Kelusse
Fin Guerra: Lempë Ohtari se retira del Combate
Armadas perdidas por "Helkelen Lara" = 8
Armadas perdidas por "Lempë Ohtari" = 12
Victoria para Helkelen Lara.

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.
Edicion 3
Finalizada · 19-03-2006
2007:03:16:19:18:33
Fin Guerra: Lempë Ohtari se retira del Combate
Armadas perdidas por "Helkelen Lara" = 8
Armadas perdidas por "Lempë Ohtari" = 12
Victoria para Helkelen Lara.
Las nieves de perennes nunca habrán visto una batalla como esta.
Recordaba las palabras de Haryos como si me las estuviera diciendo al oído. Era solo un crío. No tendría que haber muerto. Pero así ocurrió. Su hermana Sadra, lo consiguió sobrellevar. Gmork sin embargo... digamos que esto lo centró más en su opinión: No habría piedad para el enemigo.
Los soldados se hallaban en formación: Infantería, caballería ligera, caballería pesada, arqueros y honderos... Sin embargo ni Gmork ni Darker estaban comandándolas. Alguien había tomado las indicaciones que los dos oficiales habían dado seguir los pasos de un ataque normal hasta llegar la primera señal. En ese momento retirar a la infantería.
*******************
Las saetas cruzaban el cielo de un lado a otro y el suelo iba cobrando su ración de sangre y muertos. Las infanterías estaban bien equipadas y enseñadas y los supervivientes de la lluvia de flechas se trabaron en batalla. Entonces fue cuando se oyó un cuerno y desde detrás de una loma, al norte de la batalla dos cuadrillas de jinetes comenzó a galopar en dirección al choque, Darker la comandaba y los helkelianos que se hallaban trabados en combate dieron media vuelta y volvieron con los arqueros.
El ejercito de Lempë no comprendía la jugada, mientras intentaban formar una defensa contra la caballería, los hombres de Darker ya habían rociado con flechas a los peones, e incluso habían entrado en forma de cuña por ese flanco. Los de Lempë se rehicieron y cerraron la defensa por el flanco norte.
En ese momento fue cuando llegó una segunda señal, desde las líneas helkelianas, una flecha con una cinta atada donde nacían las plumas voló sobre el lugar de la batalla. Y ahora sí cundió el pánico. Cientos de perros de batalla siguiendo a Gmork, llegaban desde el sur, desde donde podía vislumbrarse el Bosque del Manto Susurrante.
- ¡Arro! –gritó Gmork montado en un caballo negro y apuntando con una espada larga de doble hoja al ejercito enemigo – ¡Saciad vuestra hambre con su carne!
Darker recogió sus hombres. Justo cuando una andanada de flechas caía sobre ellos. “¡Otra flecha no!” Gritó mientras procuraba espolear a su caballo lo más fuerte posible, pero no contaba con que el caballo fuera a encabritarse –como de hecho hizo- y a caerse de espaldas, con él debajo. El animal alterado salió corriendo dejando a Darker con la cabeza herida y un hombro dislocado. Este se quedó en el suelo tumbado bocaarriba pero por suerte, uno de sus hombres tuvo tiempo de parar y recogerlo para montarlo sobre el lomo de su animal y emprender la retirada junto a sus compañeros.
En la zona de batalla el asunto era más peliagudo, Gmork y los lobos habían entrado aniquilando a la tropa enemiga, pero tras el susto inicial habían conseguido abatir varios de los animales de guerra que llevaban en ese ataque, de hacho, Gmork ya había perdido a su caballo en un encontronazo con una lanza y luchaba a brazo partido contra los que quedaban de la infantería de Lempë. Al menos la tropa de Lara había vuelto al ataque tras la oleada de perros y apoyaba en la lucha. Una cuadrilla de Lempë a caballo izó una bandera de negociación. Gmork la vio y advirtió con una voz a sus hombres para que dejasen de luchar, los perros pararon al oír un silbido y volvieron tras los guerreros de Lara. Los hombres que iban a caballo se pararon justo frente a sus tropas y hablaron dirigiéndose al líder del ejercito de Lara, quien, en estos momentos era Gmork:
- Ambos ejércitos estamos teniendo bajas, como hombres de honor, estamos dispuestos a dejar en gustoso empate esta batalla. ¿Podría darnos su opinión quien comande esta compañía?
Gmork escribió con un carboncillo en un papiro que llevaba algo y se lo dio a uno de los perros que tenía a su espalda, el cual corrió entre las piernas de los soldados para volver a la zona donde se hallaban los arqueros. Darker con un brazo en cabestrillo y la frente cubierta por un lienzo lo leyó: “Tras la señal, disparad sobre nuestra posición”
“¿Qué señal?” Se preguntó el mando de Helkelen. Sin pensarlo hizo a los arqueros prepararse para otro envío de flechas. Y Gmork, tras contar hasta veinte se adelantó hacia donde estaban los negociadores de Lempë.
- Me llamo Gmork. Señor de la tierra del lobo, y comandante de la compañía tres de Helkelen Lara. Solo querría añadir algo.
- Decid.
- La guerra es la guerra. Así que meteros la paz en el culo –la espada del soldado de Lara golpeó el cuello del caballo del hombre que se hallaba más cera y atravesó con su espada al jinete.
La batalla iba a seguir y el que llevaba el estandarte de Lempë atravesó con el mismo a Gmork. Este cayó de espaldas, y habría muerto hecho pedazos y trinchado de no ser por la lluvia de flechas que cayó cobre la primera línea de Lempë Ohtari. Los cuales tras haber sentido saetas caer sobre ellos, caballos pisotearlos, perros morderlos y como sus superiores estaban dispuestos a negociar dieron media vuelta y abandonaron el lugar. Fue la primera y última batalla en la que una tropa de Lempë Ohtari, abandonaba una batalla desobedeciendo cualquier orden de sus superiores.
La infantería de los helkelianos no podían creer lo que veían, pero a sus espaldas sonó un cuerno. La batalla había acabado, y se retiraban dejando menos muertos y heridos que sus rivales. Dos hombres cogieron a Gmork y se lo llevaron, intentando taponar el feo agujero que tenía en las tripas.
“Haryos, perdona a este viejo idiota” susurró Gmork al borde del desmayo mientras sus hombres volvían junto con el grueso del ejército.
**********
Horas después Darker estaba soltando carcajadas en una tienda de campaña. Gmork seguía vivo, aunque no podría comer durante unos días. Los vendajes de ambos estaban limpios y ellos seguían vivos. Más algo habían dejado sin hacer.
- Sabes que Lempë nos devolverá el golpe, ¿verdad? Has matado a un soldado que iba en son de paz, y eso se tiene que pagar.
- No nos podíamos retirar. Habría parecido que no podemos mantener más la guerra. Si Helkelen se rinde, te aseguro que me llevaré a mis hombres y atacaré aunque muera. No doblaré mi rodilla. Los Lempitas vienen para quedarse, y eso es algo que debemos tener claro. No hay piedad en la guerra... –Gmork se detuvo unos instantes para coger aire y sonrió a su compañero- Olvídalo... la herida me está haciendo perder la lucidez.
Darker negó con la cabeza y le golpeó levemente el hombro con su brazo izquierdo.
- Si piensas ir solo a la guerra te estarás equivocando, yo tampoco me doblegaré al invasor –ambos levantaron sus respectivas copas y brindaron.
- Por cierto –comenzó de nuevo Gmork– ¿Buen espadazo he dado hoy, eh?
[...]
[Editado por peregrinoscuro el 09-03-2007 19:55]
La ciudad entera olía a sangre y carne quemada, nada escapaba al terrible olor de los techos incendiados, las cabezas ensangrentadas apiladas en lo que alguna vez fueron jardines, el miedo de los hombres y mujeres encerrados en prisiones improvisadas donde apenas cabían parados y donde debían permanecer durante días. Todo hombre que opuso resistencia perdió las manos y la cabeza, toda mujer que se negó a separarse de sus hijos fue sometida a las más terribles vejaciones, los ancianos pasaron por el cuchillo sin dilación. Apenas habían pasado un par de días desde que el ejército de Lempë Ohtari tomara la ciudad de Mirianost bajo su control con la ayuda de las tropas de Realengo, pero por el estado de la ciudad parecía que hubieran pasado semanas.
La tropa se había acomodado como podía sin dispersarse demasiado en la ciudad y los dirigentes de la compañía habían tomado como residencia el ayuntamiento de la ciudad. Desde las ventanas del imponente edificio, Aratan contemplaba satisfecho el sometimiento de dicha ciudad.
- Deberíamos dejar la ciudad pronto –dijo Aratan a Heldor, un importante oficial del la cuarta compañía- ya no nos es de utilidad y podrían intentar arrebatárnosla en cualquier momento. La ciudad ya fue saqueada y no queda mucho más por destruir ni más hombres por asesinar ni más mujeres por violar.
- Me temo, mi capitán –respondió Heldor- que los soldados pueden pensar un poco diferente. Después de tantos meses de penurias, dudo que quieran despedirse tan pronto de esta ciudad y pensarán que aún tiene mucho que dar.
- De cualquier manera, no podemos quedarnos más de algunos días, será mejor que salgamos antes de que nos saquen teniendo el sabor de la sangre de estos malditos en la boca en vez de la nuestra propia. Dispón todo para la partida antes de cuarenta y ocho horas – pero mientras Heldor se retiraba, agregó- y que se diviertan con las mujeres que queden, pero que no toquen a los hombres, ¿está bien?
- Correcto, capitán.
El oficial salió con las órdenes de que la compañía estuviese lista para partir antes de que se cumplieran dos días. Los preparativos debían empezar con dilaciones, pero aún el vino corría por las calles más de la cuenta y las mujeres de Lara aguantaban las vejaciones.
- ¡Señor, señor! – irrumpió un mensajero en el improvisado despacho de Aratan- se divisan tropas de Lara en el horizonte, ¡vienen hacia aquí!
El dunadan mandó llamar a los dirigentes de la compañía, que ya estaban enterados del ejército que se aproximaba, de modo que pudieran planear una forma de salir de la situación con la menor cantidad de bajas posible.
- Evidentemente –habló Aratan- no nos interesa entrar en una batalla encarnizada para luchar por esta ciudad que hemos reducido a poco más que una taberna para nuestras tropas. Debemos retirarnos a la brevedad… ¿es posible?
- No señor –respondió un capitán de caballería- estarán aquí antes de que podamos salir. Debemos pelear, no tenemos alternativa.
- Deberíamos intentar negociar una retirada pacífica –propuso Heldor- es posible que quieran recuperar su ciudad a cualquier costo y sin riesgos. Sin embargo, es posible que quieran tomar venganza y luchar a cualquier costo.
Todos se quedaron pensativos unos minutos, meditando la propuesta de Heldor, que a primera vista parecía una salida sencilla que sustituyera a la sangrienta batalla.
- Debemos ir a la batalla –dijo Aratan interrumpiendo el silencio- sino podrían traicionarnos durante la supuesta retirada pacífica. En medio de la batalla enviaremos una embajada a los larianos ofreciéndoles un cese de hostilidades de modo que podríamos retirarnos sin mayores bajas y les entregaríamos lo que les queda de ciudad.
Se dispuso que la batalla se desarrollara en el campo abierto más cercano a la ciudad. La estrategia se planificó de manera rápida y las tropas se pusieron en movimiento sin demasiada motivación por tener que dejar aquella vida de pillaje que tanto gustaba a los corazones solitarios. Antes de salir de la ciudad se ordenó que todos los prisioneros que quedaran vivos fueran metidos en el edificio del ayuntamiento y que las puertas y ventanas fueran tapiadas; asimismo se dispuso de torres de paja dentro y alrededor del edificio y de un pequeño cuerpo de arqueros que vigilara el edificio. Todo el resto de la compañía salió a recibir al ejército lariano.
- Si las negociaciones fallan –le dijo Aratan bajando la voz al jefe de los arqueros que habían quedado dentro de la ciudad- os haré llegar una señal y deberéis incendiar este edificio y procurar que todos los que estén adentro queden allí y mueran, ¿entendido?
Después montó su caballo y se dirigió al campo de batalla. El ejército lariano estaba motivado y quería sangre. La batalla empezó y se tornó sangrienta en poco tiempo, pues ambos ejércitos estaban decididos a no ceder un centímetro. La embajada de paz fue enviada a pedir la tregua, que se veía más difícil a cada minuto, pues eran los de Lempe quienes tenían más bajas y los de Lara lo sabían.
La espera se hacía más insoportable a cada instante, pues la batalla se encarnizaba más a cada segundo que transcurría. Repentinamente, una lanza atravesó la pierna de Aratan e hirió a su caballo, que cayó al piso. Aratan logró zafarse antes de ser aplastado por el animal y se percató de que la lanza apenas le había atravesado la carne de la pierna, que sangraba profusamente, pero no había fracturado ningún hueso. Mientras se levantaba y ordenaba que le llevasen otro caballo, se acercó un jinete a caballo, rápidamente, y le comunicó a él y a los que lo acompañaban:
- Los enemigos acaban de matar a los emisarios y las tropas empiezan a retroceder…
- Gracias, ¡ahora puedes retirarte! – le respondió con aspereza el dunadan- ¡Heldor! ¡Ordena la retirada pronto! Sino los soldados empezarán a retirarse solos…
Ya era tarde, las bajas eran numerosas. No podía haberse esperando algo distinto, pues debieron desocupar la ciudad mucho antes y no esperar hasta el último instante para pelear bajo los efectos del vino... la retirada estaba en proceso, cuando Aratan llamó a un arquero joven caballero y le dijo que fuera hasta la ciudad lo más rápido que pudiera y le dijera al arquero jefe que allí se encontraba que siguiera con sus órdenes y que saliera a toda prisa.
El ejército se retiró guardando sus pasos con una terrible derrota en las espaldas y numerosas bajas también. Dejaron detrás de sí las murallas de Mirianost, sobre las cuales podía verse una columna de humo subiendo hasta el cielo. “Cuando lleguen y vean que lo que queda de su preciosa ciudad son unos cuantos niños sin manos y dos o tres mujeres que sirvieron para la diversión de este ejército –pensó Aratan- sabrán que se equivocaron al rechazar nuestra propuesta y sentirán ganas de meterse las lenguas al culo”
Resumen de la batalla.
Helkelen Lara ha perdido 8 armadas x35= 280 puntos.
Recuperables: 224 puntos.
Valoraciones: 6,6+8+7,2+7,2= 7,25
Recupera: 162 puntos. Los dirigentes han sufrido daños por el 40%, por este concepto recupera 140 puntos. Total recuperación: 224 puntos.
Pierde: 56 puntos.
Lempë Ohtari ha perdido 12 armadas x35= 420 puntos.
Recuperables: 210 puntos.
Valoraciones: 7,8+8+8+7,6= 7,85
Recupera: 165 puntos. Los dirigentes han sufrido daños por el 20%, por este concepto recupera 70 puntos. Total recuperación: 210 puntos.
Pierde: 210 puntos.
Helkelen Lara percibe 150 monedas por la victoria en la batalla.
Lempë Ohtari entrega 100 monedas a Helkelen Lara por el abandono de la batalla.
Compañías actualizadas y listas.