#299275
Belennor
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Bueno…finalemente los pude pude encontrar…a el capitulo 3 y 4. Pero antes que nada ^_^

Vuelvo a aclarar..NO SOY YO EL AUTOR. No quiero malinterpretaciones ….solo publico esta maravilla porque me gustaria que mucha gente tenga acceso a ella.

Disfruten.

El Gaucho de los anillos

LA COMUNIDí DEL ANILLO

Capí­tulo 3

A Isengar jue el mago Gandalf

espoleando el alazán,

pa pedirle al Sarumán

el consejo que hací­a falta,

y llegó a la torre alta

que le decí­an Ortán.

Le contó de aquel anillo

que era el daño de Isildur;

si el patrón de Baradur

de la sortija sabí­a,

al humo se les vení­a

galopeando dende el sur.

Dijo el otro: "Tarde piaste,

el Oscuro se ha enterao.

A ese Gollum desgraciao

los orcos ya le cayeron,

y una paliza le dieron

hasta que tuito ha cantao."

"¡Amalaya!", dijo el Gris.

El Gollum lo habí­a portao

a aquel anillo encantao

hasta que Bilbo llegó;

muy contento no quedó

pues lo tení­a enviciao.

"Tus amigos los medianos

lo van a tener fulero,

que los nazgul ya salieron

tuitos juntos en malón

pa´ encontrarlo a este Bolsón

y que cante pa´l carnero."

"¡Ahijuna!", respondió el otro.

"¡Pero qué suerte tan ruin!

Pa´ llevar esto a su fin

y del malino escapar,

el anillo habrá que echar

en el fuego ´el Orodruí­n."

Le respondió Sarumán:

"¡Qué lo va´ queré fundí­!

Andá, traemeló a mí­

que yo le viá dar gí¼en uso;

nunca naides se lo puso

como éste que está aquí­."

Al Gandalf no le gustó

que lo tome por idiota;

le vio la pata a la sota,

malició que se dio gí¼elta,

y con atitú resuelta

jue a enfrentarlo al cararrota.

"¡Ah maula! ¡Te descubrí­!

¡No tenés ningún derecho!"

El otro lo tomó a pecho:

ni lerdo ni perezoso

lo metió en un calabozo

que tení­a listo en el techo.

Demientras, en la Comarca

el tiempo no se quedaba.

Sin sosiego Frodo andaba

como bola sin manija;

le quemaba la sortija

y Gandalf que no llegaba.

"Hace mucho que se jue"

le dijo a Sam un gí¼en dí­a.

"Nos dijo que iba y golví­a,

pero esto va pa´ largo;

tenemos que hacernos cargo

mientras se pueda entuaví­a."

Se colgó el anillo ´el cuello

y encarandoló al destino,

enfiló por el camino

que pa´l este lo llevaba;

dos primos lo acompañaban,

que eran Merry y el Pipino.

"Linda noche pa´ viajar"

dijo Sam con alegrí­a.

"No es calurosa ni frí­a."

Y al parar de hablar al cuete

oyeron el paso e´ un flete

que dende atrás los seguí­a.

Vieron venir al jinete

ocultos en la maleza,

que montaba con destreza

en un oscuro tapao,

de negro todo empilchao

de los pies a la cabeza

Capucha tapando el mate,

botas de cuero en las patas,

un facón con cabo e´ plata

bajo el poncho le asomaba,

y el aire el coso vichaba

con mucho barullo e´ ñata.

Y siguió por el camino

hasta que se perdió e´ vista.

"Éste nos sigue la pista",

vino Frodo a maliciar,

y propuso pa´ escapar

dejar la ruta prevista.

El paisano Meriadoc

quiso darles un consejo:

"Si queremo´ llegar lejos

un camino más existe:

si la tropa lo resiste,

agarremo´ el Monte Viejo."

Jue a responderle el Pipino:

"¿Qué te pasa? ¿Ta´s mamao?

Ese monte está embrujao,

maldito hasta lo projundo;

ni por tuito el oro ´el mundo

le paso ni por al lao."

Al fin decidió el Frodo:

"Otra eleción no tenemos,

atrapaos acabaremos

si seguimo´ este camino;

endijpué del Brandivino

por el Monte tomaremos."

Y siguieron caminando

los compañeros pa´l este,

bajo una esfera celeste

más oscura ahura que antes;

derecho, siempre adelante

iban, cueste lo que cueste.

Capí­tulo 4

Llegaron al Monte Viejo

justo cuando amanecí­a,

y a la lú del nuevo dí­a

se les cerró la garganta

con esa paré de plantas

que dende el suelo crecí­a.

El Merry los jue llevando

entre los troncos ladeaos.

Parecí­a muy confiao

hasta que al fin se paró.

"Compañeros, creo yo

que nos hemos estraviao."

Estaba oscuro y el guí­a,

con la lengua tartamuda,

entre el quebracho y la ruda

dijo con voz temblorosa:

"Me parece que la cosa

se está poniendo peluda".

"Fiero monte ande no cantan

calandria, zorzal ni mirlo.

Bien ligero habrá que juirlo

¡y guay con el Tornasauce!"

Y en terminar de decirlo

se toparon con un cauce.

Tapando el ruido del agua,

el Merry pegó un grito.

"¡Tornasauce, el rí­o maldito!

¡Ahura ya sé diánde estamos!

Pa´ salir, el rí­o sigamos.

¡Hasta si hay un caminito!"

Los otros le hicieron caso

y siguieron el riachuelo.

Pero no duró el consuelo:

mientras iban caminando

un sueño les jue dentrando

que los dejó por el suelo.

"¡Qué modorra me está dando!"

dijo uno remolón.

"Que me digan dormilón

la verdá no me molesta;

yo me viá echar una siesta

abajo ´el sauce llorón."

Al rato Merry y Pipino

roncaban a pata suelta.

Frodo y Sam se dieron gí¼elta

cuando escucharon un ruido:

habí­an desaparecido

de las raí­ces regí¼eltas.

De adentro mesmo e´ la planta

salí­an gritos apagaos.

El tronco se habí­a cerrao

como si juera un estuche:

¡Ese árbol desgraciao

los habí­a mandao al buche!

Dentraron a dar patadas

en el hermético aujero.

"¡Mis primos no son puchero!

¡Dejalos salir de áhi!"

Y pararon porque oyeron

un tremendo sapucay.

Un paisano redepente

salió del bosque machazo;

daba larguí­simos pasos

cruzando charcos y zanjas

con una cesta e´ naranjas

que le colgaba del brazo.

Parecí­a muy contento,

saltando de un pie a otro pie,

una pluma e´ caburé

en el chambergo sencillo,

los zapatos amarillos,

y cantaba un chamamé.

Medio el Frodo se asustó

con el coso inesperao;

pensó que estaba mamao,

pero se olvidó e´ la duda

y corrió a pedirle ayuda

a puro grito pelao.

"Quién es éste que se viene

gritando tanto, ¡qué digo!

ni que viera al enemigo

iba a ser menos sutil.

Yo me llamo Bombadil.

¿Qué se le ofrece, chamigo?"

"¡Ayuda, don Bombadil!"

lo apuró Sam al reclamo.

"A descansar nos tiramo´

pero aquel árbol cretino

se nos comió a don Pipino

y a don Merry Brandigamo."

"¡No me digan que el bellaco

se me ha gí¼elto a retobá!

¡Lo viá tené que domá

al vegetal insolente!

¡Le viá enseñá a comé gente

como si jueran chipá!"

Dandolé con el rebenque

se puso a gritarle ansí­:

"¡Tenés que echarte a dormí­!

¡Largá a los pobres gurises!

¡Hacé lo que se te dice!

¡Largalos, añá membuí­!"

El árbol se hací­a el duro

y por un rato aguantó.

A la final se cansó

de los golpes del rebenque;

se aquietó como un palenque

y a los hobbits escupió.

"No hace falta que agradezcan"

dijo el gaucho bondadoso.

"El monte es muy peligroso

pa´ unos hombres tan chiquitos;

a mi rancho los invito

pa´ que tengan su reposo."

Ansí­ que a la casa jueron,

y a la noche se armó farra:

Sam le daba a la guitarra,

volaban prima y bordona,

Bombadil a la acordiona,

y entre tuitos a la jarra.

Y pasaron varios dí­as

descansando en ese rancho

perdido en el monte ancho,

y entre asado y tereré,

entre polca y chamamé,

terminaron como chanchos.