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Bueno…finalemente los pude pude encontrar…a el capitulo 3 y 4. Pero antes que nada 
Vuelvo a aclarar..NO SOY YO EL AUTOR. No quiero malinterpretaciones ….solo publico esta maravilla porque me gustaria que mucha gente tenga acceso a ella.
Disfruten.
El Gaucho de los anillos
LA COMUNIDí DEL ANILLO
Capítulo 3
A Isengar jue el mago Gandalf
espoleando el alazán,
pa pedirle al Sarumán
el consejo que hacía falta,
y llegó a la torre alta
que le decían Ortán.
Le contó de aquel anillo
que era el daño de Isildur;
si el patrón de Baradur
de la sortija sabía,
al humo se les venía
galopeando dende el sur.
Dijo el otro: "Tarde piaste,
el Oscuro se ha enterao.
A ese Gollum desgraciao
los orcos ya le cayeron,
y una paliza le dieron
hasta que tuito ha cantao."
"¡Amalaya!", dijo el Gris.
El Gollum lo había portao
a aquel anillo encantao
hasta que Bilbo llegó;
muy contento no quedó
pues lo tenía enviciao.
"Tus amigos los medianos
lo van a tener fulero,
que los nazgul ya salieron
tuitos juntos en malón
pa´ encontrarlo a este Bolsón
y que cante pa´l carnero."
"¡Ahijuna!", respondió el otro.
"¡Pero qué suerte tan ruin!
Pa´ llevar esto a su fin
y del malino escapar,
el anillo habrá que echar
en el fuego ´el Orodruín."
Le respondió Sarumán:
"¡Qué lo va´ queré fundí!
Andá, traemeló a mí
que yo le viá dar gí¼en uso;
nunca naides se lo puso
como éste que está aquí."
Al Gandalf no le gustó
que lo tome por idiota;
le vio la pata a la sota,
malició que se dio gí¼elta,
y con atitú resuelta
jue a enfrentarlo al cararrota.
"¡Ah maula! ¡Te descubrí!
¡No tenés ningún derecho!"
El otro lo tomó a pecho:
ni lerdo ni perezoso
lo metió en un calabozo
que tenía listo en el techo.
Demientras, en la Comarca
el tiempo no se quedaba.
Sin sosiego Frodo andaba
como bola sin manija;
le quemaba la sortija
y Gandalf que no llegaba.
"Hace mucho que se jue"
le dijo a Sam un gí¼en día.
"Nos dijo que iba y golvía,
pero esto va pa´ largo;
tenemos que hacernos cargo
mientras se pueda entuavía."
Se colgó el anillo ´el cuello
y encarandoló al destino,
enfiló por el camino
que pa´l este lo llevaba;
dos primos lo acompañaban,
que eran Merry y el Pipino.
"Linda noche pa´ viajar"
dijo Sam con alegría.
"No es calurosa ni fría."
Y al parar de hablar al cuete
oyeron el paso e´ un flete
que dende atrás los seguía.
Vieron venir al jinete
ocultos en la maleza,
que montaba con destreza
en un oscuro tapao,
de negro todo empilchao
de los pies a la cabeza
Capucha tapando el mate,
botas de cuero en las patas,
un facón con cabo e´ plata
bajo el poncho le asomaba,
y el aire el coso vichaba
con mucho barullo e´ ñata.
Y siguió por el camino
hasta que se perdió e´ vista.
"Éste nos sigue la pista",
vino Frodo a maliciar,
y propuso pa´ escapar
dejar la ruta prevista.
El paisano Meriadoc
quiso darles un consejo:
"Si queremo´ llegar lejos
un camino más existe:
si la tropa lo resiste,
agarremo´ el Monte Viejo."
Jue a responderle el Pipino:
"¿Qué te pasa? ¿Ta´s mamao?
Ese monte está embrujao,
maldito hasta lo projundo;
ni por tuito el oro ´el mundo
le paso ni por al lao."
Al fin decidió el Frodo:
"Otra eleción no tenemos,
atrapaos acabaremos
si seguimo´ este camino;
endijpué del Brandivino
por el Monte tomaremos."
Y siguieron caminando
los compañeros pa´l este,
bajo una esfera celeste
más oscura ahura que antes;
derecho, siempre adelante
iban, cueste lo que cueste.
Capítulo 4
Llegaron al Monte Viejo
justo cuando amanecía,
y a la lú del nuevo día
se les cerró la garganta
con esa paré de plantas
que dende el suelo crecía.
El Merry los jue llevando
entre los troncos ladeaos.
Parecía muy confiao
hasta que al fin se paró.
"Compañeros, creo yo
que nos hemos estraviao."
Estaba oscuro y el guía,
con la lengua tartamuda,
entre el quebracho y la ruda
dijo con voz temblorosa:
"Me parece que la cosa
se está poniendo peluda".
"Fiero monte ande no cantan
calandria, zorzal ni mirlo.
Bien ligero habrá que juirlo
¡y guay con el Tornasauce!"
Y en terminar de decirlo
se toparon con un cauce.
Tapando el ruido del agua,
el Merry pegó un grito.
"¡Tornasauce, el río maldito!
¡Ahura ya sé diánde estamos!
Pa´ salir, el río sigamos.
¡Hasta si hay un caminito!"
Los otros le hicieron caso
y siguieron el riachuelo.
Pero no duró el consuelo:
mientras iban caminando
un sueño les jue dentrando
que los dejó por el suelo.
"¡Qué modorra me está dando!"
dijo uno remolón.
"Que me digan dormilón
la verdá no me molesta;
yo me viá echar una siesta
abajo ´el sauce llorón."
Al rato Merry y Pipino
roncaban a pata suelta.
Frodo y Sam se dieron gí¼elta
cuando escucharon un ruido:
habían desaparecido
de las raíces regí¼eltas.
De adentro mesmo e´ la planta
salían gritos apagaos.
El tronco se había cerrao
como si juera un estuche:
¡Ese árbol desgraciao
los había mandao al buche!
Dentraron a dar patadas
en el hermético aujero.
"¡Mis primos no son puchero!
¡Dejalos salir de áhi!"
Y pararon porque oyeron
un tremendo sapucay.
Un paisano redepente
salió del bosque machazo;
daba larguísimos pasos
cruzando charcos y zanjas
con una cesta e´ naranjas
que le colgaba del brazo.
Parecía muy contento,
saltando de un pie a otro pie,
una pluma e´ caburé
en el chambergo sencillo,
los zapatos amarillos,
y cantaba un chamamé.
Medio el Frodo se asustó
con el coso inesperao;
pensó que estaba mamao,
pero se olvidó e´ la duda
y corrió a pedirle ayuda
a puro grito pelao.
"Quién es éste que se viene
gritando tanto, ¡qué digo!
ni que viera al enemigo
iba a ser menos sutil.
Yo me llamo Bombadil.
¿Qué se le ofrece, chamigo?"
"¡Ayuda, don Bombadil!"
lo apuró Sam al reclamo.
"A descansar nos tiramo´
pero aquel árbol cretino
se nos comió a don Pipino
y a don Merry Brandigamo."
"¡No me digan que el bellaco
se me ha gí¼elto a retobá!
¡Lo viá tené que domá
al vegetal insolente!
¡Le viá enseñá a comé gente
como si jueran chipá!"
Dandolé con el rebenque
se puso a gritarle ansí:
"¡Tenés que echarte a dormí!
¡Largá a los pobres gurises!
¡Hacé lo que se te dice!
¡Largalos, añá membuí!"
El árbol se hacía el duro
y por un rato aguantó.
A la final se cansó
de los golpes del rebenque;
se aquietó como un palenque
y a los hobbits escupió.
"No hace falta que agradezcan"
dijo el gaucho bondadoso.
"El monte es muy peligroso
pa´ unos hombres tan chiquitos;
a mi rancho los invito
pa´ que tengan su reposo."
Ansí que a la casa jueron,
y a la noche se armó farra:
Sam le daba a la guitarra,
volaban prima y bordona,
Bombadil a la acordiona,
y entre tuitos a la jarra.
Y pasaron varios días
descansando en ese rancho
perdido en el monte ancho,
y entre asado y tereré,
entre polca y chamamé,
terminaron como chanchos.