veía firme y decidido, tal vez fuera por su carácter, o tan solo su facultad como enano...
-Es muy cierto, tenemos varias ventajas, aunque hay otra forma de utilizar esas ventajas a nuestro favor...- Los ojos de Morë brillaban llenos de emoción, pero mantenía el rostro inexpresivo y hablaba pausadamente, por un momento observaron sus opciones y tomaron una decisión, se habían barajado las cartas, pronto averiguarían que tan efectivo era el plan.
*** *** ***
Llegaba la tarde y los soldados habían saciado ya sus estómagos (aunque no se les dio mucha comida pero se les ofreció un banquete si vencían, para no entorpecer sus movimientos y para que tuvieran algo que les impulsara a terminar siempre victoriosos), en las afueras de la ciudad el viento acariciaba las copas de los arboles y las gotas de la lluvia caían suavemente.
-El cielo amenaza con no despejarse ni un poco...- La dama le conversaba a Morë de lo poco que había visto del exterior hace algunos momentos mientras la veía ponerse la armadura (puesto que la hechicera no le permitió que la ayudara).
-Pues la amenaza será para el enemigo, bajo la lluvia nuestros soldados se cansan mucho menos.- Morë terminó de ponerse la armadura a toda prisa, tomó su espada y la envainó, escuchó unos pasos apresurados y luego gritos, pensó: no debimos mandar aquel muchacho para traernos noticias, hace mucho escándalo...
-¡Banderas de Fanyarëa a la distancia! ¡Se acercan las tropas enemigas!.- Un muchacho de unos quince años corría por todas partes gritando estas palabras una y otra vez, hasta que se detuvo frente a Morë que lo miraba molesta y divertida al mismo tiempo, la hechicera era un buen tanto más alta que el muchacho y le imponía respeto.
-Ya has entregado tu mensaje, ahora ve a buscar al señor enano y dile que ponga a sus soldados en guardia de inmediato, y asegúrate de que solo él te oiga.- El muchacho salió corriendo en busca de Uzbad, ya todos estaban preparados.
*** *** ***
Morë salió de los túneles y se paró sobre la entrada a Astan Neuma, su cabello volaba con el viento, y su armadura brillaba con la lluvia, faltaban varias horas para que anochezca pero la hechicera pensaba luchar en plena obscuridad.
Uzbad tenía ubicada a parte de las tropas en las cercanías, de pié sobre una roca, con su hermosa hacha en mano esperaba que las tropas de sus enemigos se acercaran lo suficiente, ya se las podía ver llegando a lo lejos, él se encargaría del frente y Taursereg de la segunda embestida.
La hechicera elevó los brazos al firmamento, un par de relámpagos rompieron en el cielo y una espesa niebla negra comenzaba a rodear a la hechicera, ya solo se veían sus ojos, las sombras se esparcían a sus pies, el viento las afectaba, crecían como solo las sombras saben hacerlo, ya cubrían la mitad del ejército, en un momento ya solo se veía al enano sosteniendo firmemente su espléndida hacha, un momento más y Astan Neuma reconoció una obscuridad que no había visto desde que Morë nació, ahora los soldados tenían que confiar en las ordenes de su dirigente y en su propio conocimiento del terreno.
Las tropas de Fanyarëa estaban confusas, poco a poco perdían visibilidad, ahora no podían ver más que una gran sombra al frente, ya estaban cerca de las tropas Liantaris y no los distinguían, formaron cuadrillas y pusieron a los arqueros en la segunda fila, levantaron armas, cargaron los arcos y apuntaron al frente con la certeza de que allí, aunque no los vieran, estaban sus enemigos, dispararon la primera horda de flechas, estaban rodeados de un profundo silencio, una flecha hirió a Uzbad en la pierna izquierda, y algunas otras cayeron entre los soldados, pero ninguno pronunció ni un solo sonido.
Por un momento los soldados de Fanyarëa avanzaron con mucho cuidado, entonces Uzbad levantó su hacha y gritó a todo pulmón: ¡Liantari, a la batalla!, las tropas avanzaron con paso decidido, lanceros a la cabeza, los enemigos se vieron asediados, cayeron muchos en aquel ataque, pero Fanyarëa se defendía con todo lo que tenían, llego la segunda horda de flechas, dos de ellas se incrustaron en el costado de Uzbad y muchas otras les cayeron a sus propios soldados, pronto la batalla bullía y era hora del segundo encuentro, los soldados de Liantari no dejarían que las tropas enemigas avancen un paso.
Morë desenvainó su espada y esta brilló con una luz plateada, dio un fuerte golpe con el filo de la espada en el marco superior de la puerta y volaron chispas, Taursereg aclaró su garganta y gritó con toda su fuerza: ¡Liantari ai-mênu!.
De la entrada a los túneles salió de pronto el sonido de la marcha de los soldados, que salían por filas a la batalla, muchos iban armados con mazos y cadenas, otro llevaban espadas y dagas en mano, seguían un camino al costado de la batalla, bajo la protección de las espesas sombras que Morë continuaba expidiendo, llegaron al costado derecho de las tropas de Fanyarëa y bajaron con toda su furia hacia las tropas enemigas.
Uzbad peleaba con fiereza y cobraba cabezas a su paso, las tropas de ambos bandos cobraban muchas vidas, pero las tropas de Fanyarëa no lograban avanzar un paso, en eso, cuando sentían a las tropas Liantaris debilitarse sintieron la punzada de las tropas de Taursereg que los mordía sin piedad, pero el dirigente cayó luego de unos momentos, cuando un mazo enorme se le clavó en el pecho, intentó levantarse pronto, pero una espada encontró su espalda entre todo ese caos, por su mala suerte, al encontrarse nuevamente con el suelo soldados de ambos bandos le pasaban pisando. Era hora de prender las luces, Morë cerró los ojos y disipó las sombras, ya llegaba el final de la batalla, ya habían vencido, Astan Neuma estaba a salvo.
[Editado por Nen_Lantea_Menelva el 09-03-2007 23:42]
Las discusiones con Hallen seguían siendo constantes, pese al resultado de la batalla anterior era imposible unificar la estrategia de batalla si no era por imposición, pura y simple, del criterio del comandante en jefe. Y así hizo Rialath, quien seguía severamente molesto con la mayoría de mandos, pero esta vez estaba en mejor posición ya que un destacamento de su anterior compañía se había presentado con nuevos refuerzos y de ellos sabía que tenía una obediencia absoluta.
Pasó unos días investigando los deficientes planos e informes de los espías, pues no todos habían vuelto y un presentimiento le seguía atenazando. La tarde antes del ataque se dedicó a pasear alrededor del campamento. Todo estaba en orden. Tranquilo. Demasiado tranquilo. Y tuvo otra visión. Sabía que ahora había una hechicera en las filas Liantari, y las fuerzas, según los informes, estaban igualadas en número y potencial. La batalla sería larga y dura. Pero las visiones le acosaban. Nunca esa habilidad, como lo llamaba su maestro, reprendiéndole cuando Rialath tildaba su propia presciencia como castigo, había sido tan agobiante ni despierta, y todas las visiones le llevaban a una misma deducción. No vencerían en esa batalla. Como siempre que ocurría, Rialath se rebeló contra sus visiones. Aunque era una rebeldía irracional que le había llevado a cometer temeridades, las cuales siempre dieron como resultado final lo que avanzaban las visiones. Aún así, el seguía rebelándose, aunque había momentos en que meditaba y se preguntaba si realmente el destino estaba escrito o si lo escribía el mismo con sus acciones. Las visiones le decían que habría una masacre para sus soldados, una debacle se cerniría sobre su ejército, y Rialath no podía permitirlo...
Hallen interrumpió sus cavilaciones. Pese a las constantes discusiones, poco a poco entre ambos oficiales nacía y crecía un cierto respeto, incluso admiración mutua. Pero ambos, orgullosos y arrogantes, serían incapaces de admitirlo y seguirían enzarzándose en duelos verbales que en muchas ocasiones hacía pensar a capitanes y sargentos del ejército que acabarían desenvainando las espadas y matándose mutuamente.
Hallen estaba contrariada por la llegada de los soldados de la antigua división de Rialath. Eso debilitaba su influencia entre los oficiales, porque los recién llegados eran ciegos seguidores del numenoreano. Pese a todo, iba ganando respeto hacia los hombres de esa raza presentes en el ejército, que eran pocos. Todos ellos ocupaban puestos como suboficiales u oficiales menores, y todos ellos tenían las mismas creencias religiosas, impías para los ramalië, que el comandante en jefe. También presentaban un carácter muy similar al de éste último, arrogantes, se creían superiores a los demás hombres, preferían la compañía de los elfos aunque Rialath profesaba una alta estima hacia los enanos que habían servido a su amigo Gimbur. Pero aún se mantenían algunos prejuicios, y el choque entre los egos de Hallen y Rialath acababa siendo explosivos.
Hallen miró a Rialath, y vio en él una gran preocupación. Por un instante lo compadeció, pues sabía las presiones que agobiaban al numenoreano, y era consciente de que en parte ella las había provocado. Pero luego volvió a centrarse en cosas más prácticas.
- Rialath- con tono frío, casi gélido, sin tratarlo como un oficial de mayor graduación sino sólo como un igual, consideración que ya de por sí era un avance- las tropas esperan que les arengues.
- Seguramente ya lo habrás hecho tú- no sin amargura y cansancio, la compasión de Hallen fue en aumento.
- Yo no...- pero no continuó, calló y miró como Rialath, ignorándola, se dirigía hacia las tropas, que formaban en pelotones en una explanada, ella se sonrió, sarcástica, pensando que el numenoreano, en el fondo, tenía mucho mas carácter del que habitualmente mostraba.
Rialath se subió en un carro, para tener mejor vista, elevado así, de toda la tropa. Los soldados, todos y cada uno de ellos, estaban en absoluto silencio, se erguían y lo observaban, Rialath mudó las preocupaciones de su rostro, como buen líder, solo mostró firmeza, seguridad, inspirando confianza y esperanza a sus hombres, pero él pensaba, en su interior, que muchos de ellos en unas horas yacerían muertos o agonizantes en un terreno embarrado, empezó su discurso:
- Ramalië, gentes de Fanyarëa, pobladores de Arador, hoy puede ser un gran día, un día que será cantado largamente en los salones de los más excelsos palacios y en las plazas de los más humildes pueblos y aldeas. La batalla de hoy unirá a ricos nobles y a humildes plebeyos en la admiración por sus héroes del pasado. Mas...- unos segundos de teatral silencio, mirando a sus hombres con un barrido, igualmente lento y teatral, de su mirada- ¿Queréis que sea un lamento lo que canten?¿o les daréis una gesta inigualable de valor y gallardía?- a punto los soldados estuvieron de gritar, pero con una mano alzada, Rialath les hizo mantener el silencio- Pase lo que pase hoy el pueblo ramalië os admirará, pero por Eru- muchos hombres murmuraron en voz baja, corrigiéndolo “por el águila y el murciélago”- que tras ésta guerra la mayoría de vosotros volveréis a vuestros hogares y gozareis de la admiración ya en vida.- otro silencio, sepulcral en todo el campamento- Gloria y honor caballeros. – Apostilló el comandante.
- ¡Gloria y honor!- gritaron al unísono.
Rialath bajó del carro y se encaminó hacia su tienda, Hallen lo alcanzó:
- Hermoso discurso- en un intento de traer paz entre ambos antes de la batalla.
- Hipocresía y falacia a la que me veo obligado para no extender mi hastío por esta guerra sin motivo, absurda, ni mi pesimismo por las malditas visiones que me torturan desde hace días.- descargando, más para sí mismo que para Hallen, su amarga sensación y su punzante frustración.
- ¿Visiones?- la perplejidad de Hallen era evidente, Rialath nunca había contado a nadie sobre sus visiones, sólo a su maestro, un elfo que hacía décadas que no veía.
- No me hagas caso, ve a controlar que los soldados se estén armando correctamente- evadiendo el tema, ahora que se controlaba mejor.
- Son profesionales, saben lo que hacen. ¿Qué son estas visiones de las que hablas?
- Esta bien...- Rialath cedió, cansado, y accedió a contarle todo lo relacionado con las visiones.
*********************
Hallen comprendía ahora a Rialath, y el por qué de su carácter. Podía ver el futuro, ¿qué esperanza le quedaba entonces? Podía ver como acabarían muchos de sus empeños antes de empezarlos, y aun así lo intentaba. Comprendió que la vida de aquél numenoreano había sido una interminable derrota, aún cuando venciera, pues ya lo había visto y no tenía ningún sabor que mereciera ser paladeado. En la victoria no había el gozo del triunfo obtenido contra todo pronóstico y en la derrota... en la derrota bebía hasta las últimas heces de la amargura al saber que no había conseguido evitar la desgracia.
La ciudad se alzaba frente a ellos y las banderas de la araña ya se veían a lo lejos.
El ejército se dispuso en un frente, parte de él mas atrás, en reserva, los estandartes se alzaron, sonaron los cuernos de batalla y los tambores marcaban el paso, rítmico y uniforme. Hallen y Rialath, que mientras se acercaban a la ciudad montaban a caballo, guardaban silencio.
Los elfos entonaron cánticos, con su voz clara y diáfana:
En medio de esta hostil sierra,
Marchamos los elfos a la guerra,
Para vencer o morir en esta tierra.
El viento sobre nuestros rostros;
Las nubes cerradas sobre nosotros;
Valientes e indómitos como los potros
De las llanuras y bosques lejanos
Que vieron nacer a nuestros hermanos.
Pero éste canto los guerreros elevamos
Y las estrellas que las nubes ocultan
Por siempre en el cielo brillan...
Ya no vuelan los blancos cisnes,
ya no surcan las grises naves,
ya no cantan los bellos elfos
en las cercanías de los puertos.
Ya lloran los altos árboles,
en el reino de los bosques,
a los hermosos arqueros
y a los poderosos guerreros.
Sólo las viejas ruinas quedan,
que de su desdicha se lamentan...
ya no hay cantos a Luthien Tinuviel
ni a Elbereth Gilthoniel.
Ya los elfos se marcharán,
solo hombres quedarán
y feroces enanos y crueles orcos.
En las tierras imperecederas
Moran ahora, bienaventurados
los antaño caídos.
Hoy iremos con ellos,
lejos de la guerra.
Al frente, unos rayos y una espesa niebla.
- Ha empezado- dijo sencillamente Rialath, alzó el brazo y dio la orden de atacar.- Sea lo que Eru quiera.- murmuró antes de gritar- ¡Cargad!
Los ramalië avanzaron. Llovieron flechas hacia ambos bandos, y una de ellas hirió a Rialath, pero no fue profunda ni grave. Nunca sus visiones llegaron con esa intensidad, llevado casi en trance, confundiéndolas con la realidad. Llevado por su rebeldía acometió y sus hombres le siguieron. Se estableció un combate igualado, los ramalië combatieron casi con fanatismo, viendo la entrega de ambos lideres, pues tanto Rialath como Hallen estaban en primera línea, alimentando a la doncella de la muerte con decenas de vidas que sesgaban Pero las visiones se empezaron a cumplir. La tierra se embarró con la sangre de ambos ejércitos que empujaban sin ceder un solo pié de terreno, buscando capturar algún estandarte enemigo y ganar así gloria y honor.
Los elfos causaban con sus flechas una gran mortandad entre los liantaris mientras los enanos ignoraban la negra niebla y sólo buscaban orcos a los que eliminar. Hallen, en su empeño, estaba consiguiendo avanzar en el flanco derecho y no había siervo de la araña que pudiera contenerla, mas en sus malas artes decidieron tumbarla con dardos emponzoñados y consiguieron así herirla de gravedad. El veneno se esparcía por su sangre y los miserables que lo hicieron la habrían capturado y asesinado de no ser por los valerosos enanos que antaño sirvieran a Gimbur, quienes la cargaron sobre un gran escudo y la protegieron con sus vidas mientras la retiraban del combate.
Rialath lo supo antes de que ocurriera, lo vio justo antes y cuando vio a los enanos portando el cuerpo con su lento pero imparable paso, le hirvió la sangre. Estaba enajenado en ese mismo momento, desesperado porque una vez más las visiones iban a derrotarle. Con un grito desgarrador se lanzó con renovadas fuerzas al ataque, mas los liantaris habían vencido ya la batalla, y sabían que si permanecían por más tiempo en el campo de batalla su victoria se estremecería irremediable.
Así pues, aprovecharon el tiempo que les concedieron los ramalië y emprendieron la retirada. Los ramalië, furiosos, con los ojos hinchados de la ira por verse burlados de tan taimada manera, les gritaron improperios, pero ya los hijos de Liantari Dimbar se habían agazapado tras sus muros.
Contrariado, Rialath dio la orden de retirada, no era prudente mantenerse a distancia de las flechas emponzoñadas de los, aunque poco diestros, numerosos orcos apostados en las murallas.
***********************
Pasadas varias horas Rialath visitó a Hallen, él estaba vendado, ella estaba estabilizada y consciente, mas el dolor era visible en su rostro:
- Lo siento- se excusó Rialath- nada he podido hacer...
- Silencio- interrumpió imperativa Hallen- hemos luchado y hemos perdido, pero estamos vivos y la mayor parte de los nuestros también, llegará el momento en que tomemos justa venganza.
[Editado por daedel el 11-03-2007 21:21]
Resumen de la batalla.
Heren Fanyarëa ha perdido 41 armadas x35= 1435 puntos.
Recuperables: 1076 puntos, al hacer uso de un poder especial.
Valoraciones: 8,4+9+6,6+9,2= 8,3
Recupera: 893 puntos. Los dirigentes han sufrido daños por el 70%, por este concepto recupera 245 puntos. Total recuperación: 1076 puntos.
Pierde: 359 puntos.
Liantari Dimbar ha perdido 37 armadas x35= 1295 puntos.
Recuperables: 1295 puntos, al hacer uso de un poder especial.
Valoraciones: 8+8+7,8+8,2= 8
Recupera: 1036 puntos. Los dirigentes han sufrido daños por el 100%, por este concepto recupera 350 puntos. Total recuperación: 1295 puntos.
No pierde puntos. Liantari Dimbar ha publicado su historia con un día de retraso por lo que recibe una sanción de 2 armadas.
Pierde: 70 puntos.
Liantari Dimbar percibe 600 monedas por la victoria en la batalla.
Liantari Dimbar entrega 100 monedas a Heren Fanyarëa por el abandono de la batalla.
Compañías actualizadas y listas.