Kelusse
Fin Guerra: Heren Fanyarëa deja de Atacar
Armadas perdidas por "Heren Fanyarëa" = 6
Armadas perdidas por "Liantari Dimbar" = 8
Victoria para Heren Fanyarëa.

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.
Edicion 3
Finalizada · 19-03-2006
2007:04:01:16:03:23
Fin Guerra: Heren Fanyarëa deja de Atacar
Armadas perdidas por "Heren Fanyarëa" = 6
Armadas perdidas por "Liantari Dimbar" = 8
Victoria para Heren Fanyarëa.
Una noche tuve un sueño. Un sol pequeño brillaba en el cielo sobre enormes montañas de hielo, y yo lo miraba con los ojos muy abiertos, hipnotizado por su belleza. Sentía frío. Un frío inmenso que penetraba por cada poro de mi cuerpo, adormeciéndolo de dolor. Pero yo no me movía. Simplemente estaba allí, observando fijamente el lento caminar del sol.
Nunca comprendí muy bien aquél sueño, ni por qué lo recordé al despertar con una intensidad abrumadora. Pero el tiempo pasó. No mucho, ni rápidamente. Simplemente pasó de una batalla a otra durante esta maldita guerra. Esta guerra interminable. Hasta hoy.
El manto de estrellas se refleja entre los muros de hielo de la Danza de Espejos, y ahora sé que cuando llegue el amanecer, y las puertas de Gathol-Kelhed se abran como las del mismísimo infierno, moriré.
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El sol hace tiempo que ha desaparecido detrás de las montañas, dejando solamente sombras alargadas y un aire helado que penetra hasta los huesos. Afortunadamente las tiendas permanecen al amparo del viento, justo a la entrada de la Danza de Espejos, y dentro de ellas se mantiene el calor. Capas de piel cubren la tienda por dentro a modo de grandes tapices, pero su función es meramente práctica. El frío queda atrapado entre la lona de la tienda y la capa de pieles. Y en el interior, el crepitar del fuego es constante.
- No deberías estar levantada…
- Lo sé, lo sé – mi voz suena apagada, totalmente vencida por el cansancio. Apenas levanto la vista, absorta todavía en el montón de papeles y mapas que se extienden sobre mi mesa. Los mismos que desde hace horas observo con preocupación. Pero aún así, acompaño mis palabras con un gesto impaciente de mi mano, indicando que nada de lo que diga conseguirá que guarde reposo. Un gesto que no evita que Niëlúne siga hablando.
- Los curanderos insisten en que deberías permanecer en la cama unos días más…
La interrumpo nuevamente, intentando que la conversación se desvíe hacia otros derroteros.
- ¿Y cómo se encuentra nuestro paciente favorito?
- Ha mejorado visiblemente. Si por él fuera, también estaría ya en pie, como tú. Pero él es más susceptible a mis consejos.
Una leve sonrisa asoma a mis labios cansados.
- Es tan testarudo como yo, no puedo negarlo – mis manos dejan de golpe los papeles que he estado ojeando. Apoyo los codos en la mesa, y hundo la cabeza entre mis manos. Confusión, agotamiento, frustración. Todas esas sensaciones se alían en mi contra, superando mis fuerzas – Sus huesos son fuertes y están soldando rápidamente. Muy pronto estará en pie.
Niëlúne acerca una silla y se sienta frente a mí. También parece cansada, y no es de extrañar. Durante días ha permanecido al pie de la cama de Bohr.
- ¿Qué es lo que ocurre? Nunca antes te había visto tan preocupada…
Levanto el rostro, ahogando un suspiro de resignación.
- Temo una emboscada. No podemos salir de aquí, y tampoco debemos quedarnos aquí. La Danza de Espejos es como una ratonera.
- Pero… nosotros no notamos nada mientras veníamos hacia aquí. Podríamos iniciar el descenso...
- Lo sé. Pero las cosas han cambiado desde entonces. La Segunda Compañía de Illure ha sido derrotada en Iaur Abad por nuestros aliados de Farothdin. La ciudad ha sido saqueada, y las pocas tropas que han conseguido sobrevivir se han dispersado, aunque brevemente. Existen túneles ignotos conectando las montañas, y temo que dentro de Gathol-Kelhed se concentre ahora una fuerza mucho mayor que la de antes – su rostro se torna pálido – Y aún así, no es ese mi mayor temor.
- ¿Qué puede ser peor?
- Que esas tropas se estén acercando a nosotros a través de las montañas, y nos encierren en estos pasadizos de hielo.
- Serían tropas menores, en todo caso.
- Sí. Sin duda alguna. Pero si nos atacan por la retaguardia, y las puertas de la ciudad se abren atacándonos por el frente… no tendríamos salida alguna.
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De un sueño surgió una muerte. Una muerte anuncia que es mi propia muerte. Pude haber huido, mas no lo hice. Ahora sé que mi destino estaba escrito en el hielo mismo en el que yace mi cuerpo malherido. Mis ojos observan hipnotizados el lento caminar del pequeño sol sobre mi cadáver. Siento el sabor ácido y dulzón de la sangre en mis labios, y cómo desciende levemente sobre mi piel, goteando rítmicamente sobre el suelo.
Cuando la muerte se anuncia, no hay huida posible. No acepta jamás una negativa, ni una impuntualidad en su cita. Simplemente, tú sabes que viene. Y ella sabe que no llegarás tarde. Yo la encontré en un día soleado, oculto bajo una niebla conjurada.
Las puertas del infierno permanecían rotas después de la última batalla. Pero aún así, eran las puertas del infierno. Y el infierno salió a nuestro encuentro, y era la Muerte quien lo enviaba a la batalla. Después, la niebla desapareció de repente.
Las espadas lanzaron destellos de oro y plata a la luz del sol. Después, el rojo de la sangre lo cubrió todo.
Las fuerzas de Gathol Kelhed eran gigantescas. Si podemos decir que por su mayoría de enanos y orcos, no lo eran de altura, sí lo eran de resistencia... y ferocidad. Vaya a saber Isil porqué salieron como arañas hambrientas de todas las puertas y cuevas de la montaña. Sólo para encontrarse con la niebla. Y porqué con pocos buenos ojos para atravesarla se mantuvieron ahí... rodeando el espacio con su aura infernal.
No se recuerda quien dio la orden. Todos los fanyari respondían a Náredhel, y luego a Niëlúne, pero ésta se mantenía asegurando la retaguardia. Si la vanya no dio la orden directamente, se dice que la niebla, que parecía brotar de ella, gustaron de decir los rapsodas, y que todo lo cubría, fue la que emitió la voz de guerra.
La gente de Gathol Kelhed apostada allí no podría ser vencida si no era con un ataque masivo. Además de todas formas, no los vendrían venir. Y los fanyari contaban con ello. Si no hubiese sido por un hecho que marcó la diferencia, no habría habido matanza mayor en los anales de todo el Este. Habrían sobrevivido unos pocos, los más fuertes o los más afortunados, los más, pocos.
Si, no obstante la muerte no fue última y suprema, bastó su olor, todas las líneas de los servidores de Heren Fanyarëa cayeron ante todas las líneas de infernales del “cristal” de Liantari Dimbar. Y el estruendo fue atronador, dícese haberse oído hasta en los rincones de Cuin’ a Faire en Fanyarëa, entre los marinos que en estos tiempos oscuros se atrevían a cruzar la ensenada del sur, entre los kelvar del Taurelinquë, como incluso han hablado algunos en la lejana y misteriosa Linwenya Falas, allá en el confín sur.
En principio, los liantari sufrieron el impacto. Sin espacios para retroceder salvo en sus propias covachas, en las que se verían hacinados y sometidos, tuvieron que intentar imponer su mayoría y su localía en las afueras, y eso les costó. Resistían. Y cualquiera podría llegar a ser el resultado, la duda en la mente era esquivada por cada ferviente guerrero, pero el olor de la sangre no estaba a favor de ninguno aún, pensar en tal incertidumbre podía ser fatal.
Así fue que Niëlúne dejó a Wethan, Bohr, con las mínimas fuerzas más retrasadas. Ninguno quiso hacerlo, pero no había otra manera, los que no estuvieran inválidos tendrían que estar sobre Gathol Kelhed, y del otro lado otro tanto, era ahora o luego sería tarde, el cansancio y las bajas irían mermando el fervor de uno u otro, era ahora cuándo marcar la diferencia.
La bruma daba una ventaja a las fuerzas de la Orden de los Cielos.
Chocaron entonces dos espadas forjadas en Aman, portadas ambas por elfos Vanyar, ambos líderes de alguna parte de las fuerzas de uno y otro enemigo. Una fue Rûnyacir, en manos de Náredhel, sacerdotisa suprema y reina regente, guerrera invaluable desde tiempo inmemorable. Ha corrido el rumor de que fue Lómemacil la segunda espada que la Roja contuvo a la vez, en manos de fiera guerrera.
Niëlúne supo de alguna manera, como ella solía prever, que su impulso estaba predestinado. Superpuso su hoja, dejando ambas armas Liantari entre espadas Fanyari. Y con sus esgrimidores helados en miradas que habrían ardido a un mundano nacido.
Un grito áspero llegó con un horroroso elfo, si es que se habla de que los elfos tienen la luz, este no. Una daga fue apuntada al plexo braquial de la medioelfa fanyari acompañado de un gruñido. No sería el último en llegar ese tablero de amenazas en el cuál se resolvía el destino de la batalla.
La bruma se disipó. Los ojos de Náredhel habían cambiado. Ninguno se movía.
Una mole cruzó el aire, desde la nada, y cayó sobre el tipo de las dagas. Al instante, Shatearffelak, la espada atigrada de Wethan Bohr, algo discapacitado pero con entereza, estaba punzando el cuello del engendro liantari. Bohr sobre el enemigo, aun cuando con dos dagas ya apoyadas sobre su corazón y su vejiga, oyó a la reina. “Nos vamos”.
Y el grito de retirada inundó el lugar.
Desconocido es, si Liantari Dimbar permitió que el ejército de Heren Fanyarëa se retirara en paz por conveniencia o por temor. La mirada de la capitana dejaba leerse “hoy no será, si hoy el cielo nos ha dejado elegir, prefiero la victoria mañana”.
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Pocos murieron en comparación con cuántos podrían haber muerto. De todas formas, los que vieron venir la muerte y sin embargo la enfrentaron, son hoy héroes para los ramalië, mártires de un glorioso porvenir...
Todo dentro de la cuidad era un gran alboroto, los enanos como locos tratando de buscar sus mejores atuendos y engalanándose con sus mejores joyas, trenzándose las barbas y limpiándoselas, los hombres preparándose lo mejor que pueden ocupando y arreglándose lo mejor posible, limpiando sus armaduras y espadas, los orcos aun a ellos se les ordeno “limpiarse” en algunos casos se les tuvo que bañar en las frías aguas de las fuentes de la cuidad, Ohtaráne observaba como limpiaban un troll, entre seis orcos, mientras el mismo tomaba un baño en una de las fuente. ¿A que venia todo este gran alboroto? la matriarca, era la matriarca que venia a la ciudad, y todos estaban muy emocionados, todos menos uno.
Ohtaráne va en busca de Tilmarion y lo encuentra recostado al pie de un gran pilar de piedra, le da un pequeño golpe con el pie- Levántate vamos que ya llega la Matriarca - Tilmarion se levanta tras un extraño sueño, recuerdos de Valinor, quizás producidos por ver a Naredhel, reina y sacerdotisa de Heren. “Vanyar” pensó Tilmarion, “que hace en esta parte del mundo”. Siempre pensó que eran solo rumores y que en realidad no era así, tendría que luchar contra una pariente. Ohtaráne sale con paso ligero, seguido de Tilmarion, aun meditando su extraño sueño.
Las tropas de la Harad-Morloth, la Cuarta Legión Liantari, estaban ya emocionadas, con la moral alta y dispuesta a la lucha, pues esta con nosotros Luiniel, nuestra soberana.
Las tropas estaban ya dispuesta a recibir a la matriarca de Liantari, los enanos engalanados con sus mejores ropas y joyas que brillaban con la luz del sol que se reflejaba sobre el oro formaban una gran columna iluminaba el pasaje, al frente de ellos los orcos en fila manteniendo un “orden” con sus ropas oscuras y negras donde ni la misma luz del sol podía reflejarse por ultimo la columna de hombres vestido de gris con caras serias y orgullosas, completaban el pasaje. Al final de todo esto se hallaban los dos capitanes de Liantari, Ohtaráne con su antigua armadura y sus ropas grises, pero orgulloso y desafiante, a su lado Tilmarion con su armadura enjoyada que brillaba a la luz del sol, con una mirada calmada y expectante.
Así de esa manera ingreso Luiniel en la capital de Gathol-Kelhed. La noldo se sorprendió un poco de lo solemne de la situación, sin embargo sentía que las palabras florecían en su mente como si ya estuvieran escritas en la música de los Ainur.-
Valientes soldados de Liantari Dimbar, mucho han luchado ya y grandes son sus hazañas. Ningún enemigo se ha marchado creyendo que su derrota fue blanda o que su victoria no fue cara. Las cicatrices marcan sus rostros por osar invadirnos y ya sus sonrisas no tendrán el brillo de antaño, ese es su castigo. Vuestro coraje será cantado mientras nuestro reino perdure... Y es por eso que ha de perdurar. ¿Quién de aquí dejará que toda esta gloria se escape como la arena del desierto?-. “¡Nadie!” clamó la multitud. -Así es. ¡Qué el fuego no deje de arder en vuestros corazones liantaris! ¡Liantari ai-mênu! ¡Por el Poder y la gloria!-
Los enanos alzan sus pesadas hachas que brillan con el sol,
¡Por el Poder y la gloria!
Los orcos sus oscuras cimitarras negras como el azabache,
¡Por el Poder y la gloria!
Los hombres con sus largas espadas con un brillo frío,
¡Por el Poder y la gloria!
Todas las tropas de liantari gritan,
¡Por el Poder y la gloria!
¡Por Liantari Dimbar!
Se acerca a Luniel Ohtaráne y Tilmarion ambos saludan con una gran reverencia a la matriarca de Liantari Dimbar.
Luniel observó a Ohtaráne - Saludos Ohtaráne, Gran Capitán de Liantari y amigo. Tiempo sin vernos, aun así estoy muy orgullosa de ti y de tu fiel servicio-. Luego mira a Tilmarion y dice- saludos señor elfo, tiempo sin vernos desde ese día en las casas de curación, Liantari tiene una gran deuda con usted.-
Tilmarion le devuelve la mirada.- ¿Que deuda señora, o acaso se gana una deuda luchando al lado de los amigos?
Luniel sonríe.
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Luego del recibimiento de la matriarca los batidores liantaris informaban que las tropas fanyaresas volvían a avanzar sobre la cuidad.
Las tropas de Heren se apostaban afuera de las puertas de Gathol-Kelhed, Con un gran ritmo sus huestes avanzaban y se acercaban a las puertas. Con ellos iban Náredhel, sacerdotisa suprema y reina de Heren. Acompañados de una extraña niebla.
De las puerta de Gathol-Kelhed, salían las tropas de enanos con sus pesadas hachas y mazos como un rió de luces que brillaban con la luz del sol, detrás de ellos otras figuras más oscuras como un negro torrente sobre la blanca nieve los orcos avanzaban rápidamente sobre las tropas fanyaresas, detrás de ellos con un caminar más pesado los hombres en ordenadas filas avanzaban como un muro gris al encuentro de la niebla de Heren.
La batalla había comenzado, se escuchaba el grito de dolor de elfos, hombres, enanos y orcos, todos me parecían iguales en ese momento. La blancura de la nieva se volvía a manchar con la sangre de los ejércitos de ambas naciones. El crudo y frió acero volvía a hacer su trabajo para lo cual se habían forjado. Las espada, hachas, mazos y cimitarras, caían los cuerpos de enanos, elfos, hombres y orcos no había diferencia ahora solo eran cuerpo inertes en el suelo llenos de sangre y nieve con la de niebla sobre ellos como un manto.
Tilmarion en la batalla, ve a Náredhel que se dirigía hacia él con los ojos brillante, parecía que nada la podría detener a este encuentro. Él se dirige a su encuentro, luego el choque de espadas, y de esa manera se dio el choque de dos elfos vanyar que antes nunca se había dado. Ambos se quedaron observándose fijamente a los ojos, como dos estatuas de piedra inamovibles, en medio del campo de batalla, rodeados del grito de los ejércitos, cubiertos por la luz del sol que se reflejaba en sus ropas y en el frió brillo de sus espadas, con la niebla a su alrededor. Ambos presas fácil para cualquier arquero con ciertas habilidades, Niëlúne capitana de Heren al ver la escena de ambos vanyar, se presta a ayudar a Náredhel, y ambas espadas se unen contra la de Tilmarion, de las brumas de la niebla aparece Ohtaráne quien con una daga logra amenazar a la poderosa sacerdotisa y soberana de Heren, colocándole la daga en su espada. Pero no estaban solas las capitanas fanyaresas, Wethan Bohr, capitán de Heren estaba allí presente también, y logró derribar a Ohtaráne con su espada causándole un corte en el brazo.
Luiniel disipa la niebla que acompañaba a los fanyareses, y se dirige donde los capitanes están luchando.
Luego la voz de Náredhel, “Nos vamos”.
A lo que los tres capitanes de Heren se retiran, mientras que Tilmarion ayuda a Ohtaráne a reincorporarse. Ohtaráne se levanta y dice- sigámosles, Luiniel llega: dejémosle ir al parecer se encontraron con algo que no esperaban. Tenemos otros asuntos que atender cada uno de nosotros.
No fue una gran batalla, pero ha dejado muchas cosas claras, Heren esta planeando algo o quizás este temiendo algo. “Muchas piezas se juegan en esta guerra, muchas que aun yo desconozco” meditó Tilmarion alejándose ya del tumulto, organizando a su paso el caos vertido durante la batalla, asegurándose del bien de los heridos, asegurándose de la honra de aquellos que murieron, gloriosas almas sesgadas.
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En las estancias de la cuidad enana Tilmarion, trata de recordar esa mirada y ese rostro de sus recuerdos de Aman, no será la hija de Seriel. Tilmarion dejo ese recuerdo y se dirigió a donde se encontraban Luiniel y Ohtaráne, ambos con heridas leves del último combate, con el resto de tropas de liantari.
Luiniel al ver el manto de pesar que envuelve al vanyar lo acoge con una sonrisa- Tilmarion aun no he escuchando que cantes una canción o una historia ¿Acaso de donde vienes no hay canciones para momentos como este, o lugares como Gathol-Kelhed?-
Tilmarion la observa sin mostrar deseos de animo.- No hay lugares como Gathol-Kelhed, es única en toda Arda, -Tilmarion observó a los enanos los cuales estaban orgullosos de esas palabras.- Todo es diferente y único en si mismo.-
Izado sobre lecho de gemas,
en fina nieve borlado,
se levanta el trono enano,
corona de hielo que sobre piedra reina.
Blancas son sus cumbres,
blancas son sus gentes,
sus teces, sus barbas.
Valor que la piedra baña,
valor que surca la piedra,
alcanzando el corazón de la montaña.
Bajo el frió invierno,
bajo el frió yelmo de hielo,
descansa Gathol-Kheled,
el corazón enano.
Que la casa de los Hijos de Durin,
Que su orgullo, y sus riquezas,
Sean eternas,
¡Viva por siempre!
[Editado por tyrael200 el 27-03-2007 23:57]
Resumen de la batalla.
Heren Fanyarea ha perdido 6 armadas x35= 210 puntos.
Recuperables: 210 puntos, al hacer uso de un poder especial.
Valoraciones: 7.2+9.3+6.7= 7.7
Recupera: 162 puntos.
Pierde 48 puntos.
Liantari Dimbar ha perdido 8 armadas x35= 280 puntos.
Recuperables: 210 puntos, al hacer uso de un poder especial
Valoraciones: 5.0+8.0+7.0= 6.7
Recupera: 141 puntos. Los líderes de la Compañía pierden un 20% de vida, por lo que recuperan 70 puntos. Total recuperación: 210 puntos
Pierde: 70 puntos.
Heren Fanyarea no percibe monedas por la victoria en la batalla.
Heren Fanyarea entrega 100 monedas a Liantari Dimbar por el abandono de la batalla.
No se produce el saqueo de Gathol Kheled
Compañías actualizadas y listas.
[Editado por Cudesas el 01-04-2007 16:08]