“-Creo…creo que lo dejaremos aquí por el momento, pequeño.
-¿Qué…? ¡No!-gritó el niño desconsolado-sigue abuelo, por favor. ¡No puedes dejarme ahora así…!
Una sonora carcajada asomó desde mi garganta.
-Tranquilo, sólo quería ver la cara que ponías-seguí riendo.
El joven frunció el ceño, luego de un leve suspiro suavizó el rostro y sonrió. Parecía haber entendido que la única intención que había tenido con la interrupción de la lectura era ver qué interés tenía el niño en aquella historia.
-Está bien, continúo.
“Varios pares de pisadas se escucharon en el umbral de mi puerta. Luego un golpe seco, y silencio…la puerta se abrió despacio y entre las sombras se dibujó el perfil de mi oponente.
Yo estaba preparada, ambas dagas en las manos y dispuesta a morir allí mismo masacrada por la furiosa marabunta.
-¡Hisië!-era una voz familiar.
La silueta en la sombra se mostró ante la luz dejando ver a un elfo de gran altura. Vestía la típica armadura del ejército de Narwä, solo su plateada cabellera se dejaba ver bajo la coraza.
-Thâiron…-susurré.-Cómo…Estabas en el exterior y los aldeanos han atrancado las puertas, ¿cómo conseguiste entrar?
-Es un poco complicado, pero debes saber que cuando supimos de lo sucedido nuestros soldados corrieron prestos a los arietes para derribar las puertas. Yo escalé la muralla en el lado oeste, y me escabullí sin ser visto hasta aquí. No me fue difícil después de todo, pues una armadura más pasa desapercibida entre la muchedumbre enloquecida.
Piden tu cabeza, Hisië. Por eso me apresuré a buscarte.
-Rápido, démonos prisa.
Salimos de la habitación ocultos entre las sombras, el rastro de los ciudadanos era patente allá por donde íbamos, el saqueo del palacio ya había comenzado.
Por el camino, aún en el interior del edificio varios de ellos nos cortaron el paso.
-No deis ni un paso más, Señora-gritó uno de ellos.-aquí termina tu camino.
De un salto se abalanzó sobre mi pero pude esquivarlo dejando que cayera de bruces al suelo. El siguiente lo intentó con algo más de fortuna pues no dejó que me preparara tras el primer ataque. Con el garrote que llevaba consiguió propinarme un buen golpe en la cabeza dejándome semiinconsciente. Caí al suelo y de repente, todo fue oscuridad.
Thâiron clavó su espada en el oponente sin dejarlo reaccionar. El otro, ya levantado lo intentó una vez más pero la fortuna aquel día debió de abandonarlo pues en solo un instante la espada de Thâiron se incrustó en su costado.
El resto de los allí presentes siguieron su camino tras lo visto.
-¿Te encuentras bien, Hisië?-dijo tendiéndome la mano-¿puedes levantarte?
-No caerá la breva de que alguien me lo impida-contesté con una sonrisa en mis labios-aunque éste dolor de cabeza tardará en irse.
Thâiron era un aguerrido Arkên, ambos superamos el Narwänolme juntos, convirtiéndose desde entonces en uno de mis mejores amigos, y aliados. Su onnar era un reptil al igual que el mío. Serpiente de cascabel; era ágil y rápido, tan fiero como una cobra real durante la batalla.
Cuando conseguimos salir al exterior fuimos conscientes de los recientes acontecimientos. El ejército nurulante estaba consiguiendo abrir brecha, la cabeza del ariete con forma de serpiente asomaba por entre la madera astillada.
Varias docenas de ciudadanos intentaban en vano impedir el acceso con sacos y piedras pero la balanza ya se había decantado a nuestro favor.
Cientos de cuerpos yacían sanguinolentos sobre la plaza principal, la batalla se había trasladado a la entrada de la ciudad.
Poco a poco nuestros soldados fueron colándose en su interior, llevándose por delante a todo aquel que no portara una armadura, señal de que no era un camarada.
La rebelión, poco a poco, fue sofocada.
Una desgracia tanto para un bando como para el otro, uno por no estar bien preparado, el otro por no actuar con la premura suficiente…”
Cerré el libro despacio, sin castigar demasiado el raído cuero de la cubierta.
-¿Qué te ha parecido, muchacho?-pregunté a mi nieto.
-¡Es una historia muy emocionante abuelo…!!-dijo mientras de un salto se ponía en pie imitando a los elfos espadachines-pero, ¿quién era ese Thâiron?
-Algún día te lo contaré hijito…¿sabes que tienes sus mismos ojos despiertos?
-¿Los ojos de quién, abuelo? ¿De Thâiron?-gritó el niño emocionado.
-No,jaja…de mi abuelo, pequeño…de mi abuelo…-contesté guiñándole un ojo, mientras le arropaba…
[Editado por mithril_ el 16-06-2008 19:55]