La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 3

Árador, Tierras de la Aurora

Finalizada · 19-03-2006

Batalla 89 - C1 Formen Draugliante Vs C1 Realengo De Farothdin

2007:04:28:12:03:10

Uzbad Kibil

Fin Guerra: Realengo de Farothdin se retira del Combate

Armadas perdidas por "Formen-Draugliante" = 18

Armadas perdidas por "Realengo de Farothdin" = 16

Victoria para Realengo de Farothdin

Ílimo

Nahanma estaba de pié en las almenas, envarada como si fuera una estatua de rostro severo en la que no había signos de sufrimiento por sus heridas pasadas, solo calma. Había aprendido bien a blindar sus emociones de cara al exterior y ni un solo poro de su piel rezumaba señales de debilidad. Sus ojos escrutaban sin descanso las edificaciones de Ost En Aël en busca de algún indicio de resistencia. Sus elfos oscuros salpicaban a ambos lados los parapetos conquistados con el semblante tan tenso como las cuerdas de sus arcos, con los carcajs repletos de flechas dispuestas para dar caza a cualquier Draugliante.

Pero de repente, y como si obedeciese a sus peores deseos, los enemigos llegaron más pronto de lo que hubiesen previsto. El alboroto llegó y las órdenes en sindarín sembraron el silencio más allá de la muralla y los torreones donde se apostaban sus soldados.

NAHANMA_“ listos, carguen… apunten…”

Palabras pronunciadas de forma fría, el sonido de las cuerdas tensándose, el olor del aceite que se quemaba en las antorchas y más abajo el ajetreo de la lucha…

NAHANMA_“¡disparen!...”

Una andanada de flechas sesgó el aire en dirección a la ciudad, y luego le siguieron otras cargas ya de forma desordenada. Algunos elfos de Nahanma perdieron la protección de las almenas y cayeron muertos. El lugarteniente Grieg Harionen fué uno de los que primero cayó desangrándose. La flecha asesina era un bodkin de punta gruesa que había atravesado la armadura como si fuera mantequilla. Nahanma la extrajo con facilidad y se quedó boquiabierta, como…como ha llegado hasta aquí_ balbuceó_ .Grieg Harionen tampoco daba crédito a lo que veía. Murió con cara de sorpresa y los ojos muy abiertos, con una lágrima resbalándole por la mejilla.

Esto no puede estar pasando, ¿Qué explicación tiene todo esto? y guardó la flecha en otro compartimiento de su carcaj, para no mezclarlas con el resto. Luego volvió a las almenas con redoblada precaución. Debían cubrir a los suyos en la retirada de la ciudad.

[…]

Ílimo I Nandaro estaba de pié, apoyado en el marco de los portones de la biblioteca de Ost En Aël mientras un revuelo de soldados entraba y salía continuamente de la sala llevándose todo aquel mobiliario que combinase un cierto valor con manejabilidad en el transporte. No le importaba lo que saqueasen o dejasen de saquear, de hecho no les prestaba mucha atención porque él ya había requisado para su biblioteca personal todos los documentos y libros de valor. Uno de esos legajos era el que ahora leía con avidez; nada más y nada menos que el acta original de formación del Reino de Draugliante, una misiva firmada y sellada por Orodril que satisfacía su curiosidad.

El senescal Darlak de Lempë Ohtari pagaría por tener este tratado, se dijo . Cuando terminó de leerlo, dobló la dura hoja en cuatro partes y la ocultó en su casaca mientras sonreía de satisfacción por haberlo hallado. Tras echar un último vistazo a lo que quedaba de aquella biblioteca cerró los enormes portones y se encaminó a otro lugar, alguna sala o edificio interesante les estaría esperando. Se sentía como un oso en el país de las fresas silvestres, curioseando a su antojo, forzando cerraduras y descubriendo pequeños tesoros que daban un poco de emoción al hecho de ganar la batalla.

necesitaría días para registrar cada recoveco de este edificio tan interesante _pensó_.Pero no acabó de decirse esto cuando, una vez más, se hizo el griterío en las calles. Para comprobar sus temores solo tuvieron que acercarse a una balconada de la biblioteca. Justo en el momento en que se asomaban, un par de flechas casi les alcanza. Una se clavó en la ventana de madera muy cerca de la sien de Ílimo. La otra chocó contra la piedra de la barandilla y cayó al jardín de más abajo. Ílimo recuperó la flecha de la ventana con un golpe seco y se quedó pasmado mirando su hechura. ¡Un bodkin envenenado capaz de atravesar armaduras!. . ¿Asesinarnos?_se dijo en silencio_ ¡Si apenas hemos llegado! (…) saldremos de aquí llevándonos a muchos por delante ¡les costará cara su osadía!. .

[…]

La otra flecha tuvo peor puntería pues chocó con la balaustrada y se rompió en dos cachos que cayeron a los jardines de más abajo, cerca de donde Nameless meditaba desde hacía unas horas, únicamente acompañado del chisporroteo de una fuente de piedra y algún pájaro ocasional. Buscaba reorganizar su psique mediante la sincronización cuerpo mente para acallar las voces interiores que le agitaban.. ¡Aquella muchacha le recordaba tanto a alguien! ¿Pero a quién?, ¡Qué tenía ella que no tenían otras! ¿Su voz? ¿Su expresión? ¡Sus palabras habían derribado las barreras de su cordura! ¿Estaría entrenada para ello?.

La flecha cayó cerca pero otro ruido intentó pasar desapercibido sin éxito. Nameless se dió cuenta y se levantó apoyando todo su peso en una mano. Giró su cuerpo para alcanzar de una patada al que se le abalanzaba por la espalda. El golpe fue derecho a su garganta y le hirió de muerte. Con la mano que tenía libre viró y alcanzó aquella media flecha para clavársela al asaltante en el pecho repetidas veces hasta que murió. Cuando todo hubo terminado se quedó mirando la flecha ensangrentada mientras negaba con la cabeza; dió la vuelta al cuerpo con el pié pero no reconoció el cadáver, ¡pero ese bodkin seguía siendo familiar! si algo sé es que detrás de toda casualidad hay algo aún más sorprendente,_ y la guardó en su casaca_

[…]

Muy lejos de allí Alcandar Harionen caminaba en solitario por los amplios salones del palacio real de Ost In Alassea Ësde , lejos del frente donde el aliento invernal barría las tundras del noreste helado. Sus pisadas repiqueteaban en un mar cristalino de mármoles de colores que se extendía bajo sus pies. Sus zapatos de piel se deslizaban sobre las batallas ancestrales que se representaban en el suelo; los poderes de Arda frente a Morgoth, la derrota de Esteldor, y las campañas contra Draugliante. El anciano miraba el suelo y caminaba sin rumbo imaginándose que tomaba parte en ellas, pero solo fantaseaba; nunca había estado en ninguna guerra porque en su juventud tuvo un accidente en una cacería y quedó lisiado. Desde aquella fatídica hora su carrera pasó de ser la de un guerrero a la de un mayordomo de los reyes, relevándole de la primogenitura Harionen que fué a parar a manos de su hermano Roulan y su descendencia, Grieg Harionen. Desde aquel día negro que recordaría hasta morir, sus únicas alegrías fueron la de compensar su fracaso labrándose una buena carrera y la de educar a una hija que a parte de ser su orgullo, era la vía de recuperar la primogenitura arrebatada. Pensaba que tal vez ella, una señora de Farothdin al servicio de la Orden de la Rosa, pudiese retomar el liderazgo de la familia Harionen y recuperar lo que la correspondía por derecho.

Y es que era tal su humillación en público que Alcandar Harionen era conocido en Farothdin con el sobrenombre del “tullido”. No gozaba de mucha estima entre las familias nobles de Farothdin, y tampoco entre la suya, pero eso era un sentimiento mutuo. Y es que había muchos intereses cuando se hablaba de liderar la Casa Harionen, la más grande en riqueza e influencias de todo el Reino oculto de Farothdin. ¡Cuantas veces no se reprochaba Alcandar aquel incidente en su cacería!. Si no hubiese sido ese su destino, ahora estaría dirigiendo un ejército del rey. ¡ Hubiese sido el decimotercer Harionen descendiente de Bereg!. El segundo barón desde la creación de Farothdin tras una saga de proscritos en los montes cercanos a la villa oculta de Opele Anarorë. Sí, desde las migraciones y la construcción de las ciudades visibles, su familia había fundado pueblos, roturado tierras y establecido prósperos negocios que les permitieron ser los banqueros de los reyes. ¿Pero de que sirvió a sus antecesores servir a los reyes como montaraces en tiempos de Melkor?. ¡ Que dirían sus antepasados si viesen como su propia familia le había arrebatado la primogenitura y le habían relegado a mayordomo de palacio!

Pero Alcandar dejó de lamentarse tanto cuando le llegó la oportunidad de resarcirse. Los Harionen llevan en la sangre el aprovechar una oportunidad cuando se les presenta, y esta apareció cuando empezó a sobresalir entre los consejeros de los reyes. Su competencia en los asuntos del reino así como algún que otro soborno e intriga palaciega, habían dado sus frutos tras muchos años de servicio. Ahora, con la guerra en el extranjero, había sido nombrado nada más y nada menos que regente de Farothdin, con la oposición, eso sí, de las familias nobles con Roulan Harionen a la cabeza.

Un carraspeo ajeno sacó a Alcandar de sus pensamientos. Estaba azorado porque le habían sorprendido hablando solo y bailando con los brazos abiertos por toda la sala de los mármoles. Aún así guardó la compostura y como si no hubiese pasado nada acertó a decir:

_ ALCANDAR_¿Cuánto tiempo llevas escuchando..?..em… Bueno, eso da igual ahora. ¿Qué noticias me traes emisario?

_ EMISARIO_ los guerreros de Izil se han acabado retirando de Ost En Aël.Draugliante tomó la iniciativa y salió osadamente al combate. Ílimo y los suyos fueron pillados por sorpresa, por lo que se retiraron no sin antes causar muchas bajas a los reconquistadores. Si no hubiese sido por Nahanma que desde las almenas cubrió la retirada de los nuestros, hubiésemos tenido muchas bajas. Ahora el grueso de la tropa se encuentra en el campamento y la ciudad vuelve a estar en manos del enemigo. Me ordenaron informaros de que necesitan que organicéis un refuerzo de tropas con el botín que hemos capturado. También necesitan sanadores y medicinas (…) Nahanma fué herida en el costado cuando se retiraban de las murallas; Nameless ha sufrido algunos rasguños por arma blanca amén de que su psique aún no esta recuperada del incidente de la conquista. Se rumorea que está bajo arresto hasta que consiga controlar de nuevo sus desordenes internos. Grieg Harionen a muerto…

_ ALCANDAR, ¡ si! ¡si!, emisario_ interrumpió_ es algo que tengo ya más que oído. El caballero Nameless ha caído en una especie de depresión de la que se curará con meditación. Era una hipótesis que se barajaba en los círculos de gobierno. Aún así, es alguien muy valioso para nosotros, siempre está ahí con sus buenas hazañas precediéndole. Esto no es más que un golpe pasajero a su intachable reputación…¡ y Nahanma! Es dura como el acero, ¡cada cicatriz lleva consigo la vida de centenares de enemigos! Una simple estocada se curará en unos días de cuidados… ¡Ahora quiero que vayamos a nuestros asuntos, emisario! _dijo achinando los ojos y bajando la voz hasta que se convirtió en un susurro que solamente ambos oían_ quiero que me des la caja que te presté…

_ EMISARIO _sacó una cajita de madera con filigranas doradas en sindarin y se la entregó_ Grieg Harionen ha muerto, la línea de sucesión queda en manos de su hija a menos que Roulan tenga un hijo a su edad.

_ALCANDAR_ asintió satisfecho hasta que abrió la caja_ ¡pero! ¿Necesitaste las cinco flechas para matar a Grieg? _dijo con cara de espanto_ ¡no las recuperaste!

_ EMISARIO ¡no!, ¡solo utilicé cuatro! y le enseñó la quinta con rostro socarrón. ¿Acaso creíste que te iba a dejar en la caja la posibilidad de acabar conmigo?.Viejo necio, ¡ni siquiera me molesté en recuperarlas!_y a continuación salió corriendo de la sala. Alcandar sollozaba de rodillas en el suelo, en mitad del mosaico que representaba las guerras contra Formen Draugliante.

....

Admitamos que la primera vez se ofende por ignorancia; pero creamos que la segunda suele ser por villanía

Ambrose Bierce

[Editado por gorathion el 23-04-2007 21:10]

Hathol Karkar

"Después de aquel sueño tan extraño y de tomar la decisión que iba a cambiar mi vida por completo, decidí irme unos días a mi refugio en la cueva, cerca de Ost-En Aël. Aquel lugar, que tantos recuerdos me traía, seguía como siempre, el agua cayendo suavemente por la pequeña cascada frente a la cueva, la hierba, verde y fresca, creciendo por doquier, y la suave y cálida humedad de aquella cueva en la que tantos buenos momentos había pasado con Vanadessë... Vanadessë. Me estremecí al recordar a la bella elfa de cabello oscuro y ojos vivos, de cuyo vientre ya debería haber nacido aquel hijo fruto de nuestro amor, un amor ya olvidado, un amor ya pasado. La decisión estaba tomada. No había marcha atrás.

Me había ido sin despedirme de Zirak, mi buen amigo el Rey Zirak, pues él se había marchado unos días antes a su nuevo destino, la Segunda Compañía de nuestro ejército, al lado de Laureon y Alalmë. Las cosas entre nosotros andaban algo mal por todo aquel asunto... Me habían dolido sus palabras, pero yo también le entendía a él. ¡Ay!, cuán difícil es a veces la tarea de ser Rey y amigo al mismo tiempo. Supongo que la misma tristeza que me embargaba a mí se reflejaba también en sus ojos al decirme aquellas duras palabras, y sin embargo no había reproche en ellas, tan sólo las palabras de un padre que sabe que su decisión es difícil para su hijo, pero que al tiempo es beneficiosa para él, aunque él no lo entienda. Zirak era muchas cosas para mí, Rey, amigo, padre, y me dolía haberme enfadado con él, no obstante, si me había marchado a aquel lugar era para aclarar mis ideas y ponerlas en su sitio. Tenía una nueva responsabilidad y debía asumirla, se me había asignado a la Primera Compañía del ejército, la que defendía Ost-En Aël, y había que defenderla con uñas y dientes, pues el final de la guerra estaba cerca y debíamos salvar el nuevo Reino a toda costa, a costa incluso de nuestras vidas. Con ese pensamiento, me encaminé de nuevo hacia Ost-En Aël. El cielo se alzaba rojo ese día..."

Las Crónicas de Hathol. Capítulo VII. Libro XIII.

[...]

Un jinete se aproximaba por la calzada a la puerta oriental de la capital del Reino de Formen-Draugliante, iba embozado en una capa negra de viaje, con la capucha echada encima de la cabeza, ocultando su rostro. Se detuvo frente al portón que daba acceso a la ciudad, y los guardias que lo custodiaban enseguida le dieron el alto.

-¿Quién sois y qué queréis?- espetó, hosco, uno de los guardias.

El jinete se quitó la capucha descubriendo el rostro, sus cabellos refulgían como el oro y sus ojos eran azules como el océano. La capa se abrió y quedó a la vista el emblema de Formen- Draugliante bordado en el tabardo del jinete.

-Mi nombre es Hathol Karkar, Comandante de los ejércitos de Formen-Draugliante. He sido asignado a la Primera Compañía de nuestro ejército. Abrid.- dijo Hathol con severidad, desmontando del caballo.

Los guardias enseguida mudaron el semblante, y mientras uno abría el portón el otro se disculpaba con el Comandante.

-Excusad nuestros modales mi señor, pero recientemente hemos sufrido un ataque por parte de esos cerdos de Farothdin…Aún siguen acampados ahí fuera- dijo el guardia, tememos que vuelvan a atacarnos de un momento a otro.

-Entiendo- dijo Hathol- Bien, ¿dónde puedo encontrar a los Capitanes Ezel y Herkeblam? Tengo que verles.

-En el Cuartel del Ejército, mi señor. Fueron heridos de gravedad en el ataque, pero ahora ya se han recuperado- respondió el guardia- Señor...¿sólo venís vos como refuerzo?- preguntó el guardia, un tanto decepcionado.

-Amigo, a veces no es el número de soldados lo que importa en una batalla, sino lo fuertes que sean sus brazos- respondió Hathol, con una carcajada.

Hathol llegó rápidamente al Cuartel del Ejército, lo conocía bien, pues había sido su residencia hasta que lo habían ascendido a Comandante del Ejército. El humano entró en el Salón Principal, y ahí estaban, sentados en una mesa, Herkeblam y Ezel. El chico vestía una cota de malla y una sobrevesta con los colores de Formen-Draugliante, azul y morado, pantalones de cuero y botas altas, en el cinturón colgaba una espada larga. La mujer vestía también una cota de malla, pero que sólo le llegaba a la cintura, encima llevaba una sencilla túnica de lino blanco, unos pantalones marrones de montar y unas botas negras, un cinturón se ceñía a su cintura con una daga. Los dos estaban charlando alegremente, alrededor de unas jarras de cerveza y dos platos de carne asada con una salsa de especias. Desde detrás de la puerta se oían los susurros de los dos capitanes y el resonar de unas jarras. Cuando entró Hathol los dos se giraron.

-Por fin estás aquí, amigo- dijo Herkeblam, con un sonrisa.

-Te perdiste una buena batalla- dijo Ezel, dejando la jarra sobre la mesa.

Los dos Capitanes se levantaron de la mesa, dejaron las jarras, y fueron a saludar al invitado. Herkeblam fue el primero.

-Venga esa mano, viejo amigo. ¡Bienvenido seas a nuestros dominios!- dijo el humano, esbozando una gran sonrisa, ambos rieron.

Herkeblam se apartó dejando paso a Ezel que, sin más, le dio un abrazo.

-Yo también me alegro de volver a verte, espero que nos veamos también al volver de allí abajo- miró a los dos con una pícara sonrisa. -Siéntate con nosotros y tómate una cerveza, es la mejor de todo el reino- le ofreció chica.

Hathol accedió encantado, sentándose junto a Ezel.

-Si hubieras llegado antes Hathol, hubieras presentado una de las mejores batallas de Formen desde que se formó la alianza con el reino del sur- dijo Ezel.

-Lo lamento, me entretuve pensando en mis cosas- respondió el humano amablemente.

-¿Otra vez en esa ruin cueva Hathol?- preguntó Herkeblam. –Así lo único que conseguirás es malgastar tu tiempo, ya nada es como era antes, tienes que buscar algo de acción, y has venido al lugar adecuado, esos cerdos atacarán pronto así que prepárate para darles tu particular bienvenida- concluyó el humano.

-Tranquilo amigo mío, es a eso a lo que he venido, y no me iré sin conseguirlo- contestó el joven Comandante.

La charla se alargó hasta altas horas de la noche. Los tres, sin tener constancia de la rapidez con que transcurrían las horas, se contaban sus historias unos a otros, tomando un sorbo de cerveza de vez en cuando.

-Creo que me voy a dormir- dijo Ezel, entre bostezos.

-Nosotros también deberíamos retirarnos, mañana será un día duro- dijo Hathol, sonriendo misteriosamente.

-Mañana...- dijo Herkeblam, pensativo.

-¡Aún no hemos decidido el plan de batalla!- dijo Ezel, exaltada y visiblemente nerviosa de repente- Nos hemos entretenido demasiado explicando nuestras anécdotas.

-No os preocupéis- rió Hathol, despreocupadamente.- El plan es sencillo, atacaremos el campamento del enemigo que se asienta ante nuestras puertas. Barreremos del mapa a esos bastardos con ínfulas de realeza del mapa de Árador. ¿Acaso no nos llaman los "bárbaros del norte"? Bien, pues mañana haremos honor a ese "sobrenombre".

Los tres salieron en fila por la puerta, dejando tras de sí un gran rastro de jarras de cerveza sobre la mesa. Ezel se fue por un pasillo a la derecha, mientras Herkeblam y Hathol fueron por el de la izquierda. Poco les dio tiempo a seguir charlando pues llegaron en unos segundos a sus habitaciones, que eran contiguas.

-Recordad, no deis tregua al enemigo mañana, pues ninguna habréis de recibir de él- dijo Hathol.

-Tranquilo, sabemos cómo actúan esos cobardes, hemos luchado varias veces contra ellos- dijo Herkeblam.

-Si se nos acaban las flechas les lanzaremos lo que sea- dijo Ezel, muy seria.

-¡Incluso alcachofas!- dijo Herkeblam, con una gran carcajada.

Y los dos cruzaron el umbral de sus dormitorios riendo sin parar, sin pensar, al parecer, en lo que iba a acontecer al día siguiente.

[...]

El ejército estaba reunido en la plaza principal de la ciudad de Ost-En Äel, a unos metros del portón del oeste. Estaba dividido en tres secciones, la caballería, comandada por Hathol, la infantería, a cuyo frente se encontraba Herkeblam, y los arqueros, capitaneados por Ezel, defendiendo las murallas. Los tres Capitanes llevaban sus mejores galas, Hathol llevaba su hermosa armadura de mithril, aún con el emblema de Helkelen Lara en el pecho, y una capa azul con ribetes dorados; Ezel llevaba un largo tabardo morado con las mangas azules, los colores de Formen, y debajo una cota de malla, asimismo, llevaba un carcaj colgado al hombro, junto con un arco y la daga que pendía del cinturón; Herkeblam portaba una cota de malla, encima una sobrevesta también de color morado y azul, una coraza ligera plateada, así como unos guanteletes y unas grebas de acero ligero, y un yelmo con visera.

El portón se abrió con un gran estruendo, se oían ruidos en el campamento de Realengo, el enemigo se preparaba también para la batalla.

-¡Ezel!- gritó Herkeblam- ¡Empezad a disparar ahora que aún no están listos!

-¡Arqueros!- gritó la muchacha desde la muralla- ¡Disparad...ahora!.

El cielo, límpido aquel día, se oscureció de repente merced a las flechas que salían desde las murallas de Ost-En Äel. El campamento enemigo se sumió en el caos.

-Parece que hoy lucharemos a la sombra- comentó Herkeblam a Hathol, sonriendo. Hathol sonrió también, y le dijo a Herkeblam.

-Recuerda, la caballería atacaremos el campamento en formación de cuña, y detrás vendréis vosotros a rematar a los que aún osen hacernos frente.

Herkeblam asintió, y ayudó a Hathol a subir al caballo. El valiente Comandante se puso al frente del ejército, el portón estaba abierto y ya se oín los gritos de horror y desesperación en el campamento enemigo, gracias a las flechas lanzadas por los hábiles arqueros de Ezel.

-¡Hermanos!- arengó Hathol, con la espada levantada al cielo- ¡Hoy libramos una nueva batalla por la libertad de nuestro pueblo frente a los que quieren destruirnos. "Bárbaros del Norte" nos llaman...bien, pues hoy haremos honor a ese nombre, hoy nos comportaremos como auténticos bárbaros en el campo de batalla, no dejéis enemigo con vida. Que la sangre de Farothdin sirva para regar nuestros campos! ¡Por Draugliante y la Libertad!.

Hathol se lanzó al frente de la cuña de la caballería de Formen, a su espalda se iban desplegando las diferentes filas que conformaban la caballería. Después, avanzaban a paso ligero las unidades de infantería comandadas por Herkeblam. Todos ellos iban cubiertos por el manto de flechas que los arqueros no paraban de disparar desde las murallas. Ezel, a punto de disparar un nuevo proyectil, detuvo su vista en la formación de caballería, más concretamente en el hombre que iba al frente. Un destello azul brillaba con intensidad sobre ese hombre. Fealóke, la espada mágica de Hathol, volvía a arder con el fuego frío, dispuesta a aniquilar a sus enemigos. Ezel sonrió y disparó una nueva flecha.

[...]

El choque fue sangriento. Los soldados del desprevenido campamento enemigo se habían conseguido organizar débilmente antes de la llegada del ejército draugliantiri, pero de nada les sirvió. La caballería penetró como una exhalación, devorando todo a su paso, la débil línea de defensa del campamento sucumbió ante la acometida de la caballería. La infantería se desplegó por todo el campamento, incendiándolo y destruyéndolo por completo.

Hathol, desde lo alto de Asfaloth, daba mandobles a diestro y siniestro a los que osaban acercarse lo suficiente al fuego helador de Fealóke, el cual quemaba a los enemigos que atravesaba. El suelo, poco a poco, iba tiñéndose de un rojo oscuro...la sangre del enemigo se derramaba cual sacrificio ofrendado a los Antiguos Dioses del Norte. A través de la visera de su yelmo, Hathol vio que Herkeblam estaba en problemas, luchando valientemente contra tres soldados enemigos. Sólo sostenía la espada en su mano, pues el escudo le había sido arrancado del brazo. Hathol saltó del caballo y corrió a socorrer a su compañero y amigo de armas, derribó de una patada a uno de los enemigos y hundió a Fealóke en el pecho del infeliz, mientras Herkeblam despachaba a otro de un acertado tajo en el vientre. Sólo quedaba uno. El aterrorizado soldado, que no era tal, pues por su atuendo parecía un oficial de rango superior, intentó huir, pero fue en vano. Los dos humanos se abalanzaron sobre él y no quedó de su cuerpo más que los miembros dispersos por el campo de batalla. De repente, una voz llamó a los dos hombres.

-¡Señores!-.

Era un jinete que se acercaba velozmente a Herkeblam y Hathol, pero no era miembro de la caballería, pues portaba el atuendo de los arqueros.

-¡Señores!- dijo el jinete cuando llegó a la altura de los dos Capitanes- ¡Me envía la Capitana Ezel, el enemigo ha abierto una brecha en el flanco derecho y han entrado en la ciudad...es horrible!

Herkeblam y Hathol se giraron al unísono hacia la Capital. Ost-En Äel ardía.

-¡A los caballos!- gritó Herkeblam- ¡Hemos de volver a la ciudad!

[...]

Aquella noche sólo se oyeron gritos y llantos en la ciudad de Ost-En Äel, una pequeña unidad de Farothdin había conseguido entrar en la ciudad y había saqueado lo que había podido, incendiando a su vez varios barrios. No obstante, Hathol, Herkeblam y el resto del ejército habían conseguido llegar a tiempo y expulsar al enemigo antes de que penetrara más en la ciudad, aún así, la Antigua Biblioteca del Norte, con sede en Ost-En Äel, había sido saqueada y destruida.

-¡No me lo puedo creer!- gritaba Herkeblam exasperado- ¡Esos malnacidos han saqueado la Biblioteca, un auténtico monumento y símbolo de la ciudad y el Reino! Realmente no tienen escrúpulos cuando se trata de saquear una ciudad.

-Calma amigo- dijo Hathol- ¿Acaso has tenido tú escrúpulos en el campo de batalla?

-No- respondió Herkeblam a regañadientes.

-Menos mal- sonrió Hathol.

Los dos se encontraban en la Sala principal de la Biblioteca...o en lo que quedaba de ella. El fuego había sido ya extinguido, pero los rescoldos aún humeaban. Numerosos documentos y libros habían ardido, pero lo que más preocupaba a Hathol era otra cosa. De repente, Ezel entró en la estancia como una exhalación.

-¿Estáis bien?- inquirió, preocupada, a los dos humanos.

-Oh, sí- dijo Hathol- No te preocupes, yo sólo tengo algunos golpes en los brazos y en la piernas y algunos cortes y magulladuras. Nada de importancia.

-A mí me han clavado una espada en el muslo y una flecha en el hombro- dijo Herkeblam- Pero no es nada que no pueda solucionarse con unas vendas y agua fresca.

-¿Y tú?- preguntó Hathol- ¿Estás herida?

-Ya me han sacado la flecha del gemelo izquierdo, y me han vendado la herida que me ha propinado una lanza en el hombro.- dijo Ezel- Pero lo que me preocupa es que los encargados de la Biblioteca me han dicho que han visto a uno de los hombres de Farothdin llevarse algunos documentos, concretamente los de aquella estantería.- Y señaló una estantería totalemente vacía, que, curiosamente, no había sido pasto de las llamas.

Hathol se acercó a inspeccionar la estantería, mientras Herkeblam empezaba a maldecir de nuevo a "...los bastardos de Realengo...".

-No os preocupéis- dijo el joven Comandante Hathol después de haber inspeccionado la estantería- Han caído en la trampa.

-¿Cómo?- dijeron al unísono Ezel y Herkeblam.

-Los documentos de esa estantería en concreto estaban colocados deliberadamente por si algún día se daba una situación como la de hoy, en que la Biblioteca fuera saqueada.

-¿Pero qué contenían esos documentos?- preguntó Ezel, nerviosa.

-Cartas y escritos en los que se da la "imagen" de que no nos gusta la alianza con el Matriarcado- dijo Hathol.- Una parte de los documentos que realmente son importantes a ese respecto fueron enviados hace tiempo a Harad, para protegerlos precisamente de los "cuervos" de Farothdin, y la otra parte ha sido escondida en lo profundo de la montaña, en Kheled-aya-Telêk, donde se ha construido la que será la tumba del rey Zirak...y allí sólo puede él.

-Y tú lo sabías- sonrió Herkeblam, y preguntó- ¿Entonces, qué es lo que se han llevado los cerdos de Farothdin?

-Como he dicho- dijo Hathol- son falsificaciones de cartas y documentos que ponen de manifiesto un gran descontento con el Matriarcado y con la alianza por nuestra parte, cosa que, obviamente, es totalmente falsa, pero nos interesa que Farothdin tenga esa información. En resumen, lo que se ha llevado Farothdin es basura.- concluyó el humano.

Herkeblam y Ezel suspiraron aliviados.

[...]

Fin.

Uzbad Kibil

Resumen de la batalla.

Realengo de Farothdin ha perdido 16 armadas x35= 560 puntos.

Recuperables: 560 puntos al hacer uso de un poder especial.

Valoraciones: 9.0+8.4= 8.7

Recupera: 487 puntos. Los líderes de la Compañía pierden un 70% de vida por lo que recuperan 245 puntos. Total recuperación: 560 puntos

No pierden puntos

Formen Draugliante ha perdido 18 armadas x35= 630 puntos.

Recuperables: 315 puntos.

Valoraciones: 5.8+8.2= 7.0

Recupera: 220 puntos.

Pierde: 410 puntos.

Realengo de Farothdin entrega 100 monedas a Formen Draugliante por el abandono de la batalla.

Realengo de Farothdin percibe 300 monedas por la victoria de la batalla.

Compañías actualizadas y listas.