Elêth Niramar
Un dolor atroz en la espalda... y luego… el contacto de sus rodillas con el suelo, la caída de su cuerpo contra el duro suelo… luego todo negro.
Era lo último que recordaba de la batalla. Más bien lo único, pues no recordaba lo que había pasado en ella.
Elêth abrió los ojos durante un instante… no reconocía el lugar… debía ser un campamento improvisado en el bosque… eso era lo que Darlak le había dicho que harían…
Se encontraba en una tienda construida con torpeza… seguramente con prisas… desde su posición parecía que la lona iba a caerle encima a la menor oportunidad… a la menor ráfaga de viento… quizá fuera lo mejor. No se encontraba nada bien. Pero no era la herida lo que le producía tal malestar… sino el sueño que había tenido… sabía que era el sueño quien le producía el malestar… pero no podía recordarlo.
- ¡Mirad! Parece que ha despertado…
La dúnadan oyó que alguien hacía el comentario… pero oía las voces lejos… muy distantes… a pesar de saber que estaban a su lado… no hizo caso del comentario… solo se limitó a observar la blanca lona que le tapaba la vista del cielo…
Entonces, las imágenes de las personas que más apreciara aparecieron sucesivas en su mente… Celeval… Rialath… Darlak… se preguntó si estaría bien, su capitán, puesto que no sabía si habría conseguido salir sano de la batalla… a la imagen de Darlak siguió la de Sonyariel… embarazada y al pie del cañón… admiraba y compadecía a su amiga en partes iguales… igual que a Vanadessë…
- ¡Elêth para! Te vas a caer… -decía su voz, allá a lo lejos.
- Venga Vana… no seas aguafiestas… se trepar… mira…
Una niña de no más de 10 años de edad observaba risueña a su amiga elfa desde lo alto de un árbol, al que había subido desobedeciendo toda regla que le había sido impuesta.
- Elêth si te caes no vengas llorando luego… -la regañaba Vanadessë mientras se hacía la enfadada.
- Oh, Vana… pareces el abuelo… No hagas esto… no hagas lo otro… me gusta trepar –decía resentida la dúnadan. –Además, saltarse la regla es divertido… no lo has hecho nunca, ¿tu?
(…)
- Elêth… ¿sabes? Me… me enamoré… Se… se que no te va a gustar la idea pero…
Ahora la imagen había cambiado… Vanadessë miraba con miedo a su amiga humana mientras intentaba buscar las mejores palabras para explicarle su situación… Elêth, ya adulta, la miraba sin conseguir comprender la situación. ¿Cómo se suponía que debía tomarse aquello? ¿Debía alegrarse por su amiga? ¿Debía decirle que aquello era una locura? ¿Debía decirle que si seguía por aquel camino sería acusada de traición? ¿Cómo se le había ocurrido enamorarse de un oficial enemigo? Y encima embarazada…
Había sido todo culpa del chico, sin duda… Hathol la había engañado… seguro… y ahora… y ahora su amiga corría el riesgo de ser tratada de traidora… de pasarlo muy mal… No se lo perdonaría, el chico no merecía perdón…
Entonces la imagen cambió… todo se volvió oscuro, y, de pronto, Elêth se encontró en el mismo bosque en el que suponía que debía estar el campamento… Se encontraba encima de un árbol, como cuando era pequeña, dejando pasar el tiempo, ajena a todo, pensando en sus cosas… y completamente feliz.
Una sombra apareció entonces ante sus ojos. Una elfa encapuchada avanzaba con sigilo por el bosque, con rumbo fijo. Elêth la reconoció al instante, le habría sido imposible no hacerlo, después de tantas escapadas nocturnas en su infancia…
- ¡Vana! ¿Qué haces aquí?
- Shh… ¡no digas nada Elêth! Es mejor que no lo sepas… No te preocupes…-decía la elfa de forma misteriosa.
- Qué cosas tienes… como no voy a… Vanadessë me estás asustando…
- No te asustes, no te preocupes, no te… -antes de que pudiera acabar las dos oyeron el sonido de alguien que se acercaba. –Cuidate mucho, niña –le dijo la elfa antes de volver a caminar, con prisa, confundiéndose entre los árboles.
Elêth la siguió, y pronto, para su sorpresa, comprendió lo que pasaba. Vana se había detenido en un claro del bosque… donde la esperaba alguien… alguien a quien Elêth había visto en contadas ocasiones, por no decir ninguna… pero a quien reconoció de igual manera… El culpable de que le tocara separarse de su amiga de siempre… aquél que se la estaba robando…
Con lágrimas en los ojos, Elêth dio la vuelta para marcharse… mas en aquel instante se oyó un grito. Alguien acusaba de traidora a Vanadessë… una flecha silbó cortando el aire… y fue a clavarse en su amiga… Los ojos nublaron la vista de la dúnadan… que, cuando recuperó visión, se encontró con su amiga elfa en brazos, bajo un cielo negro… en una noche sin luna.
- Elêth, pequeña… lo siento… -decía Vanadessë mientras su vida se escurría por la herida.
La dúnadan levantó la mirada con ira, y miró a los ojos a aquél que consideraba culpable de su muerte… su clan la había herido en batalla… y ahora por su culpa perdía a la que había sido su mejor compañera en la infancia…
Fue entonces cuando Elêth fue consciente de que aquello no era más que un sueño. El cansancio le había vencido de nuevo. Respiró tranquila, abrió los ojos y volvió a encontrarse bajo la lona… No sentía el brazo… y el vendaje le llegaba hasta el pecho… le era difícil moverse, pero aquella cama la agobiaba… se levantó y se dirigió al exterior, al bosque… sin un rumbo fijo…
Y entonces siguió el mismo camino que siguiera Vanadessë en su sueño…. Porque su amiga había muerto, y no había otro culpable de ello que aquel que se había apoderado de su corazón. Merecía la muerte. Vana debía ser vengada y lo haría ella.
En el claro se encontraba la persona que buscaba. En el mismo claro del sueño. La miraba con una risa tétrica… como burlándose por haber ganado la batalla… en el suelo yacía el cuerpo sin vida de Vanadessë. El chico lo miró y se rió, y aquello sacó de sus casillas a Elêth, que usando el brazo sano, sacó de la bota la daga de la que nunca se separaba y se lanzó contra Hathol clavándosela en el mismo centro del corazón… y mientras lo hacía, oía la risa de Hathol… que se burlaba de ella porque no lo iba a conseguir… porque su acto iba a ser inútil… porque había hecho algo absurdo y sin razón de ser… Y entonces, comprendiendo de pronto lo que Vanadessë le había explicado cuando le contara su situación… se arrepintió de lo hecho e intentó sacar la daga… Su amiga apareció tras su espalda y comenzó a hablarle enfadada, triste…
- Elêth me decepcionas… yo… pensé que tu lo entenderías… -decía mientras, desesperada, Elêth intentaba sacar la daga.
- No, pero… sigue vivo… te aseguro que sigue vivo… lo oí reír…
- ¿Qué dices? Lo mataste Elêth… lo has matado y a mi me has traicionado… creía que podía confiar en ti… y tu mataste al hombre al que amo…
- No Vana… te aseguro que yo no quería… no quería… -decía Elêth entre lágrimas. –No quería… yo no…
Y entonces de nuevo el mundo se desvaneció…
- ¿Elêth? Elêth, ¿estás bien?
La dúnadan abrió los ojos y se encontró con el rostro preocupado de su capitán.
- Yo no quería… -dijo ella entre lágrimas, aun sin saber si seguía soñando o ya había despertado de su pesadilla. –No quería…
- ¿De qué estás hablando? Elêth, estás loca… ¿Cómo se te ocurre salir de la cama en tu estado? ¿Voy a tener que atarte a la cama para que guardes reposo? ¡No vuelvas a hacerlo! –La voz de Darlak sonaba preocupada, a la vez que furiosa… -Te lo digo en serio Elêth, ahora vas a volver a la tienda… y vas a permanecer acostada tanto tiempo como te sea mandado… y es una orden. No vuelvas a salir de excursión en este estado… es peligroso… más estando en territorio enemigo…
Elêth asintió con la cabeza… pero no escuchaba… estaba ida… y las lágrimas caían por su cara de modo ininterrumpido…
- ¿Te pasa algo? –preguntó Darlak, ya preocupado. Hizo una señal a los soldados que lo habían acompañado en su búsqueda a la dúnadan para que los dejaran solos…
- Yo no quería… no quería matarlo… no debí haberlo hecho… -repitió Elêth, poco consciente de la realidad.
- ¿Matar? ¿Tu? ¿Cuándo? ¿Ahora? Elêth no te ofendas… pero una daga… manejada por una persona enferma… hace poco daño en un árbol viejo…no creo ni que traspasara la corteza… -dijo con una sonrisa mientras cogía la daga y la devolvía a su dueña. –No te preocupes, no has matado a nadie… el árbol está bien –dijo mientras ayudaba a levantarse a la dúnadan y empezaban a regresar al campamento.
- Un árbol… no era al árbol a quien yo… ¿Y Vanadessë? –dijo acordándose de los reproches de su amiga.
- ¿Vana? Pues no ha llegado antes al campamento… de hecho, nos dimos cuenta de que no estabas cuando ella y Sonya fueron a verte… ¿Creías haber matado a Vanadessë?
- No, yo… -entonces un dolor atroz en la herida le hizo tener que apoyarse más en Darlak para no caer…
- Debió ser una pesadilla… -dijo su capitán mientras miraba el vendaje de la herida. –No me gusta el aspecto de esto… creo que se te está infectando… vamos a volver ya para que te lo curen y… vas a portarte bien y a no moverte de la cama hasta que eso pase, ¿entendido?
Cansada, Elêth asintió con la cabeza… casi no había prestado atención a lo que le decía… pero se había tranquilizado… todo aquello no había sido más que un sueño… menos mal…
Al llegar al campamento, se sintió abrazada al instante por Sonyariel.
- ¿Dónde estabas? ¡No nos des esos sustos niña desagradecida! Encima que venimos a verte…
Elêth la miró agradecida por el abrazo, y buscó con la mirada a Vanadessë. Estaba sonriente, no la odiaba… claro, se dijo Elêth, no tenía razón para odiarla… y tenía intención de que aquello siguiera siendo así… Las dos mujeres acompañaron a Elêth a la tienda y allí se esperaron a que se durmiera. Sintiendo sus sueños velados por sus amigas… Elêth fue capaz de soportar las pesadillas. Todavía tuvieron que pasar varios días antes de que la fiebre bajara… fue entonces cuando desaparecieron las pesadillas y la herida empezó a sanar…
