La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 3

Árador, Tierras de la Aurora

Finalizada · 19-03-2006

Historia Por Vida. Heren Fanyarëa. Hallen.

2007:03:17:19:36:33

Hallen

HISTORIA POR VIDA:

Era desesperante... Sí, esa era la palabra. Desesperante. Los enfrentamientos con Rialath eran cada vez más desesperantes. Hallen trataba de entender. Estaba segura de que entendía. Pero... El tenía pesadas cargas sobre sus hombros y... había que aceptarlo. Es más, la poca paz que había entre ambos no le ayudaban a poner su mente en claro. Pero esa no era razón suficiente como para que ella tuviera que aceptar todas sus demandas, todas sus decisiones o estrategias.

Rialath era un gran guerrero. Temido por sus enemigos. Amado y respetado por sus hombres. Y eso causaba respeto y admiración por su parte, pero... Ella también era parte de la compañía, y su opinión debía contar tanto como la de él. Y de ninguna manera permitiría que ese derecho le fuese arrebatado, quedando ella reducida a ser sólo una participe a voluntad del Numenoreano. ¿Demasiado orgullo? ¿Vanidad? Quién sabe. Pero no daría su brazo a torcer en ningún momento, sin importarle en lo más mínimo cuántas discusiones se desataran como resultado. Y serían bastantes, eso era seguro. Porque si había algo que identificaba a ambos era su orgullo. De hecho, se podía considerar increíble que dos temples tan parecidos, e implacables, hubieran podido convivir en relativo acuerdo durante tanto tiempo.

Pero ahora, en vísperas de la batalla, era necesario suavizar un poco las cosas. Hallen se sentía el centro de las discusiones, y toda la compañía podía ver lo apesadumbrado que se encontraba Rialath. Se le veía tan pensativo... Retraído incluso. Su mirada no mostraba más que angustia. Una angustia que sobresalía sutilmente sobre la máscara de severidad que el guerrero mostraba siempre a sus hombres. La misma que se vio reflejada en el apasionado discurso que dirigió a sus hombres antes de la batalla, y que les infundió la confianza necesaria. La fuerza. Y la esperanza.

Pero para ella no había sido suficiente. Palabras llenas de valor y confianza salían de los labios de Rialath, pero sus ojos.... sus ojos seguían mostrando esa sutil angustia. ¿Por qué?

Pero ahora lo entendía. Ahora todo estaba claro para ella. En medio de la batalla aún pensaba en ello. Pues a pesar de sus marcadas diferencias, en un momento de paz entre ambos, Rialath pudo descargar toda su frustración contándole la causa del enorme peso que lo abrumaba. Y ahora, toda una gama de sensaciones la invadían. Toda su percepción hacia el guerrero Numenoreano había cambiado bruscamente. Sentía que la admiración hacia él, el respeto, habían crecido en su interior. Porque Rialath se enfrentaba cada día a un destino que podía ver con anterioridad, y aún así seguía luchando, sin importarle lo que pudiera haber visto. Y aunque el hombre no había querido revelarle el final que tendría aquella batalla, eso no quería decir que fuera porque fracasaría. Al menos no necesariamente.

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La doncella abrió los ojos débilmente. Estaba oscuro, y sentía la boca reseca. Entreabrió sus labios, e intentó respirar con fuerza, pero un acceso de tos se lo impidió. Torpemente pasó la lengua sobre sus labios, y los sintió agrietados, llenos de costras. Pero a pesar de todo, estaba consciente.

Giró levemente la cabeza. Estaba en su tienda. Fuera de ella, la luz rojiza de un fuego cercano hacía bailar sombras en su interior. Se sentía increíblemente dolorida. Mareada incluso. Y sentía una sed insaciable. Pero estaba sola. Intentó incorporarse, pero sus músculos temblaron y no fueron capaces de responder, dejándola de nuevo tendida sobre la cama, más exhausta aún si cabe.

Entonces escuchó las voces. Sobre la tienda se proyectaba la sombra de dos figuras, pero no podía adivinar de quién se trataba. Las voces se acercaban, y rogó mentalmente a Los Sagrados porque alguien entrara en su tienda, y se apiadara de su sed.

- ¿Entonces el veneno ha sido expulsado? – la voz era tensa. Hosca. Era una pregunta, pero incluía en sí misma dudas mucho más profundas.

- Así es, Mi Señor. Al menos, las últimas pruebas realizadas ésta misma mañana, lo indican. No obstante sus secuelas permanecen. Y permanecerán aún por un tiempo. – la voz del anciano, sanador de los ramalië desde edades incontables, era amable. Sencilla.

- Pero ella se encuentra fuera de peligro...

- Eso no lo sabremos todavía, me temo. El peligro mayor ahora es la fiebre. Hasta ahora ha variado en intensidad, pero una subida repentina podría ser mortal.

- Entiendo – Hallen reconoció la voz angustiada de Rialath. Después, sólo quedó el silencio.

Ella cerró los ojos, resignada. Quizás a pesar de la sed, podría volver a dormir. Caer nuevamente en el mundo de la inconsciencia le parecía lo mejor en aquél momento. No sentir nada...

Sintió una ráfaga de aire acariciar sus cabellos y su rostro. Cuando volvió a abrir los ojos pudo ver a Rialath sentado a su lado, y entonces volvieron a su memoria recuerdos ocultos de la batalla. Sintió nuevamente el dolor de la flecha alojándose en su carne. Detalles nebulosos de cómo fue alejada de la batalla, y después, nada. Ahora, pese a todas sus diferencias, sus discusiones... se alegró de verlo con vida. Apesadumbrado, pero vivo en todo caso.

Él enseguida se dio cuenta de que ella se encontraba despierta.

- ¿Cómo te encuentras?

Ella negó con la cabeza, y abrió de nuevo sus labios intentando hablar. Pero sus cuerdas vocales no pudieron emitir sonido alguno. Y él comprendió. De una mesa que se encontraba junto a la cama tomó un vaso de agua, y humedeció una esponja. Después la pasó delicadamente sobre los labios de ella, quien ávidamente bebió cada gota.

Por un momento, Hallen se sintió renacer. Y a pesar de la tristeza de la derrota, sintió la gran alegría de sentirse viva, y de permanecer en este mundo algo más de tiempo. Su admiración y compasión por Rialath eran ahora fuertes en ella, pero él no lo sabría. Porque aún era ese guerrero orgulloso que quería tomar todo en sus manos, y por más herida que estuviese, Hallen aún no pensaba dejarlo ser el centro de todo.

Naredhel Anariel

Los Valar otorgan un 40% de recuperación de vida para Hallen.

Saludos desde Valinor!