La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 3

Árador, Tierras de la Aurora

Finalizada · 19-03-2006

Historia Por Puntos - Helkelen Lara - Draugliante

2007:04:19:20:55:51

Zirakzirak

Las pisadas retumbaban por todo el pasillo. El rey había vuelto de la campaña en tierras lejanas. Le esperaban dentro de varios días, que llegaría con el grueso de la Cuarta Compañía.

….¿porque demonios a llegado hoy?.... Se preguntaba el Senescal.

[….]

Zirak se encontraba sentado en la sala del Consejo. Su mirada estaba perdida en la ventana. Afuera la ciudad resistía a duras penas el continuo asedio.

<<….y los hijos de Lara resistirán…>> dijo en un susurro para si mismo.

Había hecho llamar a Apacen. No tenían tiempo, todo pendía de un hilo.

[…]

El Senescal llamo a la puerta y espero oír la voz ronca del enano desde el interior. Pero no venia solo. Entro en la sala seguido de cerca por otro humano.

-Señor.- dijo con voz serena.- Un emisario de Lempe Ohtari desea entregaros algo.

Zirak giro la cabeza y miro al hombre. Las galas de la guerra se hacían patentes en el y lucia con orgullo el emblema de Lempe en el pecho. El enano se levanto despacio y se dirigió hacia el Heraldo.

-Dime lemperil; ¿Qué es lo que tu reina o su senescal quieren de Helkelen Lara?.-

-Me mandan para ofreceros la paz. Las hostilidades entre ambos pueblos han sobrepasado todos los límites.- y diciendo esto entrego una carta sellada al enano.

Este, miro la misiva y le hizo un gesto a Apacen para que la cogiera él.

-Veras hijo de Ohtari, no esta en mi la condición de darte una respuesta ahora.- hizo una pausa y volvió a su asiento.- Tu reina será avisada de nuestra respuesta, hasta que se decida sigues siendo enemigo y nosotros los “bárbaros” del frió como nos llamáis, cortamos las cabezas de nuestros enemigos y las exponemos en la muralla.

El heraldo cambio su rostro y trago saliva. Haciendo acopio de valor volvió a dirigirse al enano.

-¿Osaríais hacer eso a un heraldo que ha viajado bajo la bandera blanca?.-

-Somos unos “bárbaros” muchacho, da gracias que no te rebano la cabeza aquí mismo.- sentencio Zirak.

El Heraldo lemperil, salio de la instancia y no volvió a mirar a tras hasta que llego a su campamento.

-Vienes de muy buen humor por lo que veo.- dijo Apacen mientras se sentaba.

-Lo suficiente para no haberle matado aquí mismo.- el enano se mantuvo callado unos segundos.- ¿Han llegado nuestros invitados?

-Llegaron hace dos días. Las nuevas que traen no son del todo alentadoras; pero en este tiempo no podemos pedir más.

Zirak, volvió a mirar por la ventana. La luz entraba e iluminaba toda la instancia. Una luz blanca, que calentaba su ya viejo cuerpo.

-Bien, prepáralo todo Apacen. Cuanto antes nos reunamos con ellos mejor.

[…]

El heraldo de Lempe Ohtari se dirigió hecho aún un manejo de nervios hacia su caballo, su tez no solo había recuperado su color tras un blanco casi mortecino sino que brillaba por el sonrojo de la furia del humillado.

-Bárbaros…- La palabra se deslizó en un susurro de sus tiesos labios mientras tomaba de nuevo las riendas de su corcel y montaba de nuevo. -Gracias por vuestro tiempo- dijo esta vez en alto y dirigiéndose hacia los dos guardas a quienes le había pedido que le custodiarán el caballo.

-No hay porque darlas- respondió él que estaba cortando un nuevo tajo de manzana para llevarse a la boca.

El heraldo no hizo mención alguna a aquellas palabras y con la mente fija de salir de aquel retrogrado lugar, marcho a medio galope por las calles.

-Extraño ver a un hombre de Lempë por estas tierras vivo y con ánimo de intercambiar palabras, ¿no cree Radhruin? Era Radhruin, ¿verdad?-

-Si señor, si Raudhruin- respondió el otro guardia, un tanto balbuceante e inquieto por las ideas que ahora le estarían pasando por la cabeza a su compañero.

Orodril tragó con gusto y sonrisa el tajo de manzana. Aquello de haber pedido a su llegada que se le otorgará un equipo completo de un hombre de la guardia para pasearse por la ciudad con discreción estaba teniendo frutos no previstos.

Unos pasos metálicos sobre el duro adoquinado hizo girar las cabezas de la pareja.

-Maese Orodril, el rey y senescal de Helkelen piden su comparecencia en la sala de mapas. Su hijo ya ha sido avisado y le espera a la entrada.-

-Bien. Lléveme hasta allí, que no hay motivo para ser descortés con los anfitriones.-

[…]

Orodril entró junto a su hijo en la sala de mapas dejando a Raudhrin y al otro guardia vigilantes al otro lado de la puerta.

-¿Qué diablos?-

-Orodril pidió que se le suministrara un atuendo menos llamativo para su estancia- respondió Apacen, siendo rápido a la respuesta e inquietud de su camarada.

-Y que mejor, atuendo que éste para pasearse por la ciudad desde sus lindes hasta su propio corazón si llamar la atención de los posibles espías- contribuyó Orodril a la explicación del senescal.

-Cierto es, como es que celebremos aquí nuestra reunión. Espero que no eche en falta comodidad alguna- dijo Zirak tomando como parte suya también aquel asunto y zanjando el tema.

-Ninguna.- Orodril distrajo la mirada del enano y hecho un vistazo a la estancia repletas de mapas, para luego volverla a clavar en Zirak. -Como sabe desde que quedo roto el Tratado de Tabarcerta nuestro reino al igual que el vuestro se ha encontrado inmersa en una continua invasión de nuestras tierras, lo que nos ha llevado a no tener otra opción de protegerlas que atrincherándonos en nuestras propias ciudades, para defenderlas y dar muerte a todo aquel que intente por un segundo traspasar sus puertas. Sin embargo nuestra lucha, nuestras victorias, no son suficientes contra un enemigo que posee un número mayor al nuestro y es capaz de tener de cuando en cuando descanso. Y como aliados en esta lucha la distancia a la que nos encontramos vulnera aún más nuestras fuerzas. Por ello, como le hice saber por mi hijo ha llegado el momento de plantearse la pregunta de evolucionar, o morir. Ha llegado la hora de unir fuerzas y luchar, no solo como compañeros de armas, sino como iguales. Como una sola nación.- Un susurro de metal hizo que los helkelianos reparan en el escudo que Daedril, hijo de Orodril, había descolgado de su espalda y hacia descansar de costado sobre el suelo delante suyo. -Draugliante.-

Zirak miró el escudo y después a Orodril. La mirada severa del enano distaba mucho de la de su homologo.

-Draugliante.- repitió en un susurro.-¿ Y que es lo que se nos pide para esa…evolución?

-Poca cosa maese enano. Tendréis completa autonomía pues seréis un propio estado dentro de uno más grande.- hizo una pausa y miro a su alrededor buscando un mapa de la Tierra Media. Se levanto y señalo Gondor y Arnor.- El reino de los hombres en la Tierra Media. Gondor en el sur y Arnor en el norte. Dos reinos diferentes pero parte de uno mismo.

Apacen asintió, conocía perfectamente cada uno de los mapas de aquella habitación.

-La ayuda militar y logística entre los dos reinos sería un hecho…bueno básicamente el liderazgo de Draugliante sería el mismo del que lleváis en Lara pero con dos reyes o Consejeros mayores o como queráis llamarlo y bueno se podría estudiar la formación de un gran Consejo para asunto de ámbito nacional por así decirlo.- Orodril volvió a su sitio y se sentó mirando inquisitivamente al enano que no había apartado la vista del mapa.

Zirak, se levanto y se dirigió al atril donde descansaba un gran mapa de Arador.

-Lo siento…Apacen, vamos a tener que rehacerte todos los mapas.- rió el enano, contagiando su risa a todos los presentes.- Actualmente no puedo proporcionaros muchas tropas por no decir ninguna. Estrategas, militares experimentados que entrenen a vuestras levas en la revolución.- Zirak se volvió hacia el elfo.- Poco más puedo ofreceros ahora mismo Consejero de Draugliante del Sur.- al pronunciar estas ultimas palabras el enano esbozo una sonrisa.

-Serán bien recibidos, toda ayuda nunca es poco mi querido Consejero de Draugliante del Norte.- Orodril sonrió al igual que lo había hecho el enano.

-Que así sea. Y ahora festejemos el nacimiento de esta nueva nación que aplastará a sus enemigos como el trolls de las cavernas pisotea hormigas.- todos estallaron en carcajadas.

[…]

Los barcos fletados por Lara salían del puerto, en los estandartes ya no ondeaba el lobo de Helkelen Lara, los emblemas en algunos de los tabardos de los guerreros ya no era el lobo. Apacen se dejaba acariciar por la brisa marina. Orodril sonreía ante las nuevas expectativas que se abrían ante ellos.

Draugliante ya era un hecho.

Uzbad Kibil

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