La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 3

Árador, Tierras de la Aurora

Finalizada · 19-03-2006

Historia Por Puntos - Realengo - El Secreto

2007:04:19:20:51:56

Featarya

Al haber recibido un mensaje de su principal general, Featarya abandonó provisoriamente la Compañía III con la autorización del Rey Ilímo. Dejo a su tropa cargo de las dos capitanas. Al marcharse despertó una gran intriga, ya que no menciono nada, ni adónde iba ni qué haría, sólo que llegaría a tiempo.

Pues bien, el secreto que guardo Featarya (desde poco tiempo después de llegar a Realengo) era un ejercito que el Rey le había encomendado, con la consigna de seguir sus instintos. Fue así como Featarya fue reclutando a quienes creía apropiados para formar parte del ejército, tantos elfos (en su gran mayoría) y hombres. Entreno a los primeros aspirantes, pagó todos los gastos necesarios para el entrenamiento y la construcción de armas y armaduras. Antes de marchar a la guerra, Caladan gastó todo lo que tenía para invertir en el ejército y dejó a cargo a los hombres de mayor rango para que terminaran de entrenar a los novatos.

Precisamente el mensaje que le llego al elfo, traía la noticia de que el ejército ya estaba preparado para marchar a la guerra. Con tanto entusiasmo, marchó apresuradamente al encuentro de su tropa oculta y llegar a la batalla a tiempo. Pero ignoraba que su camino se desviaría hacia una aventura profunda.

Corriendo por los campos de Aurora, a lo lejos vio venir a un jinete que se acercaba, enseguida se dio cuenta que se trataba de Ilímo.

-Aiya Rey Ilimo –anunció él en el encuentro.

-¡Featarya! –Exclamó Ilimo- al fin te encuentro, te veo muy entusiasmado.

-Así es, al fin el ejercito que me habéis encomendado ya esta preparado para la guerra.

-Si, ya me he enterado. El ejercito esta listo, pero su líder todavía no –miró desconcertado a Ilímo, éste continuó- tu camino todavía es confuso, si tú no sabes a dónde dirigirlos, entonces no puedo dejarte el ejercito a cargo. Sinceramente me has impresionado, tu intuición resulto ser mas perfecta de lo que imaginaba, por eso se que encontrarás el camino a tiempo para dirigir al ejercito a la guerra. Tendrás que buscar algún objeto que te de la respuesta.

-¿Pero a dónde voy? ¿Dónde encontraré aquel objeto?

-Eso no lo se, solo puedo decirte que no se encuentra en Arador. –Ilimo dio media vuelta y se despidió al galope diciendo- Cuando Varda creó las estrellas uso su instinto para ubicarlas, tú, Caladan, deberías hacer lo mismo.

Aquello lo desanimó mucho, estaba tan emocionado con la nueva noticia, que la conversación le cayó como una roca al pecho. Sin titubear se alejo de esas tierras, sabía que no encontraría nada que le ayudará. Con todas sus ansias recorrió muchas tierras casi a la misma velocidad del galope de un caballo. Ya entrada la noche, desanimado y angustiado, Featarya contempló las estrellas para animarse un poco, cuando en su cabeza resonó la voz de Ilimo diciendo “Cuando Varda creó las estrellas uso su instinto para ubicarlas, tú Caladan, deberías hacer lo mismo”, en ese momento entendió que se trataba de un acertijo, atentamente vio las estrellas y descubrió que le señalaban un camino. Con todo el regocijo de su corazón, Caladan marchó hacia aquella dirección sin pensarlo.

Pasada la noche, Featarya comprendió que se había metido en un desierto, sin embargo él prosiguió. El sol era ardiente, cansando cada vez más al viajero. Al entrar la noche, Caladan decidió por fin descansar, un viento helado se había levantado; envuelto en su capa se arrojó al suelo, durmió un par de horas, pero un sueño profundo era imposible. Aquella ventisca continúo durante el resto del día. Con una marcha forzosa Featarya perdía energías, el cansancio carcomía sus piernas. Decidió enfrenar el agotamiento al estilo elfico: cantando, pero este canto no fue dulce y suave como acostumbraban los de su raza, sino que fue un canto fuerte y duro, que lo motivó a seguir con más fuerzas sin rendirse.

Todos se fueron de acá

Pero yo me estoy llegando,

No me importa el que dirán,

Solo lo que estoy sintiendo.

Siento vivo el corazón

Resistiendo a campo abierto

La tormenta más feroz

Y el embate de los vientos

No he de negar

Que no la estoy pasando bien últimamente

Pero yo no siento miedo,

Quiero aprender

A estar con la nada frente a frente

Para vencer.

Gritó una y otra vez estas estrofas, hasta que cayó una noche nublada, se refugio como pudo del viento, sin darse cuenta, se quedo dormido.

Al salir el sol, el canto de una aves lo despertaron, se levantó aturdido. Se sentó unos segundos mientras los recuerdos se iban acomodando poco a poco en su cabeza, luego recordó todo, se dio cuenta que no tenia ni agua ni comida, cerró los ojos, hasta que creyó oír…sí, escuchó una corriente de agua, avanzó rápido, hasta encontrarse a la orilla de un río, observó que se dirigía a un pequeño bosque, corrió hasta los primeros árboles y una vez ahí, bebió y se baño un buen tiempo, descanso y curo sus heridas.

Ya era medio día, ya recobradas sus fuerzas, siguió por un sendero al costado del río, que se adentraba al bosque, sentía en aquel lugar una sensación que desde hacía mucho no sentía.

Por primera vez su paso era lento y pausado, respiraba profundamente el aire, y miraba atentamente todo a su alrededor. Camino hipnotizado todo el día, descansó en la noche sentado debajo de un árbol, aquel lugar era hermoso aún en la oscuridad. Comenzó a meditar en tantas cosas, hasta que se sobresalto al escuchar el quiebre de una rama, alcanzó a ver, entre los árboles una figura que caminaba, su corazón comenzó a latir rápidamente, corrió detrás de aquella figura, era femenina, llevaba un vestido claro… la perdió entre las ramas. .¿Quién era? ¿Estará al asecho? ¿Acaso no debo seguir por el sendero?,sea lo que sea no saldré del camino, él sentía cada vez mas intriga y satisfacción al adentrarse al bosque. Ni bien salió el sol, Featarya se puso en marcha. Desde hacia mucho que nadie entraba al corazón de ese bosque. Las ramas y arbustos que estorbaban el paso del sendero, se corrían suavemente para dejar pasar al viajero sin molestias. Al fin Featarya se encontró con una pared de arbustos, estaba claro que no debía avanzar por ahí, sin embargo el sendero se desvió alejándose del arroyo, con mucha calma, siguió el sendero hasta que al fin pudo ver a lo lejos una pequeña cabaña. Al acercarse se encontró con un anciano, cosechando frutas en la tierra, tenía un aspecto elfico, con orejas puntiagudas y de una altura considerable, pero lo extraño era que tenía la cabellera y la barba largas y canosas, arrugas que mostraban una edad incalculable y unos ojos negros y profundos, demostrando una enorme ternura y amor.

Sin sorprenderse, el anciano levantó la mirada y le ofreció uno de los frutos que estaba cosechando. Featarya no pudo negarse y acepto muy agradecido, jamás había probado un fruto tan delicioso, ni tan grande.

-¡Que delicia! –Exclamó Caladan- ¿Cómo hace para que crezcan tan grandes?

-Pues –dijo el anciano con tanta dulzura como la fruta que le había ofrecido- desde el momento que plante esta planta le di mi amor y por eso sus frutos son excepcionales, pasa con todas las plantas y árboles que plante. Ahora tú dime, ¿Quién eres?

-Soy Featarya, lamento haber entrado a su bosque sin su consentimiento.

-¿Mi bosque?

-Si, ¿Qué acaso no es suyo?

-Pues no, este bosque se pertenece a si mismo, si algún día me muero, o me marcho, no podré llevarme al bosque conmigo, porque no me pertenece, solo se pertenece a él, o a la Tierra Media, o quizás, nos pertenezca a todos, porque todo aquel que quiera entrar puede hacerlo, los árboles, el aire y el agua, no se lo impiden.

-Pero usted lo habita, mientras permanezca aquí es suyo. En todos los lugares es así, cada señor maneja su territorio y lucha por defenderlo.

-Joven –el anciano suspiró - solo la naturaleza puede decir dónde sí y dónde no podamos permanecer. Los peces viven en el agua, nosotros en la tierra, esa es una ley que debemos respetar, simplemente por instinto, si no es así, intenta vivir en el océano a ver cuánto duras.

-Lamentablemente, la tierra no es gratis.

-Claro que lo es. El creer que las fronteras existen, no es nada más que un impedimento mental. Yo no puedo impedirte que pises éste suelo o que respires éste aire, es ilógico. A ver dime, ¿de qué te sirve controlar kilómetros y kilómetros de tierras, cuando solamente estás ocupando un trono. ¿Por qué matarse unos a otros por una tierra que le pertenece a TODOS?

-Pero si alguien viene a invadir este bosque, ¿usted no va a defenderlo?

-Yo defiendo mi vida y la de los árboles que me necesitan, pero no puedo reclamar algo que no es mió, ni negarles a otros algo que les pertenece. La idea de controlar una zona que mentalmente le pertenece a uno, proviene de una mente sombría, no quiero decir con esto, que todos los señores de tierras sean malvados, pero el deseo de gobernar proviene desde el inicio de Arda, de alguien llamado Melkor, de ahí, el tener un territorio propio y de nadie más, surgió como una necesidad, pero como yo sé que no lo es, no digo que este es mi bosque, mi cabaña, mis plantas, porque si así lo fuera, yo decidiría cuando mueren o cuando no, pero no lo puedo decidir, porque son sus vidas y yo no soy quien para decidir sus destinos. Desgraciadamente los habitantes de la Tierra Media tardarán en darse cuenta, que es mejor un mundo sin fronteras y todos bajo una misma bandera y en la que el peligro nunca aseche por motivos incivilizados… espero que cuando lo hayan hecho, no sea demasiado tarde. Mejor pasa hijo, hace mucho que no hablo con alguien, me daría gusto que te quedes un tiempo, si es que no estás apurado.

-No, me vendría bien quedarme unos días, hasta que haya encontrado lo que busco. A propósito, ¿Cuál es su nombre?

-¿Mi nombre? –el anciano sonrió- pues ha pasado tanto tiempo desde que no hablo con nadie que ya lo he olvidado, pero puedes llamarme viejo.

Al entrar a la cabaña a Featarya se le ocurrió algo chistoso

- No, mejor lo llamaré el Viejo Cabaña –el hombre soltó un carcajada y con una sonrisa, admitió que le gustó la idea.

Pasaron los días, Featarya ayudaba al Viejo Cabaña con sus plantas, aprendió cosas muy sencillas, pero que casi nadie sabía. Una tarde, el elfo se encontraba sentado bajo de un árbol a orillas del arroyo hasta que su soledad fue interrumpida por el anciano.

-¿A qué has venido hijo? ¿Por qué te fuiste de casa?

-Estoy buscando algo.

-¿Qué?

-No lo se.

-Ah, veo que vas bien en tu búsqueda –dijo sonriendo- ¿y piensas encontrarlo aquí?

-Algo me dice que sí.

-¿Estas buscando un objeto?

-Creo que si, algo que me dará respuestas.

-Hijo, no hay nada que pueda darte respuestas, todas ellas están dentro de ti.

-Pero ni siquiera se que preguntas debo hacer.

-¿No lo sabes, y porque te has ido como si lo supieras? Quizás la primer respuesta que debas encontrar es que dudas tienes.

-Pues, un amigo me dijo, que yo no puedo dirigir un ejército, sí no se adonde ir.

-Pues ahí lo tienes, ¿a dónde debes ir?, esa es tu segunda respuesta por encontrar.

-A donde puedo ir no tengo muchas opciones.

-Si no tienes muchas opciones quizás sea más fácil decidir. Antes que nada, ¿de dónde vienes?

-Del oeste, más allá del mar.

-¿Y a qué has venido a la Tierra Media?

-Tal vez, porque lo sentía.

-¿Qué has hecho al llegar?

-Pues muchas cosas, he luchado en batallas.

-¡Vamos!, cualquiera ha luchado, ¿Qué cosas has hecho que te hicieron único?.

-Bueno, he ayudado a muchos, después de la caída de Beleriand reuní a muchos hombres de diferentes razas y aprendieron a convivir todos juntos, siempre actúo diferente a los demás y trató de mostrar las actitudes que tienen en las Tierras Imperecederas.

-Ahí lo tienes

-¿Tengo qué?

-Hijo, lo tienes más que claro –lo miró extrañado, él se levantó- sígueme.

Lo llevó hacia atrás de la cabaña, entraron a un claro detrás de unos arbustos, encontraron un ramo de una bellísima flor blanca que emitía una luz dorada en donde la alcanzaba un rayo de sol y una luz plateada con la luz de la luna y las estrellas.

-¿Me imagino qué sabes que flor es? –preguntó el anciano.

-Sí, es Andaluz, suelen crecer en Lorien, pero, estas flores solo crecen en Valinor.

-Así es, he venido de Valinor con la gracia de los Valar para poder convertir un poco de esta tierra en las tierras sagradas del oeste. Por supuesto jamás se compararían a la grandeza de los Ainur, pero sí lo suficiente como para que pueda crecer esta flor como muchas cosas mas que antes eran imposibles, es por eso que a ti te llamaba la atención, porque te resultaba familiar… ahora lo sabes. Tú también has traído algo de Valinor.

-¿Qué?

-Acabas de decírmelo.

-No lo recuerdo.

-Bueno, siendo así, yo no puedo decírtelo todo, como dije no soy quien para marcar tu destino, tú debes darte cuenta solo. Debes meditarlo, así sabrás a donde debes dirigirte.

Aquella noche, detrás de la cabaña, Featarya reflexionó el asunto, hasta que una sombra paso entre los árboles y entró al claro. Caladan la siguió y vio la figura de una doncella encapuchada acariciando a Andaluz, que brillaba como plata a la luz de la luna, al igual que la doncella. La mujer se enderezo, volteó y hecho la capucha hacia atrás.

Era una hermosa elfa, de cabellos rubios que le llegaba hasta los talones. Los ojos de Featarya se llenaron de lágrimas al verla, su corazón palpitó como nunca, jamás había sentido algo tan fuerte.

-Al fin te encontré –dijo él.

-Si, eso parece –contestó con dulce voz - pero no es lo que has venido a buscar.

-No, pero todavía no se que he venido hacer aquí.

-¿Y qué has hecho hasta ahora?

-Como lo dije antes, a hacer que las personas actúen como se actúa en Valinor.

-¿Eso te resultó tan difícil descubrir?

-No sé cómo no lo vi antes, era tan sencillo –Featarya se disgusto, al no ver algo que tuvo siempre delante de sus narices.

-Ahora entiendes, has venido a traer el espíritu de Valinor a los habitantes de ésta tierra, claro no todos lo aceptarán, pero aquellos que lo hagan, te seguirán hacia la verdadera libertad.

-Te eche mucho de menos, hace mucho que no nos vemos, que no estamos juntos.

-Sí, hace mucho que no me ves, pero siempre estuve a tu lado. Respirando en tus pulmones, latiendo en tu pecho, habitando en tu espíritu.

-¿Y por qué no te vi antes?

-Porque no estabas preparado, ahora lo estas, por eso, aprovecha éste momento.

-¿No estaremos más juntos?

-Si, siempre voy a estar cuidando tus espaldas ¿no has escuchado?-él negó con la cabeza. Pero así fue, muchos han jurado ver a una doncella vestida de blanco en las espaldas de Featarya.

-¿cuándo nos volveremos a ver?

-Cuando mueras, o cuando tu cuerpo evolucione mas allá del plano físico y te encuentres en un plano mas elevado, ahí nos volveremos a encontrar –la luz que emitía la doncella comenzaba a desvanecerse, se acercó a Featarya- ¡Te amo!

Lo beso, se levanto una suave brisa y la doncella desapareció.

-Namarië –contestó con una lágrima en su mejilla.

A la mañana siguiente Featarya fue a despedirse de su compañero.

-¿Ya te vas? –Preguntó el anciano, Caladan asintió con la cabeza- Antes de irte, puedes ayudarme en algo, solo te tomara hasta el medio día.

-No tengo tiempo, debo volver por una tierra hostil, no cuento con mucho tiempo.

-Un viejo sabio siempre oculta cosas, si tú me ayudas, yo podría brindarte una ayuda que te beneficiará mucho.

Featarya acepto el trato, estuvieron construyendo algo con maderas, antes de terminar el elfo se dio cuento de que se trataba: Era un bote.

El viejo lo llevo por el arroyo al otro lado del bosque, a los costados solo había flores, plantas y árboles, era sin duda una belleza. El viejo se detuvo al pie de una montaña, después le indico el camino que lo llevaría a Arador.

-¿Y qué piensas hacer?

-Pienso ir a buscar a mi ejército, ayudar a mis amigos en la guerra. Una vez terminada, pienso irme a un lugar dónde quién quiera seguirme puede hacerlo… formar un reino de suma libertad en la que nadie es mayor que nadie y el mundo sea de todos.

-Estoy seguro que lo harás bien, por algo te eligieron, Caladan.

El anciano se despidió con una sonrisa, el elfo la devolvió e hizo una reverencia, comprendiendo que el viejo cabañas lo esperaba desde hacia mucho, dio media vuelta y partió a toda velocidad, hacia su destino.

[Editado por Elenmir el 16-04-2007 03:20]

Uzbad Kibil

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