Uzbad Kibil
Fin Guerra: Lempë Ohtari deja de Atacar
Armadas perdidas por "Lempë Ohtari" = 23
Armadas perdidas por "Formen-Draugliante" = 13
Victoria para Formen Draugliante
No se produce saqueo

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.
Edicion 3
Finalizada · 19-03-2006
2007:06:01:10:39:08
Fin Guerra: Lempë Ohtari deja de Atacar
Armadas perdidas por "Lempë Ohtari" = 23
Armadas perdidas por "Formen-Draugliante" = 13
Victoria para Formen Draugliante
No se produce saqueo
-¡Soldados de las tierras de formen, os ata un juramento. Démosle ahora el cumplimiento por el rey Zirak!- gritaba Darker a los soldados. En sus caras residía el miedo y el sufrimiento que, para algunos, se apagaría tras la muerte y, para otros, seguiría formando parte de los últimos momentos de la guerra.
Darker fue a ver a Gmork, que preparaba sus armas y defensas para el ataque enemigo.
-¿Listo?-preguntó Darker algo acelerado
-¿Cuándo no lo estuve?-respondió Gmork con cierta sorna.
Nunca Darker había visto a Gmork con una sonrisa antes de una batalla de tal magnitud y preocupado preguntó:
-¿A qué se deben tus sonrisas? – Darker, había dejado de lado las risas y las bromas.
- A que hoy, quizás, haremos que los Lempitas no vuelvan a pisar nuestra tierra. A que hoy les haremos derramar en nuestra tierra su sangre, y a que hoy nuestros soldados volverán con sus familias... y los que las tengan ya esperándolos más allá de la tierra... podrán encontrarlas – dijo Gmork en un tono lúgubre.
Darker fue a ver el mapa, en compañía de los suboficiales. Sostenido sobre una caja de madera algo rota y vieja. Comunicó al capitán una buena estrategia para las tropas.
- Primero, una oleada de arqueros alineados dispararán a los espadachines enemigos. Los exterminaremos, ya que tenemos mucha ventaja en distancias largas.
Después vendrá la caballería enemiga, que creerán tener ventaja al poder arramblar a nuestros arqueros. Cuando suene un cuerno, los arqueros se retirarán velozmente y entrarán piqueros en formación erizo, que será mortífero para la caballería enemiga.-dijo Darker como si lo supiera de memoria – Después... solo tendremos que eliminar a los ultimos que deseen luchar, y capturar... o rematar a los heridos. ¿Alguna pregunta?
Los soldados negaron rápidamente y tomaron sus yelmos ara comenzar a montar en sus caballos. Darker fue donde se encontraba Gmork para pedirle que preparase a las tropas, el ataque se acercaba y los segundos eran vitales para la victoria. Pero Gmork ya se hallaba arengando a las tropas. Su armadura, había sido pintada para la ocasión en unos tonos rojizos, seguramente con algo de arcilla, o con sangre animal. Pero su capa era la de siempre: con un tono carmesí y el nuevo sello del reino del lobo y la araña. En sus manos, una espada larga que iba chocando contra su escudo. Darker se le acercó, enfundado en sus ropajes pardos con una espada algo más corta en sus manos, y grito a sus hermanos de batalla:
“Ha llegado la hora de salir al hielo que convertiremos en breve en un fuego ardiente. Puede que algunos no regreseis a ver nuestras heladas montañas, a rezar a nuestra Sagrada Patrona, pero morireis con la satisfaccion de salvar a vuestra tierra. ¡Caed hoy, y mañana seréis héroes! Por Nuestro rey, por nuestros hijos, por nuestras esposas... ¡¡Por las nieves de Helkelen Lara!!”
** ** ** ** **
La batalla seguía las previsiones de Darker. La infantería enemiga había caído casi en su totalidad, la caballería había sufrido un duro golpe por parte de los defensores de los infantes Draugliantiris. Sin embargo, había algo que no habían calculado. Catapultas... un objeto que podía parecer solo apto para invadir un castillo, o una zona amurallada, sin embargo, los lempitas, en vista de que no podían evitar que los Draugliantes del Norte destruyeran su ofensiva, comenzaron a usarla como arma especial. Y funcionó. La escuadra de jinetes que Darker iba dirigiendo, se diezmó rápidamente al ser barridas por dos gigantescas rocas. Este tomó otra direccion y sus hombres le siguieron de vuelta al grueso del ejército.
Gmork volvió junto a su compañero y le guiño un ojo. Tenía una idea. Sus hombres montaron en cabalos que no llevaban ninguna pieza metalica como defensa, lo cual favorecía a la veocidad de los mismos, y pidió a unos pocos enanos que tenían que subieran uno por cada caballo, bien agarrados a sus caballeros. Los enanos asintieron y fueron subiendo a las monturas con hachas colgadas de sus espaldas. Al menos treinta hombres y otros treinta enanos se dirigían contra las catapultas enemigas. Cuando el capitán vio que las catapultas comenzaban a estar cargadas de nuevo, ordenó a gritos un despliegue en una fila horizontal, y en pocos metros se hallaban así.
Darker había comprendido el objetivo y ordenó una nueva lluvia de flechas para proteger a sus compañeros. Tras impactar esta con el enemigo, llegó la pequeña escuadra a las filas enemigas, tres caballos por catapulta. Lo que hacían tres caballeros y tres enanos golpeando con fuerza los engranajes de la catapulta que le hubiera tocado en suerte. Darker envió otra escuadra, imitando el gesto de Gmork. Aun quedaban varias catapultas, y necesitaban más hombres para apoyar a los destructores de lanzapiedras. Al llegar a la poca defensa que había enemiga, pudo contemplar a un hombre que desentonaba entre tanto ropaje y armadura de poco lustre. Dedució que sería un enemigo duro. Y bajó del caballo para luchar contra él.
Más allá Gmork contemplaba la escena, cubierto por varios hombres, y por los robustos enanos que iban acabando con sus catapultas. Las tropas habían dejado de atacarse, todos contemplaban el duelo entre los dos dirigentes. Darker luchaba con ahínco y el adversario parecía no esperar que fueran a llegar hasta él para luchar. Normalmente, Lempe siempre había conseguido guerrear en campo de batalla, no tras sus defensas. Después de todo, eran grandes guerreros, de los mejores. Y ahí habían dos guerreros que habían conseguido “entrar hasta la cocina”. No obstante, en un golpe, Darker dejó un hueco en su defensa. Y el adersario clavó su espada bajó las costillas del montaraz.
Las tropas comenzaron a alentar a su superior. Mientras que Gmork intentaba acercarse donde se estaba produciendo el duelo improvisado. Al llegar a la zona, las tropas ya parecían estar dispuestas a dejar la batalla, pero la llegada de otro capitán de Formen hizo que toda la zona quedara en silencio. Darker se hallaba semiinconsciente en el suelo, escupiendo algo que parecía ser sangre y rezando algo. Y Gmork miró fijamente al líder enemigo. Su espada estaba ya envainada, y parecía que no había gastado muchas energías. El capitan de la compañía de la nieve sonrió e inclinó su cabeza.
- Veo que habéis podido derrotar en una lucha justa a Darker. El capitán de la compañía tres de Formen Draugliante. ¿Creéis que podríais vencer al otro capitán de esta compañía? –el adversario inclinó su cabeza, dando permiso para realizar otro duelo, pero Gmork quiso saber algo antes – Hubo una batalla, hace ya unos meses. Se quemó una ciudad con sus pobladores dentro ¿Fuisteis vos?
- No. Yo Darlak Lórindol, senescal del reino ohtari jamás haría eso. No solo es un acto malvado, sino que es deshonorable ¿Comenzamos? –respondió el líder de la compañía enemiga, desenvainando su espada.
Gmork fue soltando su capa y desenvainó la suya. Mirando a su oponente se presentó:
- Soy Gmork, sombra de lobo. Susurro de la muerte. Capitán de la tercera compañía de Helkelen Lara. Hoy puede que sea mi último día sobre estas tierras de Árador. Pero sea así o no. Puedo decir que me enfrentaré a uno de los enemigos con mayor rango de toda mi carrera como soldado. Dioses, poco más y tiene que acabar conmigo un rey ¿Listo?
Darlak no respondió, directamente cargó contra el capitán, y este tuvo el tiempo suficiente de blocar el arma y golpear con su puño el rostro del senescal, que retrocedió algo aturdido. No obstante Gmork no le iba a dar el gusto de detener la lucha, y cargó a su vez contra él. El semielfo rotó sobre sí dejando que el guerrero pasara de largo, y cuando tuvo la espalda de este a tiro, intentó ensartarlo, pero Gmork giró y se defendió cual animal acorralado.
El combate los iba a desgastar a ambos. De eso no cabía duda.
Gmork volvió a cargar, y darlak volvió a rotar sobre si. Y se repitió todo el movimiento. No obstante, Gmork sonrió. Volviendo a cargar una tercera vez, pero cuando el senescal fue a rotar, el guerrero le clavó en la espalda su daga. Había comprendido su forma de rotar. Retorció el arma dentro de la herida, buscando hacer cuanto más daño mejor. Pero entonces se oyó un chasquido. Gmork miró su costado diestro, y contempló la espada del semielfo hundiendose en su tronco. A efectos, eso era un empate, y Gmork dio tres pasos hacia atrás. Dejando la daga en la espalda de su adversario. Sobre su coraza, apenas se podía vislumbrar la sangre, pero en esos tres pasos, un buen reguero de sangre había dejado marcado el suelo.
Ambos estaban heridos, lo suficientemente graves como para solicitar una tregua, y aunque no querían aceptarlo ninguno de los dos. Gmork fue el primero en hablar: Retiráos, no nos obligues a seguir luchando. Ya ha habido demasiados muertos por hoy. Darlak lo miró a los ojos, buscando al mismo hombre que había tumbado a una embajada de paz. Pero solo halló en ellos a un hombre cansado de la guerra, dolido por los golpes de la vida y ansioso del descanso de la muerte tranquila... esa que va a recogerte una noche, mientras duermes, para nada semejante a la muerte heróica del guerrero... pero igual de valida.
El semielfo inclinó levemente su torso. Su rostro pálido y sudoroso mostraba comprensión y tranquilidad. Y susurró:
“Un placer haber luchado contra vos. Gmork”
Escrito por Gmork y Darker.
Aquel día el viento soplaba con absoluta fiereza mientras los árboles danzaban un baile de color y musicalidad…era el sonido de la primavera…y aún en las tierras frías del norte de Arador también la primavera procuraba aparecer. No obstante, las tierras de la Aurora pasaban por épocas turbias y la oscuridad se extendía desde el sur.
Un ejército numeroso cabalgó durante toda la noche por las extensiones aún heladas de Formen Draugliante, sin pensar siquiera en el descanso de los caballos. Un nudo apresaba en las tinieblas nocturnas la garganta del general de ese ejército, numerosos presentimientos rondaban su mente, demasiadas pesadillas y desaliento. Aún así, Darlak no dejó que ninguno de sus hombres se percatara de la sombra que sumergía sus ojos.
Una voz lo distrajo.
- ¿Estás bien? – dijo Eleth que se había adelantado hacia él, preocupada por su compañero y amigo.
- Sí.- respondió él con una sonrisa que escondía una opresión incomprensible. Pero tras unos momentos de silencio, Darlak volvió a hablar.- En verdad estoy intranquilo.
El miedo, el desaliento de perder todo lo que había construido todo ese tiempo, la sensación de que un final llegaba por los campos silenciosos de Árador. Muchas podrían ser las causas, pero había un motivo que sobresalía sobre las demás.
- Sonya estará bien, sabe cuidarse – aclaró Eleth con una sonrisa. Conocía demasiado bien al semielfo para no saber qué le rondaba la cabeza. Habían sido tantas batallas juntos y, además, Darlak era transparente y no podía ocultar los pesares.
El semielfo le devolvió la sonrisa en una muestra de agradecimiento y siguió mirando hacia delante. Se acercaban hacia un bosque compuesto de árboles bajos y matorrales y, a lo lejos, el humo de un campamento se mostraba tímidamente a los visitantes. Darlak ordenó entonces aligerar el paso.
Cuando se aproximaron al campamento, Darlak pidió a sus tropas que se quedaran en la retaguardia. Él se adelantó hacia los guardias del campamento, donde pudo ver entonces la insignia propia de la Orden de la Rosa de Farothdin.
- ¿Quiénes sois? – preguntó uno de ellos que se percató de la llegada de Darlak.
- Darlak Lórindol, senescal de Lempë Ohtari y señor de Mellon Vilya. Deseo hablar con vuestra capitana. – respondió cuando se detuvo delante de ellos. Los guardias se miraron entre ellos y el recién llegado tuvo que añadir.- Es urgente.
Eleanor Ronaele apareció al rato y esperó a que el visitante hablara.
- Mis saludos. Creo que ya nos conocemos- Ambos habían tenido un encuentro hacía mucho tiempo en una taberna de Mellon Vilya. Darlak miró alrededor, eran pocas las tiendas que componían el campamento farothdiano.- Traigo conmigo un gran ejército listo para reemplazar al tuyo y socorreros en vuestra retirada. Mis tropas y yo nos encargaremos de las hostilidades a Aeron Mir o lo que queda de esa ciudad.
La elfa lo miró con cierta mirada de reproche como sí dentro se quemara un fuego que apenas podría apagar el tiempo. No dijo nada, simplemente tomó sus cosas y marchó en silencio. La única respuesta que tuviera Darlak de Narmince era la lágrima oscura que tiño sus mejillas antes de partir.
Las tropas ohtari se dispusieron entonces a instalarse en el campamento y a preparar el ataque a Aeron Mir de tal manera que, a media tarde, todo estaba listo para avanzar hasta el emplazamiento más occidental de Formen-Draugliante, el cual era ahora una ciudad herida, muchos habían sido los capitanes que habían intentado someterla completamente.
Durante el trayecto, Eleth no podía disimular su preocupación.
- Capi, ¿por qué no desistimos? Este lugar no tiene ya nada que nos pueda interesar.
- Cuando los capitanes que dirigen la defensa de esta ciudad se rindan podremos regresar a nuestros hogares. – le respondió Darlak y los hombres que se hallaban en las cercanías no pudieron evitar disimular el anhelo que les suponía el fin de la guerra.
Las puertas reconstruidas de Aeron Mir aparecieron a lo lejos y las tropas ohtari se aproximaron entonces hacia ellas. Al otro lado, las defensas se apostaban tras las puertas pues esperaban un ataque desde hacia horas. Encima de ellos, gruesas capas de negras nubes cubrían el cielo aportando un ambiente tétrico y apocalíptico.
- ¡Hoy ha amanecido un nuevo día…para nosotros! ¡Honremos a nuestra tierra! ¡Al ataque! ¡Por la llama roja y la espada envuelta en el fuego sagrado!- gritó Darlak a sus hombres al tiempo que se abrían las puertas.
La batalla tuvo comienzo con el ataque confrontado de ambos ejércitos pero, antes de ello, el senescal se acercó a Eleth y le dijo:
- Te dejo al mando de nuestras tropas, volveré lo más rápido posible.-
La humana no pudo evitar mirar con asombro.
- ¿Qué te propones? – preguntó pero ya Darlak se abría paso con su caballo en la batalla recién comenzada y se alejaba del lugar.
El caballo del senescal aligeró el paso lo más rápido posible, el tiempo apremiaba y él esperaba que todo saliera conforme había sido planeado. La tarde avanzaba a su ocaso final cuando llegó al lugar determinado para un encuentro. Allí ya le estaban esperando, se apeó del caballo y se dirigió hacia una mujer.
- Darlak, aquí está tu petición tal y como lo dejaste encargado cuando abandonaste Yävetil. – dijo Annamel, la señora del bosque y esposa de Valandil Súleglîn. Tras ella, una patrulla de elfos portaba aquello que el senescal había decidido usar en esta batalla…catapultas.
- Muchas gracias por traer tú misma las catapultas. Sé que estás en contra de la guerra pero confío en que todo acabe pronto. – añadió Lórindol.
Annamel sonrió entonces y, con un movimiento rápido, adoptó la apariencia de ave alejándose por los cielos para asombro de los presentes. Aun a muchos de los habitantes de Lempë Ohtari les fascinaba los poderes de la señora del bosque y del viento.
Una vez se había ido la maia, Darlak se subió a su caballo para regresar a las puertas de Aeron Mir. Tras él avanzaron las catapultas por los campos helados del norte de Árador llegando en el momento más crítico de la batalla, justo cuando las tropas ohtari estaban en apuros ante la defensa draugliantili. La infantería había tenido demasiadas bajas y estaba en pésima situación mientras que la caballería intentaba aguantar lo máximo posible.
Eleth había estado esperando a que Darlak llegara y, cuando lo vio aparecer con las catapultas, una sonrisa apareció en su rostro rosado. Con rapidez se dirigió hacia el senescal, la joven llevaba varias heridas por el cuerpo pero principalmente el brazo izquierdo le sangraba a causa de un corte, por lo que se había hecho un torniquete con un trozo de su blusa blanca.
- Menos mal que llegas, los ejércitos de Aeron están ganando terreno en la batalla, han aprovechado muy bien el refugio que les aporta las paredes semiderruidas de la muralla exterior, no hay forma de hacerles retroceder. – y la edain miró entonces aquellas máquinas de derruir que los elfos preparaban para proceder al ataque.- Espero esto nos sirva para ganar la batalla.
Darlak sonrió y, justo en ese momento, cuando la vanguardia de la compañía dos tenía serios problemas, ordenó que se lanzara la primera oleada de piedras y rocas hacia el ejército draugliantili. Y funcionó, pues las rocas barrieron varios frentes de las tropas enemigas y éstas tuvieron que reorganizarse a causa de las bajas.
- ¡No dejéis de lanzar piedras, no les demos tiempo a reorganizarse! – ordenaba Darlak mientras las rocas iban cayendo sobre las puertas de la ciudad.
Pero entonces ocurrió un imprevisto. Darlak no había contado con que los enemigos decidieran lanzarse a atacar las catapultas pero para su asombro así sucedió, varias filas enemigas se arrojaron en dirección hacia las catapultas ohtari.
– Son audaces, no les importa meterse en la boca del lobo
Muchos cayeron en el intento pero una buena proporción consiguió llegar hasta las catapultas del ala este dejando un reguero de caídos entre las filas de Lempë. Una proporción de los draugliantilis valientes se aproximó entonces hacia el lado oeste donde se hallaba el senescal ordenando las lanzadas de rocas, que no dejaban de romper las ya devastadas murallas de la ciudad.
Fue entonces cuando un capitán enemigo cabalgó rápidamente con un grupo de hombres en la retaguardia hacia donde se hallaba el mismísimo Darlak. Cuando estaba cerca, el capitán se apeó y el senescal por un momento pensó que querría parlamentar pero luego comprendió que le retaba a un duelo. Darlak se apeó también del caballo y desenvainó a Envinyanta, había decidido corresponder a aquel duelo, algo insólito y novedoso en las contiendas entre los eternos enemigos.
La batalla se detuvo para dar paso al duelo de los capitanes y, para asombro de los presentes, la pugna se presentó equilibrada y Darlak pudo sentir la satisfacción de un buen enfrentamiento, hacía tiempo que no tenía uno de aquel tipo. Las cartas estaban echadas, tanto tiempo luchando las compañías, tantas batallas habían conformado una larga guerra de desgaste, y ahora había llegado el momento en que se debía definir aquella guerra. Darlak no tenía miedo a perder, así que puso todo el empeño en ganarle terreno al capitán draugliantili, el cual cometió una imprudencia que Envinyanta aprovechó para sentenciar el duelo clavándose en las costillas del oponente. Los soldados ohtari vitorearon entonces a su capitán pues había vencido el duelo improvisado.
Sin embargo, Darlak no pudo evitar el asombro cuando entre las filas enemigas se alzó un murmullo al tiempo que otro capitán avanzaba entre ellas hacia el senescal ohtari. Se trataba de un hombre de tez morena y con ojos desafiantes que se clavaron en los ojos de Darlak, al cual le pareció estar mirando a un mismísimo lobo. El recién llegado le hizo una reverencia.
- Veo que habéis podido derrotar en una lucha justa a Darker, el capitán de la compañía tres de Formen-Draugliante. ¿Creéis que podríais vencer al otro capitán de esta compañía?
Darlak sonrió pues veía en aquel joven un audaz adversario y, con un gesto, aceptó el desafío, pero cuando iba a volver a desenvainar a Envinyanta, el capitán enemigo volvió a hablar.
- Hubo una batalla, hace ya unos meses. Se quemó una ciudad con sus pobladores dentro ¿Fuisteis vos?
Aratan, el impulsivo Aratan , pensó Darlak y se acordó de cuando el capitán de la cuarta compañía de Lempë había saqueado desmesuradamente Mirianost. Los rencores pueden durar tiempo y el joven edain estuvo guardando el deseo de venganza contra Helkelen durante muchos meses. Sí, fue deshonrosa su venganza pues los soldados enemigos habían perdido también muchos seres queridos en la guerra, ese era el precio a pagar en tiempos como aquellos.
El senescal negó y se dispuso a iniciar el combate. - ¿Comenzamos?
El enemigo se preparó al tiempo que se presentaba. Gmork se hacía llamar, sombra de lobo, susurro de la muerte. Darlak miró entonces detenidamente al adversario, su nombre confirmaba el aura lupina que intuía en el joven.
- ¿Listo? – terminó preguntando Gmork.
Darlak se lanzó entonces al ataque, encontrando más dificultades con él que con el anterior oponente. Un golpe de Gmork le hizo ganar la iniciativa pues durante unos instantes Darlak pareció perder el equilibrio, aunque con un giro rápido consiguió evitar el ataque del rival con absoluta destreza al tiempo que hacia bailar su espada para responder al golpe de Gmork. A punto estuvo Envinyanta de ensartarse en el cuerpo del capitán draugliantili pero él ágilmente la esquivo y se lanzó de nuevo hacia el ohtari.
Todos miraban con fascinación, el duelo parecía presentarse equilibrado y ninguno parecía ceder ante el otro, cuando uno atacaba el otro conseguía evitar los embistes para iniciar su propio ataque. Así estuvo desarrollándose el combate hasta que, en un movimiento de defensa de Darlak, Gmork consiguió clavarle una daga en la espada al tiempo que apretó con fuerza el arma para que penetrara en el cuerpo del senescal, profiriéndole una gran herida. Pero éste no se amedrentó y alzó su espada tal como pudo para atacar el costado izquierdo de Gmork que no tuvo más remedio que retirarse hacia atrás.
Ambos se vieron entonces bastante heridos pero el orgullo pesaba más que el dolor de una herida. El anochecer estaba cayendo y se escuchaban truenos en el cielo, una tormenta parecía estar a punto de desatarse.
- Retiraos, no nos obligues a seguir luchando. Ya ha habido demasiados muertos por hoy- dijo Gmork, cuyos ojos reflejaban el cansancio de la larga guerra y el dolor de las numerosas muertes que había tenido que presenciar.
Darlak le hizo un gesto de aceptación al tiempo que le decía:
- Un placer haber luchado contra vos, Gmork.
***
Las tropas ohtari habían regresado al campamento donde los heridos estaban siendo atendidos en la improvisada tienda de curación. La lluvia empapaba el suelo cuando Darlak salió de la tienda donde le habían curado su espalda herida por la daga de Gmork y los numerosos rasguños y cortes que acusaba su cuerpo.
De pronto, en la lejanía del cielo, un ave volaba en círculos sobre el campamento y su presencia distrajo a los soldados.
El ave se dirigió entonces hacia el capitán Lórindol posándose en su hombro y éste comprobó que llevaba una nota en sus patas. La tomó, la desenrolló y la leyó, y lo que encontró en ella ensombreció su rostro cansado. Valandil había entrado de nuevo en un estado de sopor y en Mellon Vilya nada se sabía desde la última reunión del consejo del paradero de los capitanes Aratan y Sonyariel. La angustia y el miedo asaltaron el corazón del semielfo, que pasó la nota al soldado más cercano y le dijo:
- Viaja lo más rápido posible hacia las inmediaciones de Mirianost, busca a la compañía tres y entrégale la nota a Yárfaila Veryawen. Comunícale también que la compañía dos de Lempë Ohtari abandona las tierras de Formen-Draugliante.
[Editado por aratir el 19-05-2007 16:32]
Resumen de la batalla.
Lempe Ohtari ha perdido 23 armadas x35= 805 puntos.
Recuperables: 604 puntos al hacer uso de un poder especial.
Valoraciones: 6.6+9.0= 7.8
Recupera: 471 puntos. Los dirigentes de la Compañía pierden un 50% de vida por lo que recuperan 175 puntos. Total recuperación 604 puntos
Pierde: 201 puntos
Formen Draugliante ha perdido 13 armadas x35= 455 puntos.
Recuperables: 364 puntos.
Valoraciones: 8.6+6.6= 7.6
Recupera: 277 puntos. Los dirigentes de la Compañía pierden un 60% de vida por lo que recuperan 210 puntos. Total recuperación 364 puntos
Pierde: 91 puntos.
Lempe Ohtari entrega 100 monedas a Formen Draugliante por el abandono de la batalla.
Formen Draugliante percibe 300 monedas por la victoria de la batalla.
Batalla finalizada