La Guerra de los Clanes

Batalla 43. Revuelta En Vanwielie.

Terminada
Escrito el 21-06-2008 19:40 #1

Fin Guerra: Maianor deja de Atacar

Armadas perdidas por "Maianor" = 20

Armadas perdidas por "Narwä Hilyatâri" = 30

Victoria para Maianor. Narwa mantiene el control de la ciudad

Escrito el 23-06-2008 13:24 #2

El buque ya había salido a alta mar, abandonado las aguas turbulentas de Távirindo. Estaba navegando a toda vela hacia el Sur, hendiendo las olas saladas del Gran Mar Oriental.

Sobre cubierta se afanaban los marineros, obedeciendo las secas órdenes de su capitán; y descansaban los soldados que acompañaban a Angárato: la mayoría se había desarmado, vestidos únicamente con sus pantalones de lino y su suave camisa escarlata, y reposaban acodados en cubierta o entreteniéndose con algún juego de inteligencia o azar.

No eran muchos los que acompañaban al arken hacia Vawielie, sólo una pequeña escolta de 10 rokkêrni* (los caballos golpeaban el suelo de la panza del parco, donde habían sido colocados con pericia y con dificultad, ya que el barco no era, en realidad, lo suficientemente grande para ese tipo de trasporte).

Angárato también se había despojado de su coraza y de sus grebas y, ahora, sin distintivos de rango visibles, parecía un jinete cualquiera. Junto a él estaba una joven que vestía una túnica de Philinar*. Ambos miraban, en silencio, hacia la costa.

Todos estaban cansados del largo viaje marino, eran gentes de tierra, para las que el mar sólo significaba peligro o aburrimiento. Sólo Dâira, aun recordar su muy reciente naufragio, disfrutaba realmente de la travesía, de la brisa salada alborotando su pelo, del balanceo rítmico y del olor acre de la brea.

Las horas, los días de tedio, habían propiciado que nieta y abuelo hablaran cordialmente, sin rangos que se interpusieran entre ellos, quizá, incluso, habían hablado demasiado (eso intuía Angárato, que temía haberse desprendido con demasiada facilidad de su máscara de general inflexible). No es que se hubiera dejado llevar por sentimentalismos ridículos ni que se hubiera rendido al tierno cariño de una nieta hacia su abuelo: tanto ella como él guardaban una prudente distancia, no eran humanos simplones, eran noldor, eran guerreros nurulantar. Pero esa muchacha, una vulgar peredhil, había despertado en él viejos recuerdos: el amor sincero hacia su hija Karaniel, y los dulces recuerdos de Vandiel, su compañera y su amante. Vandiel había muerto hacía siglos cuando el amor ya se había enfriado, y Karaniel lo odiaba. Sólo le quedaba esa peredhil… esa joven e inteligente elfa, su nieta. ¿Le gustaba por sus propios méritos, porque era su nieta o simplemente porque era un reflejo de un mundo perdido? No, no tenía que pensar tanto, él era Angárato.

Cuando el puerto de Vanwielie se divisó por fin, abriéndose camino en el espeso bosque de oscuras coníferas que les había estado vigilando el último día de navegación, ya todos iban armados de pies a cabeza, cubiertos de brillante acero.

Angárato pudo apreciar la grandeza y el esplendor que tanto le había alabado Dâira. Sí, era una ciudad magnífica, una ciudad que sólo podía haber sido levantada por un gran pueblo.

Vanwielie ya no era lo que debió ser, pero entre las ruinas de la batalla y la piedra quemada de los incendios, aun había grandeza y hermosura. Sus gentes era nobles y elevadas. Pero todo eso no cegaba a Angárato, que había visto más grandeza de la que jamás pudiera poseer ningún lugar de ese perdido continente.

Una vez desembarcados galoparon hacia el campamento, atravesando arrogantes la ciudad conquistada.

Herkeblam los esperaba erguido y sereno, apoyado sobre su arco descordado, vestido con ropas de combate.

Desde la última revuelta las tropas del clan estaban en franco peligro. El número de efectivos era insuficiente para controlar una ciudad como esa y los ánimos no se habían serenado. La gran matanza no había amilanado a los ciudadanos, que no paraban de intrigar.

Angárato explicó a Herkeblam lo sucedido en Laiquamiril y todo lo que sabían sobre los extraños yárai.

Luego, con paso largos, abandonó la gran tienda de campaña de Herkeblam y, a la espera de que se le habilitara una residencia, se asomó al borde de la explanada donde se levantaba el campamento de los conquistadores, contemplando y estudiando a distancia la ciudad de los yárai.

*Rokkêrni: jinetes y domadores de caballos. Philinar: arqueros.

[Editado por elfo_negro el 23-06-2008 13:33]

Escrito el 23-06-2008 22:48 #3

El Arken salió de la tienda, echando atrás con decisión la lona que la cubría, mientras observaba el campamento y lo que pasaba alrededor. En ese momento quedaron solos la peredhil y el abarî.

-¿Cómo te ha ido el viaje de regreso?-. Se atrevió a preguntar Herkeblam.

-Me ha sentado bien la brisa del mar, para tranquilizarme- Dijo apática la elfa.

-¿Nada más?-.

-Me ha venido bien hablar con Angárato, creo que se esta sincerando conmigo-.

-Parece que cuando se quita la armadura, también se quita la mascara de dirigente serio y estricto-.

-Y bueno… ¿Como llevas tu ascenso a Téra? ¿Te queda bien el uniforme?-. Preguntó el joven elfo con tono burlón.

-Mira por ti mismo- Contestó soltando una carcajada para después encogerse de hombros.

-¿Te encuentras bien pequeña?-.

– Supongo que sí. Se me hace extraño estar de nuevo aquí… ¿Recuerdas lo que te mencioné la última vez sobre los yárai?-

-Lo recuerdo – respondió Herkeblam asintiendo.

- Cuando fui a llevar el mensaje a Angárato, los yárai nos sirvieron de guía hasta la ciudad de Nilme. Se ofrecieron a ello Herke sin pedir nada a cambio. Y el líder de nuestro grupo era el mismo contra el que combatimos hace unas semanas.

-Será mejor que vayamos a dar una vuelta por la ciudad, está cambiada desde la última vez, los habitantes están intentando reconstruirla tal y como estaba- Inquirió Herkeblam tras una pausa.

Como Angárato, se asomaron a la explanada, viendo como el campamento núru iba creciendo más allá de los límites de la ciudad. Bajando hacia la ciudad, oyeron una voz lejana e imponente.

-Herkeblam, Dâira, venid-.

Ambos se dieron la vuelta y vieron una figura haciéndoles señas a lo lejos.

-¿Es el Arken?-. Pregunto el abarî.

-Venid aquí-. Volvió a exclamar la figura, reconociéndolo por la voz.

- ¿Qué ocurre, Señor?-

-Herkeblam, ¿en mi ausencia has notado algo raro en el comportamiento de los yárai?

-No, no me han dado ocasiones para fijarme, solo se han dedicado a sus tareas cotidianas pero…si me miraban con recelo cuando pasaba por su lado-.

-Espías dentro de los círculos de amistades de los altos mandos de la ciudad me han informado que están algo alterados. No me sorprendería nada que pronto tengamos que afrontar una revuelta-. Informó el Arken.

-Nosotros íbamos a dar un paseo por la ciudad, si vemos algo raro te lo haremos saber-. Comunico Dâira.

-Muy bien, yo iré a preparar a los soldados, somos pocos pero organizados-. Se despidió Angárato.

-¿Continuamos?-. Preguntó el joven elfo, alejándose de las pisadas del Arken

Escrito el 24-06-2008 23:01 #4

- Deberías coger el uniforme y las armas Herke, ya has oído a Angárato -. Le previno Dâira ataviada ya con la armadura bien encajada de su nuevo uniforme. A sus espaldas colgaban dos espadas cortas que tintineaban ante el traqueteo de la marcha por la ciudad.

- Si, pero es que hace demasiado calor - Vaciló el elfo vestido con simples ropajes, mientras señalaba una casa que estaban pintando de tonos verdosos.

- Como quieras, pero luego no me pidas ayuda - Sentenció la peredhil. – Es bonita aquella casa, pero tendrías que haber visto las de Nilme Istyalvao.

- Tranquila, se cuidarme solo - dijo confiado el elfo –Eso sí, prefiero ver cosas más bonitas que casas - Terminó guiñándole el ojo.

Dâria se paró en seco mirándolo arqueando una ceja, y acto seguido aceleró intentando dejar atrás a Herkeblam y al comentario.

-¡Espérame!-. Rió él

Siguieron callejeando por las calles, todavía sucias de los regueros de sangre que corrieron en la última batalla, en la que tantas cuantiosas pérdidas se contaron.

- ¿Qué es aquello que están levantando allí?-. Preguntó curiosa Dâira mirando al frente, haciendo un gesto levantando la barbilla para señalar, al final de la calle, lo que parecía un muro de maderas roídas y grandes barriles.

- Parece que están apilando los escombros-. Contestó el otro, siguiendo caminando hasta toparse con el muro de tablones y barriles.

-¡Vosotros!- Gritó desde arriba un hombre no muy entrado en años, vestido con pantalones de cuero y camisa de lino, con los últimos botones de ésta desabrochados debido a su imponente barriga. –Será mejor que os apartéis- Continuó.

-¿Por qué?-. Se extrañó el abarî.

-Por esto-. Al instante varios barriles salieron volando desde la cima del muro con la intención de sepultar a los dos elfos. Ante la sorpresa apenas pudieron esquivarlos sin sufrir grandes daños, apenas un par de cortes en el brazo de Dâira.

-Ves como deberías de haber cogido las armas-. Le reprochó la joven elfa.

-Vale, vale, con decirlo una vez vale…- Contestó mirando a todos lados-.Ya las he visto-. Corrió hacia un portal con las puertas abiertas, dejando ver un gran mazo y diversos yunques con trozos de metal, de lo parecía una pequeña herrería.

- ¿Qué decías de las armas?-. Le sonrió.

- Calla y cúbreme, voy a pedir ayuda, parece que la revuelta ha empezado-. Tras decir esto, la elfa salió corriendo como poseída por los espíritus.

Una docena de hombres armados con picos y alguna que otra espada mellada se abalanzaron contra Herkeblam, el cual se mantenía de pie balanceando el gran martillo. Cuando los tenía lo bastante cerca, cargó el martillo hacia atrás descargándolo contra el pecho del primer hombre, oyendo como las costillas se rompían en su interior, con la misma inercia del primer golpe cargó contra el segundo impactando éste en la cadera, haciendo volar al enemigo. Otra vez, un nuevo golpe se estrelló contra la cabeza del tercero haciéndola retroceder, salpicando sangre por todos lados, ante el momento de debilidad cuando el mazo estaba abajo, en el suelo, un hombre por el flanco izquierdo, perforó el brazo del elfo, mientras otro, le asestaba el pico en el muslo haciéndolo caer de bruces al suelo. A la batalla se iban incorporando hombres de pequeñas callejuelas a los laterales del muro de madera.

-¡Aguanta Herkeblam!-. Se oía desde atrás a Dâira acompañada de Angárato y una veintena de hombres.

-Parece que esta no es solo la única barricada que hay por la ciudad. Han conseguido dividirnos y debilitarnos más de lo que pensaba-. Dijo el Arken con tono enfadado.

-¡Resiste Herkeblam!-. Gritó Angárato todavía lejos del cuerpo caído del Túrer, observando como una espada estaba apunto de clavarse en la yugular del abarî. Ante tal impotencia, el dirigente de la compañía del Águila sacó desde su interior una energía superior a sus fuerzas, materializándola en un muro de fuego salido como por arte de magia de sus manos, salvando a Herkeblam de una muerte segura. Ante tal acción Angárato se desplomó inmediatamente en el suelo, sus energías se habían agotado sin poder mover ni un músculo.

-Rápido, vosotros, coged al Arken y llevadlo inmediatamente a un sanador. Y vosotros, ayudadme a llevar también a Herkeblam-. Ordenó la peredhil.

-¿Quién te manda a ti coger un martillo?- Suspiró Dâira.

(…)

Herkeblam sin abrir los ojos comenzó a hablar. -¿Qué tal esta Angárato? ¿Hemos perdido la ciudad?-.

La elfa con un vendaje en el brazo intentó tranquilizar al elfo, pero su tono entrecortado la delataba. – Angárato está grave, muy grave… - contestó la medio elfa en estado ausente. – Lo que ha hecho por salvarnos le podía haber costado la vida. Necesitará mucho descanso y de los mejores cuidados. Ojala estuviéramos en Osto Othalosse. En cuanto a la ciudad, la seguimos teniendo bajo control. Los diversos grupos rebeldes han sido sofocados, pero de nuevo hemos perdido demasiados efectivos. – Informó triste.

Escrito el 27-06-2008 17:11 #5

Resumen de la batalla.

Narwa ha perdido 30 armadas x35= 1050 puntos.

Recuperables: 525 puntos al hacer uso de un poder especial.

Valoraciones: 7,6+6,6+6,6+7+6,8= 6,92

Recupera: 363 puntos. Los daños sufridos por los dirigentes permiten la recuperación de 140 puntos. Total recuperación: 503 puntos.

Pierde: 547 puntos.

Por la batalla, Narwa recibe 600 monedas.

Compañías actualizadas y listas.

Historia finalizada.