La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 4

Rómenor, la Tierra del Sol

Finalizada · 07-07-2007

Ficha de personaje

Allpa´huátl

Jugador: Seregruin

Avatar de Allpa´huátl
Personaje
Allpa´huátl
Clan
Marllajtay
Raza
Danay (Atani)
Otros nombres
Chapad'malal (el de las anchas espaldas)
Ingreso en el Clan
28-07-2007
Armas y/o poderes

Descripción del personaje

Historia del personaje

Sobre las Ýnni del Llyäme, del Topo, del Puma, de la Trucha, y del Zorro:

(Añatúlla, Khûñá, Yümbây, Khâll’Chá y Chîfrán)

Muchos Marllajtay apenas conocen el frío. Llegar a las tierras medias ya es para ellos una aventura, y desconocen del todo el mundo de las altas cumbres y de las mesetas. No los culpo por ello, apenas los compadezco de su blandura.

Cierto es que las tierras bajas son bellas y plácidas, que el mar es traslúcido y las selvas exuberantes, que las lluvias son reconfortantes y que el sol bruñe las pieles, sin nunca arder o dañar al hombre. Pero las alturas son mi patria. Y la de mi familia, por centurias de Ch’yâwi.

Pertenezco a uno de los linajes más nobles, antiguos y de rica historia de los nuestros: los Añatúlla, la Ýnna del Llyamë, que no es poco decir. Mis ancestros fueron líderes y grandes trabajadores que ocuparon las laderas, cada vez más arriba, hasta alcanzar la Llén huá, la selva fría de los árboles eternos. Pastoreando el llyamë y fabricando quesos y ruanas, trabajando en los cueros y trayendo abundantes carnes de regreso a Híssuë.

Más tarde mi familia creció, una de las mayores del país; y mis parientes alcanzaron los Valles y Quebradas, al otro lado de las Altas Cumbres. Uno de los nuestros fue también el primer Ñaál, aquél que reencontró al Khôndor en las alturas de las Andië, aunque estos Ñaál de ahora lo nieguen. Pero los nuestros apoyaron entonces cuando hizo tanta falta la organización en medio de la catástrofe. Y los nuestros seguirán apoyando ahora que la historia se nos volvió tan extraña y confusa.

Con los años alcanzamos las mesetas, las áridas mesetas del norte lejano, y algunos de los nuestros allí se quedaron entonces: la familia Khûñá, la Ýnna del Topo. Y ellos encontraron a los Túlla'nay, los Hombres Pequeños, y fueron también los primeros en traer el Maïth y la Aña que crecen del suelo. Pero también nos dieron a conocer la papa y la batata, la yuca y el khôt. Más tarde aprendimos a cultivarlos y, para que el khôt creciera, algunos de los nuestros se mudaron tierra abajo, al estuario y las Islas Vecinas. Ellos son los Yumbây, la Ýnna del Puma. Pero los Khûñá continuaron frecuentando a los Túlla'nay, y a lo largo de los Ch’yawá aprendieron a extraer el Maïth y la Aña del suelo, y también otros muchos metales de usos diversos. Ellos fueron primos cercanos nuestros, y hoy lo siguen siendo.

Pero nosotros, los Añatúlla, en cambio seguimos siempre el camino de las cumbres, y así conocimos el Péh hué, el árbol amigo del hombre que nos da el Puhán; talamos siempre también los poderosos Kóll hué para los mil barcos de Híssuë, y en nuestras tierras construimos mil caminos y cien puentes de altura como nadie soñara jamás. Nuestro amigo Nólo Rómendil ha dicho que el largísimo puente colgante de Zâr-Athê es una de las maravillas del mundo, sólo comparable a la Torre de Armenelos y algunas otras genialidades del esfuerzo danay.

Expertos tejedores de lana y fibras resistentes, conocedores de las maderas y los árboles, en efecto nuestros puentes son de cuerdas y de llén hué, y por ellos pueden pasar caravanas enteras de llyamë y de gwên-akhô, bien cargados todos de metales y maderas, de tejidos y pehuán, y de grandes ánforas del Pisquy, el licor que fabricamos de maïth y de puhán.

Y así como los primos Añatúlla de los Valles y Quebradas (que son cultivadores en terrazas y pescadores de la trucha y el salmón) se convirtieron con el tiempo en los Khâll’Chá, la Ýnna de la Trucha, nosotros permanecimos siempre en las alturas.

Los Añatúlla construimos grandes mansiones en el tiempo, a resguardo de la helada y de las nieves, de grandes hogares siempre encendidos. Tejimos nuestras ruanas y ponchos, confeccionamos nuestras pieles y gorros, botas y cuellos, y aún hoy seguimos arriando las llyamë de la altura, que tienen mejores lanas, y más sabrosas carnes que las de ladera abajo.

De los nuestros, quienes comercian con Híssuë se convirtieron con el tiempo en los Chîfrán, la Ýnna del Zorro, y habitan todo a lo largo de las laderas de las Andië, de los ríos cortos y largos, y del estuario debajo, en permanente contacto y traslado comercial de los bienes de las Andië. Ellos nos traen el ocate y el azúcar que tanto apreciamos, las vestimentas de khôt y el tabaco de las tierras bajas.

De los valles, de nuestros parientes los Khâll’Chá, en cambio obtenemos el vino, que primero que nadie plantó Nólo Rómendil, y el maïth y las aceitunas, y los peces de río y tantas frutas, y las hierbas tan preciadas, como el cedrón y la makhtä, el orégano y la menta. En cambio, de las alturas, y de nuestros primos Khûñá, obtenemos aquí la sal y el metal, y también esas forjas finas que ellos saben tan bien hacer con alto empeño y su trabajo al fuego ardiente.

Sobre la Ýnna Añatúlla y sus características:

Nuestras casas de piedra fueron siempre estructuradas con robustos troncos de llén hué, porque a diferencia de las tierras bajas nosotros las techamos de maderas ahumadas y de tejas de barro, todo con argamasa de guijarros y grasa de gwên-akhô, y con pasturas embebidas en aceites: todo lo necesario para aislar nuestro hogar del frío y de la helada; pero también nuestros muros son más gruesos y mejor encastrados; y los suelos son mucho más espesos: de suave superficie de pieles y lanas, sobre pastos y cueros, pero con anchas bases de piedras y muy gruesas maderas. Y nuestras ventanas también son muy estrechas, y se abren muy arriba en la altura, desfogando los humos del hogar y dejando pasar la luz de Maïth; porque nuestros techos son muy elevados y también muchas mansiones tienen más de un nivel de habitaciones en una u otra ala, además de los graneros en los altos desvanes.

Y sólo los refugios de altura se encuentran aislados del todo en la montaña; nuestros hogares familiares se agrupan en cambio en las plazas, junto a los grandes corrales y a los altares del Khôndor, a los canales de agua y a los grandes espacios clánicos de comida y de trabajo, de memoria conjunta y debate, de baile y de fiesta. Al conjunto de casas lo llamamos el Ayllu, tal como todo nuestro pueblo sigue haciéndolo allí donde los hogares se reúnen. Aún escucho:

Mi familia es natural de la selva fría, de la Chúkmä,

la tierra del llén hué y del péh hué,

y aún hoy todos nos reunimos siempre

en torno a la figura del Llyäme.

Por las noches cantamos juntos,

durante el día cantamos.

Por las noches bebemos juntos,

durante el día trabajamos.

La hora del Llyamë es sagrada para nos,

y Añatúlla nos llamamos por la primer luna,

por la hora del regocijante ocaso y la temprana noche.

Pisquy por todo esto tan bello,

Khôsq por la grandeza de la patria,

y un puhán para la tierra bajo nuestras plantas,

que nos sustenta y nos protege.

Varios Aylli en las Andië somos Añatúlla, todos parientes y habitantes de la Chúkmä, y nuestros ancestros comunes fueron todos grandes líderes en el Zîr’ñapák de antaño. Mas hace ya un tiempo que las riquezas no vienen por aquí, porque nosotros no quisimos nunca comprar tabaco por oro, ni cambiar telas por Aña, ni cambiar nuestras maderas trabajadas por apenas una bolsa de ocate, que es lo que dicen que vale porque al ocate lo quieren en el Occidente y a las tallas nuestras, no.

Desde el tiempo del abuelo de mi abuelo que los nuestros bajan a Híssuë sólo para aprender las letras y apenas luego para aprender a renegar. Que tanto orgullo se ha crecido entre los primos de allí abajo, que ya no sabemos siquiera si decirnos ni primos lejanos de los Chîfrán, viles acaparadores ahora de números vacíos, ridículos espantapájaros vestidos con frágiles sedas del Occidente. Pasto seco para el incendio de Malkñý.

El abuelo de mi abuelo, y el padre de mi abuelo fueron amigos de Nólo Rómendil, Wáj'yúnnay, como le decimos, el Gran Hombre de Occidente. Él nos ayudó con la biblioteca, hoy tan grande e importante, que tenemos en el Ayllu; él trajo la vid y el olivo al Valle y conoció paso a paso todos nuestros puentes y largos caminos. Muchas Ch'yûni pasó entre los nuestros, durante muchos años hasta que se murió, tanto tiempo después haber llegado, cuando ya casi nadie creía que algún día él también se reuniría con Zôr-Khôndor, como tarde o temprano lo hacen todos los nuestros desde Marllaj. Tanto tiempo vivió.

Y mi abuelo le conoció, lo vio y lo escuchó hablar en raras lenguas, pero él era aún muy pequeño y apenas recuerda la maravilla de ese encuentro, la última visita de Wáj'yúnnay al Ayllu: siempre contaba de los ojos azules y traslúcidos, como el mar de Híssuë en la estación del Khôndor, de los cabellos como espigas de maïth y del rostro, más joven que el de su propio padre, pero con la plácida blancura de Aña. Wáj'yúnnay era un ser de otro mundo, en efecto, y los Marllajtay nos alegraríamos mucho si hubiera él sido el único. Porque ha sido desde entonces que no tenemos apenas tregua con los Hünna'nay, esos viles Demonios Blancos que sólo quieren acaparar todo lo que sobrevuela el Khôndor. Nada les importa la sangre danay, como si sacrificaran a un Dios Perverso y Oscuro.

Mi familia es pobre desde hace algunas generaciones. Desde que algunas familias se hicieron ricas, por decirlo de otro modo. Pero los míos siempre fueron respetados. Porque los Añatúlla somos antiguos y conservamos las tradiciones y el culto verdadero, y no nos mezclamos ni con los Ñaál ni con el comercio vil. Tampoco somos aventureros y ladrones como han sabido ser algunos desde que el ocultamiento y las armas de guerra se volvieran un fin de por sí en manos cada vez más peligrosas.

Los Añatúlla somos honestos y trabajadores, valientes y leales, fuertes y sinceros. Como la enorme parte de los Marllajtay, aunque muchos estén hoy confundidos por los cuentos occidentales, o las fábulas de los Ñaál, o la fiebre de las armas y la sangre danay. Pero al final, todos resultaremos como ellos si no nos detenemos y pensamos en quiénes somos y quiénes fuimos, o en por qué somos quiénes somos y fuimos quiénes fuimos. Nuestra Ýnna nunca olvidó nada de esto, y por eso todos mis abuelos fueron importantes Zîr de Híssuë, y por eso somos respetados; humildes pero nobles, y no con menos sabiduría que ningún Yatiri del estuario.

Del linaje de Allpa'huátl:

Yo, Allpa’huátl, el Encontrado Hijo de la Tierra, nací Huátl, es decir: Tarántula. Y esa talla llevo siempre conmigo sobre el pecho. Nací en la Ch’yawá 465 y mi padre fue Nust’ä en las Ch’yâwi 460 y 461; pero entonces los conspiradores disolvieron el Tlay’Ank y mi padre Pâkhtúll fue exiliado de Híssuë, regresando a nuestro Ayllu de la Chúkmä.

Pero mi abuelo y mi abuela paternos y sus hijos, mi tía y mis dos tíos, también fueron todos Nüstasqa; los mayores en las Ch’yâwi 453, 454 y 455; que fueron los años en que nacieron mi padre y todos sus hermanos; los tíos fueron Nüstasqa a partir de las Ch’yâwi 457 y 458, pero mis abuelos abandonaron Híssuë, junto a su hijo más pequeño, Pâkhtúll, en 459 cuando el Zîr’ñapák designó al segundo Khútic, el oscuro conspirador de la implacable Tlay’iltic.

Pero cuando acabó la Ch’yawá, sin embargo, el Khútic solicitó que se enviara de regreso a mi padre a Híssuë para ser Nust’ä, ya que se encontraba en edad y que todos sus hermanos eran tenidos en la más alta estima entre los Nüstasqa. Y mi abuelo no se pudo negar al requerimiento. Pâchtúll estaba entonces iniciando su tercera Ch’yawá, la edad habitual para comenzar a educarse en Yatir’chüta y servir al Khútic, pero ya de tan joven había cobrado odio a los oligarcas de Híssuë, y también se había enamorado de la Chúkmä ni bien puso su pie de niño en ella. Él no quería regresar al estuario, y sólo lo hizo por consideración a su padre, y por amor a sus hermanos.

Los mayores de ellos, sin embargo, ya estaban casados; y el primogénito había partido como Capitán, junto a su malograda familia, para instalarse en Yámanna, que era ya desde entonces objeto de reiterados ataques occidentales. Sólo mi tío Jísh’tátl podía ocuparse de mi padre, y esto en el poco tiempo de que disponía. Con esta excusa en la boca, al iniciarse la siguiente fiesta de los 9 años, el Khútic insistió para que Pâchtúll de los Añatúlla se casara con una muy joven niña de los Ñaál, la afamada Ýnna del Khôndor. Al no encontrar entonces una mejor opción, mi padre y mi abuelo prefirieron evitar de lleno la unión y todo compromiso, pero creció mucho entonces el encono contra los nuestros.

En ese tiempo mi tía, que era Yatiri, tomó a mi padre a trabajar en el Yatir’chüta y lo quitó de una carrera destinada al Zîr’an, que debido a la desobediencia al Khútic se le habría vuelto muy complicada. Y entonces, también Pâchtúll se unió al Tlay’Ank, al que habían pertenecido mi abuelo y los mayores de los Añatúlla desde que el Anka se organizara en la Ch’yawá 433. Y a medida que el encono de los Ñaál crecía, mi padre, por pudor, tampoco se casó con ninguna otra mujer. Y cuando murió el Khútic, al inciar la Ch’yawá 462, el partido de la conspiración eligió, para sucederle en el khuticazgo, al Wáj Ñaál, que no era sino el padre de la niña aquella rechazada por mi familia.

Y fue entonces cuando el nuevo Khútic disolvió el Tlay’Ank y expulsó de Híssuë a mi padre, que volvió a la Chúkmä; y también a mi tío Jísh’tátl, que desapareció por años con su familia. Así fue que mi padre se instaló, soltero y rencoroso, en nuestro Ayllu. Se convirtió en un Nust’ä “fuera de Híssuë”, trabajando casi a la par de los demás hombres del Ayllu, pero contribuyendo al saber de todos y brindando nuevas soluciones a viejos problemas. Mis abuelos entraban en la ancianidad entonces, pero también se conservaban lúcidos y vehementes. Y pronto nuestro Ayllu se convirtió en un sucedáneo del Yatir’chüta para los pueblos de las Andië.

Y mi padre puso tanto empeño en todo, y tanto tiempo dedicó a recrear la patria Marllajtay de antaño, para que contrastara con la que se estaba pudriendo allí abajo en el estuario, que no tuvo ocasión de pensar en esposa hasta que entró en su octava Ch’yawá y mi abuela murió. Y entonces escuchó al fin la reprimenda de mi abuelo, y descubrió tardíamente el amor en una joven Khâll’Chá que había estudiado en nuestro Ayllu y habitaba ahora en el Valle. En esos años se ocupó pues de aquello que tanto había descuidado y finalmente se unieron en una gran celebración que duró una semana.

Sobre Allpa’huátl:

Mi abuelo cobró entonces nueva vida, y vivió una Ch’yawá más que los más viejos de entre todos, para ayudar en mi crianza y contarme bellas historias. Sin embargo, sé que su longevidad más bien se debió a ese cierto halo que ha dejado Rómendil en nuestro Ayllu, y que a veces mi abuelo llamaba “la luz de los Eldar” (Ñaldawára) aunque nunca supe muy bien de qué se trataría todo aquello. Pero, esto es cierto, de algún modo sí he notado Ñaldawára en su rostro y sus palabras.

Fui el Hijo de la Tierra, el Encontrado, por el amor que finalmente halló mi padre en Liwä, de los Khâll’Chá, y nací en el año Malkñý de la Ch’yawá 465, hace 24 años hoy. Me crié en el Ayllu, convertido por mi padre y los nuestros en un pequeño Yatir’chüta. Fui formado como un Nust’ä, pero sin solemnidad ni cortesías absurdas. Aprendí también, junto a mis primos y primas, a pastorear y a esquilar, a talar y tallar, a hilar y tejer, a construir en piedra y confeccionar en cueros, a cantar y bailar, a tañer las flautas, a beber y a soñar.

Pero mi abuelo fue insistente con sus historias. Y mi padre no descuidó ningún momento para enterarme al detalle de la política de Hïssuë. Y cuando aún estaba en mi primera Ch’yawá, el año en que Yámanna se perdió y la familia de mi tío el mayor fue exterminada, regresaron al Ayllu mi tía y su familia, con infinitas novedades y conocimientos nuevos; y muy luego, cinco años después de la muerte de mi abuelo, cuando entré en mi tercera Ch’yawá, reapareció mi tío Jísh’tátl con aún mayores novedades de la política, y la noticia de las nuevas exigencias de los insaciables Hünna'nay.

Porque resultó que mi tío había estado entre ellos por años, y que también había ayudado en la negociación de la tregua del 1869. Hablaba maravillas del nuevo Khútic en el Apákt’chüta, y finalmente mi padre creyó que era momento de que yo partiese a servir a Khânku'tála, el Khútic Noble, en Híssuë.

Partí entonces de la Chúkmä, de mi patria. Acompañado de mi tío llegué al Apákt’chüta al iniciarse la Ch’yawá 469, en el año 13 del cuarto Khútic. Y aunque regreso cada vez que me es posible a mi tierra, me he convertido lentamente en un Nust’ä del Kunay’nka, de la Corte del Apákt’chüta.

Hace 10 años se declaró la guerra abierta en la que todavía estamos, y yo era entonces muy joven pero sentía cada ataque al Khútic como una herida propia. Aprendí a reconocer muy pronto a los traidores, a las lenguas bífidas, a los confundidos y a los engañados, a los honestos y a los leales, a los valientes y a los temerarios, a los ambiciosos y a los conspiradores.

Y empeñé mi juventud en defender al Khútic noble, a evitar que los sanguinarios se hicieran con el poder, a intentar despertar por fin a los Marllajtay de las patrañas de los Ñaál y de los turbios manejos de Tlay’iltic. Aprendí a combatir y a soportar a los oligarcas, confundidos por su propia riqueza y por las ventajas inmediatas del oro, a la vez que ofendidos y humillados por el trato que les deparan los occidentales.

Entendí que los Marllajtay somos muchos más que los Añatúlla y nuestros primos, y que algunos hasta aborrecen el nombre de Nólo Rómendil. Que hay extranjeros honestos y puros, que hay viejas familias Marllajtay corrompidas hasta la médula. Que los lujos extranjeros parecen distraer a algunos de sus principios, pero que la enorme mayoría del pueblo no se deja confundir y es tan brava y pura como el Rey del Cielo.

Dos Ch’yâwi pasaron de duro aprendizaje, y de horrores que ninguna historia registra entre los nuestros: los envenenamientos del Khútic, salvados por esa Enviada del Khôndor que es Yanawara, y el horrible asesinato del líder, al fin... Tlay’iltic, nefasto nombre que apenas se eleva por sobre el de Occidente... O acaso los Ñaál, la podredumbre tiránica que supo crecer de entre los nuestros.

Era necesario actuar rápido entonces, y decididamente: al día siguiente al funeral ya estaba yo trayendo alegría a los Nüstasqa casándome con Rawa, la flor de fuego del Clan Taruka. Asiri, la sonrisa hermosa. Fiera rival nuestra en el Zîr’an, recalcitrante oligarca envuelta en los lujos de su oro; pero bellísima e inteligente como no hay otra en Híssuë. No hay que decirlo, las más de las veces los opuestos se atraen irresistiblemente.

Pero, además. Además de esa atracción que nos resultaba imposible manifestar en la circunstancia política de ayer, el asesinato del Khútic fue un golpe terrible para ambos. Y no sólo para nosotros. Todos los Nüstasqa comprendieron que, si había sido la Órden, era tiempo de detenerla y había que unirse como nunca; y que, si habían sido los Ñaál, había que hacer lo imposible para impedir que volvieran a hacerse con el poder.

Nuestra unión fue también la solución política perfecta para Híssuë. Y eso se demostró el día de la ceremonia en el Apákt’chüta. Mientras bebíamos del ocate ritual, nuestros ojos perdidos en la inmensidad de los del otro, las voces de todos cantaban felices de que nuestra patria no hubiera sucumbido con el último Khútic. Y, mientras quemábamos el Khôsq para que se elevase al Khôndor, los ojos de todos se empañaron por nuestra buenaventura.

Las sesiones del Zîr’ñapák no fueron muy prolongadas entonces. La discusión apenas se centró, casi sin disimulos, en si debía ser elegido yo como Khútic, o más bien Rawa. Pero esto se saldó con la intervención que ella misma realizó, anunciando su renuncia a ocupar ella el sitial.

Hace dos años que dirigimos en conjunto los destinos Marllajtay, en guerra siempre contra los enemigos externos, y en conflicto permanente contra los enemigos internos. No son tiempos sencillos, Wan’ay, pero perfectamente sé que saldremos adelante.

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NÓTI: 3177

NIVEL: INICIADO

HABILIDADES DE HISTORIA:

- Dominio del Arma: Lanza.

- Historia Antigua.

- Supervivencia en la Naturaleza.

- Purificación de Agua.

Firma

Yh! Ña Marllajtay!

Vida

100%