Darlak Lórindol
El nacimiento del hijo de Darlak y Sonyariel
La guerra en el norte había acabado y los ejércitos ohtari regresaban ya del campo de batalla.
En las tierras de Lempë Ohtari, la lluvia caía sin cesar desde hacia ya varias semanas y los lemperianos miraban con agustia al cielo. Varias tormentas se habían llevado muchos cultivos pues, además de lluvia, en algunos casos había caído granizo.
Hacia varios días que Darlak y su compañía había regresado de las tierras de Draugliante del norte y durante esos días en Mellon Vilya aún se comentaba la que muchos consideraron el épico combate que había tenido lugar entre el senescal y uno de los Generales de las tropas de Formen Draugliante, Gmork. En las tabernas ardían las chimeneas alrededor de las cuales los sobrevivientes de la guerra narraban ésta y otras historias acaecidas tras tantos meses de batallas. El equilibrado combate resultaba asombroso para muchos lugareños y una leyenda se forjaría esos días en la taberna del Mazo de Troll: la del combate justo y épico entre el caballero lupino, como empezaron a llamar a Gmork, y el caballero de la espada, como desde las guerras de Bolgod llamaban a Darlak.
Sin embargo, había una preocupación mayor en Barad Anor, en la ciudadela de los capitanes de la ciudad. Aún nada se sabía del rastro de Sonyariel y Aratan desde hacía ya varios días, cuando la comitiva de una decena de soldados presumiblemente habían continuado hacia las tierras del sur cuando partieron de la última reunión del consejo en Yävetil, antes de que acabara la guerra.
En la Sala de Juntas de Barad Anor, el señor de la ciudad asistía a las noticias de los exploradores.
-El rastreo ha permitido saber que la comitiva tomó el camino hacía el sur, pero las huellas se pierden poco antes del río verde del sur.
Darlak miró al explorador con una mirada apenada. Llevaba días casi sin dormir pensando donde podría estar Sonyariel y porque aquella huida, además de que ya mismo daría a luz a su hijo.
Ese mismo día dejó encargado a Caragan y a Eleth que intensificaran la búsqueda, rastreando sobre todo la frontera sur del reino. También envió una nota a Aikanaro para pedirle que, desde Yävetil, se intensificara la vigilancia del norte de Lempë Ohtari. Por la tarde, Darlak viajó al este a interesarse por la salud de Valandil y de Vanadessë.
Cabalgó por los árboles del Taureruin hasta la cabaña de Cereval. Allí encontró a Vanadessë sumergida en un estado de lamento y depresión por el rapto de su bebé.
- Nada se sabe del padre ¿no? – le preguntó el senescal al anciano elfo.
- Estaba en la capital cuando las tropas de Farothdin arrasaron la ciudad, poco hemos podido saber de él y del bebé. Y mi nieta cada vez se sumerge en una profunda depresión. No sé si va a salir de ésta.
Hubo un silencio entre ambos y entonces el elfo preguntó:
- ¿Aún no se sabe nada de Sonyariel?
- No, desde aquí me marcharé a la frontera del sur donde Caragan junto a un grupo de exploración está rastreando la zona desde hace días. – dijo Darlak.
El elfo volvió a mirar entonces a la puerta de la alcoba de Vanadessë y dijo:
- Mi otra nieta…Mêlel…tampoco sé nada de ella desde hace días. La envíe hace unas semanas al bosque de donde descendemos los elfos del Taureruin, a un bosque situado en la tierra de Rilmaven Lára…
Darlak abrió entonces los ojos, sorprendido. Recordó algo, esa tierra…Sonyariel era de esa región… ¿Y sí…?
***
Darlak sujetó expectante un mapa de Árador.
-Cirhnan…- susurró la palabra casi en un hilo silencioso mientras él y Eleth buscaban en el mapa.
-¡Aquí está! – gritó Eleth señalando con un dedo una región de Rilmaven Lára. Llevaban casi todo el día buscando en mapas de Arador donde figuraban las aldeas dispersas de la tierra al sur de Lempë. Una de ellas era el lugar de origen de Sonyariel y donde vivía su familia. Darlak nunca había visitado el pueblo y no sabía con exactitud donde estaba. Pero al final habían dado con el sitio.
Darlak guardó los mapas e instó a Eleth a salir para preparar la expedición, partirían a la mañana siguiente hacia las tierras más allá de la frontera sur.
-Como aquella vez que fuimos a las ruinas de Amaurenori- dijo Eleth en un murmullo que Darlak no escuchó.
Partieron al amanecr con Eleth y Darlak dirigiendo la comitiva que los llevarían a la aldea de Sonyariel. Ambos rogaban que la mujer se encontrara allí como pensaban. Si no era así, ya no sabrían donde buscar.
***
La aldea apareció ante sus ojos a mediodía. Se acercaron a un lugareño y con buenas palabras intentaron preguntar por si sabía algo de Sonyariel.
-Sí, una mujer vino hace algunos días embarazada. Está hospedada en una cabaña que hay cerca del bosque.
Con las indicaciones del hombre, cabalgaron hacía la cabaña. Darlak iba muy expectante aunque ya en su rostro se notaba que se había quitado un peso de encima. Una doncella se acercó corriendo hacia ellos cuando los vio a aparecer.
-¿Sois de Lempë Ohtari?
-Si, y andamos buscando a la dama Sonyariel Lisse, nos han dicho que estaba aquí.
La mujer tenía un brillo en el rostro y asintió al tiempo que sonreía.
-Está aquí. Y vos debéis ser el senescal, Darlak. No ha dejado de pronunciar tu nombre desde hace días. Acompañadme.
El semielfo bajó del caballo y le dio las riendas a uno de sus hombres, al tiempo que seguía a la dama al interior de la cabaña.
***
Melel acarició la frente de la joven, la había encontrado en el momento justo.
Sonyariel en su alocada idea de partir a las tierras que la habían visto nacer, pasó por una falsa alarma de parto. El estar ya en el último mes de su embarazo sin los cuidados que se merecen le estaba costando caro.
El largo camino hacia Rilmaven le había descompensado con una hemorragia y una fuerte fiebre que inundó el agotado cuerpo de la humana.
Su rostro pálido semejaba a las opacas nubes que cubrían el cielo. La brisa helada surcaba los ya inundados campos ante la mirada suplicante de los agricultores que veían como, tras las aguas y el frío, el trabajo de toda una temporada terminaría arruinado.
La elfa dio un suspiro y se levantó en silencio. Cerró el dosel y caminó hacia una mesilla cerca de la ventana, donde una señora de mejillas sonrojadas, por el calor del fogón, la esperaba con una infusión de aromáticas hierbas.
- Por fin la fiebre bajó, ahora solo queda esperar que despierte... ¿Y Aratan?
- Fue a ver a sus hombres. Estos días, a pesar de estar lejos de casa, han sido reconfortantes para ellos después de tanta lucha. Además, hacía falta un motivo para celebrar y que mejor que la llegada de gente amiga de la señora Lissë.
- Si... ya me contó que lo pasaron muy bien anoche, hasta cerveza negra bebieron.
La señora sonrió, esa era una de las formas en que acostumbraban a recibir a sus hombres después de una larga jornada lejos de casa, con música una buena hoguera y cerveza elaborada por ellas.
- Creo que las costumbres de un pueblo no se olvidan, así como lo que trajo a estas tierras a la joven.- dijo la joven mientras revolvía las brasas para avivar el fuego.
- ¿Sonyariel? -preguntó la elfa mientras bebía la cálida infusión.
- Es una costumbre que trajeron los sobrevivientes de Alaterumë y fue asimilada por nuestro pueblo. Cuando una criatura nace los padres bendicen la nueva vida y en honor de ella siembran una semilla. Bueno, aunque en sus tierras eran pequeñas plantas colgantes que mantenían en los hogares, acá se siembra la semilla de un árbol, el un símbolo de la fortaleza del pequeño. Y tras la muerte, en el túmulo se siembra la semilla de una flor, la que sea más representativa de la persona que yace ahí, como una forma de agradecer a la tierra lo que somos y lo que nos ha otorgado, así se ha mantenido siempre vivo el bosque que nos protege. Como la señora no tiene quien realice esa costumbre, creo que vino antes por lo menos para honrarnos con una visita....
- Cada pueblo, tiene sus costumbres, sus tradiciones. Así como ustedes en Mellon Vilya se festeja la primera lluvia que cae después del periodo caluroso, pero no son nada parecido como estas lluvias...
Un leve ruido en la entrada les hizo dejar la conversación para mas rato...
Otra doncella entró acompañada por un hombre, de rostro cansado pero con mirada aliviada.
- ¡Darlak!- dijo la elfa al ver llegar al senescal. Él le hizo una reverencia a la antigua usanza de las tierras de Lempë.- Deja los buenos modales para otra ocasión, amigo mío. Hay una mujer que ha estado preguntando por ti insistentemente.
- Tu abuelo te hacía perdida también. Parece que a todos os dio por marcharos de Lempe y desaparecer – comentó el senescal.
- Tenía una misión, y en el bosque supe que Sonyariel andaba por aquí. Afortunadamente la encontré. – dijo mientras señalaba a la mujer que descansaba en la alcoba.- Aunque ha perdido mucha sangre tanto ella como el bebé están bien.
Darlak se acercó entonces hacia donde reposaba Sonya. La encontró muy hermosa a pesar de que había estado sufriendo fiebre, se acercó y le acarició el rostro, suavemente. Entonces ella despertó.
- ¿No es una ilusión lo que ven mis ojos o estoy sumergida en un bello sueño?... ¿Darklak eres tú? amor lo siento... se que muchas veces te lo he dicho, pero realmente lo siento... no pensé que lo podría complicar todo... por Eru ¡los dolores vienes otra vez!... Amor no te apartes de mi lado! si eres real o una ilusión tu presencia me reconforta!
La elfa se acercó y observó el semblante de la joven.
- El bebé ya viene... Darlak sería mejor que nos dejes a solas con tu mujer.
- ¡No me dejes, por favor quédate conmigo!- gimió Sonyariel mientras tomaba y besaba las manos del medio elfo.
Mêlel se quedó mirando al senescal, se veía nervioso pero no demostraba intención de salir de la cabaña.
- Mi amigo si te vas a quedar tendrás que ayudar, serás su soporte.
El medio elfo asintió, se sentó en la cabecera de la cama para sostener la espalda de la humana, mientras la elfa y las doncellas asistían a la joven.
Las palabras de Mêlel se hicieron sentir. La incitó a poner todo de sí, para que su bebé naciera bien. Sonyariel cerró sus ojos. Creía desfallecer, pero sintió la inquieta respiración de Darlak en la mejilla y tomó con fuerza su mano. El ser que más amaba estaba con ella, ¿Qué más podía pedir? Sólo tener la fuerza suficiente para ayudar a nacer a su bebé y con todas sus fuerzas pujó una vez más y no pasó mucho tiempo en que el llanto de una pequeña criatura se hizo sentir potentemente en la habitación, llanto que se confundía con los gritos de alegría de las doncellas.
Mêlel alzó el bebé en alto, se veía fuerte pero no paraba de llorar.
-¡Va a ser aguerrido, senescal!- dijo al tiempo que le pasaba al bebé. -¡Un futuro ohtari que velará por sus tierras!
Darlak le dio un beso tierno a su hijo en la mejilla y se acercó con él hacia la madre, que sonreía al ver embobada al padre con el hijo.
-Aquí está nuestro hijo- dijo el semielfo sonriendo y poniendo al bebé en los brazos de ella.
-¡Ohtarossë! – dijo Sonyariel en un susurro.
***
El primogénito de los caballeros Darlak y Sonyariel había nacido, y una nueva mañana se levantaba en las tierras de Arador. Ohtarossë nacía para recibir el testigo de sus padres en la dirección del pueblo ohtari hacia la paz.
escrito por auriga y aratir
[Editado por aratir el 16-06-2007 23:15]