Fin Guerra: Maianor se retira del Combate
Armadas perdidas por "Nensir Airatâri" = 18
Armadas perdidas por "Maianor" = 32
Victoria para Nensir. Se produce el saqueo

Fin Guerra: Maianor se retira del Combate
Armadas perdidas por "Nensir Airatâri" = 18
Armadas perdidas por "Maianor" = 32
Victoria para Nensir. Se produce el saqueo
Se alza hoy tu vara, de fuerte roble y noble castaño.
Eleva los sentimientos y consagra el aire del bosque
Se alzan hoy sus espadas, fraguadas desde antaño.
Engrandecen tu nombre en el fragor de la batalla.
Y Malkû ilumina las aguas de tu purificada corriente
Y el incienso de miel y resina se prepara,
Y bombea la sabia verde de los aldar insistente
Mientras transitan los elfos los caminos del bosque
El ritual ya ha sido bendecido en Dâkosto
No se conocen congojas, no hay maldiciones,
tampoco hay miedo mientras hacia Tuille-Osto
cabalga la compañía del Ayanornê
Tal es la vida de los justos y bellos aldalântar,
Honrando con sus actos tu bendición y tu gloria.
Se alzan en armas contra los horribles kinnlântar
los elfos protegidos por el Sagrado Roble.
Aparece entre las frondosas y numerosas ramas
una hueste de esplendorosos y valientes elfos
Al tiempo que ondean las verdosas ramas
de este bosque que los vio nacer y crecer.
Y un canto dulce y alentador se eleva.
Cantan una canción de ánimo y de honor;
Y un coro de multitud de voces se exalta
en ruego e imploro de la vida eterna.
(Oda a Nensir por Tuyrozd. 1601 SE)
No hay descanso cuando la hueste formada por numerosos elfos cabalga bajo los altos y frondosos árboles del bosque. Sus armas y su ánimo están a punto, y sus tatuajes de guerra brillan incandescentemente en su piel. Son elfos aldalântar, hijos de los árboles del bosque, de las aguas dulces de las Nensir y de la tierra verde y limpia.
No llevan consigo grandes artificios ni objetos mágicos, sólo su valor y su entereza. Sus ropas son verdes y marrones, del color de la naturaleza; y también llevan sus brazaletes y glebas, sus tatuajes de guerra y escudos, lanzas, espadas y arcos. Nada más que eso y la bendición de Nensir, el purificador, el guía y el protector de un pueblo que durante milenios ha honrado la tierra creada por Eru Iluvatar, los frutos de Yavanna y las aguas de Nensir en una región tan alejada de Aman, donde el sol se eleva cada día.
Cruzan el bosque occidental del norte de Rómenor, sus pasos le llevan hasta el borde mismo de la línea de las grandes ciénagas pero no hay temor en sus corazones.
Los pies de los caballos se manchan de las cenizas y la negra superficie cuando las tierras de los elfos uonu-nyrr salen al encuentro de su camino. Ahora son los árboles marchitos los que se elevan por sobre sus cabezas, oscuros y tenebrosos. Y, mientras, los cantos de los elfos de Nensir recuerdan los majestuosos ejemplares de Galador, su querida tierra.
Allí aparece, a lo lejos, delante de ellos,Tuyrozd. La fortaleza maldita. La guarida de los señores oscuros. De los elfos que perdieron la bella esencia de los primeros nacidos. De los hechiceros que consagran sus actos a crear horrores de la naturaleza. La ciudad que tantos pesares les ha ocasionado en los últimos meses, aquella donde muchos hijos de Nensir han perdido la vida veces antes.
Ha llegado la hora.
La hueste de elfos aldalântar, la compañía del Ayanornê, está llegando a Tuyrozd, que les espera mientras negrea en la oscuridad, envuelta en sus vapores tóxicos y sus muros semiderruidos. Hace casi dos meses que los grandes señores Budurr recuperaron aquella fortaleza y expulsaron a los elfos de Nensir de sus tierras. Pero la ciudad languidece, envuelta en una niebla, atenta a sus experimentos, y presta en sus maquinaciones.
Un cuervo sobrevuela encima de los muros ennegrecidos por el fuego y parcialmente derruidos. Su graznido es un grito de desesperación, una oda a la desgracia y una súplica a los oscuros dioses.
Pequeñas motas púrpuras surcan su plumaje.
[Editado por aratir el 20-06-2008 02:36]
El silencio es sepulcral. Los elfos de Nensir han encendido las antorchan pues la noche es cerrada y no hay ninguna luz en Tuyrozd. Ninguna.
- Este lugar está maldito.- susurra Thûar mientras, con cuidado, intenta caminar sin tropezar ni caer en aquella ciudad parcialmente en ruinas. – Voron, ¿es normal esta niebla tan cerrada?
El elfo, de mirada gris, niega en un ademán de alerta.
-Emboscada.- la palabra suena tétrica y misteriosa mientras los ojos de Voron vagan por recuerdos olvidados.
-¿Emboscada? – si la densa niebla permitiese ver el rostro de Thûar, se podría decir que está asustado. – Sigo sin entender por qué estamos aquí, por qué no hemos desistido de hacer caer esta ciudad y por qué entramos a ella completamente a ciegas.
- Los uonu-nyrr colaboran con el gran enemigo de Rómenor, Linnan-bûrû.- dice de pronto una voz, segura y tajante.- Y Tuyrozd debe ser nuestra, cueste lo que cueste.
- Pero Artadâko…- Thuâr se detiene de pronto. Empieza a sentir un zumbido en el oído, que va poco a poco extendiéndose por su cuerpo, como un escalofrío. - ¡¿Qué ocurre?!
Pero nadie le responde. De pronto, es cómo si se sintiese sólo. Siente un golpe y un cosquilleo en la barriga. Le pica la piel mientras el cosquilleo de la barriga se va convirtiendo en un dolor casi inaguantable, insoportable. Y en su cabeza empiezan a retumbar voces.
…sus señores son unos brujos poderosos capaces de todas las maldades…
Siente como si le estuviesen abriendo la cabeza y perforando el estómago. Un vacío le corroe todo el cuerpo.
Son los hechiceros, siervos del cuervo y el monstruo del mar. Corruptos por los tóxicos y las inmundicias de las ciénagas. Otrora fueron elfos de luz y calmo carácter. Ahora son perversos y infectos. Ya no hay vuelta atrás para ellos y cada vez penetran más en la oscuridad del mal.
Ahora escucha gritos y un sonido que retintinea insistentemente. Y grita, grita tan desgarradoramente como su garganta se lo permite, hasta hacerse sangre en su misma garganta.
Llegaremos hasta ellos con un gran ejército. No hay que destruir las murallas, ya están destruidas y los señores oscuros en este tiempo no las han reconstruido. Presentaremos batalla en el mismo corazón de la fortaleza.
- ¡Se llevan a Thûar! ¡Esos asquerosos zrour se llevan a Thûar!
- ¡Seguid atacando! - grita Tathâral que arenga a sus soldados para que combatan a las hordas que les han recibido en Tuyrozd.- ¡Hoy somos nosotros! ¡De nosotros depende obtener en esta fortaleza la victoria y ofrecérsela como regalo a Nensir! ¡Hoy, aquél que ha visto con sus propios ojos al purificador, aquél que ha recibido la gracia del protector, os pide que luchéis sin descanso, sin temor y con valentía! ¡Está en juego nuestro valor y nuestra gloria! ¡Si el miedo nos vence, no podremos mirar jamás a los ojos de nuestros hermanos, no seremos dignos de regresar a nuestros hogares entre los árboles sagrados!
El pueblo de los árboles se lanza entonces a combatir con furia al ejército defensor que, dirigido por los señores uonu, está formado en su mayoría por orcos, trolls y, sobre todo, los repulsivos “daños de las ciénagas”, los zrour. Son el mayor horror que proviene de la fortaleza maldita. Hombres mutilados, envenados con potentes alucinógenos que les han anulado la mente y la capacidad de coordinarse. Son meras marionetas en manos del control de los uonu-nyrr.
Es inusual luchar por una fortaleza en el mismo corazón de ella, sin que haya murallas y puertas que echar abajo. Pero Tuyrozd es una ciudad medio en ruinas y sus amos se han valido de las malas artes para defenderla.
Dirigidos por el artadâko Tathâral Âryon, los aldalântar se van adentrando en la ciudad, haciéndose un hueco entre la muralla formada por orcos, trolls y los zrour. Cimitarras, espadas, lanzas, van sesgando enemigos en una danza macabra y tétrica aderezado todo por la espesa niebla y el ambiente opaco que ennegrece la batalla. Pero sus corazones no se sobrecogen con la escena, están preparados para asistir a aquella situación de pesadilla. Las palabras de su general les ha dado aliento para imponerse en aquel negro lugar.
Tathâral dirige altivo al ejército atacante. Mientras la carnicería se extiende por Tuyrozd, Tathâral continúa en la odisea de aquella campaña, que, a priori, estba maldita. Con Kalgorô propina golpes y tajos a uno y otro lado al tiempo que las cabezas de los zrour se separan de sus cuerpos y la sangre viscosa sale de sus cuellos sesgados. Entre tanto, las extremidades bailan en el aire antes de caer al suelo. Es un espectáculo dantesco, no apto para muchos estómagos.
A pesar de la niebla, los elfos aldalântar danzan con una estela de muerte abriéndose paso entre el ejército defensivo, no dando tregua y mediante una fuerza sobrenatural que crece de sus propios onnar, los árboles sagrados. Ahora son ellos los que imponen miedo. Los orcos que siguen con vida huyen del lugar y el reguero formado por cuerpos mutilados se extiende por Tuyrozd.
De pronto, unos graznidos ensordecen el cielo sobre ellos.
-¡Los cuervos!
Una gran bandada de cuervos sobrevuela la fortaleza de Tuyrozd amenazando con llegar hasta la hueste atacante. Algunos aldalântar son víctima del ataque de los primeros cuervos.
Entonces, Tathâral hace una gran llamada mientras su grito se extiende como un eco entre la niebla.
- ¡¡¡ARQUEROS!!!
Y, desde encima de las torres que permanecen en pide de Tuyrozd, una lluvia de flechas parte disparada hacia los cuervos que ya se echan sobre los aldalântar. Las flechas son blancas, son flechas de Laiquimiril. Y los cuervos caen víctima de ellas. Mientras su grito de desesperación estalla por los alrededores, pequeñas motas púrpuras surcan su plumaje.
[Editado por aratir el 20-06-2008 02:26]
Tuyrozd. Baluarte de una guerra que ya se ha prolongado desde hace meses. Muchos yóri ha que dejó de ser una bella prueba del esplendor élfico. Tuille-osto, la ciudad primaveral, así fue llamada en su fundación. Pero nada queda ahora de lo que alguna vez. Después de aquella batalla, la cuarta entre los elfos de Nensir y los elfos oscuros servidores del Cuervo, no es más que un montón de muros, torres y palacetes semiderruidos.
La niebla se disipa y la batalla va llegando a su ocaso. Los grandes señores de Tuyrozd ven, desde lo alto de la Torre de T’orr, como los aldalântar van haciéndose con el control del emplazamiento. La rabia les corroe mientras contemplan la evolución desfavorable del ataque. Ven como el miedo que imponen en los demás no ha sido suficiente para contener a aquellos elfos que, en nombre del tan odiado Nensir, han tomado por segunda vez la fortaleza oscura. Ni la niebla ni las hordas defensivas han podido contener la marea de aquellos elfos. Los tres budurr caminan por el aljibe de la torre mientras sienten que su poder se va diluyendo poco a poco.
Un grito se escucha de repente desde abajo.
-¡Es la hora de vuestra rendición! Tuyrozd vuelve a estar bajo control aldalânta.
Tathâral mira fijamente hacia lo más alto de la torre. La luz del amanecer le permite vislumbrar tres figuras, tres elfos ataviados de capas oscuras con símbolos extraños. Recuerda entonces la última vez que batalló en aquella torre, cuando dio muerte al antiguo Budu Tuyr. Mientras espera respuesta, sonríe triunfalmente, la victoria es suya, ha conseguido la revancha contra aquellos hechiceros. Y, ahora, sus señores no tienen escapatoria, están rodeados de hábiles arqueros.
Al lado de Tath, Vorondhîsie mantiene una lucha interna consigo mismo. El peso de los casi doscientos años encerrado en los calabozos de Tuyrozd, al servicio de aquellos señores que ahora se hallan acorralados aún le oprime el corazón.
-Nuevamente venís a enturbiar la plácida vida de vuestros humildes hermanos. ¿Hasta cuándo va a durar esta guerra innecesaria entre nuestros pueblos, aldalânta? – la voz suena melodiosa, en un susurro que apenas se deja mecer por el viento matutino.
-Hasta que haya paz en el Aldalaurë y eso sólo será cuando vuestras perversas extorsiones hayan dejado de existir.- responde Tath, mirando fijamente hacia arriba.
Los tres elfos uonu se rieron.
-Lo notamos en tu voz, Hijo del Saúce. – sisea el interlocutor del que apenas podían ver su rostro.- Has sido embaucado por las palabras del anciano. Hablas de paz y, en cambio, traes la guerra hasta nuestro reino. En nombre de un viejo que sólo sabe corromper los corazones, embaucar con sus versos sabios y controlar a su manera a aquellos pueblos que, a ciegas, le rinden pleitesía. No descansará hasta que gobierne completamente Rómenor. No os dejéis engañar, aldalântar.
-¡Basta ya! No sois quiénes para juzgar nuestros actos. Y no tenéis medio alguno, pues estáis a nuestra merced.- sentencia Tath, visiblemente molesto por el salmo de aquel elfo.
De pronto y, sin previo aviso, los uonu-nyrr extienden sus brazos en cruz al tiempo que una tormenta de piedras ardientes surgen del suelo del aljibe, disparadas como flechas. Tathâral y Voron, que están situados en primera línea, sufren el impacto en su cuerpo de varias de aquellas piedras abrasadoras.
¡¡Alejaos!!
Gritan mientras intentan refugiarse al tiempo que la Torre de T’orr empieza a arder.
Cuando Tathâral consigue alejarse lo suficiente y vuelve a mirar, la torre está envuelta en llamas pero no consigue ver entre las llamas las figuras de los tres budurr. A pesar de las quemaduras producidas por el impacto de las piedras ardientes, Tath no puede desviar la mirada de aquella torre, uno de los pocos edificios de la fortaleza que aún permanece en pie.
-Vaya, han preferido quemarse a sí mismos antes que entregarse a nosotros.- dijo una voz a su lado.- Pero al menos hemos conseguido la revancha.
Tathâral sale de su ensimismamiento y desvía su mirada hacia Voron, el cual también posee considerables quemaduras. Durante un momento Tath mantiene la mirada con su compañero mientras asiente. Sabe cuán de importante es aquella victoria para Voron. Para él mismo también es importante pero por otros motivos bien distintos. Ahora que Tuyroz ha vuelto a caer, recuerda las palabras del mismo Nensir en las ruinas de Nilme Istyalvao semanas antes. Y se pregunta si en Tuyrozd habrá alguna de esas piedras…
[Editado por aratir el 20-06-2008 22:24]
Resumen de la batalla.
Nensir ha perdido 18 armadas x35= 630 puntos.
Recuperables: 504 puntos.
Valoraciones: 8+8,6+9+8,2+8,2= 8,4
Recupera: 423 puntos. Los dirigentes han sufrido daños en la batalla, por lo que recuperan 140 puntos. Total recuperación: 504 puntos.
Pierde: 126 puntos.
Por la participación en la batalla, se entregan 600 monedas.
Por el saqueo de la ciudad, se obtienen 500 monedas.
Compañías actualizadas y listas.
Historia finalizada.
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