La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 3

Árador, Tierras de la Aurora

Finalizada · 19-03-2006

Batalla 87 - C4 Harad Draugliante Vs C3 Heren Fanyarea

2007:04:23:22:40:19

Uzbad Kibil

Fin Guerra: Heren Fanyarëa se retira del Combate

Armadas perdidas por "Harad-Draugliante" = 22

Armadas perdidas por "Heren Fanyarëa" = 40

Victoria para Harad Draugliante

Orodril

La flota de la vieja Helkelen Lara tomó al fin tierra en el puerto libre de Lingwilóce. En sus mástiles ya no ondeaba la honorable bandera que durante tantos años había sido el emblema de su pueblo, sino la misma que ondeaba en el pequeño velero de la vieja Liantari Dimbar que los acompañaba. La bandera de Draugliante saludaba la mañana agitando sus hebras en la delicada brisa, repleta como estaba del aroma de agua y sal.

Poco a poco los diferentes viajeros fueron tomando tierra cargando con ellos la carga que consigo traían. Lingwilóce era un puerto tranquilo, pescador y mercante, pero no todos los que allí los aguardaban eran de dicha clase. Altiva, de brazos cruzados, Luiniel contemplaba vigilante la llegada de los viajeros.

Pronto la noldo encontró entre los recién llegados a sus compatriotas, si aquel término servía de algo ahora. Tras el cruce de miradas, Luiniel pudo ver como Orodril daba un par de instrucciones a su hijo, y marchaba en su dirección solo, mientras Daedril se adentraba entre la multitud con, a bien seguro, un par de ordenes dentro de la mollera.

-Que inesperada sorpresa. No tenía noticias que nos recibiríais a nuestra llegada. ¿Tan malas son las nuevas que me traes?-

Un “para que me las traigas tu” sobrevoló silencioso en el aire. El tiempo juntos dentro de las mismas fronteras había acercado, quizás un poco a la fuerza, a ambos elfos, pero la vieja rivalidad entre el viejo perro y el joven por el roído hueso de poder seguía estando latente, como así lo estaba el escaso amor entre camkiris y noldos*, aunque de esto seguramente la elfa no tuviera noticia.

La noldo rechazó responder a la habitual provocación del elfo y limitó a su cometido, mientras Orodril tomaba apoyo sobre uno de los postes de la entrada al puerto. -No malas, más bien diría yo, preocupantes. Las tropas de Realengo se agrupan entre los pasos al norte de Cirith Illurë, he mandado refuerzos a la capital pero si son o no suficientes lo dudo. El otro aspecto preocupante es que los hombres que mande a favor de la protección de Astan Neuma fueron relevados de la defensa de Gathol Kheled y una lucha no menor pronto brotará de nuevo junto a sus puertas. Los fanyareses no cejan en su empeño de tomarla, por tantas veces que han sido rechazados con más o menos fortuna. Temo que la suerte de Iaur Abad le siga al resto de las ciudades de nuestros reinos, y en el próximo mañana no quede ya piedra sobre piedra.-

-No son días buenos para nosotros cierto es, y no creo que lo sean de aquí en breve. Pero en este tiempo creo que hemos demostrado que sabemos luchar, y aunque nuestros enemigos más crezcan y unan demostraremos que por mucho que se nos mengue en número, por mucho que nuestros hombres luchen en desventaja numérica y al borde de la extenuación, no daremos tan fácilmente cada palmo de tierra. No veo mal en tus decisiones, Astan Neuma habrá de resistir con las fuerzas que tengan, lo poco que viene conmigo no tendrá tiempo suficiente para llegar. Lo mejor será que nos dirijamos a Gathol Kheled y guardemos como podamos sus puertas de esos fanyareses.- Orodril volvió la mirada hacia la multitud y con un además llamó a su hijo que al percatarse se acercó con rapidez –Lleva a algunos de nuestros huéspedes a través de Imbisirei, reúne allí a tantos hombres puedas de Orniâth y Tyelando, dirigente luego a casa, puede que tu llegada sea de utilidad para los que allí la defienden.- Daedril asintió las palabras de su padre, y marchó con premura a cumplir sus ordenes. –Nosotros marcharemos a Gathol Kheled a través de los estrechos túneles de la cara norte, confiemos en llegar a tiempo.-

Unos pasos acompañados por el toque en los tablones del suelo de un robusto cayado cortó el final de la conversación, tras ellos la figura de un hombre ciego, Apacen Senescal de la nueva Formen-Draugliante, acompañado por su fiel loba los contemplaba con serenidad y cierta molestia -Mandas a mis hombres nada más pisar tus tierras, no tengo nada en contra de que marchen hacia la defensa de vuestra capital pero preferiría que me tuvierais en cuenta en vuestros planes en un futuro.-

-Siento tomarme tales libertades, y tan pronto. Pero los hechos así lo requieren. Espero por otra parte que no me neguéis vuestra compañía y el del resto de tus hombres a la reino enano de Sigingunudûn, bajo la montaña. Nuestra tarea es más apremiante ante sus puertas.-

Tomada a bien tal petición, se despidieron en el puerto los que hasta ese entonces habían sido compañeros de viaje. La noche llego para el grupo comandado por Orodril, Apacen y Luiniel cuando estos alcanzaron la cara norte de Orod Nid. A partir de allí el manto de estrellas fue intercambiado por el techo pedregoso de la montaña. La travesía sería aún larga.

[…]

En las más profundas entrañas de la montaña de hielo, en una de las alejadas salas que usan los maestros enanos para forjar las grandes armas, armaduras que le han dado tanto renombre a la cuidad de Gathol Kheled, una figura que definitivamente no es un enano trabaja arduamente con el martillo.

Tilmarion martilleaba con el torso perlado por gotas de sudor su bella espada. Sus pensamientos se pedían más allá de las replicar del metal en los recuerdos de un pasado de alegrías y tristezas. Al ver a Náredhel, pariente de él, una vanyar, todos los recuerdos de su estancia en Valinor volvían a estar más presentes que nunca en su cabeza. “¿Porque deje el Ejercito de los Valar?, que hacia ahí tan lejos de casa….casa ¿algún día podré llamarle a un lugar casa? Valinor no lo era, Cuivienen ya esta perdida y las cosas han cambiado. Espero encontrar ese lugar algún día.”

Tilmarion alza por la empuñadura a ibri pathân, hoja plateada en el lengua de los Valar. “Nunca pensé que te usaría en contra de un pariente, siempre odie a los Noldor por haber matado a sus propios hermanos, y ahora quizás tenga que hacer yo lo mismo… No, debe haber otras formas, otros medios.”

La hoja resplandecía con una llama súbita, como cuando fue forjada en las estancias de Aüle, y una escritura que Tilmarion ya había olvidado se podía leer claramente sobre su filo.

”Vardo tellumar, yassen tintilar i elena."

(Las bóvedas de Varda., donde las estrellas tiemblan.)

Junto a los enormes portones de la ciudad se encontraba levantado el campamento militar de la ahora Harad-Draugliante. Era hogar para los extranjeros hombres de orientes y los orcos, a los cuales los señores enanos soportaban más que cobijaban bajo su mismo techo helado. En su centro, junto al campamento, se encontraba la mayor de la de todas. Ohtaránë discutía junto al resto de los lugartenientes de la compañía de Harad-Morloth los planes de guerra.

Boldor un enano de edad realmente avanzada, aun para las cuentas de ellos con casi seiscientos años a sus espaldas, pero con aún las fuerzas necesarias para defender el hogar de sus antepasados habló entonces -Ataquémosles en las puerta de la cuidad, no hay desesperación entre aquellos que saben que pueden ver su patria arder, no hay codicia y valor en aquellos que ven cerradas las puertas de la victoria y las riquezas. A estas alturas vence más la mente que la fuerza ya gastada.-

Un dedo se posó sobre el mapa junto al del ancestral enano.-Sin embargo, situaremos trincheras a ambos lados del túnel, y lo resguardaremos con nuestros arqueros y piqueros. El resto de nuestros hombres avanzarán por el centro en formación cerrado, cada escudo será el escudo del otro, sin abertura posible entre ellos para el enemigo. Que la estrechez y desconocimiento que nuestros enemigos tienen de nuestros túneles sea nuestra mejor baza.-

Los ojos se giraron ante el poseedor de dichas palabras. Orodril se alzaba ante ellos, y a su lado Luiniel acompañando de un hombre alto y ciego. Todos saludaron con reverencia a ambos tres, más cuando se enteraron que el hombre ciego era Apace, Senescal de lo que hasta entonces había sido Helkelen Lara. Y tras cambiar noticias y apurar los últimos detalles de la batalla, se pusieron en marcha.

[…]

Pasaron un par de horas antes de que las tropas fanyaresas hicieran acto de presencia. Todo cuanto lo planeando estaba apunto, solo los recién llegados y una porción de enanos aguardaban tras los portones de la ciudad al mando de Apacen y Luiniel en caso de que fuera necesaria una última defensa.

Los cuernos sonaron, las flechas silbaron sobre el escueto cielo del túnel enano y escudos y armas chocaron. Ni un paso atrás, ni una vacilación, las tropas del lobo y la araña avanzaban sin vacilación, caminado sobre sus enemigos, caminando sobre sus amigos caídos.

-Polsérë Mellon-

Como tiempo atrás las palabras del elfo camkiri hizo brotar sombras a su alrededor, marcando aún más su pálido rostro, marcando aun más sus brillantes y verdes ojos. El martillo de Lombeleg, cortesía de Gimbur, marchaba de nuevo de las manos del elfo quien se había apoderado de él hacia un tiempo y lo había guardado en Gathol Kheled para que una nueva vez el brazo poderoso de Heren, cayera sobre el mismo Heren.

Pocos se mantenían en pies al paso del martillo, pero la fuerza que las palabras del elfo le daban eran a su vez punto flaco, pues hacia al elfo avanzar con temeridad, necio e insensato. Solo lo inevitable hizo romper el mar de locura descerebrada.

Ohtaránë siempre al lado del elfo había recibido por el varias flechas, y su cuerpo ensartado por ni saber del número de ellas, caía junto al élfo que lo observaba atónito, vuelto a la cordura como de nuevo estaba. Ciertamente no tenía más deber con el que el de un compañero, pero un deuda de vida, era una deuda. Abandonando a los suyos en la lucha tomo a Ohtaránë de los brazos y comenzó a llevarlo a la retaguardia como buenamente pudo. Sin embargo la formación a espaldas suyas era firme y poco hueco y rapidez encontraba para desplazarse. Descubriendo entre los suyos los dorados cabellos del vanyar lo hizo llamar a viva voz: - Ayúdame a llevarlo atrás –

Sin embargo las palabras no eran necesarias, pues Tilmarion ya se encontraba apremiante a su lado tomando el cuerpo conjuntamente con Orodril. Y ambos llevaron a Ohtaráne tras las filas amigas, lejos del acero fanyares.

-Su protección ahora me corresponde. Comanda tú ahora a nuestros hombres, un deber mayor me requiere a mi.- Las palabras de Orodril eran huecas, pero Tilmarion no osó rebatirlas.

Tilmarion observó como Orodril carga a Ohtaráne en brazos y lo lleva rápidamente a la cuidad, Tilmarion espera poder volverlos a ver pero ahora sus hombres lo necesitan que él este ahí.

En las puertas de la cuidad, una figura se acercan bajo las nubes que ocultan el sol y lejos del ruido de la Batalla una llevando a otra en brazos. Ambas figuras se pierden dentro de las sombras de la muralla.

En el campo de batalla, las tropas de Heren se retiran. Tilmarion ordena rápidamente que se ocupen de los heridos, y que le den una gloriosa despedida a los muertos Liantari y ordena de manera especial los hombres que se encarguen de manera respetuosa de los caídos de Heren, dice “No Somos salvajes” recordando las noticias de una batalla y la suerte de los caídos de Liantari por parte de las tropas de Realengo.

-Una historia de Tyrael y Thauld-

[Editado por Thauld el 17-04-2007 00:26]

Wëthan Bohr

- ¡Capitana!-la voz resonó en la caverna hecha de hielo. El eco le llegó a la semielfa desde bastante distancia.

-¿Quieres morir, soldado?-le espetó la joven capitana al soldado que se aproximaba a la carrera.-Deja de gritar, ¡por Eru! Deben de haberte escuchado hasta en la mismísima ciudad.

- Lo…lo siento, capitana. Es que me mandan con urgencia a decirle que se reúna con la Señora Naredhel y el Capitán Wethän Bohr. Han llegado noticias, una flota de la facción exLiantari de la sociedad Draugliante ha atracado en los muelles de Lingwilóce, se dirigen hacia aquí…

- Vale, está bien, enseguida me reuniré con ellos.- Se dispuso a recoger las cosas que tenía dispersas por el suelo. Hacía unas semanas había llegado a sus manos una carta firmada por Roleus Lámbar…su padre, una carta de despedida. Cuando el soldado llegó a informarle de las malas nuevas se encontraba leyéndola por enésima vez.

El soldado se quedó observándola unos instantes. Niëlúne lo percibió, y sin ocultar su irritación le dijo:

- Necesito unos minutos, enseguida voy, ya puedes retirarte.

El soldado asintió, y con la misma prisa con que había llegado se marchó.

La semielfa caminó por un estrecho túnel siempre intentando no tocar las paredes, aquella fría estructura le helaba el ánimo, no veía el momento de salir de allí. El conglomerado de túneles convergían en varias cavernas de considerable tamaño, allí estaban apostadas las fuerzas fanyareanas. En la más amplia de todas se encontraba la tienda de la Reina, allí la esperaban para discutir el asunto.

Se acercó a la tienda y dos soldados montaban guardia en el exterior. Al verla le abrieron paso, alzando uno de ellos la mano para abrir la lona que hacía las veces de puerta de la tienda. Al entrar sintió el calor del hogar, un tenue resplandor le indicó que un pequeño fuego calentaba la estancia. Anariel y Bohr se encontraban sentados uno frente al otro en el escritorio de la regente; no se percataron de la presencia de la semielfa hasta que la tuvieron a escasos centímetros enfrascados en una animada discusión.

- Ah, ya estás aquí-dijo Naredhel-¿Te han dicho lo que sucede?-

La semielfa asintió.

- Veo que tus temores se hacen realidad Anariel, nos encerrarán sin darnos oportunidad si quiera para reaccionar.-

La Regente se quedó pensativa unos segundos, su mirada mostraba la preocupación que la asfixiaba. Era increíble ver cómo, aún sabiendo que en un corto espacio de tiempo sería reemplazada por el verdadero heredero de Vilwë, seguía tan comprometida con el pueblo.

- Los mensajeros nos han informado que las tropas de Harad-Draugliante se dirigen a los túneles más al norte. Con un poco de suerte llegarán a las puertas de la ciudad sin necesidad de sufrir un encontronazo.-

Bohr seguía sentado a diferencia de Anariel que se había levantado para recibir a la semielfa. Niëlúne lo observó de reojo, aún seguía herido, podían verse claramente las vendas en las piernas, pero eso no impediría al joven participar en la lucha; como bien sabía Niëlúne, Wëthan Bohr, Príncipe de los Varna Rámar, no era nada si no podía ayudar a los suyos, si no podía protegerlos…

- Bien -contestó la semielfa sin quitarle ojo al humano - estaremos preparados para el asalto.- Diciendo esto se despidió con una inclinación de cabeza y salió al exterior.

[…]

Las flechas silbaron en el abotargado ambiente de la extensa caverna. Miles de saetas surcaron los techos tanto en una dirección como en otra. Decenas de hombres cayeron abatidos en ambos bandos atravesados por los mortíferos dardos.

Niëlúne, con ambas dagas en las manos atravesó a varios orcos que se le interpusieron. Aquellas infernales criaturas… las detestaba, ningún ser creado con tanta malignidad podía traer nada bueno. Fue salpicada por la sangre de aquellas inmundas criaturas, impregnando su olfato con aquella pestilencia que desprendían.

En el otro extremo del campo de batalla, un elfo imponente de cabellos negros blandía un gran martillo. Niëlúne lo reconoció al instante, se trataba de Lombeleg, que anteriormente había pertenecido al enano Gimbur. La semielfa enloqueció de ira, y enfundando las dagas extrajo el arco colocándole acto seguido una flecha que disparó al instante contra el cuerpo del elfo. Falló el disparo, pero lo volvió a intentar, errando también la diana. Un orco se aproximó por la espalda dándole un golpe entre los omóplatos que la hizo tambalearse. Dio media vuelta para encarar a la nauseabunda criatura. Desenfundó ambas dagas al tiempo que dejaba caer el arco a su lado. El orco se abalanzó sobre la joven pero ésta lo esquivó con presteza. Un brillo refulgió sobre la cabeza del orco para luego desaparecer dentro. Extrajo la hoja manchada de sangre de entre los sesos de aquel ser.

A escasos metros se encontraba Bohr, la situación era complicada herido como estaba, hizo ademán de correr en su ayuda pero entonces Anariel apareció con varios hombres apoyándole. Bohr dejó caer al suelo el cuerpo del enano contra el que había luchado. Su mirada se dirigió hacia la semielfa, que le hacía señas hacia un lado para que observara algo. El humano desvió su mirada donde la joven le indicaba y entonces comprendió lo que NIëlúne intentaba decirle: el elfo camkari, Orodril, golpeaba enloquecido a diestro y siniestro con el martillo de Gimbur. Rápido buscó a uno de los arqueros para que disparara contra el elfo.

Niëlúne recogió el arco y se unió al arquero fanyareano en el intento de abatir al oponente, pero desgraciadamente, en el fragor de la batalla la mayor parte de las flechas habían ido a parar al elfo Ohtaránë dejándolo mal herido. Orodril pareció despertar entonces del estado histérico en que se encontraba, dándose cuenta de la mala situación de su compatriota.

Recogiéndolo del suelo abandonó la batalla, cruzando las puertas de la ciudad no sin un millar de flechas que surcaban el aire en el vano intento de acabar con él.

- ¡Retirada!-gritó entonces Anariel- replegaos rápido, ¡salgamos de aquí!-. Su voz resonó imponente por encima del entrechocar de las espadas.

Así terminó la contienda, con numerables bajas en ambos bandos, pero con una clara ventaja para el enemigo, al que se le veía recoger a sus muertos ante la gran puerta que guardaba la ciudad de Gathol-Kheled, una ciudad que, durante demasiado tiempo, se había resistido a la Orden de los Cielos.

Uzbad Kibil

Resumen de la batalla.

Heren Fanyarea ha perdido 40 armadas x35= 1400 puntos.

Recuperables: 1050 puntos al hacer uso de un poder especial

Valoraciones: 7.8+7.6+7.3= 7.6.

Recupera: 798 puntos. Los líderes de la Compañía pierden un 40% de vida por lo que recuperan 140 puntos. Total recuperación: 938 puntos

Pierde: 462 puntos

Harad-Draugliante ha perdido 22 armadas x35= 770 puntos.

Recuperables: 770 puntos al hacer uso de su poder especial.

Valoraciones: 6.0+6.8+7.0= 6.6

Recupera: 508 puntos. Los líderes de la Compañía pierden un 80% de vida por lo que recuperan 280 puntos. Total recuperación 770 puntos

No pierde puntos.

Heren Fanyarea entrega 100 monedas a Harad-Draugliante por el abandono de la batalla.

Harad-Draugliante percibe 600 monedas por la victoria de la batalla

Compañías actualizadas y listas