La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 4

Rómenor, la Tierra del Sol

Finalizada · 07-07-2007

Arhem Inglorion || Eset

Raza: Humana

Otros nombres:

Armas o poderes:

Vida: 100%

Descripcion

[b]Arhem:[/b]

Muchacha que no sobrepasará la veintena de años. Rubia. Altura media. Buen porte físico. Ojos pardos y piel clara. Completamente opuesta a la guerra, la muerte y el dolor... Se diría que no encaja en la sociedad donde vive.

[b]Esset:[/b]

Espíritu. Su imagen física -para quienes pueden verlo- es la de un hombre jóven, alto, fuerte. De cabellos morenos y ojos oscuros, y piel clara. Su voz no es seca ni muy grave. Y la capa parece cubrir hasta el suelo el resto de la figura del espiritu.

Historia

La chica.

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Qué pasaría por la cabeza de esa familia élfica para adoptar a un joven bebé humano. La muchacha descendía de la familia Inglorion, pero solo por adopción. No poseía la tranquilidad de los elfos ni tampoco los rasgos de esta raza además, con diecisiete primaveras, ¿cómo puede cualquier hombre o mujer ser tranquilo?. Y parecía que su futuro fuera a estar en el comercio de telas y plantas... un águila con una correa atada a la pata, no era natural. Su padre lo sabía bien, y por ello siempre le encargaba cosas que le gustaban, ir a por unos tejidos al otro lado de la ciudad, recoger plantas en el bosque, o incluso recoger conchas y maderas que traían la corriente a través del río.

El último encargo que le habían encomendado era ir al río y traer algo que pudiera ser interesante para comerciar con él. Y allí estaba ella, con un fardo en el que guardaba habitualmente los futuros productos de su tienda conteniendo sus sandalias, algunas conchas y flores. Mientras andaba fijó su vista a varios metros frente a ella. Rozada por el agua había un trozo de madera que destelleaba con el roce del sol. Y cuando estuvo más cerca de ella pudo contemplar parte del frontal de un barco. Pero más que eso, lo que le llamó la atención fue un medallón que estaba enlazado a una figura que tenía la madera fijada. El medallón contenía en su centro una gema de un color ambarino. Acercó su mano a ella y la rozó. Era preciosa. Por un momento el sol se reflejó en la gema y la cegó no pudiendo ver una luz que dio forma a una figura a su espalda. Volvió a mirarla y sonrió era...

- Fascinante, ¿verdad? –la voz la sorprendió y giró su rostro.

El hombre que se hallaba frente a ella sonreía y hacía un gesto de saludo. Dedujo que era un guerrero por la espada que portaba en su cinto, sobre la cadera izquierda. Y también dedujo que tendría que ser un noble o al menos alguien con rango por sus ropajes bien cuidados. Una capa blanca y bajo esta unas ropas de color carmín. Su pelo oscuro estaba sujeto por una venda bordada de color roja también. Y sus ojos eran oscuros al igual que su pelo, contrastando con su piel clara. Su cara estaba apenas cubierta por una cuidada barba y su rostro, pese a no tener muchas arrugas mostraban un temperamento sabio a la par que amigable. Entonces fue cuando ella contempló su capa, en la que también había un broche...

El espíritu.

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El hombre despertó en la playa... bueno, en realidad no sabía si era un despertar, pues sencillamente apareció allí. Y frente a él la vio. Estaba centrada en contemplar el broche. No recordaba que era, pero sabía que ese broche era importante y de algún modo sabía que era para ella.

- Fascinante, ¿verdad? – dijo llamando su atención. La joven se giró y pudo contemplarla en su totalidad.

Una hermosa joven de cabellos dorados con los ojos pardos. Su piel era ligeramente clara y sus ropas eran de unos tonos morados En ese momento ella no mostró miedo, sencillamente curiosidad. Acentuando unas bellas facciones que le habrían hecho ruborizar de haber sido otra ocasión. Su voz sonó suave y dulce como la miel cuando cae sobre una fina rebanada de pan y sus palabras lo sorprendieron:

- Me llamo Arhem, hija adoptada de la casa Inglorion. ¿Quién sois y qué hacéis aquí? –dijo esto mientras tomaba entre sus manos el broche. Sus manos eran finas y tan claras que parecían hechas de nieve.

El hombre centró la vista en la joven e intentó recordar... y recordó. Un barco, un golpe en la espalda, frío, dolor y un gran estruendo... pero nada más. No podía recordar nada más. La jóven cruzó su mirada con la suya y pareció atisbar en su rostro la sorpresa y asintió.

- En realidad poco me importa, ya que en estas tierras, todo agresor tiene su castigo, y todo perseguido es encontrado. Saludos caballero, y... Adiós –mientras decía esto guardó el broche en el zurrón que llevaba y esta vez el miedo si la invadió, cuando vio como el hombre que se hallaba frente a ella comenzó a desvanecerse lentamente emitiendo gritos de terror.

La prisión.

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El miedo lo invadió cuando comenzó a ver como se borraba su sombra... y todo lo que le rodeaba tomaba un aspecto brumoso. La joven que se hallaba frente a él se estaba convirtiendo en una pequeña luz entre tinieblas, de hecho, solo podía observarla a ella, pues al fijar la vista en el trozo de madera pudo ver un verdadero barco aparecer, semitranslúcido, y de color grisáceo. Aterrado emitió un grito y la chica movió sus labios, pero no le llegó ningún sonido. ¿Qué estaba ocurriendo? ¿Quién era esa joven? ¿Por qué tenía la idea de que debía darle el broche?

Arhem retrocedió unos pasos. Lo que quedaba del hombre solo expresaba pánico, u miedo casi inhumano. ¿Acaso era un espíritu quien se le había presentado y había hablado de tú a tú con ella? Por unos momentos el hombre desvío la vista y volvió a fijarla en ella. Acercándose un poco preguntó que ocurría pero el hombre había desaparecido. Miró su zurrón y observó la gema. ¿Habría tenido algo que ver con esa situación? Desde luego, requería el consejo de alguien más sabio. Pero era difícil que un Ayamân fuera a prestar atención porque sí a una joven Makar... pero tenía que intentarlo. Porque de un modo u otro.

Ese broche había llegado a ella.

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NÓTI: 1227

NIVEL: INICIADO

HABILIDADES DE HISTORIA:

- Dominio del Arma: Vara.

- Herbología básica.