La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 4

Rómenor, la Tierra del Sol

Finalizada · 07-07-2007

Ficha de personaje

Ramjakhîn

Jugador: gorathion

Sin avatar asignado
Personaje
Ramjakhîn
Clan
Nensir Airatâri
Raza
Elfo
Otros nombres
principe de los Herejes
Ingreso en el Clan
28-07-2007
Armas y/o poderes
"La más terrible de sus armas es que nunca sabes que puede utilizar contra tí. Desconfía de las apariencias"

proverbio de Eglamar

Descripción del personaje

Los esclavos posaron la litera sobre la arena del desierto. Una brisa tenue aireó las ligeras cortinas de seda. La arena crujió bajo unos pies nerviosos que se detenían a pocos pasos de allí, guardando las distancias. Tras un momento de tensión previamente calculado, dos pies blancos como el alabastro, que contrastaban con la arena de oro pulido, bajaron lentamente de la litera abriéndose paso entre las cortinas hasta que terminaron hundiéndose en la arena. Y lentamente apareció el hereje...

Un cuerpo joven de apenas trece años, pelirrojo, lampiño, de complexión menuda, con ojos de bruma, pantanos de soledad que miraban como si traspasasen observándolo todo y nada; fríos e inquisidores, con innumerables percepciones pasando a través de ellos. Aquel ser había aprendido bien a mantener fuera de su rostro todo sentimiento que pudiese revelar sus verdaderos pensamientos. Una violencia reprimida anidaba en cada gesto, una fuerza salvaje que como si fuera un resorte estaba dispuesta a saltar en cualquier momento, todo tras la inmejorable máscara de heladora indiferencia.

Si esos labios hablasen todo lo que le pasaba por la mente rebelarían tantas contradicciones...

Historia del personaje

Las crónicas de los Alda dicen que aquel que llaman Ramjakhîn no es más que un príncipe elfo proveniente de un linaje noble de Baltas de Nensir Airitari. Los relatos de su indecente conducta revelan que sus obras están inspiradas por una conciencia extraña que usurpa su cuerpo, un espíritu divino que vino de más allá de los confines del mundo conocido, más allá del mar y las penumbras, según cuentan, procedente de las estribaciones del mundo celeste.

Ramjakhîn vive alejado de la corte, del reino y de la religión que aborrece. Muy lejos, tras una cortina de secretos bien guardados que no revelan su secreta ciudadela, sus fechorías y herejías, de vez en cuando de allí surgen rumores que alteran la vida de Nensir Airatari, un problema que se esfuerzan en ignorar y al que a veces tienen que recurrir.

Tan lejos y sin embargo tan cerca

Ramjakhîn, hijo del mar, espíritu que camina tras las olas sorteando la muerte, amparado en una carcasa de carne y hueso robado a la inocencia de un infante elfo, refugiado tras los muros y alturas de tu torre marengo.

Hubo un día en que este cuerpo caminaba por el mundo con voluntad propia. Huía de un destino incierto, de la gran Guerra Civil que escindió a los Nurualda. Esta carne se regía por sus principios, con la inmortalidad heredada de los primeros nacidos adorando en público la naturaleza, y al margen de sus mayores, practicaba la herejía adorando a la muerte y el más allá. Lo leo en lo más recóndito de este elfo travieso que un día navegaba por los mares, rezando con su tierna voz, agitándose y saltando en danzas que honraban la religión prohibida de Namo. La muerte que tanto veneraba le acogió en su seno cuando fue abordado por un velero enemigo, tripulado por un ciudadano que más adelante será revelado. Murió mirando al sol de la mañana tras unos ojos vidriosos, azules, con la vida escapándose en cada lágrima. Se nublaron sus ojos de bruma y cuando su ser se retrajo a la casa de sus ancestros a contarse entre los que un día retornarán, ocupé su cuerpo y me aloje en cada músculo, en cada entraña, en cada nervio de su ser marchito. Cerré sus heridas y abrí otras más profundas. Le infundí mi existencia y sus ojos se abrieron de nuevo, de repente, insuflados de una vida que no era suya, de una existencia primigenia que no alcanzan a recordar muchos de los que caminan en Romenor.

¡Nos espera la gloria jovencito elfo!, tiempo al tiempo. ¡Que las enseñanzas de Namo nos sirvan para afrontar nuestro destino!

Tomé conciencia de mi nueva existencia terrenal cuando se agolparon las sensaciones tras mis sentidos recién tomados.. Cerré y abrí las manos, me regocijé cuando volví a tener conciencia de mi alrededor; moví aquel cuerpo recién domesticado a mi voluntad, finté en el aire y supe que aquel cuerpo flexible estaba bien dispuesto para la guerra. Me arrodillé y mire el mar, me vi reflejado en el agua; Aquellas manos de marfil acariciaban un rostro de piedra, siguiendo el camino de las cicatrices que rasgaban la textura de alabastro. Labios rubíes como las gemas de los Noldor con la sangre palpitante tras ellos, el fuego agitándose en el cabello y la frialdad sempiterna en aquellos ojos de bruma, como si de un gris acuoso con mil matices indescriptibles se derramase en ellos.

Un sentimiento coloreaba cada prisma iridiscente que rodeaba una pupila sin fondo.

Sobre aquella tabla del naufragio, de rodillas, canté esperando mi destino y aquel cuerpo que se me antojó débil pero reveló una fortaleza inigualable. Ambos aguantamos hasta que un barco pirata, hombres de mar sobre cascarones de madera que jugaban a ser peces, nos encontraron cerca de las costas. Un botín,_debieron pensar al verme_ un ricoelfo que conservaba prendas reales aunque desgastadas. Aquellos bordados de plata raídos, aquel oro en la tiara era un señuelo a ojos de la codicia. Velados por su naturaleza, fingieron falsa modestia y subieron a aquel polizonte ricoelfo

a sus humildes camarotes. Lo despojaron de sus ricos ropajes y lo vistieron de lona y grilletes, recluyéndole a la esclavitud de muchas vejaciones…

La ingenuidad y el oro son dos velos que siembran la perdición de los hombres.

Me hice llamar Ramjakhîn y un día valiéndome de mis propias manos sembré de muerte los camarotes, ensuciando con sangre pirata la tarima que tantas veces había frotado. En la mañana, con la brisa fría remendaba los ropajes recién recuperados. El Gran Pirata que no afortunadamente no se había despertado hasta ahora, veía con mirada descompuesta sus suelas manchadas con aquella sangre pegajosa. Sonrío mirándome con una mirada indescifrable, ¿miedo?, ¿admiración? ¡Que más da!. Y vino y volvió con la tiara del elfo en sus manos.

Oír, ver y callar y ceder sus derechos. Cuando el hombre tiene miedo se retrae a esto, creyendo que puede salvarse de lo que se les avecina.

No se si tras cien años.., ¡que más da el tiempo si se habla de inmortalidad! Para nosotros la monotonía del día a día se mide en siglos, la vida es tan larga que nuestros planes abarcan edades. Por eso di un giro a los acontecimientos ¡era el momento, tenía que aprovechar la ocasión, me aburría de esperar! ¡ Mancillé aquel barco con la sangre de mi padrino!. En los muelles de Eglamar, en medio de la revuelta que azotaba la ciudad. Este cuerpo joven doblegó al experimentado pirata numenoreano y usurpó su cargo, empuñó el arma con maestría, y dibujó una cicatriz sinuosa en su pecho como si fuera una sonrisa de sangre, y a continuación, se le escapó la vida, lentamente, expirando un ultimo aliento que empujó muy lejos de allí su vitae, porque no hubo allí nadie que evitase su muerte, porque no hubiese dejado que nadie me hubiese arrebatado aquel momento, aquel anhelo reprimido de venganza.

¡Y allí estaba yo, por fin! ¡Ramjakhîn!. Recuerdo que estaba erguido en lo alto de la torre y sopló el viento que ahuecó mis ropas y aireó la capa, mi cabello, mis sueños. Rumores de rebelión que corrieron muy lejos, arrastrados tras gritos de gargantas desgarradas. Yo, rodeado de mis seguidores; me dí la vuelta y recuerdo quienes me miraban con devoción, los miedosos y los que esperaban derrocarme. A todos os llegará ¡estúpidos!, ya os llegará vuestra hora!. ¡Yo, el príncipe de los piratas, el rey infantil de todos ellos! ¡Ingenuos, que ciegos están, infravalorando las capacidades de este joven cuerpo! ¡Desde el día en que compartí el secreto de Eglamar me llovieron mil ideas, planes y tramas que tardé cien años en fraguar ¡solo sois marionetas en la función que os tengo preparada!

Reformé la torre Marengo, la elevé y la coroné con mis estancias. La cubrí de Torres y almenas, catapultas y fuegos vigilantes. Cavé fosos que fueron minas y lo llené de esclavos para que recogiesen mineral y piedra con la que comerciar y enriquecerme. Rodee todo con el bosque desollador, alimentado con las aguas sagradas de la cascada y protegidos por mis lobos alfa ¿Por qué lobos? ¡Afinidad inexplicable!, restos de memorias que albergo en este cuerpo. Influencias de un príncipe elfo y su tótem, un tributo debido por albergarme en su cuerpo.

Será mi pago a la memoria de cuerpo prestado

Y desde mi torre me apoyo en los pórticos de ónice y miro el horizonte lejano, el viento, el rumor de voces provenientes de la ciudad escondida, el ajetreo de los barcos que armo para que hagan la piratería, los lobos que crío de mi mano, la catarata que alquilo a mis mediohermanos. La vida bulle allá abajo al ritmo que yo marco, de lo que yo he creado para ellos. Veo pasar las nubes sobre la costa, oigo de lejos las disputas y entretejo el destino de muchos tras el cuerpo de un pirata infantil, el príncipe de los piratas, el hereje encumbrado en lo más alto, permaneciendo en el olvido de la mayoría y seguido de cerca por los mas osados. Sé y ellos saben que me siguen de lejos, pero al fin estoy establecido tras mucho tiempo vagabundeando y nadie me sacará de aquí tan facilmente. No necesito que me adjudiquen glorias, ya me las ganaré por mi mismo, sin la ayuda de nadie. ¡Todo llegará! ¡Los mas cercanos tendrán su premio y los que me tengan lejos serán aún más afortunados.

Dejadme aquí, no necesito más reconocimiento que el autoconocimiento.

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NÓTI: 3710

NIVEL: INICIADO

HABILIDADES DE HISTORIA:

- Dominio del Arma: Puñales de muñeca.

- Navegante.

- Historia Antigua.

- Canto/Discurso.

- Invocar brisa.

Firma

Cuando la muerte se precipita sobre el hombre, la parte mortal se extingue; pero el principio inmortal se retira y se aleja sano y salvo

Vida

60%