Uzbad Kibil
Siento haberte dejado sola tanto tiempo – se excusó el elfo al entrar al recinto-. Pero tú necesitabas llegar aquí enseguida y mis viejas piernas no podían seguir el ritmo. Sí, ya sé que Thoronaina se ofreció a traerme, pero créeme, ahora más que nunca desconfío de mi sentido del equilibrio. Te conozco, sé que no estás enfadada por la espera... tú me conoces mejor que nadie y estás al tanto de mis limitaciones.
Realmente nunca pensé que llegaría hasta aquí, incluso antes de renunciar a mi don por los tuyos creía que mi encuentro con Mandos se realizaría pronto... pero ya ves, el viejo ainu tendrá que conformarse con verme de pasada.
Espero que todo esto te guste... Ithilien, aún recuerdo aquel viaje que hicimos hasta aquí antes de que nacieran los gemelos, me dijiste que era lo más parecido a tu hogar antes de que lo arrasara Eärgûl, por eso estamos ahora aquí. Vanwendor se está convirtiendo en una tierra abandonada e inhóspita y nos pareció bien a todos el que los pequeños se criaran aquí, no son las verdes praderas y los frescos bosques del lejano este pero en parte esta tierra también es la de sus antepasados.
Los más pequeños se han tomado bien el cambio, me han dicho que han conseguido unas casas en una pequeña aldea al sudeste de Osgiliath, por suerte ya no está Sauron y esta orilla del Anduin es un remanso de paz, me han dicho que incluso es posible que vengan elfos del Bosque Negro, perdón, del Bosque de las Hojas Verdes. A ver si recuerdo preguntárselo a los Reyes.
Lo sé, lo sé. No debería aprovecharme de mi posición, soy pariente de Aragorn y Arwen pero no ayudé en la Guerra del Anillo... pero debo recordarte que ambos estábamos muy ocupados en aquella época y no sólo concibiendo a los gemelos. De no ser por nosotros aquel maia habría engullido el Monte del Destino... y sin el Sammath Naur a ver qué hobbit hubiera sido capaz de destruir el Anillo. Ay, intentaré acallar mi prepotencia cuando esté en Minas Tirith... aunque es lo único que conservo de mis tiempos jóvenes, ya sabes, aquellos en los que cortejabas a un magnífico noldo... vale, vale, a un noldo un tanto extraño con magníficas capacidades para poner en peligro su vida y las de su alrededor.
Fue una suerte que Eärendil no heredara mi carácter... lo siento por el pobre Aldamir, porque Ancalimë sí que lo heredó. Nunca conocí mellizos más diferentes. Aquellos tiempos eran tiempos hermosos en Vanwendor, pero la paz llegó al oeste y la gente tiene una extraña obsesión con vivir lo más al oeste posible... yo nací en el lejano Oeste y tampoco es para tanto. Sí, mucha belleza imperecedera, mucha tierra sin mácula... pero allí vive gente muy estirada, todo el día con sus poesías, sus cantos y sus alabanzas a Manwë.
Ya sé que debería dejar de decir estas cosas para evitar que la gente me mire como un bicho raro, pero ya aparento más de cien años así que puedo comportarme como un viejo algo chocho, a los más pequeños les encanta... los mayores no se creen mi edad, espero que cuando vivan doscientos años se acuerden de mi herencia y por lo menos me den las gracias.
Doscientos años... eso es mucho tiempo... o muy poco, tardé casi seis mil en encontrar mi sitio en este mundo y una vez encontrado todo fue un torbellino de acontecimientos, fíjate lo que ha cambiado mi vida en los últimos cincuenta años... quién me lo iba a decir cuando llegué a esta orilla... es más, quién me lo iba a decir cuando crucé el Eärnar y llegué al Reino Unificado.
Aún recuerdo la primera vez que nos vimos, también es cierto que las experiencias al borde de la muerte son difíciles de olvidar, pero no creo que aquel momento esté en mi memoria por ese motivo.
Es imposible olvidar aquella hermosa estampa, una figura a lomos de un gran águila que se acerca cuando estaba malherido y a punto de abandonar el mundo... y de pronto lo que parece un joven y aguerrido soldado, resulta ser una hermosa y noble dama que al quitarse el yelmo me permite ver sus dulces facciones... cómo olvidar aquel brillo dorado que producía el atardecer en sus negros cabellos... y aquella melodiosa voz.
Entonces llegó la guerra a Vanwendor... pero eso nos unió aún más, imposible resultaba separar a la mejor guerrera del Reino de la línea del frente; y el destino estaba con nosotros, fuimos destinados los dos a Enyelost. Sí... allí fue donde conocimos a esa extraña pareja que era una especie de copia pretenciosa de nosotros dos. Fue una lástima perderlos en la batalla, porque murieron ¿verdad? Un escalofrío me recorre la espalda con solo pensar que puedo encontrármelos al doblar la esquina.
Mas por fin llegaron tiempos mejores, contra todo pronóstico celebramos nuestra boda; si he de ser sincero, en aquella época pensaba a menudo que cualquier día saldrías corriendo, huyendo de mí... bueno, si he de ser realmente sincero, continué pensando que huirías hasta que te llegó la artritis, entonces estuve seguro de que no te irías de mi lado... o al menos no lo suficientemente deprisa como para no poder alcanzarte.
He recorrido Arda de un extremo al otro, como dijo el viejo Olorin he visto cielos donde las estrellas me eran extrañas... pero ninguna estrella ha tenido ni tendrá jamás la belleza de Elamarth, mi estrella, al lado de la cual he contemplado la verdadera belleza de este mundo. A su lado... a tu lado, el más mínimo detalle era el culmen de la perfección.
Creo que como de costumbre la conversación está tomando extraños derroteros y ha sido un viaje muy largo desde Meluvenorë , aún no he podido dormir, es más, ni siquiera sé dónde demonios voy a vivir ahora. Supongo que te harán caso, siempre lo han hecho, así que tendremos una casa como la anterior; un sitio enorme donde podremos vivir todos juntos, un asunto cada vez más complicado dada la gran longevidad de nuestro linaje. Pero bueno, aunque ahora tengamos que utilizar varias viviendas estoy seguro de que algo no cambiará, la última comida y cena de la semana será en la casa de los abuelos... presumo que ahora se encargará de todo Ancalimë, aunque espero por el bien de todos que deje cocinar a Hanna porque heredó mis dotes culinarias la pobre.
¡Oh vamos! ¿A quién intento engañar? De sobra sabes que nada será igual y no sólo porque ahora viviremos en Ithilien. No volveremos a oír el crujir de la vieja mecedora, ni el entrechocar de las agujas de tejer, tampoco te escucharé atravesar el pasillo hasta la biblioteca para decirme que ya es hora de descansar, no volverá el tintineo de los cubiertos y los platos mientras preparas el desayuno, no podremos pasear por la orilla del bosque al atardecer ni volver a merendar en mitad de la pradera. Cuando regrese a casa no escucharé tu voz llamándome ni sentiré el olor de la cena en el fuego. Y en las largas noches de invierno... y en las cálidas noches de verano ya nunca estarás a mi lado. ¡Nada volverá a ser lo mismo! Nadie le contará a la pequeña Níone las historias de su familia de una manera tan vívida que creerá estar atravesando las tierras del este a lomos de una de las grandes águilas. ¿Y qué ocurrirá cuando nazca Amandil? El pobre muchacho no conocerá a su abuela Anarel, nunca conocerá la apariencia de aquella estrella que surgió en mitad del cielo y cambió el destino de muchos haciendo del frío mundo un lugar mejor donde vivir... No, no conocerá aquella luz, ningún niño lo hará y tendrán que crecer en un mundo gris y apagado. El Don de los Hombres es un don amargo y hoy menos que nunca comprendo su función.
¿Por qué tiene el mundo que desprenderse de sus bienes más preciados?
Es absurdo que Arda haya tardado miles de años en producir su mejor fruto y que, en un abrir y cerrar de ojos, ese fruto se agoste y desaparezca del mundo. Has tenido una vida algo más larga que el resto de humanos, pero aún así, eso no ha sido más que un ligero destello en la historia...
Espero que estés en lo correcto y que con ese breve instante haya sido suficiente... un poco de luz puede ser realmente hermosa, pero en exceso arrasa todo lo vivo. Estoy convencido de que nuestros hijos y nietos harán lo posible para que ni tu luz ni la mía sean olvidadas...
Nunca pude imaginar que pudiera sentirme tan solo... aún rodeado de toda nuestra familia siento que me falta la mitad de mi ser, dentro de unos años volveré a estar completo, aunque tenga que abandonar los Círculos del Mundo para conseguirlo, la belleza de Arda no puede compararse con la belleza de tu luz, Anarel Elamarth, la Estrella de mi Destino.
Ahora he de irme, no me atrevo a hacer esperar a esos jóvenes lobos en la mesa, son capaces de comerse nuestros muebles y a mí por llegar tarde a cenar, ya sabes cómo son...
Eärondûr abandonó el recinto y cerró las hermosas puertas, atrás quedó la brillante placa:
Anarel Elamarth y Eärondûr Thorondil, juntos más allá del Tiempo
