La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 3

Árador, Tierras de la Aurora

Finalizada · 19-03-2006

Batalla 92 - C3 Realengo De Farothdin Vs C3 Harad Draugliante - Saqueo Astan Neuma

2007:04:23:22:40:21

Uzbad Kibil

Fin Guerra: Harad-Draugliante se retira del Combate

Armadas perdidas por "Realengo de Farothdin" = 5

Armadas perdidas por "Harad-Draugliante" = 13

Victoria para Realengo

Se produce el saqueo de Astan Neuma

Narquelië

Todos los miembros del Lirio se movían de aquí para allá, un pequeño grupo de elfos seguía las ordenes de Narquelië, montaban una nueva tienda, mas grande y lujosa que las demás. Para ese momento nadie hacia caso de Maikael, el elfo que no hacia mucho había sido castigado por la masacre de Iaur Abad; seguía amarrado a los postes, con la cabeza gacha y el cuerpo cubierto por una espesa costra de sangre, de vez en cuando se le ofrecía un poco de agua. Los que lo hacían, tenían mucho cuidado, pues corrían el riesgo de ser castigados por la doncella cuervo, que había prohibido estrictamente que alguien le ayudara, a no ser que ella lo ordenase. Pronto el caos del Lirio se hizo patente entre los soldados de Arestel y Featarya, éstos viendo lo que sucedía y con la idea de que aquella opulenta carpa era para Quariel, acudieron a ella, tal vez para reclamarle o tal vez para saber qué era lo que pasaba por su corrupta mente. Y mientras avanzaban hablaron de los planes de la regente.

Arestel se veía obligada a partir al norte, a Oron, pues el estado de Thelidor, su marido, empeoraba por momentos. Además también podría controlar el delicado estado de Isilion que había marchado, hacia unas semanas, a la capital del reino. Disolvió su compañía y ofreció a sus hombres la posibilidad de vencer a la III de Liantari, bajo el cargo de Featarya. Éstos, accedieron y prometieron que si la capital de Dimbar caía en sus manos, dedicarían la victoria al general Thelidor.

Interrumpieron su conversación al escuchar los gritos de Narquelië, le faltaba poco por insultar a los elfos, posiblemente era más por molestarles, ya que el trabajo de los quendi no estaba nada mal. La mujer cruzó los brazos y esperó a que terminaran su tarea. En eso llegaron junto a ella los dirigentes de la Rosa, sin más preámbulos, les dijo lo que acontecería dentro de poco.

-Mi querida reina, ha decidido venir-dijo entre lo ironía y la molestia.

-¿A qué viene?- preguntó la regente de malas.

-No lo sé, ayer durante la noche, mandó a su escueta lechuza-contestó ella, poniendo una mano en su cintura y desviando los ojos hacia arriba-Espero que no tenga la idea de venir a dirigir esta compañía, eso no me conviene… ni a ustedes. Hubiera preferido mil veces, que se quedara en el norte, controlando a la bestia.

Featarya miró a sus compañeras, era obvio que a ninguna de las dos les agradaba la llegada de Izilsurias, él se había mantenido callado, no conocía a Izilsurias como aquellas dos mujeres, la verdad, le era indiferente, las cosas con reina o no, seguirían siendo igual.

-Sé que odias a la Reina, Arestel-dijo de pronto la mujer-Nunca debes confiar en alguien del Lirio, aunque sean tus padres.

La regente apretó los puños ¿Qué pretendía la doncella cuervo con aquellas palabras? El recuerdo de la traición de sus padres, que habían sido capaces de anteponer su lealtad al Lirio ante el amor por su propia sangre, al ocultar a Arestel los propósitos que la reina tenía con su hija; hizo que la mujer estallara.

-Maldita seas, Quariel, qué sabrás tú de mi odio.

-Más de lo que crees-le contestó Narquelië con sorna, después cambio el tema drásticamente-Por el bien de los dos, manténganse al margen de la situación…Si ya desprecian la conducta de mi orden, con Izilsurias aquí, esto será peor.

Arestel lanzó una mirada de odio a Quariel. Entonces Featarya actúo rápidamente, sabía a lo que las dos mujeres podían llegar si se las dejaba.

-Vayamos a terminar los últimos preparativos.

[…]

Un cuerno sonó, anunciando la llegada de la reina. Todos los soldados del Lirio, incluso los de la rosa dejaron sus quehaceres, para verla llegar.

Izilsurias venia acompañada de una imponente escolta a caballo, jinetes opulentamente vestidos de negro, con un Lirio bordado en el pecho y con cascos ricamente bañados en plata, por su parte la reina vestía ropas blancas y su cabello estaba adornado profusamente con perlas del mar.

La reina bajó del meara negro y comenzó a caminar entre las carpas del Lirio. Al pasar, los soldados se arrodillaron ante ella, incluso los hombres de Narquelië, sin embargo fue ella la única que no se arrodilló, ni siquiera bajó la mirada, se mantenía orgullosa y altiva. La maia se detuvo frente a Maikael, tomó una daga y cortó los amarres, el elfo cayó inconciente al piso. Con un movimiento de mano, los sanadores lo retiraron de la vista…Siguió avanzando, hasta ponerse a la par de Quariel.

-Siempre tan benevolente, con sus servidores más sucios- dijo la mujer con sarcasmo.

-Al parecer, no has aprendido nada, desde la última de las torturas que sufriste en mi palacio-contestó Izilsurias-¿O acaso quieres probarlas de nuevo?

Pero ella ni siquiera se inmutó, con una mano le indicó que la tienda estaba lista.

-No fue eso por lo que ha venido ¿cierto?- Narquelië le sonrió con malicia.

Las dos avanzaron y para la sorpresa de Quariel, la reina mandó por Featarya. La mujer no dijo nada y esperó a ver que era lo que tramaba la reina con el noldo. Entraron en la carpa y se sentaron en una mesa, al poco rato les trajeron una cena compuesta por frutas queso y vino, no hablaron mucho, no era común si quiera que comieran juntas, pero aquello era una situación especial. Entró Caladan, hizo un saludo breve con la mano en el pecho y esperó, la reina entonces le tendió un pergamino. Al leer de quien provenía, salio rápidamente de la carpa, sin decir ni una palabra. Para Narquelië quedó claro que aquello no le importaba.

-Así que-comenzó a decir- ¿Cómo está el pequeño heredero?

-Lejos de ti y de tus posibles influencias-le contestó la reina-Dudo que el bienestar de él, te importe realmente ¿o me equivoco?

-¿Por qué ha venido?, ¿que no tenía suficiente con la guerra del norte?-preguntó yendo directamente al grano-Puesto que yo también dudo, que le interese estar en campaña conmigo, a la que más detesta de entre todos sus súbditos.

-Espero que tu astucia no haya cambiado, Quariel-dijo la reina ignorando sus palabras-Sabes perfectamente lo que ha pasado en los salones del rey enano, ¿cierto?-ella asintió en silencio-Esta nueva nación, le dará un nuevo giró a la guerra, por que aquellos dos, ha formado un plan magnifico, le han dado un ideal a su pueblo, una nuevo fin por el cual luchar.

-Y sin embargo, mi señora, hay algo que se ha escapado de las garras del elfo camkiri- Narquelië se acercó a ella y le susurró-Illurë ha muerto.

La reina sonrió, sabiendo que aquel deceso podría traerles muchos beneficios, ahora su idea de atacar la capital, se hacia más fuerte. Entonces Izilsurias le habló de sus planes y de la flor que tanto deseaba desde hacia tiempo.

-¿Y eso que me deja a mí?, usted tendrá su flor y yo ¿qué?, no pienso mover ni un dedo, si no me da algo y le recuerdo que por muy reina que sea, éste ejercito es mió y yo mandó sobre él, no usted.

-Insolente-la dama de hielo movió una mano, mientras que Quariel aventó la silla y se hizo hacia atrás.

-La gloria no me sirve, si no recibo el pago-le dijo. La reina supo en ese momento a donde quería llegar-Me prometió de regreso mi cargo en el consejo y el poder absoluto sobre el gremio de los asesinos, si entraba a la guerra y dejaba de influir en la Orden…y hasta ahora no he visto nada.

-No deberías recibir nada después de traicionarme-contestó Izilsurias-Alégrate de que te haya liberado de tales torturas.

-¿Alegrarme?-la mujer rió, burlándose de sus palabras-Me quito casi todo lo que tenia y me alejo de mis asuntos ¿y pretende que me alegre por eso?

La maia bufó, ahí estaba otra vez, discutiendo con Narquelië por las mismas cosas de siempre, así que decidió por las buenas maneras terminar ese asunto de un golpe.

-Aléjate de mi vista, habla con Arestel y Featarya de mis planes. Atacaremos en dos días-pero Quariel no se movió-Tu cargo en el consejo y la devolución de tus privilegios, las tendrás si nos apoderamos de la ciudad.

-¿Qué?, ¿Acaso mis demás victorias no sirven?

-¡He dicho que te vayas!, si no quieres que en este momento te destituya de tu cargo en el ejército.

La mujer escupió en la mesa y con una mano la tiró, furiosa por lo que estaba oyendo, después le sonrió con sorna y salió de la carpa antes de que Izilsurias pudiera tomarla por el brazo.

Exasperada esperó unos minutos más, hasta que la rabia pasará, respiró profundo. Ya más calmada se dirigió a la tienda de Arestel, mas tuvo que desviar su camino, uno de los hombres de la regente le dijo que ella estaba en la tienda de Caladan, hablando sobre quien sabe que cosas. Al llegar entró como perro por su casa y se sentó en la silla para sorpresa de los dirigentes de la rosa, entonces la mujer notó que el elfo estaba arreglando unas cuantas cosas para irse.

-¿Qué haces?

-Por fin. Te estaba esperando-dijo Featarya con una sonrisa- Debo irme, Ilimo me encomendó un encargo.

-¿Qué encargo? -Dijo Arestel un poco decepcionada por tener que quedar sola con las dos señoras del Lirio- ¿Piensas dejarnos?

-Tendremos una batalla en dos días –dijo Narquelie- no puedes irte.

-Son ordenes del Rey –dijo el elfo solemne- no podré acompañarlos en esta batalla, pero estaré para la próxima, y les aseguro no se van a arrepentir-esto despertó una gran intriga en las dos mujeres, el quendi les sonrió- les confío mis hombres a su mando, les dejo mis bendiciones. ¡Mucha suerte! –Featarya hizo una reverencia y salió de su carpa.

Fue a despedirse de la reina y luego marchó apresuradamente hacia el norte.

-Vaya, vaya, parece que todos los de la Rosa tenéis prisa por partir al norte -añadió Quariel burlonamente.

-Será que algo malo hay en el sur - respondió Arestel que salió de la tienda enfilando sus pasos hacia su pabellón, donde Thelidor descansaba. Narquelië fue con ella.

-Informa a tu reina que mañana a primera hora, Thelidor y yo nos marchamos de aquí.

-Yo no soy mensajera de nadie, hazlo tu misma, además, ¿acaso no vais a ser parientes? Tu futura consuegra, nada más y nada menos…

-Basta, Narquelië - enfureció la regente - No hace falta que sigas recordándome las amarguras de mi vida -la mujer se llevo la manos a la cara-Ya sé que la reina me ha quitado todo lo que quería. Primero mis padres, luego Erinel…sólo me queda Thelidor, cuya vida prende de un hilo. Déjanos tranquilos, doncella cuervo, que suficientes pesares tenemos ya.

Arestel entró en su carpa sin dar opción a que la doncella cuervo dijera una sola palabra.

[…]

A la mañana siguiente todo estaba preparado, los cincuenta elfos que conformaban la guardia personal de los regentes esperaban a que sus señores salieran del pabellón.

La mujer estaba terminando de recoger las cosas de su marido, cuando Malek, uno de sus antiguos capitanes irrumpió en la sala.

-Mis señores…

- ¿Que ocurre, capitán?-preguntó Thelidor.

- Ayer nos informaron de que mañana atacaremos la ciudad-el general asintió e indicó con la mano que prosiguiera su exposición - verá, señor, nosotros estamos dispuestos a continuar en estas tierras, y de servir a Farothdin, pero sólo bajo las ordenes de Featarya.

- Que se fue ayer dejando en manos de Narquelië a sus tropas – recordó en voz alta Arestel.

- Entre las que se nos incluye a nosotros, mi señora - se apresuró a añadir.-Nosotros no vamos a ir a esa batalla si no es bajo el mando de un dirigente de la Rosa - anunció.

-Pero Malek…- empezó la regente.

- Capitán, ¿puede dejarnos a solas? -intervino Thelidor.

El subordinado asintió y salió del lugar.

-Nuestra partida se va a ver retrasada. Creo que deberías ir con ellos a la batalla.

-Thelidor, dices sandeces. Estás peor de lo que tú te crees, tenemos que ir a al norte cuanto antes.

-Podré aguantar, qué más da un día más. No podemos fallar a nuestros hombres, Arestel. Ve, gana la batalla y regresa.-el regente tomó el rostro de su mujer - si no lo haces por ellos, hazlo por mí.

-Caro me sale tu sentido del deber, Thelidor.

[…]

No costó a los del Lirio vencer la guardia que los de Liantari habían apostado a las puerta de los túneles que formaban su ciudad. El ejército oscuro, guiado por Izilsurias y Narquelië avanzaba sin descanso a través de las galerías, y a su paso los aguerridos guerreros del matriarcado intentaban evitar a toda costa que la tropa de Farothdin llegase a las escales principales que conducían a la ciudad superior, que estaba siendo atacada desde el exterior por el ejército de la Rosa.

Tomaban un corredor, perdían otro, la batalla se eternizaba. La ventaja numérica inicial de realengo se veía ahora superada por el conocimiento del lugar de sus habitantes.

Izilsurias, a pesar de su aparente fragilidad, profería a diestro y siniestro fuertes estoques a los contrincantes, que caía a su paso formando una alfombra roja a sus pies.

-El tiempo pasa y esto sigue igual- maldijo la reina- ¡Quariel, replega el Batallón Rojo!

La mujer, que luchaba con fiereza cerca de Izlsurias, negó con la cabeza.

-¡Hazlo!, si realmente lo estimas, doncella cuervo.

Narquelië notó en esas palabras que algo tramaba la reina. A una orden sus hombres marcharon a la retaguardia dejando paso a los trolls oscuros de la soberana. Retrocedieron los del Lirio hasta el túnel principal y una vez allí Izilsurias mandó a los trolls, que se dispusieron hombro con hombro, formando una fuerte muralla. A sus espaldas, los soldados de Liantari se esforzaban por derribarlos.

Entonces Izilsurias, gritó unas palabras que sólo los tremendos seres entendieron y en respuesta, los trolls comenzaron a expedir el pestilente gas que se había formado en su interior. Los hombres de Liantari que se encontraban más próximos a las criaturas, cayeron fulminados ante la insalubridad del gas, el resto huyó túneles a dentro.

La reina hizo un aspaviento, y una ráfaga de aire empujó la fétida nube hacia el interior y en un chasquido de los dedos de Izlsurias, el gas se convirtió en una gigantesca serpiente de fuego azul.

- Nos irá abriendo el paso.

- ¿Y el resto?

- A medida que encuentre entradas se irá desgajando-dijo con voz fría carente de emoción-al atardecer, cientos de Serpientes Azules, recorrerán las galerías de Astan Neuma.

Mientras tanto, en el exterior, la tropa de Arestel se afanaba por alcanzar las murallas que protegían la ciudad, pero los arqueros y las catapultas de la capital repelían cada embate del ejército rosariano, los soldados caían sin opción a un enfrentamiento digno. No podrían aguantar mucho más tiempo. Entonces, como si de un milagro del Eru se tratase, las puertas del primer círculo de Astan Neuma se abrieron: el ejército del Lirio ya estaba dentro.

Los soldados de la Rosa, recuperaron la esperanza, y empuñando sus espadas y con un grito de guerra, se lanzaron al interior. Chocaron limpiamente con la pobre defensa de los ahora nuevos guerreros de Draugliante. Al entrar, la regente recibió varios rasguños de las lanzas enemigas, algo que podría controlar perfectamente.

Un cuerno sonó, anunciando la retirada del ejército enemigo, que término replegándose por los túneles.

[…]

La noche ya había caído sobre ellos, aquel fatídico “Día de la Sangría”…Narquelië ató un pedazo de tela en su pierna, para evitar que el ligero corte en su piel sangrara aun más. Los estandartes de Farothdin ya ondeaban sobre su cabeza, y al mirar hacia abajo se encontró con la mirada de Arestel. Le hizo un ademán con la cabeza, esa victoria era de ellas, no de la reina. Ésta apareció por uno de los corredizos que llevaban a Firianost, y en su mano, brillaba la flor Lunar.

-Tu cargo en el concejo, así como todos tus privilegios, te serán devueltos- le dijo Izilsurias.

Y una sonrisa satisfactoria apareció en el rostro de Narquelië.

Uzbad Kibil

El día transcurría tranquilo en las calles de Gathol-Kheled, los Señores de Orod Níd se encontraban reunidos ultimando los detalles para su secesión de Liantari Dimbar, ahora llamado Draugliante.

-Anoche llegó una carta –comenzó a hablar Uzbad Kibil -. Orodril se encuentra en tierras de Helkelen Lara y me ha encargado la defensa de su capital, Astan Neuma.

Cuando regrese del norte con su nueva alianza estará tan ocupado defendiéndose de los fieles a Illurë que ni le importará que le hayamos cerrado las Puertas de Orod Níd. Él piensa que tiene todo mi apoyo para abandonar el Matriarcado... y en cierta manera lo tiene, por supuesto que apoyo la separación de Harniath, al igual que apoyo la separación de Orod Níd... pero esto último Orodril no lo sabe.

Mañana partiré a Astan Neuma, no a defenderla de los ataques, sino a traer de vuelta a nuestros soldados destinados en aquella compañía. Señores, quedan al cargo del naciente reino khazad hasta mi regreso con los soldados de Astan Neuma.

[...]

Las Montañas de la Brisa y Orod Níd habían estado habitadas desde tiempos inmemoriales y poseían una rica red de túneles y galerías. Orod Níd se compone de grandes moles de roca caliza que tienen la característica de crear de manera natural tortuosos pasajes subterráneos, en cambio, las Montañas de la Brisa son enormes formaciones graníticas, la negra y dura roca del interior de las montañas tuvo que ser excavada incansablemente durante cientos de años para crear la actual maraña de caminos. La distinta naturaleza de las cordilleras hacía que los enanos de Orod Níd no se sintieran nunca cómodos en las montañas de Astan Neuma, aquellos corredores les parecían demasiado sofocantes acostumbrados como estaban desde pequeños a las frescas galerías calizas.

Uzbad Kibil era un buen mampostero cuando trabajaba con roca granítica y durante el tiempo que había servido a Illurë se había visto obligado a residir durante largos periodos de tiempo en Astan Neuma, sus habitaciones en la capital se contaban entre las más hermosas y cuidadas, pues según contaban los historiadores, Astan Neuma y los caminos que llegan a ella fueron creados por humanos, los cuales no podían compararse ni al peor artesano enano; en parte, fue el aprecio que sentía por aquellas habitaciones lo que le había mantenido tanto tiempo leal a Orodril, iba a echar en falta el poder trabajar esa negra roca.

El camino de Gathol-Kheled a Astan Neuma es bastante corto pero abrupto, aún así Uzbad Kibil y los enanos de su guardia personal lo recorrieron en un par de días.

Los enemigos del antiguo Liantari Dimbar pensaban que tenían a la capital incomunicada, pero en realidad aún existían multitud de pequeñas galerías que comunicaban la capital con el resto del territorio del Matriarcado, así que los enanos no tuvieron ningún problema para alcanzar las murallas de la capital.

-Si el viejo general Ulfang hubiera sabido de la existencia de estos túneles habría llegado vivo y a tiempo a la defensa de Astan Neuma... –murmuró Uzbad.

-¿Y cómo es que nadie se lo dijo? –preguntó el capitán de su guardia.

-Yo debía mostrarle una ruta segura a través de las líneas enemigas... pero me equivoqué y lo envié al corazón de una compañía de Farothdin. Una lástima para Orodril, perdió a uno de sus mejores generales... no podrá usarlo cuando intente reconquistar el Reino de Orod Níd.

Una seca carcajada recorrió los últimos metros del túnel. Duro y negro es el corazón de las Montañas de la Brisa, duro y negro es el corazón de los habitantes de Astan Neuma y dura y negra es la arquitectura de la capital; ningún viajero en su sano juicio querría pasar más de una noche en un lugar tan lúgubre y siniestro como aquel. Pero era sabido por todos los clanes enemigos que en el interior de la capital se ocultaban los grandes tesoros de la Reina Araña, desde hacía varios meses intentaban encontrar esos tesoros sin éxitos y se dedicaban a saquear lo que iban encontrando en la superficie; Orodril sabía cómo ocultar muy bien sus secretos y ni siquiera la población civil conocía la existencia de las mazmorras ni del ejército de trolls custodios del tesoro, y en lo que respectaba a Uzbad, así iba a seguir.

El enano entró en la Sala de Gobierno de la capital donde le esperaban los comandantes que había dejado Orodril al mando, entre ellos los ya conocidos Kael y Morë. El recién llegado fue informado de la situación, Farothdin estaba a punto de lanzar un nuevo ataque y además esta vez su reina iba a tomar parte en la batalla.

-Hasta que no se presente el mismísimo Mahal en persona ante nosotros, no nos rendiremos... puede que ni siquiera entonces.

Kael al mando de la tropa élfica atacarán a la compañía del Orden del Lirio, Morë comandará a las huestes humanas contra la Orden de la Rosa. Mis enanos y yo, que conformamos la unidad más numerosa, defenderemos los muros de la ciudad.

-¿Y quién se hará cargo de los trolls? –preguntó Kael.

-Nadie, los trolls se quedarán donde están de momento... si las defensas de la ciudad se vieran comprometidas ya mandaría a alguien a buscarlos para que nos ayudaran.

-Pero serían de gran ayuda en las batallas de los túneles, allí no podemos utilizar catapultas pero los trolls pueden lanzar las rocas a varios metros de distancia.

-Si queréis lanzar rocas dentro de las galerías, idead nuevas catapultas ¿acaso no es famosa la creatividad élfica? Los trolls se quedaran donde están. Ahora preparaos para la batalla.

Los trolls de las cavernas de Astan Neuma no sobrevivirían al viaje hasta Orod Níd, pero los elfos y humanos del ejército sí. Ahora a Uzbad Kibil lo único que le preocupaba era debilitar a su propia compañía, cuantos menos soldados quedasen, menos soldados podrían amenazar la independencia de su reino, y mientras enviaba a sus hombres a la muerte, el necio de Orodril perdía el tiempo en el norte creando una alianza con un pueblo lejano y decadente... él mismo, estaba firmando su sentencia de muerte abriendo dos frentes de combate, uno con los enemigos de Árador y otro con la Reina Illurë; sin contar, claro está, con todos sus enemigos internos, Uzbad ardía en deseos de saber qué haría el emperador de Edon al enterarse de la independencia de Orod Níd.

[...]

Y comenzó una nueva batalla para la toma de Astan Neuma, los soldados del nuevo Draugliante combatían ferozmente en los túneles de acceso mientras poco a poco los enanos iban abandonando la capital por pequeños túneles ocultos. Uzbad Kibil esperaba pacientemente a que le llegara la hora de abandonar para siempre aquel asfixiante lugar.

-Comandante Kibil, el aire de los túneles se ha vuelto irrespirable para elfos y hombres. No sabemos qué tipo de arma ha usado el enemigo. ¡Necesitamos la ayuda de los trolls!

-Al próximo que me diga cómo he de defender esta ciudad le cercenaré yo mismo la cabeza. ¡Bajo mi mando jamás hemos sido derrotados! Sé lo que me hago.

El capitán abandonó la sala dejando al enano solo junto con su guardia personal, hasta que un grupo de soldados con la librea de las Puertas volvió a entrar.

-Comandante Kibil, hemos sido informados de que los enanos bajo su mando están abandonando la ciudad y que poseen su consentimiento. Así que venimos a ponerle bajo arresto acusado de traición.

El enano se levantó lentamente de su asiento y se dirigió al centro de la sala, entonces su profunda voz resonó en toda la estancia:

-Yo sólo he traicionado a otro traidor por lo que no se me puede acusar de nada... Dwurin, es hora de marcharnos.

Nada más pronunciar su nombre, el capitán de la guardia personal del enano alzó su hacha y todo el grupo se abalanzó sobre los sorprendidos Guardias de las Puertas.

Apenas quedaban ya enanos en las defensas de la ciudad y los soldados del Realengo empezaban a penetrar en Astan Neuma.

El caos se apoderó de la capital, la defensa se encontraba totalmente desorganizada, el único comandante que se encontraba allí se estaba dirigiendo hacia los túneles de salida, elfos y humanos de Draugliante no sabían si debían atacar a los enanos a los soldados de Farothdin.

En aquel tremendo desbarajuste Uzbad y su guardia fue alcanzada por varias flechas, tanto de Farothdin como de Draugliante, pero con ayuda de varios compañeros el malherido enano consiguió desaparecer de la batalla.

Los soldados de Farothdin campaban a sus anchas por Astan Neuma y los muertos de Draugliante eran numerosos, por fin, un Capitán de la Guardia de las Puertas consiguió hacerse oír y las tropas de Draugliante se replegaron en los túneles, la ciudad estaba perdida y sus defensas terriblemente diezmadas...

[...]

Varios días después una gran hueste de enanos llegaba a Gathol-Kheled y expulsaba a los pocos habitantes de Orod Níd fieles a Draugliante. Al tratarse de enanos se les perdonó la vida, pero se les despojó de sus bienes y sus barbas, al cabecilla se le entregó un mensaje para Orodril.

Nuevo Consejero de Draugliante, las Puertas de los Enanos están cerradas para tus hombres. Creemos que ahora te centrarás en recuperar tu capital, eso sería lo más sensato... pero tratándose de ti hay bastantes posibilidades de que intentes atacarnos a nosotros.

En Orod Níd estaríamos encantados de darte la bienvenida, se te recibirá con fuego, dolor y muerte; pero yo personalmente desearía no volverme a encontrar contigo.

Atentamente, Kibil V Rey de Orod Níd

Uzbad Kibil

Resumen de la batalla.

Realengo de Farothdin ha perdido 5 armadas x35= 175 puntos.

Recuperables: 175 puntos al hacer uso de un poder especial

Valoraciones: 7.6+8.8+8.0= 8.1.

Recupera: 142 puntos. Los líderes de la Compañía pierden un 10% de vida por lo que recuperan 35 puntos. Total recuperación: 175 puntos

No pierden puntos.

Harad-Draugliante ha perdido 13 armadas x35= 455 puntos.

Recuperables: 227 puntos.

Valoraciones: 7.8+7.6+8.4= 7.9

Recupera: 179 puntos. Los líderes de la Compañía pierden un 20% de vida por lo que recuperan 70 puntos. Total recuperación 227 puntos

Pierde: 228 puntos.

Harad-Draugliante entrega 100 monedas a Realengo de Farothdin por el abandono de la batalla.

Realengo de Farothdin saquea la capital Astan Neuma por lo que percibe 600 monedas.

Compañías actualizadas y listas.