La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 4

Rómenor, la Tierra del Sol

Finalizada · 07-07-2007

Indice

Prologo

“Hubo un tiempo en que Arda estuvo sumergida en la oscuridad, los árboles de Valinor habían sido destruidos y las tinieblas se extendían por sobre todas las tierras. Pero el brillo del último fruto del Laurelin aún no había languidecido y un resplandor incansable anhelaba de nuevo ser la luz del mundo. Los Valar decidieron entonces alumbrar de nuevo a Arda, sumida como estaba en un sueño encantado; Yavanna le dio nueva forma al fruto del árbol dorado, transformándose éste en un poderoso carro iluminado. A la maia Arien le fue encomendada la misión de surcar las cúpulas celestes con el Carro iluminado, que sería la imagen de Anar.

El sol así creado fue guiado por los cielos por encima de Valinor y más allá del Mar del Oeste, de tal manera que el primer amanecer se vio en el oeste y, cuando Arien llegó en su primer viaje al este, en el confín del mundo, el sol no estaba del todo consistente y suturó varias gotas de su brillo. Luego del primer amanecer en el oeste, Varda había decidido que el Sol permanecería constantemente en el cielo, junto a su compañera Ithil. Sin embargo, Anar fue persuadido por Lórien y Estë de no hacerlo, y fue ese día cuando el Sol se ocultó por primera vez, para reaparecer en el cielo por el este, como lo haría a partir de entonces.

Ahora bien, había sido en el este más alejado de la Tierra Media donde las gotas de su brillo habían caído antes de que el sol se estableciera definitivamente en el cielo. Y allí había un continente que fue llamado Rómenor, y fue en esa tierra donde cayeron las gotas de Anar y, en contacto con las rocas y la grava, la arena y el polvo, solidificaron surgiendo espontáneamente los Taltarils, una especie de gemas esféricas de un destello tenue y transparente que brillaban intensamente con la luz de Anar pero que se oscurecían terriblemente en la más absoluta ausencia del influjo solar. El tiempo las olvidó en el más lejano este y estuvieron ocultas en el interior de las tierras quemadas por el sol, y durante muchos años nada se supieron de ellas.

Y allí en el este, Balcnin, antiguo aliado de Melkor, se mantenía vigilante. En los tiempos antiguos, se había unido a Melkor en su rebelión. Sin embargo, cuando el enemigo oscuro fue apresado y llevado a Valinor Balcnin temeroso de su señor, Ulmo, lejos de redimirse ante él, intento huir a las aguas más lejanas y profundas donde no fuera encontrado jamás. Pero todas las aguas pertenecían y pertenecen a Ulmo y en el lejano Este Balcnin fue encontrado y congelado vivo como castigo y tiempo de meditación por sus actos. Allí fue olvidado hasta que el castigo venciera y su peligro y maldad menguaran de forma que más daño pudiera hacer sobre el mundo.

"El Largo Sueño". Así recordaría Balcnin el tiempo que pasaría dormitando a oscuras solo consigo mismo. Solo durante largos años hasta que Melkor fue finalmente por sus actos desterrado al vacío y a el le llegó "el Despertar".

Tras ser desterrado Melkor, Ulmo creyó que los años de castigo habian terminado para Balcnin, sin embargo lejos de ser totalmente indulgente dejo en manos de Balcnin una tarea como pago de sus actos de antaño. Balcnin vigilaría desde entonces hasta el fin de los días de Arda las puertas de Oriente, para que de ellas nunca el mal volviera a resurgir.

Pero allí, Balcnin anheló recuperar lo que una vez fue suyo, mientras intentaba recuperar aquello que le hacía sentirse en lo más hondo incompleto, aquello que fue olvidado y remplazado por locura durante "El Largo Sueño". En su eterna vigilancia observaba con odio a Anar, hasta que una vez percibió la existencia de unas manchas oscuras en la superficie de Anar. Entonces recordó cuando Anar fue creado y supo entonces que aquellas manchas oscuras correspondían con las gotas de su brillo que habían caído antes de establecerse en el cielo; y estudió durante mucho tiempo el modo de usar los taltarils para oscurecer a Anar.

Transcurrieron los años y los cambios de Arda al final de la primera edad del sol hicieron que esas gotas de Anar ascendieran a la superficie, quedando esparcidas por Rómenor. Después, durante los primeros siglos de la segunda edad del sol varios pueblos y razas fueron emigrando hacia Rómenor donde se establecieron y crearon nuevas culturas, aunque durante un tiempo ignoraron por completo la existencia de los taltarils en aquellas tierras.

Sin embargo, pronto los rumores de la existencia de una piedras extrañas se extendieron por todos los pueblos y clanes al tiempo que sus destinos se vieron entremezclados con vientos amenazadores. Todos quisieron entonces encontrar esas piedras fantásticas y eso los enfrentó entonces. Pero pocos sabían el verdadero peligro de los taltarils, y es que Balcnin había averiguado que la fusión de esas gemas podría crear otro nuevo astro, el Moranar, el sol negro, que podría apagar a Anar y someter a Rómenor y a toda Arda a una noche sin fin…”

De Ossaistâz y Ezelmâchan

De entre aquellos que descendieron a Eä eran Ossaistâz y Ezelmâchan dos de ellos, hermanos en la mente de Iluvatar y durante largo tiempo inseparables. Y aunque sus papeles en la Música de los Ainur fue escaso, meras notas en el mar de sinfonías, pronto volcaron sus trabajos sobre el mundo del mismo lado hacía el cual habían volcado sus corazones en la música. Así pues mientras que Ossaistâz sirvió a Ulmo, Ezelmâchan sirvió a Yavanna, y del gran amor entre ambos surgieron grandes cosas, pues mientras que Ossaistâz trabajaba junto a las costas, Ezelmâchan lo hacía en los densos bosques, y en muchas ocasiones se cruzaban y los trabajos de los dos se unían, y de estas ocasiones fueron los corales y las bellas ostras llenas de perlas parte de su más bello fruto, llenando el mar de la vida y color de la tierra, y la tierra de seres de influencia marina. Pero llego el día en que la amistad entre ambos hermanos quedo turbada y oscurecida, y Ossaistâz dejo de visitar las costas sobre las que trabajaba Ezelmâchan, y entre ambos ningún trabajo más se hizo. En Ullustâz se había convertido Ossaistâz entonces al seguir a Melkor en sus planes, y por ello Ezelmâchan odio a Melkor y a su manera ayudo desde entonces a combatirlo. Pues desde que las sombras cubrieron a su hermano, una sombra no menor le cubrió desde entonces el corazón, y aunque su talante fue siempre benevolente, su alegría de antaño se apago y se volvió severo y de temple firme, influyendo su carácter en los trabajos en los que se involucraba, haciéndolos más duros que simplemente bellos.

Del oscurecimiento de Ossaistâz y su castigo

"Melkor odiaba al mar, pues no podía someterlo. Se dice que mientras hacían a Arda, intento ganarse la lealtad de Ossë, prometiéndole todo el reino y el poder de Ulmo, si lo servía. Así fue que mucho tiempo atrás hubo grandes tumultos en el mar que llevaron la ruina a las tierras. Pero Uinen, por ruego de Aüle, disuadió a Ossë y lo condujo ante Ulmo: y volvió a su servicio y fue fiel, la mayoría las veces; por que nunca perdió del todo el gusto por la violencia, y a veces mostraba una furiosa terquedad aun sin el consentimiento de Ulmo, su señor."

Sin embargo tras su primer fracaso, Melkor lejos de desistir sedujo a Ossaistâz, el de cabellos espumosos, pues eran sus cabellos de un largo y blanco inmenso confundiéndose con la espuma que bañaba las costas. Y a partir de ese día los cabellos de Ossaistâz fueron teñidos de oscuridad y abandonó las costas morando en las profundidades. Ullustâz se llamó a partir de entonces, pues era en poder más igual a Uinen que a Ossë, y aunque no era tan capaz como este último de crear el caos en el mar, si tenia poder sobre los seres que bajo el mar habitan, y gracias a él Melkor corrompió a muchos de ellos, y no hubo paz tampoco en el mar.

Fue por aquellos días cuando los primeros krakens nacieron y surcaban las aguas de Arda en todo su esplendor, quedando en ocasiones atrapados en los lagos de la Tierra Media a causa de los grandes cambios que en aquellos días sufría el mundo.

Pero en aquellos días despertaron a su vez los Primeros Nacidos, y su descubrimiento por parte de los Valar llevo al fin de la malicia sobre Arda, siendo Melkor apresado y llevado a Aman mientras muchos de sus sirvientes buscaban cobijo en la oscuridades del mundo.

Fue en ese tiempo cuando Ullustâz habitó por largo tiempo las más profundas fosas marinas, y dedico su tiempo al cuidado de sus criaturas.

El encadenamiento de Melkor finalmente concluyó y la maldad volvió a brotar sobre la Tierra Media, y no hubo tranquilidad en ambos lados de la superficie. Sin embargo, los días de terror de Ullustâz pronto verían su fin. Pues fue con la llegada de los Segundos Nacidos, los Atani, su ocaso dio comienzo.

Al igual que los Primeros Nacidos, los Atani despertaron en el Este, que por aquel entonces reinaba la oscuridad. Muchos entonces de los Segundos Nacidos marcharon hacia el oeste en una huida de los peligros que le acechaban en aquella tierra, sin embargo otros muchos se quedaron en aquellas tierras, entre los que se contaban la Casa Borhala. Era estos un pueblo de oscuros cabellos y rojiza piel como las tierras que habitaban y uno de los pocos que no cayeron en los engaños de Melkor.

Sería por esto quizás por lo que en lo alto del Orocarni, Nahald, señor de la Casa Borhala, recibió la visita de Thorondor y por consejo de éste marcho con los suyos a través del mar del Este para abandonar los pesares de aquella tierra y encontrar cobijo en lugares menos contaminados por la maldad del mundo.

Numerosos fueron los navíos que construyeron el pueblo de Nahald en aquellos días, pues pocas flotas han surcado los mares en tal número como se cruzó entonces. Sin embargo los trabajos llevados a cabo por aquel pueblo no quedaron ocultos al enemigo, y el día en que los barcos comenzaron la travesía por aquel desconocido mar, Ullustâz lo esperaba impaciente.

Y así sobre el mar se desató una gran batalla. Muchos navíos perecieron bajo la arremetida de los krakens y muchos krakens cayeron bajo las flechas y lanzas de los hombres. Pero Manwë había bendecido a aquellas naves, y eran conducidas con favorables vientos, escapando así más fácilmente de los ataques de los krakens, que poco a poco iban siendo eliminados.

Furioso por el destino de sus criaturas, Ullustâz arremetió personalmente contra la flota de hombres bajo la forma de un inmenso kraken. Muchos navíos fueron hundidos entonces, y una gran lucha se tramó entre Ullustâz y el navío de Nahald, al cuál, de entre todos los hombres, Ullustâz más odiaba.

La nave de Nahald finalmente sucumbió y muchas más habrían seguido su mismo destino si fuera porque entonces la presencia de Ullustâz fue finalmente descubierta en aquellos horribles actos, y cielo y mar tronaron llevando voces de inmensa ira.

Tras darse cuenta de aquello Ullustâz y prever el destino que entonces le esperaba huyo aprisa de aquel lugar, y marcho lejos, al Este, donde al final fue encontrado por Ulmo y encarcelado en su jaula de frío hielo. Allí dormitaría en un largo sueño, reflexión y castigo por sus actos. Allí aguardaría A_âraulu-aka_ân (el agua fijada por mandato), hasta que su mal menguara y más daño no pudiera inflingir sobre el mundo.

Sobre los supervivientes de la Casa Borhala

De aquellos que sobrevivieron al encuentro de Ullustâz prosiguieron su travesía, y a las aguas que dejaron tras de si llamaron Balcnîn (agua horrible), sin embargo no todos tomaron el mismo camino, pues el caos de la batalla dejo a muchos desperdigados. Así fue como una parte de ellos llegó a Romenor, la tierra de paz prometida por Thorondor, aun así de manera diseminada. Así fue como otros perdieron el rumbo y navegaron largo tiempo por lo mares turbulentos sin rumbo fijo, hasta que al final hallaron tierra, sin embargo la misma tierra de la que habían huido, aunque más al sur de su hogar. Pero de estos últimos, a los que el tiempo les aclaró la piel y les llevo a hacer grandes

cosas, a los que la historia los recordaría como la Casa Fëfalas, de éstos ya es otra historia.

El Largo Sueño

Con ese nombre recordaría Ullustâz los años de castigo que pasaría encerrado en su prisión de hielo (la que posteriormente sería su morada en el mundo, Talathring, donde levantaría su trono en lo más alto, una columna de puro hielo conocida como Carakheled, mofa disfrazada del Taniquetil, izada sobre las aguas heladas de Gaerkheled), así recordaría los años en aquella profunda oscuridad en lo más profundo del mar donde había intentado ocultarse nuevamente, aunque esta vez inútilmente. Así recordaría los años de soledad, con la única compañía de sus pensamientos, así recordaría la época en que dejo de ser Ullustâz para tomar el nombre de Balcnîn, como recuerdo amargo de aquellos por los que había caído, como recuerdo del odio y miedo, dulces para él, con el que ellos habían bautizado tan funestas aguas poco antes de la condena que él había sufrido.

Durante ese tiempo de profunda soledad, ninguna noticia llego a Balcnîn de lo que en aquellos años acontecía en el mundo. Nada supo salvo sus pensamientos, nada ocupo su mente salvo los recuerdos, teñidos cada vez más por el paso de los años con mayores mezclas de locura.

El Despertar

Tras ser desterrado Melkor, Ulmo creyó que los años de castigo habían terminado para Balcnîn, sin embargo lejos de ser totalmente indulgente dejo en manos de Balcnîn una tarea como pago de sus actos de antaño. Balcnîn vigilaría desde entonces hasta el fin de los días de Arda las puertas de Oriente, para que de ellas nunca el mal volviera a resurgir.

Y en el Este se mantiene Balcnîn vigilante, mientras anhela recuperar lo que una vez fue suyo, mientras intenta recuperar aquello que le hace sentirse en lo más hondo incompleto, aquello que fue olvidado y remplazado por locura durante "El Largo Sueño".

Segunda Edad. Año 1601