Kelusse
Fin Guerra: Realengo de Farothdin deja de Atacar
Armadas perdidas por "Realengo de Farothdin" = 15
Armadas perdidas por "Liantari Dimbar" = 3
Victoria para Liantari Dimbar.

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.
Edicion 3
Finalizada · 19-03-2006
2007:04:01:16:21:29
Fin Guerra: Realengo de Farothdin deja de Atacar
Armadas perdidas por "Realengo de Farothdin" = 15
Armadas perdidas por "Liantari Dimbar" = 3
Victoria para Liantari Dimbar.
Los fríos pasos resonaban en los húmedos escalones que descendían a lo más profundo de las mazmorras de Astan Neuma, los calabozos más oscuros de la ciudad son los reservados para los traidores y hacia allí se dirigían los guardias.
Urbos Foldar era el hijo menor de un campesino que vivía al nordeste del Rogrant, su padre Arbelus ayudó a Orodril en las batallas de Orniath y éste como agradecimiento contrató a su hijo para su guardia personal.
Poco a poco el muchacho fue ascendiendo y llegó a ocupar un puesto como Capitán de una de las puertas de Astan Neuma, pero ahora había sido acusado de traición y estaba a punto de ser juzgado por, posiblemente, el peor enemigo de Orodril dentro del Matriarcado: Uzbad Kibil, Comandante de Nenmar-lokë.
El acusado acompañado por un par de guardias llevaba puestos unos pesados grilletes en brazos y piernas y presentaba un aspecto deplorable; tenía la ropa rasgada y pegajosa debido a la sangre perdida durante los latigazos recibidos el día anterior además su rostro estaba demacrado pues a los traidores sólo se les alimenta una vez a la semana (si es que a un trozo de pan duro y seco puede llamársele alimento), pero Urbos no se quejaba pues como Capitán de Astan Neuma conocía los castigos que le impondrían si la acusación de traidor era ratificada en el juicio y eran mucho peores que vivir en aquellas mazmorras.
La intransigencia de Uzbad Kibil también era conocida por todos los soldados del Matriarcado y ésta se vería agravada en este proceso pues el acusado era uno de los “elegidos” por Orodril, los torturadores de Astan Neuma estaban poniendo a punto todos sus aparatos pues esperaban un juicio breve.
Urbos entró en el Salón de Juicios, normalmente lo que veían los acusados nada más entrar era un impresionante retrato de la Reina Araña y a su izquierda un cuadro más pequeño de Orodril el Señor de la ciudad, pero en esta ocasión la sala estaba presidida por un enorme tapiz con el escudo de armas de la familia Kibil, Urbos presentía que el juicio no iba a ir bien.
Bajo el tapiz se levantó una robusta figura, cuando los ayudantes encendieron las lámparas y los candelabros todos los presentes pudieron contemplarla: Uzbad Kibil vestía con las ropas que antaño tejieron para el último rey de Orod Nid, una decorada cota de malla de mithril cubría su torso y un cinturón con hebilla de oro se ceñía a su cintura, calzaba unas hermosas botas negras fabricadas con cuero traído del lejano sur y una capa de lino teñida con púrpura colgaba a su espalda. Su barba y su pelo se encontraban pulcramente peinados y los mechones canos brillaban como plata a la luz de las lámparas.
Una voz profunda y potente habló entonces:
- Que se presente el acusado.
- Urbos Foldar de Sîrtal, Capitán de la Puerta Dorada de Astan Neuma.
- Noble señor Kibil, se acusa a Urbos Foldar de provocar la muerte del general Ulfang al servicio del Comandante Kael. El historial de dicho general es impecable colaboró fervientemente en la caída de Caras Aelin y fue quien comandó a las tropas de vanguardia que acudieron a la defensa de Astan Neuma después de ser ésta atacada y saqueada debido a una frágil defensa de la que el acusado era capitán... – el hombre fue interrumpido por el enano.
- Gracias Zatras, conocía muy bien a Ulfang, yo fui uno de los que le enviaron a colaborar en la defensa de la capital cuando nos vimos retrasados por un ataque de Farothdin en el Rogrant. Sé perfectamente que es uno de los oficiales más condecorados de Harniath, la misma Illurë le otorgó la Araña Dorado el pasado año y es más, también sé que le iban a entregar el Laureado de Mithril por sus acciones durante la Caída de Esteldor.
Ahora bien, me gustaría escuchar la versión de la historia de boca del acusado.
Un murmullo llenó la sala, normalmente en estos juicios no se escuchaba al acusado pues los hechos hablaban por sí solos, pero Uzbad acalló a los presentes dando un fuerte golpe en la mesa e invitando al joven a hablar.
Como bien sabéis, la Nenmar-lokë se vio retrasada en el Rogrant por una compañía de Farothdin y el general Ulfang tuvo que adelantarse con parte de la caballería. La noticia del envío de caballeros a la defensa de Astan Neuma fue bien recibida en la ciudad.
Pero el camino era largo y no llegaron a tiempo para evitar el saqueo por parte de las tropas enemigas, con el caos surgido tras la pérdida de parte de la ciudad no recibimos noticias de las tropas de Ulfang y pensamos que habían regresado con la Nenmar-lokë y que llegarían a la ciudad varios días después.
Con gran dificultad conseguimos recuperar el control sobre toda la ciudad, pero no el de los túneles y los territorios circundantes, por lo que esperábamos con ansia la llegada de refuerzos.
Varios días después recibimos otro ataque por parte de Farothdin. La mañana era fría y aparecían tropas enemigas por todos los túneles, al principio ninguna conseguía llegar cerca de la ciudad y sufrían muchas bajas. Pero a media tarde el empuje de Farothdin estaba haciendo retroceder a nuestras defensas.
Fue entonces cuando vimos aparecer una gran tropa de soldados que se dirigían a toda prisa hacia la ciudad, yo no supe cómo hasta horas después, pero esos hombres llegaron con facilidad a mi Puerta y mandé a los arqueros que les derribaran... eso fue lo que hicieron.
Antes del atardecer apareció la Nenmar-lokë y las tropas enemigas abandonaron el ataque a Astan Neuma.
Como dije, horas después supe la historia de aquellos hombres que llegaron a mi Puerta. En una reunión con los capitanes de Nenmar-lokë uno de los oficiales de Astan Neuma contó como se había encontrado con el general Ulfang en uno de los túneles que conducían a la capital.
Las tropas de Ulfang, que nosotros pensábamos que llegarían a caballo, habían tenido que abandonar sus corceles a los pies de las Montañas de la Brisa. Además habían pasado grandes penurias hasta alcanzar las cercanías de la capital pues los túneles estaban plagados de tropas enemigas, en aquellas luchas habían perdido sus estandartes y la mayoría de los uniformes habían quedado irreconocibles.
Por estos motivos no reconocí a las tropas del general Ulfang a su llegada a la Puerta y ordené que se les eliminara.
Si yo hubiera sabido que el general Ulfang intentaba penetrar en los muros de la ciudad, habría dado mi vida y la de mis hombres para protegerle y ponerle a salvo tras la muralla. La figura de Ulfang es un gran mito entre todos los soldados de Liantari y habría sido un gran honor el morir por salvarle.
Uzbad Kibil se puso en pie y el muchacho abandonó su relato al instante, el enano tenía el ceño fruncido y la mirada pensativa cuando se dirigió a todos los presentes:
- Escuchada la acusación y la historia del joven oficial preciso retirarme unos momentos para reflexionar. Serán todos convocados de nuevo cuando tome mi decisión.
Guardias, no hace falta que devuelvan al joven a los calabozos, que espere aquí, no tardaré demasiado.
La noble figura del señor enano desapareció por una pequeña puerta que pasaba desapercibida bajo el enorme tapiz mientras un sudor frío recorría el cuerpo del joven. El atípico juicio lo había confundido, pero aquella última frase dirigida a sus guardias le había dejado claro cuál iba a ser su castigo; de todos era sabido el gusto por la sangre y el sufrimiento que tenía el enano sobre todo cuando no se trataba de sus congéneres de las montañas.
Los guardias se sonreían pues envidiaban el rápido ascenso del joven Foldar y ahora les iba a llegar el momento de saciar esa envidia, ellos serían los encargados de iniciar las torturas del joven en las oscuras profundidades de Astan Neuma, allí donde ningún civil ha estado y ni siquiera imagina que existe.
No había pasado una hora cuando el Salón de Juicios volvió a llenarse, todos se pusieron en pie para recibir a Uzbad Kibil que, pergamino en mano, se dirigió al joven:
- El acusado, Urbos Foldar, es culpable de la muerte del general Ulfang pero no de traición. La muerte del general fue fruto de la confusión de la batalla y de una cadena de infortunios. No obstante, es un hecho terrible para las huestes de Dimbar y por tanto será castigado.
Urbos Foldar queda degradado y es expulsado con deshonor del ejército de la Reina Illurë, ninguno de sus descendientes hasta la tercera generación podrá ocupar cargo alguno en dicho ejército ni habitar ninguna de las ciudades del Matriarcado.
Guardias, acompañen al señor Foldar a las puertas de la ciudad.
Nadie en la sala daba crédito a lo que acababa de escuchar, el rostro del joven se iluminó mientras que el de los guardias palidecía de ira. Uzbad Kibil dio el juicio por terminado y se retiró a sus aposentos.
Una vez allí, otro enano se le acercó para conocer las razones de su decisión.
- ¡Ay primo! Aún tienes mucho que aprender. Ese Foldar fue elegido por Orodril en persona y todos sus errores pueden ser utilizados en contra de ese odioso elfo... ahora el mejor guerrero del Matriarcado yace en su tumba de piedra por culpa de un capitán de Orodril, una fea marca en el historial del elfo... y además esa horrible señal campa libremente sembrando su culpabilidad y por ende la de quien le nombró oficial por todos los pueblos.
Y nunca viene mal que se dé también a conocer la magnanimidad de la Casa Kibil, estoy deseando enviar este informe a la Corte Real y al “Noble Siervo” Orodril.
El robusto enano se dirigió a su mesa con una gran sonrisa en la cara, mayor aún que la que mostraba el día de la Reconquista de Gathol-Kheled.
Narquelië había enfurecido al enterarse de los resultados de la batalla cuando Featarya, que portaba entre sus brazos el cuerpo de su buen amigo Isilion, le informó de la impresionante victoria que habían realizado.¿ A qué coste, Featarya?
La batalla por la conquista de Iaur Abad había sido épica, desde luego que sí, y Caladan se sentía orgulloso de ella, no obstante, la Doncella Cuervo consideraba, a pesar de la renombrada victoria, que la masacre que se realizó por parte de ambos ejércitos, no merecía recibir tantas alabanzas pues centenares de hombres y elfos habían entregado sus vidas al justo Mandos por la terquedad de sus dirigentes, especialmente de los de Realengo, ya que fueron advertidos por ella misma de que no permitieran que los elfos del Lirio entrasen en la batalla. Featarya, que había notado un acusado cambio en las maneras de Narquelië, pensaba que la actitud de la mujer se debía a la envidia por no haber participado directamente en la contienda, pero se equivocaba, pues a Quariel le era indiferente alcanzar la eternidad o la gloria. A ella lo único que realmente le importaba era hacer las cosas a su modo y que salieran bien, así obtenía más poder dentro de la Orden, además de molestar de nuevo a la reina con sus desobediencias.
La mañana ya había comenzado y Featarya se dispuso a salir de su tienda para ver como se encontraba Isilion en los pabellones de los sanadores, pero cual fue su asombro al encontrar a todo el campamento inmerso en las tareas de desmontaje. Con extrañeza se dirigió a un elfo que vestía con los colores de la Rosa.
-¿Qué es lo que ocurre?
-Mi señor, la dama Narquelië ha ordenado que levantemos el campamento.
-¿Qué?- espetó de improviso.- ¿Qué es lo que pretenderá esta mujer?- pensó y a continuación miró hacia donde estaba la tienda de Quariel, pero para su sorpresa ésta ya no se alzaba sino que ya había sido desmontada-¿Sabes dónde puedo encontrarla?
-Sí, señor, está en aquella loma, entrenado a sus hombres.
Tras agradecer al soldado la información dada, inició sus pasos hacia el lugar indicado, y efectivamente allí se encontraba la doncella cuervo. El noldo penetró en el círculo que se había formado alrededor de maestra y aprendiz.
-¿Por qué ordenas que levanten el campamento?-su voz adquirió un tono grave y serio.
Narquelië detuvo el combate e indico al soldado con un ademán que ya habían concluido, después, con delicadeza, enfundo sus espadas.
-Vamos a ir a la capital de Liantari- anunció con tranquilidad.
-No-dijo el elfo.
-Iremos a Astan Neuma-repitió la mujer, los hombres al ver que el ambiente se tensaba, comenzaron a alejarse, dejándolos solos- Allí te demostraré que se puede ganar una ciudad sin derrochar tantas vidas en ello.
-Difícil hacerlo cuando tienes a un grupo de hombres que les preocupó más sus uñas que ayudarme en la batalla aunque de ello dependiera mi vida y la de mis soldados, y a unos elfos tan sanguinarios y viles como los orcos –contestó Featarya enojado- y te recuerdo que esa es ¡TU TROPA!
-¡Nunca vuelvas a criticar a mis hombres, ellos no tienen por que seguir tus ordenes! –le gritó la doncella sin intención de dejarse insultar por un primer nacido.
-Entonces deja de criticarme y ocúpate más en lo que hacen los elfos de tu Orden –Narquelië había tocado fondo, por primeras vez enfureció al elfo, a quien jamás lo había visto con semejante seriedad, mientras que Featarya se retiró sin darle oportunidad de contestar.
La Compañía III del Realengo abandonó la destruida ciudad de Iaur Abad, llevándose consigo todos aquellos objetos de valor que encontraron en ella, con aquello pagarían a las familias de los hombres que dejaron sus vidas por conquistar la ciudad.
A media mañana, al acercarse al paso de Cirith Medëa, donde se une Sorontarma con las Montañas de la Brisa, observaron en la lejanía que dos grandes ejércitos custodiaban el lugar. Afortunadamente, los estandartes de Heren Fanyarëa anunciaban la calidad de aliado de aquella tropa. Featarya hizo mandar un mensajero comunicado la intención de atravesar Cirith Medëa,y no fue hasta al atardecer cuando este regresó con la información de que se trataba de las compañías I y II de Heren , y que permitían que la III de Realengo cruzase por el paso.
Así fue, que siguiendo las laderas de las Montañas de la Brisa durante cinco días, alcanzaron la entrada al paso de la capital, donde la Compañía IV de Realengo se había instalado.
(…)
-Mi señor- Astaroth interrumpió en la sala- , la Compañía III se acerca hacia nosotros.
Thelidor miró a Arestel, que se encontraba remendando unos ropajes, y notó como la incredulidad se adueñaba del rostro de su esposa.
-Muy bien, Astaroth, cuando lleguen, haz pasar a sus dirigentes a la tienda principal-despidió al hombre antes de que su mujer dijera algo improcedente.
El elfo hizo una leve reverencia con la cabeza y dejó caer tras de sí la gruesa piel de eso que hacia la función de puerta.
La regente dejó sobre la mesa su trabajo y se acercó a su esposo.
-¿Qué hace la III aquí?
-No lo sé.
-¡Oh!, sí lo sabes, Thelidor. Es esa mujer, Narquelië, quiere mostrarnos que su ejército es mejor que el nuestro…
-Basta, Arestel- ordenó su marido levantándose de su butaca- no empieces con esas historias tuyas.
-No son historias mías- agregó molesta- ¿Qué haces? Debes descansar-se apresuró a decir su mujer a la vez que le tendía su brazo a Thelidor a modo de ayuda.
-No vamos a recibir a los invitados aquí, ¿no crees?
(…)
Quariel y Featarya fueron guiados hasta el pabellón principal, donde los dos dirigentes de la Compañía IV esperaban.
Tras los saludos, Thelidor preguntó por Isilion, entonces Featarya narró la batalla de Iaur Abad, y como el noldo de oscuros cabellos había sido herido de gravedad en ella.
-¿Por eso habéis venido hasta aquí?-preguntó Arestel, pues ella contaba con altos conocimientos de sanción a pesar de ser una atani.
-No, nuestros motivos son otros-repuso Caladan con brusquedad.
-Queremos atacar Astan Neuma-anunció con aires de indiferencia la Doncella Cuervo.
La habitación quedo en silencio durante un largo instante, hasta que Thelidor habló.
-Si no llega a ser por los refuerzos que trajo consigo Feataya, Arestel y mi compañía habrían desaparecido bajo el acero Liantari…No pretendo disuadiros de que no acometáis tal empresa, sólo os advierto de que el ejército que guarda esa ciudad es muy fuerte.
-¿Trataréis de atacarla a pesar de que Isilion no estará con vosotros?-preguntó Arestel
-No deberíamos, pero así será-respondió el noldo.
-Y tampoco debieron atacar Iaur Abad sin mí-dijo Narquelië, notablemente irritada- Y sin embargo lo hicieron.- la mujer no dejó que el elfo le respondiera, se dirigió entonces a los regentes-No les quitamos más su preciado tiempo- se levantó y sonrió de forma burlona- Ha sido un placer veros señores de la Rosa.
Con esto dio por terminada la parte de su conversación, miró por un momento al elfo y después salió de la carpa. Caladan negó con la cabeza, pero no la siguió, se quedó sentado, suspiró y les alcanzo a decir:
-Isilion está muy mal y no seria bueno que avanzara con nosotros, necesito pedirles un favor- Thelidor le indicó que siguiera-Dejen que repose aquí con ustedes, hasta que se encuentre lo suficientemente fuerte para regresar con nosotros.
-Será un placer cuidar de él, Featarya-contestaron los dos al unísono.
Una risa inundó la estancia y, por un momento, los tres se olvidaron de la guerra y de la sombría presencia de la dirigente del Lirio.
(…)
Los dos capitanes de la Compañía III se disponían a iniciar el ascenso hasta la capital de Liantari a través del paso, cuando un nutrido grupo de hombres y enanos se unió a su ejército. Encabezándolos estaba Arestel que, azuzando a su caballo, rápidamente se acercó a donde se encontraba Featarya. Al verla llegar, Narquelië avanzó hacia ellos y miró de hito a hito a la mujer.
-Vengo a unirme a vosotros-anunció.
La Doncella Cuervo soltó una gran carcajada.
-Nunca dejaría en tus manos a mi tropa.
-El sentimiento es mutuo, Narquelië -respondió la regente-por eso me he traído a una parte de la mía.
-¿Crees que necesitamos tu ayuda para conquistar la ciudad?
Arestel movió la cabeza negativamente.
-Si me uno a vosotros es porque tengo la certeza de que ganareis a los de Liantari. He tenido dos batallas contra ese mismo ejército y lo único que he logrado ha sido diezmar mi compañía,
-Si no sabes dirigir, no es asunto mío-respondió de forma burlona Narquelië
-Por eso os pido,- prosiguió haciendo caso omiso de las ácidas palabras que acababa de decir la mujer- que me dejéis ir con vosotros, necesito levantar la moral de mis hombres y una victoria, aunque sea pequeña, me servirá- Arestel hablaba más con el elfo que con Quariel.
En el rostro de Featraya se dibujó una de sus típicas sonrisas, le divertía el enojo de Narquelië, sin embargo él entendía a la perfección el sentimiento que inundaba el corazón de la mujer, así que puso una mano sobre su hombro y asintió ante su petición
-Yo estaré encantado de que te unas al ejército.
-Pero yo no-repuso la Doncella Cuervo.
El noldo tomó a Narquelië por un brazo y se alejaron un poco, ésta se soltó de su mano y le miró enojada.
-Con más hombres podremos afrontar con mayor facilidad la batalla-argumento él- además sin Isilion el flanco occidental queda un poco desequilibrado, deja que se una a nosotros.
Quariel apretó los dientes y desvió los ojos hacia arriba, ¡Con aquel quendi sí que no podía!
-¡Como me gustaría matarte!-dijo. Miró de reojo a Arestel y comenzó a caminar donde sus hombres- Haz lo que quieras.
Featarya se acercó a Arestel y con una amable sonrisa dijo:
-Esta muy contenta de que nos acompañes.
-No, en serio ¿Qué dijo? –le respondió la mujer que no le creyó ninguna palabra.
-Ha dicho que sí. A su manera, pero lo ha dicho.
(...)
El ejército se dirigía decidido a la Capital. Narquelië iba callada con su tropa, pero Arestel y Caladan hablaban durante el camino.
-Estoy tan emocionada –dijo en un momento Arestel- sólo con pensar que saquearemos la ciudad –el elfo no compartió su excitación- ¿Qué sucede?
-La verdad, dudo que saquemos la Capital –el elfo suspiró- después de la última batalla ha cambiado mucho mi humor y en estos momentos no estoy con ánimos de otra guerra, aparte no creo que nos resulte fácil, suerte que venís con nosotros, eso me animó un poco. Pero no te desilusiones, seguro que vamos a tener una buena contienda.
(…)
Habían entrado por los túneles con enorme facilidad, parecía mentira que los de Liantari hubieran dejado tan desprotegido los accesos a ellos. Los enanos, que habían venido con Arestel, abrieron el camino, junto con los trolls del Lirio, al resto del ejército.
A la vanguardia iban los arqueros de Featarya y los hombres de Arestel, mientras que atrás avanzaba el Batallón Rojo, listos para rematar el trabajo, con ellos venían un pequeño grupo de elfos oscuros, los pocos en los que Narquelië podía confiar.
El aire estaba frío, y con cada exhalación parecía como si los hombres perdieran un poco de su espíritu. A la mitad del camino la hueste se dividió, de esta forma entrarían por todos los túneles que daban a la ciudad, dándoles poca ventaja de respuesta a los defensores.
Sin embargo se encontraron con una tropa que defendía la ciudad por dentro y por fuera. No hubo confusión alguna, el ejército se lanzó a la batalla, decididos a tomar la capital.
El áscar de la Rosa comenzó con las primeras arremetidas, tantos los elfos de Featarya como los hombres de Arestel se coordinaban a la perfección, tratando de abrirse paso a través del enemigo.
La regente alentaba a sus hombres una y otra vez, animándolos para que consiguieran abrirse hueco entre la tropa de Liantari y romper así su formación. Tal era la emoción que sentía la mujer, ante una posible victoria, que el dolor de una flecha de Liantari clavada en su hombro derecho no le impidió proseguir avanzando entre la muchedumbre, arrojando sablazos a todos aquellos que no vistieran con los colores de la Rosa o el Lirio.
Una segunda carga vino después con el ejército del Lirio.Los trolls avanzaron dejando tras su paso un gran desconcierto, aprovechado por el Batallón Rojo, que de nuevo se movió ágilmente en la contienda. Los hombres de Narquelië atacaron por los flancos delanteros, mientras que el ejército de la Rosa lo hizo por el frente. A media tarde ya habían conseguido llegar a las murallas, pero con numerosas bajas.
Quariel se había topado con los soldados Arestel varias veces, prácticamente los ignoraba, pero entonces vio como un numeroso grupo de hombres aparecía en escena, observó sus uniformes, no eran del Realengo, pero ¿eran acaso de Liantari? Una sonrisa malévola acudió a su rostro. Corrió, matando a todo al que se le pusiera en frente, y con señas les indicó a los soldados que dejaran pasar a esos hombres con uniformes desgatados. El ejército hizo caso. Cuando llegaron a las puertas, vio como los arqueros de las murallas arremetieron contra ellos, su plan dio resultado, aquel era el momento para retirarse. Buscó a Caladan con la mirada, al encontrarlo le gritó que se retiraban.
El noldo alzó su espada al cielo, y pronunciando unas extrañas palabras, logró que la hoja de ésta adquiriera una tonalidad blanca que fue aumentando más y más hasta que finalmente estalló. Un gran destello provocó que las tropas de Liantari fueran deslumbradas durante unos segundos. Entonces un cuerno sonó y el ejército de Realengo, protegido por la luz de Featarya, se replegó a los túneles.
Sin embargo, el enemigo dio un último golpe, que fue a dar a los hombres de la retaguardia, donde estaba Narquelië sacando a los rezagados. Una de aquellas flechas dio en su pierna... Esa fue la gota que derramo el vaso, la mujer rompió la flecha y se sacó la punta de un jalón. Esa ciudad iba a ser tomada por su compañía, costara lo que costara tendría la capital de Illurë en sus manos, dio una última mirada a la ciudad y maldijo a los defensores, luego dio media vuelta y se fue.
(…)
El ejército llego rápidamente al campamento. Hacia ya un buen rato que Arien había desaparecido por el oeste, dejando paso a las hijas de Varda.
La mujer se dirigió con cuatro de sus hombres, a las carpas de los elfos oscuros, ahí estaba Maikael, el líder de todos ellos, aquel al que Featarya maldijo después de la batalla de Iaur Abad. Él muy descarado, festejaba con sus compañeros la victoria pasada, a Narquelië le hirvió la sangre, el elfo al verla le sonrió hipócritamente. Con una señal de mano, los cuatro hombres se fueron contra él, lo amarraron de brazos y pies, en dos postes de madera; uno de los hombres sacó un látigo de entre sus ropas y espero la orden para comenzar.
-Te vanagloriaste con sangre ajena Maikael, Señor del Lirio-dijo Narquelië-Ahora te vanagloriarás con tu propia sangre. Diez latigazos por la falta cometida.
El hombre desató el primero golpe sobre el castigado, después vinieron los siguientes cinco, la sangre salpicó a los presentes, pero nadie pareció notarlo. Sus compañeros, bajaron la mirada, temerosos de que aquello también pudiera pasarle a ellos. El cuerpo de Maikael no se tambaleó y su mirada seguía orgullosa, clavada en los ojos de Quariel que rió con sorna.
-Cinco más por el orgullo-el elfo gritó furioso, la mujer le pateo la cara y luego le escupió-No me vengas con tus estupideces, el castigo no parará hasta que te retuerzas de dolor- los latigazos siguieron chocando con la carne del quendi, que comenzó a bajar la mirada, pero Narquelië ya no le presto atención, ahora su voz iba dirigida a los soldados- No voy a tolerar sus actos en mi ejército, que sea la última vez que desobedecen ordenes. De ahora en adelante, ninguno de ustedes se plantará en el campo de batalla sin mi autorización. Ya saben cuales son las consecuencias.
Toda la rabia de su derrota la descargó en aquel elfo, que bien se merecía tal castigo por su maldad; sus gritos comenzaron a llenar el ambiente, y pronto acallaron las voces de la noche.
Resumen de la batalla.
Realengo ha perdido 15 armadas x35= 525 puntos.
Recuperables: 394 puntos, al hacer uso de un poder especial.
Valoraciones: 8.2+7.0+6.14= 7.1.
Recupera:280 puntos.Los líderes de la Compañía pierden un 20% de vida por lo que recuperan 70 puntos. Total recuperación: 350 puntos
Pierde 175 puntos.
Liantari Dimbar ha perdido 3 armadas x35= 105 puntos.
Recuperables: 84 puntos.
Valoraciones: 8.8+7.6+6.14= 7.5
Recupera: 63 puntos.
Pierde: 42 puntos.
Realengo de Farothdin no percibe monedas por la victoria en la batalla.
Realengo de Farothdin entrega 100 monedas a Liantari Dimbar por el abandono de la batalla.
No se produce el saqueo de Astan Neuma
Compañías actualizadas y listas.