#299286
Belennor
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Bueno…yo de vuelta…con dos capitulos mas…disfrutenlos, al igual que yo :-]

El Gaucho de los anillos

LA COMUNIDí DEL ANILLO

Capí­tulo 9

Bien tempranito empezó

el consejo estraordinario

con tuitos los dinatarios

que andaban por Rivendel;

un asunto como aquél

habí­a que hablarlo entre varios.

Con una mesa e’ salame,

aceitunas y melón,

demientras el cimarrón

de mano en mano pasaba,

en silencio lo escuchaban

a don Elrondo, el patrón.

“A la historia e’ los anillos

tuitos la han de conocer,

y se van a sorprender

cuando sepan enseguida

que la sortija perdida

ahura ha gí¼elto a aparecer.”

“Por suerte”, se metió Gandalf,

“la tení­a gente amiga.

No hace falta que les diga

que con cuidao hay que andar;

lo pior que puede pasar

es que Saurón la consiga.”

“Y de hablarlo al Sarumán,

mejor que se olviden de eso;

de la angurria quedó preso

cuando se vino a enterar,

y ahura se puso a amolar

con esa cosa ’el progreso.”

“Con la escusa de tener

los rodeos separaos,

quiere poner alambraos

entre heredá y heredá

pa’ quitarnos libertá

y tenernos dominaos.”

“Y otra cosa más que quiere

y le anda metiendo injerto

es la conquista ’el desierto;

y estaciones con andenes

ande paren largos trenes

que lleven el grano al puerto.”

“Pero hay un modo e’ cuerpiarlo

a ese futuro indino:

al pago mesmo ’el malino

vamo’ a tener que llegar

y la sortija tirar

adentro ’el Monte ’el Destino.”

“Eso a mí­ no me parece

que vaya a ser lo mejor”,

dijo el que vino e’ Gondor.

“En vez de disperdiciarla,

yo digo que hay que llevarla

a mi tata el Denetor.”

“Con el Saurón de vecino

ya no queremos vivir”

insistí­a el Boromir.

“No hay fortines ni zanjones

que paren a los malones

de orcos que saben venir.”

“Pero usandoló al anillo

eso se arregla enseguida,

y ya pa’ tuita la vida

lo resolvemo’ al problema.”

Dijo Gandalf: “¡A ese tema

mejor ni darle cabida!”

“¡En contra de esa locura

este mago les alvierte!

El anillo te hace juerte

pa’ enfrentarteló al Oscuro,

pero después es siguro

que en malandra te convierte.”

“¡Otra ruta no tenemos,

por favor no se conjundan!

Pa’ que a la sortija imunda

no le eche mano el canalla,

hace falta que alguien vaya

y la tire a que se junda.”

“¡Se dice fácil!”, gritaba

tuita la gente miedosa.

“¡Con guitarra es otra cosa!”

Y ahí­ el Frodo se paró:

“Si no va naides, voy yo”,

dijo con voz temblorosa.

Dijo Gandalf riendosé:

“¡Qué petiso temerario!

Que naides se haga el otario,

que por mucho que se amañe

hacen falta voluntarios

que en el viaje lo acompañen.”

Habló el Trancos Aragorn,

que era yerno ’el dueño e’ casa:

“Pa’ enfrentar a la amenaza

yo digo que es importante

que vaya un ripresentante

e’ cada una e’ las razas.”

Y se prendió el Boromir,

con el sable y con las bolas;

por los elfos, el Legolas,

y por parte e’ los enanos

iba a dir el Guimlidiano

pa’ hacer mucha batahola.

Merry, Pipino y el Sam,

mostrando mucho coraje,

dijeron que seguí­an viaje

con su amigo tan valiente;

y se formó un contingente

de diferentes pelajes.

Y al ver ansí­ decididos

a paisanos tan redondos

a llegar hasta los fondos

e’ los pagos del Saurón,

enlleno de almiración

esto dijo don Elrondo:

“¡Nunca vide una partida

de tal bravura a porrillo!

Mientras el sol tenga brillo

siempre habrá de ricordarse

la ocasión que vino a armarse

LA COMUNIDí Ã¢Â€Â™EL ANILLO.”

La comunidá del anillo

Capí­tulo 10

Endijpué que en Rivendel

se celebró el parlamento

ande jue el reclutamiento

pa’ dir al Monte ’el Destino,

se llevó Bilbo al sobrino

pa’ darle unos elementos.

“Te viá emprestar unas cosas

que hace mucho que las guardo:

acá está la espada Dardo,

que es más que una simple lata;

a los orcos los delata

si se escuenden en los cardos.”

“Y esta camisa e’ mitril

que es más juerte que el acero

pa’ que te proteja el cuero;

si la llevás bajo el poncho

no te va a hacer más rechoncho

y naides te hace otro aujero.”

Le agradeció el Frodo al tí­o

por la espada y la camisa

que de ser motivo e’ misa

lo iban siguro a salvar,

porque el anillo llevar

no era pa’ tomarlo a risa.

Demientras don Aragorn

se despidió de su prienda,

tan linda que era leyenda:

“Tengo que dirme, mi dama,

que la patria me reclama

para que yo la defienda.”

“¡Elberita te acompañe,

que sabe lo que te quiero!”,

contestó la del lucero,

la mentada doña Argí¼én.

“Ojala gí¼elvas con bien;

si te pasa algo me muero.”

Los herreros orejudos

a la espada de Elendil,

la vieja y rota Narsil,

en la fragua la arreglaron

y ya tuitos la llamaron

dende entonces Anduril.

Y temprano a la mañana

con mucha solemnidá,

a enfrentar la alversidá

contra el enemigo cruel,

despacito e’ Rivendel

se jue la comunidá.

Con cuidao habí­a que andarse

si querí­an parar la guerra,

y por un camino e’ tierra

enfilaron rumbo al sur;

porque el ojo e’ Baradur

es uno que no se cierra.

Una banda e’ teruteru

pasó con mucho barullo,

y el mago se olió un chanchullo.

“Esos pájaros que ahí­ van,

conociendo al Sarumán,

son tuitos bomberos suyos.”

“Va a haber que viajar de noche

sin levantar la perdiz”,

les aconsejó el gris.

“En silencio hay que moverse

y cuando es de dí­a esconderse

en el medio del maí­z.”

Y a la hora en que la luna

nace en el cielo y se agranda,

en pleno tuita la banda

se plantó en un descampao

por andar medio delgaos

y le entraron a la vianda.

Demientras junto al fogón

descansaban y comí­an,

a lo oscuro una jaurí­a

jue a juntarse redepente,

y les aullaba y gruñí­a

enseñandolés los dientes.

Se tragó el Gandalf del susto

el carozo e’ la aceituna.

“¡Ahijuna con la lobuna,

ahura la tenemos gí¼ena!

¿No apercibieron lo llena

que está esta noche la luna?”

Ahí­ se largó la pelea

en contra e’ los lobizones

que tiraban tarascones,

y uno dijo e’ sopetón:

“¿De diánde saca el Saurón

tantos sétimos varones?”

¡Y viera lo que jue aquello!

Con el elfo a los flechazos,

el enano a los hachazos

y los crestianos con fierros,

no podí­a arrimarse un perro

sin quedar hecho pedazos.

“A ver si con este truco

tenemos algo e’ sosiego”,

avisó el Gandalf y luego

movió en el aire un palito,

y tuitos los eucalitos

dentraron a agarrar fuego.

Y los lobos que quedaban,

con semejante fogata

que ya hasta las garrapatas

les estaba chamuscando,

salieron tuitos llorando

con la cola entre las patas.

“¡Se jueron!”, decí­an los hobbits

y saltaban de alegrí­a;

pero cuando se hizo e’ dí­a

enjabonaos tuitos vieron

que ande los lobos cayeron

ni los pelos se veí­an.

“¡Yo sabí­a”, dijo el Gandalf

“que no eran bichos cualquiera!

A andar a toda carrera

vamo’ a tener que empezar

y apurarnos en cruzar

cuantiantes la cordillera.”