Narquelië
Quariel sintió de nuevo la sangre fresca en su rostro, ¿Qué es ésta sensación tan extraña?, era como sí despertara de un sueño; sus manos se movieron por su rostro, esparciendo la sangre de aquellos dos elfos, su mirada se posó en la figura que acaba de observar el asesinato.
-¡VIEJA BRUJA!- El grito de un hombre traspasó el cuerpo de la elfa y le llegó hasta los oídos, inundando su cabeza; la mujer se movió por la escaleras, como sí ya supiera que era lo iba a pasar, lo siguiente que vio, fue una escena ya vista: El cadáver del hombre que mató a su mejor amigo... pero eso ya no importaba.
-Ya tenemos el mapa y no hay quién nos siga... ¿Se supone que buscaremos esa piedra y tras ello terminaremos peleándonos como los elfos y los ladrones? Sí no los hubiese incentivado Etnad, ninguna de las dos hubiéramos podido lograr matarles....mejor dicho no los hubieras matado-dijo la elfa totalmente en trance mirando la escena de los elfos casi sin reconocer el mundo que le rodeaba.
La mujer escuchó otra vez las palabras de la elfa poco a poco. Miró sus ojos, tan negros como la primera vez que la había visto, después su mirada se posó en las estrellas.
Sabía que iba a decir algo a continuación y fue entonces cuando salieron de su boca sus palabras, algo le decía que debía sentirse mal pero ese desconocimiento la purgaría de aquella sensación
Tocando con su mano derecha el rostro y sintiendo aquella sangre fresca dijo:
-Mi alma esta corrupta Eleanor y lo que acabas de ver es sólo una acción mas de mi naturaleza oscura.- limpió sus espadas y las guardó en el cinturón.-Sin embargo, la bondad no esta lejos de mi pensamiento te lo aseguro; mi lógica no es igual a la de un ladronzuelo cualquiera. La piedra me interesa solo por el hecho de que la quiere la reina, nada más. Guardó silencio, miró a su alrededor y sacó las dos partes del mapa.
En ese momento Eleanor le miró casi salida de aquél mismo ensueño que estaba desapareciendo con cada segundo dentro de Quariel. Simplemente se acercó a ella, cortó un pedazo de su manga y le limpió el rostro. Luego sonrió y observó el mapa, atenta a cualquier cosa que saliera de la vista. La luna era la única luz presente en aquel sitio, los sonidos de la noche las envolvieron como una suave manta, que las protegía de cualquier cosa. Narquelië no sabía lo que buscaba la elfa en el mapa, no lograba entender cual era el fin de aquella misión y sin embargo, tenía claro, que aquella piedra, no era todo lo que le había dicho la reina en principio. Y en ese momento un deseo inundo su espíritu: ¿Y si no le regresaba la piedra a Izilsurias?... aquel pensamiento desapareció de pronto, más no lo olvido, los guardó como una semilla dentro de su ser, ahí germinaría y daría frutos mucho después de haber terminado esta historia.
-Aquí- la voz de la elfa interrumpió sus cavilaciones- Más allá del lugar en donde convergen las estrellas, cruzando las montañas del este, evadiendo los árboles que protegen el paso, allá donde los hombres no se han atrevido a regresar, ahí esta la esencia de la Aurora, la piedra oscura y blanca que unirá a los cuatro, oculta de los creadores, lejos de los malditos. En el lugar en el que comenzó todo.
-Acertijos-le respondió Quariel, mirando hacia el este- ¿Ahora nuestro camino nos guiara al principio?.
-No es al principio a dónde iremos, si no hacia una parte del mapa que jamás has visto, pasando la línea que no debe ser cruzada. – Eleanor le sonrió- Descubrirás tu misma el poder de aquél bosque y entenderás los acertijos que nos han traído aquí.
El felino maulló y la mano de la elfa tembló.
-Mejor comencemos a marchar, estas tierras no están muy lejos, pero debemos llegar cuando el día se vuelva noche y la noche se haga de día.- dijo y tomó los dos mapas, los dobló y se los dio a Quariel- Guárdalos, estarán más seguros en tus manos.
La mujer asintió en silencio y se los metió entre los pliegues de la ropa. Los cuervos sobrevolaron sus cabezas y viajaron hacia el este, vigilando el camino, por el cual debían andar.
Pasaron los días con sus noches y mientras más avanzaban, el deseo de Narquelië crecía, pero no decía nada, en cambio durante ese tiempo, avanzó a ciegas, siguiendo los pasos de Eleanor, como sí ya conociera su forma de actuar y sin darse cuenta, poco a poco se fueron uniendo los lazos imperceptibles de sus vidas, no sabían que aquello era su principal arma, la unión de los contrarios, lo que daría por fin con la piedra de Orn.
A partir de la matanza de los elfos traidores, el camino se les presentó demasiado fácil a los ojos de Eleanor, no tuvieron ninguna clase de problemas para avanzar. Siempre que se encontraban con algún grupo de viajeros, las dos se ponían sus capuchas y trataban de pasar inadvertidas entre la gente de los caminos, cuando se acercaban a los ríos, era la elfa quien tomaba el agua para el viaje, siempre atenta a los movimientos del agua, la razón era simple: En cualquier momento, podría aparecer frente a sus ojos Calilingwë listo para detenerlas y no dejarlas avanzar. En cambio Narquelië no tenía que preocuparse por Yiyinai, el ave no se acercaría a ellas, mientras los cuervos las protegieran por los cielos. Era de esos dos animales, de los que más tenían que cuidarse, lo que menos necesitaban en la misión, era tenerlos cerca, como espías y mensajeros de los reyes. Sí Ilimo e Izilsurias les habían encargado un trabajo tan importante como ese, debían confiar plenamente en ellas.
Fue entonces cuando la marcha se aminoró, un frondoso bosque llenaba los ojos de las dos viajeras. Eleanor se arrodilló e hizo un pequeño símbolo con la punta de su dedo índice en la tierra murmurando algo casi en silencio.
Un viento cálido sopló encima de la cabeza de la elfa. Su cabello apenas se movió y el símbolo rápidamente se borró.
-Esta noche debemos acampar, sólo por la mañana podremos entrar-dijo en voz baja tras levantarse y mirarla-Hoy sería peligroso.
Narquelië miró las nubes y después le alcanzo a decir.
-Espero que eso sea cierto. No es muy seguro acampar aquí, vamos a llamar la atención.
El mundo a su alrededor cambió y el cielo se plago de estrellas, pero la mujer no se sentía bien, aquellos árboles le vigilaban,¡lo sentía!, por primera vez en toda su vida sintió el peso de la muerte en sus hombros y los rostros de aquellos a quienes había matado regresaron a su mente, cerró los ojos y respiró profundo. La elfa prendió una fogata y se quedó parada, mientras que Quariel estaba acostada; entendió por fin porque debían esperar a la mañana siguiente, ella no era digna y tendría que sentir todas las consecuencias de sus actos. Una lágrima cayó por su mejilla, ese era el pago por todos sus pecados.
-¿Qué crees que harán los reyes, cuando les regresemos la piedra?-preguntó de pronto- ¿Serán dignos de tenerla Eleanor?
La elfa miró con aprecio los ojos de Quariel, mucho antes se había preguntado lo mismo y sentía un peso contra su pecho, aquél lugar le hacía sentir sus faltas y le mostraba un camino confuso que le angustiaba al verse en esa situación. Sin esfuerzo sonrió.
-No nos toca hacer esa pregunta aún, Quariel. Intenta descansar todo lo que puedas, yo me quedaré haciendo guardia, confía en mí e intenta dormir. Yo celaré por tí estos lugares y pronto tus cuervos vendrán a hacernos compañía
-Eres la única que me llama de esa forma, sin tener un remordimiento en los ojos-Una sonrisa sincera acudió a su rostro-La única que comprende la complejidad de mi nombre-la mujer cerró los ojos-Buenas noches amiga mía.
Entonces se dejo mecer por lo dulces brazos de Irmo, como lo hacía su padre, cuando aún era niña y no conocía la maldad del mundo.
Eleanor la miró atenta, con suma dulzura sonrió dejando caer una lágrima con ello. Y hubiera besado la frente de aquella mujer, pero eso sería violar aquél pacto invisible que había firmado días atrás, días que se le antojaban años en esa noche sin luces.
Además en aquella oscuridad tenia sus demonios internos jugando dentro suyo. Sentía los recuerdos pasando detrás de sus ojos mientras el mundo parecía mostrarle aquello que no debía ver aún.
Pronto la luz del sol apareció apenas iluminando el horizonte. La mano de la elfa despertó suavemente a la humana
-Es tiempo de levantarse-le susurró
Se preparó para levantarse y apagó aquél pobre fuego que aún rondaba entre las cenizas dando calor
-Debemos estar en ayunas al entrar al bosque según sé- dijo y le miró- ¿Estas bien?
Narquelië se paso una mano por el cabello y asintió en silencio, sin embargo le mintió, no estaba bien, durante toda la noche le dio vueltas al mismo asunto: “No nos toca hacer esa pregunta aún, Quariel.”, pero entonces ¿Cuándo seria el momento? Pensó ¿y si no era correcto darles la piedra?, fue en aquel instante en que la mujer entendió la magnitud del objeto y que aquel poder no debía caer en manos indebidas y ella sabia perfectamente que las manos de Izilsurias no eran las correctas. No importaba que no alcanzara a comprender la piedra en su totalidad, no podía dejar en manos de la reina aquel objeto que tarde o temprano influiría en su destino y en el de Eleanor.
Se levantó sin decir palabras y recogió las pocas pertenencias que llevaba, se puso las espadas al cinto y revisó que tuviera el mapa entre los pliegues de la ropa. Cuando estuvieron listas, se internaron en el bosque, atentas a todo lo que pasaba a su alrededor
La elfa comenzó a caminar, al principio, moviéndose al ritmo más rápido y constante de la humana. Parecía más una cazadora en búsqueda de un animal para la cena que aquella emisaria y compañera que fue minutos antes de entrar al bosque.
Quariel pudo haber dicho algo a Eleanor pero el instinto le hizo callar. Algo movía a Narmince y pronto entendió que eso mismo hacía que cada vez la elfa fuera casi con cierta sutileza, más rápido.
En otra ocasión hubiera dicho o hecho alguna cosa pero en aquél lugar esas sensaciones terminaban dormidas, casi muertas, mientras lo que movía a Eleanor cobraba mayor fuerza.
Mientras que la nandor sentía en sus adentros aquél dominio que llevaba aquél bosque sobre ella, un lugar le llamaba y su instinto le guiaba rápidamente como sí ya conociera aquél camino.
Fue entonces cuando con hábil maestría desapareció tras un árbol.
Narquelië al no verla se detuvo de golpe, primero respiró y dio varios giros sobre sus pies, buscándola con la mirada, pronto comenzó a desesperarse y gritó su nombre varias veces, al no tener respuesta cayó de rodillas al piso y miró al cielo. Aquel bosque la mareaba; trató de calmarse, no podía buscarla por que seguramente se perdería mas, tendría que llegar sola al final del mapa, lo sacó y lo estudio con cuidado, después de ubicarse en la zona y saber que caminaría hacia el este, comenzó a avanzar, primero caminando y después corriendo, de pronto de detuvo y volteó bruscamente. Encontró frente a ella a un elfo, con el cabello rubio y los ojos extrañamente negros. En la mano llevaba una espada, lista para ser utilizada en ella.
-¿Desdé cuando nos sigues elfo?-preguntó de forma brusca y después agrego- ¿Quién te envió?
-Nada de eso importa mujer-el elfo hizo ademán de acercarse, pero fue detenido por la espada de Narquelië- No soy enemigo, vine a ayudarles con la piedra.
-Para mí, todos son enemigos. ¿Cómo sabes de la piedra?
El quendi no contestó, la miró fijamente y unas palabras salieron de su boca, Quariel se sintió mareada, de repente una paz invadió su ser, el elfo la invitaba a descansar, a olvidarse de todo lo que existía del mundo… ya caía bajo esas dulces palabras, cuando sus cuervos se fueron directo hacia el elfo. Despertó de repente y sacó la otra espada. Las aves volaron y se posaron en los árboles dispuestos a ayudarla por si era necesario.
-Tonta
Pero Quariel ya no lo escucho, asestó el primer golpe que el elfo intercepto, sobrevoló las espadas y siguió asestándole golpes, no dejo que le atacara, pero no podía herirle, en un descuido sintió la espada rozar el costado de su vientre, vio su propia sangre en la espada enemiga, sintió rabia y dio una ultima y eficaz estocada, le atravesó el cuello con una espada y con la otra le atravesó el corazón. Cuando el cadáver cayó en el piso, vio como una sombra salía del aquel ser y se disolvía en el aire, ¿Qué fue eso? Pensó, se arrodillo frente al cuerpo y con las manos ensangrentadas le abrió los ojos, habían cambiado de color y ahora eran azules. Se levantó y le indicó a los cuervos que avanzaran, ella también comenzó a correr, poniendo mas atención a su alrededor.
Ya era medio día cuando llego a un claro, Eleanor estaba parada en un árbol esperándola, se acerco a ella y vio la herida.
-Estoy bien-le dijo Narquelië-Eleanor, alguien me ataco en el bosque y creo que no era precisamente un ser vivo.
La elfa pareció no oírla, con una maño señalo el cielo y entonces las dos fueron testigos de como el día se convertía en la noche y la noche en día y tras aquel fenómeno, el fin de su camino.
-La noche ha comenzado…
Los ojos de Eleanor parecieron recuperar su brillo, dejando caer una lágrima miró a Quariel
-¿Te han lastimado también?- preguntó
La humana asintió confusa, luego la elfa le tomó la mano y con un ademán le indicó silencio. Segundos después le indicó que la siguiera.
-Esa ha sido la piedra, suele mostrarnos temores nuestros cuando nos acercamos a ella. Esas figuras pueden lastimarnos, parecer reales y hacernos creer que somos hasta nosotras mismas. Su única función es alejarte y no conozco manera de hacerles desaparecer. Aunque sé que sólo se aparecerán ante ti, puesto que tus temores no son los míos y las dos somos demasiado fuertes para esos trucos, así que nos ataca por separado- susurró a unos pasos del centro del bosque.
“¿Qué clase de temor podría tenerle a un elfo así?, ¿Por qué querría la piedra alejarnos, si no somos enemigas?” , todo era tan confuso… Pero no había tiempo para eso, al mirar al cielo otra vez, vio como una sombra cubría al sol… El bosque pareció enmudecer y luego sumirse en la oscuridad.
Entonces las dos supieron que ya no habría obstáculos, que aquel fenómeno era la llave para encontrar la piedra.
Se quedaron quietas, las dos tenían la mirada puesta en el mismo lugar, sin saberlo unieron sus espíritus y con la unión de la luz y la sombra, apareció frente a ellas, un destello, que poco a poco fue tomando la forma de una roca, no más grande que la mano de Eleanor. Sin perder el tiempo y tomadas de la mano caminaron hacia la piedra. Ésta, estaba puesta en un tronco marcado por varias runas, más no fue eso lo que llamo su atención, una imagen tan nítida como la propia materia, comenzó a formarse en el árbol que sobreguardaba la roca: Dos figuras entrelazadas por las extremidades, que simulaban cuerpos humanos y en el centro un diminuto ojo divido en dos…
La noche se convirtió de nuevo en día, la piedra perdió su luz, la imagen del árbol desapareció y las runas comenzaron a borrarse. Las dos aun tomadas de la mano, se miraron, algo había cambiado en ellas.
