La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 3

Árador, Tierras de la Aurora

Finalizada · 19-03-2006

La Guerra De Thrakglobash

2007:05:06:22:05:46

Thrakglobash

Hubo un tiempo de oscuridad y dolor... hubo un tiempo en el que mi Señor Melkor era el Amo de todo ser sobre la faz de Eä... hubo un tiempo en el que todos, incluídos los Valar ocultos en Aman, reverenciaban y temían la Sombra de mi Señor... pero algo ocurrió.

Los traidores del Oeste atacaron las tierras de Beleriand y la principal fortaleza de mi Amo y Él tuvo que centrarse en aquellas batallas y delegó en mí, su indigna servidora, sus tierras del este.

Fue entonces cuando el desastre se cernió sobre Árador, la luz del Oeste se filtró desde la lejanía y llegaron a mis dominios varios de esos que se hacen llamar Hijos de Eru.

Me superaban en número y poder por lo que tuve que retirarme, pero nunca dejé de vigilar mis dominios, tras la caída de Melkor, Árador me pertenece... y la recuperaré.

La vida en Arda está corroyendo el poder de esos Hijos de Eru... se están distrayendo de sus obligaciones... el caos se apodera de los pueblos de Árador y pronto estarán listos para mi definitivo regreso.

[Editado por Iorethil el 05-04-2007 00:54]

Thrakglobash

Las primeras décadas de la Segunda Edad del Sol en las tierras de la Aurora estaban salpicadas por los conflictos y las rencillas entre naciones. Hacía ya tiempo que los reinos de Árador vivían envueltos en la Guerras de los Clanes que estaba debilitando la fortaleza y el poder de cada uno de los pueblos libres de aquella tierra. Las tensiones no daban muestras de solucionarse. Eire Esteldor ya había caído hacia varios meses y los otros cinco importantes reinos de Arador acusaban un desgaste prolongado por la guerra. Sin embargo, los gobiernos de cada uno de ellos se valían del orgullo para continuar la guerra.

Ahora bien, algunos ya habían dado muestras de solucionar los conflictos y de buscar unas razones de peso para aquella guerra que consideraban sin sentido. Los rumores empezaban a extenderse, se decía que una sombra oscura deambulaba por Árador sembrando la discordia y las desavenencias entre ellos.

En el tiempo que duró la Guerra de los Clanes algunos importantes eruditos habían hecho grandes investigaciones. En Ferith Ar-Karáh se había descubierto maravillosas ruinas que daban muestras de un antiguo imperio que habría habido en las tierras que hoy forman parte de Helkelen Lára durante la Primera Edad del Sol.

Las ruinas de Amaurenori también atesoraban una gran historia, cuna de una gran civilización élfica que había existido durante la Primera Edad del Sol. La ciudad había sido esplendorosa hasta que la ambición la había hecho caer. En esas ruinas un grupo de exploración provenientes de distintos rincones de Arador habían tenido su primer contacto con esa sombra oscura que decían se ocultaba en las tierras de la Aurora. Un mal había sido ya revelado, Bolgöd, un antiguo caballero de Yävetil, ciudad fundadora del reino de Lempë Ohtari, servía ahora a la oscuridad. Sin embargo, todo parecía indicar que detrás de él se escondía el verdadero poder que amenazaba aquellas tierras. La derrota entonces de la oscuridad pareció hacer olvidar aquella amenaza.

Pasó el tiempo y, tras la caída de Esteldor, la guerra entre clanes se volvió mas grave aún. Los distintos reinos se acusaban mutuamente de traición y el conflicto hacía manchar esos días la tierra de sangre de soldados que luchaban a favor de sus gobiernos.

Sin embargo, los descubrimientos de la historia antigua de aquellas tierras proseguían a buen ritmo y las ruinas de otra antigua ciudad situada entre las tierras de Heren Fanyarea y Realengo de Farothdin atrajeron esos días a muchos viajeros de diversos rincones de Árador. Tavarcerta, la “runa del bosque”, guardaba celosamente una antigua y cruel leyenda, aquella ciudad poseía una maldición que venía de muchos años atrás. Fue entonces cuando se conoció la existencia de unos objetos antiguos, los brazaletes. En aquellas ruinas, Izilsurias e Ílimo, que habían asistido a todos los sucesos de Árador desde antiguo, contaron que en la Primera Edad del Sol, cuando Morgoth tenía intereses en el este, los pueblos libres de entonces se unieron para luchar contra ellos y sellaron un pacto con los brazaletes y con la piedra de Orn que creó la dama de hielo de Farothdin. No obstante, hubo una fuerza oscura que ayudaba a Morgoth y le sirvió en sus planes despertando los recelos en unos y el ansía de poder en otros. Esto hizo que, en los tardíos años de la Primera Edad, Cirthil, un rey elfo de las tierras del oeste de Árador, llevara la guerra hasta las puertas de Tavarcerta, donde un reino de hombres era fuerte entonces, y allí la sangre y la barbarie se extendieron sumergiendo a la ciudad en una maldición.

El conocer la historia de las ruinas de Tavarcerta había hecho que algunos comprendieran que ahora pudiera estar sucediendo lo que sucedió en la Primera Edad, que alguna forma oscura estuviera actuando para enfrentar a los reinos, y quisieron parar la guerra. Ahora bien, pocos sabían entonces que los descubrimientos de unos pocos en algunas de las ruinas de Arador escondían detrás una nueva amenaza. La oscuridad se despertaba decidida a aprovechar el debilitamiento de los reinos libres: Realengo de Farothdin, Heren Fanyarea, Lempë Ohtari y los dos reinos recientemente unidos Formen-Draugliante y Harad-Draugliante (antes Helkelen Lára y Liantari Dimbar).

Thrakglobasd, la Señora de Orcos, antigua lugarteniente de Morgoth, había estado todo ese tiempo atrayendo seres oscuros, aumentando sus hordas de orcos, trolls y otros servidores de la oscuridad, preparando el terreno para actuar y cumplir su ansiado plan: sembrar de oscuridad Árador y apoderarse de todos sus pueblos libres.

-Fragmento de Aratir-

Thrakglobash

La guerra... el dolor... la sombra... hace tiempo que mis semillas dieron sus frutos sin que esos Servidores de Eru pudieran hacer nada para remediarlo.

El Caído Eirë Esteldor, el territorio más cercano a mi lugar de reposo será donde comience mi verdadero reinado de Árador.

Miles de orcos, trolls, wargos y demás seres oscuros acampan ya en la devastada Lára-in-Loikolukuma, esperan ansiosos mi llegada y el comienzo de la reconquista de lo que fueron las tierras de sus antepasados.

Me encuentro cabalgando cerca del borde meridional de Numen Ramba, mi cohorte siembra miedo y desolación a nuestro paso y en cuanto crucemos el Linweluinë llegará la Noche Perpetua a las tierras de Árador.

Que tiemblen ya los grandes Señores de la Aurora... que tiemblen aquellos que se hallan cómodamente sentados en Tol Valya, pues ha llegado el momento de que yo ocupe todos esos Tronos.

Bolgöd, el Sexto Caballero

El humo surcaba los alrededores, el fuego había arrasado completamente las aldeas que existían en la zona baja de Rilmaven Lára. Lamentos apagados era ahora lo único que se escuchaba, un nuevo horror estaba arrasando las tierras del sureste de Árador, preparando el terreno para una nueva guerra. Aciagos tiempos, nefastos sucesos, una nueva oscuridad amenazaba el corazón de la tierra de la aurora.

Una figura oscura miraba desde una colina cercana con absoluta fascinación la asolación que imperaba en los ardedores. Un grupo de orcos subió el camino viejo que conducía a lo alto de la colina, uno de ellos hablaron distrayendo los pensamientos de la figura oscura:

- Mi señor…no ha quedado ningún aldeano vivo…

- Un buen aperitivo…- dijo sin desviar la mirada hacía el general orco que le estaba hablando…

El silencio siguió a continuación mientras el viento soplaba con timidez.

- Mi señor…han llegado noticias relativas al estado de la guerra de los clanes…- el orco le pasó una carta a la figura oscura, que la tomó con absoluto desdén y empezó a leer…

Al cabo del rato, Bolgöd devolvió la nota al general orco.

- Preparad al ejército para marchar hacia el sur… y enviad un mensajero urgente que pida audiencia con la Señora, he de comunicarle las agradables noticias…

[Editado por ingaran el 10-04-2007 11:57]

Bolgöd, el Sexto Caballero

El ejército oscuro, como Bolgod llamaba a las hordas que Thrakglobash le había puesto en custodia, surcó las tierras ya devastadas en dirección al sur donde la Señora ultimaba los planes tan ansiados por ella desde hacía tiempo.

Con la caída de Morgoth en el oeste, las tierras de Arador habían tenido oportunidad de recuperar parte del esplendor que tuvo en algún tiempo de la primera edad. Y así ocurrió pues grandes migraciones acaecieron tras la guerra de la cólera y la caída de Beleriand y, hasta las tierras del noreste, llegaron seres de gran sabiduría y brillantez, personas valerosas y nobles, otros con férrea decisión, algunos ambiciosos pero poderosos y unos pocos atormentados pero necesitados de empezar de nuevo y olvidar sus problemas. Un duro revés significó aquello para la oscuridad pues la que alguna vez fuera lugarteniente de Melkor tuvo que asistir impasible al surgimiento en las tierras de la aurora de grandes clanes, reinos de poderosa consistencia y no tenía ni poder ni ejército para hacerles caer. Hizo todo lo posible por corromper los cimientos de los clanes, intentar llevar a algunos al lado del mal.

Lo que único que podía hacer era tambalear el equilibrio que parecía haber entre los clanes de Árador. Lo consiguió, trajo la guerra a aquellas tierras y Thrakglobash, escondida, sonrió satisfecha cuando cayeron los importantes dirigentes de la república del sur; Esteldor fue su primera víctima y no tuvo que hacer nada pues otros clanes habían hecho el trabajo sucio por ella. Traiciones, malentendidos, odios generalizados, valores negativos que hacen mantener vivo el espíritu de los hombres, de los elfos, de los enanos, creencia de que cada uno tiene la verdad sobre la guerra. El conflicto continuaba enfrentando a los otros cinco clanes entre ellos y, mientras, ella ganaba tiempo para acumular grandes hordas de orcos, de trolls, de trasgos y otras bestias más poderosas que preparaba; haciendo corruptos a elfos o a humanos, modificando sus almas atormentadas, como había hecho con Bolgod. La hora llegaría pronto y confiaba en que los clanes estuvieran lo suficientemente débiles para no encontrar enemigo posible que le impidiera apoderarse de las tierras libres de Árador.

El ejército oscuro seguía su tránsito hacia el sur, hacia donde la Señora esperaba impaciente noticias del exterior. Supieron que se aproximaban a la guarida temporal de Thrakglobash cuando vieron en el horizonte grandes nubarrones negros rodeando las montañas de Numen Ramba.

[Editado por ingaran el 14-04-2007 15:55]

Kael Al-Harad

La oscura figura de Kael se movía como alma en pena en medio del ejercito oscuro.En un estado casi hipnotico avanzaba junto al pozoñoso ejercito.En mientras en él se libraba una batalla,sus últimos recuerdos era de Tarvacerta y su encuentro con una exhuberante elfa,y los dos jovenes muchachos...:

-Ah...ah...duele.

Entonces por un instante perdió la consciencia,instante en el que las dispares fuerzas que en él habitaban se enzarzaron.

-Serpiente pozoñosa,deja ya de luchar por un vacio cuerpo que ya no es tuyo.Tu tiempo ha pasado deja paso al Mal y huye con tu bífida lengua.

-Vete tú,¡que caussass dessasshiego en esste pobre peón del destino! Esste no ess tu ssitio,yo ssoy él,ssi me desstruyess a mí ssolo quedará una carcassa hueca.

-Serpiente no comprende que cuando tu mueras quedaré yo,¡Yo!¡El que lo guiará a ocupar su puesto junto a quien le corresponde! No debió ser elfo su destino era otro,pero los Vala son caprichosos y nació como elfo,¡lugar que no era el suyo Pero...eso juega a su favor,tiene más poder del que le correspondía,ahora podrá dirigerse a donde debe y,¡ayudar a conquistar estas tierras!

-¡No lo comprendess cossa osscura!Hassta la carcassa depende de mí,¡su ssed de ssangre viene de mí!¡Sin mí no ssería máss que un elfo que no encaja en su lugar! Yo hice de él lo que ess.No me explusses de mi ssitio sucia alma.

-Serpiente,ya te he vencido,dependes del elfo ya,¿No lo ves?,y ahora dependes de mí,yo te someto.

-¡Jamássss! ¡Agh!

-Ni tú el más maligno de todos los animales puedes conmigo,yo te he sometido,y a él támbien.Es hora,¡levantate Haures Kaín,antes conocido como Kael Al-Harad y ve en pos de tu destino!

Entonces,despertó.Kael,tras tanto tiempo perdido,volvió a ser consciente de sus actos.Entonces supo cual era su destino y hasta donde llegaría.Venganza,sangre,vió su propia muerte,supo el instante exacto,cuando retornaría a las grandes casas,y entonces se deshizo de la mas gris con la que avanzaba,corrió hasta encontrar a quien buscaba:

-Tú...

-Kael,que de tiempo,desde Amareunori,te veo algo desmejorado,¿no? Aunque yo diría que estas mejor que nunca...donde te corresponde.

- . . .,solo estoy aquí por que es mi destino ayudarte a tí y aThrakglobash a someter estas tierras,y no voy a luchar contra mi destino,ya que siempre lo hice y siempre perdí.Os juro lealtad Bolgöd,Sexto Caballero.Haures Kaín,ó Kael para los Harad,pone su espada a vuestro servicio.

Y así,sucumbió la primera victimas de muchas que quedaban...

Bolgöd, el Sexto Caballero

Bolgöd no pudo sino reir, no había contado con aquel encuentro. Kael Al-Harad, aquel elfo que le ayudó en las ruinas de Amaurenori tanto tiempo atrás, se había cruzado con su ejército cuando iba al encuentro del de Thrakglobash. Una figura errante, un ser atormentado pero visiblemente atraído...al mal.

- Aquella vez fracasamos pero ahora será diferente...Nuestra señora es muy poderosa ahora...ninguno de los grandes caballeros, maiar y reyes que ocupan los tronos de Árador podrán contra sus ejércitos.

Un encuentro inesperado pero que le habría muchas posibilidades a sus planes, no se podía obviar que Kael les pudiera dar información relativo a Liantari. De todos los reinos de Árador, Liantari era el más propenso al mal pero la Reina Araña era orgullosa e independiente. Ahora, con la unión con los hombres del frío y el nacimiento de Draugliante, era tentador poder contar con ellos de su lado. Aunque todo eran dudas para Bolgöd. ¿La Reina Araña estaría de acuerdo con Draugliante o todo había sido planeado por Orodril? ¿Se motrarían mas propensos a abandondar el bien los hombres del frío o seguirían férreos en sus nobles pensamientos? Al menos la guerra no se había detenido, el nacimiento de Draugliante había servido para que Lempë, Farothdin y Heren continuaran sus hostilidades.

Bolgod esperaba que Kael tuviera respuesta a muchas de sus dudas. El caballero ocuro se giró hacia atrás y habló a sus orcos:

- ¡Atención, mis guerreros! Este elfo errante se une a nuestra compañía, desde ahora será el general de todos vosotro y habreis de servirle pleitesía.- y dirigiéndose al elfo sanguinario, dijo- Bienvenido, mi buen Kael.

Darlak Lórindol

Entre tanto, Darlak había viajado hacia las tierras del Realengo mientras su ejército se preparaba para reorganizarse en las tierras frías de Helkelen Lára, donde la guerra parecía no tener fin.

- Bienvenido, Senescal de Lempë – dijo el rey Ílimo al recibirlo – creo que desde los acontecimientos de Tavarcerta no habíamos tenido el placer de encontrarnos.

- Así es. La guerra en Árador nos deja sin tiempo de visitas – añadió Darlak sonriendo.

Ílimo lo llevó a una de las tabernas más renombradas de su reino, el “Volcán de lo Mudano”, donde hablaron largo y tendido de la situación de la guerra. Zirak, rey de Helkelen Lára había rechazado la paz propuesta por el emisario enviado por Lórindol. Pero lo que más le tenía preocupado era la noticia que le había llegado de la reina del consejo de Lempë, Yárfaila, el hecho que Helkelen Lára y Liantari Dimbar eran ahora una misma nación, Draugliante.

- No te inquietes por eso…otros rumores apuntan a algo peor – las palabras de Ílimo guardaron entonces una extraña intranquilidad.

- ¿De qué hablas? – preguntó el senescal de Lempë

Pero Ílimo contempló entonces el ambiente de fiesta que se vivía en el lugar, bailarinas se dejaban mostrar en una danza sensual. Pero el maia preguntó al rato:

- ¿Guardáis el brazalete aún?

- Sí – dijo Darlak y se tocó el bolsillo, lo llevaba consigo desde que abandonaron las otrora malditas ruinas de Tavarcerta.

- Bien - dijo Ílimo, que hizo ademán de levantarse.- Tengo que arreglar unos asuntos, te dejó disfrutando del ambiente, luego hablaremos.

El rey de encaminó hacia una bella doncella. Quariel era una desconocida para él y si no estaba equivocado, ella sabría sacarle algo de información acerca de los rumores del tan despiadado como legendario, sexto caballero.

Como pasaba una y otra vez, dio la hora en que la coreografía cambiaba de función. A la hora exacta y en el momento oportuno, un revuelo de gente se levantó de las sillas, aprovechando el leve intermedio para tomar alguna bebida o simplemente estirar las piernas. El cálculo había sido previsto con puntualidad, e Ílimo se escabulló entre los presentes que se movían desordenadamente en cualquier dirección. Con la mirada fija en la asesina, se acercó a ella el tiempo que tardó en decirla:

- Siempre comento a mis caballeros de la Rosa, que Darlak es una figura clave para la Alianza. Ya que estás, sonsácale cuanta información puedas. Llévalo a otra sala si lo necesitas. Pero necesitamos saber lo que sabe de los rumores del que llaman sexto caballero. Los informes de mis espías son demasiado escuetos como para valorar adecuadamente una posible amenaza.

- Acaso presientes un nuevo cambió en el orden de Arador, ¿posibles guerras? ¿Intrigas contra nuestro reino o algún aliado?

- Nunca se sabe, no debemos acomodarnos en la ingenuidad de que todo está bien.

- ¿Y tu Ílimo? ¿Que harás mientras? - comentó socarronamente -Te sentarás a ver el siguiente acto.

- Digamos, que seguiré de cerca de a otro invitado. Te estaré esperando más cerca de lo que imaginas. Espero que me sorprendas, Izilsurias te tiene en muy alta estima, asesina

La fiesta continuó entonces y Narquelië se dirigió hacia Darlak, al que invitó a una apartada sala donde bebieron unas buenas copas de vino.

Poco después, Darlak depertó con un fuerte dolor de cabeza.

-¡Maldita mujer! –

Se sentó en la cama pues el dolor de cabeza era insoportable. Se sentía también ofuscado, seguramente le habían hecho una encerrona y sospechaba que Ílimo estaba detrás de todo aquello.

Una doncella tocó a la puerta.

- Señor, el rey Ílimo me ha enviado para ver si necesitáis algo

- Algo para el dolor de cabeza…y decidle a vuestro rey que necesito hablar urgentemente con él.

La doncella se fue y el rey de Faroth llegó al rato.

- Lamento haberte abandonado en el local tenía asuntos que gestionar. – dijo Ílimo

- Cómo por ejemplo buscar a alguien para que me emborrachara y me sacara información – añadió el Senescal ofuscado.

- No tenemos la suficiente confianza como para saber si me contarías sobre él -

Darlak le miró extrañado.

- ¿Sobre quién?

- Bolgod…- Ílimo parecía temer pronunciar ese nombre, incluso él...– Dicen que hace algunos meses el legendario sexto caballero de vuestro reino quiso traer a la vida a Morgoth en las lejanas ruinas de Amaurenori.

- Mi buen Ílimo, hubiera sido mejor que me lo hubieras preguntado desde el principio. – A Darlak se le pasó el enfado, no solía estar mucho tiempo enfadado y, a pesar de que no se fiaba del todo de Ilimo, le habló sobre lo que sucedió en Amaurenori, tanto tiempo atrás.- Hubo quienes sucumbieron entonces a Bolgöd y a quién estaba tras de él... los que sucumbieron a la tentación provenían de Liantari.

Darlak aún recordaba como dos elfos peculiares, Kael y Ohtaranë, ambos de Liantari o Draugliante, habían colaborado en los planes de Bolgod en aquella ocasión, como ambos traicionaron al grupo.

- ¿Insinúas que Liantari pudo colaborar con Bolgod? – preguntó Ílimo.

- Al menos dos de sus miembros lo hicieron- respondió el senescal.

- ¿Y qué fue de Bolgöd?

- Supongo que su espíritu fue destruido- dijo no muy convencido.

Ílimo pareció preocuparse entonces.

- Supones…

~ escrito por gorathion y aratir ~

[Editado por aratir el 18-04-2007 00:13]

Bolgöd, el Sexto Caballero

Mientras las guerras de los clanes continuaban, las aldeas de la lejana Lára-in-Loikolikuma asistían a otro tipo de terror, hordas oscuras sembraron de pánico los caminos, apresaban a los despistados y los esclavizaban para torturarlos o cosas peores.

Thrakglobash aprovechaba esos días para preparar su ataque masivo por las tierras de Árador, lo que supondría el culmen final de sus planes tan largamente preparados.

Bolgöd llegó con su ejército y con un nuevo aliado en la causa.

- Kael Al-Harad, mi señora, un importante capitán de las tropas del Antiguo Liantari Dimbar. – Bolgöd esperaba que la Señora mostrara algún tipo de sorpresa pues había pronunciado la palabra “antiguo” con énfasis. Pero ella pareció no darle importancia.- Pues has de saber que Orodril, ex sirviente de Illurë, ha traicionado a su imperio y ha forjado una nueva nación junto a los hombres del frío.

- Estoy al tanto, sé más de lo que piensas. – dijo simplemente y, tras darle la bienvenida a Kael, añadió.- Refuerzos del sur han de venir próximamente. Será ese el momento en que la Guerra de los Clanes acabe y empiece la Guerra de los Orcos.

Acto seguido, la misteriosa Señora de orcos desapareció entre sombras.

Darlak Lórindol

El viento empezaba a soplar muy frío cuando se acercaban a las fronteras de las tierras de Helkelen. Darlak había partido junto a Ílimo y sus ejércitos de nuevo hacia la guerra, ambos iban cavilando en sus pensamientos.

– Creo que vuestro caballero oscuro no fue derrotado en las ruinas de Amaurenori. Y no estamos preparados para una posible amenaza. Mientras continúen las guerras con Draugliante, estamos débiles ante posibles nuevos enemigos.

Las palabras de Ílimo le tenían preocupado a Darlak. No sabía si Bolgod suponía una amenaza pero es cierto que cuando pareció que fue vencido en las ruinas de Amaurenori, él no quedó tranquilo. Por eso siguió entonces investigando y por eso se hubo embarcado tiempo después de regresar a Amaurenori a las ruinas de Tavarcerta. Había pasado tiempo desde que eliminaron la maldición de Tavarcerta, casi un año, y ahora aquella ciudad parecía un lugar menos peligroso. Sin embargo, después de regresar de Tavarcerta las rencillas entre los clanes de Arador se habían agravado y la guerra no parecía terminar.

– Mientras Zirak y Orodril no se rindan no habrá paz posible. , había dicho el maia.

– Es cierto…Pero si tus temores son ciertos creo que ha llegado el momento de sellar de nuevo un pacto con los brazaletes…, había respondido Darlak.

Los brazaletes, aquellos objetos que en la primera edad habían servido para que los pueblos de entonces se unieran para enfrentarse a la amenaza que antaño supuso las intenciones de Morgoth en el este. El reino de los elfos con capital en Amaurenori, el Imperio del Norte de los que ahora eran descendientes la gente de Formen-Draugliante, las tierras de Ílimo y Izilsurias y el reino de los hombres de Tavarcerta, los pueblos más importante entonces de Árador habían decidido mantenerse unidos frente a la oscuridad. Pero según la leyenda, Morgoth había conseguido dispensar las rencillas y las desavenencias, y los pueblos habían sucumbido.

– Una sombra oscura servía entonces a Morgoth en el este, un lugarteniente que le ayudó en sus planes.

Darlak empezaba a unir cosas…y el temor crecía en su corazón. Hubo también una sombra oscura a la cual Bolgod parecía obedecer cuando los sucesos de Amaurenori, ¿sería el mismo que sirvió a Morgoth en el este durante la Primera Edad?

Era ya tarde cuando los caminos de Ílimo y Darlak se separaron. El maia condujo a sus ejércitos hacia la capital de Draugliante del Norte y Darlak fue al encuentro con Yárfaila y su ejército que llegaba desde Lempë Ohtari.

Durante semanas, la guerra mantuvo distraídos de sus temores a Darlak y a Ílimo.

***

Mientras tanto, en Yävetil, un hombre salía de la sala de caballeros. Baran, consejero de la reina Yárfaila, había mantenido una reunión con Aikanaro Tîwele, presidente del consejo en ausencia de la dama de fuego.

- ¿Has cumplido con las órdenes? – preguntó Baran a un hombre que le esperaba en la puerta del Palacio del Sol.

- Sí. El caballero oscuro ha recibido las noticias. – dijo al tiempo que el otro le entregaba un saco de monedas como pago por cumplir la misión.

El consejero permaneció sonriendo aún cuando el otro se había marchado. Por un momento hubo visto sus planes fracasar, cuando el consejo decidió ofrecer la paz a los vecinos del norte.

El nacimiento de Draugliante me ha sido de ayuda para convencer al consejo de continuar las hostilidades. , pensó satisfecho.

La guerra de los clanes se alargaba un poco más con lo que los señores oscuros tenían todo a su favor. Los ejércitos de Farothdin, Heren y Lempë estaban ya cansados de la larga guerra y Draugliante acusaba una gran crisis. Baran había tenido noticia también de que la Reina Araña había muerto y que Orodril tenía muchos enemigos entre los señores del antiguo imperio de Liantari Dimbar.

Bolgöd, el Sexto Caballero

La noche se estaba poniendo en Árador…

Extensas capas de negras nubes ocultaban el cielo de sur a norte; y era en el sur donde Thrakglobash reunía grandes ejércitos de oscuridad para lanzarlos contra toda la tierra de la aurora. Las tormentas salpicaban los rincones de Árador y los clanes continuaban con sus discordias.

Los ejércitos de Lempë Ohtari se dirigían hacia los principales emplazamientos de Formen-Draugliante para obligar a sus dirigentes a devolverles al bebé que Vanadessë, capitana ohtari, había tenido fruto de sus amoríos con Hathol Karkar, capitán draugliantili, y que éste había raptado hacía algunos días.

Mientras tanto, la primera compañía farothdiana continuaba las hostilidades en Ost-en-Ael mientras que el rey Ílimo ordenaba el abandono rápido de sus tropas de tierras de Harad-Draugliante, por temor a un posible peligro que amenazara sus tierras, el temor de un enemigo ajeno a los clanes inundaba la cabeza del rey de Farothdin desde hacía algunas semanas.

Por otro lado, los ejércitos del antiguo imperio liantari aprovechaban entonces para intentar echar de sus tierras de una vez por todas a las tropas de Heren Fanyarea.

Con tal estado en la guerra de los clanes y con sus tropas ya preparadas, la señora de orcos consideró que había llegado el momento. Al anochecer de un día lluvioso partieron grandes, espeluznantes e inmensos ejércitos de las ya desbastadas tierras de Lára-in-Loikolikuma, dejando tras de sí campos enteros arrasados por el fuego y el horror. Una parte seguía la dirección norte, atravesando las tierras de la arrasada Esteldor, otra parte se disponía a marchar sobre los terrenos pantanosos de Nenvarne en dirección al oeste.

Pero el grueso de las tropas de Thrakglobash tomó otra dirección.

La niebla cubría el viejo puerto de Undumelonde…un puerto ubicado en la costa sur del mar de Árador, en las tierras que otrora pertenecieran a Eire Esteldor. La noche ya se había puesto cuando en silencio llegaron grandes tropas enfundadas en ropas oscuras.

Varios cuchillos en la oscuridad…acabaron con los habitantes de aquel pequeño puerto de mar. Numerosos barcos se hallaban anclados en los puertos, bajo la quietud de la noche, y en silencio se fueron llenando, con grandes hordas, ejércitos numerosos que preparaban un golpe mortal.

Y se alzaron a la mar, navegando por las tranquilas aguas del mar interior de Arador…