La Guerra de los Clanes

Nirent

Escribiéndose...
Escrito el 22-06-2008 23:02 #1

La ciudad de Nirent fue fundada unos años después del término de la guerra civil entre nurulântar y aldalântar. Sus habitantes son una mezcolanza de antiguos nurulântar que abandonaron Dakôndor con la esperanza de vivir mejor. La mayoría de ellos eran makar que detestaban la guerra y buscaban un poco de paz. Poco a poco, gentes de otros lugares, en especial enanos, fueron llegando mezclándose con los habitantes y creando una pequeña pero próspera ciudad. Sin embargo, es una urbe dedicada a la agricultura y al comercio y por lo tanto no habituada a combatir. Esta es nuestra ventaja principal.

Sus muros habían sido bajos y muchos de sus edificios de madera antes de la conquista nurulantë, pues el espiritu pacífico y próspero de sus habitantes no había requerido más. Ahora, la guarnición nurulantë había alzado un poderoso muro y reconstruido muchos edificos con piedra, pese a las periodicas revueltas de la ciudad, cada vez más el poder de los nuru se afianzaba.

Seguía siendo una ciudad hermosa y prospera por su producción agrícola y su activo comercio, los nurulantar habían alzado un edificio que se destacaba sobre el resto, siendo la residencia del gobernador y sede del archivo.

[Editado por daedel el 22-06-2008 23:03]

Escrito el 23-06-2008 00:15 #2

Dado el pasado makar de muchos de los habitantes de Nirent, ahora se los había encuadrado de nuevo en esa casta y aquello había provocado gran hostilidad en algunos sectores, Serkendil lo había aprovechado desde su vuelta para infiltrar a algunos de sus agentes, ganando partidarios para su causa, aunque aún eran pocos, su influència era creciente, sobretodo en los grupos artesanos ya que veían en el sueño de Serkendil el inicio del poder del pueblo sobre el poder de la heréncia de sangre.

Tras la última revuelta muchos nurulantar estaban heridos pero esos agentes de Serkendil y sus partidarios dentro de la ciudad, viéndo que el propio Serkendil estaba ahí consiguieron calmar los ánimos de aquellos que habían visto cerca la ansiada independéncia.

Debido a las heridas de algunos de los líderes nuru, Serkendil había tomado el mando de la ciudad provisionalmente, por ser el único totalmente indemne tras la batalla y una de sus primeras acciones había sido ordenar ejecutar a los cabecillas principales, sobre todo aquellos que dificultaban la acción de sus agentes, e indultar a los de menor rango, lo que hizo que entre los Nirentianos, que tras las otras revueltas habían padecido rudas persecuciones y represiones, vieran con ojos distintos a Serkendil, pues se mostraba magnánimo y justiciero por igual, aquello pudo evitar quizás alguna nueva revuelta en un momento de debilidad nuru.

Tras dos días de descanso, por la noche, en las afueras de la ciudad, Serkendil se hallaba de pié ante un elfo, leal a su causa, que actuaría como mensajero reuniendo a los principales seguidores de Serkendil, una misión secreta y de vital importancia dependía del buen hacer de aquél mensajero... pronto Engrel empezaría a pagar por sus crimenes.

Una vez hubo partido el mensajero, Serkendil se encaminó de nuevo hacia la casa dónde se hospedaba, pues por aparente respeto al gobernador, herido durante la batalla, había preferido hospedarse en una casa de la plaza del mercado, allí, en su habitación, contigua a la de Elesinyë, había esparcidos algunos mapas de Osto Ohtalosse así como con varios documentos que habá reunido sobre las propiedades y las costumbres de Engrel, allí planeaba su venganza.

Escrito el 23-06-2008 00:55 #3

Los informes que le llegaban cada vez le gustaban menos. La revuelta había sido sofocada, y afortunadamente el coste no había sido muy alto. Pero no estaba acostumbrada a ceder el mando. Elindur había sido su mano derecha durante aquellos días. Su mano derecha, y sus ojos, y sus oídos. El Arkên trabajaba mano a mano con Serkendil, a quien consideraba su superior. Pero eso no significaba que no diera cuenta a Elesinyê de todo cuanto sucedía en la ciudad.

La herida remitía, y aunque todavía se veía obligada a llevar el brazo derecho completamente vendado, al menos ya podía moverlo con cierta habilidad. La inactividad en todo caso había pasado factura, y Elesinyê se obligaba a realizar entrenamientos cada mañana, lo que además servía de vía de escape para desahogar su frustración, y en algunas ocasiones, su ira.

Uno de sus shais atravesó la habitación a gran velocidad, clavándose en la pared. La misma pared que separaba su habitación de la de Serkendil.

Durante el viaje desde Nilme apenas habían tenido ocasión de hablar. Después, la batalla y sus heridas también se habían interpuesto. Quizás había confiado demasiado en él, dejándole el mando de la ciudad mientras Tyarn y ella se recuperaban. Sin duda debía haber superado todo lo acontecido, porque él había vuelto a sus maquinaciones rápidamente. Y ahora, en contra de lo que dictaba la razón y la justicia, en contra de lo que la sangre derramada de sus hermanos gritaba, había indultado a Zamar.

El otro shai siguió el camino del primero, clavándose a escasos centímetros del otro. ¡Maldición! Zamar era la mismísima personificación de la revuelta. Su cuello debería estar en esos momentos colgando de una de las torres del Palacio de Gobierno, en lugar de escondido en alguna cueva cercana, maquinando nuevas acciones.

El sonido de una silla arrastrada llegó desde la habitación de Serkendil, y ella no pudo contenerse más. Arrancó los shais de la pared y los arrojó sobre la cama, y sin pensarlo siquiera salió de la habitación.

Irrumpió en la habitación de Serkendil como una tormenta. Abrió la puerta sin llamar, y él alzó la mirada de los papeles que leía en ese momento, de pie ante la mesa llena de mapas e informes.

- Aret Elesinyê. Siéntete como en casa - respondió, mientras volvía a centrar su atención en los papeles que sostenía.

- Maldito makar - gritó ella cerrando la puerta tras ella con estruendo - ¿Quién te has creído que eres? ¿Quién?

- No sé de que me estás hablando - respondió él sin mirarla siquiera - Cuenta hasta diez y vuelve a empezar...

- No me vengas con tus ironías, Serkendil. Sabes perfectamente de qué estoy hablando. Elindur te dijo claramente que Zamar debía ser ejecutado como los demás, y tú lo has indultado desoyendo nuestra opinión.

Por fin él la miró, pero había cierta ausencia en sus ojos.

- No sabía que estabáis tan unidos, Elesinyê. Ni que su opinión contaba igual que tú opinión.

Ella no acusó el golpe.

- ¡Claro que lo sabías! - gritó acercándose hasta la mesa, y arrebatandole las hojas de las manos - Con todas tus maquinaciones, espías... ¡cómo no ibas a saberlo! No has confiado en Elindur de la misma forma que no has confíado en mí. Y no dudo de que éste indulto sirva a tus absurdas maquinaciones, ¡pero a partir de ahora tendrás que consultar las decisiones!

Él se encongió de hombros, y se sentó, mirándola fijamente.

- No esperaba menos de tí, Elesinyê. - por un momento pareció que iba a asomar una sonrisa irónica a su rostro, pero permaneció serio. Esperando que se marchara.

Ella dudó un momento, y después se giró y caminó hacia la puerta. Pero se detuvo a mitad de camino, volviéndose para mirarlo.

- No hemos tenido tiempo de hablar desde que partimos... - dijo entonces.

- ¿Acaso no acabamos de hacerlo? - preguntó él irónicamente.

- Siempre poniendo las cosas tan difíciles - respondió ella - No. No lo hemos hecho. Pero me refería a lo que ocurrió en Nilme...

- No hay nada de que hablar - atajó él - Es algo que solo me concierne a mí. No tiene nada que ver contigo.

- No tiene nada que ver conmigo, en efecto. Sólo quería saber si estabas bien. Simplemente. Por que entiendo que has tenido tus motivos, pero eso no significa que lo que ha pasado no sea doloroso. Al menos para mí lo sería - se volvió para marcharse - Ha sido una estupidez pensar que acaso tú podrías sentir lo mismo. Ni siquiera sentir algo.

Escrito el 23-06-2008 17:15 #4

Una risa de notoria amargura resonó en la habitación, Elesinyë se volvió de nuevo hacia Serkendil, cuyos ojos tenían un brillo extraño.

- ¿Sufrimiento? ¿Qué sabes tu de sufrimiento, Tawar?- la ira de Serkendil deformaba algo su voz- Tú y los tuyos vivís en vuestras hermosas torres de marfil ajenos al verdadero sufrimiento, tú no sabes lo que es sudar bajo el sol durante semanas para arar tu campo ni lo que significa que la mayor parte del fruto de tu arduo trabajo se vaya a parar a las manos de aquellos que con la excusa de protegerte te roban y abusan de su poder por el mero hecho de que usan su espada mientras tu usas la azada, tampoco comprendes el dolor que inunda el alma del campesino cuando ve su campo arrasado, pasto de las llamas, porque a cuatro nobles les a dado por jugar a hacerse los héroes. Para ti, en tu simpleza, vencer una revuelta es arrasar con todo lo que encuentres cuando lo único que consigues con ello es aumentar la amargura y el odio del pueblo hacia ti. Si hubiera dado muerte a Zamar le habría convertido en mártir, un ejemplo a seguir para el resto de nirentianos; al perdonarle la vida, más aún sabiendo que lo debe única y exclusivamente a mi intercesión, he debilitado a Zamar entre los suyos y he fortalecido a los Nurulantar. Tú no eres mas que una simple cortesana, Tawar por añadidura, incapaz de comprender a los que dominas y por ello jamás serás capaz de regirlos como es debido.

Serkendil respiró profundamente para volver a sus cabales, Elesinyë, por su parte, se había quedado clavada en el suelo, mirando a Serkendil, tratando de asimilar lo que le estaba diciendo. Normalmente las insolencias de Serkendil hacia los Tawar eran tolerables, pero en aquél momento hablaba en abierta rebelión contra el orden establecido, dejándola a ella y a los suyos como si solo fueran un cáncer, una molestia para el correcto avance y prosperidad de los suyos… lo que más le a ella turbaba es que en algunos aspectos decía cosas certeras. Pero Serkendil no le dio tiempo para replicar:

- Y con respecto a Annael y Amarië, cuando has venido a interrumpirme estaba empezando a preparar mi actuación al respecto. Correrá mucha sangre antes de que considere la venganza cumplida, sólo cuando Engrel pague por sus crímenes me daré por satisfecho y ni tú ni nadie me lo impedirá- la furia de Serkendil le volvía imprudente, revelando mas información de lo que normalmente haría, pero el último comentario de Elesinyë había despertado el espíritu que normalmente escondía.- No te interpongas en mi camino, Elesinyë, pues faltaré a la palabra que le di a tu padre hace mucho tiempo y te mataré.

La amenaza era real, Elesinyë lo sabía, pero ¿Qué palabra le había dado a su padre? ¿Quién era aquella Amarië que era capaz de provocar tales reacciones en Serkendil? Por una vez Elesinyë se tragó su orgullo pues su curiosidad era mayor, especialmente en lo referente a Amarië… no podía evitar sentir una sensación extraña cada vez que Serkendil mostraba tanta preocupación y dedicación a aquella persona…

- Quiero ayudarte

La simpleza y la naturalidad con que Elesinyë pronunció aquellas dos palabras bloquearon a Serkendil, que se quedó mudo y mirándola incrédulo, lo más lógico habría sido que Elesinyë respondiera gritando, como solía hacer, o incluso marchándose ofendida… pero no aquella.

Escrito el 23-06-2008 18:37 #5

Había muchas razones para hacerlo. Tantas que apenas podía ordenarlas en su cabeza. Muchas razones que debería esconder. Por un momento sintió la ira crecer en su interior, y consideró la opción de marcharse. Serkendil podía, en muchas ocasiones, mostrarse abiertamente irónico, y ser extremadamente molesto. Pero no solía en modo alguno manifestarse en explosiones de carácter como aquella.

Sin duda esa era la señal más evidente de lo afectado que se encontraba por la muerte de Annael, pero eso no significaba, en modo alguno, que ella aceptara sus palabras. Y mucho menos sus amenazas de muerte. Si creía acaso que aquella sería una tarea fácil, estaba muy equivocado.

Le ayudaría, sí. Se tragaría el odio y el rencor que sentía hacia él en aquél momento. Lo haría, porque ese era el único modo que tenía de informarse de lo que estaba ocurriendo. Lo haría, porque todo aquello que fuera en contra de Engrel le proporcionaba una enorme satisfacción.

Pero no lo haría por él, se dijo a sí misma. Aquellas palabras habían brotado de lo más íntimo del corazón de Serkendil. Hacía apenas unos meses casi había conseguido convencerla de que no la odiaba. Pero la mentira había salido a la luz, y ahora no sólo veía su odio, sino también su desprecio. Podía soportar lo primero con indiferencia, pero no lo segundo.

Sin duda él esperaba una reacción airada por su parte, pero a pesar de todo, él no la conocía en absoluto. Y se aseguraría de que siguiera siendo así. Por Asthart que sería así.

Escrito el 24-06-2008 11:10 #6

Ambos estuvieron en silencio unos segundos, tiempo suficiente para que Serkendil se recompusiera, esas muestras de sentimientos y pasiones no eran habituales y llevado por la ira había dicho algunas cosas que no pensaba, al menos ya no.

El ofrecimiento de ayuda era sincero, pero era Elesinyë y por tanto algún interés había detrás, aún así para ésta empresa era necesaria mas ayuda de la que contaba si quería que se hiciera rápida y silenciosamente, entre los contactos de uno y otro sería más facil despejarse el camino, aún así, debía someterla a una nueva prueba:

- Espero que tu amiguito, el espia de engrel, quede al margen de esto en todos los sentido

Había cierta tensión aún en sus palabras. Podía notarlo, a pesar de que parecía más calmado.

- No te preocupes por él. No interferirá en tus planes - respondió sin darle importancia. Todavía no había llegado el momento de hablar acerca de Tyarn, y mucho menos después de sus palabras. No sabía si con el tiempo podría llegar a hacerlo, pero en aquél momento, cualquier indiscrección al respecto podía costarles la vida a ambos.

Ella seguía reticente a contar algo sobré el, lo que amentaba sus sospechas, mejor no decirle quién era Amarië por el momento.

- Siéntate- pese a ser un imperativo, lo había pronunciado con amabilidad.

Por un momento lo miró con suspicacia, evaluando su postura. Se acercó hasta la mesa, y se sentó frente a él, echándose hacia atrás en el respaldo, aparentando estar segura de lo que hacía. Pero no lo estaba. Abrió la boca para decir algo, pero se lo pensó mejor. Cualquier cosa que dijera quizás serviría para empeorar las cosas entre ellos, así que decidió dejar que fuera él quien tomara la iniciativa de la conversación.

- ¿reconoces estos mapas?

Elesinyê se inclinó hacia delante, observando los planos con atención. Alzó una ceja, y miró a Serkendil a los ojos.

- Por supuesto que los reconozco - respondió, y esbozó una sonrisa mezcla de ironía y amargura - Sabes que tengo propiedades en esa zona, como casi todos los Táwar tan simples como yo.

- Antaño había campos de cultivo makar- entrecerró ligeramente los ojos y sonrió burlón, disfrutaba cuando Elesinyë se ponía a la defensiva- y supongo que reconocerás la propiedad que está señalada

- Es la mansión de Engrel. Narquelië pasa mucho tiempo allí cuando él se encuentra allí - respondió encogiendose de hombros - Pero no suele ser muy a menudo.

- Pronto sólo será un montón de cenizas- lo dijo como si aquello fuera algo sin importancia, pese al revuelo que podía levantar, la levedad con que trataba ése punto era sorprendente.

Elesinyê arqueó una ceja.

- Si ese es tu propósito, deberías haber empezado diciéndome que planeabas el suicidio.

La risa de serkendil hubiera resultado ofensiva si no fuera porque en ella no había malicia alguna:

- Es una simple distracción, lo que me interesa es sacar a ciertos ocupantes de la villa, además, Engrel sabrá que he sido yo, pero no podrá demostrarlo de ninguna manera. Esto solo será un aviso. Para cuando volvamos a Osto Ohtalosse, en público, seré intocable, ahí mis partidarios crecen, ya lo sabes.

- Por mucho que crezcan tus partidarios, Serkendil, deberías saber que no podrás hacer nada sin el apoyo del Khotsê. Lo necesitas igual que lo desprecias, al mismo nivel. No subestimes a Engrel, ni a sus partidarios. Si fuera realmente como dices, hace tiempo que Engrel hubiera muerto. No a tus manos, ni a las mías. Hay muchos más intereses que tú desconoces, traiciones más antiguas.

La referencia a un posible rescate debía sin duda referirse a la misteriosa Amariê, aunque él no la hubiera nombrado.

- Si quieres sacar a alguien de allí, sea quien sea, te ayudaré. Pero el perder un prisionero ya será de por si un duro golpe para su orgullo, sin necesidad de mostrar en público todas tus cartas. Y mucho menos las mías.

- Crees que no tengo en cuenta esas variables? por quien me tomas? Si actuara siempre sin ningún tipo de planificación no habría sobrevivido ni tan siquiera a la guerra contra los aldalantar, aunque si de traiciones mas antiguas se trata... Ilústrame

Ella calló. Su silencio parecía envolverlos a ambos, alzó la mirada y sus ojos se encontraron.

- Para ello tendría que confiar en tí. Y tú en mí. Y ambos sabemos que eso no es posible - dijo suavemente.

- La confianza implica que haya un intercambio recíproco, tu no estas dispuesta a él- había un leve deje de pesar- así que... no, no es posible. Y no temas, si no quieres participar estás a tiempo de retirarte.

- Como siempre, pides más de lo que das. No estoy dispuesta a ese intercambio, porque no es sólo mi vida la que está en juego. Tampoco tú estás dispuesto al intercambio, no pretendas otra cosa. Tu retahila de insultos y amenazas lo ha transmitido con gran claridad. Pero me atengo a mis palabras, no te he ofrecido mi ayuda a la ligera.

- cuando los sentimientos nublan tu razón... ¿no dices cosas que no crees?

Ella sonrió, como pocas veces sonreía delante de él. Y la sonrisa se reflejó en sus ojos dorados.

- Sin duda debes creer que es así. Pero por extraño que te parezca, por mucho que creas que me rijo por impulsos, eso sólo me sucede ... en ciertas ocasiones - contigo, pensó, y por un momento había estado a punto de decirlo - Y tú no eres así. Crees en lo que has dicho con pasión. Quizás, ahora preferirías no haberlo dicho delante de mí. Hace poco me dijiste que no me odiabas, supongo que fue muy divertido para tí que me creyera tu mentira. Ahora, para creerte, necesitaría más que palabras.

- Cuando estés dispuesta creer y confiar, avísame, entonces hablaremos- La desconfianza de Elessinyë la convertía en un muro y no atendía a razones, si supiera… Serkendil ya había empezado a aceptar que su preocupación y celo con respecto a Elesinyë tenía ciertas implicaciones, en parte desagradables, dadas las circunstancias. – Por lo pronto, el plan de ataque lo desarrollaremos del todo cuando lleguen los otros.

Escrito el 25-06-2008 01:14 #7

Sintió que estaba poniendo fin a la conversación, pero al menos parecía que había decidido aceptar su ayuda. Y eso era lo más importante, a fin de cuentas.

- Lo mismo digo, Serkendil. Cuando estés dispuesto a confiar, hablaremos. A confiar y a aceptar los consejos de los demás – respondió mientras se levantaba. Serkendil la miraba fijamente, con una mirada extraña e indescifrable. Un estremecimiento recorrió su cuerpo, y sintió cómo la invadía el impulso de salir de allí. Casi podía ver claramente una señal de peligro en su mente – Sabes donde estoy. Cuando lleguen tus compañeros… avísame.

Él permaneció en silencio mientras ella salía por la puerta. Si tenía algo más que decir, prefirió callarlo.

La suavidad con la que ella cerró la puerta contrató con el portazo que había dado al entrar. Volvió a su habitación, con aquella sensación cada vez más habitual en ella. Aquella sensación que tenía cada vez que se enfrentaba a él, como si se viera arrastrada por un torbellino.

El sol penetraba por la ventana, acompañado por un viento cálido. Dispuesta a olvidarse de todo se desprendió del uniforme de Arkên, y de toda aquella parafernalia, y se sumergió en un baño de agua tibia y perfumada.

Sin embargo, mientras su cuerpo descansaba, su mente iba y venía una y otra vez, dispersa en varias direcciones. Por un lado, se sentía inquieta ante los planes de Serkendil, y analizaba el transfondo de todo aquello. ¿Quién sería aquella Amariê que tanto le afectaba? ¿Y qué la relacionaba con Engrel, con Annael, y sobre todo con él?

Pero había otras cosas que la perturbaban. Cosas imprevistas. Traiciones antiguas le había dicho a Serkendil. Tan antiguas que se remontaban a hacía 200 años al menos. Hundió la cabeza completamente en el agua, y volvió a emerger con el agua corriendo por el rostro. Había leído una y otra vez las cartas que le había entregado Tyarn. Las había repasado, y casi podía recitarlas palabra por palabra.

Pero el peso de aquellas cartas estaba empezando a superarla. Le pesaban en el alma, y en la mente, sin nadie con quien compartir sus inquietudes. Con Tyarn convaleciente, apenas había tenido tiempo de hablar de aquello. Y había una idea, una idea totalmente absurda, que había comenzado a rondar por su cabeza. La estúpida idea de que sólo había una persona con la que podía compartir abiertamente aquellas cartas. La persona que más odiaba en el mundo. Tatharâl de los Aldalântar.

Salió del baño y ajustó una toalla en torno a su cuerpo. Pasaba el mediodía y el calor era intenso. Se recostó sobre la cama con dosel, y se dejó mecer por el viento que entraba por la ventana hasta quedarse dormida.

Escrito el 26-06-2008 00:40 #8

Esa noche no durmió, incontables lineas de pensamiento se arremolinaban en su mente, planes de acción, recuerdos de annael y de su hermana, de Elesinyë... y aún más.

Aquella noche Serkendil rozó la desesperación y el saber que estaba solo, sin remedio, odiado por una de las pocas personas que desearía.... su hermana y su ahijada pronto lo odiarían también, sin amigos y rodeado de enemigos... Sólo le quedaba su venganza, su ira... Sí, quemaría ésa mansión y poco importaba lo que luego ocurriera, total, ¿que más daba? nadie le lloraría, nadie le echaría de menos. pero se le recordaría, su fin estaba próximo, pero sería grandioso, saldría por la puerta grande y Engrel sufriría un fin cruel.

La consciencia de una muerte próxima lo tranquilizó, le dio paz. Ya no más intrigas, ya no más falsedades ni mentiras, nunca más necesidad de buscar trampas en las trampas de las trampas que le tendían sus enemigos... y el fin, la nada, el vacío... aquello sería la paz, pues ya no sentiría ni sufriría, simplemente no sería puesto que no se le daría digno funeral y no alcanzaría Thyr... Thyr... nunca había creído en el y ahora tampoco, en realidad. La inmortalidad la daba la grandeza, la inmortalidad era el recuerdo sempiterno entre sus congéneres, él lograría esa inmortalidad.

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Se ocultaba el sol, habían pasado dos días desde que enviara el mensajero y sus aliados habían acudido. Se reunieron en una posada de los barrios bajos, en una sala privada, todos estaban de pie alrededor de una mesa, Elessinyë junto a todos ellos, que la miraban con abierta hostilidad ¿que hacía ella ahí? había sido una moléstia siempre, durante la guerra y fuera de ella, no comprendían los motivos.

Se hallaban presentes los gemelos Narendil y Narendur, especialmente apropiados para la misión que se estaba preparando, desde el principio compañeros de Serkendil, ya desde el narwanolmë, Elensul, Hith, Mirlith, Aranwë, Vorondil, Elthalion y Eärnur.

Elesinyë vio con extrañeza como todos los compañeros ponían sus dagas sobre la mesa, cruzadas una sobre la otra, todos utilizaban el mismo estilo en combate, el de lo grupos de infiltración de antaño, aunque ahora eran muy pocos los capaces de usarlos y sin duda Serkendil el mejor con diferencia, quizá el unico capaz de enseñarlo en todo su potencial.

- Bien, caballeros, vamos a volver a los hábitos de antaño: incursión, sabotaje y asesinato- aquello provocó cierta satisfacción a los demás- Aunque los gemelos habeis hecho un buen trabajo limpiando mis filas de traidores, Annael se os escapó... - rumores de sorpresa, ante los que Serkendil explicó lo ocurrido desde que partiera de Nilme Istyalvao, evitando con maestria constante dar pistas a elesinyë sobre quien era Amarië y, al parecer, el resto de compañeros de Serkendil comprendían aquello y tampoco daban informaciones.

Escrito el 26-06-2008 01:10 #9

Las miradas iban desde el odio más intenso hasta el desprecio abierto. Ella sin embargo mantuvo la cabeza bien alta, y los miró de frente con una sonrisa irónica. Tenía muy claro que Serkendil medía sus palabras delante de ellos, y los demás ni siquiera se molestaban en dirigirle la palabra.

- Elesinyê se ha ofrecido a colaborar con nosotros - decía Serkendil en aquél momento - Podremos alojarnos en Rámmar, y desde allí lanzar el ataque - añadió señalando los planos con un dedo - Es la posición más cercana desde la cual atacar sin levantar sospechas previamente.

- Engrel nunca imaginaría un ataque desde esa posición. Confía ciegamente en Narqueliê - terció ella - Quizás por eso las defensas no sean tan extremadas como deberían.

Sintió claramente la desconfianza hacia sus palabras. Estaba rodeada de enemigos, y lo sabía. Enemigos que de no haber estado allí Serkendil, no hubieran dudado en acabar con ella. Sonrió levemente. De momento, Serkendil la necesitaba en cierta manera. Si no fuera así, no dudaba en que hubiera deseado matarla con sus propias manos. A fin de cuentas, sus amenazas del día anterior eran muy reales.

Pero él asintió ante sus palabras, y acalló cualquier posible protesta ante su intervención. Lo miró mientras él volvía a centrarse en el plan de ataque. Parecía cansado, algo extraño en él, como si no hubiera dormido bien. En eso al menos lo comprendía. Ella misma apenas conseguía cerrar los ojos por unas horas, demasiado consciente a su pesar de su presencia en la habitación contigua.

Escrito el 26-06-2008 01:27 #10

- En realidad sólo hay 7 guardianes, 3 de día y 4 de noche, uno en el torreón- acompañaría sus explicaciones señalando todos los puntos en distintos mapas- creca de la campana, ése será tu objetivo, Mirlith, te encaramarás hasta el techo por la cara sur, ya que el segundo guardia está en la cara note, Narendil i Narendur lo reduciréis y nos abriréis paso a la par que montais guardia. El resto ensillaréis caballos al modo nirentiano y preparad teas, cubrid vuestros cuerpos y rostros con ropas de nirent también, incendiaréis la casa de Engrel y alguna más, que parezca un acto de venganza, luego huid con los caballos dejando un rastro claro hasta alcanzar la carretera hacia nirent, ahí desapareced gritando "Viva Zamar" o lo que creais conveniente.

Calló unos segundos, observándolos a todos:

- Elesinyë y yo entraremos y terminaremos con los dos guardias del interior, luego ella buscará a los guardias dormidos y los silenciará para siempre, yo liberaré a las rehenes.

El plan era sencillo, de hecho, ahí radicaba su efectividad, no sería raro un ataque por parte de Zamar, era un conocido líder rebelde incluso en osto ohtalosse y al parecer, por la expresión de Elesinyë, ella acababa de comprender un poco más porqué le había perdonado la vida, llegado el momento de una nueva revuelta, probablemente después de que se ejecutara a Zamar, Serkendil u otro general aplastaría a los nirentianos para asegurarse su sumisión y nadie culparía a Serkendil de proteger a los sublevados, pues por los informes de la batalla casi era un milagro que no se hubieran alzado de nuevo en armas al dia siguiente de la llegada de Serkendil y elesinyë y si no había ocurrido era simplemente por la acción de Serkendil.

- ¿dudas?