Historia privada
Huyendo entre la luz y la sombra
-No puedo creer que te haya encontrado primo, es un sueño para mí. Dime ¿qué es de la vida de Brégonir?- dijo Blydameen mirándo a Rosa de la Traición a los ojos y llena de alegría. Él simuló una cara esquiva para provocar cierta sospecha en su prima acerca de Brégonir, luego actuando muy bien gesticuló una sonrisa esquiva para que Blydameen comprendiera que de ese tema él no quería hablar.
-Prima, yo tampoco puedo creer que estés aquí… y con un hijo en el vientre, es todo un milagro. Dime… ¿Qué le ha pasado al padre de tu hijo?-
-Hace días que no lo veo en casa, no sé qué ha sido de él, por eso decidí ir en busca de Brégonir… pensé que quizás podría ayudarme, esto no es normal Meengrand, mi marido, jamás se iría sin avisar… nos amamos… algo tuvo que haberle pasado, algo malo. Primo ¿no has oído de él?- preguntó con mucha preocupación en su rostro.
-Lo lamento prima… no puedo decirte nada. De todas formas no hubieras encontrado a Brégonir, no está en Minas Tirith, hace días salió y no ha vuelto. No sé en qué anda. Lo mejor será que te olvides de él y pensemos en algún buen lugar para que pase este último mes para que puedas dar a luz en paz.-
-Primo ¿Qué sucede con mi hermano? Ya fuiste esquivo la primera vez que te pregunté sobre él, y ahora me dices que no sabes en qué anda… ¿Cómo crees que puedo sentirme? Dime qué sucede con él… -
-No… no sé qué le sucede…- mintió y luego giró el rostro para que Blydameen se diera cuenta que claramente mentía. Ella se acercó a él y con mucha presencia, la misma de su hermano cuando se enojaba, le preguntó nuevamente:
-¿Qué sucede? Tengo derecho a saberlo, es mi hermano, aunque nunca nos hayamos visto…-
-Nunca dije que no tuvieras derecho, solo que hay cosas que es mejor no decirlas. Prefiero mil veces que prevalezca esta imagen que tienes de él, de hombre justo y bondadoso. Ya me lastimó bastante a mí su cambio, no quiero que a ti también te lastime. Vamos a dejar aquí, ¿de acuerdo?- le dijo, dio media vuelta y montó su caballo. Todo estaba saliendo a la perfección, estaba haciendo que ella tuviera dudas en su corazón y que entendiera que Brégonir estaba haciendo las cosas mal. Con su silencio solo podía demostrarle que él, Rosa de la Traición, era un hombre justo que no quería ensuciar el nombre de su amado primo. Ya volvería a preguntarle sobre su hermano y él le contaría toda la historia de la familia, solo que su lugar, el de William, sería tomado por Brégonir. Estaba claro que debía evitar a toda costa que se encontrara con Megyn, ella podía hechar a perder todo lo que había logrado.
Blydameen no entendía mucho, excepto que su hermano no estaba en nada bueno. Vio la rectitud que su primo tenía al no querer calumniar a su primo a pesar de todo lo que había hecho. Al verlo montar el caballo con mucho dolor hizo lo mismo y lo siguió. Miró detrás de ella y vio que Zenicer los seguía ¿quién era esa mujer?
-Brégonir, te encuentras distinto, sé que algo te sucede ¿Qué es? Sabes que puedes contarme, que lo único que quiero después de todo lo que hemos pasado juntos es que estés bien…- le dijo Aimenel mientras él continuaba caminando y sin mirarla le dijo que no se preocupara, que se encontraba bien. Ella no le creyó, se acercó a él y poniéndose en frente lo detuvo. Ollese los miró… <Uhhh…. Empezamos…>
-Chicos voy a ver si no quedó abierta la puerta dimensional… ¿De acuerdo?- les dijo irónicamente y se dio vuelta. Caminó un poco y se alejó. Vio una piedra en el camino y se sentó allí…. <Esperaré. Brégonir está mal y delante de mí no hablará>
Brégonir miró a Aimenel con una mirada vacía, sus ojos no reflejaban vida. Sino dolor, amargura, desilusión, dolor nuevamente… mucho dolor.
-No me pasa nada, no te preocupes. Es mi reacción frente a todo esto que está sucediendo, no puedo tomármelo de otra manera. Tendrás que acostumbrarte…- le contestó evitando mirarla. Aimenel lo miraba sin reconocerlo.
-No quiero acostumbrarme a este Brégonir, no voy a hacerlo. No puedo aceptar que me trates con tanta indiferencia… ¿Qué te sucede? ¿Acaso te hice algo para que no quieras verme siquiera a los ojos cuando te hablo?- le preguntó muy angustiada.
-No quiero verte porque no quiero que veas lo que realmente siento…- le contestó y bajó su mirada para verla. Esta vez no había dolor, sino que ella sintió que él ponía una pared delante de ellos para que no pudiera comprenderlo. –No soy el mismo. Soy yo, pero derrotado…- al decir aquello Aimenel abrió sus ojos de sorpresa y después los cerró dejando caer algunas lágrimas- No llores te lo pido. Pero todo esto ha sido demasiado para mí Aimenel. No quiero que me entiendas, solo voy a terminar de la mejor manera con esto y luego morir en el olvido de quién fui y en la expectativa de quién podría haber sido. Mi vida ha sido difícil…pensé que todo estaba superado pero lo que pasó me mató. Quizá en realidad siempre estuvo al borde de la depresión, y siempre tuvo alguien que me sostuviera… ahora estoy solo, he caído. Solo voy a luchar estar batalla porque no permitiré que nadie lastime a más personas, pero después estoy seguro que no quiero continuar. Lo lamento. Deja de llorar…- Aimenel continuaba llorando. Él le limpió las lágrimas y la abrazó –Tranquila, no tiene sentido que llores. No vale la pena.-
-¿Cómo crees que todo esto que dices me ha sentir Brégonir? Me dices que dejaron que cayeras, que nadie pudo ayudarte… Entonces yo no he sido nadie para ti ¿No? Entonces yo no te intereso para nada, ni siquiera como una amiga. Esto, y verte así es lo que me hace llorar. Te quiero demasiado Brégonir, no quiero que te sientas muerto, por favor no quiero que bajes los brazos, eres un hombre fuerte, lleno de virtudes con un corazón que pocos tienen. No puedes permitirte ser una expectativa de lo que podrías haber sido. Puedes ser un gran hombre, debes serlo…-
-Es fácil decirlo, pero no tienes idea de cómo me siento. Siento que tengo al mundo sobre mis espaldas, y que estoy demasiado débil para sostenerlo.-
-Entonces déjame ayudarte. Nadie te pidió que lo hicieras solo, nadie te lo pidió. Yo estoy aquí, déjame ayudarte.- Aimenel lo miró pero él continuaba con su mirada perdida.
-Si pudiera lo haría, pero no puedo. Es algo que tiene que ver solo conmigo Aimenel, gracias, pero es algo que debo hacer solo.- Ella continuaba mirándolo y caían lágrimas de sus ojos. Brégonir la miró y volvió a secar sus lágrimas y después le sonrió para tranquilizarla, pero ella solo lloró más. –Perdóname, no quiero que te sientas así por mi culpa…-
-Por ti, no por tu culpa Brégonir. Te quiero demasiado y no quiero verte así ¿Tú me quieres?- Él la miró serio esta vez. Se mantuvo en silencio durante algún tiempo… Aimenel solo dejaba caer lágrimas esperando su respuesta, mientras él encerraba sus sentimientos.
-Claro que te quiero Aimenel, a ti y a tu hermana. Son dos personas que quiero mucho.- le contestó. Ella miró hacia el suelo y dejó de abrazarlo, se secó las lágrimas y volvió a mirarlo. Sonriendo le dijo que avanzaran. <Perdóname Aimenel… no te quiero como a tu hermana… pero no creo en el amor, y deja de mirarme de ese modo que me siento peor aún sabiendo que encima te lastimo a ti también…> pensaba él mientras la veía secar sola sus lágrimas… -Continuemos- escuchó que le decía… Él se acercó a ella y tomó sus manos.
-¿Acaso no era lo que querías escuchar?- le preguntó, ella lo miró dejando caer lágrimas nuevamente.
-Sabes que no, no hace falta que te lo diga. Pero estás cambiado Brégonir, eres el mismo, pero distinto. No sé qué has decidido, pero evidentemente yo estoy fuera de tu decisión. Eso es lo que me lastima. Eso y verte mal, porque a tu decisión la voy a respetar, si quieres terminar con esta misión y quedarte con la satisfacción de que me ayudaste lo voy a respetar. Yo soñé con que seguiríamos juntos…-
-Las cosas son más complicadas que eso Aimenel, no me entenderías y deberías agradecer que haya tomado esta decisión, solo te hubiera lastimado. Ahora no puede ser nadie para ti, no te daría nada… estoy vacío. Entiéndeme…-
-Pero antes, antes de todo esto tampoco quisiste que algo pasara, es evidente que no me quieres como yo te quiero.-
-No digas eso. Al comienzo no te conocía, aunque me pasaran cosas debía ser precavido. Cuando se cuida un tesoro como éste uno no puede darse el gusto de cometer errores. Toda tu vida te entrenan para ser una persona justa, recta, pero a la vez analítica, precavida. También debes entenderme Aimenel. Y ahora que sé cuánto vales sé que no me mereces, porque me conozco ¿Acaso eso no puedes entender?-
-¿Por qué no dejas que yo decida cuánto vales para mi corazón?-
-Porque no quiero lastimarlo.-
-Ahora mismo, negando lo que te pasa lo lastimas.-
-No lo niego. Aimenel es obvio que te quiero, te quiero tanto que no quiero lastimarte. Dime ¿cómo un hombre con el corazón vacío puede hacerte bien? ¿Acaso no entiendes que estoy derrotado? ¿Qué estoy muerto?...-
-No es cierto, si me quieres no estás vacío ¿Por qué no me permites volver a llenar tu corazón? ¿Por qué te temes al amor?- Brégonir la miró y soltó sus manos dándole la espalda.
-El amor es una farsa para mis ojos. No quiero sentirlo. No vale la pena. Ni vale la pena continuar con esta charla. Debemos continuar, cuando todo esto termine podemos seguir hablando, ahora debemos seguir adelante.- Aimenel lo miró sin poder creer lo que escuchó… no creía en el amor… Se acercó a él y lo abrazó.
-Déjame que te demuestre que el amor es hermoso, no malo…- le dijo llorando. Él la abrazó en silencio mientras pensaba en sus padres… <Díselo a ellos… a mi padre… a mi madre. A la madre de mi hermana… cuéntales cuánto vale el amor Aimenel, y después dime que me demostrarás que vale la pena amar…>
-Gracias por tus palabras, pero no quiero amar.- fue todo lo que dijo, dejó de abrazarla y se fue a buscar a Ollese.
Ollese estaba sentada dibujando en el suelo con sus dedos. Sintió que alguien se acercaba y alzó la vista. Era Brégonir. Se puso de pie al verlo y le dijo: -bueno, espero que estés mejor después de haber hablado y haberte descargado ¿no?-
-Sí. ¿Tan mal estaba que pensaron que necesitaba hablar?-
-¿Y no lo necesitabas? Ahora pareciera que te has sacado un peso de encima Bréggy-
<¿Bréggy? Como me decía mi primo… detesto que me llame de esa manera… pero ella no tiene la culpa… > la miró con cierta frialdad que ella no entendió –Sí, me he sacado un peso de encima, pero hubiera continuado el camino sin haber hablado, y todo hubiera sido lo mismo… En fin, ya no tienes necesidad de “ver si está cerrada la puerta” –esta última frase la dijo con cierta ironía –cualquiera sabe que una puerta dimensional una vez que se cierra no se abre a menos que termines lo que debes hacer en la dimensión en la que entraste o con algún conjuro poderoso…-
-Bueno, quería dejarlos solos… Es obvio ¿no? Me encontraste dibujando en el piso, evidentemente no estaba verificando la puerta.-
-Evidentemente. Y después te quejas de que no te enteras de nada. Tú misma te alejas.-
-Pensé que necesitabas hablar porque te veía mal, y creía que no hablarías de corazón si yo estaba ahí. Deja de buscarme Brégonir o vas a hacer que me enoje. Y deja de hablar de esa manera. Lo hice pensando en ti porque te lo mereces, ¿de acuerdo? No me vuelvas a decir que yo me alejo… Sabes que lo hice por ti… si no te gustó la charla no me heches la culpa… ¿Si?-
-Ja…. De acuerdo, tienes razón. No lo pensé… Me quieren tanto… Soy taaan bueno.- se dio la vuelta y volvió con Aimenel que estaba llorando recostada contra una pared. Se acercó a ella y volvió a limpiar sus lágrimas, pero ella corrió su rostro. –No te enojes. Todo lo que dije, lo dije pensando en ti, en lo que será mejor para ti. No puedo hacer que entiendas, pero puedo salvarte de sufrir ¿de acuerdo?- le dijo Brégonir a Aimenel, ella lo miró enojada por hablar de aquella manera delante de Ollese, que miraba sin entender y lo dijo:
-No decidas qué es bueno para mí. Yo sola decido.- y se corrió de su lado. Brégonir, casi sin sentimientos dijo:
-Vayamos por allá. Llegaremos dentro de un tiempo.- Y avanzó hacia la derecha. Ollese no podía creer. Aimenel quedó donde estaba hasta que Brégonir y Ollese pasaron delante de ella, recién allí los siguió yendo un poco lento, detrás de los dos. Ollese iba callada <Todo un cambio repentino. Parece que se cansó de pensar en los demás y decidió cuidar un poquito su corazón. Lo felicito. Y sí, con todo lo que le pasó debe tener solo un pedacito pequeño de corazón, y debe querer cuidarlo. Ja… pobre, que destino horrendo le tocó a este hombre tan virtuoso, pero la vida paga así a quienes se entregan a los demás. Los aplasta y los ahoga. Suele pasar. Le pasó a él. Lástima que es una persona a la que estimo porque siempre me trató bien. Pobre Brégonir. Y la niña boba de Aimenel, parece que está muy triste… No la ama… jaja… se lo merece… No merece a alguien como él… >
Las puertas de la mansión estaban cerradas. Huor tocó la puerta pero no se abrió.
-¿Qué pasa? ¿Por qué no abre la puerta Megyn?
-No lo sé… No sabrá que estamos aquí.- le contestó Endien y gritó –¡¡Megyn!!-
Pasó un rato y la puerta se abrió. Era una joven que les preguntó a quién buscaban.
-¿Está Megyn?- preguntó Huor.
-Si, pasen… Esta enferma ¿por qué la buscan?- les preguntó la joven que les abrió la gran puerta. Ambos se miraron y no podían creer: Megyn enferma…
-¿Qué le pasa? La buscamos porque somos amigos de Brégonir…- le dijo Endien. La joven los miró y les contestó:
-Hace unos días tiene fiebre y dice que su niño está débil. No sé a qué se refiere, pero es lo único que dice “Mi niño sufre… ayúdenlo… está herido… está muriendo.” Pensamos que estaba embarazada, así que llamamos a un medico, pero nos dijo que no lo estaba. Que más bien deliraba por la fiebre. Ahora continúa en su dormitorio llamando a su niño.- Huor y Endien no podían creerlo…
-¿Y quién sería su niño?- pregunrtó Huor. La joven lo miró extrañada…
-Si son amigos de Brégonir deberían saber que él es el hijo adoptivo de Megyn…- le contestó <No puede ser, Brégonir está mal… Ollese está con él… Más le vale tenerla bien…>
-No, si Brégonir está herido mi hermana corre peligro…- dijo Endien preocupada…. La joven los miró y les abrió la puerta de una habitación… -Aquí está. No dice nada, excepto que su niño está herido… Me retiro.- les dijo y se fue. Ambos se miraron muy alterados, no podían creer lo que sucedía, estaban yendo muy mal en esta guerra de poder, estaban perdiendo las batallas… Ingresaron. Vieron a Megyn más viejo, pálida… Les dio mucha pena, no era la mujer que conocían… Se acercaron y Endien le dijo:
-Megyn soy yo… Endien ¿Qué te pasa?-
-Mi niño está sufriendo… mi niño está herido…- fueron sus palabras de dolor.
-¿Qué le pasa a Brégonir? ¿Está muriendo?- le preguntó la niña.
-Está sufriendo… mi niño está herido… mi niño está sufriendo…- Ambos se miraron, parecía que Megyn no diría otra cosa… Huor le dijo:
-Señora, ¿qué podemos hacer? ¿Lo han lastimado?-
-Mi niño está herido… sufre mucho… mi niño está muriendo…. Y yo con él… -
-¿Qué le ha pasado?-
-Mi niño está mal… mi niño está herido…-
-No puede ser que solo nos diga esto. Perdimos la pista de Blydameen para nada… No lo puedo creer… - dijo Huor muy enojado. Megyn giró su rostro hacia él y le dijo:
-¿Blydameen?...- Endien y Huor se miraron, comprendieron que fue un gran error haberla perdido y miraron a Megyn…
-Sí.- le contestó Huor… -¿Quién es ella?- Megyn lo miró y abrió sus ojos muy grande.
-No juegues conmigo por favor… Dime que no la viste, dime que solo lo dijiste para que te hablara… dímelo…-
Endien miró a Huor con ojos de desesperación ¿Acaso era tan malo que la perdieran? Huor tragó saliva y le dijo:
-No señora. Estuvo con nosotros, pero…. Peeroo…. William la llevó… - Megyn lo miró y sus ojos se llenaron de tristeza… Se sentó en su cama y con mucho esfuerzo se puso de pie. -¿Qué hace señora?- le preguntó Huor y la sostuvo para que no cayera. Ella con su ayuda se acercó al baño y abriendo el lava manos dejó caer agua…
Brégonir caminaba molesto consigo mismo cuando sintió esa necesidad de hablar con Megyn… Miró a ambas y les dijo:
-Necesito agua… Rápido…- Ambas se miraron y Aimenel sacó un frasco de bolsillo que había guardado para él…
-Tómalo.- y se lo entregó. Él lo tomó y abrió la tapa que lo cerraba. Al rato una magia los rodeó y vio el rostro de Megyn, Endien y Huor en el agua. Ollese y Aimenel se le acercaron para saludar a sus amigos:
-Huor… hola- le dijo Ollese sonriendo… pero vio su rostro de preocupación. Brégonir vio a Megyn muy enferma y se preocupó mucho. Endien estaba a su lado muy preocupada y saludó a alguien detrás de él, Aimenel.
-Mi niño, estás vivo… pero muriendo… no quiero que te debilites más… conozco tu dolor hijo… te he escuchado… gracias por recordarme como tu madre, pero no quiero que hagas lo que decidiste, está mal… sé tu mismo, no quiero que dejes de vivir ¿me oyes?- fueron las primeras palabras de Megyn llorando porque Brégonir había perdido las ganas de vivir y solo quería ser su marioneta… Él se sintió peor y sus ojos se llenaron de lágrimas. Los cerró, se contuvo, y volvió a mirarla…
-Discúlpame. Me han golpeado mucho en el corazón, estoy mal….-
-Lo sé, y no quiero que estés así… ¿me entiendes?-
-Sí, pero no puedo evitar sentirme vacío… no tengo nada por lo que vivir…- Ollese, Endien y Huor estaban callados y no creían lo que escuchaban. Estaban viendo debilidad en Brégonir que durante todo aquel tiempo había sido el pilar de todos, todos se habían apoyado sobre él en los momentos malos y no se habían dado cuenta que él estuvo muy mal y nadie dejó que él se recostara ¿o él no había querido hacerlo? Megyn se puso seria y lo miró…
-Hijo, tengo que decirte algo, porque yo también estoy enferma y no puedo llegar muy lejos. Tu sangre y la de tu hermana Blydameen abren la puerta dimensional…- Brégonir se quedó serio y recordó las palabras de su primo, cuando le decía que tenía a su hermana… cuando lo había traicionado… mencionar a su hermana no hacía más que herirlo… Megyn continuó –Tu la has abierto, pues estás dentro de la dimensión de la Aurora, la Puerta Aurora ha sido abierta… y tu hermana…-
-Tu hermana ha venido a buscarte, pues va a tener un hijo y quería que tú presenciaras su nacimiento. Pero William la ha llevado.- interrumpió Huor y se lo dijo todo… -Tu hermana es alquimista…- Brégonir y Megyn se miraron cuando él dijo la última frase…
-¿Es alquimista?- preguntó Brégonir casi con miedo. Huor sin entenderlo le contestó que sí y Megyn palideció aún más en el mismo momento en el que Brégonir también lo hacía.
-¿Qué sucede?- preguntó Huor… Megyn estuvo a punto de caer pero Endien y Huor la sostuvieron, después de unos segundos en los que se recuperó ella dijo:
-La profecía de Las Siete Rosas dice que el hijo de la alquimista podrá tomar el cetro y hacerse con el poder… Pensamos que ese niño era Brégonir, pues su madre, se creía, era alquimista… y jamás tuvimos en cuenta a Blydameen… Cómo no lo hicimos… Todo está perdido Brégonir… todo tu entrenamiento fue en vano… En balde te he hecho tan frío y analítico, si el niño al que debía cuidar era al hijo de tu hermana…- dijo Megyn y comenzó a llorar… Brégonir bajó la cabeza de dolor después de haber oído aquellas palabras, sintió que Megyn perdió su tiempo con él… se sintió peor que antes y Megyn desmayó como consecuencia a la debilidad aumentada del joven. Huor y Endien la sostuvieron antes de que cayera… y la magia que los comunicaba comenzó a menguar. Brégonir utilizó su poder para mantenerlos comunicados y les dijo tomando fuerzas de la cordura, aunque su corazón con cada palabra se destruía… Miró a sus compañeros y les dijo:
-Tienen que buscar a Blydameen. No puede entrar aquí. Si el niño toma el cetro será nuestro fin… Por favor… no dejen que entre… recupérenla… tráiganla…no sé cómo lo harán, pero esa es su misión. Dejen a Megyn en la cama.- cuando terminó de decir aquello vio cómo Huor y Endien se miraban y no decían palabra alguna…. Él no entendía nada.
Endien no podía creer… No sentía el pulso de Megyn… Huor tampoco lo creía… No podía fallecer en ese momento… Era imposible… -¿Qué sucede?- escuchó que decía Brégonir… Ninguno de los dos se lo diría… -¿Qué le pasa a Megyn? ¿Está viva?- Ambos se miraron, tampoco entendían cómo sintió que Megyn había dejado este mundo… Pero no le contestaron… Huor la tomó en sus brazos y la llevó. Endien los miró y no sabía qué decir. Brégonir volvió a preguntarle si estaba viva… Ella asintió con la cabeza, pero él no le creyó. La comunicación se cortó. Endien quedó paralizada. Era evidente que no le había creído… Huor se acercó a ella para seguir hablando pero no los vio. Endien le contó lo que sucedió y los dos se miraron sin saber qué hacer a continuación, por dónde empezar. Huor cerró en agua.
-¿Por qué habrá abierto la perilla del lavatorio?-
-¿Para comunicarse? Brégonir también tenía agua en sus manos… ¿Qué haremos ahora?- preguntó Endien.
-No lo sé.-
Brégonir se dejó caer al suelo llorando de dolor por la pérdida y la culpa que sentía. Ollese y Aimenel lo sostuvieron y sintieron cómo se debilitaba mientras lloraba. Miraba hacia arriba como implorando algo y no quitaba su vista del techo. Ambas miraron pero no vieron nada, solo sentían que en cada segundo, con cada lágrima se debilitaba… después de un tiempo cerró sus ojos y dejaron de caer lágrimas. Su cuerpo se volvió pesado. ¿Se había desmayado o tenía la capacidad de entregar su alma en cualquier momento? Y si era así ¿lo había hecho? Ambas se miraron desesperadas, pues las dos habían pensado aquello y tocaron su corazón. Respiraron aliviadas: estaba vivo. Lo acostaron y se quedaron a su lado hasta que despertara. Aimenel lloraba y no podía dejar de hacerlo. Ollese se mantenía en silencio… <Pobre… qué vida… No puede ser que cuando encuentra a su hermana resulta que su sobrino es el malo, y su madre muere porque él se siente débil… debe ser horrible estar en su lugar… todo tenemos malos momentos, pero no todos viven el infierno en vida… y menos cuando hacen las cosas bien, o intentan hacerlas, como él… es injusto en cierta forma.> pensaba Ollese y continuaba callada. Luego agarró el frasquito con agua que aún conservaba un poco. Lo guardó.
Huor en la habitación intentaba comunicarse de nuevo con Brégonir, pero no sabía cómo hacerlo. Endien buscaba algo que les diera una pista. Luego pensó que quizá eso se lograba con magia y le dijo a su compañero –Quizá hay que tener magia para comunicarse. Ninguno de los dos la tiene.-
-Si ¡¡Pero qué vamos a hacer!! ¡¡¡ No sabemos por dónde empezar!!!- le gritó Huor. Endien se mantuvo en silencio y le dio la razón. Se sentaron junto al lavatorio y comenzaron a hablar de lo sucedido.
Después de casi media hora Brégonir abrió sus ojos y tocó su cabeza. Miró a su alrededor y se dio cuenta de que todo había sido cierto. Sintió que Aimenel lo abrazaba llorando. Él la abrazó. Ollese los miraba y veía un profundo abismo en los ojos del joven que solo miraba al suelo. Lo entendía, muchas veces se había sentido así, quizá por ello había dejado de sentir compasión por los demás. Sintió que la mano del joven tocaba su hombro. Ollese lo miró y apenas escuchó sus palabras –Dame el frasco, por favor…- Ollese no podía creer la fortaleza de Brégonir… Aún pensaba en el futuro de la Tierra…
-¿Cómo puedes ser tan compasivo? Estás sufriendo, pero aún así piensas en los demás. Detente un segundo a pensar en ti-
-Habrá tiempo para ello. Ahora no es el momento. Por favor, dame el frasco. Huor y Endien deben estar desconcertados, debo hablar con ellos para darles órdenes más específicas. Ahora ellos están en la Tierra, nosotros debemos esperarlos.- Ollese casi sin creer se lo dio, admirada por su fortaleza y humildad… <Realmente ha hecho un trabajo perfecto Megyn con Brégonir. Lo ha transformado en un caballero>
-Toma- y se lo entregó. Él lo tomó y dijo algunas palabras. La magia surgió de sus manos y con una de ellas, pues con la otra abrazaba a Aimenel, hizo que se formara un espejo que los comunicara.
En la mansión Endien y Huor comenzaron la necesidad de buscar agua. Se miraron sorprendidos y abrieron la perilla del lavatorio. Nada. No tenían magia. No lo podían creer… -No tenemos magia Brégonir ¡Usa más poder para comunicarte!- gritó Huor esperando que escuchara. Sintieron un ruido detrás de ellos. Giraron sus cabezas y vieron un enano que se acerca a ellos. Estaban paralizados pero no se sentían amenazados. El enano tocó el agua y un espejo apareció delante de ellos. Cuando lograron comunicarse Ollese reconoció al enano, era el enano de sus sueños. No podía creerlo… Lo miraba. El enano la miró y le sonrió. Brégonir lo miró y el enano le hizo reverencia:
-Líder de Las Siete Rosas… Nos vemos por primera vez. Soy Vendor, señor de las puertas de la muerte. He venido a llevar a Megyn. Te voy a ayudar un poco, pues necesitan algo de suerte…-
-Entonces Megyn ya nos abandona….- dijo Brégonir triste… y el enano le contestó con cierto tono alegre, pues así hablaba:
-Sí, se irá. Pero te dio lo mejor de ella, recuérdala en tus actos y sus enseñanzas. Ha hecho de ti un gran hombre, no lo olvides, no decaigas.- Brégonir miró hacia otro lado, después miró a sus compañeros y les dijo:
-Huor y Endien, ahora se encargarán de la Tierra ustedes. En mi habitación hay un libro que se llama “La Vuelta de Las Siete Rosas”, en la página 777 hay una frase marcada, dice “transmutación” esa frase es la que deben escribir en la fuente principal del jardín. Vayan hacia el jardín, van a ver una gran fuente, no se van a confundir. Tiene 16 rosas que al girarlas van a ver todas las letras del abecedario y los números del 0 al 9. Deben escribir “transmutación777” es la clave. Cuando hagan eso el agua de la fuente dejará de correr y una escalera aparecerá dentro de ella. Bajen, allí van a encontrar varios libros. Busquen nuevamente el que dice “La Vuelta de Las Siete Rosas”, tómenlo. Encuentren el capítulo 7, donde habla del niño hijo de la alquimista. Léanlo, entérense de lo que sucede y actúen en base a ello. Después volveré a hablar con ustedes.- dejó de mirar a sus compañeros y miró a Vendor –Por favor, entrégales el collar del agua, lo van a necesitar para comunicarse conmigo.-
-¿Cómo sabías que lo haría?- le preguntó sonriendo el enano.
-Es una profecía, todo se cumple tal cual está descrito. Conozco la profecía, para algo fui entrenado.-
-De acuerdo.-
-Bueno chicos eso era todo lo que debía decirles. Hagan las cosas bien por favor. Luchen por el futuro de este mundo aunque deban entregar sus vidas. No hay nada más digno que morir por los demás. Por favor no me fallen, saben que yo hubiera muerto en el intento, pero no los hubiera fallado jamás.-
-Cuentas con mi vida. Tu historia puede apoderarse de mi vida Brégonir. Te agradezco por depositar tu confianza en mí y no voy a defraudarte. Daré mi vida si es necesario.- le dijo Huor y Endien asintió a su lado.
-Lo mismo amigo, mi ejemplo… lo mismo Brégonir. ¿Sabes que te quiero no? – le dijo la niña. Él sonrió y asintió con su cabeza. Luego se cortó la comunicación y Brégonir volvió a desmayarse. Ollese y Aimenel se quedaron a su lado cuidándolo.
Vendor se acercó a Megyn y tocó su frente, una luz salió de su mano y el rostro de la anciana adquirió paz. Luego de despedirse con un gesto en su mano y una sonrisa el enano desapareció. Huor y Endien corrieron a buscar el libro en la habitación de Brégonir.
Endien y Huor, entraron rápidamente en los aposentos del joven. Buscaron el libro y cuando lo tuvieron en mano, salieron de ahí y corrieron al jardin. Al abrir el libro, leyeron lo que les había indicado Bregonir, Debian girar ocho rosas cada uno; así lo hicieron... detrás de las rosas, fue apareciendo poco a poco el abecedario y poco después los números del cero al nueve. Con las manos juntas, fueron escribiendo, letra por letra, "transmutación777". Se oyó un chasquido y el agua dejo de correr, las piedras se movieron y una escalera, apareció lentamente delante de sus ojos, sorprendidos, hicieron ademán de bajar, pero una voz los detuvo.
-Alto ustedes dos- Endien volteó y se quedo muda al ver al hombre-Os habla el soberano del reino unificado.
Huor tragó saliva,"Solo eso nos faltaba, que el rey quisiera meterse". Endien bajó la cabeza instintivamente, entonces sintió el abrazó de un hombre muchisimo mas joven que el rey, al subir la cabeza se encontró con Artamir.
-Vimos el cadáver de Megyn y supe que estaban aquí, ¿dónde está tu hermana?-dijo él.
-No hay tiempo para eso, hijo de Arthonion-contestó el rey desde atrás, se desabrocho el cinturón y le dio la espada Anduril a Endien-Toma hija mía, dáselo a tu hermana, cuando te encuentres con ella, ahí donde nosotros no podemos ir.
-Mi Señor-alcanzó a decir ella, ¿cómo podía ser aquel rey su padre?, sintió como su corazón latía a mil por hora, que mal momento para reencontrarse con él, viendo su mirada, sonrió-Gracias padre.
Elentir asintió en silencio y con una mano les indicó que bajaran las escaleras. Huor y Endien desparecieron por la fuente. El rey de Gondor, alzó la voz y los guardias salieron de las columnas de la casa, postrándose alrededor de la fuente. A ellos sólo les restaba esperar.
[...]
"La vuelta de las siete rosas" se abrió en un instante, justo en el capitulo siete, como si aquel libro, supiera ya lo que tenia que mostrar, las palabras fluyeron entonces en la cabeza de Endien, mientras Huor la miraba.
"La segunda puerta dimensional, se abrirá solamente a la llegada de la portadora de las cuatro puntas, sin embargo en éste paso, solo tendrá tres:"valor y fuerza", "inteligencia y perseverancia" y "libertad y nobleza". Juntas forman una estrella de tres puntas, que será colocada justo en el centro de la habitación escondida de las aguas, se girara cuatro veces, que multiplicada por las tres puntas, dará el número de las siete rosas"...
-La puntas Huor....-comenzó a decir ella, pero Huor indicó con una mano el libro.
-No, espera, hay algo más- El hombre tomó las hojas entre las manos y comenzó a leer.
" La primera puerta, solo se abrirá por los dos herederos de la rosa, solo con su sangre ,el portal les dará entrada...La última puerta está custodiada por una figura blanca, que no es otra que la punta del espíritu, la ultima punta será tomada por la elegida, entonces la mujer y el hombre de las siete rosas bañaran su sangre sobre las puntas y la elegida pondrá la estrella de cuatro lados en la puerta..."
Cerraron el libro, Huor, presintiendo que lo necesitarían lo guardó en la bolsa. Después sacó las tres puntas, la roja, la azul y la gris y se las dio a la muchacha. Endien las junto y tres luces salieron disparadas; tapándose los ojos con la otra mano, la joven tanteo el piso y cuando encontró un bajo relieve, colocó ahí la figura.
Todo cambió de repente, la piedra se volvió tierra y luego pasto, hasta que se quedo en una forma fija.
-¿Y ahora cómo los encontramos?-preguntó el hombre.
-La puntas nos guiaran-contestó Endien, tomó las puntas y la espada de su padre, los dos comenzaron avanzar, guiados por una luz entre las sombras.
[...]
En el momento mismo, en que Megyn abandonó su cuerpo mortal. La magia que retenía las memorias de Aimenel, despareció como un haz de luz en el cielo. La muchacha que tenía en los brazos al inconsciente Bregonir, perdió la mirada y los ojos se le curvearon hacia arriba.
"Su hermano, tenía catorce años y ella ocho, aquel juego no era justo. La niña pataleaba y lanzaba golpes con las manos, pero el joven la detenía con una mano en su cabeza y las risas inundaban sus oídos. Se enojó más y trató de pisarle el pie izquierdo. El heredero de su padre, la tomó la cintura y la alzó por los aires, sus gritos pronto fueron sustituidos por risas.
-¡Bajame!-decía ella. El muchacho obedeció, para luego revolverle los cabellos.
-Hermanita, tú siempre quieres luchar-La niña carraspeó y él se puso a su altura- Que lastima que no seas tú la heredera Aimenel, si así fuera, serías una gran reina.
Aimenel sólo le saco la lengua, él de nuevo rió, la iba a tomar otra vez en brazos, cuando le llamaron desde la ventana.
-Joven Elentirion, su padre el Rey, solicita su presencia en la sala del trono.
-Ahora voy-contestó, después se volteó hacia la pequeña-Aimenel, seguiremos jugando luego ¿si?- la niña asintió- Ahora ve con nuestra madre, sientate junto a ella y abrazala, así los latidos de tu corazón, le llegarán a nuestro hermanito y eso lo alegrará mucho.
Aldantir, le sonrió y camino hacia la entrada de las salas principales del palacio. Aimenel le vio alejarse, entonces ella camino a las estancias de su madre, al entrar la vio mirando hacia una ventana. La reina le indicó que se acercará, ella lo hizo y se sentó junto a su madre, después la abrazó y escucho muy atentamente los latidos de su próximo hermano. Fue cerrando los ojos, pero antes de quedarse dormida susurró:
-Reina Aimenel...."
Reacciono de golpe, Ollese la movía compulsiva mente por los hombros. Aimenel la detuvo con la mano.
-Estoy bien.¿Aún tenemos agua?
-¿Te despiertas para pedirme agua?-le dijo Ollese con sorna. Aimenel asintió en silencio.
La mujer bufó y busco en las provisiones que todavía tenían. La joven no la miraba... Ahora todo estaba tan claro, ahora entendía tantas cosas, que antes se le mostraban inexpugnables, ella era la hija del rey y era la heredera del Trono de Gondor...Todo aquel peso que retenía en sus hombros, sin saber el porqué, ahora tenía una justa razón. Ya sabía que hacer, bajo la mirada y acarició el rostro de Bregonir, él no estaba solo y aun, cuando la rechazará de aquella forma, se quedaría junto a él. Porque el peso de Bregonir, era el suyo y tal vez después, cuando ya nada recayera sobre él, ella podría vivir y guardar su amor en una caja de cristal, donde no se rompiera, ni ningún pesar lo marchitará; aunque él, no estuviera ahí.
Ollese le paso el agua. Aimenel sacó unas hojas que tenia guardadas en su morral, las trituró y las mezcló con el liquido. Después remojó los labios del muchacho con el agua.
-¿Qué es lo que haces?¿Él necesita descansar?.
-Las manos del rey, curan cualquier herida-contestó la muchacha-O al menos eso dijeron alguna vez, cuando una dama quería morir y la salvó el rey sin trono, antes de que ella cayera en la oscuridad.
Una lágrima cayó por su mejilla"Ésta será la última, por ti y por Endien. Entonces alzó la mirada y Ollese supo que algo había cambiado en Aimenel, ahora en ella brillaba la luz de los reyes de antaño y la fuerza de aquellos, que protegen lo último que les queda en vida. La joven obligó a Bregonir a beber todo el liquido, cuando éste terminó, le susurró suaves palabras.
-Despierta Bregonir-éste abrió los ojos, pero su mirada estaba perdida-Sé que estás cansado y que deseas ir a donde Megyn. Pero no puedes hacerlo, no ahora que hemos llegado tan lejos- Aimenel se levantó y ayudada por Ollese, hicieron que él se levantará-Vamos, debes guiarnos a la última puerta. Te prometo que cuándo esto termine, podras descansar todo lo que quieras, lejos de todo y de todos... hasta de mí. Pero ahora, haz un último esfuerzo, por Megyn, que no deseaba verte así.
Bregonir se despavilo y asintió en silencio, aun abrazado a Aimenel, les indicó con una mano, por donde avanzar.
[Editado por tari el 02-08-2007 06:41]
Caminaron uno metros hasta que él hizo una seña de negación con su cabeza para que se detuvieran. No decía mucho, le dolía todo el cuerpo y sentía una opresión en el pecho, solo decía pocas palabras y le costaba caminar. Incluso sentir que lo sostenían era doloroso para el cansado cuerpo de Brégonir.
Ambas lo miraron y se detuvieron ni bien negó con la cabeza esperando a que algo les dijera para poder continuar. Él se puso de pie y soltó a las chicas. Luego apoyó su mano contra la pared y caminó unos pocos pasos. Sacó de su bolsillo un collar con forma de rosa. Tomo el dije del collar, la Rosa, y lo abrió. Dentro había una pequeñísima llave, la agarró y se acercó a un dibujo casi oculto y borroso por el tiempo. El dibujo representaba a una mujer agonizando de dolor… Sus ojos derramaban lágrimas y sus manos agarraban su cabeza con un ademán de intentar quitársela. Ollese observó algo impactada aquel intento de suicidio presentado por el dibujo.
Las uñas de la mujer representada chorreaban sangre, su propia sangre, ya que con la fuerza que evidentemente hacía sobre su cráneo se había abierto el cuero cabelludo. Una de las gotas de sangre tenía una pequeña ranura. Dentro de ésta indiscutiblemente iba una llave, y obviamente, esa llave era la de Brégonir.
Él colocó la llave allí y dos grandes hachas enfrentadas cayeron delante de ellos. Si no hubieran desactivado aquello en estos momentos serian quienes estarían sin cabeza y con sangre en sus manos de haber avanzado solo un poco más. Ollese miraba delante de ella estupefacta. Estuvo tan cerca de la muerte y ni siquiera lo había notado. Luego lo escuchó decir:
-Estos dibujos hablan a los caminantes de lo que les sucederá de no desactivar las trampas…- comenzó a toser un poco, se mantuvo en silencio durante un tiempo para continuar contándoles lo que sucedía. Le era casi imposible. Aimenel volvió a tomarlo y al ver aquello Ollese hizo lo mismo. Él no intentó seguir hablando y solo agachó su cabeza y caminó hacia delante.
-Prima hay algo que debes saber…- le dijo esa misma noche después de algún tiempo Rosa de la Traición a Blydameen. Habían pasado algunas horas desde que la había convencido que dejara a aquellos desconocidos y lo siguiera.
Ella lo miró y le dijo muy convencida de sus palabras que ya era hora de que le contara lo que sucedía con su hermano, pues solo de aquello quería enterarse y hasta que no se lo dijera no lo escucharía hablar sobre otro tema. Rosa de la Traición miró hacia abajo demostrando que se rendía ante la petición de su amada prima. En realidad solo estaba satisfecho de la presencia que ella tenía y de lo sínica que era.
-Tengo que revelarte varios secretos de la familia, que te involucran a ti principalmente en todo esto. Son cosas quizá increíbles a tus oídos, pero que las debes saber para entender el error de Brégonir. Por favor, una vez que las conozcas calla, pues son cosas que no deben ser contadas.- al decir aquello su tono cambió y una gran presencia también rodeó a Rosa de la Traición, estaba hablando en serio cuando le pedía que no dijera nada. Ella sin demostrar sorpresa le dijo:
-No me cuentes de las Siete Rosas, pues conozco la historia. Cuéntame de mi hermano. Sé bien lo que protegemos, conozco bien la profecía. No te preocupes.-
Rosa de la Traición la miró con verdadera sorpresa. Si Blydameen conocía todo la habían entrenado para esto, por ello quizá su conocimiento de la alquimia. No se esperaba aquella respuesta, no podría modificar la historia a su gusto, pero agradecía que ella le hubiera dicho que sabía del tema, pues si no lo hacía y él mentía ciertas cosas quedaría al descubierto. Todo no era tan malo. –En primer lugar quiero que sepas que Brégonir se comportó de aquella manera por una mujer, una mujer que solo sedujo e hizo de él una simple marioneta. Así fue al comienzo por lo menos, no sé en estos momentos, ya que la última vez que hablamos él parecía bastante convencido con todo lo que pensaba hacer…
>> Brégonir piensa hacerse con el poder del Cetro para otorgárselo a Aimenel, la muchacha que lo domina. Ella es la reencarnación de Imlad, o posee su espíritu si no es la misma…-
-Sí, como predijo la profecía: Imlad ocupará un cuerpo débil pero sabio. Así amenazará el corazón del caballero y modificará el futuro del niño.- lo interrumpió Blydameen. Rosa de la Traición la miró sorprendido, pues además, pareciera que sabía que su hijo tenía un papel importante en todo esto. Ella continuó: -de todas maneras no estás diciéndome en qué está metido mi hermano. Dímelo de una vez.-
-Ya te lo he dicho ¿Es que no significa nada para ti que desee el poder de Imlad? Tu hermano ha entrado en la puerta dimensional, pues como sabrás es el sublíder de Las Siete Rosas y conoce todos los secretos para atravesar la puerta.-
-Sí, pero sin las cuatro puntas no podrá abrir la puerta principal. La Puerta Aurora, creo que es su nombre; las dos puertas dimensionales llevan ese nombre.- Rosa de la Traición la miró extrañado y le preguntó:
-¿De qué hablas? ¿Cuatro puntas? ¿Qué es eso?- Ella lo miró extrañada por desconocer aquello. Luego le dijo:
-Según un libro de mi madre hay cuatro puntas que abrirán la última puerta Aurora, pero no serán encontradas por mi hermano, pues la profecía habla de una mujer. Podría ser tu amiga… ¿No crees?- Él miró a Zenicer y negó con la cabeza, luego la miró a su prima y le dijo que quizás fuera ella. Blydameen continuó:
-Sin las cuatro puntas no podrá hacerse con el poder.
>>Me habían dicho que mi hermano era un hombre justo… ¿Acaso ya no es cierto?-
-Ya no. El poder lo sedujo, una mujer malvada lo ha manipulado. Lo peor es que la última vez que hablamos él me dijo que soñaba con aquel poder, que lo anhelaba. Entonces yo le hablé de Megyn, la mujer que se encargó de criarlo. Él me dijo que ella creía que él se iría a destruir la amenaza que significaba el cetro, que echaría la culpa a otra persona, pero que él no parecería culpable. No creo que Brégonir pensara todo aquello, porque no tiene suficiente maldad para hacerlo, estoy seguro que Aimenel tiene algo que ver en esto… Estoy seguro.
>>Lo que más me preocupa es el futuro de la humanidad. Brégonir está con mucha ventaja, si no lo detenemos va a destruir la paz en este mundo, y todo por el falso amor. Debemos seguirle el paso, debemos encontrarlo. ¿Estás de acuerdo?-
-Por supuesto que estoy de acuerdo, no permitiré que esa mujer manipule a mi hermano ni manche su nombre. Si lo ama cambiará, y si él la ama pero ella no, deberá olvidarse, porque Brégonir no se merece ese trato. Vayamos allí. Yo abriré con mi sangre la Puerta Dimensional.- Rosa de la Tracición afirmó con la cabeza y sonrió –Gracias.- fueron sus palabras, luego subió a su caballo y llamó a Zenicer para que los siguiera.
Huor y Endien salieron de la mansión y volvieron al mismo lugar donde habían perdido a Blydameen. Encontraron las algunas pistas, pocas, pero al fin y al cabo algunas para tener una idea del lugar donde se encontraban. Solo habían pasado algunas horas de lo acontecido allí, tenían la esperanza de no estar muy atrasados. Caminaron siguiendo todo cuanto veían. Después de algún tiempo llegaron a un lugar donde se notaba que había parado gente hacía unos minutos. Quizá media hora. Se fijaron y comprobaron que fueran ellos. Dos caballos y dos personas al menos habían estado. Ellos eran tres, pero la posibilidad de que fueran sus huellas continuaba viva, porque al lado de una de las huellas de un caballo no habían huellas humanas, solo habían huellas humanas alrededor de un caballo. También encontraron sangre al lado de las del caballo. Zenicer había quedado herida después de la batalla, podría ser su sangre. Ambos se miraron y sonrieron: sí, tenían que ser ellos. Las otras huellas tendrían que ser de William y Blydameen. De todas formas era lo único que tenían debían seguirlo.
Pasaron más de dos horas cuando Brégonir recién se repuso. Había estado con fiebre, lo que los retardó durante más de una hora. No habían avanzado mucho. Los tres seguían caminando. Después de un tiempo Brégonir se quedó quieto y sus dos amigas lo hicieron casi de inmediato, porque aquello significaba una trampa mortal cerca. Él avanzó, se acercó a una gran roca, que la arrastró hasta una más grande. Aimenel miró delante de ella y vio que la roca que había movido estaba haciendo peso sobre una más grande que no llegaba hasta el otro lado, ya que el camino estaba cortado por un abismo entre ellos y el siguiente tramo. Sin embargo si pasaban sobre la roca que podría funcionar como puente y saltaban al final de ella podrían llegar hasta el otro tramo. La roca que Brégonir había movido permitiría que pasaran sobre la gran roca sin que se cayera al vacío por el contrapeso de sus cuerpos. Bastante inteligente aquello. Se preguntaba si lo sabía o estaba improvisado nada más.
Brégonir avanzó sobre la roca y pasó al otro lado, ellas dos lo siguieron. Ollese buscó dibujos pero no los encontró. Evidentemente eso solo fue astucia.
-Brégonir ¿falta mucho?- le preguntó cuando saltó al otro lado. Él la miró y le dijo:
-Bastante… No tanto… Solo un poco… Tardaremos mucho de todas formas para terminar- Ollese lo miró extrañada por la cantidad de contradicciones que dijo en aquel momento, pero pensó que la fiebre lo había afectado bastante. <La que está rara es Aimenel. Ahora parece más seria. Más mujer… con más decisión. ¿Qué le pasará? No es la misma que conocía… con mas experiencia… no sé, está rara…> Continuaron su camino.
Llegaron a otro lugar donde él se detuvo. Ellas pararon a su lado. Brégonir permaneció un tiempo sentado con la cabeza hacia abajo. Respiraba con dificultad. No se trataba de una trampa, sino de él. No podía seguir sin descansar. Aimenel dijo:
-No seguiremos. Nos quedaremos aquí durante unos minutos a descansar. No podemos seguir en estas condiciones, los tres necesitamos un descanso. De todas formas estamos más avanzados que William.- Ollese la miró pero estuvo de acuerdo, Brégonir no llegaría más lejos. Aimenel se acercó a él y puso su mano sobre su frente: tenía fiebre de nuevo.
-Acuéstate, necesitas descansar…- Él la miró pero no le hizo caso, continuó sentado durante algún tiempo. Después se puso de pie y dijo:
-No hay tiempo, debemos continuar. Ya estoy mejor.-
-Estás con fiebre… No iremos a ningún lado.- le dijo Aimenel. Él la miró y volvió a decirles:
-Continuemos.- y avanzó hacia delante. Ambas lo siguieron sin decir más. No tenía sentido pelear.
Caminaron un poco más hasta que de nuevo él se detuvo. Se tambaleó un poco, sus dos compañeras corrieron a sujetarlo y cayó al suelo. Definitivamente no avanzarían más. Brégonir no podía seguir adelante, a menos su cuerpo no podía aunque su mente aún tuviera fuerzas. Las cosas permanecerían así durante algún tiempo….
-No debemos alejarnos mucho, busca algunas ramas y hierva seca, hay que prender un fuego-le dijo Aimenel a Ollese, ésta le miró arrogante.-No te lo estoy pidiendo Ollese, hazlo.
Pero qué se cree, de un momento a otro paso de ser un muchacha impulsiva y boba a ser una mujer pensó simplemente Ollese, pero se ahorro el enojo y comenzó a buscar las ramas. Aimenel la observó en silencio y suspiró, con cuidado acomodó a Bregonir en el suelo y le puso la capa negra que el joven llevara desde el inicio del viaje, le acarició la frente y la tocó para medirle la temperatura, sin duda estaba muy débil. Miró al cielo, no sabía si en aquél lugar, dimensión habría estrellas como en la suya, sonrió y pensó en Endien, ella también debía estar en camino, así como la hermana de Bregonir, Blydameen ¿Cómo le explicaría lo que le pasaba a su hermano? Y más si estaba con William y Zenicer. Aimenel supo casi al instante que aquellos dos le mentirían a la mujer y que sería muy difícil darle a entender que no eran ellas las malvadas de la historia. Un suspiro salió de nuevo de su boca, no podía pensar ahora en ello, debía buscar la forma de curar al muchacho y que repusiera sus fuerzas. Se quitó la bolsa que llevaba en la espalda y buscó las últimas hiervas de athelas que le quedaban, las trituro con sus propias manos y las echó sobre la cantimplora.
Mientras ella hacia aquello sin inmutarse, Ollese preparó el fuego y lo prendió, de su propio morral sacó la ultima provisión que les quedaba y se la llevó a la boca, observó a Aimenel elaborar el brebaje, ¿pero qué pensaba? Ya no podían esperar más, debían avanzar, Ollese deseó que Bregonir despertara y avanzaran de una buena vez.
Pero Bregonir no despertó.
…
Endien y Huor seguían de cerca a Blydameen, William y Zenicer. La niña portadora tenía miedo de que le hicieran daño, trataba de caminar rápido pero Huor se retrasaba, pues leía libro mientras caminaba, algo bastante extraño en él, que no leía en su vida, más que cartas y cuentas de dinero.
-Huor no hay tiempo, guarda el libro-le dijo Endien mientras se escondían en unos árboles. Alcanzó a ver que se detuvieron, ellos tampoco podían avanzar rápido, después de todo Blydameen estaba embarazada.
-Se han detenido Endien y yo necesito que veas esto.- le contestó el hombre tendiéndole el libro.
La niña lo vio y tomó el libro entre sus manos.
Para llegar a la puerta de la Aurora sólo existen dos caminos, el primero será abierto únicamente por las puntas llevadas por la elegida y cada una accionara los portales de las trampas; el otro será abierto solamente por la llave del alquimista desactivando las trampas del camino, estos senderos finalmente se unirán en uno solo que llevará a los dos herederos y a la elegida a la última punta y a la puerta.
-¿Eso significa que ellos no pueden pasar?- le preguntó Huor y Endien asintió en silencio- ¿cómo se supone que nos acercaremos a ellos?
-No lo haremos.
Endien tomó las puntas y pensó en hablar con el viento otra vez, de algo serviría y lo sabía, aquellas puntas le ayudarían.
Sólo espero a que las palabras llegaran.
…
Blydameen respiró hondo, mientras William le ofrecía agua.
-Gracias primo, siento urgencia para llegar con mi hermano y descubrir a aquella mujer que le ha hecho daño, pero mi estado no me permite avanzar tan rápido.
-No debes presionarte querida- le contestó el hombre-Avanzaremos a tu ritmo y lo alcanzaremos más pronto de lo que piensas.
Zenicer alzó la ceja, ése hipócrita…
Entonces William se acercó a ella y se alejaron un poco de la mujer que cerró los ojos por un instante, instante en el cuál escuchó un susurro en el viento, era la voz de aquella pequeña jovencita que había tratado de matarla.
Yo sé que nos ocultamos en el pasado, pero no queremos hacerle daño, Hemos sufrido como usted y no podemos confiar en nadie y menos en William, obsérvelo bien, le hizo daño a su hermano en el pasado, no deje que la dañe a usted. Busque en su corazón Blydamenn, entonces podrá verme.
¿Por qué le decía eso?
Abrió los ojos y observó a William, definidamente aquella voz tenía algo de razón, ¿por qué se había alejado con su amiga, cuando podían hablar en su presencia?, sin pensarlo una duda se instaló en el corazón de la mujer y deseo poder ver a la muchacha, se levantó sin hacer ruido y sin despertar la sospecha de su primo, pues no quería desconfiar de él, al fin y al cabo era su familia. Se encaminó a su caballo y al voltear vio como desde un árbol salía la muchacha y en la mano llevaba las tres puntas de la profecía, entonces ya no desconfió de ella.
En colaboración con Praianna, Enero 2008.
[Editado por tari el 06-06-2010 03:49]