Uzbad Kibil
Resumen de la batalla:
Armadas perdidas por Harad-Draugliante: 51
Armadas perdidas por Heren Fanyarëa: 61
Ambos clanes se retiran de la batalla
Victoria para Harad-Draugliante por ventaja numérica y de porcentaje

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.
Edicion 3
Finalizada · 19-03-2006
2007:06:03:17:38:35
Resumen de la batalla:
Armadas perdidas por Harad-Draugliante: 51
Armadas perdidas por Heren Fanyarëa: 61
Ambos clanes se retiran de la batalla
Victoria para Harad-Draugliante por ventaja numérica y de porcentaje
El Final de la Guerra en Harad-Draugliante (II)
Uzbad Kibil se encontraba ya en la provincia de Nasta Netula Men cuando recibió la noticia del abandono de Astan Neuma por parte de las tropas de Farothdin. Algo extraño estaba ocurriendo en las tierras de Árador, el enano no encontraba explicación para las acciones que se estaban llevando a cabo en el continente, era como si todo el mundo necesitara retirarse para proteger mejor sus hogares de un nuevo enemigo; y él sentía, más fuerte cada día, aquel deseo de regresar a Carasalm y entrar en la legendaria Ciudad del Olmo a recuperar los antiguos tesoros de los Siete Padres. Pero ya había dado su palabra de que no lo haría por el momento, y aún era necesario cumplir esa palabra.
El enano llegó a la capital y fue recibido fríamente, en la mente de los soldados aún permanecía el recuerdo de su traición y el saqueo que se produjo como consecuencia de tal vil acción; pero los soldados eran elfos, así que aquella hostilidad hacia el comandante enano era muy similar a la que ya sentían antes de la última batalla. Uzbad Kibil ignorando aquellas aviesas miradas se dirigió en busca de los otros dos comandantes: Kael y Morë; en el antiguo Matriarcado, Uzbad poseyó siempre un rango militar superior al de los dos jóvenes y no pensaba renunciar a él aunque se le acusara de traición y de abandonar a su suerte a la compañía de Draugliante.
-Salud nobles guerreros, ya he vuelto, podemos partir para expulsar a los Fanyari de nuestras tierras.
-Nosotros iremos a expulsar a los Fanyari cuando recibamos las órdenes de Orodril, pero tú irás a las mazmorras de la ciudad por lo que hiciste hace un par de semanas –replicó Kael.
-Aquí traigo las órdenes de Orodril… y creo que el viaje a las mazmorras lo haré, pero no para lo que estáis pensando. Las órdenes son reclutar a los trolls de allí abajo y que vosotros me obedezcáis.
Kael arrancó el pergamino con las órdenes de la mano del enano y las repasó lentamente:
-No sé cómo lo has conseguido, pero no me queda más remedio que obedecer… las tropas de esta ciudad están llenas de hombres a los que les encantaría ascender y obtener mi puesto, y no pienso darles una oportunidad tan fácil.
-Dentro de unos años aprenderás a hacer cosas así… pero no intentes utilizar mis artimañas contra mí, saldrías muy mal parado. Ahora id a buscar a los trolls, al anochecer partiremos hacia Cirith Annethiel.
Kael abandonó rápidamente la sala muy malhumorado, Morë que se había mantenido en silencio durante toda la discusión salió tras él sin decir una palabra.
Un firmamento violáceo acompañaba a los soldados de Draugliante mientras formaban sus ejércitos a las puertas de la capital; Kael y Morë se encontraban entre los soldados organizando los últimos detalles del viaje, la travesía con tantos trolls podía resultar peligrosa para los propios hombres de Draugliante. Uzbad Kibil observaba desde la muralla, iba a ser un duro viaje entre tantas personas hostiles hacia él, pero debía hacer algún sacrificio para poder conseguir una buena recompensa.
Las gentes de la ciudad que se encontraban rehabilitando sus hogares, salieron a darles una última despedida; en los corazones de los habitantes residía la esperanza de que con esta batalla, los enemigos serían expulsados y la paz volvería a sus tierras, por este motivo la despedida fue bastante alegre.
Una multitud de estrellas titilaban en el firmamento cuando una pléyade de antorchas partió de Astan Neuma con dirección nordeste, trolls y elfos comandados por Uzbad, Kael y Morë se dirigían a expulsar a los últimos Fanyari que quedaban en las tierras de Draugliante
-Bien mis fieles soldados, partiremos hacia Cirith Annethiel; a nuestros amigos los trolls no les agrada demasiado la luz del día, así que intentaremos hacer todo el viaje de noche. Espero que al amanecer hayamos llegado hasta un poblado abandonado en los límites del desierto de Rogrant.
El viaje fue silencioso, mucha tensión flotaba en el ambiente y nadie se atrevía a hacer el más mínimo ruido. Utilizando viejas fortificaciones y aldeas, las tropas de Draugliante consiguieron llegar frente a las Fanyari que se apostaban a los pies de la hermosa e imponente Cirith Annethiel. Antes de llegar, Uzbad Kibil recibió nuevas noticias de Orodril, las Orod Nid se encontraban libres de enemigos y la ciudad de Gathol-Kheled había resistido los últimos ataques.
Desde la última fortaleza antes de salir del Rogrant, Uzbad Kibil podía observar las tropas Fanyari; se encontraban en mitad de la nada desde hacía varios días, parecían expectantes, pero el enano no podía imaginarse qué esperaban en aquel lugar.
Una leve brisa soplaba en el lugar, en aquella zona exterior del desierto la temperatura no era muy elevada en aquella época del año, por lo que el campo que separaba a los dos bandos estaba lleno de pequeñas plantas aún verdes que luchaban ferozmente por sobrevivir sin saber que poco tiempo después serían arrancadas por los pies de hombres que también luchaban por sus vidas.
Cuando el sol comenzaba a tomar un color rojizo, Uzbad Kibil ordenó iniciar el ataque, la mayoría de los elfos con Kael a la cabeza se lanzaron contra las tropas enemigas, los trolls permanecían resguardados lejos de la luz y de las miradas de los Fanyari.
Este comienzo de batalla fue sangriento, Kael y sus soldados tenían como misión tomar la fortaleza de Cirith Annethiel, para ello contaban con una importante superioridad numérica con respecto a los Fanyari. Con mucho, la mayor parte de los caídos eran del bando de Draugliante pero su avance no se detenía hasta que por fin se encontraron a pocos metros de las puertas, entonces, Kael hizo sonar su cuerno.
Esa era la señal convenida, Uzbad, Morë y un puñado más de elfos se dirigieron con los trolls hacia el campo de la batalla. Tuvieron que avanzar entre grandes pilas de cuerpos sin vida hasta que por fin llegaron a la vanguardia de la batalla. La llegada de los trolls supuso un cambio en el rumbo de la batalla, ahora la mayor parte de las muertes provenían de los Fanyari.
Pasada la media noche, Draugliante recuperó Cirith Annethiel y el control sobre aquel desfiladero que unía la capital de su reino con el resto de sus tierras, pero los Fanyari no se rindieron fácilmente y se negaban a abandonar aquella fortaleza, ni el embate de los vigorosos trolls les hacía retroceder más de un par de metros.
Y entonces ocurrió lo inesperado, cuando el alba comenzaba a clarear por el este, se escuchó un fuerte estruendo y tras él, el campo de batalla se partió en dos; toda la zona temblaba y se resquebrajaba como había ocurrido en Beleriand tiempo atrás. Se produjeron desprendimientos de rocas en las montañas cercanas y parte de la fortaleza se derrumbó; aquella lluvia de rocas y aquellos abismos que se abrían bajo los pies de los soldados provocaron numerosas bajas en los ya diezmados ejércitos; en el bando de Draugliante, Kael había quedado atrapado junto a un grupo de Fanyari que casi habían acabado con su vida antes de perecer ellos bajo las rocas, Morë había corrido mejor suerte pero uno de los trolls que la acompañaban cayó sobre ella abatido por las ruinas de Cirith Annethiel, de Uzbad Kibil nada se sabía.
Entendiendo que aquella batalla estaba maldita y que estaban enfureciendo a los Ainur, ambos bandos decidieron retirarse y así fue como los Fanyari abandonaron definitivamente las tierras de Draugliante.
Al día siguiente, Uzbad Kibil (que se había salvado milagrosamente del derrumbe del ala norte de Cirith Annethiel pero no de las flechas Fanyari) y los demás heridos se dirigieron a Orod Níd, hacia las casas de curación de aquella región
En la primera bifurcación tras la Puerta de los Siete Padres, Uzbad Kibil se separó del resto y se dirigió a Gathol-Kheled para encontrarse con Orodril.
El elfo lo esperaba en una estancia que los enanos habían habilitado para él en el antiguo Palacio de Invierno.
-Por fin –habló Uzbad-. La guerra ha terminado en nuestras tierras, aunque contamos con más bajas que la mayoría de los otros pueblos.
-Estuvimos en el lugar equivocado en el momento más inoportuno –respondió Orodril-. Pero en las orillas del Nyellosire existe un dicho: Cuando las aguas del río se desbordan, los sauces sufren la primera embestida, sus troncos se doblan y pierden hojas y corteza, mas al año siguiente son los primeros en recuperarse de sus heridas listos para recibir de nuevo el agua que les da la vida
Cuando llegue el momento y haya que entablar de nuevo batalla, nosotros seremos los primeros en hacerlo y contaremos con renovadas fuerzas. ¡Se arrepentirán de estar en el bando enemigo!
Uzbad Kibil entró silenciosamente en la habitación en la que descansaba el malherido Kael, los sanadores habían hecho todo lo posible pero ahora todo dependía de la fuerza del joven comandante.
En la fresca penumbra, sentada cerca de la cama estaba Morë, la joven había utilizado todos sus conocimientos en evitar que Kael muriera antes de llegar a las casas de curación de la Fuente del Nyellosire y lo había conseguido aún estando ella herida de gravedad.
El enano se acercó cojeando hasta la joven que parecía se encontraba dormitando:
-Por fin el noble Señor Enano se digna en visitarnos. Uno de sus Comandantes ha estado al borde de la muerte y ha tardado cuatro días en acercarse para ver cómo se encontraba –habló una altiva Morë.
-Aún tienes mucho que aprender de la guerra muchacha. A veces hay cosas más importantes que la vida de un soldado… además, yo también he tenido que curar mis heridas, si el joven Kael fuera un comandante más veterano no habría sufrido estas heridas tan graves.
-Si no nos hubiéramos obcecado en expulsar a los Fanyari de Cirith Annethiel no habría habido necesidad de tal masacre.
-Yo sólo cumplía lo pactado con Orodril, no fue mi culpa que Realengo abandonara Astan Neuma y que tuviéramos que combatir para liberar una de mis ciudades…
-Vaya, parece que lo acaecido en el campo de batalla te ha cambiado… ahora eres un noble y fiel aliado de Orodril. Puedes haber recuperado su confianza y la de nuestros soldados, pero nunca contarás con la mía… ni siquiera con un ligero aprecio por mi parte.
-Oh vamos, no me rompas el corazón jovencita –rió el enano-. Nunca he necesitado de tu confianza y de sobra sé que no he recuperado la de Orodril, ni él la mía.
Él y yo hemos tenido maestros comunes, ambos hemos vivido en la Corte de Illurë y hemos aprendido el arte de la manipulación y la traición; sé que Orodril me va a traicionar y él sabe que yo haré lo mismo… pero mientras esto ocurra ambos nos aprovecharemos el uno del otro, el problema está en saber cuándo se producirá la primera traición. Hasta entonces podrás asistir a la relación más cordial que puedas imaginar… aún tienes mucho que aprender si quieres sobrevivir en estas tierras.
Uzbad Kibil se dirigió a la salida, pero antes de abandonar la estancia hizo una última advertencia a Morë:
-Puedes intentar hablarle de nuestra conversación a Orodril, él te creerá por supuesto, pero aparentará tener una fe ciega en mi persona… y si aún así insistes en contárselo al elfo, yo haré que te arrepientas de haber puesto un pie en este mundo.
Varios días habían pasado desde que se habían hecho con la fortaleza de Cirith Annethiel y la espera se hacía eterna...el sol cegaba a la semielfa que se encontraba apostada sobre una imponente duna mientras oteaba el horizonte en busca del enemigo.
Puso su mano como visera pero solo kilometros de desierto era lo que veían sus ojos. Primero el inquebrantable hielo de las frías cavernas de Gathol Keled,ahora el interminable paisaje arenoso. ¿Cuándo podrían volver a casa y terminar con toda ésta locura? ¿Cuándo había estado en casa por última vez? Ni siquiera eso ya recordaba...
El pelo se enroscaba en su mano con la brisa de la tarde mientras que la arena goleaba sus ropas sin descanso.
El sonido apagado de cascos de caballo la sacó de sus pensamientos. Varios hombres se acercaban a galope portando la insignia de la Orden de los Cielos.
-Son los espías que envié-sonó una voz a su espalda.
Niëlúne giró el rostro y se encontró con el de Rialath.
-Eso parece-contestó la joven-espero que traígan buenas noticias,no soporto ni un solo día más encerrada entre estos muros-su mal humor era patente.
-Tranquila,amiga;para bien o para mal,todo terminará pronto.
-Eso es lo que espero querido amigo...eso espero-dijo,y junto al humano bajó de la colina para encontrarse con los hombres que entraban por la puerta principal.
Los espías desmontaron los caballos y se dirigieron presurosos hacia la pareja.
-Capitán...Señora-dijo uno de ellos con una inclinación de su cabeza-ya se acercan. Un gran número de elfos se dirige hacia aquí comandados por Kaël mi Señor. El enano Uzbad Kibil va con ellos. Es un gran contingente...
-Gracias,gracias-respondió Rialath con un gesto de su mano-ahora id a descansar,estaréis agotados después de tan larga cabalgata.
¡Soldado! acompañalos a una tienda y procurales comida y un baño. Debéis estar descansados llegado el momento...éste está próximo.
Cogiendo a la joven del brazo la apartó a un lado para hablar con ella.
-Pronto habrá terminado-un leve esbozo de sonrisa surcó los labios del dunedain-pero me temo que no saldremos de aquí con las manos limpias.La suerte no está de nuestra parte Niël,lo presiento...
La joven asintió para sí,había escuchado las noticias que traían y no eran nada alentadoras.
-Yo también lo siento.Es esta maldita brisa...trea oscuros lamentos.
[...]
El sol despuntó en el horizonte cuando las tropas de Draugliante comenzaron el ataque.
Un incontable número de elfos se abalanzó sobre los fanyareanos que se apostaban frente a la fortaleza. Miles de saetas surcaron el rojizo cielo en busca de las primeras filas enemigas atravesando a todo el que se cruzaba en su camino.; muchos de ellos cayeron abatidos sobre la arena del desierto, otros tantos atravesados por lanzas y espadas. La batalla parecía decantarse para los miembros de la Orden de los Cielos, nada hacía parecer que pudiera cambiar pese a la superioridad numérica del contrincante.
Lómea se encontraba junto a los arqueros intentado controlar la embestida cuando varios elfos consiguieron cruzar el frente echándose sobre ella. Rodó por el suelo dejando caer Nurtaina, su arco. Rápidamente se incorporó para hacer frente a los elfos desenvainando Nyérë. Uno de ellos se abalanzó sobre ella pero con un certero movimiento de su muñeca alcanzó a rebanarle el cuello. Otro la rodeó por detrás mientras otro más aprovechaba que Lómea se recuperaba del primer ataque e iniciaba la arremetida; éste la pilló por sorpresa por lo que fue a parar al suelo de nuevo con elfo encima de ella. Se produjo un forcejeo entre ambos, rodaron por la arena sin decantarse la victoria por ninguno de los dos hasta que el tercer elfo la golpeó con el pie en el costado obligándola a desistir; este volvió a golpearla con más fuerza dejando a Lómea aturdida. Sacó su espada para terminar con la pelea, estaba acorralada; el elfo alzó los brazos para dar la última estocada cuando de repente una hoja atravesó su cuerpo de lado a lado. El elfo cayó a un lado cuando la espada fue extraída dejando ver a Rialath que por fortuna había aparecido en el momento oportuno.
El humano le ofreció su mano a la avari para ayudarla a levantarse.
Todo parecía ganado cuando de repente un azote de viento trajo los horribles alaridos de trolls que habían acompañado a las tropas de Draugliante.
Niëlúne se encontraba luchando contra un elfo cuando lo vio. Los trolls corrían hacia ellos arrasando todo a su paso. Su tez, antes enrojecida por la adrenalina que fluía por sus venas se tornó pálida al instante. La arena adquirió un tinte rojizo con la sangre de sus víctimas, mientras los soldados huían despavoridos por salvar sus vidas.
Un fuerte temblor sacudió la fortaleza. Niëlúne dio de bruces en el suelo y elfo contra el que luchaba cayó sobre ella. El suelo empezó a abrirse, miles de gritas surgían del agujero que comenzaba a nacer. Terribles lamentos se elevaban de la tierra al tiempo que un impetuoso rugido inundó el desierto. La fortaleza empezó a venirse abajo dejando atrapados a todos los que había en su interior.
Niëlúne despertó enterrada entre las piedras que se habían desprendido de la muralla, por suerte no estaba herida de gravedad, solo fuertes contusiones y una herida en el costado que aunque de poca importancia había empapado sus ropas de sangre.
Buscó con la mirada a sus compañeros. Rialath permanecía junto a Lómea que yacía inconsciente sobre la arena bañada en sangre; siguió mirando y entonces lo vio, Gakhân, su fiel compañero, había quedado atrapado bajo la muralla, las piedras que a ella le había alcanzado eran solo una mínima parte en comparación con las que le habían atrapado a él. La semielfa corrió hacia el humano pero era demasiado tarde; Niëlúne cogió la mano de su fiel amigo y lloró.
-No…-dijo entre un mar de lágrimas-tenía que ser yo….¿por qué me seguiste hasta aquí amigo? Tu lugar era estar en el Lunte I Nyarier…no debiste seguirme mi querido amigo…
No tantos perdieron la vida en la batalla como lo hicieron tras la catástrofe. Ambos bandos se vieron diezmados, miles de vidas se perdieron aquel día, aquella noche, y en aquel nuevo amanecer donde la ruina y la destrucción eran su estandarte.
La Orden de los Cielos se vio obligada a abandonar Cirith Annethiel, acabada,masacrada…por fin la guerra parecía llegar a su fin, pero qué tan caro precio habían pagado por ello.
Resumen de la batalla.
Harad Draugliante ha perdido 51 armadas x35= 1785 puntos.
Recuperables: 1785 puntos al hacer uso de un poder especial.
Valoraciones: 7.2+7.4+9.0= 8.15
Recupera: 1455 puntos. Los dirigentes de la Compañía pierden un 150% de vida por lo que recuperan 525 puntos. Total recuperación 1785 puntos
No pierde puntos
Heren Fanyarea ha perdido 61 armadas x35= 2135 puntos.
Recuperables: 1601 puntos al hacer uso de un poder especial.
Valoraciones: 8.8+7.8+9.0= 8.5
Recupera: 1366 puntos. Los dirigentes de la Compañía pierden un 40% de vida por lo que recuperan 140 puntos. Total recuperación 1506 puntos
Pierde: 629 puntos. Sufre una penalización de 10 armadas por retraso en la publicación de la historia por la que pierde 350 puntos extra.
Total pérdida: 979 puntos
Ambos clanes pierden 50 monedas por retirada de la batalla en favor de los Valar.
Harad Draugliante percibe 600 monedas por la victoria de la batalla.
Batalla finalizada
GUERRA TERMINADA