Neyla y Thara volvieron a toda prisa de Nilme Istyalvao, despidiéndose de Athran y Nirë que harían un viaje de regreso más relajado. Neyla le había dicho a Thara que pasaran a Darmandia para solicitar noticias, pero el corazón de Thara le forzaba a continuar deprisa hasta Varendia. Así que la elfa cedió enviando a Andhuen a Darmandia, el joven de los nómadas con quien Thara había hecho una inquebrantable amistad y el único que se había empecinado en acompañarlas, para que se informara de todo lo ocurrido después de la partida de varantes y nómadas.
Los cascos de los caballos se escuchaban a distancia, sintió una esperanza renovada y salió por la puerta para ver quién ese trataba. Dos figuras encapuchadas con ropa de viaje, desgastada y llena de arena, arribaron justo enfrente de él. Una de ellas dio un salto del caballo y se echó para atrás la capucha, dejando ver un rostro alegre con aire preocupado y el fuego intenso de su cabello.
- ¡Thara! ¡Oh Thara, quiso Adrhant traerte de vuelta a salvo!
El joven vestido con una túnica blanca y sacándole un palmo de altura a la muchacha, se acercó a darle un abrazo fraterno, mientras la otra figura bajaba del caballo manteniéndose ajena.
- Thargum ¿Qué haces aquí? ¿Está Thegund en casa?
- Thara, siempre fuiste la luz de Thargo, y para Izakel no eres menos, has hecho mucha falta en esta casa…
- ¿Qué tiene nuestra madre?
- Dos noches después de tu partida, Izakel permaneció en la ventana, tan quieta como los girasoles en espera del sol, cuando vio más allá de la oscuridad, unas sombras cargaban a un muerto, al menos eso pensó. Su sorpresa fue cruel al distinguir que el cuerpo que cargaban no era otro que el de su tercer hijo, -Thara ahogó un grito cubriéndose los labios y, las lágrimas brotaron silenciosas- corrió a abrir las puertas, hasta entonces pudo ver que Thegund aun no había muerto, lo habían rescatado con una grave herida de muerte en el vientre; entonces, la bella Izakel, después de tantos años de ausencia, volvió a dejarse escuchar ¡Ay! Por qué no estaba aquí para haber oído una vez más su dulce voz. Me han dicho que lo que mencionó, fue tu nombre en una pregunta, por lo que al no tener una respuesta, la amada esposa de Thargo volvió a enmudecer y cayó enferma, no ha podido levantarse desde entonces.
- Iré a verla enseguida, pero antes, dime, querido hermano ¿Thegund murió?
- No, –un suspiro de alivio salió de Thara y Neyla se sintió en paz- su herida fue profunda y aun no sale del peligro. También él te llama entre susurros, creo que sufre más del mismo dolor de Izakel que el de sus entrañas, ha tenido los mejores sanadores del Senado y me han dicho que la herida está cerrando positivamente.
- ¡Lo tenemos en el cuarto de Tharion para velar por ambos a una corta distancia! –gritó Thargum a Thara que entraba apresurada a la casa sin más plática. Neyla entró enseguida ante la invitación del joven senador, con la finalidad de revisar a los dos enfermos.
Thara pasó de largo la habitación que otrora fuera de Tharion, deseaba ver a Thegund, pero su madre era primero, por el corredor la segunda puerta era el dormitorio de sus padres. Thara entró. Izakel estaba intentando levantarse de la cama, había escuchado relinchos de caballos a la entrada, y la ausencia de la vigilancia de Thargum le habían inquietado. Al alzar los ojos y ver a su hija, su pequeña, ante ella, sus ojos se inundaron. Thara corrió y la estrechó fuertemente en una abrazo desesperado. Su madre la llenó de mimos y besos, pero no dijo nada, al parecer, Izakel continuaría sin querer proferir palabra alguna a nadie.
- Estoy bien. Ahora debo ver a Thegund.
Izakel soltó el rostro de su hija y una sombra pasó entre ellas, su mirada se volvió a mostrar una tristeza olvidada. Sin detenerla, volvió a acostarse. Thara se levantó y besó su frente arropándola con una cobija. Neyla sabía la distancia que las separaba. La elfa estaba al lado de Thargum que observaba la mejoría instantánea de su madre, a pesar de la amargura; se sentía satisfecho cruzado de brazos. Thara pasó entre ellos para salir de la habitación, y él le sonrió.
En el aposento contiguo, Thara abrió la puerta con un leve rechinido, en el piso había vendas tiradas, un taburete con una jarra de agua al lado de la cama, más allá, un hombre mantenía la cabeza agachada y roncaba. No obstante, a Thara le interesaba más, el hombre que dormía en la cama, al que seguramente acababan de cambiarle las vendas. Se acercó a la orilla, se agachó sosteniendo su cabello en el cuello y, besó sus labios secos, él se movió un poco mientras ella le susurraba al oído: - Estoy aquí, a tu lado. No volveré a abandonarte… no me abandones tú a mí.
Thegund abrió lenta y pesadamente los ojos, estaba pálido, pero aun así se le podía ver sorprendido y feliz.
- ¡Ssssh! No digas nada, cariño. Duerme y reponte, ya habrá tiempo de hablar.
Thara se acostó acomodándose a su lado, de tal forma que no pudiera lastimarlo y por fin pudieran estar juntos. Thara le cerró los ojos con delicadeza y enseguida cerró los suyos. Ambos dormían plácidamente después de tantos sueños intranquilos. Neyla en la otra habitación, atendía a Izakel y charlaba de las nuevas noticias con Thargum. Desde la silla, el más joven de los hermanos, había dejado de roncar, escuchaba las palabras que provenían del otro cuarto y, observaba dormir a sus hermanos esbozando una minúscula sonrisa de complicidad.