Historia privada

La importancia del Desayuno

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Fragmento 1 por camilella

Sin duda la comida más importante de todo el día es el Desayuno, y si alguien lo tiene como un mandamiento, esa es Dorita Tejonera. Nada podía seguir su rumbo habitual sin un buen y cargado desayuno, luego claro acompañado de un acompañamiento y un adicional, repartidos a lo largo de la mañana.

Lo que no sabía Dora, es que ese día, no desayunaría. Porque ese día no seria como cualquier otro.

Desde que esos 4 hobbits “locos” habían vuelto a la Comarca, cada vez cosas más extrañas sucedían. Un supuesto nuevo Rey de la Gente Alta había ido visitar hacía poco las principales ciudades de La Comarca (claro que no el pequeño pueblo de Scary, donde la pequeña Dora residía) y seres extraños transitaban todos los caminos del lugar, en busca de quien sabe que cosa. Ya bastante le molestaba ver a los Enanos del Norte que venían a meter sus barbas en asuntos que no les incumbía, para ahora ver pasearse como dueños del lugar a los “felfos” o “defos” o como se llamaran las extrañas criaturas que visitaban los bosques circundantes de noche.

Catalina (su molesta vecina) podía decir lo que quiera, serían muy bellos, pero ella no se dejaría engañar, algo malo escondían. Pero ella no lo descubriría, porque no le gustaba meter las narices en asuntos oscuros, con comentarlos le alcanzaba.

Y ni hablar de los pequeños Hobbits que soñaban con salir a buscar aventuras en lugares lejanos…conocer montañas…¿árboles que caminan? ¡Bah! ¿A quién se le ocurriría creer esos cuentos para niños? Vaya uno a saber que hierbas extrañas habrían fumado en su viaje.

Y así podía llegar a estar durante horas hablando con Catalina, pues esos eran los temas de mayor discusión que ahora se hablaban en La Comarca.

Y Dorita Tejonera no era una persona desinformada en lo absoluto, se tenía que enterar de todo y comentar todo. Pero claro, antes de eso, debía tomar su matutino y cargado Desayuno.

Fragmento 2 por camilella

Despertarse y mirarse al espejo una y otra vez, día a día se repetía. Siempre lo mismo, su rubio pelo enmarañado, unos ojos color avellana entrecerrados y la cara que pedía al menos una hora más en la cama.

Pero ella sabía que no podía hacer eso, tenía una larga rutina que cumplir y un solo retraso podría arruinar el día completo.

Se dirigió a la cocina, colocó en el fuego la gran tetera y fue a la alacena para recoger en una gran bandeja los víveres que la acompañarían en su diario, matutino y completo, desayuno.

\"A ver...dos muffins de sésamo...dos hogazas de pan, manteca, mermelada...no, mejor de la casera echa por Tía Emma...una botella de hidromiel, hebras para el té...y huev...¡huevos! ¿Dónde están los huevos?\"

Dorita salió volando del cuarto sin poder creer lo que veía, el lugar donde ayer a la noche reposaba media docena de huevos de gallina, hoy estaba vacío.

¿Quién se podría haber atrevido a entrar a su casa y robar sus alimentos? Lo primero que se le cruzó por la cabeza fue su vecina Catalina...siempre andaba fisgoneando para saber si había comprado algo nuevo y novedoso en Cavada Grande. Pero rápidamente descartó esa idea cuando vio la ventana del corredor abierta, Catalina estaba tan rolliza que era imposible que pasara por esa pequeña abertura.

A decir verdad...ninguna criatura con suficiente inteligencia que ella conociera, podía pasar por allí. Todo esto la asustaba, pero muy en el fondo, ese pequeño rastro de sangre Tuk, hacía que le picase la curiosidad.