En el Palacio de la Luz, Formenyaelen. 4 Aqua Duir 1601 SE
Taw estaba sentado en una cómoda silla cerca de una ventana por donde entraba la luz de Malkû, el sol, y que caía sobre el libro que tenía abierto entre sus manos. Era el diario que había recogido dos meses atrás, cuando los aldalântar ocuparon la ciudad. No es que fuera una obra maestra pero era muy útil para conocer el ambiente de la ciudad y su organización.
“¿Hay algo interesante en el libro?”
“Aún nada, es un diario. No creo que encontremos algo interesante, aunque los días antes de la conquista son muy entretenidos de leer.”
“Nunca se sabe lo que uno puede escribir en un diario. Un momento ¿qué es eso?”
Taw concentró su vista en una página sin fecha, era una historia que estaba emborronada pero había algunas partes legibles, lo cual llamaba especialmente la atención en un libro tan bien cuidado:
“Hace mucho tiempo… entonces los seguidores de la Naturaleza temieron por… su valor era incalculable pues… sin embargo para evitar que cayera en malas manos separaron la… del caldero... Fueron muy astutos pues colocaron… en l… y el caldero fue colocado en donde jamás pensarían que lo encontraría, e… No se sabe a ciencia cierta dónde está exactamente ese escondite, algunos sospechan que en lo más profundo de los bosques, otros, que están protegido por… por lo que nadie podría entrar, y para otros…”
“Es un poco críptico.”
“Sin embargo sería muy interesante si fuera totalmente legible.”
“Ojalá explicara con más claridad dónde está el caldero, así sólo sabemos que fueron muy astutos, que no significa nada.”
“Bueno, necesitaremos pensar como ellos, ser igual de astutos que ellos.”
“Es más fácil de decir que hacer. Podían haber sido retorcidos y ponerlo en pleno desierto, o en lo alto de una montaña, o vete tú a saber.”
“Bueno, creo que ahora mismo ese no es nuestro problema principal.”
“¿A qué viene eso Narwa?”
“Echa un vistazo por la ventana.”
Se levantó de la silla y se asomó por la ventana, en la ciudad se habían levantado columnas de humo, había mucha gente en las calles llevando armas y antorchas. Se dirigían rápidamente al Palacio de la Luz. Sin pensarlo, Taw se fue corriendo, salió de la habitación y siguió corriendo hasta que se encontró con un oficial.
- ¡Rápido, ordenad cerrar las puertas del palacio de inmediato y avisad a la dama Álassë!
- Pero…
- ¡Ha estallado una revuelta en la ciudad y vienen hacia aquí!
- Sin embargo…
- Dejaos de titubeos y haced lo que os digo, si no queréis acabar en manos de los habitantes.
El oficial lo entendió y se apresuró a cumplir la orden. Taw volvió a su habitación y sin pensarlo cogió un papel dispuesto a redactar una carta.
“¿Crees que llegará a tiempo?”
“Hay que intentarlo, no somos suficientes como para acabar con la revuelta y podrían entrar en el palacio.”
“Por Yenna, esperemos que llegue a tiempo.”
Y con gesto decidido Taw empezó a escribir.
***
En Dâkosto, Galador. 8 Aqua Duir 1601 SE
El día amaneció claro y soleado en el templo-cuartel de Dakôsto, el gran complejo militar al noroeste de Neitillot, la gran ciudad de los aldalântar. A Dakôsto se llegaba por una carretera empedrada llamada Tûartiê y, por ese camino, cabalgaba un solitario jinete esa mañana. Era un elfo aldalânta, cuyas ropas estaban manchadas de polvo, barro y sangre. El jinete, a pesar de la visible fatiga del caballo, seguía espoleándolo con fuerza, en un vano intento de que acelerara la ya de por sí rápida marcha. Al fin, elfo y caballo llegaron a Dakôsto, exhaustos, atravesando como una exhalación el gran portón principal de la muralla del complejo, que se abría cada amanecer y se cerraba al anochecer. Los guardias de la puerta observaron atónitos la llegada de su compatriota, empapado en sudor, polvo y sangre, y rápidamente fueron a atenderle, llamando a su vez a otros soldados para que les ayudaran. El jinete desmontó con dificultad, y tuvieron que sujetarle entre dos elfos para mantenerlo en pie; el caballo, por su parte, también estaba exhausto, los ollares muy dilatados, respirando muy deprisa, la boca llena de espuma blanca y el pelaje brillante de sudor.
- El General...- balbuceó el jinete entrecortadamente- Tengo que ver al General... Formenyaelen... revuelta...
- ¡Qué alguien llame a un envinya!- gritó uno de los dos elfos que sujetaban al jinete- ¡Este elfo está lleno de heridas!
Uno de los soldados desapareció en el interior del edificio, volviendo al rato con el sacerdote encargado de las labores de sanación destinado en Dakôsto. Los soldados aún sujetaban al jinete, uno de los cuales era el capitán de la guardia de la fortaleza, Elâithendil.
- ¡Vamos!- gritó el capitán- ¡Hay que llevarlo dentro!
Acompañados por el sacerdote, llevaron al jinete a una de las habitaciones de la planta baja, destinada a alojar huéspedes, reclutas o lo que se terciara y que, en ese momento, estaba vacía. Depositaron al elfo en el camastro dejándolo al cuidado del sacerdote.
- Encargaos de él- dijo Elâith- Y cuando se recupere enviadlo a verme, pues hay que informar al General de las nuevas que porte cuanto antes.
- Sí señor- respondió el sacerdote.
- Un... momento...- dijo entonces el elfo recién llegado, desde el camastro- Traigo un mensaje urgente... el General... debe leerlo... enseguida.
Entonces rebuscó lentamente entre sus ropas y sacó un pergamino enrollado, arrugado y manchado, y se lo tendió a Elâith. Éste lo cogió e hizo un movimiento de asentimiento con la cabeza y partió. Cuando llegó al despacho que el General tenía en el cuartel, Elâith cogió aire y llamó suavemente a la puerta. “Adelante”. Y entró en la estancia. La habitación era austera, había varias estanterías repletas de libros sobre tácticas militares, intendencia, etcétera. Varias alfombras de piel de oso y de ciervo cubrían el suelo de piedra y una gran chimenea de piedra excavada en una de las paredes daban a la estancia el aspecto de lo que debía de ser un despacho sólo para trabajar. Tathâral estaba sentado detrás de una gran mesa de madera decorada con filigranas y dibujos vegetales tallados escribiendo con una pluma de oca lo que debían ser documentos oficiales referentes a su cargo. Elâith avanzó hasta el centro de la habitación hasta quedar justo enfrente de la mesa y esperó paciente a que el General le diera permiso para hablar.
- ¿Y bien Elâith?- dijo Tahth, sin levantar la vista de lo que escribía.
- Señor- respondió el elfo, sacando el pergamino arrugado de uno de sus bolsillos y tendiéndoselo al General- Hace unos minutos ha llegado un jinete por el camino de Tûartiê completamente exhausto y herido. Creo que viene de Formenyaelen, y me ha dado este mensaje para que lo lea usted... Me parece que es bastante urgente.
Tathâral levantó la vista lentamente y cogió el pergamino que le tendía Elâith, lo desdobló y lo leyó. Cuando terminó lo volvió a doblar y lo dejó encima de la mesa.
- Bien, parece que tenemos problemas en Formenyaelen- dijo el General- Puedes retirarte Elâith, pero localiza a Aiwëndil y dile que quiero verle.
- Enseguida señor- dijo el elfo, y salió de la habitación.
Al cabo de un rato volvieron a llamar a la puerta del despacho de Tath, pero esta vez los golpes eran más firmes y secos.
- Adelante- dijo Tath.
- Señor- dijo Aiwëndil, cuando entró y hubo cerrado la puerta- ¿Queríais verme?
- Deja las formalidades a un lado, amigo- dijo Tath con una sonrisa- Ante todo somos amigos.
- Como quieras- dijo Aiwëndil, sonriendo también.
- Toma, lee esto- dijo el General, tendiendo el pergamino a Aiwëndil. Éste lo leyó pausadamente y, cuando terminó, se lo devolvió a Tath y dijo: -Vaya, parece que tenemos una pequeña revuelta en Formenyaelen, ¿crees que es grave?
- Por lo que dice Tawarornê, que es a quien dejé el mando de la guarnición, es probable que así sea. No da muchos detalles, como habrás leído, así que supongo que la situación es algo grave. Por ello quiero que vayas tú a ayudarle, quiero que te pongas al frente de lo que nos queda aquí de la “Compañía del Yondenên” y partas inmediatamente hacia Formenyaleen. El resto de la compañía está precisamente allí con Tawarornê.- dijo Tath.
- Pero se supone que estoy en la “Compañía del Aldakune”, con Northiêl, no puedo dejarla sola al frente de ella- dijo Aiwëndil alarmado.
- No te preocupes- dijo Tath- Tengo otra misión para ella y se las apañará bastante bien. Por otra parte, no estaría de más que, si la batalla te deja, investigaras un poco en Formenyaelen acerca del “Aldakune” y de su piedra, y si puede estar relacionada con los Taltarili.
- De acuerdo- dijo Aiwëndil, finalmente- haré lo que pueda.
- No espero menos de ti, amigo- dijo el General.
- Ah, una cosa- dijo Aiwëndil, preocupado, antes de marcharse- Cuida bien de Northiêl en mi ausencia, esa chiquilla es una cabeza loca.
- No te preocupes- respondió Tath, sonriendo para sus adentros.
[Editado por Vardarion el 01-07-2008 20:30]