Historia privada
Amenazas del pasado
Las canciones de antaño describían a Maglor Hijo de Feanor como un amante del canto, pero los últimos siete mil años los pasó junto con otros Noldor que escaparon de la ruina de Eregion.
Junto a ellos fue a Valinor, pero al llegar una estridente voz lo recibió:
-¡Bienvenido seas, Maglor, Hijo del Asesino de los Hermanos, Despeciador del Silmaril, Traidor a la sangre de Valinor!.
Eönwe le dio la bienvenida de una forma tan extraña que el propio Mandos, el Juez de los Valar, a ver quien llegaba a las costas de Aman la Bendecida.
-Así que, tras miles de años, el Cantor de Noldor ha vuelto. Pues el Juicio de Manwë es este: vuelve a Endorë, que tu tarea no terminó. Maedhros me contó en Mandos que tu fuiste quien, de tus traidores hermanos, el que renegó el juramento que hicieron.
-Es cierto, Namo. Pero aún así espero que mis días terminen. Tal fue tu maldición y así se cumplirá.
Pero, pasados apenas treinta días llegó a una costa que sus ojos vieron antaño. Tan solo aplaudió y los ecos de Morgoth se escucharon como la primera vez que se profirieron. Entretanto, Ulmo se apareció al propio Maglor pasados apenas dos días.
-Los días en que los Noldor reinaron nunca vendrán antes del fin, pero viaja en rumbo a Menegroth, a las estancias del Rey Capagrís..
-Pero nisiquiera sé donde quedó Menegroth. Ni siquiera sé que tierra es esta, habiendo estado en Mithlond.
-Mithlond ya dejó de existir. Beleriand fue levantada por el poder de un nandor. Saeros, se llama. Trajo espectros de elfos de Mandos y tu hermano, Caranthir, entre ellos. Allí estarán, en Menegroth, los Herederos de Eärendil el Bendito.
Yendo a Menegroth, se escuchó un fuerte lamento de amor.
Desde las Lagunas Crepusculares
la Hija de la Eternidad partió
tan solo a morir como bestias
que en lodo viven hasta el final.
-¡Tu, detente! ¡Necesito hablar con alguien!
-Si te refieres a mí, Maglor Feanarion, entonces pierdes tu tiempo. Le hablas al más adolorido cantor de los eldar, nombrado aún antes que tu y el Rey Mayor de Arda.
-¿Daeron Thingollin?
-El mismo, asesino de los hermanos de Alqualonde, de mi tierra y los Puertos del Sirion. Es hora que tu familia pague con una mayor aflicción que la que trajeron.
-Escucha, Bardo Mantogrís. Las últimas noticias que tuve fueron de una nueva raza que asulaba incluso las tierras de los Señores de los Mortales. El Propio Ulmo me lo dijo y Manwë me comentó de...
-¡No me vengas con cuentos! ¡Lárgate de la Mil Cavernas del Esgalduin y de la Cintura!
-De acuerdo. Pero así pierdes información valiosa como tu voz.
-Alto- Dijo Daeron en seco-. ¿Que clase de información?
-Sobre el final de los días. Dagor Dagorath está por desatarse.
[Editado por Fingil_Mano_Roja el 28-02-2009 00:44]
Pasados los días, Meglin se dió cuenta (Demasiado tarde para sus adentros) que los Hombres tenían un valor muy superior al de los Primeros Nacidos. Cuando Estel ordenóque se movieran al Lago de Tumladen, él desistió, argumentando recuerdos dolorosos, y sugirió que tomasen el camino de Doriath.
-Sabes bien-dijo Estel, que estaba sentado a la derecha de los nietos de Lúthien-, que el Valle escondido está vedado a quienes Ulmo maldijo. Los Valar abandonaron Endor hace tantos milenios que sus primeros moradores están muertos.
-Pero-dijo Maeglin- si tomamos el camino de Tol Sirion existe un peligro inminente. Los antiguos profetas de tu pueblo señalaban varias batallas antes de la vuelta del Oscuro.
-¿Sauron? Tonterías. Está más que muerto.
-No, pero él tambien se levatará de sus pútridas cenizas. Hablo del Terror del Norte.
-Si es un terror entonces no quiero saberlo.
Justo en ese momento un reducto de los Sindar, muy escasos por los Días del Hombre, salieron al paso, rodeando el campamento. Junto a ellos, un grupo aún más reducido que el de los Elfos Grises apuntó sus lanzas y arcos en todas direcciones del círculo.
-¿A que demoran Firimar y Eldar en las tierras del enviado por los Valar?-vociferó un heraldo.
-Buscamos el valle de Tumladen, señor-dijo el rey atribulado en sus palabras.
-Pues tal parece que no es tu cometido, Maeglin Lómion. Prefieres ir a las Tierras del Cerco que al Valle oculto.-En el acto sus soldados empezaron a aprehender a los soldados.- Llevadlos ante el Hijo de Fëanor.
-¿Cual hijo de Fëanor? Todos murieron-exclamó el Heredero de los Peredhil.
-A su debido tiempo, Firimar. Y no importa que estén con ustedes los Hijos de Dior Aranel. Son prisineros sin más.
Como estaban en el antaño Nan Dungortheb, los antiguos horrores de Sauron y la locura de Melian desaparecieron hacía tiempo mientras el cataclismo que destruyó Númenor se extendía por doquier. Fue en esos años que Ulmo saneó esa región. Pasado el atardecer, el grupo de cabecillas fue llevado a las estancias de Thingol, donde los tapices tejidos por Melian y las elfas antaño fueron destruidos por la humedad. En el alto Trono Doble la voz de Maglor resonó cavernosa.
-¿A quien traen los Grises y los Profundos, a las Mil cavenad?
-Legolas se adelantó y los presentó a cada uno:
-Señor, mi nombre es Legolas hijo de Thranduil, Hijo de Orophîn. Ellos son Elured y Elurin, Hijos de Dior, Estel Rey de Gondor y Maeglin hijo de Ar-Feiniel y Rey de Romenor. Y a juzgar por la voz, dudo que no seas Maglor Feanorion.
-Pues acabas de decir mi nombre. Pero sabes que abjuré de las acciones de mi padre y hermanos como Telperinquar.
Otrora las huestes de Sauron y Morgoth hollaban a placer por todos lados, pero en los días de Gorthaur hasta los orcos y los restor de Uruk-hai huían de los eduk. Así fue pasando el tiempo hasta que a Angband llegaron noticias. Ahora, ¿Quien se atreve a traicionar a su pueblo por un poco del poder del siervo más poderoso de Morgoth en sombrecido o a hollar sus designios?
Pasado el sexto mes desde el levantamiento de Beleriand, Gothwaldig se acercó a Scumfell, ahora general supremo de las huestes de Gorthaur con la intención de emborracharle. Pasado un rato el enorme Eduk se cayó y el oriental pasó a las estancias de Gorthaur.
-Señor, los elfos y hombres se levantan en masa. Eglador de los Abandonados se levanta de nuevo.
-¿Como es posible que mi maestro destruyera los reinos enemigos sin echar por tierra los sueños de los orcos? Envia tropas allí. Que los Numenoreanos Negros que quedan están en la retaguardia.
Una mañana de invierno los Eduk y los orientales salieron a sitiar Menegroth, con la esperanza de matar. La matanza que en Menegroth fue espantosa, costandole la vida al Bardo, a los Vanyar que fueron con Legolas y a Elurin, pero Scumfell, que capitaneaba las tropas invasoras fue muerto. En Valinor, por los ojos de Landroval, fue llamada Dagor-nuin-Menelgrotha, la Batalla bajo las Mil Cavernas.
Fue una victoria, pero el coste pagado fue muy alto. Los Hombres del Rey fueron muertos en relación de 15 a uno favorable a ellos, perdiendose el poderío de Gondor de forma irremisible. Sin embargo, las huestes de Pharazôn estaban lejos, en Estolad, esperando noticias.
Muy lejos, en las Puertas del Amanecer, Eärendil seguía patruyando Ilmen desde Vingilot, pero escuchó un grito que aterró aún a quienes moraban en Valimar y Mandos, y aún Formenos.
Morgoth se libró al fín.
Algo ha de decirse del escape de Morgoth. La cadena Angainor, forjada largo tiempo atras por Aüle el Maestro de Trabajos de Valinor, seguía refulgiendo por toda la malidia que Melkor había desatado en el mundo.
El poder de los Numenóreanos hubo decrecido lo suficiente para que intentase romper sus cadenas, pero la derrota de Sauron, que pretendía convocar a su maestro de mentira y perversión trayendo muerte a los Hombres, falló en su primera acometida. Igualmente falló en restaurar su poder siquiera, pues Mithrandir arruinó sus planes en aquellos días del ocaso. Aún así, Melkor y Sauron no fueron tan estúpidos como para dar propósito a los Orcos. Mientras el Mal, dicen, se vuelve sobre sí, el poder de los orcos, que resulta ser más bien el poder de Melkor, retorna, en última instancia, a Melkor. No solo los Orcos y Trolls muertos, sino tambien una parte del poder de Sauron, que fué a parar a los Nazgul y a los Olog-hai, también terminó en Melkor.
Grande fué, por cierto, el poder de los Nazgûl bajo el poder de Sauron. Y más que de ninguno el de el Rey Brujo, que era de raza Númenóreana. Murazôr, fué su nombre, y gran poder tuvo, pues su sangre procedía aún de fuera de Eä; siendo Melian de Valinor su antepasado más puro y Finwë el Noldo de quien tomó el orgullo. Así como dijeron mucho tiempo que la sangre de Luthien nunca se corrompería, se mantuvo una mentira.
Melkor, al sentir que una definitiva guerra se cernía en Arda, sintió de súbito que los miles de orcos que quedaban en el mundo morían repentinamente, dejando pocos centenares en sus escondrijos. Y su otro discípulo, Gorthaur (El de la Piedra aborrecible, como se le llamó primero entre los Eldar de Valinor), invisible aún a sus ojos, emergió con la fuerza que debió haber tenido. Sintió que su abominación se perfeccionó al fin. Su poder, tan grande que los Balrogs le temían, retomó su potencia. Y lo supo. Quebró a Angainor y reforjó la Corona, terrible y poderosa, ciñéndola en su infame testa. Tomó la renovada maza del Infierno, Grond, y de un solo y fulminante golpe devastó las Puertas de Amanecer. Y, enfatizando su renovada acometida, todas las bestias que creó tuvieron nueva vida. Dragones, Trolls, Orcos, Gusanos, Salamandras, todas emergieron de los abismos, algunos por miles, otros en perfectos batallones. Y Carcharoth, que al fin y al cabo era inmortal, resurgió, aullando del terrible dolor del Silmaril que tragó incontables siglos atrás. Todos, pero especialmente Morgoth, lanzaron un grito de renovada malevolencia.
La Sombra emergía del Alba, y Arien, antes que nadie, dió la alarma. Pero fué Eärendil quien llevó las malas nuevas a Taniquetil.