Historia pública
Historia pública en desarrollo #43
Descripción
Gil-Galad envía a Elrond en ayuda a los reinos élficos asediados por Sauron, y éste envía una exploración a las montañas nubladas en busca de Imladris, el refugio. La exploración es capitaneada por Glorfindel, acompañado por otros once elfos.
Ambientación
Transcurre en la Segunda Edad.
Personajes
Glorfindel, Elrond y once elfos.
Segunda era la edad y oscuros eran los dias. Los pueblos ardian, los hombres morian y los arboles desaparecian aplastados por el yugo orco. El señor oscuro sauron arrasaba por donde pasaba, nadie podia resistir la lluvia de orcos que caian sobre los reinos.
Gil-galad ,el alto rey elfo, cabalgaba raudo hacia Barazinbar, un pico de las montañas nubladas,acompañado por sus elfos mas fieles, pues alli se realizaria un concilio secreto sobre el papel que tomarian los elfos en la guerra contra sauron.
El camino era largo, terreno dificil, pero los elfos tenian los ojos puestos en el horizonte.
Al fin llegaron a su destino y alli fueron recibidos.Elrond, heraldo de gil-galad, y glorfindel les esperaban.
-Bienvenido seais, mi rey-dijo elrond.
-Me alegra saber que vuestra llegada haya sido temprana, elrond hijo de eärendil-respondio gil-galad mientras bajaba de su caballo, la jornada habia sido violenta y cargante-aunque no me importe, la roca no es un buen sitio donde sentarse-decia esto pues tendrian que sentarse en tierra pues no habia construcciones elficas cerca, y las que habia eran pasto del fuego pues orcos rondaban en las montañas nubladas.El concilio comenzo.
Se sentaron en un conjunto de rocas.La nieve caia y los elfos de menor rango vigilaban los alrededores.gil-gald tomo la palabra.
-No entraremos en guerra todavia, si somos atacados debemos defendernos si, pero no avanzaremos...
- Pero...-interrumpio elrond- nuestros reinos son arrasados, nuestros hermanos muertos-.
-Elrond, debemos esperar a que el ejercito elfo estea reagrupado, tu mejor que nadie tendrias que pensarlo, nuestros efectivos estan muy debilitados, todos tenemos sed de venganza...
-¿que debemos hacer pues?-interrumpio glorfindel qon un tono descortes-nuestros efectivos caen a centenares, nuestras ciudades arden, los elfos pierden la fe, ¿que debemos hacer pues gil-galad, hijo defingon?
-Antes de nada controlar vuestrso modales,pues yo tambien se ser descortes y si no fueras un noble guerrero te rebanaria la cabeza-dijo gil-galad enfadado, pues sabia que tenia razon-Debemos buscar un refugio hasta que nuestro ejercito estea en condiciones- continuo- glorfindel, tu organizaras una expedicion a estas montañas, elige 11 elfos de entre todos los reinos y encontrar un refugio, imladris sera su nombre.
Y asi el concilio concluyo.
Glorfindel busco a los mejores elfos de todos los reinos para iniciar la expedicion.
-Bien, tenemos que encontrar un lugar seguro para instalarnos. ¿Alguien
sugiere algun lugar?
Los elfos pensaron durante largo rato,hasta que al fin uno de ellos hablo.
- Yo conozco un lugar en Eriador, no se si es seguro, pero es acogedor, se llama la Comarca. Tiene valles, flores, cultivos.
-Mmmm, es un buen sitio para empezar a buscar. Marcharemos en tres dias, el tiempo apremia.
Y asi fue como marcharon a la comarca.
El elfo que dio nombre se llamaba elendil,sus padres le pusieron ese nombre porke habian sido salvados por unos caballeros,uno de ellos era elendil.Elendil habia sido elegido por tener una gran habilida con las lanzas.Glorfindel le conocia desde pekeño y no dudo en llamarlo para la expedicion.
Once eran los elfos nombrados por gil-galad y once fueron los elegidos por glorfindel.Depues de decidir donde empezarian su aventura se marcharon a sus reinos para volverse a encontrar en el bosque de los trolls.
Pasaron los dias y alli solo se encontraban Glorfinel,elendil y otros 2 elfos .Todos eran de familias nobles. LOs nombres de los otros elfos eran los siguientes:Valandil hijo de silmarien,Minasdril hijo de imsdril. Pasaron dias y nadie habia llegado aun.
Pero una noche las estrellas se levantaban altas y el sonido de las flechas retumbaba en el bosque.Minasdril salto de su cama cogio su espada y salio del campamento sin pensarselo 2 veces.Elendil le siguio con las lanzas y glorfinel y valandil fueron a por los caballos.
Minasdril llego a un campo sin arboles y alli se encontro a unos orcos y un troll persiguiendo a un jinete, se llevo la mano a la espalda y se dio cuenta de que no llevaba arco.Una sombra tapo la figura de minasdril, el troll le miraba con cara de asombro, sus grandes ojos parpadean sin cesar mientras levantaba la maza .
minasdril salto hacia atras y la maza hizo retumbar el suelo.En ese mismo instante una flecha alcanzaba al caballo del jinete el cual cayo contra el suelo quedando inconsciente .
Los orcos desenvainaron las espadas y en es instante un de ellos mordio el polvo con una lanza elfica clavada en el abdomen.Elendil habia llegado justo a tiempo y los orcos soltaron unos chillidos al ver que otros dos elfos, valandil y Glorfindel se le s echabn encima.
-¡Valandil, yo ire a por el troll! ¡Tu rodea a los orcos-ordeno glorfindel mientras veia como los arboles caian, valandil y el se pararon, incluso el troll se paro,los jinetes huargo cabalgaban raudos por el bosque arrasando los matorrales y la hierba baja.
Los orcos echaron una carcajada seca, ala vez, el troll lanzaba a minasdril por los aires una y otra vez. Elendil se defnedia con gran fuerza y coraje pero eran demasiados y los jinetes huargo estaban mas cerca por momentos.
Glofindel saca su cuerno elfico y toco la retirada.Su aventura aun no habia comenzado y ya se habian retirado una vez.
MInasdril monto al misterios jinete en su caballo y no pudieron recoger el campamento pues por alli les cerraba los huargos.
El jinete desperto cuando ya estaban lejos del peligro se quito la capucho ante el asombro de todos pues era una elfa de las mas veyas, cuan hermosua tenian su ojos y sus cabellos rubios, NImrodel, doncella de lothorien era su nombre. Esa noche recibirian malas noticias. NIngun otro compañero volveria.
Las caras de los elfos se volvieron tan pálidas como la luz de la luna, no bastaba solo con no poder regresar el campamento sino que tenían que recibir esa noticia en tan mal día como lo había sido.
- ¿Cúal es la razón de que no venga nadie más? - Preguntó Glorfindel.
- Yo venía guiando a la compañía de elfos q deberían de estar ahora mismo aquí,- se apresuró a decir Nimrodel,- pero los orcos nos tendieron una emboscada, y solo yo pude escapar...
Los ojos de Nimrodel se cerraron en un profundo sueño que duró toda la noche restante. Se habían refugiado en una cueva a tres mil pies de distancia de su campamento.
Cuando despertaron por la mañana, se dieron cuenta de que Nimrodel no estaba, tan solo había dejado dos dagas y arco élfico con un carcaj lleno de flechas.
Los compañeros salieron de la cueva con sumo cuidado, y cuando comprobaron que no había peligro se dirigieron hacia el campamento, y como era de esperar, el campamento estaba convertido en cenizas.
- Como no tenemos otra opción, debemos ir hacia el Gran Acantilado...- Comentó con la cabeza gacha Glorfindel.
- !Pero tú estás loco! Esa zona está infectada de orcos- Gritó Elendil.
- Pues si tienes una idea mejor.....
Elendil agachó la cabeza y no dijo nada.
- No se hable mas, mas no queda otra ruta por la que llegar a nuestro destino- Se dispuso a marchar Glorfindel.
Los cuatro elfos marcharon por el bosque, un bosque espeso en el que la luz apenas llegaba al suelo, pero no temían a los bosques ya que estos eran su hogar. No sería ni mediodía cuando llegaron al borde del bosque, en esa zona, la vegetación era escasa, y la que había no levantaba un palmo del suelo. A lo lejos se veían dos montañas separadas por un estrecho sendero: el Gran Acantilado.
Cuando llegaron al comienzo del acantilado, el cual no mostraba su otro lado, los elfos marcharon por el sendero que separaba las dos montañas. Muy sigilosamente marcharon por el acantilado sin ningún problema, hasta que una flecha pasó rasgando la piel del antebrazo de Valandil.
- ¡Orcos!- Gritó Elendil.
No se vía ningún orco delente de ellos, ni tampoco detrás, por lo que la flecha tenía que provenir desde ariba de las montañas. Glorfindel levantó el cuello y miró hacia arriba. Había algo así como veinte orcos apuntando con un arco desde las dos montañas al acantilado, y otros veinte orcos bajando desde arriba.
Pum! Pum! Dos piedras enormes aprisionaron a los elfos por delante y por detrás, estaban atrapados.
Los orcos llegaron abajo al mismo momento en el que los elfos sacaron sus espadas.
Un orco saltó hacía ELendil, pero este fue mas rápido que el y clavó su lanza en el abdomen de la criatura. Glorfindel bailaba sus dos dagas élficas rebasando cabezas orcas. Minasdril disparaba con su arco élfico a una rapidez increíble. Valandil clavaba su espada élfica de dos manos en los yelmos de los orcos. Así, la lucha parecía estar a favor de los expertos guerreros elfos, y cuando todo parecía estar ganado, una nueva oleada de orcos bajó desde las montañas; continuaba la lluvia de flechas.
Con desesperación en el rostro, los elfos luchaban y luchaban sin parar, pero parecía que los orcos resucitaban, por que por cada orco q mataban, llegabn dos nuevos. La balanza se torció hacía el lado orco cuando una flecha impactó en el abdomen de Valandil. El tiempo pareció pararse durante un momento mientras los elfos veían desplomarse a Valandil, pero los orcos seguían llegando.
Cuando todo parecía perdido, un haz de luz pasó justo al lado de Glorfindel, y todo se volvió blanco durante un tiempo. Cuando todo volvió a la normalidad, los orcos, tanto los muertos como los vivos, habían desaparecido. Justo al lado de ellos había una muchacha de rubios cabellos y ojos azules, una elfa: Nimrodel.
Los cuatro guerreros quedaron anonadados por la precisión y velocidad con las que Nimrodel había hecho desaparecer a todas aquellas pestilentes criaturas, pero...
- ¿qué magia posee usted mi señora, capaz de tan magnifica demostración de poder?- preguntó Glorfindel.
- como habitante de Lórien he convivido largo tiempo cerca de mi señora la dama Galadriel, ella me enseñó las artes mágicas de la fuerza de la luz- respondió la elfa mirando fijamente al cielo mientras en sus brillantes ojos Glorfindel observaba la presencia de una tristeza que no podía disimular.
- pero es muy extraño todo eso que nos cuenta hermosa señora- contestó Elendil,- la dama de la luz rara vez ha aceptado educar a alguien en esas artes. Para ello usted debería como mínimo ser pariente cercana de la gran señora.-
-Cómo aprendí lo que ahora conozco no es lo más importante en estos momentos, vuestro compañero Valandil está herido, ayudadle antes de que empeore.-
Estas fueron las últimas palabras de Nimrodel mientras el sol se alzó sobre ellos aquel día.
Valandil fue curado por Minasdril el cual por suerte, poseía los conocimientos necesarios para sanar su herida. De este modo, el hijo de Silmariën pudo continuar la caminata hasta que ya entrada la noche, los compañeros decidieron descansar por el momento.
Acamparon en un lugar discreto entre grandes arbustos de espinos que, aunque resultaban molestos y bastante poco agradables, les protegían de los ojos enemigos que por las cercanías pudieran rondar.
Hacía mucho frío, pero ni siquiera se atrevieron a encender un pequeño fuego, puesto que el temor a ser descubiertos en esas condiciones, siendo ellos tan inferiores en número a cualquier batallón de orcos y además teniendo a un compañero aún débil, les inquietaba terriblemente, así que en su lugar, se abrigaron con las capas élficas y comieron media ración más de las lembas que llevaban cada uno de ellos, las cuales les reconfortaron tanto como si hubieran tomado un caldo caliente.
Al cabo de terminar las lembas, Valandil no pudo contener su curiosidad aun estando un poco débil, y le preguntó a Nimrodel:
-mi señora, ¿sois vos la doncella de la que tanto me habló mi madre cuando aún era un niño?-
Nimrodel respondió, -¿de qué doncella os habló vuestra madre Valandil?-
- de aquella que se enamoró de Amroth, hijo de Andir, el señor de Lórien, de aquella misma que odia a los eldar porque cree que son los responsables de todas las guerras que se han sucedido hasta ahora, de aquella misma doncella que perdió a su amor para siempre y nunca más se supo de ella.-
Al oir esto los demás compañeros observaron con atención el rostro de la elfa, mas ella parecía impasible ante las insinuaciones de Valandil, pero en sus ojos podía distinguirse un brillo y una expresión extrañas mezcla de tristeza, templanza e ira.
De pronto Nimrodel sonrió, -os equivocais mi señor, mi nombre es el mismo que el de la doncella de la que hablais, mas no reside su persona en mi. Yo simplemente soy una habitante del bosque de Lórien, nada más. Y ahora si se me permite me retiraré a descansar, mañana nos espera una larga jornada.- Y de esta manera la doncella desapareció entre sombras y se tumbó en el frío y duro suelo con la intención de descansar.
-Extrana dama- opinó Elendil clavando la mirada en el mismo lugar por donde Nimrodel había desaparecido.
- Si, pero lleva razón, será mejor que nosotros hagamos lo mismo que ella y descansemos, de otro modo mañana rendiremos menos y eso no nos combiene de ningún modo- dijo Glorfindel mientras se levantaba. -Yo haré la primera guardia, luego la harás tú Elendil y luego tú Minasdril, tú es mejor que descanses la noche completa, - le dijo a Valandil- te hará bien..., ¿Valandil?-
El elfo estaba sumergido en sus propios pensamientos recordando la mirada enigmática de Nimrodel y su respuesta negativa ante la pregunta que él le había formulado, pero...- Es ella, lo sé, es ella.-
El el sol se abría paso y buscaba un hueco en el celeste cielo que cubría Eriador. Entre bostezos fueron depertando uno a uno todos los miembros de la expedicción.
- Buenos días señores- Dijo Nimrodel con una extraña sonrisa en la cara.
Tras un estiramiento de brazos, Glorfindel se puso en pie:
- Buenos dias Nimrodel, ¿partimos ya?
- Si, para qué esperar más.
Así lo hicieron, recorrieron el valle en donde los espinos se esparcían y crecían hacia el sol, hasta que lleguaron a orillas de un río, un rio que una edad despues seria bautizado como rio Brandivino. Alli los elfos bebieron agua, y algunos como Elendil aprovecharon para lavarse la cara y despejarse aún más del sueño que tenía. Cruzaron el río por un vado no muy lejos de donde bebieron.
- ¿Hacia donde iremos ahora?- Preguntó Minasdril con cierta cara de ingenuidad.
- Iremos hacia el este- Respondió Nimrodel con firmeza sin ni siquiera mirar atras.
- Pero no es hacia el este a donde debemos ir, sino hacia el oeste- Replicó Glorfindel.
- Lo se-, dijo Nimrodel-, pero once debeis ser los elegidos,¿no?, y contándome a mí, solo veo por aquí a cinco.
- ¿Y que pretende señora?- Preguntó cortésmente Elendil
- Buscar a los seis restantes.
- ¿Y dónde, si se puede saber?todos los reinos élficos estan cayendo bajo la ira de Sauron. Muy pocos quedan con esperanza- Continuó Elendil.
- Tranquilo, tengo amigos de confianza, y se que nos ayudarán.
Pocas más fueron las palabras que se dijeron durante ese día antes de parar en un recobeco al pie de una pequeña montaña solitaria en el centro de un amplio valle verde. Se encendió un fuego, en el que todos se sentaron a su alrededor, pues hacia frio. De nuevo Valandil no pudo contenerse:
- ¿Qué culpa tienen los Eldar, Nimrodel, de que Amroth desapareciera para siempre?- Preguntó con un tono de sarcasmo.
Nimrodel no dijo nada y agachó la cabeza.
- ¿Qué culpa tienen los Eldar de que Melkor apareciese sobre la faz de la tierra y causara tanto mal? ¿No fue si no Eru, el majestuoso Ilúvatar, quién dio sus más dichosos poderes a Morghoth?- Proseguía Valandil.
Nimrodel seguía sin levantar la cabeza, dos lágrimas empezaron a resbalar por la mejilla de su esbelta cara, las cuales brillaron con la luz del fuego.
- ¿Entonces a qué viene tanto odio hacia...?
- ¡Ya está bien Valandil!- Glorfindel se levantó de un brinco y cortó rápidamente a Valandil. A la luz del fuego parecía más alto y fuerte que nunca.
Valandil no dijo nada, solo se levantó, se apartó unos metros, y allí se tumbó y se cubrió con su capa élfica, para aparentemente, sumergirse en sus propios sueños.
- Pido perdón, mi señora, en su nombre, no debería meterse en los asuntos de los demás.- Suplicó Glorfindel.
Nimrodel levantó la cabeza y miró a los ojos de Glorfindel, esta sonrió, se secó las lágrimas, y habló:
- No pasa nada Glorfindel, lleva razón, llevó toda una vida intentando ocultar mi identidad y mis sentimientos, y ya es hora de que me libere de ese peso. Mi rencor hacia los Eldar nos es más que una obra de mi ensombrecido corazón, el cual no se ha recuperado desde la desaparición de mi amado Amroth. Pocas son mis creencias de encontrarle aún, pero mi corazón no desiste, y aún en esta época de sufrimiento y desgracias para el reinado de los elfos en la Tierra Media, queda en mí un hueco de esperanza que alberga en mis sentimientos. Mas aún sueño con reencontrarme con mi amado en un tiempo no muy lejano. Ahora señores, voy a dormir, pues mañana será un duro dia. Buenas noches.
Y así, con incredulidad en los ojos, Glorfindel y los suyos vieron alejarse a Nimrodel en la oscuridad, esperando para dar la bienvenida a un nuevo día...