Edicion 3
Árador, Tierras de la Aurora
Finalizada · 19-03-2006
El Árbol De La Llama Roja.
2007:05:28:00:41:13
Darlak Lórindol
Largo es el tiempo, lejano queda el momento en el que el árbol fue cortado y el objeto desenterrado.Desde entonces el Taurëruin llora lágrimas de desconsuelo pues la paz abandonó a sus árboles y la sombra de la guerra siempre ha estado presente…
Darlak Lórindol
La débil brillantez invernal de Anor apenas podía hacerse notar y sus tenues rayos no eran capaces de arrojar su cálida esencia sobre el Taureruin. Melêl, la elfa, se había cubierto el cuerpo con un vestido de color verde con unos símbolos dibujados en los bordes. Añoraba los cantos de las aves que tan dulcemente la despertaban cuando el sol salía, pero en estos días de invierno se despertaba bruscamente por el frío que le llegaba. A su lado su abuelo Cereval caminaba con paso cansado y detrás de ellos una pequeña comitiva de elfos los acompañaban por el silencio camino hacia la ciudad, no encontraron a nadie durante el camino que transcurría desde su cabaña a la élfica ciudad. En aquellos días las tierras de Lempë Ohtari estaban solitarias, desde hacía más de un año las guerras habían vuelto silenciosos los caminos.
Hacia varias semanas que Darlak Lórindol, señor de Mellon Vilya, había partido hacia la guerra. Las noticias que habían estado recibiendo del norte no habían sido halagüeñas y Darlak había temido por las tropas que se hallaban combatiendo. Pero sobre todo había temido por su amada Sonyariel, la cual no había visto desde hacía varios meses. Había transcurrido el tiempo y poco se sabía de las tropas ohtari salvo que el terrible tiempo que persistía en las tierras de Helkelen Lára estaba mermando las posibilidades de las compañías lo que ocasionaba derrota tras derrota. Como todos los caballeros estaban fuera de Lempë ohtari, hasta incluso la reina Yárfaila, Darlak había hablado con Cereval, avari del bosque y le había encargó el gobierno de aquellas tierras en su ausencia. Estaba decidido a viajar al norte. De esta manera en una mañana gris la segunda compañía del ejército ohtari había partido al mando de Darlak Lórindol y Eleth Niramar.
La comitiva siguió caminando por el sendero mientras una niebla tenue empezaba a envolverlos. Empezaba a caer la tarde y el viento soplaba muy frío. Mêlel se cubrió con una capa y intentó buscar al sol entre las nubes. El sendero pasaba ahora por unos setos donde crecían unos esbeltos árboles.
- Están llorando – dijo una voz apagado a su lado.
- ¿Por qué dices eso, abuelo? – la joven elfa vio cómo Cereval se había detenido acercándose hacia un árbol que había próximoy le acarició las hojas.
- Muchos de sus hijos están muriendo en la guerra
- La guerra… - dijo ella con voz triste.- ¿Hasta cuando va a continuar la guerra con nuestros vecinos del norte?
- Ni idea. Espero que mañana lleguemos a una solución y se paren las hostilidades. Ojalá el árbol traiga la esperanza.
- ¿El árbol? ¿Qué árbol?
El anciano elfo se rió, Mêlel era aún muy joven para conocer las antiguas leyendas y dichos del bosque.
- Es sólo un antiguo dicho. Cuando caen tiempos oscuros, en el bosque se dice que ojalá el árbol traiga la esperanza.
Siguieron caminando por el bosque en dirección a Yävetil. El sol ya estaba cayendo cuando a lo lejos apareció la bella silueta de la ciudad, majestuosa y orgullosa de sus secretos. Se encontraron con un gran muro de piedra gris que se alzaba varios metros del suelo. El cansancio ya se notaba en sus rostros, en especial en el de Cereval.
El día siguiente amaneció más límpido y el sol parecía brillar con más fuerza. En Yävetil, en la sala de los caballeros del palacio del Sol se habían reunido los pocos miembros del consejo que no se hallaban en la guerra. Entre ellos se hallaban Annamel, esposa del señor del bosque, Caragan, encargado de Mellon Vilya ante la ausencia de Darlak, algunos de los hombres de Makar, de especial confianza de Aikanaro y Baran, nombrado encargado de Eru Andorya por Yárfaila cuando ella se fue a vivir a Yävetil. Presidiendo la reunión se hallaba Cereval, uno de los más importantes elfos del bosque y hermano del ohtar que fuera rey del antiguo reino de Yävetil. Por especificación de Yarfaila, él presidía en su ausencia el consejo. Con él se hallaba Mêlel, su nieta y prima de Vanadessë.
- ¿Cuál es el motivo de esta reunión? – preguntó Baran, un hombre rechoncho que se hallaba sentado en la otra punta del consejo.
- Señores, esta guerra está yendo demasiado lejos. – dijo el elfo – ¿Cuál es el objetivo de esta guerra?
- Derrotar al enemigo, por supuesto. Las noticias del norte están siendo muy buenas. Los capitanes del norte controlan dos ciudades helkelianas – siguió diciendo Baran.
En ese momento fue cuando Annamel habló:
- Estás equivocado mi buen Baran. Estamos teniendo muchas pérdidas en esta guerra ¿Qué importa haber conquistado dos ciudades enemigas si a causa de ello han caído tantas personas en el campo de batalla? Ya una vez se consiguió una paz con Helkelen Lára, ¿por qué no solicitarla ahora de nuevo?
Baran se rió y sus carcajadas ocasionaron un gran estruendo en el salón.
- Sí, intentamos una tregua hace meses cuando sus tropas se hallaban en nuestra tierra ¿pero cuánto duró? Os recuerdo a todos que cuando se firmó el acuerdo de paz con Farothdin y Heren Fanyarea, ellos tramaban una traición con el matriarcado que se tradujo en un ataque masivo a nuestras tropas. En el momento en que impidieron que nuestros ejércitos abandonaran sus tierras sin beligerancia estaban negando cualquier acuerdo de paz.
Baran miró a cada uno de los presentes estaba seguro que muchos secundaría su opinión porque contaba con la aprobación de la reina, la presidenta del consejo. Un murmullo se levantó en todo el salón, los congregados discutían sobre qué hacer con la guerra, continuar con la ofensiva contra sus enemigos o detener la guerra.
- Sin embargo la respuesta de nuestras tropas a la rotura de la paz por parte de Helkelen Lára está siendo llegando demasiado lejos. Propongo detener esta guerra.
- ¿Cómo vamos a tener piedad ahora con Helkelen cuando sus ejércitos no lo tuvieron cuando atacaban nuestras ciudades? - dijo uno de los hombres de Makar, uno de tez morena y afilado rostro.
- Esta guerra es irreversible- añadió Baran.
[Editado por aratir el 22-03-2007 10:01]
Darlak Lórindol
Darlak despertó sudando y gimiendo. Abrió los ojos, una mano zarandeaba su hombro izquierdo. Era Eleth.
- Estabas soñando – dijo ella sonriendo
- Sí, un sueño muy vívido
- ¿Qué soñabas? Cuéntame algo entiendo de sueños.
- Ha sido muy extraño. Vi a un hombre de pie en el claro de un bosque, el Taurëruin, creo. Se hallaba delante de un árbol, un bello sauce de gran tamaño en el centro del claro. El sauce brillaba, un resplandor rojo brotaba de su tronco. Créeme Eleth si te digo que jamás había visto un árbol tan maravilloso.
- ¿Qué le pasó al árbol?
- El extraño hombre lo cortó. Sí Eleth, ese mal nacido cortó ese bello sauce con un hacha que tenía en su mano. Yo estuve viendo como lo hacía pero no podía hacer nada para impedírselo.
- Oh, es terrible.
- Pero no terminó aún el sueño. Cuando el hombre sesgó completamente el tronco del árbol rojizo, un hueco quedaba en el tocón. Metió la mano hacia dentro. Parecía buscar algo, entonces lo encontró y sacó la mano.
- ¿Qué era?
- No lo sé, justo en ese momento me has despertado con tu zarandeo.
Eleth se rió pero pidió disculpas por haber interrumpido aquel sueño. En ese momento alguien pidió permiso para entrar en la tienda. Entró un soldado el cual le entregó una carta que acababa de llegar para Darlak.
- ¿Una carta? ¿Para mí?
- Sí, un explorador de la tercera compañía llegó al campamento cuando el sol recién había salido.
Eleth y Darlak se miraron. ¿Sería de Sonyariel? Desde que llegara a las tierras del norte, el senescal no había conseguido hallar rastro de ella y ansiaba sobre todas las cosas hallarla, se había prometido que no descansaría hasta verla con sus propios ojos.
Con indecisión deslizó el cordel que sujetaba el papel y desenrolló. Sí, era la pulcra letra de Sonya. Empezó a leer.
Mi amado Darlagil,
Ya ha pasado casi una semana de mi última carta y no he recibido señal tuya. Yo ya no sé que pensar, ni qué sentir mi niño. ¡Necesito tanto saber de ti! Pero entiendo... sé que no he sido una buena mujer y menos una buena madre. Me merezco esto. Por lo menos escribir me hace sentirte cerca.
Después de mi última carta, los vigías por fin encontraron señales enemigas. Nos seguían los pasos de cerca y muchos aún no estaban del todo recuperados después del último enfrentamiento, por lo que separamos nuestras fuerzas.
El grupo que aún se encontraba débil partió en dirección de los refugios en las montañas, mientras el resto nos organizamos para emprender un nuevo ataque desde la ladera norte a la ciudad de Mirianost. No fue mi mejor decisión. Nos tendieron una emboscada.
[…]
Besos.
PD.: El bebé te envía saludos. Mientras dejaba el papel a un lado, acaba de dar un salto dentro de mi barriga para recordarme que te envíe un beso y un abrazo de su parte. Es fuerte. Y sé que será tan valiente y amado como su padre.
Esperando que Eru una nuestros pasos nuevamente.
Siempre tuya
Sonyariel Lissë.
- ¿Y el soldado? – preguntó Darlak al levantar la vista del papel. Eleth notó algunas lágrimas en sus ojos. Sabía por lo que estaba pasando ella misma también temía por su amiga y por el bebé que llevaba en su vientre.
- Está esperando respuesta, mi señor-
Al rato, después de cambiarse, el senescal salió de su tienda y se dirigió hacia el soldado que había traído la carta de Sonya. Eleth se hallaba hablando con él.
- Ha sido milagro de Eru que os encontrara. Mi señora quería hacer llegar esta carta pero todos pensábamos que el senescal se hallaba en Mellon Vilya. Por fortuna supe que la segunda compañía se hallaba en tierras enemigas tambien.
- ¿Dónde están las tropas? – preguntó Darlak nada más llegar.
- En las laderas de unas montañas, mi señor.-
- Hoy nos informaron que Mirianost está bajo el control del general Aratan. Deseó que regreses y le comuniques a Sonyariel que nos encontraremos dentro de dos días en esa ciudad.
El explorador y mensajero de la tercera compañía emprendió entonces el viaje hacia el norte. La sonrisa iluminó entonces el rostro de Darlak, al cabo de dos días se reencontraría con Sonyariel.
Darlak Lórindol
Al atardecer del día siguiente las tropas de Darlak Lórindol llegaron a las cercanías de Mirianost, otrora esplendorosa pero ahora derruida tras los ataques sucesivos de sus propias tropas y las de la dama de hielo. El semielfo no esperaba encontrarse aquella ciudad de esa manera, sus ojos vieron una ciudad en ruinas, las torres y los edificios en su mayor parte derruidos mientras el humo de un incendio anterior aún era visible.
Entraron galopando por las arrasadas puertas de entrada, poco quedaba ya de lo que antes fuera una ciudad concurrida.
- ¡Por Eru! La ciudad está completamente arrasada - dijo Eleth alarmada.
Darlak no dijo nada al respecto sino que se limitó a contemplar el estado de aquel lugar, en su corazón sabía que aquello era desorbitado. En ese momento sus ojos se encontraron con algo en medio de los escombros.Detuvo la comitiva y se apeó del caballo. Eleth sorprendida vio cómo el senescal de Lempe se acercaba hacia algo que había visto en el suelo.La chica no pudo evitar la curiosidad y fue a ver.
Vio una pequeña flor surgiendo del arrasado suelo de lo que antes fuera una plaza, los petalos eran de un intenso color rojizo que brillaban intensamente. Era muy bonita.
- Es una flor del árbol - dijo Darlak mientras acariciaba los petalos de la flor.
- ¿Qué árbol? - preguntó Eleth perpleja por las repentinas palabras de su capitán. Sin duda el cansancio y una mala noche tenía perturbado al senescal. Necesitaba un buen descanso y aquellas tierras no eran el lugar idóneo.
- ¡Bienvenidos! - Aratan llegó en ese momento a recibir a Darlak y a sus hombres. Éste último se giró cuando escuchó la presencia del caballero de la cuarta compañía.- Sonyariel y su ejército han anunciado su llegada para esta tarde.
Darlak no respondió el saludo del joven.
- ¿Qué ha pasado aquí?
- Cómo ves he hecho caer una de sus más importantes ciudades y me he encargado personalmente de que no quedara en pie ni una sola piedra de Mirianost. Nuestros enemigos ya no tendrán nada que reconquistar.
- Las órdenes no contemplaban arrasar la ciudad, Aratan, sólo tomarla.
Mientras discutían, Eleth se había acercado a la extraña flor, la cual tocó maravillada por la esencia rojiza que irradiaba. Sin embargo, cuando intentó arrancarla, la flor se deshizo inexplicablemente en sus manos.
[Editado por aratir el 22-03-2007 19:37]
Darlak Lórindol
Muy lejos de aquel lugar, en las calles de Yávetil, la elfa Mêlel caminaba distraida. Había dejado a su abuelo Cereval hablando con Valandil sobre la situación de la guerra y, mientras, paseaba por la ciudad. Vio a un soldado cercano y se acercó a él:
- ¿Qué se sabe de los capitanes del norte? - le preguntó
- Mi señora, Aratan tiene el control de una ciudad enemiga mientras que Darlak, Eleth, Draric y Sonya batallean por los alrededores con ejércitos defensivos pero el tiempo no está siendo muy propicio para nuestras tropas.
- ¿Y la capitana Vanadessë?
El soldado la miró fijamente y dijo en voz baja:
- ¿No sabeis el rumor que circula por ahí?
- ¿Qué rumor? - preguntó Mêlel extrañada.
- No sé si será verdad, pero si llega a oidos del consejo no sé que va a pasar con ella. Y ahora disculpademe.
El soldado se alejó dejándola con la intriga de saber qué pasaba con su prima Vanadessë, de la que hacía mucho tiempo que no sabía nada. Por ello, se enaminó a buscar a su abuelo Cereval. El soldado le había dejado preocupada.
Cuando iba a buscar a su abuelo se topó con él que salía de la sala de los caballeros.El rostro del elfo se veía más cansado que de costumbre.
- ¿Qué ocurre con Vanadessë, abuelo? - preguntó
- ¿Cómo lo has sabido?
- No sé con exactitud, sólo qué algo pasa con ella.
Cereval la miró apesadumbrado y la llevó a un lado. Le contó entonces los amorios de la elfa con un capitán enemigo. Valandil le había contado a su regreso del norte aunque por ahora querían evitar que el consejo se enterara.
- He enviado a que la traigan de vuelta, si esto llega al consejo es posible que sea tachada de traidora.
[Editado por aratir el 28-03-2007 01:25]
Sonyariel Lisse
Ya habían pasado cuatro noches desde que aquel soldado partiera en dirección de Mellon Vilya para obtener noticias de la dirección que estaba tomando aquella guerra ya que habían tenido noticias que Mirianost había caído y para intentar entregar en las manos del senescal su carta.
A pesar de que era bastante buena disimulando sus preocupaciones, aquellos días su rostro pálido no pasó desapercibido por los más cercanos. Estaba angustiada al no saber de Darlak, pero más al pensar que él no quisiese saber más de ella.
Enormes fogatas alumbraban aquella noche gélida, mientras los guardias se acercaban a sus llamas en búsqueda de calor. Si tan sólo el clima los acompañara.
La joven respiró profundo. Sabía que aquella fría geografía, había sido uno de los grandes causantes de la pérdida de muchos de sus hombres, acostumbrados a las primaverales tierras lemperianas, y ella, una mujer proveniente del calor del sur, le había costado mucho acostumbrar su cuerpo a esa temperatura y a esa altura ya que el aire se hacía más liviano.
Acaricio su abultado vientre, sabía que dentro de poco su criaturita andaría corriendo por los verdes prados o cabalgando sobre un imponente corcel. ¡Que ansias del futuro! Pero... ¿y si se le ocurría nacer en aquellas tierras? Una sombra se cruzó por sus ojos. Era en lo que menos había pensado. Pasar por un parto en plena guerra... no, para ello faltaba tiempo ya, pero el escalofrío que sintió le costó que se disipara.
Un crujir de ramas la sacó de sus pensamientos, tras girar su rostro la bella elfa le indicó la tienda.
- Deberías descansar Sonya, que mañana será otro día. La mayoría de los soldados están recuperados y los vigías llegaron hace algunos minutos con noticias de la posición del enemigo y envié a algunos para que los vigilaran. A primera hora debemos reunirnos para finiquitar nuestros siguientes movimientos.
Sonyariel asintió, y se dirigió a descansar.
....
Aquella mañana había sido agitada, tras una larga reunión que duró horas, habían decidido mover un destacamento hacia el norte. La noticia de haber visto un pequeño grupo de soldados de Lara alertó a las capitanas. Debían interceptar aquel grupo lo antes posible antes de que dieran a conocer la posición de la compañía. Estaban en ello cuando un soldado entró en la tienda.
- Mis respetos, siento interrumpirlas pero llegó el mensajero que envió la señora. Dice que trae noticias del senescal.
Sonyariel no esperó explicación y salió raudamente para ver a aquel soldado que traía noticias de Lórindol.
...
El camino parecía interminable ante la ansiedad de la joven. Iba con su cabellera suelta, formando ondas ante la brisa que de vez en cuando se lebantaba jugando con lo que encontraba en su camino. Iba cubierta por un especie de manto de piel negra, que le llegaba hasta las rodillas. Miró a su alrededor, y sus hombres iban atentos ante cualquier sonido. A su lado, Vanadesse iba pensativa, con sus pensamientos lejos de aquel lugar.
Cuando apareció la ciudad antre sus ojos, sintió que se le aprisionaba el corazón. No quedaba nada de lo que recordaba de aquel hermoso lugar.
Tras ser avistados por los guardias, y ver el símbolo de la Tercera Compañía de la Llama Roja, avisaron a los capitanes de la llegada de aquella comitiva.
Al bajar de su caballo, sintió que las piernas le flaqueaban, y con el corazón en la garganta, vio unos hermosos ojos claros acercarse rápidamente.
- Darlak - susurró la joven mientras las lágrimas brotaron por sus agotados ojos, y sus piernas flaqueaban cayendo de rodillas en aquella fría tierra.
Elêth Niramar
Tras el incidente con la flor, Elêth había quedado bastante intrigada, y no consiguió quitárselo de la cabeza en todo el día. Además, el ambiente tenso que había entre Darlak y Aratan ayudaba poco, pues Aratan no acababa de ver dónde tenía Darlak el problema, mientras el capitán de la segunda compañía no perdonaba que la ciudad hubiera sido arrasada.
Para mantenerse ajena a aquellas discusiones, Elêth dedicó el día a dar paseos por los alrededores de la desdichada ciudad en ruinas... No había querido meterse en la polémica... pero viendo los edificios derruidos se entristecía pensando en cómo habrían llegado a ser... y más aun si pensaba en como podía acabar su ciudad si la guerra llegaba a aquel punto con tanta intensidad.
Fue mientras paseaba que vio llegar la comitiva de Sonya y Vanadessë.
Al ver aparecer a sus amigas, la dúnedain corrió a recibirlas. Mientras Sonyariel y Darlak se reencontraban después de la larga separación, Elêth fue hasta donde estaba Vanadessë y la saludó animadamente. Vanadessë bajaba en ese instante del caballo con dificultad... el embarazo empezaba a notarse en ella.
- Vana! -dijo mientras le daba un abrazo.
- Elêth! Niña! cuanto has...!
- Como digas crecido dejo de hablarte! -amenazó la dúnedain.
- Por supuesto no iba a decir crecido... -la elfa pareció pensar unos instantes. -Has madurado niña, será eso lo que refleja tu mirada. Y no me mires así por llamarte niña! cuando llegues a mis años me darás la razón! -rió la elfa.
- Muy graciosa Vanadessë... muy graciosa... -se hizo la enfadada Elêth, mientras le ayudaba a llevar los fardos al campamento.
Mientras caminaban, Elêth vio como su amiga no estaba muy animada. Parecía completamente perdida en sus pensamientos... que no parecían estar allí en ese momento. Decidió hablar de cualquier tema para animarla.
- Sabes? -dijo mientras dirigía una mirada a Darlak y Sonya. -Darlak lleva unos días raro... desde que soñó con un árbol que no parece estar muy...
- Muy? -repitió la elfa al ver que Elêth no acababa la frase.
- Muy tranquilo... -dijo Elêth más para ella que para nadie.
Darlak Lórindol
En uno de los pocos edificios que no habían sido totalmente derruidos Darlak ordenó se dispusiera una instancia temporal para que las recién llegadas pudieran descansar. Mientras dejaba a Vanadessë y Eleth conversar tranquilas, Darlak llevó a Sonya hacia esas instancias para que descansara.
El senescal encontró a Aratan hablando con algunos de sus hombres poco más allá de lo que antes sería una gran plaza. El capitán de la cuarta compañía lo saludó pero Darlak notó que una cierta tensión había entre ellos.
- Mis exploradores han avistado a las tropas enemigas a cargo de Gmork por la parte norte, pretenden recuerpara este emplazamiento - Darlak notó que aquel nombre le era bastante familiar a Aratan - He mandado a los hombres de la tercera compañía a cargo de Draric a que los combatan. Mientras tanto quiero que reforcemos la vigilancia del sur de esta ciudad.
Aratan asintió y, cuando vio que Darlak se daba media vuelta para irse, añadió:
- Senescal...
- Sí, dime
- Yo tenía entendido que las órdenes del consejo eran hacer someter al enemigo con todas las consecuencias.
Darlak se acercó a él y su mirada se tornó grave.
- Que no comparto tus métodos está claro. Pero has cumplidos tus objetivos y aún nos queda una guerra que ganar y tenemos que luchar al lado no en contra.
***
- ¿Qué va a pasar con Aratan? - le preguntó luego Sonya a Darlak
- Seguirá como capitán. Estoy seguro que muchos en el consejo estarán satisfechos con que halla arrasado la ciudad. Además, su ansia de venganza contra Helkelen es compartida por muchos de los hombres que se hallan en estas tierras.
- El querer que el enemigo pase por lo que pasamos cuando nuestras tierras eran atacadas es los que les mantiene en estos campos tan helados.
- ¿Sabes? Comprendo a Aratan, desde que perdió a su amada en las guerras de Mellon Vilya no vive sino para vengarse de Helkelen Lara. Si a ti te sucediera algo parecido, yo sólo querría vengar tu muerte. Eres muy importante en mi vida- le dijo Darlak a Sonya al tiempo que la abrazaba con ternura. Durante unos instantes estuvieron así, abrazados, confiando en que los tiempos de guerra terminarán y pudieran regresar a su hogar. Esperaban un hijo y eso, en contra de los miedos de ella, los había unido mucho más a pesar de todos los miedos de ella porque él se hubiera olvidado de su persona.
- Pensé que me juzgarías, temí tanto que me rechazarás que el dolor se volvió en desaliento ante tu silencio
Darlak le dio un beso tierno en los suaves labios de ella.
- ¡Cómo pudiste pensar eso mi fiera guerrera! si desde el momento en que nos conocimos en aquel río no ha habido un sólo momento en que no haya pensado en tí. Te apoderaste de mis pensamientos
- ¡Te quiero! - exclamó ella al tiempo que lo asaltaba a besos. Pero al rato, se alejó y le preguntó muy seria.- ¿Cuando va a acabar esta guerra?
Darlak suspiró ante la pregunta de ella.
- Cuando Zirak nos ofrezca su rendición, Lempë Ohtari cesará las hostilidades con Helkelen Lára. Pero creo que Realengo quiere algo más.
Ambos volvieron a fundirse en tierno pero apasionado beso, confiando en que los tiempos de guerra llegarán pronto a su fin. De pronto, Darlak se separó de Sonya.
- ¿Qué ocurre? - preguntó ella.
- El árbol...desde algunos días hay una imagen que se repite constantemente en mi mente.- Darlak le habló del extraño sueño del árbol y de la flor que se había deshecho en manos de Eleth
[Editado por aratir el 29-03-2007 01:32]
Darlak Lórindol
En los días siguientes, Yárfaila regresó a Yävetil desde las tierras del sur y Cereval volvió con su nieta Mêlel al bosque. Durante el trayecto la elfa lo notaba muy intranquilo, visiblemente preocupado por la joven Vanadessë que habría de regresar en pocos días.
- No te preocupes todo saldrá bien – le dijo la joven a su preocupado abuelo.
Pero los años pesaban en el elfo y la preocupación no habría de dejarle en aquellos tumultuosos días.
- ¿Sabes? – Habló al rato.- El dolor de esta tierra se me hace ya insoportable…Los tiempos están cambiando…todo se está volviendo más oscuro.- Mêlel le pasó la mano por el rostro de su anciano abuelo, acariciando sus mejillas apesadumbradas. – Muchos años hace que vivo en este bosque, he cuidado de sus árboles y de sus moradores. Ayudé a mi hermano a fundar un gran reino y le ayudé a ocultarlo de los peligros del mundo.
- ¿Por eso se llamaba “Reino oculto de Yävetil”?
- Sí….Eran épocas también tumultuosas, la guerra era un temor que manchaba las tierras de Árador. Morgoth había conseguido dominar muchos pueblos y algunos de los esplendorosos reinos de antaño habían caído: Tavarcerta, Amaurenori, el Imperio del Norte,… víctimas de su influencia…Nos propusimos que Yävetil fuera oculta a sus ojos y a la mano de cualquier forma de oscuridad y pesar. Tereval y yo nos reunimos entonces en el interior del gran bosque e, implorando sobre la esencia del mismo y el poder del señor del bosque, ocultamos este bosque al exterior y durante mucho así lo estuvo.
Una brisa primaveral empezó a soplar, el invierno dejaba pasó a la estación de las flores y los árboles empezaban a florecer. En aquella época el Taurëruin era un bello espectáculo de luces y colores. El aroma de los árboles en flor acompañaban su caminar.
- Pero entonces vino la guerra de pronto…- añadió ella. Aquella ya era una historia conocida, era apenas una niña cuando los cinco ohtar, del que el hermano de Cereval era uno de ellos, lucharon sin éxito por defender hasta el último rincón del reino.
Los ojos de Cereval estaban nublados en lágrimas
- Mi hermano fue uno de los cinco ohtari pero no pudo hacer nada contra el poder oscuro de Morgoth. El rey cayó junto a sus guerreros. Aún recuerdo sus últimas palabras, quería que su querido reino volviera a estar en pie algún día.- Y así había sido. Muchos años después cuando Morgoth ya había caído en el oeste, junto a la tierra de Beleriand, Cereval había conseguido traer a cinco guerreros que, con los recuerdos de los cinco ohtari, habría de refundar el reino. Pero la guerra habría de volver de nuevo, el mal nunca acaba. Los malvados planes de Bolgöd y luego las guerras de los clanes. Lempë Ohtari había crecido esplendorosamente en honor del antiguo reino de Yävetil, sí, pero la guerra aún no había abandonado del todo aquellas tierras.
- Pero… ¿por qué no se vuelve a lanzar aquel conjuro para ocultar este bosque y protegerlo de la oscuridad? Ya lo hiciste una vez y además contamos con el señor del bosque. – preguntó Mêlel.
- Sí, contamos con él. Gracias a Eru que volvió de nuevo pero sus recuerdos de antaño y su poder de protección ya no lo tenemos
- ¿Por qué?
- Había un árbol…en lo más profundo de este bosque…un árbol bellísimo que fue cruelmente cortado….se trata de una antigua historia…
Darlak Lórindol
El viento soplaba aquel día con fuerza en la antigua ciudad de Yävetil, las copas de los árboles se mecían con brusquedad y el cielo estaba negro ese día. Caragan, gobernador provisional de Mellon en ausencia del Senescal, se hallaba ese día de asuntos comerciales en la ciudad. Había mucho revuelo en Yävetil pues ese día regresaban de la guerra la reina Yárfaila y el Señor de la Guerra, Aikanaro Tîwele.
Se encontraba ante un puesto de armas cuando una voz lo distrajo:
- Muy buenas sea contigo, Señor Caragan. – se trataba de Baran, gobernador de Eru Andorya.
- Saludos – respondió con desdén, para el humano y antiguo herrero; no podía disimular la animadversión que le producía el actual mano derecho de la reina.
Baran se ofuscó ante la contestación con desgana que le fue devuelta.
- Lamento sin duda que nuestras posturas sean tan diferentes en estos tiempos de guerra. Sin embargo, considero que Yárfaila y Aikanaro serán de la postura de continuar la guerra, nos debemos sin duda a la alianza que el consejo firmó con Heren Fanyarea y Farothdin.
- Cualquier tipo de tema político lo tendré a bien debatirlo en la Sala de Caballeros no aquí, mi buen Baran. – Caragan le dio de lado y se alejó de allí
Baran no pudo evitar entonces la rabia, él también lo aborrecía pero sabía que el hecho de ser la mano derecha de Darlak resultaba una persona importante en el consejo. El gobernador sacó entonces una moneda, brillaba con visible intensidad, aunque era negra. La miró.
En ese momento, el bullicio en la ciudad aumentó, las tropas de la compañía de Aikanaro y Yárfaila regresaban al fin a la ciudad. Los hombres de Makar relucían entonces su insignia al tiempo que cruzaban la ciudad con visible altivez. La reina y el señor de la guerra lucían ese día un buen porte. Baran se adelantó con visible rapidez hacia la parte alta de la ciudad para recibir a los recién llegados.
En la parte alta, Baran recibió a los capitanes de la compañía primera.
- Alabado sea vuestro regreso.
- Muchas gracias mi buen Baran, hoy tanto Aikanaro como yo necesitaremos un buen descanso. Me gustaría que anunciaras la reunión del consejo para mañana.
- Espero que me ayudéis a convencer a los miembros del consejo de que lo mejor es continuar la guerra contra Helkelen.
Yárfaila miró entonces a Aikanaro, ambos tenían diferente opinión respecto al asunto.
- Mañana se verá todo este asunto.
***
Mientras tanto, en las tierras enemigas, Darlak había organizado un consejo improvisado de los caballeros ohtari que estaban en las tierras de Helkelen Lára: Sonyariel, Draric, Eleth, Aratan y Vanadessë. Cuando todos hubieron llegado, el senescal empezó hablando:
- Mis señores, el emisario que enviamos ante el rey de Helkelen Lára ha regresado con respuesta.
- ¿Y cuál ha sido esa? – Vanadessë estaba impaciente, ansiaba que aquella guerra acabara pronto.
- El emisario ha regresado con una respuesta nula, no quieren la paz al menos por el momento
- Les va la marcha, al parecer – dijo Aratan jocosamente.
- La situación es más grave de lo que parece. – respondió Darlak. – Los ejércitos de Farothdin sufrieron ataque por parte de Helkelen la noche pasada. Mis espías han avistado tropas de Liantari por los alrededores. Me temo que Helkelen está estrechando lazos con el matriarcado y están recibiendo refuerzos para la guerra. Ya he enviado una misiva urgente a Yävetil.
Cuando se hubo disuelto la reunión y Darlak había ordenado la reorganización de los ejércitos y el abandono de Mirianost, el senescal encontró a Vanadessë con la mirada perdida.
- Lo lamento – dijo mientras posaba una mano sobre su hombro.
- Yo pensaba…yo pensaba que esta guerra acabaría pronto…
Darlak no sabía que responderle, la situación que la joven elfa estaba atravesando era bastante difícil y no había palabras para aliviar su dolor.
- Ayer llegó un mensaje de Ostova Lorë. Cereval, tu abuelo desea que regreses cuanto antes al Taurëruin, teme que tu secreto pueda ser sabido. No sabemos como reaccionaría el consejo si supiera que esperas un hijo de un capitán enemigo. – añadió Darlak – Cuando estés lista prepararé una comitiva para que te acompañe de regreso.
Acto seguido, Darlak se dio media vuelta dejando a Vanadessë envuelta en sus pensamientos.
[Editado por aratir el 09-04-2007 12:12]
Darlak Lórindol
Al día siguiente tuvo lugar una nueva asamblea del consejo de Lempë Ohtari. Esta vez era Yárfaila la que presidía la misma tras su regreso del sur.
- Damas. Caballeros. A Yävetil han llegado nuevas noticias en las últimas horas. Emisarios de Liantari Dimbar han visitado al rey Zirak de Lára estos días y fruto de esas visitas ha resultado una unión entre ambos clanes. A partir de ahora son una única nación, Draugliante. - Un tumulto se levantó entre todos los miembros del consejo, la noticia suponía un hecho sorprendente que nadie esperaba, sin duda.- Este hecho afectará sin duda el devenir de la guerra. Esta misma mañana hemos recibido respuesta rápida de los dirigentes de nuestros aliados, Heren y Farothdin. Consideran sin duda que la constitución de Draugliante supone el rechazo de cualquier tipo de paz en las tierras de Árador, con lo que creen conveniente no bajar la guardia en la guerra. Nos toca decidir si seguimos fieles a la alianza o no.
La reina dejó de hablar entonces esperando la respuesta de los caballeros del consejo. La respuesta de muchos no se hizo esperar y finalmente el resultado fue que se seguiría fiel a la alianza.
Yárfaila volvió a hablar:
- Nuestro senescal, Darlak, ha solicitado que sean enviados refuerzos urgentes a las tierras enemigas. ¿Alguna oposición al respecto?
- Ninguna - dijeron varias voces al unísono.
- Muy bien, yo misma partiré con los refuerzos al amanecer. Aikanaro quedará por tanto presidiendo el consejo en mi ausencia. Se levanta la sesión.
Sonyariel Lisse
La joven se levantó callada. Estaba agotada de esa guerra, de ver las atrocidades en el campo de batalla. ¿Estaba cambiando? Posiblemente, a pesar de que la mayor parte de su vida estuvo envuelta en hechos de sangre, blandiendo su espada por una u otra razón, aquello ya le estaba agotando.
Cuanto anhelaba tener una vida más apacible, preocupada de quehaceres diarios, de velar por el sueño de quienes ama. Cuanto anhelaba volver a su tierra y aunque sea una vez al año llevar un ramillete de blancas flores al lugar donde yacen aquellos con quien compartía su sangre.
Levantó el rostro y observó a cada uno de los presentes. Sabía que los próximos sucesos serían de vital importancia en el reino, en especial por las diferencias que se estaban forjando con respecto a la dirección de esta guerra.
Las nauseas la sacaron de sus pensamientos. Necesitaba estirar sus piernas. Era desesperante estar siempre callada, aguantando el llanto, la falta de aire, las molestias en las piernas y en la espalda, las noches sin poder dormir, los ascos, el devolver la mayoría de los alimentos que ingería comiendo muchas veces sin quererlo, todo por su retoño. Pero prefirió pasar por ello sin que la viesen. Era la mujer del senescal, una capitana de la tercera compañía en frente de grandes soldados. Y esas cosas ella prefería que nadie lo notara. Nunca demostró debilidad frente a los guerreros, a pesar de su avanzado estado de embarazo, pasó como una luchadora más. Así lo quiso, y trató de que así fuese.
A paso lento, caminó sin dirección alguna. Necesitaba respirar otro aire y en aquella derruida ciudad el olor a humo era desesperante, por lo que se alejó sin pensarlo de aquel lugar. Estaría cerca por lo que no había ningún peligro, además la brisa que llegaba desde el bosque era reparadora y portaba su espada bajo el largo abrigo. No habría ningún problema.
A su paso salió uno de los guardias. No era prudente que se alejara sola de aquellas murallas, a pesar de que bien poco quedaban de ellas. Además llevaba en su vientre al retoño de Darlak Lórindol y muchos tenían lo ojos puestos en aquel que todavía no nacía, hablando de que sería un gran capitán Lemperiano, con la fuerza, el honor y el fuego de sus padres.
Pero quién le podía decir a ella qué, o no hacer. Mujer más terca no había. Le dieron paso, y al verla caminar en aquella dirección uno partió a avisarle al capitán.
Caminó cerca de aquel bosque, y notó que algunas extrañas flores crecían como deseando poner fin al paisaje de muerte que traía consigo la guerra, lo cual provocó que una sonrisa se asomara por sus labios. Su fragancia era exquisita y se agachó y tomó una entre sus manos colocándosela en el cabello.
Se sentía hipnotizada en aquél paraje, ella había sido una flor del jardín de Yavanna, recordó las palabras sonrientes de sus queridas “Mamadres” (como les decía ella a Mizriel y a su regordeta y querida Iz), tras el florecimiento del desierto que duró por algunos días, y al verla correr como un animalito entre aquellas flores.
Pero el bebé estaba inquieto, y dio tal revuelo en su barriga que La joven tuvo que afirmarse en un viejo tronco de un roble caído.
- ¡Pequeño por favor no le hagas esto a tu madre que la dejas sin aire! – musitó la joven mientras trataba de reponerse, sin darse cuenta que estaba siendo observada.
Al levantarse una feroz patada la obligó a apoyar su cabeza en el árbol.
- Espérate a nacer pequeño y tú que desobedeces así tu madre y te dejo sin salir a jugar – la joven dio un suspiro y giró sonriente, pero aquella expresión desapareció de improvisto de su rostro al notar entre los matorrales el reflejo del tímido sol sobre el frío acero.
Darlak Lórindol
Darlak, ajeno a la escapada de su amada, estaba de un lado para otro, caminando entre las ruinas de la ciudad, últimando los detalles para salir cuanto antes de aquellas ruinas, no deseaba que las tropas reforzadas de Helkelen Lára les pillaran de improvisto.
Recibió un mensaje, provenía de Yävetil
Mi querido Darlak
En el consejo se han debatido las noticias que nos enviais desde el norte y todas aquellas que nos llegan de otras fuentes. No conseguimos retener a las tropas del rey Zirak que supongo, en estos momentos, ya hayan llegado a sus tierras hace días. Es más rumores nos han llegado de que el rey Zirak está teniendo con emisarios liantari, posiblemente Orodril,el consejero de la Reina Araña en persona. Una inesperada noticia ha llegado a los salones de los caballeros: Zirak y Orodril han firmado una unión de sus paises, Draugliante se hacen llamar ahora.
Esto como supondrás, es una amenaza para nuestras tierras. La respuesta de nuestros aliados ha sido inmediata, continuarán la guerra. Por tanto la decision del consejo va en ese sentido también.
Tus peticiones han sido aprobadas, yo misma llevaré los refuerzos. Dejaré la presidencia del consejo a Aikanaro. Nos encontraremos dentro de dos días al este del bosque donde has estado establecido antes de tomar Mirianost.
Yárfaila Veryawen
Ante aquella misiva de la reina, Darlak organizó todo para llegar cuanto antes al lugar de encuentro, de allí partiría la comitiva de Vanadessë de regreso al bosque Taureruin. En ese momento, un soldado lo distrajo de sus pensamientos.
- Senescal...
- ¿Qué ocurre, Teren?
- La dama Lissë ha sido vista, cabalgando sola fuera de este emplazamiento
Sonyariel Lisse
Ahí entendió el nerviosismo del bebé… extrañamente después del viaje a Tavarceta cada vez que habían problemas el pequeño saltaba en el vientre de su madre… aunque ella no quería aceptarlo.
Tímidamente posó una de sus manos en su vientre y con la otra acarició la empuñadura de su espada escondida bajo su manto.
Hace cuanto estaba siendo observada… no lo sabía… ni cuantos podrían estar rondando aquel paraje. Por más que los lindes estuvieran siendo resguardados por vigías de Lempe aquellas no eran sus tierras y miles de recovecos pueden ser usados por sus moradores.
El acero dio paso a rostros sin nombre, soldados con miradas de resentimiento y blandiendo un extraño emblema.
La joven miró a su alrededor, estaba nerviosa y no podía sentir si eran sólo aquellos o más se escondían tras las sombras.
- ¿Tan desesperados están los caballeros del Lempe que envían a sus mujeres en este estado a la guerra? – masculló uno provocando una tumultuosa risotada.
- Pues esta mujer a capitaneado grandes compañías y le ha pateado el trasero a muchos hijos de Lara… si sus mujeres no son capaces de blandir su espada junto a sus hombres allá ellas, pero de donde vengo quién no maneja un arma y no lucha por lo que ama… no merece la vida.
Darlak Lórindol
Acompañado de varios de sus hombres, Darlak salió raúdo tras las huellas de Sonya. Iba consigo Mestrel, que la había visto partir de la ciudad hacia un bosque cercano.
Comenzaba a atardecer, los rayos de sol empezaban a tomar intensidad y el viento parecía dispuesto a soplar muy fuerte, todo el cielo estaba tapado por las nubes.
- ¡Odio este clima! - dijo Arandel, a su lado.
Darlak no hizo caso a aquel comentario, preocupado como estaba de la suerte de Sonya. ¡Impulsiva mujer! Buena regañina le iba a dar por andar por ahi embarazada de su hijo.
- Siguió por ahi - señaló Mestrel a una vereda que se introducía en el bosque, las huellas de ella parecían confirmar las indicaciones de Mestrel.
¡Qué rabia! Si a ella le pasara algo Darlak no podría sino volverse loco.
Tenía que haberle pedido hace tiempo que regresara a Mellon Vilya, no puede estar aquí, en esta tierra hóstil con ese bebé que espera
A su mente le vino los días en que el bebé peligró cuando estuvieron en aquella aventura en las ruinas de Tavarcerta. Pero Sonya era terca y quiso volver al ejército.
- Debemos apresurarnos más, Sonya puede estar en peligro-
De pronto fue cuando escucharon risotadas, Darlak ordenó en silencio que se pararan. Sus temores eran fundados, Sonya había sido asaltada por extraños hombres. Parecían ser larianos, pero no llevaban las ropas típicas de los hombres del frio. ¿Emisarios del matriarcado?
Sonyariel Lisse
De un momento a otro vio como era rodeada. En situación similar la joven había salido victoriosa miles de oportunidades pero...
- La conozco… Grande será la recompensa si la llevamos ante el rey – dijo el soldado que parecía de mayor rango.
Su mirada era intimidante... eso no lo podía negar.
Sudor frío recorrió el rostro de la joven, sin querer se había metido en problemas. En grandes problemas.
Por lo menos por sus palabras sospechó que eran de aquellas tierras pero sus ropas eran distintas a las que acostumbraba ver en batalla. ¿Una guardia especial? La joven no quiso preguntar... sería estúpido de su parte, además el bebé no paraba de dar brincos por lo que difícilmente podía mantener la postura.
Sacudió su cabeza, una sensación de hormigueo se había apoderado de su cabeza por lo que sólo atinó a apoyar su espalda en el viejo tronco.
Si salgo de ésta y Darlak se entera, me mata- pensó la joven a la vez que sacaba la espada.
Levantó el arma al momento que se acercaron de manera amenazante. Aquellos eran más certeros en el momento de la batalla, por que difícilmente pudo esquivar sus golpes. Tras dar un par de sablazos hiriendo a uno de ellos, se vio frente a frente a aquel cuyas palabras había escuchado antes fríamente.
Levantó su espada pero fue alcanzada traicioneramente por una acerada daga que le atravesó el hombro. La joven giró y retrocedió tras dejar caer su espada, tiñendo las flores a su paso de un rojo púrpura, pero no pudo ir lejos.
Alcanzada por el cabello fue lanzada con furia contra el árbol y sin inmutarse, aquél desgarró su roja carne, al levantar sin miramientos el filo de la daga que aún yacía en el hombro de la mujer.
Darlak Lórindol
Darlak y sus hombres jugaron al silencio y la discreción, para poder pillarlos por sorpresa, eran un grupo no muy numeoros, espías posiblemente.
- ¡Por la espada y el fuego rojo!- gritaron cuando rebanaron el cuello a los más rezagados de la avanzadilla que había sorprendido a Sonya.
Darlak dejó a sus compañeros luchando contra los hombres y se adelantó, pues había visto a la doncella Lissë en problemas. Fue en ese momento cuando alguien la había arrojado hacia el tronco del árbol, el senescal gritó y se lanzó justo en el momento en el que pensaba herir de muerte a Sonya.
- ¡Ni te atrevas! - el factor sorpresa le ayudó bastante a Darlak que consiguió tomar sin defensa al atacante de Sonya al cual le asestó un fuerte golpe con su espada.
Aquel hombre intentó defenderse de su agresor pero no pudo evitar perder el equilibrio y caer al suelo. Sin embargo logró levantarse pronto al tiempo que ponía a disposición de la batalla su arma. El choque entre ambos se sucedió equilibrado, aquel agresor parecía manejarse bien el combate.
- Tú, ¿de qué compañía lariana eres?
Pero el hombre se rio y continuó luchando haciendo caso omiso a la pregunta de Darlak pero un mal golpe lo sorprendió y cayó herido al suelo.
Mientras tanto las nubes empezaron a descargar lluvia, una tenue capa de agua que los pilló de imprevisto, pero al senescal no le importó pues en aquel momento se hallaba satisfecho de haber encontrado a su amada.
Sonyariel Lisse
La joven no dijo nada… no se quejó… no gritó… tan sólo agacho la cabeza a la vez que su cuerpo caía a tierra.
Y se quedó ahí… inmóvil... apoyada en sus manos y con la mirada perdida.
La sangre caía por su hombro a la vez que era bañada por la copiosa lluvia y levantó una de sus manos presionando la herida instintivamente.
De repente una cálida mano le acarició su mejilla y levantando su mojado rostro, sus ojos se encontraron con la mirada de Lórindol.
Al verlo ahí frente a ella, todo empapado, la joven por fin entendió, y las lágrimas brotaron de sus ojos, llorando como una pequeña niña, sin importarle que los demás la viesen.
Total... estaba esperando un pequeño... y había puesto en peligro su vida... la del bebé y la de su compañero... y apoyó su frente en el pecho del medioelfo mientras la lluvia seguía cayendo sobre sus cabezas.
[Editado por auriga el 14-04-2007 23:27]
Darlak Lórindol
Darlak le limpió las lágrimas que corrían por su rostro, y le sonrió
- Iba a regañarte pero si te pones asi.-
Llovía y aquella agua templada y suave les estuvo parados unos instantes, al tiempo que ella se iba calmando. A Darlak le dolía aquello, sabía que su amada estaba en una gran disyuntiva, su espíritu indomable no podia controlarle pero aquello era lo que le había enamorado a Darlak y no podía cambiarlo, no quería y no debía, sino ella no podria seguir siendo Sonyariel Lissë.
- Te quiero- le dijo al tiempo que se fundieron en un beso.
Los soldados se alejaron dejándoles a solas. Mientras tanto una tormenta parecía venir del sur.
- ¡Vaya nubarrones! - dijeron los soldados mientras esperaban a los capitanes. - Esperamos que no tarden mucho sino nos pillará la tormenta.
- ¿Es propio una tormenta en este tiempo? - había uno que miraba con excesiva preocupación al cielo.
En ese momento aparecieron Darlak y Sonyariel, la joven estaba débil, la herida del hombro parecía profunda y aún sangraba a pesar que el senescal había hecho algo para cortar la sangre.
- Volvamos, tenemos que abandonar el emplazamiento de Mirianost cuando antes tenemos que llegar a tiempo del encuentro con Yarfaila.
Darlak Lórindol
Pasaron varios días y la guerra contra los vecinos del norte continuaban. Sin embargo, las tormentas parecían esos días azotar las tierras de Arador, tormentas primaverales que parecían retrasar la venida de la primavera.
Estando en su campamento, Darlak recibió la visita de uno de los soldados de la reina Yárfaila:
- Mi señor, la reina le envía esta nota.- el senescal la tomó dubitativamente, aún somnoliento. Cuando la reina llegó con los refuerzos desde el sur, se había incorporado a la tercera compañía y su campaña se había centrado en las inmediaciones de Mirianost, que las defensas de Formen habían recuperado.
Los ojos de Darlak se fueron abriendo poco a poco conforme iba leyendo la nota. Sonyariel entró en ese momento y vio el rostro sorprendido de su amado.
- ¿Qué ocurre?
Darlak levantó la vista y le miró a los ojos.
- Vanadessë .- dijo sin más.
Sonya se asustó.
- El consejo ha sabido...
- Peor aún. Yarfaiala, tu y yo regresamos a Yävetil, tenemos una reunión urgente en la sala del consejo. Draric y Eleth se quedarán a cargo de nuestras tropas.
[Editado por aratir el 01-05-2007 20:19]
Darlak Lórindol
En la ciudad de Yävetil, la bella y antigua fortaleza corazón de Lempë Ohtari, hervía esos días de gente, ya pocos eran los que no habían sabido la noticia del bebé que Vanadessë, nieta del honorable Cereval, pastor de los bosques, había tenido y que había sido raptado por el capitán lariano, Hathol Karkar.
Una suave llovizna caía sobre los caminos que conducían desde el norte hasta la ciudad gobernadora del reino cuando desde el norte llegó una comitiva de las tropas del reino, con Darlak, Yárfaila y Sonyariel Lissë a la cabeza. La reina relucía una gran figura, con los rayos tímidos del sol acariciando la belleza propia del fuego.
– ¡La dama de fuego! ¡La dama de fuego! – gritaban a su paso por las puertas de Yävetil. Tras ella, el senescal y señor de Mellon Vilya, cabalgaba en su negro corcel acompañado de la dama Sonyariel Lissë, cuyo estado de gestación era ya muy visible.
- Deseo que después de la reunión, te quedes en Mellon Vilya mientras yo regreso al norte. Tu estado de gestación no te permite regresar a la guerra.- le susurró Darlak a su amada mientras cabalgaban por la entrada de la ciudad. Ella le miró y supo que era lo correcto.
Cuando llegaron al Palacio del Sol, los caballeros esperaban ansiosos. Aikanaro Tîwele, señor de Yävetil, los recibió a su entrada a la Sala de Caballeros.
- Espero que hayáis tenido buen viaje, caballeros.- dijo a Darlak y a Sonyariel mientras eran conducidos a sus asientos. Cuando se acercó a Yárfaila, Aikanaro no pudo dejar de guiñarle los ojos.- Mi reina…
Ella sonrió al tiempo que se dejaba acompañar al asiento de presidencia del consejo, en el fondo de la mesa redonda. Cereval fue el encargado de hablar y de exponer al consejo la situación de la capitana Vanadessë, aún convaleciente por el dolor de la pérdida de su bebé, pidiendo que no fuera acusada de traidora. Fueron horas de debate y discusiones y, aunque algunos querían destituir a Vanadessë de su cargo, finalmente se decidió que seguiría como miembro de los caballeros del reino.
Días más tarde se enviaba el siguiente comunicado de parte del consejo de Yävetil a los vecinos del norte:
Hasta la sala del consejo de gobierno de Lempë Ohtari, en la ciudad de Yävetil, en el bosque Taurëruin de tan significancia de nuestro pueblo, ha llegado la noticia de la relación que hubo entre dos de nuestros capitanes y de la cual ha nacido un bebé. Algunos de los miembros del consejo, entre ellos el que firma este comunicado, conocía la noticia desde hacia tiempo y por temor a la reacción de las salas del palacio del sol, habíamos decidido ocultarlo por el bien de la elfa e hija del bosque Taurëruin, Vanadessë.
Sin embargo, los sucesos acaecidos hace días por los que un ejército de vuestro clan invadió nuestros bosques, asaltó la cabaña del estimado elfo Cereval, abuelo de la estimada capitana Vanadessë y raptó al recién nacido de la nombrada elfa, nos ha llevado a debatir la situación en consejo. Sin duda esto supone un problema diplomático más entre los que hay entre nuestros clanes.
Vanadessë, es nieta de Cereval, que a su vez es hermano de Tereval, el legendario Caballero Juez que fundó Yävetil hace tantos siglos y que forjó la leyenda de los Cinco Ohtari que sirve de base para la constitución de nuestro clan. Por ello el hijo que recientemente ha tenido nuestra capitana Vanadessë, lleva la sangre del linaje que fundó nuestro clan.
Por estos motivos, consideramos que es una afrenta que uno de vuestro capitán haya viajado en silencio hacia los bosques sagrados de nuestra tierra para cometer el impune delito de rapto de un hijo del bosque Taurëruin, más aún cuando nuestro consejo os ofreció hace algún mes la paz a vuestro reino y nuestro emisario regresó con una negativa.
Por todo ello, el consejo de Yävetil, presidido por la reina Yárfaila Veryawen, exige sea devuelto a su madre el hijo de nuestra capitana, Vanadessë Nisselor, y así mismo reclamamos que el capitán Hathol Karkar sea sometido a juicio en la ciudad de Yävetil; todo ello en la más brevedad posible.
[Editado por aratir el 02-05-2007 11:48]
Darlak Lórindol
La reunión en el consejo terminó y los caballeros salieron de las salas del palacio del sol.
Sonyariel se acercó a Darlak y este pudo comprobar que no estaba bien, el avanzado estado de gestación era visible. El senescal sabía que pronto podría dar a luz.
- ¿Me acompañarás a Mellon? – le preguntó Sonyariel, con sus ojos negros mirándole con expresión rogativa.
- El tiempo apremia y la guerra continúa…lamento que no pueda acompañarte..pero Aratan se encargará de la comitiva para que tu regreso a Mellon sea lo menos intranquila posible.-
Darlak besó las mejillas de ella y miró entonces al cielo, el cual se estaba poniendo muy negro. Sin saber por qué un mal presentimiento le cruzó la mente en ese momento y se dirigió hacia Valandil que estaba en cerca.
- ¡Valandil! ¿El…el sexto caballero fue muerto en Amaurenori? - preguntó y aquello llamó la atención a muchos de los que salían en ese momento de las salas de consejo. El nombre de aquel antiguo caballero era una especie de nombre de horror entre los habitantes de Lempë, y el semblante se les oscurecía a todos cuando escuchaban las palabras malditas, sexto caballero.
En particular, Yárfaila y Aikánaro les llamo la atención la pregunta de Darlak
- ¿Qué temes? – preguntó Aikánaro, quien tiempo atrás ya se hubo enfrentado a Bolgod.
- No sé…desde hace días pasan cosas extrañas por mi mente, presentimientos quizás. – dijo Darlak
- Si Bolgod sobrevivió…no lo sé con seguridad. – dijo Valandil.- ¿Qué presentimientos?
Eleth se adelantó entonces y en plan burlón añadió:
- Últimamente el capi no está bien de la cabeza. No deja de tener pesadillas con arboles de color rojo. Y una vez pasó algo extraño en la plaza de una ciudad helkeliana. Hallamos una bella flor roja entre los escombros de la ciudad, una flor que desapareció de repente.
Cereval habló entonces, dirigiéndose a Darlak.
- ¿Has soñado con el Árbol de la Llama Roja por casualidad?
Todos miraron entonces al viejo elfo, pocos conocían la existencia de aquel árbol, y él les contó la historia.
- Hay una vieja leyenda, que aunque él está implicado, ni el propio Valandil recuerda- Cereval miró entonces al maia del bosque.- Se dice que cuando Taureon, nuestro querido señor del bosque aquí presente, fue conducido a Valinor a curarle las heridas en el bosque pensaron que había muerto.
El maia no pudo sino resoplar, había tanto de su pasado que no recordaba, todo lo que vivió como Taureon en la primera edad lo había sabido por el propio Cereval que le había contado. Pero cuando Valandil fue conducido aquella vez a Valinor a que les fueran curadas las heridas producidas por Morgoth, él perdió la memoria.
- Como no tenían su cuerpo para darle sepultura - continuaba Cereval.- enterraron un objeto suyo. Al cabo de los años creció un arbol al que llamaron El Arbol de Llama Roja, se decia que el maia seguia presente y velaba por la proteccion del bosque mediante aquel árbol. Pero la leyenda dice que cuando los cinco ohtari cayeron defendiendo el reino de Yävetil, el árbol fue cortado y el objeto robado...Nada se sabe de qué era el objeto que hizo crecer al árbol con aquellas bellas hojas y flores rojas que daban el aspecto igniceo al mismo. Con su muerte y la caida de los cinco ohtari todo quedó en el olvido...
[Editado por aratir el 06-05-2007 01:11]
Sonyariel Lisse
Sonyariel no podía creer cuando escuchó la suerte de Vanadesse. Le dolía no poder estar con ella, apoyarla o partir amparada por la oscuridad en dirección de aquel reino para recuperar a la criatura.
Recordó todo lo que había pasado cuando le arrebataron a su pequeña de sus brazos...y cuando recuperó su cuerpecito inerte. Había sido hace mucho tiempo ya, pero aquel dolor nunca se olvida.
Sabía lo que significaba no poder dormir porque cada vez que cerraba los ojos sentía el llanto de su criatura pidiendo calor de madre… como la leche caía de sus pechos con dolor, sin tener a quien amamantar… lo que era maldecir cada mañana al despertar por el simple hecho de seguir viva.
Cada día se transforma en un tormento… tormento que ahora sabía que estaba padeciendo Vana… aunque su criatura se encontraba viva y en poder de su padre... pero la tristeza provocada al arrebatarle un hijo a una madre, quita hasta las fuerzas para vivir.
Pero por ahora no podía hacer gran cosa por ella, se sentía un poco inútil pero por lo menos podía apoyar y hablar en su defensa, ya que... de lo único que era culpable, era de haberse enamorado. Además, nadie podía tacharla de traidora, a pesar del amor que la elfa sentía por ese humano, lo que sentía por su pueblo y sus tierras era mayor de lo que muchos pensasen.
Después del consejo, la joven salió cabizbaja al escuchar las palabras que algunos expusieron sobre la elfa. Hablaban sin conocerla, sólo en base a sus miedos y al odio que sentían hacia el pueblo vecino. Ojo por ojo había escuchado decir alguna vez... pero... pensando así se terminaron cometiendo las mismas atrocidades que se aborrecieron de los invasores.
Pronto debía partir a Mellon Vilya y Darlak, por sus obligaciones, no podría acompañarla. Ese era el gran precio de la guerra. Estar lejos de los seres que se aman, y correr el riesgo de perderlos en batalla.
A su mente vino la imagen del helkeriano. Cuantas veces la vida de Lórindol corrió peligro en manos de aquél... cuantos padres, hijos, esposos habrán perecido en sus manos defendiendo sus tierras invadidas...Vana... por qué no pusiste tus ojos en algún elfo de tu hermoso bosque.
Algún elfo... Sonyariel observó a Darlak mientras dialogaba con Aratan.
Tanto que había renegado de la sangre de su padre y ahora le estaba pesando el no haber nacido en su misma condición... los años pasarían rápidamente y los separaría duramente.
- ¿Me acompañarás a Mellon? – le preguntó Sonyariel, con sus ojos negros mirándole con expresión rogativa.
- El tiempo apremia y la guerra continúa…lamento que no pueda acompañarte..pero Aratan se encargará de la comitiva para que tu regreso a Mellon sea lo menos intranquila posible.
- Esta bien entiendo... Darlak ¿Te puedo pedir algo?
- Eh? Sí...
- Que regreses bien...- le susurró la joven y le besó -, cuídate amor.
---
El trayecto desde Yävetil, atravesando el Taurëruin, y el torrentoso Sirglin que otrora había servido para proteger a la bella Eru Andorya se había realizado con cautela. La mayoría quería llegar pronto pero si apresuraban el paso corrían el riesgo que a la joven le diese por parir ahí en medio de la nada.
Sonyariel mientras tanto cabalgaba en silencio, con la vista perdida hacia el sur. Pero cuando la tropa pensaba entrar por la senda que llevaba a Mellon Vilya, la joven se detuvo y anunció a Aratan que su destino era en dirección de las tierras del Rilmaven Lára.
- No lo puedo creer ¡¿Qué pretendes?! Realmente estás loca mujer si piensas ir así como así, esa criatura está pronta a nacer acaso piensas tenerla en pleno camino?
- Por Eru que fatalista, además para que llegue el momento le queda como un par de semanas todavía. Necesito ir antes de que nazca el bebé para encomendárselo a mis padres. Aratan, no se si entiendas pero no te estoy pidiendo permiso... y si me quieres acompañar bien... y si no, ve a la ciudad... pero yo igual iré a Rilmaven aunque sea sola – le dijo la joven con el rostro serio y dando por terminada la discusión dio media vuelta y cambió su rumbo.
- No se como Lórindol te aguanta niña mimada - comentó el dunadan mientras ordenaba a la cuadrilla a seguir a la joven.
- ¿Mimada yo? – miró la joven con picardía.
- Sí, mira que si yo fuese Lórindol hace tiempo le habría dado unas buenas nalgadas y llevado amarrada a su casa... yo no puedo claro... no me corresponde.
- Si claaro... lo que te da es miedo que una mujer preñada te pueda dar una paliza.
- Mejor dejémoslo ahí... y espero que estés en lo correcto con tus cálculos... que si se da por parir, ahí si que quedaría la grande...
[Editado por auriga el 10-05-2007 00:44]
Darlak Lórindol
Días antes de los sucesos que marcaron el destino de su prima Vanadessë, la joven elfa y también nieta de Cereval, Mêlel, había recibido una misión. Así que cuando Sonyariel decidía viajar hasta las aldeas aisladas de Rilmaven Lára, Mêlel se acercaba a la parte norte del Taur-in-Felya.
La oscuridad se había marchado, y aunque Amaurenori había caído tiempos de esperanza parecían llegar a esta tierra. Entonces fue cuando mi hermano, Tereval, decidió fundar una nueva ciudad, emulando el esplendor y belleza que otrora mantuvo las malogradas fortalezas élficas de Amaurenori. En ese entonces el rumor de que un maravilloso árbol y la esencia que guardaba en su interior preservaban estas tierras se escuchaba de árbol en árbol, de rama en rama, y aleteaba grácilmente con las mariposas que se mecían al viento. Pocos sabían cual era el verdadero poder de aquel árbol pues muchos elfos habían perecido bajo la oscuridad de Morgoth. Sin embargo, el mal volvió, años más tarde, y la desgracia cayó a Yävetil. Se dijo entonces que el árbol había sido cortado y su poder malogrado.
- ¿Y donde está ese árbol?
- En lo más profundo de este bosque, yo lo he visto, su tronco está marchito y sin vida. Los cinco tenían que preservarlo y no pudieron cumplir su misión. – le respondió Cereval a su nieta. – Desconozco como restituir su poder, mis padres, igual que muchos elfos, perecieron sin transmitir el secreto.
Mêlel se sentó en una roca desnuda para descansar de la caminata, el viento seguía soplando en la yerma tierra de Rilmaven Lára, y las horas iban pasando hacía el encuentro con el atardecer. Tomó un poco de pan de elfos y contempló el horizonte mientras se abrigaba a causa del frío.
No todos los elfos que abandonaron Amaurenori a su caída, emigraron para el Taurëruin...
Los sucesos parecían estar en curso. Mientras Mêlel observaba las estrellas, varias personas más lo hacían en aquella noche de primavera pues las tormentas habían dado una tregua a la tierra de Árador. Sonyariel las contemplaba en el camino del sur de Lempë Ohtari donde la comitiva que habría de llevarla hacia el sur se había detenido. Y más lejos aún, en el norte de la tierra de la Aurora, Darlak se hallaba acampado. Miró hacia las estrellas aquellas que también estaban contemplando en esos momentos Sonyariel y Mêlel en puntos distintos de la geografía de aquella región. Aún tenía en mente las palabras de Cereval.
- El árbol rojo, que fue cortado.
En esos momentos metió su mano en el bolsillo y tocó un objeto, el cual sacó.
A la luz tenue de la luna el brazalete de fuego brilló con notable intensidad.
Darlak Lórindol
La caverna estaba en penumbras y el frío gélido de las grutas soplaba al rostro cansado del senescal. Sólo una luz le conducía en su camino, a través del interior de la colina sagrada, sólo el refulgir rojizo del brazalete que portaba era el que le iluminaba en la oscuridad de la gruta.
Llegó hasta las tumbas de los cinco ohtari y unas sombras le salieron al paso.
El Rey-Juez Námo fue el que habló:
Largos años de tormento, esperanza marchita de los grandes ohtari…aún estamos en las estancias de Mandos…esperando la última misión de Lempë Ohtari sea completada…Ohtarhyando, tú serás capaz de que los ohtari cumplan la última misión…
La imagen cambió y, entonces, se vio a él, en otro lugar, junto a otros ohtari. Estaban entre otros Aikanáro y Yárfaila, y Sonyariel, y Eleth y Draric y Cereval y también Mêlel y un desconocido elfo que rodeaba sus brazos. Se vio a sí mismo acercarse a un árbol, de brillantez rojiza, y del cual cortó varias ramas. Las alzó y dijo:
– ¡¡Larga vida a los nuevos Señoríos, por Alda Runya!!
Entonces Darlak despertó. El brazalete seguía en su mano.
[Editado por aratir el 11-05-2007 19:56]
Sonyariel Lisse
- La calma antes de la tormenta - susurró la joven mientras acariciaba el lomo de su caballo.
Aquella extraña noche no pudo conciliar el sueño. Las estrellas en lo alto se veìan más bellas y enormes que nunca... y por alguna razón sintió que no se encontraba sola.
- Lórindol donde estarás...
La mayor parte del camino estuvo tranquilo, las lluvias se habían alejado dejando más aliviados a los viajeros. Pero en el horizonte una sombra seguía avanzando, y tras retomar el camino observaron algunas nubes que se acercaban lentamente desde el sur.
- No me gusta para nada como se ve el cielo.
- A mi menos, en especial por el cruce del Río Verde del Sur. Por lo general, el paso del Este, es de aguas tranquilas y poco profundas, pero si las lluvias arrecian, temo que podríamos tener problemas si sube el caudal. – respondió la joven con la mirada perdida. Una de sus manos acarició su vientre, tenía la barriga algo tensa.
- ¿No hay otro paso Lissë?
- Es el más cercano, el otro está próximo a la costa y llegar hasta allí a este ritmo nos tomaría dos días.
- Tendremos que apresurar el paso si queremos ganar terreno a esas nubes. No podemos correr el riesgo de una crecida. ¿Crees que podrás?
La joven algo dudosa, movió la cabeza en señal de afirmación. No se había estado sintiendo muy bien la última jornada pero, realmente esas nubes no tenían buen aspecto y no podían arriesgarse a cruzar el río en plena tormenta.
A la orden del capitán, la cuadrilla apresuró la marcha y no tardaron mucho hasta encontrarse con el frondoso bosque que les daba bienvenida; sus copas se mecían a la par del viento que soplaba con mayor fuerza y el sonido de las aguas les indicó que habían llegado al río.
Aratan iba en frente, con un par de soldados observando el terreno, mientras Sonyariel iba detrás junto a los demás soldados.
Habían adelantado casi en medio día a la tormenta, el sol alumbraba tras algunos nubarrones sobre sus cabezas y a pesar de que se formaban pequeñas ondas en el agua a causa del viento, no presentaron mayor dificultad al atravesar el río.
Cuando retomaron la senda entre los árboles, ya las nubes habían oscurecido completamente el cielo y la lluvia les cayó tormentosamente, pero como ya quedaba poco para llegar, decidieron no detenerse. Mientras avanzaban, un soldado se percató que la joven se había quedado rezagada. Tras avisar al capitán, el soldado se acercó a Sonyariel y notó que no se encontraba bien.
A pesar que el capuz sobre su cabeza le cubría casi la mitad del rostro, protegiéndose de la lluvia, se le notaba su respiración agitada.
- El bebé... se rompió la bolsa de agua…- susurró la joven un tanto jadeante.
En esas fechas era común ver el cielo radiante, hermosos prados cubiertos de flores silvestres, y los árboles ofreciendo de sus ramas sabrosos frutos... nada comparado con aquella oscuridad. Y su bebé... aún le faltaban días para el alumbramiento, no podía ser antes, no quería, y menos estando lejos de Lórindol y en esas condiciones.
La fría lluvia no pretendía menguar, y un trueno se sintió en las montañas del fin del mundo, aclarando el cielo por un instante. La joven se agachó y cubrió el rostro con las manos.
Cuando levantó el rostro el dúnadan se encontraba ya su lado. Su rostro denotaba la misma expresión que mostraban los demás soldados ante aquella situación, y ordenó a uno de sus hombres dirigirse raudamente a la aldea a pedir ayuda, y a otro en dirección de la capital para intentar desde allá enviar noticias al senescal. Armarían el campamento pero la joven no quiso detenerse. La aldea quedaba aproximadamente a dos millas de distancia, y como las contracciones no eran tan seguidas, pidió seguir avanzando.
- ¡Por Eru! ¡No pienso tener a mi criatura en este lugar! – bufó la joven mientras presionaba las riendas y observaba al capitán.
Aratan algo dubitativo, tomó las riendas del caballo de la humana y dio el aviso que continuarían. Intentarían avanzar lo más posible, posiblemente encontraran ayuda en el camino.
........
A pocos metros de las puertas del poblado se encontraron con ayuda. La joven a penas podía permanecer sobre el caballo y con premura fue llevada a una habitación de la casona que había sido de su madre.
Tras mirar el techo, empezó a reconocer aquel lugar. Elisa le había contado que le había ayudado a nacer en esa misma habitación... la misma habitación donde su madre dio su último aliento para darle vida.
Nunca se le había pasado por la mente dar a luz a su bebé en ese lugar y angustiada se aferró a la almohada, pero una voz familiar la hizo voltear.
- Por Eru, no sabíamos por qué se había desaparecido por tanto tiempo. Ya veo que estuvo ocupada – dijo aquel socarronamente.
- ¿Victor? ¡Vico! ¡No me vengas con eso ahora, que sé hicieron fiesta por mi ausencia! Además me di cuenta que dejaron el puesto de vigilancia abandonado, espera que me levante de esta cama y verás la paliza que… ¡AYYY por Eru! – gritó la joven mientras se abrazaba a la almohada - ¡Vico por favor anda a buscar a Elisa!
- Señora lo siento, desde la caída de Caras Aelin, la señora partió a buscar noticias de su hija.
En ese instante entraron dos mujeres que victor las presentó como Mariel, su esposa y Clara, su hija, cuidarían de ella. Pero eso no la tranquilizó.
......
En una especie de antesala se encontraba el capitán, vestía ya ropajes secos y los soldados se encontraban abrigados bajo el calor de una fogata en un galpón al lado del establo. Escuchaba al aldeano ya algo "agotado", mientras veían a la pequeña entrar y salir rápidamente de la habitación.
Victor aprovechando de tener alguien con quien dialogar (y que no le ofrecieran una paliza por hablar demasiado), le contó que había pertenecido a la guardia real, eran pocos, ya que como nunca habían tenido conflictos con otros pueblos, además eran en su mayoría mercantes que comerciaban con los reinos cercanos. Pero extrañamente fueron atacados y el pueblo arrasado. Le contó como Sonyariel desde pequeña fue cuidada y entrenada por la capitana de guardia, y con sólo diecisiete años, en el Bosque del Gran Olmo, vengó la destrucción de su pueblo acabando con la vida de los atacantes. Los pocos que quedaron fueron guiados a Rilmaven y la joven partió a buscar algo... no sabían que... pero él aldeano sospechaba que quería arrancar de sí misma.
Le contó como después de tres años, apareció como si nada hubiera pasado, tomando su lugar entre su gente. Incluso la acompañaron a una de las batallas en el puerto de Tumbale Hópa. Después de aquella extraña batalla volvieron y doblaron la vigilancia del camino... muchos seres extraños y de otras tierras vieron pasar pero no les hicieron grandes problemas.
Le contó de su familia y de las familias de todos los habitantes de aquel lugar, y tras horas de mareante platica, y sin ver señas que aquel hombre se callaría un momento, agradeció que apareciera Mariel.
La mujer se veía algo preocupada. Las cosas estaban saliendo más complicadas de lo que ella pensaba.
[Editado por auriga el 16-05-2007 02:07]
Darlak Lórindol
Muy lejos de allí, en las tierras de Formen-Draugliante, Darlak miraba con preocupación el horizonte. Hace tiempo que venía teniendo malos presentimientos, desde que hacía algún viajara a Farothdin y hablara con Ílimo. Las sospechas de un nuevo mal le venían rondando.
Un trueno se escuchó en la lejanía.
- ¿Tormenta? – musitó para sí mismo sorprendido. Durante el trayecto desde Yavetil hasta Formen no habían visto el sol, oculto como llevaba varios días por las nubes negras que cubrían el cielo.
Una voz a su espalda lo distrajo de sus pensamientos.
- No me gusta este tiempo – era la voz de Eleth.
- No son signos halagüeños – aclaró Darlak preocupado.
- ¿Qué temes?
- Una oscuridad mayor que la propia rencilla entre clanes
Eleth se asustó ante esas palabras y un escalofrío le recorrió el cuerpo. Una oscuridad mayor
Pero no sólo eso preocupaba a Darlak, sino que el dolor de haber tenido que dejar a Sonya en Mellon Vilya le oprimía el corazón, deseaba con todas sus fuerzas ver nacer a su hijo y estar con ella en tal momento.
– Volveré…y estaré junto a ti y nuestro bebé – musitó Darlak.
Darlak Lórindol
El dúnadan salió de la casa. Afuera la lluvia había menguado y se dirigió por las oscuras calles pensando en las palabras de la mujer.
Mariel solamente le había repetido las palabras de Sonyariel, y sabía que ellas eran ciertas… prefería que le abriesen la barriga para salvar al bebé, antes de perderse junto a su criatura. Ofrecía su vida a cambio de la vida de su hijo si fuese necesario. Pero…
Dentro de pocas horas las primeras luces se abrirían paso dejando a las sombras de la noche descansar bajo las aguas.
La imagen del senescal le vino a la mente y sin darse cuenta de que era observado de cerca, al girar se encontró con una bella imagen cuyo rostro irradiaba luz.
En la habitación una pequeña mano acariciaba el rostro de la agotada mujer, intentando reconfortarla.
Sus ojos estaban observando la cadena con el relicario que siempre la acompañaba junto a sus recuerdos. De vez en cuando cerraba sus ojos evocando la imagen de sus seres amados… y de su medio elfo.
Sus manos se apoyaron una vez más sobre el respaldo de la cama, estaba cansada pero no podía dejar de luchar. Tenía que ayudar a su bebé a nacer y si para ello debía agotar hasta su último aliento, lo haría… y si ello no daba resultado… estaba el encargo que le había pedido al dúnadan.
No supo si lo que vio después había sido un espejismo o no, pero sintió que la alcoba se iluminaba y la imagen de su madre se acercaba a ella con una sonrisa…
- Vamos mujer… saldrás bien de esta… sólo un esfuerzo más - y su voz cálida junto al llanto de una criaturita fue lo último que escuchó antes de caer inconciente.
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[escrito por auriga]
Vanadessë Nissëlor
Vanadessë se despertó de un brinco, se incorporó en el lecho y miró la pequeña cuna junto a su cama. Aún podía oír el llanto de su pequeño bebé, que había sido arrebatado de sus brazos hacía unos días atrás. Sus pechos estaban hinchados y le dolían, el pequeño debía de tener hambre, la leche se le caía y ella no podía hacer nada para evitarlo. Se recostó nuevamente y soltó el llanto, era un carma del que no podía escapar. Como podría olvidar a aquel hombre que se había llevado a su pequeño, sin una gota de compasión. Aquel humano a quien tanto había amado y ahora sus sentimientos estaban confundidos, lo odiaba y lo amaba con la misma intensidad, porque se había llevado a su bebé?. Por qué le había profesado amor y luego la lastimaba de esa manera?, desde aquella noche del rapto, la elfa se hacía estas preguntas en cada momento del día. Ya no quería seguir viviendo así, no comía, no hablaba con nadie, sobre todo ahora, que Sonyariel, su amiga y confidente, se había marchado del Taurëruin. Elêth tampoco estaba cerca y lentamente Vanadessë se sentía más desdichada.