Texto extraído de “Cuentos y Leyendas populares de Árador Vol. III” recogidas y traducidas por el Maestro Helberut de Lothsîr
Fortaleza de Núrurondasse
Todo aquel que atraviesa el suroeste de Árador ha sufrido una sensación de tristeza y pesadumbre al atravesar el Bosque Desconsolado en la región de Baravánie, incluso los animales y las plantas sufren ese sentimiento, lo que convierte a este bosque en uno de los más solitarios y silenciosos de Arda; en él ya no reside la maldad pero el daño sufrido en tiempos pretéritos dejó una huella indeleble en aquel lugar.
La historia de Baravánie es extensa y repleta de sombras incluso antes de la llegada de los oscuros siervos de la Reina Araña. El texto siguiente es una breve recopilación de los hechos más significativos que convirtieron la Fortaleza de Núrurondasse en el Palacio de la Desolación, para un estudio más en profundidad será necesario consultar los “Compendios Históricos del Bosque Desconsolado (antes conocido como Bosque del Gran Olmo o de la Tormenta Perpetua)”.
Cuentan los escritos más antiguos que al principio de los tiempos varios Pastores de Árboles habían convertido al Bosque del Gran Olmo (que recibía este nombre debido a que el ent de mayor edad era similar a un olmo centenario) en un lugar hermoso y lleno de vida tanto vegetal como animal. Pero la Sombra de Morgoth llegó a este bello rincón de Árador y pervirtió la obra de los ents.
Espíritus oscuros poseyeron las nobles almas de muchos árboles mientras otros arrasaban con todo lo verde y hermoso, fue entonces cuando los ents abandonaron el bosque (otros cuentan que los ents fueron muertos por el Señor de las Tormentas).
El sol aún era joven cuando terminó la construcción de la Fortaleza de Núrurondasse, Móretáno Señor de Tormentas y Comandante de Melkor habitó en ella largos años. Durante ese tiempo la presencia de rayos y truenos sobre el bosque eran cosa cotidiana pues Móretáno se deleitaba con esas tormentas, debido a tanta oscuridad y humedad el ahora Bosque de la Tormenta Perpetua se convirtió en un barrizal y gran parte de la vegetación murió y se pudrió, otorgándole al bosque un aspecto más terrible si cabía.
Móretáno tenía reclutado un gran ejército de elfos de mirada torva y crueles humanos con los que se dedicaba a sembrar el terror en los pueblos vecinos. Con este poderoso ejército consiguió que los Moriquendi abandonaran la zona y que los Edain tuvieran que vivir en las montañas cercanas; expulsados los Moriquendi ya no había nadie capaz de expulsarlo del bosque por lo que se dedicó a la captura de esclavos que enviaba al Señor Oscuro para que los utilizara en sus guerras.
Un rayo de esperanza llegó al corazón de la región cuando Móretáno fue requerido por Morgoth en las Guerras de Beleriand. Pero tras un par de años, terminada la Guerra de la Cólera, llegó a la fortaleza Sairongaule un misterioso hombre de edad insondable y que era conocido como Señor de Licántropos.
Las huestes de Sairongaule no eran ni la sombra de las de Móretáno por lo que el comercio de esclavos no regresó; tampoco tenía el poder para invocar tormentas pero de sus tenebrosas fraguas emanaban negros vapores apestosos que hacían el aire irrespirable y que terminaron con la vida de muchos de los árboles que habían sobrevivido a las tormentas de Móretáno.
El terror de Sairongaule llegó a las gentes de las montañas en forma de oscuras criaturas con forma de lobo, cuervo o murciélago que les acechaban por las noches y que cuando llegaba el plenilunio entraban en sus casas a robarles parte de su alma.
Por este motivo las tropas de la Reina Araña, también conocida como Illurë, encontraron un pueblo que no opuso resistencia a su invasión y que estaba lleno de ancianos prematuros.
Las tropas de la Reina y sus Comandantes eran muy poderosas por lo que expulsaron a Sairongaule de Núrurondasse, pero ni siquiera intentaron reparar los daños producidos en el bosque y tampoco mostraron interés por ocupar la fortaleza que quedó abandonada a su suerte en mitad del bosque. El lugar se convirtió en un yermo lleno de troncos secos y podridos y muy de vez en cuando algún árbol a punto de marchitarse, es en esta época cuando empieza a hablarse del “Palacio de la Desolación” y “Bosque del Desconsuelo”.
Cuando la reina Illurë regresó a su palacio fuera de Árador, un elfo llamado Orodril quedó al mando de las tierras sobre las que crecían las ruinas del Bosque del Gran Olmo, cabría esperar que un elfo sí se preocupara de arreglar los destrozos del bosque, pero por lo que sabemos de él, Orodril no se comportaba como un verdadero elfo y su máxima preocupación era mantener su poder, sobre todo frente a un iracundo enano, Uzbad Kibil, que fue quien provocó la desmembración de esta parte del reino de Illurë.
Fue en esta época cuando comenzaron las Grandes Guerras de Árador al término de las cuales grandes extensiones de tierra quedaron despobladas.
Con el tiempo Linyenwa Falas se convirtió en una próspera comunidad de pescadores, pero nunca se atrevieron a viajar al norte pues temían a la oscuridad que había anidado en el Bosque del Desconsuelo.
Y entonces llegó la última sombra, el Señor de Angband extendió su poder por estas tierras. Las guerras de este Señor Oscuro se libraron en el lejano Mordor y Eriador por lo que sólo quería Árador para nutrir a sus ejércitos. En los últimos años de la Tercera Edad el bosque comenzó a reverdecer.
La Cuarta Edad, la del dominio de los Hombres, hizo que la belleza ancestral de los elfos abandonara Arda, pero desde entonces se recogen historias que hablan de gente que ha visto elfos por las (desde entonces) verdes copas de los árboles.
Ciertamente la recuperación del bosque parece una obra élfica y es más que probable que los tristes sentimientos emanen de estos elfos para los que el mundo se ha convertido en un lugar gris y monótono. Aún así, pocos son los que osan adentrarse en el renovado bosque, aquellos que lo han hecho dicen que hay una pequeña colina la cual pasaría desapercibida de no ser por la enorme y oscura construcción que se alza sobre ella, un edificio de macizas y pulidas paredes oscuras por las que ni las zarzas se atreven a trepar. Los audaces que se han atrevido a transitar por las cercanías al caer la noche dicen que a menudo se ven extrañas luces al otro lado de las ventanas, otros afirman que las múltiples chimeneas que posee el edificio aún humean en los fríos amaneceres de invierno.
Pero siempre existen espíritus valientes e intrépidos que osan adentrarse en la antigua fortaleza, estos hombres cuentan que en mitad del edificio hay un amplio patio donde ahora crece la hierba, y en medio de ese patio se alza un gran olmo muy antiguo y con el tronco retorcido debido a los sufrimientos que ha tenido que afrontar... ese árbol no es si no aquel anciano ent que en la Primera Edad se enfrentó a Móretáno en defensa de su bosque y que fue apresado; muchos fueron quienes intentaron acabar con la vida del anciano olmo, pero tras la torturada corteza siempre anidó la esperanza de expulsar a Móretáno, Sairongaule, Illurë y todo aquel que intentó destruir su obra para así poder abandonar su prisión de piedra y regresar al bosque a sembrar la belleza creada por los Valar. Sin embargo la libertad le llegó demasiado tarde y no pudo salir al exterior, la inactividad le había convertido en un árbol, mas ni aún así se rindió, el viejo olmo tiene siempre las hojas verdes ya sea primavera o invierno.
Por esta razón muchos quieren que el bosque vuelva a ser “el del Gran Olmo” pues en el corazón del sabio ent nunca hubo lugar para el desconsuelo, siempre anidó la esperanza
[Editado por Cudesas el 11-03-2007 12:35]
