Edicion 3
Árador, Tierras de la Aurora
Finalizada · 19-03-2006
El Mediodía De Farothdin
2007:05:24:05:21:35
Ílimo
En un lugar desconocido de la frontera de Farothdin
La neblina se había posado en los alrededores del lago como una cortina translúcida que no era otra que el fruto de la hechicería. Los presentes estaban allí envueltos en sus capas de montaraces esperando la señal. Se notaba la humedad en el aire, el sudor pegajoso en las ropas, la grasa en la piel de los presentes y la necesidad de boquear como peces en busca del aire. A lo lejos, por encima de sus cabezas y de la niebla se veía la tenue luz del sol como un recuerdo, brillando límpidamente como una esperanza inalcanzable, tan cegador que solo mirarlo te producía vértigo, obligándote cubrirte la mirada con las manos en visera.
Una angustiosa sensación de bochorno les rodeaba. Dudaban por momentos en donde se encontraban, ¿habían seguido bien las instrucciones? ¿Era aquel el lugar exacto de entrada?. Las dudas sembraban inquietud entre los presentes, el tiempo pasaba y no había señales de que se les permitiera el paso.
Un aleteo brusco despertó a todos de sus temores. Volaba sobre sus cabezas de aquí para allá, batiendo las alas rápidamente. Se divisó la fuente y era YiYinai, la lechuza de la reina Izilsurias, de blanco plumaje y ribeteado en plata brillante, mirándoles a través de sus pupilas de miel sin perder detalle. Quedó suspendida en el aire y reemprendió el vuelo., Por donde ella pasaba se echabla la niebla a un lado. Los guerreros se agarraron instintivamente a las ropas de los otros y caminaron tras el rastro de la lechuza, hasta que toparon con un pantano o una especie de río donde había varias barcas esperándoles. Se subieron a ellas y se dejaron llevar por la corriente amparados por las nieblas sempiternas.
Un bamoboleo soporifero tras otro al compás del las grises aguas del pantano, veladas por una cortina de sombras, navegaban hacia el infinito desconocido, hacia una dirección ilocalizable. No valían allí las estrellas, ni el viento que no soplaba, ni las brújulas de los hombres de Oesternesse, porque era el reino de la magia que más al este se conocía, y los encantamientos envolvían su reino y se imbuían en la mima naturaleza de los elementos. Por eso sólo les quedaba dejarse llevar por las corrientes de magia tranquila...
_ Lleváis las pruebas _ dijo un elfo montaraz a otro, mientras le apretaba el antebrazo_
_ Cómo veis, Elburen no miente _ y descubrió las mantas que tapaban unos fardos_ Ílimo e Izilsurias lo esperaban, pero no tan pronto.
[....]
Un Korie se abría allá abajo, limitado por inmensos troncos de hayas y fresnos, cuajadas sus ramas de flores en racimos, candelabros y lámparas de plata. Las reliquias de valinor servían vino e hidromiel y el calor de las hogueras asaba carnes de todo tipo. Frutas de los mejores jardines, pasteles y dulces aromáticos, panes blancos, pescados en salazón. Los festejos recorrían el reino de Farothdin a medida que las aves de los reyes desperdigaban las noticias del frente del norte…Allá y acá se pregonaba el fin de las guerras, ¡empezaba un nuevo día!, el secreto se mantenía, la magia seguía en pié y apenas quedaban enemigos que pudiesen codiciar aquellas tierras inexploradas...pero sólo apenas
[.....]
Más arriba, entre las montañas mas escarpadas, entre valles ocultos se levantaba Ost In Alassëa Êsde, majestuosa y engalanada de fiesta como si fuera una ciudad de cuento en la que habitaban las hadas, hermosas como el primer día del amanecer.
Se abríeron las puertas del cordón amurallado que llevaba hasta al Palacio a través de la Ciudadela. Entre cantos, melodías y cortinas de pétalos entraron los reyes seguidos de sus señores de la guerra y más atrás lo que quedaba de su ejército. Aplausos, gritos de victoria o de alivio, pero alegría y festejo como pocos se habían conocido.
[Editado por gorathion el 16-05-2007 01:12]
Ílimo
Una semana entera de festejos por todos aquellos años de guerras, un descanso bien merecido y un pago insuficiente por sus servicios. El último día de la semana habían sido convocados los capitanes de Farothdin a un consejo secreto, en lo alto de la torre del Palacio Real donde se levantaban las habitaciones del Rey. Desde su trono de mármol se veían las montañas de Farothdin y más abajo las llanuras y los bosques con sus ciudades y pueblos escondidos. Tras las nieblas de la frontera se extendía la meseta, el mar y los reinos circundantes amigos, ya que los hostiles habían caído en desgracia y sus supervivientes vagaban en un destino incierto. Supervivientes que si no habían muerto debían apresurase a huir o a reorganizarse ante lo que se avecinaba.
Aún era tiempo de fiesta y los convocados recorrían el palacio solitario siguiendo el camino que tantas veces habían hecho. Llegaron goteando al recibidor donde caían las escaleras. Se saludaban, hablaban tímidamente hasta que Izilsurias salió a su encuentro y les acompañó el último tramo. Subieron las escaleras de caracol hasta que finalizaron en una suelo de mármol blanco impoluto en el que no se notaban las vetas que unían las baldosas, todo parecía de una pieza, tallado y pulido en la misma cumbre. El techo estaba abovedado y acababa en un tragaluz. Al fondo estaba Ílimo, entre las columnas, más allá de un puente largo y delgado, en un promontorio pequeño en mitad del vacío, rodeado de aves que volaban rodeándole, trinando, susurrando palabras nerviosas en su lengua. Él escuchaba el griterío en silencio, con los ojos cerrados. Cuando la nube de pájaros se hubo marchado abrió los ojos y atravesó el puentecito con el semblante sombrío. Saludó a todos sin mirarlos, con la cabeza gacha metida en sus asuntos. Izilsurias se acercó a los bordes de la columnata y Yiyinai voló hacia una percha dorada.
Atravesaron unas cortinas semitransparentes que se agitaban con la brisa, pasaron a la sala anexa, donde había una mesa de piedra enorme llena de arena finísima. Todos se congregaron alrededor instintivamente, sabiendo que aquello guardaba alguna nueva sorpresa, otros ya sabían de qué iba. Ílimo extendió sus manos y acarició el aire, la arena se agitó y formó lo que parecían montañas, se hundió allí donde había mares, ríos y lagos, se arrugó donde había bosques, etc. la arena tomó la forma del mapa de Arador, con sus reinos y sus fronteras, y en negro, una sombra salpicaba el sur.
_ Los rumores son ciertos _Narquelië rompió el silencio_¡ hay una nueva amenaza!
_Los rumores acaban de ser confirmados _ replicó Izilsurias, mientras Ïlimo la miraba con tristeza, asintiendo_
_ Me temo que mientras estábamos preocupados protegiendo nuestro reino de futuras amenazas, un horda de orcos se estaba reuniendo, si no lo ha hecho ya.
_ ¿Quién los dirige? ¿Quién tiene tanto poder como para atraer esas huestes? _preguntó Narquelië con dureza_
_ Exigimos respuestas Ílimo, ya que eso supone que tendremos que volver a derramar sangre por proteger este reino y su secreto._apoyó Narmince_
_ Silencio_ Siseó Izilsurias, inspirando la disciplina
No os reuní para conquistar, si no para defendernos de un mal que anidó en las desavenencias de los reinos de Arador. Según lo que Narquelië y yo hemos averiguado por boca del senescal Darlak de Ohtari, el general y caudillo es el alma corrupta del legendario Bolgöd, el Sexto Caballero que ahora a tomado forma y está al servicio de un poder mayor en malignidad y sabiduría, _miró a Izilsuiras pidiendo su aprobación y esta asintió.Thrakglobash,un servidor corrupto escapado de Angband, un espíritu femenino escapado del juicio de Ëonwë, proscrito de la justicia divina. Según las noticias que visteis que me dieron, el enemigo es más numeroso de lo que pensábamos y se dispersa en pos de los restos de nuestros linajes y heredades. ¡Pero aún hay tiempo!, porque siempre hemos estados prevenidos contra estos infortunios. éste es el mal que presentimos acercarse y temo que guiados por ese miedo, hayamos condenado a muchos inocentes e incluso a nosotros mismos cuando volvamos a Valinor, después de tanto tiempo..
Aquellas palabras no tuvieron sentido ahora, pero sí en el futuro que más adelante será contado.
El mal corrupto se reúne como servidumbre alrededor de una dama casadera, _ meditó Nameless en voz alta_ , tal vez esta sea una amenaza mas grande que la inestabilidad de los hombres que nos vimos a combatir. Aquí no valen suposiciones, ni guerras y derrocamientos preventivos, no valen las intrigas los sobornos y el espionaje, contra los orcos solo cuenta empuñar las armas y barrerlos de la geografía.
No sería prudente llevar la batalla dentro del reino, hemos aguantado hasta ahora con el secreto de nuestra posición, nuestras fronteras son desconocidas y la posición de sus accesos aproximada. _ dijo al resto Feartarya_ ¿acaso conocen nuestra posición? Ílimo,
A eso, responderé yo _dijo una voz más allá de los que se congregaban ante el mapa de arena. Quien hablaba era un elfo montaraz de la Orden de la Rosa, un dirigente de la casa de los Albiarna, su antepasado mató al rey de los Enanos de las colinas amarillas cuando sorprendieron a su compañía comerciando con los Orcos de Morgoth, en los tiempos de la noche estrellada, cuando Farotdhin no existía y Opele Anaroë era el refugio donde vivían como guerrilleros. Su escudo es un Ent sobre un campo de oro, en honor a sus hazañas, ya que representa lo que se llevó del ajuar del rey y de su escolta.
El elfo mandó a los suyos extender unos fardos en el suelo de modo que pudiesen ser vistos por todos, quitaron las mantas y aparecieron unos orcos hediondos masacrados por flechas.
_los sorprendimos más allá de las fronteras, son porteadores orcos, mis señores, y sí esto no responde a su pregunta, les diré, que si no saben donde estamos, no viviremos muchos años sin ser descubiertos.
[Editado por gorathion el 19-05-2007 20:34]
Ílimo
La luz caminaba a través de los pasillos de marmoles pulidos de la sala del comedor. En una de esas salas había una mesa de madera blanca donde el rey y la reina tomaba un desayuno al lado de la terraza a la que se abrían los jardines de Ost in Alassea Esde. El trinar de cada mañana, las montañas escarpadas al fondo y los valles con sus planicies se veían a lo lejos. Mas abajo el pueblo seguía con los festejos; terminaba la noche y los que se iban a dormir para continuar la fiesta eran relevados por otros que se levantaban para continuarla. Siempre había algo que festejar en las calles, la felicidad cobraba forma de manjares y música que hechizaba el sueño.
Más, dos días habían pasado desde la reunión con sus consejeros pero nada más se sabía de aquellos rumores acerca de orcos y sus dirigentes. Parece que todo se hubiese acallado, y la pesadumbre por el futuro se hacía mas pesada para los maias de Farothdin, ya que presentían un mal pero no lo hallaban para poder destruirlo. La incertidumbre y el miedo a que no pudiesen controlar lo que se avecinaba les torturaba el ánimo y nublaba sus semblantes. Y cuando se mostraban al pueblo, debían hacer uso de sus artes para ocultar la tristeza que les atenazaba el corazón, aunque algunos de los mas cercanos leía en sus ojos que algo malo pasaba, pero no sabían donde.
De las alturas llegó volando un mensaje que llevaba un águila menor; el águila de los Avathin, Arestel de Oron enviaba noticias. Ïlimo, desconcertado, dejó la taza que temblaba en sus manos con un tintineo que derramó parte del contenido. Buscó la mirada de su amada y la de esta ya no era dura y fría, si no que se había vuelto benévola y cálida. Izilsurias cambió de silla y se puso al lado de Ílimo, apoyó la barbilla en su hombro y ambos leyeron la misiva.
Arestel ha visto de camino a Oron, un centenar de orcos en las ruinas de Tabarcerta. Las primeras noticias en mucho tiempo pero ¿es acaso eso lo que presentimos?.
Iz_ Lo que se nos avecina aún no tiene cara ni rostro definido. Solo tenemos noticias que confirmarían lo que pensamos desde hace mucho tiempo. La espera se hará dura y aparecerá sin saberlo
I_ Solo presiento las sombras entre las sombras mi dama y cada día que pasa la incertidumbre sobre el futuro de todo lo que hemos creado me oscurece el ánimo.
Iz_ Y ese sentimiento a acompañado a todo lo que hemos hecho desde hace mucho tiempo, todo proyecto será amenazado y ahora festejamos el haber eliminado la posibilidad de ser destruidos por los pueblos hostiles de Arador.
Posó la carta en una bandeja de plata y apuró la taza con el ceño fruncido, siempre pensando; Izilsurías recostó sus mejillas en el hombro de Ïlimo y cerró los ojos pensado mientras él acariciaba sus cabellos.
I_Tantos años soportando la carga del destino de otros y siempre juntos como el primer día que queda ya muy lejano. Mi espíritu de la vida, Izilsurias. Infundiremos luz en la sombra que se avecina como hemos hecho hasta ahora, y esperaré a tu lado el momento.
Narquelië
Hacia apenas una semana que habían regresado de las tierras de la Draugliante del norte, cuando todo fueron convocado al consejo. Los tres capitanes de Izilsurias no tocaron la capital hasta ese día; solamente al llegar, fueron avisados de que el consejo del Lirio Negro abriría un conclave y que tenían que estar presentes, así pues aquella primera semana de una paz corta y efímera, Narquelië se encontró recluida en el palacio del Hielo Eterno. Por supuesto, el conclave no servía de nada, ella lo sabía, elogios para los elfos Nameless y Nahama y la restitución del puesto de Narquelië en el consejo, a nadie le agradaba, pero era una orden directa de Izilsurias y tenia que ser recatada a como diera lugar.
Y desde las ventanas podía ver la ciudad del feliz descanso, quería irse pronto, ansiaba llegar a la casa que tenia en la capital y reunirse con su hijo Nerion, que para ese entonces tendría ya cuatro años. Sus campañas duraron poco mas de un año, un año de silencio para el niño,que solo recibía cartas muy de vez en cuando. Pero ya no importaba, con la guerra finiquitada, podría estar con él , todo el tiempo que se le viniera en gana. Narquelië no sabía que aquello todavía no se terminaba.
En el palacio los rumores acerca de una amenaza oscura, circulaban como hogazas de pan caliente, se decía que ordas de orcos buscaban la entrada al reino oculto de los maiar de Valinor, orcos que seguramente eran acribillados por los montaraces de la Orden de la Rosa. A Quariel, todos aquellos chismes la tenían sin cuidado, en aquel momento tenia que resolver sus asuntos, mas importantes que cualquier otra cosa; sin embargo sus cuervos también se lo habían dicho, ya en el norte, cuando se separó de Eleanor, antes de llegar a Farothin.
[...]
Salió del palacio, terriblemente molesta, como siempre, los reyes se mostraban tranquilos frente a lo que se avecinaba, si tan solo no le importará tanto la seguridad de aquel reino, Narquelië hubiera podido irse, pero no lo haría, ya no podía y lo sabía. Paso por la puerta del ultimo circulo de la ciudad y se internó en las calles de la misma, al rato llego al barrio de los comerciantes, donde se alzaban las casas mas grandes en belleza y poder.
La estrella de la tarde ya se asomaba por el cielo y la luz de Arien, poco a poco iba dejando paso a la oscuridad de la noche, la puerta de una de las casa se abrió y un niño salio corriendo a recibirla, detrás de él, venia su sirviente Manik, que había llegado directamente ahí, por ordenes suyas. Abrazó al niño y se metió en la casa, en aquel momento, todo lo que pasaba a su alrededor ya no importaba.
[...]
Los cuervos aparecieron dos días después, se posaron en el jardín. Quariel dejo sus quehaceres y salió de la cocina, los graznidos se hicieron cada vez más intensos, poco después las aves volaron. Narquelië entró de nuevo, se sentó en la mesa y miro a Nerion que se negaba a comer la fruta del desayuno.
-Cometela Nerion-le dijo su madre- Sí lo haces, te dejo dormir ésta noche en mi cama- el niño sonrió y se metió la fruta a la boca, la mujer entonces se dirigió a su sirviente- Manik, ve y busca a Featarya, dile que la doncella cuervo quiere hablar con él y lo traes directamente aquí. Sin que los vean.
-Pero Señora, el niño...-comenzó a decir.
-El noldo no va a decir nada, corre, antes de que se vaya.
El joven salió de la casa y fue en busca de Caladan.
Los cuervos aquella tarde se posaron, en las casas de aquellos asesino de Farothdin, que eran reclamados de nuevo por su Señora.
Featarya
Dentro de la casa estaba todo inquieto. Narquelie se encontraba sentada metida tan adentro de sus pensamientos, sin poder concertarse en ninguno. De repente el silencio fue interrumpido al abrirse la entrada. Caladan llegó acompañado de Manik. La mujer los recibió con mucha confianza y con algo de prisa, dejando de lado la formalidad, con un ademán ordenó a Manik dejarlos solos.
-Gracias Manik –dijo Featarya, luego se dirigió a Narquelie- Bien, ¿para que me llamaste?
-Teniendo en cuenta lo que se lo que se hablo en el consejo, y viendo que los reyes están demasiados inactivos. Se que puedo confiar en ti, tenemos que hacer algo- la mujer se sentó en el sillón y lo invito a hacer lo mismo- Estuve pensando en todo lo que descubrí respecto a ese sexto caballero, Ilimo cree que Bolgod no…
-¿Bolgod? –interrumpió el elfo desconcertado- …Entonces era él – la mujer lo miró confundida- Hace unos noches percibí una amenaza, algo me inquietaba, hoy a la anochecer fui a investigar lejos de la ciudad, pero dentro de nuestras tierras encontré una sombra que deambulaba. Pude percibir su malicia, iba a enfrentarlo, pero algo me detuvo, iba a hablar con Ilimo respecto a esto, pero en el camino me encontré con Manik, y creó que lo mejor fue compartir esto contigo
-Mejor así… ¿era Bolgod?
- Si lo que me dices es cierto, sí, no era un ser cualquiera. Ahora dime ¿qué tienes planeado?
En ese momento la presencia de un niño interrumpió la conversación. Featarya vio en los ojos de aquel niño la mirada de Narquelie, quedo unos segundos boquiabierto, hasta que le sonrío, el niño sonrío tan traviesamente como el elfo y luego se retiro avergonzado. Caladan miró a la mujer, que lo miraba con una seriedad única, pudo ver en lo mas hondo de ella algo de debilidad, pero el elfo asintió con la cabeza asegurándole que guardaría su secreto, despreocupando a Quariel. Ella prosiguió
-Esta claro que nuestras fronteras ya no están seguras. Tú deberías asegurar las guardias en nuestras tierras. Yo me ocupare de espiar y descubrir que están conspirando en nuestra contra, ya he enviado mensajes a mis hombres, necesito saber si puedo contar con los tuyos.
-Sí ya sabes que sí, mis hombres se van a encargar de esto, aparte tengo a mi cargo una compañía de montaraces muy experimentados. Y no te preocupes, nadie se va a enterar de esto, es mejor que actuemos en secreto.
[Editado por Elenmir el 24-05-2007 05:26]