Fin Guerra: Maianor se retira del Combate
Armadas perdidas por "Narwä Hilyatâri" = 33
Armadas perdidas por "Maianor" = 39
Victoria para Narwa, se produce saqueo

Fin Guerra: Maianor se retira del Combate
Armadas perdidas por "Narwä Hilyatâri" = 33
Armadas perdidas por "Maianor" = 39
Victoria para Narwa, se produce saqueo
23 Aqua Vath, oeste de Aldalaurë.
-Me estás poniendo nervioso, ¿podrías estarte quieto? -preguntó Erjândako, arrojando un haz de leña al fuego-. Además, no me parece que esa sea una forma apropiada de tratar a tu uniforme.
-¿Qué más da? -preguntó Myodul con fastidio, mientras hacía jirones su larga capa roja con la falcata. Aquella prenda era la que llevaría por encima de sus ropas de cuero negro, pero le parecía extremadamente llamativa-. Volveré a coserla luego.
-Haz lo que te de la gana -suspiró Erjândako-. Al menos estarás contento, ¿no? Hemos dejado el desierto atrás.
-Pues sí -admitió Myodul-. En cualquier parte de Aldalaurë me siento como en casa, pero... Aún así, las nuevas órdenes me sorprendieron. Apenas logramos conservar Thertan, ¿por qué nos mandan ahora en busca de una nueva ciudad totalmente desconocida.
-Eres corto de miras, evidentemente es cuestión de política -dijo Erjândako-. Creeme, si nos mandan a Nyarôsto no es para que te libres del mar de arena, sino porque conviene a Narwâ.
-La verdad es que no me interesa -cortó Myodul-. Me preocupa más la ciudad a la que nos dirigimos; ¿qué sabes de ella?
-El propio nombre debería decirte bastante. Nyarôsto es la ciudad del arte relaja y seduce la vista: la pintura... Algunos de los más grandes artistas conocidos son en realidad nativos de Nyarôsto. Pero sobre la ciudad en sí misma, ciertamente se sabe poco. ¿Has leído los informes?
-Hay datos exactos sobre su ubicación, incluso cosas sobre antiguas relaciones comerciales; pero nada sobre la disposición de los edificios, defensas, tipo de tropas... Nada de nada.
-Me pregunto qué significará -comentó Erjândako-. Tal vez los exploradores tengan algo interesante que contarnos. A propósito, ¿no deberían haber llegado ya? Es medianoche.
Tuvieron que esperar largo rato hasta que tuvieron alguna noticia. El primero de los exploradores se presentó a la cabeza de uno de los grupos. Era un joven llamado Talien Talushar, a quien habían rescatado de la masacre de Thertan. Tras recuperarse de sus heridas, el joven mostraba una vitalidad sorprendente para alguien de su raza. Pero traía extrañas nuevas en esta ocasión.
-No hay rastro de la ciudad a la que nos dirigimos. Estamos totalmente seguros de haber alcanzado el punto señalado en el mapa, pero allí sencillamente, no hay ciudad alguna.
-No puede ser -Erjândako se levantó-. Ciertamente, desde hace mucho tiempo ninguna información sobre Nyarôsto ha llegado a nuestros oídos. Pero incluso aunque la pobreza o la tragedia les hubiese alcanzado y se hubiesen visto obligados emigrar, deberían quedar al menos ruinas de su ciudad...
-O tal vez simplemente está bien escondida -cortó Myodul.
-No hay escondite capaz de ocultar toda una ciudad a los ojos de mis exploradores -replicó Erjândako ofendido-. No importa; mañana al amanecer nos dirigiremos hasta allí y crearemos un radio de búsqueda hasta que hallemos alguna pista. Probablemente todo esto se debe a un mero error cartográfico.
Nyarôsto, Sala de la Conjunción.
La Sala de la Conjunción es aquella donde se reúnen los líderes de Nyarôsto: los Nyarainthar, Tatuados. En una ciudad donde la pintura era la principal forma de vida, realizar dibujos imperecederos sobre el cuerpo se consideraba un honor casi sagrado.
Y aquella noche, los tres Nyarainthar estaban reunidos. Malkûrind era el principal, un Abarî fornido con un sol tatuado en el pecho. El mensajero se arrodilló primero ante él.
-Mi Señor, los exploradores enemigos han sido vistos cerca del muro de la ciudad. No han descubierto las paredes, por supuesto, pero es cuestión de tiempo que lo hagan.
-Habrá que fortificar la ciudad y colocar a todas nuestras fuerzas sobre las almenas -dijo Malkûrind.
-¿Sobre las almenas? No me parece buena idea -la que había hablado era Nalakyel, la estratega de guerra, quien llevaba una luna creciente tatuada bajo el cuello-. Los arqueros serían mucho más efectivos rodeando al enemigo. Para cuando descubran la ciudad, sus tropas estarán menguadas y serán inútiles.
-Lleváis razón -admitió Malkûrind-. ¿Estará listo el Ritual de la Pintura del Bosque para el amanecer?
-Lo estará -Malkûrind se había dirigido a Syeluze, dama de largos cabellos plateados, y quien era una mezcla de sacerdotisa y artista experta. Ella tenía una estrella de seis puntas tatuada en el abdomen-. Iniciaré las mezclas de la sustancias de inmediato.
-Bien, bien, mañana será un día muy especial -dijo Malkûrind-. La pintura roja que corre por las venas del enemigo inundará nuestra ciudad.
24 Aqua Vath, Afueras de Nyarôsto.
Myodul y Erjândako caminaban en la vanguardia del ejercito, aunque en actitud despreocupada. Tal como habían dicho los exploradores, no había ninguna ciudad en el lugar indicado, simplemente bosque en todas direcciones.
-¡Tres hurras por los cartógrafos! -dijo Myodul, imitando el tono de voz de un humano borracho.
-Cállate -dijo Erjândako-. En lugar de perder el tiempo podrías pensar en cómo organizar batidas por el bosque sin fragmentar demasiado el grueso de nuestra compañía.
-Es que esta situación es genial -dijo Myodul-. Me pregunto si alguna vez hubo un ejército incapaz de encontrar la ciudad que tenía que asaltar. ¿Quién sabe? Tal vez hemos inventado un nuevo tipo de derrota, o... ¡Cuidado!
Un silbido surcó el aire, directamente hacia la cabeza de Erjândako, pero el brazo izquierdo de Myodul se interpuso. Una flecha pintada de rojo y verde atravesaba su muñeca.
-¡Por los flancos! -advirtió Erjândako, y los soldados se dividieron en dos grupos para formar un círculo defensivo. Pero no lograban atisbar al enemigo: las flechas llovían copiosamente sobre ellos, y no tenían ningún objetivo al que devolver los ataques.
-¡Un grupo tan numeroso no puede haberse desplazado por el bosque sin llamar la atención de nuestros exploradores! -dijo Myodul. Otras dos flechas se habían clavado en su brazo izquierdo.
-Ya que paras las flechas con ese brazo, podrías conseguirte un escudo -comentó Erjândako.
-Es más divertido así -grito Myodul.
-¡Gairen! -Erjândako repentinamente se volvió. Myodul tenía las flechas atravesándole el brazo, y todas ellas estaban pintadas con colores diferentes. El joven elfo miraba fascinado como la sangre escapaba de sus venas y corría sobre su piel hasta las yemas de sus dedos-. ¿Puedes decirme en qué posición tenías el brazo al parar esas flechas?
-Pues así -Myodul levantó el brazo-. ¿Qué sucede?
-Creo que puedo calcular la trayectoria y... ¡Un momento! ¡Puedo ver al enemigo!
-¿¡Qué!?
-Han pintado sus cuerpos con los colores del bosque; fuerza tu vista y podrás ver una especie de ondulación entre los árboles. ¡Explicaselo a las tropas!
-¿A dónde vas? -preguntó Myodul confuso.
-Si ellos están pintados... Puede que eso explique por qué no encontramos la ciudad. ¡Tengo que asegurarme, toma el mando!
Erjândako corrió hacia uno de los flancos. Si osaba caminar directamente las flechas le abatirían... Zigzagueó entre los arboles cercanos evitando una fina lluvia de varillas de madera. Flaqueaba, pues la puñalada que había recibido en Thertan por la espalda no estaba curada del todo. Y la situación no mejoró cuando una flecha pasó cerca de su pierna derecha, rozando uno de los tendones. Pero estaba decidido...
Repentinamente, una figura se interpuso ante él y le atacó con una espada. Erjândako detuvo el ataque y observó a su oponente. Llevaba brazos y piernas pintados, pero el tronco mostraba su piel, blanca excepto en el cuello: llevaba una luna tatuada.
-He comprendido vuestro truco -sonrió Erjândako, y empujó a la enemiga con todas sus fuerzas. Aunque hábil, ella era ligera y salió volando hasta estrellarse contra... ¿Una pared?-. Habéis dibujado el bosque en el muro de vuestra ciudad, eso es lo que la hace invisible. Vuestras paredes, vuestros cuerpos, cualquier cosa parece serviros de lienzo; debo admitir que estoy impresionado. Pero he vivido muchos años en la naturaleza y ahora lo comprendo: por mucha destreza que adquiráis, no podréis engañar a mis ojos con un paisaje falso. ¡Veo con claridad la ciudad que se alza ante mí!
-Eres listo, pero de poco te servirá -gruñó la elfa-. Nuestra lluvia de flechas ya ha diezmado a tus tropas. ¡Recuerda mi nombre! Soy Nalakyel y te arrodillarás ante mí antes del final del día.
Con estas palabras, ella huyó corriendo junto al muro.
Nyarôsto, Entrada Principal.
-Ya entiendo -dijo Talien, palpando asombrado la pared del muro. El dibujo era tan realista que su mano parecía a punto de atravesarlo y tocar la corteza del árbol dibujado-. Es lógico que los exploradores no lo viesen.
-Atención -pidió Erjândako-. Tenemos que abrirnos paso hasta el centro de la ciudad, es prioritario para el plan que logremos al menos eso. Esta vez lucharemos en calles, no en bosque. Casi todos los enemigos parecen ser arqueros, si alcanzamos una posición de fuerza nada podrán hacer contra nosotros.
-¡Entendido! -dijeron las tropas, como una sola voz. Eligieron una formación que les permitiría desplazarse con velocidad y defenderse (aunque no atacar). Y de este modo, irrumpieron en la ciudad por la entrada principal.
La vista casi les hizo detenerse. La ciudad tenía forma de coliseo partido por la mitad, creando así calles en torno a un semicírculo definido por la plaza principal. Más allá, había un puerto con algunos barcos de escasa envergadura.
Las paredes estaban pintadas y representaban paisajes lejanos: montañas nevadas, bosques oscuros, llanuras donde pastaban caballos, océanos interminables... En todas ellas, la parte superior del dibujo se fundía con el cielo con realismo, por lo que tenían una sensación total de haberse perdido. Pero la calle principal era bastante recta, por lo que no podían perderse.
Los arqueros empezaron a aparecer en las calles laterales, pero era difícil que las flechas alcanzasen a los elfos a la carrera. Pese a todo, cayeron muchos. Y a medida que se acercaban a la plaza, la herida dolía más y mas a Erjândako; hasta que...
-¡Volvemos a encontrarnos! -tras la esquina de la calle anterior a la plaza se había ocultado un grupo de guerreros elfos con espadas. No eran demasiados, pero bastaban para obstaculizar su paso... Y los arqueros estaban a su espalda. La que había gritado era Nakakyel, quien se había lanzado sobre él y había burlado su defensa: acababa de abrir una herida bajo su costilla. El dolor fue suficiente para hacerle soltar la espada y caer de rodillas. Los soldados permanecieron inmóviles, con las armas aún en la mano. No se habían rendido, pero sabían que al mínimo movimiento un aguacero de flechas les reduciría a picadillo por la espalda.
Nalakyel apoyó su propia espada en el cuello de Erjândako, y después hizo una señal. Otras dos personas se acercaron, también con tatuajes.
-Malkûrind, este parece ser el líder enemigo -señaló Nalakyel.
-Entiendo -dijo el elfo tatuado-. Díme, ¿cómo te llamas?
-Me llamo Erjândako -respondió levantando la mirada-. Y él es Myodul.
-¿Quién es Myodul? -preguntó Malkûrind. Sonó un crujido y la hoja de una falcata apareció en su pecho, atravesando el sol tatuado.
-Él es Myodul -repitió Erjândako-. Un muchacho bastante molesto, en mi opinión.
-¿¡Cuando ha...!? -Nalakyel divisó al elfo tras el cadáver de su superior y levantó el brazo para atacarle... Pero la mano no estaba. Erjândako había aprovechado para recoger su espada y amputarla. Al ver el muñón sangrante, la elfa chilló y se dejó caer sobre el suelo de la plaza.
-Vuestros arqueros van a morir -señaló Myodul, dirigiéndose a Nalakyel. Era cierto, un nutrido grupo de lanceros había aparecido en la retaguardia, poniendo a salvo la fuerza capitaneada por Erjândako. La demás infantería corría por la ciudad, detectando y reduciendo sistemáticamente a los grupos ofensivos repartidos por Nyarôsto.
-¿Cómo? -gritó Nalakyel.
-La fuerza que ha venido por la calle principal hasta la plaza era un simple señuelo -explicó Erjândako-. El resto de mis fuerzas, lideradas por Myodul, habían aprovechado la confusión para infiltrarse sigilosamente por las calles laterales e ir eliminando a los arqueros. Aunque bonito, vuestro muro defensivo tiene muchos huecos. Pero yo sabía que eso no sería suficiente, así que designé a un tercer grupo para que esperase en la Entrada Principal y nos cubriese las espaldas. Muchos han muerto gloriosamente en la batalla de hoy, pero la victoria ya es nuestra. ¿Tengo vuestra rendición?
-La tenéis -asintió Nalakyel, golpeando el suelo con el brazo-. Queríamos evitar el combate... Ahora deponemos las armas.
Resumen de la batalla:
Narwa ha perdido 33 armadas x35= 1155 puntos.
Recuperables: 924 puntos.
Valoraciones: 7,5+8,4+7+9,8+7,8= 8,1
Recupera: 748 puntos. Por los daños sufridos por los dirigentes se recuperan 210 puntos. Total recuperación: 924 puntos.
Pierde: 231 puntos.
Por la participación en la batalla se obtienen 600 monedas.
Por el saqueo de la ciudad se obtienen 300 monedas.
Compañías actualizadas y listas.
Historia finalizada.
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