Ficha de personaje
Thavron
Jugador: Thauld

- Personaje
- Thavron
- Clan
- Maianor
- Raza
- Eldar
- Otros nombres
- Vehalimbatan <br>Morcarma
- Ingreso en el Clan
- 28-07-2007
- Armas y/o poderes
- Aunque generalmente se encuentra desarmado, o solo cargado con un martillo de carpinteria, su punzón y clavos. En batalla va armado con lanza, escudo y yelmo todos hechos de galvorn, al igual que su armadura, sacado de las profundidades del océano.
Descripción del personaje
Su apariencia es con frecuencia igual a la de los Segundos Nacidos, ya que su tiempo lo pasa con frecuencia entre éstos y el resto de habitantes de la Tierra Media, aunque de manera inadveritda. Solo una pequeña peculiaridad (casi invisible) tomada adrede en sus orejas, explican para los que los conocen por más años su naturaleza inmortal.
Su estatura es elevada, siendo alto entre hombres y elfos, aunque su constitución aún de apariencia esbelta y fuerte no deja ser flaca. Sus cabellos , largos y en cuantía, al igual que sus ojos son de un intenso negro, mientras que su tez aunque de naturaleza blancucha ha sido dorada por los continuos años bajo el sol.
Sobre su pecho izquierdo, engarzadas junta a su piel, se hallan siete perlas, que señalan a pesar del olvido la situación del antiguo hogar.
Historia del personaje
DE LO ACONTECIDO EN LAS EDADES DE LOS SOLES Y LA PRIMERA EDAD
De Oššaistâz y Ezelmâchan
De entre aquellos que descendieron a Eä eran Oššaistâz y Ezelmâchan dos de ellos, hermanos en la mente de Iluvatar y durante largo tiempo inseparables. Y aunque sus papeles en la Música de los Ainur fue escaso, meras notas en el mar de sinfonías, pronto volcaron sus trabajos sobre el mundo del mismo lado hacía el cual habían volcado sus corazones en la música. Así pues mientras que Oššaistâz sirvió a Ulmo, Ezelmâchan sirvió a Yavanna, y del gran amor entre ambos surgieron grandes cosas, pues mientras que Oššaistâz trabajaba junto a las costas, Ezelmâchan lo hacía en los densos bosques, y en muchas ocasiones se cruzaban y los trabajos de los dos se unían, y de estas ocasiones fueron los corales y las bellas ostras llenas de perlas parte de su más bello fruto, llenando el mar de la vida y color de la tierra, y la tierra de seres de influencia marina. Pero llego el día en que la amistad entre ambos hermanos quedo turbada y oscurecida, y Oššaistâz dejo de visitar las costas sobre las que trabajaba Ezelmâchan, y entre ambos ningún trabajo más se hizo. En Ullustâz se había convertido Oššaistâz entonces al seguir a Melkor en sus planes, y por ello Ezelmâchan odio a Melkor y a su manera ayudo desde entonces a combatirlo. Pues desde que las sombras cubrieron a su hermano, una sombra no menor le cubrió desde entonces el corazón, y aunque su talante fue siempre benevolente, su alegría de antaño se apago y se volvió severo y de temple firme, influyendo su carácter en los trabajos en los que se involucraba, haciéndolos más duros que simplemente bellos.
Del oscurecimiento de Oššaistâz y su castigo
"Melkor odiaba al mar, pues no podía someterlo. Se dice que mientras hacían a Arda, intento ganarse la lealtad de Ossë, prometiéndole todo el reino y el poder de Ulmo, si lo servía. Así fue que mucho tiempo atrás hubo grandes tumultos en el mar que llevaron la ruina a las tierras. Pero Uinen, por ruego de Aüle, disuadió a Ossë y lo condujo ante Ulmo: y volvió a su servicio y fue fiel, la mayoría las veces; por que nunca perdió del todo el gusto por la violencia, y a veces mostraba una furiosa terquedad aun sin el consentimiento de Ulmo, su señor."
Sin embargo tras su primer fracaso, Melkor lejos de desistir sedujo a Oššaistâz, el de cabellos espumosos, pues eran sus cabellos de un largo y blanco inmenso confundiéndose con la espuma que bañaba las costas. Y a partir de ese día los cabellos de Oššaistâz fueron teñidos de oscuridad y abandonó las costas morando en las profundidades. Ullustâz se llamó a partir de entonces, pues era en poder más igual a Uinen que a Ossë, y aunque no era tan capaz como este último de crear el caos en el mar, si tenia poder sobre los seres que bajo el mar habitan, y gracias a él Melkor corrompió a muchos de ellos, y no hubo paz tampoco en el mar.
Fue por aquellos días cuando los primeros krakens nacieron y surcaban las aguas de Arda en todo su esplendor, quedando en ocasiones atrapados en los lagos de la Tierra Media a causa de los grandes cambios que en aquellos días sufría el mundo.
Pero en aquellos días despertaron a su vez los Primeros Nacidos, y su descubrimiento por parte de los Valar llevo al fin de la malicia sobre Arda, siendo Melkor apresado y llevado a Aman mientras muchos de sus sirvientes buscaban cobijo en la oscuridades del mundo.
Fue en ese tiempo cuando Ullustâz habitó por largo tiempo las más profundas fosas marinas, y dedico su tiempo al cuidado de sus criaturas.
El encadenamiento de Melkor finalmente concluyó y la maldad volvió a brotar sobre la Tierra Media, y no hubo tranquilidad en ambos lados de la superficie. Sin embargo, los días de terror de Ullustâz pronto verían su fin. Pues fue con la llegada de los Segundos Nacidos, los Atani, su ocaso dio comienzo.
Al igual que los Primeros Nacidos, los Atani despertaron en el Este, que por aquel entonces reinaba la oscuridad. Muchos entonces de los Segundos Nacidos marcharon hacia el oeste en una huida de los peligros que le acechaban en aquella tierra, sin embargo otros muchos se quedaron en aquellas tierras, entre los que se contaban la Casa Borhala. Era estos un pueblo de oscuros cabellos y rojiza piel como las tierras que habitaban y uno de los pocos que no cayeron en los engaños de Melkor.
Sería por esto quizás por lo que en lo alto del Orocarni, Nahald, señor de la Casa Borhala, recibió la visita de Thorondor y por consejo de éste marcho con los suyos a través del mar del Este para abandonar los pesares de aquella tierra y encontrar cobijo en lugares menos contaminados por la maldad del mundo.
Numerosos fueron los navíos que construyeron el pueblo de Nahald en aquellos días, pues pocas flotas han surcado los mares en tal número como se cruzó entonces. Sin embargo los trabajos llevados a cabo por aquel pueblo no quedaron ocultos al enemigo, y el día en que los barcos comenzaron la travesía por aquel desconocido mar, Ullustâz lo esperaba impaciente.
Y así sobre el mar se desató una gran batalla. Muchos navíos perecieron bajo la arremetida de los krakens y muchos krakens cayeron bajo las flechas y lanzas de los hombres. Pero Manwë había bendecido a aquellas naves, y eran conducidas con favorables vientos, escapando así más fácilmente de los ataques de los krakens, que poco a poco iban siendo eliminados.
Furioso por el destino de sus criaturas, Ullustâz arremetió personalmente contra la flota de hombres bajo la forma de un inmenso kraken. Muchos navíos fueron hundidos entonces, y una gran lucha se tramó entre Ullustâz y el navío de Nahald, al cuál, de entre todos los hombres, Ullustâz más odiaba.
La nave de Nahald finalmente sucumbió y muchas más habrían seguido su mismo destino si fuera porque entonces la presencia de Ullustâz fue finalmente descubierta en aquellos horribles actos, y cielo y mar tronaron llevando voces de inmensa ira.
Tras darse cuenta de aquello Ullustâz y prever el destino que entonces le esperaba huyo aprisa de aquel lugar, y marcho lejos, al Este, donde al final fue encontrado por Ulmo y encarcelado en su jaula de frío hielo. Allí dormitaría en un largo sueño, reflexión y castigo por sus actos. Allí aguardaría Aþâraulu-akašân (el agua fijada por mandato), hasta que su mal menguara y más daño no pudiera inflingir sobre el mundo.
Sobre los supervivientes de la Casa Borhala
De aquellos que sobrevivieron al encuentro de Ullustâz prosiguieron su travesía, y a las aguas que dejaron tras de si llamaron Balcnîn (agua horrible), sin embargo no todos tomaron el mismo camino, pues el caos de la batalla dejo a muchos desperdigados. Así fue como una parte de ellos llegó a Romenor, la tierra de paz prometida por Thorondor, aun así de manera diseminada. Así fue como otros perdieron el rumbo y navegaron largo tiempo por lo mares turbulentos sin rumbo fijo, hasta que al final hallaron tierra, sin embargo la misma tierra de la que habían huido, aunque más al sur de su hogar. Pero de estos últimos, a los que el tiempo les aclaró la piel y les llevo a hacer grandes
cosas, a los que la historia los recordaría como la Casa Fëfalas, de éstos ya es otra historia.
El Largo Sueño
Con ese nombre recordaría Ullustâz los años de castigo que pasaría encerrado en su prisión de hielo (la que posteriormente sería su morada en el mundo, Talathring, donde levantaría su trono en lo más alto, una columna de puro hielo conocida como Carakheled, mofa disfrazada del Taniquetil, izada sobre las aguas heladas de Gaerkheled), así recordaría los años en aquella profunda oscuridad en lo más profundo del mar donde había intentado ocultarse nuevamente, aunque esta vez inútilmente. Así recordaría los años de soledad, con la única compañía de sus pensamientos, así recordaría la época en que dejo de ser Ullustâz para tomar el nombre de Balcnîn, como recuerdo amargo de aquellos por los que había caído, como recuerdo del odio y miedo, dulces para él, con el que ellos habían bautizado tan funestas aguas poco antes de la condena que él había sufrido.
Durante ese tiempo de profunda soledad, ninguna noticia llego a Balcnîn de lo que en aquellos años acontecía en el mundo. Nada supo salvo sus pensamientos, nada ocupo su mente salvo los recuerdos, teñidos cada vez más por el paso de los años con mayores mezclas de locura.
El Despertar
Tras ser desterrado Melkor, Ulmo creyó que los años de castigo habían terminado para Balcnîn, sin embargo lejos de ser totalmente indulgente dejo en manos de Balcnîn una tarea como pago de sus actos de antaño. Balcnîn vigilaría desde entonces hasta el fin de los días de Arda las puertas de Oriente, para que de ellas nunca el mal volviera a resurgir.
Y en el Este se mantiene Balcnîn vigilante, mientras anhela recuperar lo que una vez fue suyo, mientras intenta recuperar aquello que le hace sentirse en lo más hondo incompleto, aquello que fue olvidado y remplazado por locura durante "El Largo Sueño".
DE LO ACONTECIDO EN LA SEGUNDA EDAD
La Annanen y la Rosa de los Hielos
El Largo Sueño había quedado atrás y una nueva edad de sol se abría ante los ojos de Balcnîn. Despertado y desenterrado de su prisión de hielo, una basta extensión de puro hielo y varias millas, hizo de ésta su morada en el mundo y talló en aquel abominable iceberg la colosal cima de Carakheled (el colmillo de hielo), donde levantó su trono. Era éste un trono escueto, carente de un gran espaldo, teniendo así una apariencia similar a la de un taburete, ya que del gran cono despuntado de hielo, casi cilíndrico, que era éste, tan solo sobresalía una pequeño respaldo de poco más del palmo, permitiendo de ese modo realizar más fácilmente la tarea a la que estaba atado. Pues en aquel tiempo Balcnîn pobló su cuerpo de numerosos ojos, por lo que aunque su trono estuviera vuelto hacia el Oeste, su mirada todo lo abarcaba, y nada se le escapaba de lo que en el mundo acontecía, salvo aquello que por los obstáculos del mundo, su pequeñez o su gran lejanía, escapaban de su vista. Así pues, aunque en muchas ocasiones lo intentase, era incapaz de alcanzar a vislumbrar las tierras de Aman, estando por siempre para él ocultas, prohibidas para sus ojos como lo estaba por condena también prohibidas para él mismo.
Aquel era el mayor de los castigos que pesaban sobre Balcnîn, y era tal la rabia que le producía aquello que en lo más hondo de si mismo la oscuridad de antaño, aletargada por el largo sueño, ardió de nuevo con fuerzas renovadas. De sus andanzas anteriores poco le constaba al ainu, pues sus recuerdos eran, desde su encierro, borrosos y escurridizos, y por ello juzgaba que se le daba un terrible trato, y una pena del todo inmerecida. Aún a pesar de ello, cumplió de buena gana con su cometido, y por ello aunque varios entre los suyos confiaban poco en él, muchos fueron los que tomaron a bien este hecho y lo perdonaron. Fue por ello que entre los suyos fue de nuevo conocido como Oššaistâz, a pesar de que sus cabellos nunca se tornaron de nuevo blancos y la oscuridad siempre halló guarida en él, aunque también fue conocido con otros muchos nombres como el de “Mil Ojos” y “El Mensajero” (Hostahen y Quentaro para los elfos de Aman), según la desconfianza o amor que entre los suyos inspiraba.
A causa de todo ello, para mitigar el sentimiento de exilio de Balcnîn y hacer sentir al ainu que no se le había abandonado, pero también para mitigar el sentimiento de desconfianza que varios tenían sobre el ainu, Manwë encomendó a las Águilas que lo visitaran con frecuencia, y durante aquel tiempo tuvieron morada en Romenor en el lugar que posteriormente tomaría el nombre de Soronnórië. Sin embargo, estas visitas fueron tomadas a mal por Balcnîn pues a pesar del buen afán y palabras de las Águilas no dudaba de que tras ellas se escondiera el único fin de espiarle, y lo consideraba una deshonra a su palabra, y por ello de todos sus iguales (los hijos de Iluvatar) fue a Manwë a que más odio le tuvo, ganándose el sobrenombre de “El Espía” en los fueros internos del ainu.
Eran por aquel entonces días de gran ajetreo para Balcnîn, ya que aunque Carakheled había ya sido terminado, que éste se sostuviera sobre una mole de hielo flotante no daba le daban fijeza alguna sobre el mundo. Así pues, largo tiempo trabajo Balcnîn en las profundidades, y grandes porciones de tierra fueron movidas en el fondo del mar para dar base a Talathring (las planicies frías) donde se eleva el Carakheled, convirtiendo las aguas de alrededor en unas inmensas fosas marinas que abarcan desde la franja de Teldacemen (fin de la tierra) y las Puertas de la Mañana. Estos trabajos dieron al ainu un motivo por añadidura para despedir con facilidad a las Águilas durante sus visitas, no sin dejar en sus palabras señas de su disgusto y enfado. Tal eran a veces éstas, que Manwë apenado porque hubiera sido tomada tan a mal su decisión, mando un último mensaje a Balcnîn en el cual se le comunicaba que si tan a disgusto tomaba el interés de los suyos por él, ya nunca más sería molestado si no era así su deseo. Y desde entonces las Águilas no se aventuraron mucho más allá del Teldacemen, aunque siempre vigilantes y visibles por si el ainu entraba al fin en razón.
Finalmente a solas y con su morada ya acabada, Balcnîn talló para si la Annanen (Don del agua) a partir de una caracola marina, dedicando desde entonces su tiempo de ociosa vigilancia a la música. Música que a su suavidad amainaba las olas y a su revivir las crepitaba y elevaba a voluntad. Música, por lo general suave, que no era indiferente a los seres que habitan el mar. Tanto era así que sobre las costas de Talathring pronto creció un gran número de plantas acuáticas, todas ellas de cuerpo y hojas de un azul grisáceo y de flor como de nácar y plata, a la par traslucida a pesar del espesor de sus pétalos. Esta era la Rosa de los Hielos, que pronto creció en abundancia en las costas de Talathring, incluso aventurándose Carakheled arriba atraída por la música que sobre su cima nacía.
Pronto estuvo el camino que llevaba a la cima del Carakheled habitada por esta planta, como estuvo habitado el mismo Balcnîn, de forma que no hubo palmo suyo que no estuviera cubierto por la planta, salvo sus ojos, siempre vigilantes. Al ser éste un hecho de gran rareza no tardó en llegar a oídos de Manwë, quien temiendo que fuera el enmascaramiento de una nueva desdicha, aumentó la vigilancia en el Este, y no solo las tierras de Romenor eran vigiladas por las Águilas, sino que un gran número de estas habitaron también a lo largo del Orocarni, y las noticias provenientes de las aguas orientales eran atendidas con gran cuidado por Ulmo, con la intención de que no se produjera una nueva desgracia como la sufrida por la Casa Borhala.
Sin embargo tales medidas llegaron tarde para aplacar los propósitos de Balcnîn. Cansado de su destierro y su reino-prisión, había decidido abandonar finalmente aquel lugar a pesar del empeño que en él había puesto. Escurriendo su cuerpo en forma de agua sobre la Rosa de los Hielos, la cual lo acogió en su interior, había abandonado a través de ella no solo la cima de Carakheled si no todo su reino, dejando tan solo tras de si una singular criatura, sombra de si mismo, y cuya naturaleza era bien semblante a lo que en tierra firme son los Pastores de los Árboles.
Con sus dominios guardados por su singular siervo y la Annanen, la cual seguía sonando en labios de su sirviente y protegía el camino por mar hacia Talathring, Balcnîn fluyó por los mares de Gaerkheled hasta ser engullido por un cachalote en las mediaciones de Teldacemen.
Pocos días transcurrieron, sin embargo, a partir de tal día hasta la muerte de la pobre bestia. Muerta y llevada a tierra (quiso el destino que fuera Romenor) pronto fue despedazada por los habitantes de un cercano puerto pesquero, sacando de las tripas del animal no solo varios peces, sino también el cuerpo de un hombre inconciente. Vehalimbatan, le llamaron, pues significa “como pez entre hombres”, y aunque poco tiempo se quedó con ellos muchas leyendas dejo tras su marcha, aún ahora. De ellas dos más que ninguna otra. La primera narra la gran hazaña de grandes marinos que movidos por el hambre que asolaba por entonces a su pueblo fueron en busca del más inmenso cachalote que el mar ha dado y tras matarlo y desmembrar una a una sus partes, vieron surgir entre sus vísceras a un ser similar a un hombre. Éste era “El Rey Pescador”, quien agradecido con aquellos que lo había liberado de las entrañas de su enemigo, los obsequió con mil grandes peces ese día, y abundantes bancos de buen pescado durante aquel mal año. La otra, narra una historia bien distinta, y cuenta como al ir a morir el más grande cachalote que el mundo ha visto a las costas de Romenor pues se hallaba enfermo, emergió en su último suspiro de sus entrañas su alma, un alma de hombre sin embargo, que pronto comenzó su camino hacia la Estancia de los Muertos, demostrando así que todo ser vivo parte de un ente mismo, siendo cada uno de ellos entre si iguales como hermanos.
Así llegó Balcnîn a Romenor, ainu entre nacidos.
Firma
Un mal acontecimiento puede ser llevado a cabo por buenas personas.
