La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 4

Rómenor, la Tierra del Sol

Finalizada · 07-07-2007

Neviens

Raza: Humana (Forodwaith)

Otros nombres: De tenerlos, en Hissue no se saben.

Armas o poderes: Tiene fuertes conocimientos minero/metalúrgicos.
Porta una espada larga que maneja con soltura.
En su alma reside la semilla del mal.

Vida: 80%

Descripcion

De estatura media y una contitución débil. Su tez es pálida y sus largos y lacios cabellos son blancos. Sus ojos hundidos y de iris rojo dejan prevalecer una nariz aguilucha. Los pómulos marcados contribuyen a dar esa forma de triángulo a su cara finalizando en un estrecho mentón.

Nada haría pensar que tiene cara de elfo noldo.

Camina de modo altanero y despacio observando los mínimos detalles de su entorno. Frecuentemente niega con la cabeza y se lleva la mano a la frente mientras hace tareas rutinarias. Nadie sabe el porqué.

Habla de un modo sencillo y directo. No hay rastros de alta cuna en sus palabras. Sus ropas en la mejor de las ocasiones son sencillas y sin arrugas. No le molesta la ropa manchada o rasgada.

No sabe leer ni escribir y sin embargo le han visto escribiendo y respondiendo preguntas de unos escritos.

Su espada, de un solo filo, tosca y sin adornos tiene un mango ligeramente curvado con unas runas enanas.

Historia

Una sonora carcajada retumbó en el silencio.

- Por favor, no me hagas reir de esa manera. Tanto tú como yo sabes que eso no es posible.

Neviens sabía que las palabras de Mornael eran verdad, aunque no le gustaba reconocerlo en absoluto.

- ¿Vas a aparecer como si nada? ¿Acaso esperas que te reciban con los brazos abiertos? Sé un poco más audaz amigo. Necesitas un plan.

- Estoy harto de tus planes Mornael. ¡No quiero seguir formando parte de esto!

- Tranquilo chico. Ese tema lo hemos discutido mucho. ¿Recuerdas que sucederá si no sigues mis consejos? ¿Acaso tenían culpa aquellos pobres niños?

- No te atreverás a mencionar eso ... - respondió Neviens alterado.

- No. Es algo que ni yo quería que sucediese. Sólo quería ayudarte a recordar por qué estamos ahora aquí ... o mejor, por qué no estás ahora mismo en tu maravillosa casa.

Se hizo un silencio abrupto. Neviens se dirigía al sur desde las montañas que los enanos, con los que había estado los días anteriores, denominaban Andië en la lengua foránea de los elfos. El sol no apretaba más de lo normal pero la pálida piel de Neviens era muy susceptible de quemarse y por ello se protegía con una capa que le ocultaba del molesto sol. Sus ojos rojos, aunque no inutilizados, no le permitían ver demasiado bien en la distancia si la luz les incidía fuertemente.

Al tiempo que Neviens caminaba por la ladera de una montaña, sin perder de vista el horizonte iba recordando retazos de la historia que le había llevado hasta allí. Sabía que Mornael la recordaba a la par.

En las lejanas tierras del Forodwaith, que muchos habitantes del mundo ni siquiera han oído hablar, la vida era tremendamente dura. Un invierno aparentemente eterno y nieve por doquier dominaban un paisaje desolador donde pocos asentamientos humanos se establecían.

Neviens trabajaba en las minas. Ahora miraba sus brazos delgados, otrora poderosos con los que recogía minerales y metales para comerciar en los puestos de mercaderes y conseguir alimentos para su familia. Ser minero no era el mejor trabajo, pero desde luego no el peor. Trabajaba sin descanso pero en el relativamente caliente ambiente de la mina con la camaradería de sus acompañantes.

No eran frecuentes los encuentros con los enanos o "punduris" como los denominaban en el norte, pero tampoco eran desconocidos. Cuando años atrás los pueblos humanos se instalaron en aquellas tierras y comenzaron a hurgar en las montañas en busca de materias que vender habían tenido contacto pacífico con los punduris y estos les habían enseñado conceptos básicos de minería que habían transmitido de generación en generación para ganarse la vida.

La vida transcurría relativamente normal para una vida en la que cada tormenta significaba reconstrucción o cada nevada aislamiento, pero cambió. Fue un cambio paulatino. Comenzó con historias de los ancianos de cuando el río no estaba helado y continuó con historias de los jóvenes de los rebaños que morían cuando estaban aparentemente sanos.

Corrían rumores de que un brujo de las artes oscuras había decidido establecerse cerca. Gran parte del pueblo se trasladó a zonas más sureñas con esperanzas de mejores vidas, pero muchos otros como la familia de Neviens, que no sabían hacer muchas más cosas más allá de minar, se pensaron la decisión seriamente.

Debían permanecer cerca de las montañas rojas pero comenzar de nuevo otra mina suponía un esfuerzo muy grande para los puñados de familias que habían decidido continuar las tradiciones. Arriesgando su vida según unos, o no acobardándose por balandronadas según otros, continuaron sus vidas a la falda de la montaña que les había visto crecer durante centurias.

Las inclemencias del tiempo junto con una enorme tromba de granizo terminaron por destrozar los restos del pueblo que, sin fuerzas después de muchos años de resignación ante el ambiente hostil y ante la incapacidad de proveerse de tantos materiales para la reconstrucción de sus hogares sencillamente abandonaron.

Desvanecida toda ilusión, con los petates llenos y cargados de desánimo emprendieron su camino a lo desconocido. Entre ellos se reunieron y decidieron no dirigirse al sur, donde sus hermanos habían ido tiempo atrás, pues no podrían contener la amargura que supondría reconocer que se equivocaron.

Ahora Neviens se reía de ello, pero el frío, el viento, el clima extremo azota también los corazones de los débiles, curtiéndolo e insensibilizándolo.

Decidieron caminar al este, al otro lado de las montañas rojas, al otro lado de la vida que habían tenido.

(FIN PRIMERA PARTE)

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NÓTI: 625

NIVEL: APRENDIZ

HABILIDADES DE HISTORIA: Sigilo

Dominio de arma: Espada Larga.