Historia pública
Historia pública en desarrollo #83
Descripción
Retorno de los dragones
Ambientación
100 aρos despues de la caida de Suron
Personajes
Guth
- ¿Quien sois mi señor, que morais en donde otros murieron a garras del dragón? -preguntó Guth.
Era su salvador un hombre mayor, el pelo cano crecía abundante sobre su cabeza, la fiera faz curtida casi a martillo y cincel mostraba sabiduría y fuerza, sus mienbros musculosos y tostados por el sol estaban al descubierto.
- Mi nombre es Gardug -dijo el viejo-. Ese maldito Gusano es Bralaug. Se denomina a si mismo el Grandioso Señor del Harad. Acabó con mi tribu y ahora moro solo en pos de la venganza que logre acabar con su vida.
- Nosotros venimos a ayudarte viejo, pues nuestro destino nos a traido a vuestra morada y nuestro camino es acabar con los dragones que malogran la vida de Eru. Mi nombre es Guth y estos son mis compañeros Sarkum El Sabio y este es el joven Aenner.
- Entonces ayudaréis a este viejo a acabar con el Gusano -dijo Gardug.
- ¿Pero cómo? -preguntó Sarkum-. El dragón es poderoso sobre la tierra y cuatro hombres no han de poder acabar con la vida de ese enorme monstruo de Melkor...
- Han de poder -dijo Guth-. Amigo Sarkum, esto es lo que ambos hemos esperado durante mucho tiempo -Guth se acercó a su amigo y le abrazó a la usanza del Harad-. Es la oportunidad de salvar la tierra, ahora Sauron no nos controla. Recuerda por que el Consejo nos detesta...
- Si. Siempre hemos estado en contra de la lucha contra Gondor, es la hora de que nuestras cimitarras hablen. ¡Ahora conoceran el valor y el honor inculcado por nuestros padres!
Esa noche durmieron apaciblemente, siempre prestando oídos para escuchar el rugir del dragón, pero nada ocurrío, el sueño fue largo y profundo aun por el miedo que todavía sobrecogía sus corazones. En realidad no tenían por que temer nada bajo la duna, pues era un sitio seguro y apacible aunque estuviera viviendo el dragón encima de ellos nunca sospecharía, por muy astuto que fuera, que bajo su vientre viviese alguien.
Bajo la tierra suelta del desierto, durante generaciones, la familia de Gardug había construido un palacio subterráneo mezclando los escrementos de los devevi y el barro. Esta sólida casa era tan fuerte como para soportar el peso de varios mûmak y tan grande y extensa que parecía más un agujero hobbit que un lugar para ocultarse o, mismamente, para vivir en esas condiciones de oscuridad, pues no tenía ventanas, pero se mantenía siempre fresco en verano y en los calurosos días del desierto, por la noche decenas de antorchas eran encendidas por todos los pasillos y calentaban los corazones de los habitantes, aunque en los últimos tiempos solo Gardug moraba en el palacio.
A la mañana siguiente unos chillidos despertaron a los tres compañeros, frente a ellos había, pensó Aenner, un pequeño hombre peludo que apenas alcanzaba un metro de altura. El animal saltaba y golpeaba el suelo con sus largos brazos, leugo rodaba por el piso y volvía a golpear el suelo nuevamente, parecía cómico.
- Vale ya Inkâ, no molestes a nuestros invitados -dijo Gardug.
- Mis ojos me engañan o, viejo, eso es un Majmun -dijo Sarkum que había viajado mucho a lo largo de su larga vida.
- Si -contestó el hombre -. Es del bosque del Gaj, hacía el oeste.
- Es impresionante -dijo Guth acercándose-. No había visto nada igual en toda mi vida.
Aenner se acercó rapidamente y extendió la mano para tocar al animal. El simio mordió su mano y fue a esconderse detras de su dueño. El joven Aenner cayó de espaldas.
- No gusta de extraños -rió Guth mientras Sarkum hecho una mirada de desaprobación al joven Aenner.
- Ya que todos nos conocemos -dijo Gardug riendo tambien-. Es hora de planear. Pero antes desayunaremos.
Los hombres desyunaron fuerte, comieron queso y bebieron leche de deve, bizcocho y pan del desierto, tortas. En fin un buen dasyuno para empezar una mañana en la que se esperaban una ardua lucha contra el dragón
Poco después del desayuno el grupo se sentó alrededor de una mesa cuadrada y discutieron los devenires de su peligrosa misión.
Una vez todos de acuerdo pusieron las cartas sobre la mesa.
- El dragón sale todos los días de cacería y no vuelve hasta la caída del sol. Si trabajamos rápidos será fácil sorprenderle a la vuelta -dijo Gardug.
De repente un atronador ruido se escucho en toda la casa -Ahi sale el dragón, démonos prisa.
Silenciosamente ascendieron por las sinuosas cavernas y se asomaron al umbral cubierto de tierra. La horrenda figura del dragón se cortaba en el horizonte del cielo, volaba hacia el norte en busca de los grandes rebaños de Rútorassi.
Mientras el monstruo alado se alejaba los hombres corrieron hacia la guarida abandonada. El calor era insoportable, bajo esas rocas medio fundidas por el fuego del dragón había un verdadero infierno en llamas. Los huesos de sus victimas descansaban en pilas frente al portón, una enorme cabeza de carnero les observaba con las cuencas vacías y cientos de esqueletos humanos les daban la bienvenida a un lugar en el que el sol no brillaba. Encendieron unas antorchas impregnadas de óleo y se internaron lentamente en la caverna, el olor a muerte era insoportable y dos veces estuvo a punto de causar el vomito al joven Aenner. Cuanto más descendían el calor era más insoportable y la luz se cerraba sobre ellos tanto que podrían haberla cortado con un cuchillo. La débil luz de las antorchas desvelaba paredes horriblemente talladas por el fuego del dragón, aquí y allá burbujas de lava habían estallado formando fantasmagóricas formas en la roca.
Mucho tiempo descendieron y por fin comenzaron a notar que el pasadizo por el que bajaban se hacia mas ancho, hasta que ambas paredes desaparecieron de la luz e las antorchas.
-Este a de ser el cubil del dragón -susurró Guth. Su voz parecía retumbar por toda la cueva, se escucharon unos chillidos y unos murciélagos revolotearon sobre ellos.
Sarkum se adelantó unos metros al grupo, un destello había llamó su atención.
-Si, esta es la cama del dragón –dijo y acerco la antorcha al suelo, montones de oro y joyas relucían a la luz de la candela.
-Entonces trabajemos –dijo Guth-. Aquí y aquí hemos de colocar los cepos, y allí bajo ese pilar nos ocultaremos. Espero viejo –le dijo a Gardug- que tu acero pueda atravesar la piel del dragón. Nuestras espadas no pueden atravesar su armadura.
Gardug había traído cuatro enormes alabardas doradas con sigo.
-Tranquilo por ello. Esto le atravesara como un cuchillo caliente atraviesa la mantequilla. Lo veras -Y clavó una lanza en el duro suelo.
De pronto Sarkum y Aenner, que habian ido a explorar, aparecieron corriendo en la oscuridad, jadeando intentaron hablar pero el sofoco del miedo y el calor los dejaron sin aire en los pulmones.
-Guth, Guth -dijo Gardug una vez recuperado el aliento-. El es ella.
[Editado por aklar-estela el 02-12-2005 15:37]
-¿Como? Explicate.
-Si. El dragon, el dragon es hembra. Hemos encontrado un nido repleto de huevos. Al menos hay cincuenta.
-Buena noticia -dijo Gardug-. Vamos Guth acabemos con ellos antes de que vuelva. No hay mas dragones al sur de esta cueva si acabamos con toda la nidada no habra dragones en el Harad.
Fueron corriendo hacia el lugar donde Aenner y Sarkum habian encontrado el nido. \"Muy facil\" pensó Guth. Las antorchas ahora iluminaban los huevos, que bajo la luz brillaban de forma extraña.
Un ruido se escuchó. Los huevos empezaron a palpitar furiosamente y empezaron a quebrarse.
-¡Ahora, no hay tiempo! -gritó Guth. Su voz aspera retumbo por toda la cueva-. Destruyamos el nido antes de que empiezen a nacer.
Armados con sus cimitarras los cuatro hombres quebraban los huevos matando a los pequeños dragones que chillaban agonicos con voces de ultratumba. Algun pequeño dragon que habia salido del huevo antes de que llegaran a destrozarlo saltaba hacia ellos para defender su vida, pero caian casi al instante atravesados por las brillantes hojas.
Uno, mas grande que el resto saltó sobre Sarkum apresandole con sus mandibulas la cabeza. El grito ahogado del el hombre alertó a Aenner que luchaba a su lado. El joven se abalanzó sobre el dragon rebanandole la cabeza, las mandibulas se habrieron y Sarkum quedó libre, pero una fea cicatriz le cubria la cara, los dientes del pequeño dragon le habian producido muchas heridas y sangraba.
Sin palabra alguna Sarkum agradecio al joven la accion y desde entonces las cosas cambiaron entre ellos. Tras varios minutos todos los huevos y dragones fueron destruidos.
El grupo se volvio a juntar.
-Que guapo estas- rio Guth que habia visto la cicatriz de Sarkum.
El hombre se paso la mano por la cara quitandose la sangre, y sonrio.
-Vamos, dejemos los alagos de batalla para luego, Bralaug estara a punto de volver.