La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 4

Rómenor, la Tierra del Sol

Finalizada · 07-07-2007

Ficha de personaje

Morlyg

Jugador: Earendil84

Avatar de Morlyg
Personaje
Morlyg
Clan
Marllajtay
Raza
Danay (Atani)
Otros nombres
Ingreso en el Clan
31-07-2007
Armas y/o poderes
Armas: cimitarra y daga élfica
Habilidades: diestro marinero, capitán y constructor de barcos. Erudito en geografía

Descripción del personaje

En apariencia general es un sureño, alto y fuerte, de piel tostada y cabello espeso y negro. Pero tiene los ojos grises de su madre númenóreana y un cierto aire élfico.

Suele vestir ropas negras y rojas, con un cinturón de cuero negro con rubíes engastados. Siempre se cubre la cabeza con un turbante negro los extremos del cual ondean al viento.

Historia del personaje

Hubo un tiempo en que Valinor estaba aún en el mundo visible pero las Grandes Tierras y el Reino Bendecido estaban separadas por el Gran Mar y existía una tierra que no formaba parte ni de una ni de otra, pero estaba más cerca de Valinor. Esta tierra era Andor por los Valar, pero sus habitantes, los descendientes de Elros, hijo de Eärendil el Medio Elfo, la llamaban Elenna, que significa Hacia las Estrellas; pero también Anadûnë, que significa Promontorio del Occidente, Númenórë en Alto Eldarin. Pero los Señores de Valinor les ordenaron que no perdiesen de vista las costas de Númenor si viajaban hacia el oeste.

Fue así que a causa de la Prohibición de los Valar los Edain de aquellos días navegaban siempre hacia el este y no hacia el oeste, desde la oscuridad del norte hacia los calores del sur, y más allá del sur hasta las Oscuridades Bajas; y se internaban aun en el mar interior y viajaban alrededor de la Tierra Media, y atisbaban desde las elevadas proas las Puertas de la Mañana en el Este. Al principio los Númenóreanos nunca se demoraban mucho en la Tierra Media, ni edificaban allí habitación propia. Pero con los años empezaron asentarse junto a los poblados de los Hombres de la Tierra Media, y establecían puertos comerciales y colonias en las costas occidentales de la Tierra Media. Y fue así como en el año 1452 de la Segunda Edad del Sol, una gran familia de mercaderes Númenóreanos estableció una pequeña colonia junto a un asentamiento de sureños. Varios siglos después esa colonia se convertiría en el puerto principal de los Dúnedain en la Tierra Media, Umbar, y su principal fortaleza en la Tierra Media.

Pero por aquél entonces Umbar no era más que un gran estuario con multitud de puertos naturales que ni siquiera recibía aún ese nombre. En las cimas de los acantilados los Númenóreanos fundadores de la colonia edificaron sus viviendas, a tiro de piedra del campamento de los sureños, con los que comerciaban. Y fruto de la relación amistosa entre los dos pueblos surgió la unión entre Líliel, hija de uno de los fundadores de la colonia, y Mörghel, del pueblo de los sureños. A consecuencia de esa unión, se estableció una estrecha amistad entre los dos pueblos, aunque aún por muchos años vivieron separados. Y Líliel vivió con los sureños, a pesar de su padre, pues había nacido en Umbar años después de que su padre se estableciera allí, y tenía especial amistad con algunos del pueblo haradrim. Y ella y Mörghel tuvieron un hijo, al cual llamaron Morlyg, en el año 1544.

Un día Morlyg se encontraba con su madre en lo alto de un acantilado contemplando el mar. Y Morlyg le preguntó a su madre: “Mamá, ¿Qué hay del otro lado del Gran Mar?”. Pues el pequeño, que entonces tenía ocho años, intuía de algún modo que el océano no podía ser infinito, y que debía de haber algo más allá. “Si navegas, hijo, durante innumerables jornadas, persiguiendo la línea del horizonte llegarás a la Isla Solitaria, la tierra de los Elfos, y más allá, las costas del Reino Imperecedero; pero allí, hijo mío, ningún mortal puede llegar. Pero más cerca se encuentra Elenna, nuestra tierra, de donde vine con tus parientes hace ya muchos años.” Y Molyg inquirió: “¡Quiero viajar a Númenor, mamá!”.

Pero pasaron años hasta que Morlyg pudo viajar a su tierra, porque es una travesía larga y peligrosa para un pequeño, pero viajó al fin, con su madre, cuando Morlyg había cumplido los catorce años. Pero durante los años que esperó a que se le permitiese viajar a Númenor, se divertía construyendo pequeñas embarcaciones de vela, cada vez con más maestría, pues aprendía ese arte tanto de sus parientes Númenóreanos como de los sureños. Y surcaba en solitario las aguas del estuario preparándose para el gran viaje, aunque también fantaseaba con emprender otros largos viajes para descubrir nuevas tierras y conocer otros pueblos y otras gentes. Porque había despertado en él el anhelo por el mar y desde que tuvo once años viajó con Mörghel en sus salidas, pues su él era pescador y poseía una gran flota pesquera en los cálculos de los de su pueblo, y viajaba bordeando la costa unas veces al norte u otras al sur, buscando los mejores bancos de peces, pues en esa región del sur de la Tierra Media las aguas eran cálidas y el mar rebosaba de vida.

Así fue como Morlyg creció y se crió entre los sureños, y podría haber pasado por uno de ellos ante el resto de los del pueblo de su madre, pues se parecía a su padre, alto y fuerte, de piel tostada y cabello espeso y negro. Pero tenía los mismos ojos grises de su madre y a pesar de sus rasgos sureños, tenía un cierto aire élfico, como lo tenían los descendientes de Elros. Fue educado a la manera de los sureños, pero su madre no descuidaba su instrucción en las tradiciones y las artes de los de su pueblo, y a menudo le contaba historias de Númenor, y de los Elfos, y de los Días Antiguos, y a Morlyg le encantaban. Porque Líliel viajó en su juventud a Númenor, y allí vivió un tiempo con sus tíos, los cuales habían llegado a Umbar con su padre, pero no se habían establecido allí. Durante esa no corta estancia en la tierra de sus padres, Líliel aprendió y vio todo lo que después transmitiría a su hijo.

Cuando tenía treinta años, Morlyg ya poseía tres barcos pesqueros propios y se había convertido en un gran capitán de barcos, lo cual hizo que muchos, tanto de entre los sureños como de entre los Númenóreanos, le tentaran con ocupar el puesto de comandante de las flotas mercaderes que partían del pueblo hacia lugares remotos de la Tierra Media. A menudo aceptaba misiones puntuales, sobretodo si el destino le resultaba atractivo, y así se convirtió en un gran erudito en materia de geografía entre los sureños, y aún entre sus parientes Númenóreanos. Tenía dotes de mando y era orgulloso, a veces un tanto arisco, pero también bondadoso y buen compañero. Solía vestir ropas negras y rojas, con un cinturón de cuero negro con rubíes engastados. Siempre se cubría la cabeza con un turbante negro los extremos del cual ondeaban al viento, para protegerse tanto del brillante sol que calienta las tierras en esas latitudes como del viento del desierto, cálido, seco y que suele arrastrar arena cuando viene de tierra firme. Sus armas eran una cimitarra y una daga élfica; siempre las llevaba colgadas del cinturón. La daga élfica era muy valiosa para él, pues la había recibido de su bisabuelo la primera vez que viajó a Númenor.

En las regiones donde habitaban los sureños, como ya se ha comentado, los mares eran inmensamente ricos en especies animales y vegetales, y el sector de la pesca era una ocupación rentable. Si bien Morlyg y sus pescadores podían pasarse días en alta mar buscando y persiguiendo los mejores bancos de peces, a su regreso tenían las bodegas de sus barcos llenas a rebosar, y podían permitirse el lujo de pasar largos días incluso semanas disfrutando de la vida. Esos parones los aprovechaba Morlyg para emprender largos viajes en busca de aventuras, navegando por las largas costas de la Tierra Media de Norte a Sur, incluso bordeando el cabo sur de la Tierra Media e internándose en el mar del Este hacia el norte. Cada vez más a menudo, se demoraba durante meses enteros y dejaba al cargo de sus tres barcos pesqueros a alguno de sus hombres de confianza. Pero no permanecía ocioso. Aprovechaba sus viajes para comerciar con otros pueblos, y ejercía de embajador entre los distintos pueblos sureños y las colonias númenóreanas, que empezaban a ser numerosas en las tierras continentales.

Cabe destacar que se había ganado la admiración de sus parientes sureños por su sabiduría y por el éxito de las misiones que emprendía, si bien la principal causa de esa admiración era el hecho de que aparentaba ser más joven que cualquier hombre menor de su misma edad. Por el contrario, los hombres del pueblo de su madre contemplaban apenados el efecto negativo que había causado en Morlyg la mezcla de sangres, pues había enfermado alguna vez, algo desconocido para ellos, aunque nunca de gravedad y el paso de los años se manifestaba en él más rápidamente de lo normal, según sus cuentas.

Pero fue en el año 1577 cuando se empezó a gestar la gran aventura de Morlyg. Se encontraba navegando de vuelta a su tierra por las aguas del Gran Mar, después de haber entregado un gran cargamento de pescado en la gran ciudad sureña de Agbar, muy al sur, donde su padre tenía algunos contactos. Una fuerte tormenta lo asaltó de pronto. El cielo se oscureció de manera sobrenatural, las nubes rugieron terroríficamente y las gigantescas olas zarandeaban su barco como si de una cáscara de nuez se tratara. Plegó las velas y se puso al timón, intentando dominar la embarcación. Y sintió un gran terror, pues una gigantesca ola apareció delante, coronada de blanca espuma, y le pareció entrever un yelmo oscuro de cresta espumosa y una resplandeciente cota de malla de colores plateados y verdes. El rugido de las olas transportaba una voz profunda, que hablaba una lengua que no podía entender, pero vagamente le recordaba a la lengua Adûnaic, la lengua de su madre, que él había aprendido. Tres palabras fueron las que Morlyg retuvo: Marlyächtaîc. Malkñý. Khíssuä. La gran ola menguó, aún así estuvo a punto de hacer volcar su barco, pero consiguió mantenerlo a flote, o eso creyó, porque otros creyeron después que esta hazaña sólo habría sido posible si los Ulmo, el Rey del Mar, así lo hubiese designado. Y Morlyg consiguió llegar a la costa, y hacer escala en un pueblo cercano, para poder reparar su barco.

Pero de vuelta a casa, la experiencia vivida lo consternaba, y recordaba con suma nitidez la gran figura que había visto aparecer en la gran oleada, y la voz que había escuchado aún resonaba informe en su mente, ininteligible, pero esas tres palabras destacaban nítidas en sus recuerdos. Investigó y preguntó y viajó, pero no consiguió más que negativas entre sus parientes y conocidos, y mofas entre los desconocidos. Pues, ¿con qué motivo iba a aparecérsele Ulmo en medio de una gran tormenta, salvar su nave y hablarle en una lengua desconocida por todos? Así, siete años después del suceso, decidió viajar a Númenor, con la esperanza de encontrar respuestas. Y efectivamente, allí, en Rómenna, habló con Gwyllion, un amigo de su abuelo materno. Gwyllion era comandante de una tropa de hombres que actuaban en las remotas tierras del lejano Este, que le habló de un pueblo de hombres emparentados remotamente con ellos, los Marllajtay, más conocidos en Númenor como los Carnatani.

Gwyllion le habló del monstruo Balcnîn, Malkñý en la lengua de los Carnatani, que los había atacado en el mar cuando emigraban de su primera morada, Hildórien, en los Días Antiguos, porque temían la proximidad de la antigua morada del Señor Oscuro Morgoth. Algunos de los supervivientes del ataque llegaron a las costas occidentales de las Tierras del Sol, donde se establecieron en las Ered Andië, y a esa región se la conoció posteriormente como Híssuë. Y Gwyllion le mostró los escritos de Nólo Rómendil, el gran viajero númenóreano que relevó y cartografió los confines orientales del mundo conocido años antes, y que había entablado la amistad entre los Marllajtay y los Númenóreanos.

Morlyg se demoró en Númenor unos meses más, pues deseaba conocer más sobre los Carnatani, y cada vez estaba más convencido de que realmente se le apareció Ulmo en aquella tormenta hacía siete años, y que tenía reservada alguna misión para él, como ya había sucedido antes con el gran Tuor, hijo de Huor. Y fue por eso que un buen día Gwyllion le propuso: “Existe una colonia factoría Númenóreana en Híssue. Parece ser que hay disputas con los Carnatani y en unos meses me enviarán allí a averiguar qué ocurre y ayudar en lo que pueda. Si te apetece, y tus ocupaciones en tu tierra lo permiten, puedes venir conmigo”. Evidentemente, Morlyg aceptó encantado la oferta.

Y así fue como en el invierno del año 1585 de la Segunda Edad del Sol, Morlyg partió con Gwyllion desde Rómenna hacia su gran aventura en las Tierras del Sol. A los pocos días de la partida, hicieron escala durante tres semanas en Umbar, donde recogió las pertenencias que necesitaba y se despidió de los suyos. De allí partieron luego hacia el sur, con viento en popa y el mar por lo general en calma, bordearon el cabo sur de las tierras de Hither y volvieron a encaminarse hacia el norte y hacia el este, en dirección a Híssue. Y lo que allí aconteció se encuentra en el Quenta Taltarillion, donde se relatan las hazañas de los pueblos de las Tierras del Sol, de Balcnîn y de los preciosos Taltarils, las gemas solares, donde Morlyg tuvo su parte en la historia.

---------

NÓTI: 3420

NIVEL: INICIADO

HABILIDADES DE HISTORIA:

- Dominio del Arma: Cimitarra.

- Herbología básica.

- Navegación.

- Purificación de Agua.

- Sanación.

Vida

100%