La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 4

Rómenor, la Tierra del Sol

Finalizada · 07-07-2007

Ficha de personaje

Laymi Arië

Jugador: Carlita

Sin avatar asignado
Personaje
Laymi Arië
Clan
Marllajtay
Raza
Danay (Atani)
Otros nombres
De niña fue llamada Wa'aya, pero dadas las circunstancias su nombre cambio a Laymi Airë que significa ‘‘La elección de la serpiente’’
Ingreso en el Clan
31-07-2007
Armas y/o poderes

Descripción del personaje

El negro pelo hasta la cintura, a veces atado, a veces suelto o trenzado, acaricia una faja de color negro cuyos extremos cuelgan terminando en unos divertidos flecos, la cual sostiene la liviana espada con la que años antes practicara todos los años en su antiguo hogar. Un pequeño arquito de pescador colgaba en una pared de su hogar por una eventual aventura por el bosque, pues sus manos coronadas por largos dedos desnudos a excepción de una alianza de plata regalo de Llanqi Limachi, son tan hábiles para manejar la liviana espada como para utilizar la madera, las hojas y los elementos que brindara el bosque para realizar todo tipo de objetos. Sus ojos del color de los arrecifes luego de un día de tormenta, coronaba una tez mate de expresión grave, la cual rara vez regalaba una sonrisa. En cuanto a la vestimenta, suele versela con camisas de mangas largas arremangadas hasta los codos de color rosa o celeste claro, y una falda azul oscura, con volados bordados en el borde inferior. Normalmente la ropa no es bordada, pero cuando la ocasión lo amerita los bordados aparecían, y eran de vivos colores, amarillos, rojos, azules sobre la ropa color negro.

Historia del personaje

Una humilde cabaña se erguía a duras penas delante de un frondoso bosque de Péhua. Quien mirara por su única ventana vería un pequeño prado donde normalmente pastaba una vieja pareja de Lyâme. Interrumpiendo la verde meseta había un camino bien mantenido que desembocada en un pequeño muellecito donde amarraba una humilde lancha pesquera. Quien se parara allí y dirigiera su vista hacia el norte vería el esqueleto de una ciudad que se alzaba a la sombra de las altas cumbres de las Ered Andie.

Solitario era una palabra que describía bien aquel lugar, pero no era soledad el sentimiento que embargaba a quien habitaba allí, pues su corta vida no había estado libre de penas.

Hacia 25 años había nacido en una de esas casas que se alzaban hacia el norte con el mar rozándole los cimientos. Su familia había caído en decadencia lentamente. Pertenecía a una estirpe de marllajtay que habitaban Hissue desde su fundación, pero pronto su padre habiendo malgastado los frutos de años de trabajo había caído en la piratería y se pasaba, solo unos días por mes en la casa, partiendo nuevamente para hacerse a la mar al mando de un exigente capitán exiliado de Elenna que atentaba contra sus propios buques, en busca de víveres para abastecer a su familia. Había crecido viendo a su madre transitar los mismos 5 kilómetros diarios hacia los cultivos de Maîth por si su padre no abrazaba el éxito en sus andanzas, poder alimentar a sus tres hijos al mes siguiente, mientras tanto ella se quedaba en casa, cuidando a sus hermanos mellizos de apenas 2 años de edad, con la intriga de saber si volvería a ver a quienes 15 años atrás le habían dado la vida. Dado que su padre se dedicaba a la piratería, su éxito dependía de si su tarea de desvalijar un buque numenoreano era exitoso o no, por lo tanto su vida oscilaba entre meses de duro ayuno y otros de cruel saciedad, en los que no hacia mas que preguntarse cuanto duraría esa tregua pasajera que era ni mas ni menos que una muestra de lo que podría haber sido su vida de haber usado su padre la razón .

Largas tardes pasaba la muchacha de nombre Laymi Airë, como ella haria llamarse años despues en el patio de su casa practicando el uso de la espada que había sido regalo de su único amigo, un hijo adoptivo de su padre que se dedicaba a la herrería en un taller cercano. El dueño del taller era entrado en años y no podía realizar el viaje a través de las montañas que se requería para establecer contacto con los Naugrim y comerciar aquellos metales de los que se sustentaba su comercio, por lo que Laymi Airë sufría las largas ausencias de Llanqi Limachi, pero su sufrimiento era recompensado a la vuelta, pues su amigo le traía noticias sobre los sucesos que tenían lugar mas allá de Hissue, en las tierra donde la sombra de las Ered Andie era casi un mito, excepto para algunos valientes que osaban abandonar la comodidad de sus hogares para hacerse a la mar, o bien para soportar las clemencias del clima montañoso.

Pero la pequeña creció, y su carácter cambio, años de paciente espera la habían llevado a soportar los tiempos de incertidumbre y expectativa como pocos mortales, para quien cada segundo de vida es valioso. El negro pelo le había crecido hasta la cintura, acariciando una faja de color negro cuyo extremos colgaban terminando en unos divertidos flecos, que sostenia la liviana espada con la que años antes practicara todos los años en su antiguo hogar. Un pequeño arquito de pescador colgaba en una pared de su hogar por una eventual aventura por el bosque, pues sus manos coronadas por largos dedos desnudos a excepción de una alianza de plata regalo de Llanqi Limachi, eran tan hábiles para manejarla liviana espada como para utilizar la madera, las hojas y los elementos que brindara el bosque para realizar todo tipo de objetos. Sus ojos del color de los arrecifes luego de un día de tormenta, coronaba una tez mate de expresión grave, la cual rara vez regalaba una sonrisa. En cuanto a la vestimenta, solía usar camisas de mangas largas arremangadas hasta los codos de color rosa o celeste claro, y una falda azul oscura, con volados bordados en el borde inferior. Normalmente la ropa no era bordada, pero cuando la ocasión lo ameritaba los bordados aparecían, y eran de vivos colores, amarillos, rojos, azules sobre la ropa color negro.

Una noche templada mientras se hallaba en la entrada de su casa esperando a su madre se encontró con Llanqi Limachi que partía hacia la montañas, mientras se despedía de el una idea nació en su cabeza, quizás podría acompañar a su amigo en una travesía, si tenia suerte los Naugrim podrían guiarla hacia algún pueblo de su misma raza que viviera errante, donde podría rearmar su vida, de otro modo terminaría como su madre, trabajando para mantener un hogar.

Llanqi se resistió, pues amaba a su amiga y no quería perderla, pero en el fondo sabia que la ciudad no demostraba ningún beneficio para ella, de modo que accedió. Diez largos días viajaron hasta llegar a las altas cumbres de las Ered Andie, y al llegar, se detuvieron un momento pues, al avanzar perderían de vista la ciudad que tanto había amado pero que en los últimos años se había convertido en un estorbo para ella. Pero esa detención hizo que la suerte de ambos amigos diera un cambio inesperado, pues se desato una tormenta pasajera, normal en aquella región, pero no por eso menos devastadora, cuando paso, rato después, al tomarse de una roca para ascender, cayo lentamente hacia el vacío, golpeándose varias veces contra la rocosa pared. Llanqi dándola por muerta continuo su travesía solo, y Laymi Airë sabría cual había sido la suerte de su amigo solo unos cuantos años después.

La despertó el grito de un Khondor, lo cual le hizo recordar que no se hallaba en un lugar seguro. Se refugio en una cueva y permaneció así, encerrada en sus pensamientos durante días, hasta que vio caer del cielo un resplandor rojo, y ni bien lo vio lo deseo, ignorando su mente que le decía que aquello era peligroso, sus pies la guiaron hacia aquel destello, bajo en horas la montaña que había tardado días en subir y se encontró a la orilla de un pequeño pero tupido bosque el cual escoltaba a una desarmada cabaña, sobre cuya puerta hallo al fin su destello, que era ni mas ni menos que una pluma de Khondor, blanquecina como la nieve que coronaba las Andie, sin embargo los rayos del sol la tornaban color rojiza, como si un fuego ardiera adentro de ella. La tomo en sus manos, miro alrededor y pensó que no había lugar mas indicado para ella.

Así fue que arreglo aquella cabaña con la habilidad de sus manos, construyo un pequeño muelle desde el cual se veía Hissue, con la esperanza de que si alguna vez las cosas cambiaran ella se enterara de algún modo. Largos días y tranquilas noche paso Laymi Airë en ese lugar al cual bautizo Chutahuá, hasta que una noche cuando hacia solo un año se había mudado a aquel lugar. se despertó de repente en respuesta a un ruido seco de golpe como de roca cayendo sobre la humedad hierba, la curiosidad la venció y sin tomar arma alguna salió de su cabaña y empezó a caminar hacia el lugar donde había escuchado el sonido y así fue que llego a un claro en el pequeño bosquecito de Pehua donde un potrillo Lobuno de unos días de edad yacía en el suelo, intentando ponerse de pie mientras su madre agonizaba a su lado. Laymi permaneció unos minutos en silencio, consternada ante aquella imagen, finalmente haciendo lo que su corazón le indicaba rodeo el frágil cuello del potro con sus brazos jalando hacia arriba para que pueda incorporarse. Lo intento un par de veces hasta que finalmente el pequeño estuvo con sus cuatro patas firme en el suelo. Luego se concentro en la madre, no veía rastros de heridas en su cuero así que supuso que el agotamiento del parto la habría dejado en semejante estado, pero antes de que la Marjtallay hiciera algo, la yegua exhalo su ultimo suspiro y falleció bajo la luz de la luna.

Pero la energía que le faltaba a la madre, la había heredado el hijo, que habiéndole encontrado un uso a sus patas, trotaba por el pequeño prado como si no hubiera cosa mas maravillosa. Una risa fluida y cristalina se escapo de los labios de la joven, como hacia años sus oídos no habían escuchado –Detente por favor, me estas mareando- dijo entre carcajadas, pero al momento se detuvieron mientras sus ojos se habrían de asombro, pues el pequeño caballo se acercaba a ella con la cabeza gacha. Una vez que estuvo a su lado apoyo su cabeza en su pecho, y así permanecieron unidos hasta que la luz del sol ilumino el cielo. Lo ojos de Laymi Airë se abrieron junto con los del potrillo, y vio que se encontraba tirada en el suelo. Se incorporo y miro a su alrededor, al inicio del camino se encontraba Lani Wari, como días mas tarde seria llamado, y uno al lado del otro emprendieron el camino de regreso sin necesidad de palabras.

Cinco años vivieron juntos y la pradera que en algún momento fue verde se lleno de pisadas de cascos, cada vez mas grandes, pues el pequeño potrillo se convirtió en un fuerte semental bajo la atenta mirada de Laymi Airë. Habían desarrollado un lazo sobrenatural, pues no necesitaban de las riendas ni de las palabras para entenderse, el sabia lo que ella necesitaba, aunque en aquella época no era mas que un corto paseo por los toscos caminos que habían abierto donde el tosco relieve de Marjtallay les permitiera. Y en recompensa ella lo mantenía en un estado impecable y bien alimentado.

Tranquilos eran los días en Chutahuá hasta que una tarde una pequeña lancha pesquera arribo al pequeño muelle. No tenia tripulación, sino estaba repleta de barriles, como extraños símbolos que nunca había visto, sin embargo parecía de origen Marjtallay.

Abrió uno de los barriles por pura curiosidad, y se sorprendió cuando una serpiente salió del barril y se deslizo por uno de sus brazos hasta su hombro, permaneció un momento allí y luego se deslizo hacia el suelo. Por un momento le pareció que el animal le había mirado directo a los ojos, sembrándole una intriga en su interior que parecía no iba a poder convivir con sus órganos vitales y mientras veía a la serpiente alejarse por la orilla del agua, llamo a Lani Wari que haciendo honor a su nombre que significaba el Salvaje incansable, llego corriendo al instante, lo monto de un salto y siguió a la serpiente a cumplir su misión.

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NÓTI: 1210

NIVEL: INICIADA

HABILIDADES DE HISTORIA: Dominio de bestias.

- Dominio del Arma: Daga arrojadiza.

- Herbología básica.

- Animal mensajero.

Vida

100%