La Guerra de los Clanes

El Retorno

Escribiéndose...
Escrito el 29-06-2008 23:50 #1

Nacer de la tierra para volver a ella:

Como las flores marchitas vuelven a ser semillas y fructifican,

las rocas se convierten en granito al transcurrir de los años,

las aguas de los ríos regresan al mar,

y las gotas cristalinas de la lluvia vuelven también;

las aves tornan cansadas de vuelo a sus nidos,

los barcos vuelven al puerto que los vio partir a rumbos peligrosos,

y el fuego, emerge incluso de entre las brasas y las cenizas,

los guerreros regresan al hogar - con pena o con gloria-

si no han sido convocados a su última morada,

así como el hijo pródigo con el padre y

el esposo con su abnegada mujer.

Así, todo vuelve a lo que es y lo que era; lo que fue, será…

Como la oscuridad, vuelve hacia la luz.

Esta es la ley que rige al mundo,

una ley que se extingue sólo al final de las cosas,

y sólo… para volver a nacer.

Escrito el 01-07-2008 01:16 #2

Neyla y Thara volvieron a toda prisa de Nilme Istyalvao, despidiéndose de Athran y Nirë que harían un viaje de regreso más relajado. Neyla le había dicho a Thara que pasaran a Darmandia para solicitar noticias, pero el corazón de Thara le forzaba a continuar deprisa hasta Varendia. Así que la elfa cedió enviando a Andhuen a Darmandia, el joven de los nómadas con quien Thara había hecho una inquebrantable amistad y el único que se había empecinado en acompañarlas, para que se informara de todo lo ocurrido después de la partida de varantes y nómadas.

Los cascos de los caballos se escuchaban a distancia, sintió una esperanza renovada y salió por la puerta para ver quién ese trataba. Dos figuras encapuchadas con ropa de viaje, desgastada y llena de arena, arribaron justo enfrente de él. Una de ellas dio un salto del caballo y se echó para atrás la capucha, dejando ver un rostro alegre con aire preocupado y el fuego intenso de su cabello.

- ¡Thara! ¡Oh Thara, quiso Adrhant traerte de vuelta a salvo!

El joven vestido con una túnica blanca y sacándole un palmo de altura a la muchacha, se acercó a darle un abrazo fraterno, mientras la otra figura bajaba del caballo manteniéndose ajena.

- Thargum ¿Qué haces aquí? ¿Está Thegund en casa?

- Thara, siempre fuiste la luz de Thargo, y para Izakel no eres menos, has hecho mucha falta en esta casa…

- ¿Qué tiene nuestra madre?

- Dos noches después de tu partida, Izakel permaneció en la ventana, tan quieta como los girasoles en espera del sol, cuando vio más allá de la oscuridad, unas sombras cargaban a un muerto, al menos eso pensó. Su sorpresa fue cruel al distinguir que el cuerpo que cargaban no era otro que el de su tercer hijo, -Thara ahogó un grito cubriéndose los labios y, las lágrimas brotaron silenciosas- corrió a abrir las puertas, hasta entonces pudo ver que Thegund aun no había muerto, lo habían rescatado con una grave herida de muerte en el vientre; entonces, la bella Izakel, después de tantos años de ausencia, volvió a dejarse escuchar ¡Ay! Por qué no estaba aquí para haber oído una vez más su dulce voz. Me han dicho que lo que mencionó, fue tu nombre en una pregunta, por lo que al no tener una respuesta, la amada esposa de Thargo volvió a enmudecer y cayó enferma, no ha podido levantarse desde entonces.

- Iré a verla enseguida, pero antes, dime, querido hermano ¿Thegund murió?

- No, –un suspiro de alivio salió de Thara y Neyla se sintió en paz- su herida fue profunda y aun no sale del peligro. También él te llama entre susurros, creo que sufre más del mismo dolor de Izakel que el de sus entrañas, ha tenido los mejores sanadores del Senado y me han dicho que la herida está cerrando positivamente.

- ¡Lo tenemos en el cuarto de Tharion para velar por ambos a una corta distancia! –gritó Thargum a Thara que entraba apresurada a la casa sin más plática. Neyla entró enseguida ante la invitación del joven senador, con la finalidad de revisar a los dos enfermos.

Thara pasó de largo la habitación que otrora fuera de Tharion, deseaba ver a Thegund, pero su madre era primero, por el corredor la segunda puerta era el dormitorio de sus padres. Thara entró. Izakel estaba intentando levantarse de la cama, había escuchado relinchos de caballos a la entrada, y la ausencia de la vigilancia de Thargum le habían inquietado. Al alzar los ojos y ver a su hija, su pequeña, ante ella, sus ojos se inundaron. Thara corrió y la estrechó fuertemente en una abrazo desesperado. Su madre la llenó de mimos y besos, pero no dijo nada, al parecer, Izakel continuaría sin querer proferir palabra alguna a nadie.

- Estoy bien. Ahora debo ver a Thegund.

Izakel soltó el rostro de su hija y una sombra pasó entre ellas, su mirada se volvió a mostrar una tristeza olvidada. Sin detenerla, volvió a acostarse. Thara se levantó y besó su frente arropándola con una cobija. Neyla sabía la distancia que las separaba. La elfa estaba al lado de Thargum que observaba la mejoría instantánea de su madre, a pesar de la amargura; se sentía satisfecho cruzado de brazos. Thara pasó entre ellos para salir de la habitación, y él le sonrió.

En el aposento contiguo, Thara abrió la puerta con un leve rechinido, en el piso había vendas tiradas, un taburete con una jarra de agua al lado de la cama, más allá, un hombre mantenía la cabeza agachada y roncaba. No obstante, a Thara le interesaba más, el hombre que dormía en la cama, al que seguramente acababan de cambiarle las vendas. Se acercó a la orilla, se agachó sosteniendo su cabello en el cuello y, besó sus labios secos, él se movió un poco mientras ella le susurraba al oído: - Estoy aquí, a tu lado. No volveré a abandonarte… no me abandones tú a mí.

Thegund abrió lenta y pesadamente los ojos, estaba pálido, pero aun así se le podía ver sorprendido y feliz.

- ¡Ssssh! No digas nada, cariño. Duerme y reponte, ya habrá tiempo de hablar.

Thara se acostó acomodándose a su lado, de tal forma que no pudiera lastimarlo y por fin pudieran estar juntos. Thara le cerró los ojos con delicadeza y enseguida cerró los suyos. Ambos dormían plácidamente después de tantos sueños intranquilos. Neyla en la otra habitación, atendía a Izakel y charlaba de las nuevas noticias con Thargum. Desde la silla, el más joven de los hermanos, había dejado de roncar, escuchaba las palabras que provenían del otro cuarto y, observaba dormir a sus hermanos esbozando una minúscula sonrisa de complicidad.

Escrito el 15-07-2008 03:18 #3

La sonrisa que Thargum le dedicara a su hermana pequeña, tardó en borrarse, el joven sacerdote se sentó en una silla, no muy lejana a la cama de su madre. Neyla entonces caminó lentamente y se sentó junto a Izakel, le apretó la mano y con la que le quedaba libre le acarició el cabello, la mujer abrió los ojos y le sonrió amargamente, las dos no emitieron palabras, pero Neyla le habló con el espíritu y recibió respuesta.

El sacerdote miraba en silencio, luego de un momento su madre cerró los ojos y se quedo profundamente dormida.

-Es bueno saber, que el silencio sólo se apoderó de su voz y no de su espíritu-le dijo la elfa, el hombre asintió en silencio y sonrió-Thargum.

-¿Si?

-¿Qué sabes de los yaraí y los arún del desierto?-preguntó ella.

Él parpadeo varias veces, no era un historiador, pero ahí dentro de su dehni las voces del desierto les llevaban grandes noticias. Lo que vino después fue una charla tendida respecto a lo sucedido en el viaje, Neyla no omitió detalle alguno, pues confiaba en Thargum, nunca dudaría de la capacidad del joven para resolver un asunto como ése.

Ya las estrellas brillaban sobre las casas de Varendia, cuando la elfa se levantó de la cama, se despidió y los dos quedaron de hablar más extensamente sobre aquel asunto, dentro de las paredes del senado, ahí tendrían que estar los Balzac y Athran.

Salió entonces de la habitación y pasó rápidamente a la que ocupaban los hermanos, recargó una mano en la puerta y le habló suavemente a Tharion, éste alzó la vista y asintió en silencio, posó una mano sobre el hombro de ella y abandonó la estancia. Neyla se acercó a la cama y miró a Thara y Thegund, un halo de tristeza se apoderó de ella, venían tiempos difíciles para aquella familia y ellos dos, que ocultaban un terrible pecado a los ojos del mundo, serían los que más sufrirían los sucesos por venir. Posó una mano en la cabeza de la muchacha, alcanzó a agacharse y le susurró dulcemente al oído.

-Ven a mi casa, cuando estés lista.

Luego simuló un breve beso en la frente y los dejó descansar. Cuando salió de la casa, se encontró con Ingaran su mano derecha, que la recibió con un abrazo, tomó las riendas del caballo y los dos comenzaron a caminar lentamente entre las calles solitarias, hacia su casa, dispuesta en otro distrito de la ciudad.

[Editado por tari el 15-07-2008 22:18]

Escrito el 18-07-2008 21:07 #4

Fueron días de paz los que envolvieron a la familia después del regreso de Thara, pero ella tenía una sensación de asuntos de debía atender, por eso en cuanto Thegund pudo levantarse de la cama y salir al extenso jardín de la parte trasera de la casa. Thara aprovechó para arreglarse.

- ¿Vas a salir?

- Sí, ya te conté lo ocurrido en el viaje. Estoy preocupada por lo que dijo Neyla. Hay muchas cosa pendientes entre ella y yo. No tardaré.

Thara levantó los ojos hacia la casa para asegurarse que nadie los observara, Tharion ahora cuidaba de Izakel, y al no ver a nadie, se aproximó a darle un largo beso a Thegund, él sólo sonrió, pero la vio alejarse con una mirada de frustración al no poder acompañarla.

_______________

Sus cabellos sueltos sobresalían por el blanco de su ropa y su capucha. Y el brillo de sus ojos dorados contrastaban con sus labios colorados. Los varantes pasaban a su lado, era difícil no verla, si ella lo hubiera deseado podría haber pasado desapercibida, pero ese día no tenía ganas de escabuirse, más bien, sentía un empuje de retarlos a todos. En cuanto se alejaban escuchaba murmullos, pero tampoco se preocupó por agudizar el oído. Tenía situaciones más importantes en las cuales pensar.

Al llegar a la casa de Neyla, cuyo jardín estaba al frente, una mujer de la servidumbre le abrió. Ingaran estaba en el jerdín cortando uns flores blancas con brillos plateados, en cuanto la vio se acercó a recibirla.

- Ave Thara, Neyla te ha estado esperando.

La joven sólo inclinó la cabeza en un saludo y siguió a Ingaran a través de la casa hasta el estudio. Ahí él tocó la puerta y en cuanto Neyla asintió que pasaran, Ingaran abrió la puerta y dejó pasar a la muchacha, cerrando la puerta al retirarse.

Neyla se sorprendió de verla, Thara se veía diferente, más hermosa que otras veces, contagiaba tranquilidad y felicidad, su sonrisa le trajo un recuerdo lejano a Neyla, como si en alguna ocasión ya hubiera visto ese rostro y esos labios. No obstante deshecho esa posibilidad y regresó la sonrisa a la joven invitándola a sentar.

- Tienes una promesa que cumplirme, y he venido por ella.

Neyla comprendió a qué se refería, pero no había podido hablar con Athran, conocía la impaciencia de la muchacha, así que decidió iniciarla ella en el aprendizaje del combate.

- Hoy mismo empezaremos -respondió la elfa ante la alegría incontrolable de Thara, cuyos ojos siempre se agrandaban aún más ante las sorpresas agradables-. Pero antes, Thara, debes contarme qué sucedió con Thegund.

El rostro de Thara volvió a ponerse serio.

- Lo capturaron poco después de que yo fuera a hablar contigo, por eso cuando regresé ya no estaba. Me ha dicho que no les vio las caras, pero que sus voces no parecían extranjeras, al menos no la mayoría. Sospechamos que hay traidores en Al'Varant, tal vez funcionen como espías.

- No concibo que puedan ser nómadas... -interrumpió Neyla intuyendo la idea de Thara-. Aunque sí pudieran ser varantes... escucha Thara, en cuanto Thegund pueda hacerlo, me gustaría que acudiera al Senado para...

- ¡No vamos a cooperar con el senado, nesri! podremos decirle a Thargum, pero no a los demás, de cualquier forma no harán nada para ayudarnos. Están obsesionados sólo con el poder...

- Thara, hay cosas que no has entendido. Es importante esto, ya no sólo es un peligro para ustedes, no creo que esos hombres intenten matar a Thegund si habla, lo podremos proteger. La situación se está volviendo peligrosa para todos los pueblos de Rómenor.

Thara suspiró cediendo. - Está bien, yo le diré. Y sí entiendo, nesri. Esto ya se ha vuelto una situación política. Pero ahora prefiero que me expliques tú situación, confía en mi, contadme lo que te pasa.

La joven se inclinó hacia adelante para tomar la mano de la elfa en señal de apoyo, y se quedó esperando cualquier cosa que ella pudiera contarle sobre los acontecimientos antes y durante el viaje, en especial su intento de suicidio.

Escrito el 22-08-2008 04:33 #5

Neyla le acarició el rostro a la muchacha y un largo suspiro salió de su boca, se levantó de la silla y dio unos pasos hacia delante, luego volteó y el marco de la ventana quedo detrás de ella, Thara le miraba esperando que le revelará lo más oculto de su alma, una pena que nadie conocía, pero aún no era el momento, pues para ella el tiempo no había pasado en vano y aquella muchacha, tan joven, tan parecida a Neyla, tenía que entender otras cosas.

-Primero debes saber-comenzó, al principio de manera insegura, luego más firme-que eres muy cara a mi corazón Thara y que este espíritu tan cansado y mancillado, no soportaría tu repudio, ni de los que amo. Para mí, el tiempo corre de manera distinta, más lento, más agudo, tanto que la vida de un hombre podría parecerme un suspiro. Y han pasado tantas cosas desde que quede así, que sería demasiado complicado explicártelo en un tarde, haz de descubrir lo más profundo de mi corazón de manera gradual, así como un secreto aún más grande y que ni siquiera yo puedo vislumbrar lo que es.

La Elda, se sentó de nuevo junto a ella, Thara hizo lo posible por escuchar pues realmente lo deseaba de corazón, Neyla entonces se quito los guantes, las dos manos relucieron ante ella, la derecha estaba totalmente mancillada por el fuego, Thara tragó saliva, Neyla cerró los ojos y sintió como una lagrima corría por la mejilla; sin embargo en aquella mano brillaba una anillo de oro con ribetes plateados, una joya que es su simpleza era más hermosa que cualquiera. La mano izquierda, por otro lado, estaba intacta, la piel tersa y las uñas rosadas, incluso la muchacha pensó que de ella emanaba una luz tenue, casi extinta; no obstante, al voltearla, se hizo evidente una cicatriz profunda, hecha por una daga.

-Así como el tiempo corre más lento, los elfos Thara, sienten y observan el mundo de manera distinta, pues nuestro sino está unido al de la tierra, así la pena que sentimos es mucho más grande, tanto que puede destruirnos o llevarnos, si así lo deseamos, a la muerte y la muerte es un descanso a esta pena. Pero…-un suspiro salió de sus labios-yo no puedo, estoy atada a mi hröa. Y esto que vez-dijo señalándose las manos- no fue el primer intento de llegar a las estancias de Namo por otros medios.

Se calló de repente, pues ya había sido suficiente, se tapó las manos y se levantó. Thara asintió en silencio y le abrazo, aquel gesto le arrancó una sonrisa del rostro, hacia mucho que no sentía aquella paz, ni esa sensación de descanso, entonces un recuerdo se instaló en su cabeza, pues el acto de Thara, le recordó extrañamente a Al’Darme.

-Aquí estoy Nesri-susurró la muchacha en su pecho-Aquí estoy.

Escrito el 24-08-2008 20:48 #6

Su cuerpo fuerte y quemado por el sol temblaba empapado de sudor, con la única mano que le qeudaba se cubría el rostro por el que escurrían las lágrimas. La anciana y su hija entraron a la habitación llenas de disgusto.

- ¡Ash! ¿Por qué haz dejado el negocio solo? ¿Otra vez durmiendo?

- Lo que faltaba, manco y perezoso...

- ¡A callar! -gritó la anciana a su hija al ver la situación del hombre.- ¿Qué pasa?

- Mi hija, tengo una hija y está en peligro -dijo el hombre entre sollozos- blanca y resplandeciente como la luna, altiva e impetuosa como el mar, bella y frágil como una estrella, su cabello es de un fuego más intenso que el sol... su nombre es Thara.

La anciana se quedó inmóvil, había depositado en aquel hombre todas sus esperanzas y nunca se le ocurrió pensar que habría hijos, lo que implicaba una promesa más fuerte y joven, sus ojos se iluminaron como cuando el avaro observa sus montañas de monedas y escucha el tintineo al golpear unas con otras. Sin embargo, no podía ser imprudente después de tanto planear su arrivo a Varendia. Ella conocía perfectamente el nombre real de aquel hombre que ahora le parecía envejecido e inútil, y conocía su procedencia; tenía primero que saber qué tanto recordaba.

- Entonces... ¿tienes familia? ¿Qué peligro le acecha?

- No sé si tengo más familia que ella, sólo he podido recordarla en un sueño, su nombre se me vino de inmediato como un eco al ver su rostro triste, manchado de mugre y sangre... es como si estuviera... en medio de una batalla... y me llama, me dice "padre, te necesito". El hombre volvió a cubrirse el rostro, la mujer más joven salió de la habitación irritada, alguien la llamaba desde la barra de la cantina golpeándola con una botella, la anciana en cambio parecía preocupada, tanto como el hombre, necesitaba hacer algunos hechizos para proteger a aquella muchacha, debía evitar a toda costa que algo le ocurriera.

- ¿Cuál es tu nombre? - preguntó ya casi segura que no lo sabría, pero sólo para cerrar con el tema.

- Ash? -respondió con un dejo de inseguridad mirando a la anciana con ojos suplicantes. Eso le bastó a ella para entender que aún le faltaba mucho por recordar, tenía que ser paciente, mostrarle apoyo y comprensión mientras lo forzarba poco a poco a mencionar la ciudad de Varendia, a donde el corazón la apremiaba a ir, pues justo ahí, hallábase su siguiente objetivo: Thara.

Escrito el 01-09-2008 22:56 #7

Shamal se encontraba en el mirador de Suk, un lugar privilegiado situado en el barrio de los mercaderes, desde donde se podría apreciar gran parte de la ciudad. A Shamal le gustaba por la tranquilidad que se respiraba, pues eran pocos los mercaderes que se acercaban hasta allí, las tareas diarias les privaban de poder disfrutar de las pequeñas cosas de la vida, como contemplar las bulliciosas calles de Varendia desde las alturas, solo al caer la noche al mirador acudían los jóvenes amantes, a sellar su amor bajo la atenta mirada de la luna y las estrellas.

Unas palabras de una antiguo Fatîm cobraron fuerza en la mente de Shamal - Cada lugar tiene su propio ritmo y melodía, solo hay que detenerse unos instantes, dejar a un lado todas las preocupaciones, los problemas, cerrar los ojos y escuchar ….

Se apoyó sobre la barandilla, inspiró con fuerza, cerró los ojos y dejo que Varendia le hablara. Sonaba muy distinto al desierto, donde el tiempo no tenia sentido, el silencio lo envolvía todo y para realizar cada acción había un lugar y un momento preciso. Varendía era caos, bullicio, griterío un ajetreo continuo de sus ciudadanos.

Una sonrisa se dibujo en el rostro de Shamal, aunque disfrutaba de la paz del desierto, lo que realmente llenaba el alma de los Fatîm, era el ambiente festivo que se respiraba en la ciudad. Observo el sol, ya era casi el mediodía, era la hora de encaminarse hacia alguno de los pequeños mercados locales, había un público que necesitaba divertirse y olvidar las penas del día.

Escrito el 03-09-2008 18:14 #8

El abrazo con la elfa había hecho que recobrara la tranquilidad, no obstante sus palabras tenían un dejo de oscuridad, lo había notado en sus ojos. Sin embargo Thara estaba acostumbrada a olvidar lo que le pesara, era un espíritu de fuego y de él absorbía su energía. Neyla sonrió ante la mirada impaciente de la joven y tomó una espada que posaba en el otro extremo de la pared, era sencilla, lisa, de plata, se la alcanzó a Thara, mientras ella sacaba su propia espada, sin dejar de sentir cierta nostalgia.

Salieron al patio que da al este de los jardines, era casi mediodía y el sol refulgía las espadas. Neyla era sigilosa y precisa para el ataque, en cambio Thara era tempestiva y hacía tantos movimientos que la cansaban con rapidez. Esta fue la primera lección de la elfa, enseñarla a aguardar, a analizar los movimientos incluso imperceptibles del enemigo. Neyla se negó a continuar después de 3 horas, la muñeca de Thara se veía levemente hinchada, aunque la muchacha no se quejara e insistiera en continuar, tampoco podía negar que le dolía.

Al poco rato Thara salió de la casa con la mano derecha vendada, por la fuerza y el impacto que aplicaba en su muñeca, algo que no debía hacer -le había aconsejado su nesri-, y con la ilusión, aunada, de que llegara un nuevo día de entrenamiento.

Neyla le había prestado la espada al no poder convencerla de que la dejara para segurarse de que descansaría, sólo que Thara puede ser muy persuasiva y la convenció de que sólo practicaría con la izquierda. Así anduvo por las calles de Varendia, con el rostro iluminado y, moviendo la espada de un lado a otro.

Escrito el 04-09-2008 15:31 #9

Shamal recorría las ajetreadas calles de Varendia con su habitual sonrisa, hoy era un día especial, nuevas caravanas provenientes del norte de Rómenor habían llegado a la ciudad. Aquello agregaba un ambiente más festivo a las bulliciosas y coloridas calles de Varendia.

Shamal se aventuro en un mercadillo improvisado, atraído por el olor de la comida especiada y la música que se elevaba por encima de las voces de los comerciantes y los vendedores suk.

Tras doblar una esquina fue a toparse con una joven que blandía una espada, dando mandobles al aire, sin tiempo a mediar palabra Shamal se vio forzado a retroceder, mientras esquivaba las acometidas de la joven, que aun no se había percatado de su presencia. Seguía una secuencia de golpes de instrucción básica, estocada alta, defena, estocada baja para finalizar con una estocada media larga. Shamal fue retrocediendo, hasta que se tropezó con uno adoquín del duelo que sobresalía demasiado, perdió el equilibrio y cayó al suelo de culo.

La joven finalizó el movimiento apuntando con la espada a su cara. – Me rindo – Dijo Shamal, levantando las manos.

La cara de la joven se ruborizó, no se había percatado de la presencia de aquel hombre que a punto estuvo de ser atravesado por su espada. – Lo siento mucho – Dijo avergonzada, - No me había percatado de vuestra presencia- Le respondió.

Shamal se incorporo, mientras escuchaba la excusas de la joven aprovecho para quitarse el polvo de sus ropas, golpeándose con la mano, por la camisa, capa y pantalones. Observo a la joven con una mirada severa, –Ojala todas los asaltes con los que me he batido fueran la mitad de hermosos que tú – exclamó con una sonrisa amble. -¿A sido tu primer día de instrucción? – le preguntó.

-Sí, hoy he tomado mis primeras lecciones- respondió tímidamente la joven, mientras enfundaba la espada.

-¿Puedo saber él nombre de la joven que me ha derrotado? – Preguntó Shamal.

-Thara – Respondió.

-Encantado de conocerte, Thara, mi nombre es Shamal, Shamal al Sqar – Mientras le saludaba con un ademen.

Escrito el 05-09-2008 22:47 #10

A Thara le pareció gracioso el ademán que hizo el personaje que tenía enfrente, además, ahora que le veía sonriente y amistoso con ella, se le antojaba burlarse por lo cómico que se había visto al quedar ahí tirado. Sólo que hacía esfuerzos por no reirse y Shamal lo pudo intuir mirándola con suspicacia.

- ¿Y puedo saber cuál es tu edad? -preguntó él. Thara comprendió el fin de esa pregunta y se le borraron las ganas de reir.

- Sí, tengo 17 años... muy vieja para mi primera lección. Pero fui expulsada de mi dehni, y ahora debo ocultarme para aprender, aunque no he estado ociosa todo este tiempo, yo he practicado muchas veces, ya sabes, espiando... - respondió Thara al final con un susurro cerca del oído, haciendo partícipe a Shamal de su secreto.

- ¿Y vos? ¿Hacia dónde se dirigen vuestros pasos? un nómada solo por la bulliciosas calles de Varendia, era lo último que pensaba podría encontrar.