Niëlúne Lambar
No puedes hacer caso de las palabras de una aparecida!-le espetó Niëlúne a su compañera.-Sé por propia experiencia que no todas las almas son sinceras.
Alkalabrindeth la miró irritada, deseosa de hacerle comprender. Su rostro estaba empañado por la ira del momento, tenía que hacerle comprender…
-No Niëlúne, Medëa quiere venganza y yo se la daré. –“Yo misma deseo tal venganza”, dijo para sí- sé que podemos conseguirlo, pero necesito que confíes en mi…
La joven calló pensativa, se resistía a dejarla partir pero tampoco se atrevía a contradecirla. Al fin y al cabo Kala estaba al mando, y ella debía de apoyarla.
-Está bien, pero no me mantendré al margen demasiado tiempo, no permitiré que os masacren, lo primero es lo primero.- Dicho esto extendió su mano ante la peredhel en señal de amistad, ésta la agarró con un asentimiento- no hay rencores amiga, haz lo que tengas que hacer.
Kala sonrió complacida y salió de la tienda.
Niëlúne, sentada en su jergón se dedicó a meditar. No le gustaba lo que tendría que venir, pero había aceptado, ya no había marcha atrás. Se puso en pie y se dirigió a la entrada de la tienda, levantó la solapa y el viento golpeó en su cara. Unos leves rayos de sol le bañaban el rostro pero no lo suficiente para calentar sus ánimos. Miró a su alrededor y encontró lo que buscaba.
-Gakhân, por favor, entra en la tienda, necesito hablar contigo.
El humano, compañero fiel y amigo de la semielfa entró al interior y se sentó en un taburete tras una indicación de Niëlúne. Éste se relajó y se colocó bien la capa que se había revuelto con el viento.
-Gakhân…-la joven titubeó un instante- necesito que estéis preparados, pase lo que pase estad alerta. Alkalabrindeth partirá con un batallón hacia la batalla, pero no debemos confiarnos. Permanece atento ante cualquier cambio, en cuanto yo de la señal corred prestos a su ayuda-el rostro de la joven permanecía ceñudo.
“Es este viento amigo mío…tengo un mal presentimiento, este aire no trae sino nuestros propios lamentos…”
Pasaron las horas cuando por fin el sol asomó entre las ráfagas de aquel fastidioso viento que cargaba con tan malos presagios.
El ejercito enemigo cayó sobre las huestes comandadas por Kala, Niëlúne los observaba desde una colina apartada sin dejar de sentirse inquieta. Gakhân, a su lado, se agitaba nervioso y a la espera. Con los puños apretados contra los costados veía con pena cómo los soldados caían a tierra atravesados por una espada o cercenados por las lanzas enemigas. Miles de saetas volaban de un bando al otro luchando contra el fuerte viento para llegar a sus destinos.
Ya solo veía a la peredhel blandir su acero, rebanando cuellos, ensartando cuerpos. Pocos permanecían en pie y tenían la suficiente fuerza para seguir luchando, justo cuando se decidió por fin a intervenir en su ayuda algo ocurrió que la dejó paralizada. Pálidas sus mejillas, las palabras se le atragantaron antes de ser pronunciadas.
Con horror vio las asquerosas criaturas que acababan de aparecer en el campo de batalla, las enormes patas de las bestias lo inundaban todo, tierra, cielo, incluso los propios cuerpos que yacían en el suelo. Arrasaban todo a su paso, sembrando el terror allí donde se decidían a inyectar su veneno.
Arañas….miles de ellas corrían de un lado a otro acabando con todo lo que se les interponía. Muchos ents lucharon encarnizadamente pero eran finalmente derribados por la mortal ponzoña de sus rivales.
Niëlúne no daba crédito, cerró los ojos y aún las seguía viendo, pero eran los ojos del pasado los que las observaban ahora. Algo le decía que ya había estado ahí, o en un lugar similar con anterioridad, ella misma, o una vida pasada… Se estremeció profundamente y apartó las arañas de su mente, fuera lo que fuese que había experimentado ya lo analizaría más tarde. Había llegado el momento de intervenir en la lucha y no se permitió perder un segundo más. Alzando su espada al cielo gritó:
-¡Ataquen!
Un único grito le bastó a sus hombres para reaccionar, ya habían sido aleccionados a estar preparados, sin perder tiempo corrieron colina abajo y se unieron a sus compañeros.
Niëlúne se acercó cuanto le permitieron a Kala e intentó comprobar su estado. La había visto luchar con una de las horrendas bestias haciendo escudo con el cuerpo de un enano muerto pero éste no había sido suficiente y el insecto le había herido en la pierna.
-¡Kala!- gritó la semielfa, e intentó llegar a su lado para socorrerla, pero una inmunda araña se interpuso en su camino. Sintió el amargor de la bilis en su boca y un extraño mareo pero no se dejó vencer. Aquella criatura le provocaba un pavor irracional y luchó por no salir huyendo de allí. Sujetó la espada entre las manos con fuerza y retó a la alimaña que se alzaba ante ella.
La araña emitió un sonido asqueroso, de satisfacción al oler el temor de la semielfa y se excitó. De repente se lanzó sobre su oponente pero ésta fue más rápida y la esquivó, tal vez por suerte o por destreza fue a parar junto al costado derecho del parásito y sin perder tiempo clavó la espada en su vientre hasta la empuñadura. La araña cayó retorciéndose de dolor y gritando desesperada, se revolvió y se contrajo hasta quedar paralizada. Estaba muerta.
Sin permitirle un solo descanso se debatió contra todo enemigo y venció. Una y otra vez alguien se interponía en su camino hacia su compañera y ella lo abatía. Los enanos la vieron y se le echaron encima. Niëlúne luchó por mantenerse enardecidamente pero las fuerzas empezaban a fallarle. Se sintió flaquear y al esquivar la arremetida de un hacha enemiga tropezó y cayó al suelo. Se levantó no sin dificultad pero ya era tarde, sintió un lacerante dolor en el costado, ya había perdido mucha sangre de una herida en el hombro y ahora se sumaba una herida nueva. Vio la hoja del hacha manchada de su sangre pasar a su lado y al enano que la blandía dispuesto a rematar la faena. Rápida reaccionó y antes de que el enano pudiera actuar sacó la daga de su funda y acuchilló a éste en el cuello, cercenándole la arteria de lado a lado. La sangre manó de su cuello y empapó a la joven, mezclando su sangre con la de ella, y la de todas las criaturas a las que había dado muerte.
Por fin la debilidad se hizo patente, cerrando los ojos cayó de espaldas al suelo, mientras en la lejanía oía el toque de retirada. Las trompetas sonaron nítidas en sus tímpanos, inundándola de pesar por la batalla perdida, pero al mismo tiempo de esperanza al saber que aún tras la sangrienta derrota, seguían con vida.
… …
La oscuridad la rodeaba y se sentía exhausta, mareada. Había perdido mucha sangre y la inconsciencia se había adueñado de ella el tiempo suficiente. Abrió los ojos e intentó incorporarse pero la herida del costado no se lo permitió, ahogando un grito de dolor se recostó. Escuchó un leve murmullo en el interior de la tienda y se sorprendió al ver que no estaba sola. Quien estuviese le daba por dormida. Prestó atención y comprobó que aquel murmullo eran ahogados sollozos.
-¿Quién hay? –dijo con un hilo de voz.
Una mano tocó la suya con suavidad y luego la apretó con fuerza, como queriendo transmitir la entereza que ya no tenía.
-Soy yo Niel…-la voz de Gakhân rompió el silencio, una voz rota, llena de dolor, de impotencia.
“Estamos perdidos amiga-dijo amargamente-perdidos…”
[Editado por mithril_ el 13-03-2007 17:09]
