
Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.
Edicion 4
Rómenor, la Tierra del Sol
Finalizada · 07-07-2007
Elesinyê Sereniel
Raza: Elfa Abarî
Otros nombres: Anarya
Armas o poderes: Timmêcil, La Centelleante, y los Shais. Es capaz de comunicarse telepáticamente con su hermana, Hisiê, pues son mellizas. También controla los espíritus.
Vida: 90%
Descripcion
Elesinyë, Atardecer de Estrellas. Tiene largos cabellos ligeramente ondulados, negros como la noche, que contrastan con una piel pálida de luna. Sus ojos son de un intenso color ámbar, y su mirada es clara y limpia, brillante. Intensa. Pues así es ella en todos los sentimientos que abarca. Pero es capaz de ocultarlo tras una gran serenidad. Labios sensuales, siempre rojos, siempre con una sonrisa escondida. Y su cuerpo es curvilíneo, grácil, con el caminar contoneante y ágil de un felino.
Cuando no se dispone a presentar batalla viste a la usanza élfica, vestidos de color blanco bordados de rubí y oro. Pero durante la batalla sus ropas son rojas, teñidas de sangre, como todos los Nurulântar. De ante rojo con bordados en blanco, y en un cinturón de cuero rojo con trozos de hueso engarzados lleva envainada a Tinwêcil, La Centelleante, llamada así porque durante la batalla brillaba con una potente luz blanca. Era una espada tipo catana de doble filo, y la empuñadura estaba tallada en hueso, con incrustaciones de ámbar.
En una vaina doble especial que lleva sujeta a la espalda lleva tres Shais, hechos de plata con un lazo negro en la empuñadura.
Su caballo es Tûrô, Vencedor, un caballo negro como una gran sombra, con brillantes ojos negros. Sus avíos son de cuero teñido de rojo, con filigranas de plata.
Onnar: Pantera negra. Lleva marcada su garra en la base del cuello, en forma de tres líneas paralelas que bajan desde la nuca hasta casi el omoplato.
La Pantera Negra: conocida también como Môrkar, “Colmillo de la Noche” por su negro pelaje, es un animal solitario en esencia. Es quizás el felino más temido, pues a pesar de que su tamaño es relativamente pequeño en comparación con el león o el tigre, es tan feroz y temerario que se lanza como un loco contra todo y todos, sin preocuparse de las consecuencias. Ataca animales mucho más grandes y fuertes. Y hasta cuando se halla mortalmente herido, se niega a soltar a su enemigo.
Para el Môrkar el árbol es a la vez el lugar donde descansa, donde caza y donde almacena su comida. Subido en lo alto de los árboles puede tender una emboscada a sus presas. Es un ágil trepador. Una de sus tretas favoritas consiste en tenderse sobre una gruesa rama saliente y lanzarse sobre el infortunado animal que pase por debajo. Se tienen noticias de hombres que han sido atacados y devorados por estos felinos sin provocación alguna. Otro de sus astutos ardides consiste en agazaparse entre las hierbas que crecen a orillas de un arroyo y arrojarse sobre los animales que acuden a beber ahí. Se conoce a este felino como un maestro en el arte de cazar monos: se tiende en tierra fingiéndose muerto para que los monos se acerquen, primero cautos y miedosos, y después con mayor confianza; cuando al fin se ponen a jugar con el cuerpo del Môrkar falsamente muerto, éste se lanza sobre ellos, matando y devorando a gran número.
Como cazador, la pantera negra es un perseguidor, no un corredor. Camina despacio y se arrastra muy cerca de su presa, acercándose furtivamente, y puede tardar horas. Es callada y cauta, y su presa no puede verla. Es conocida como el “fantasma del bosque”.
Cualquier presa es apetecible para el Môrkar, que en la caza suele mostrarse implacable. Mata, en efecto, más animales de los que necesita para alimentarse, hábito ciertamente demostrativo de su ferocidad.
Historia
Eran tiempos oscuros para los Nurulântar cuando se conocieron. Ella, una dama dorada de alta cuna. Él, un noble general del ejército, que había logrado ascender por la sangre derramada. Narqueliê apenas terminaba el Narwä, cuando Minalcar la vio, vestida de sangre, con sus rojos cabellos al viento, y la deseó al instante.
Ese fue el origen de un gran amor, pero de un amor obsesivo y enfermizo. Con el tiempo, llegó la renovación de los Nurulântar. Se alzaron en el poder, y no dudaron en marginar a los Aldalâtar en la misma medida que éstos habían hecho con ellos en el pasado. Pues hacía mucho tiempo que se habían convertido en un pueblo divido, llenos de rencor, y abocado a la decadencia.
Narqueliê quedó encinta, a pesar de que nunca lo había deseado, pues no deseaba compartir el amor de Minalcar ni si quiera con su propia descendencia. Pero finalmente, ante la insistencia de él, cedió. Dio a luz en primavera, y el parto fue extremadamente difícil y doloroso, pues aunque no es frecuente entre los Eldar, dio a luz a dos niñas mellizas.
Así fue como vinieron al mundo Elesinyë e Hisië. Y fueron amadas por Minalcar, pero no por su madre, presa de unos celos enfermizos. Y crecieron en aquel pueblo en decadencia, unas veces ostentando el poder por su nobleza, y otras tantas marginadas del mismo.
Unidas por el nacimiento, y por el amor de su padre, pero aún más si cabe por el desamor de su madre. Su belleza era a la vez oscura y brillante, pues sus cabellos eran negros como la noche, pero con un brillo de estrellas. Y sus ojos eran luminosos y cálidos. Pero los ojos de Elesinyë eran de oro, y la mirada de Hisië era de plata.
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NÓTI: 3891
NIVEL: INICIADO
HABILIDADES DE HISTORIA:
- Dominio del Arma: Shais.
- Historia Antigua.
- Jinete.
- Canto / Discurso.