La Guerra de los Clanes

Batalla 46. Intento De Saqueo De Dhairat Por La C3 Al Varant

Terminada
Escrito el 29-06-2008 19:08 #1

Fin Guerra: Maianor se retira del Combate

Armadas perdidas por "Al´Varant" = 21

Armadas perdidas por "Maianor" = 29

Victoria para Al Varant.

Se produce el saqueo de la ciudad.

Escrito el 03-07-2008 07:00 #2

Murmullos

El sonido del agua asemejaba a murmullos, murmullos que a Caladan se le antojaban increíblemente lejanos, a su alrededor todo se contenía en una calma incierta, él, un elfo de occidente, aún no comprendía ni una mínima parte el pensar de los hombres del desierto y, sin embargo, se sentía a gusto junto a ellos y más ahora en los lindes del río Sarayar, pues la visión del desierto no le era grata al corazón, él se encontraba más a gusto entre el verde de los bosques, el azul del mar y los ríos.

No muy lejos de ahí, se encontraba la ciudad de Dharait, las luces nocturnas se mecían caprichosas con el viento, un viento que traería más que victorias y eso el elfo lo sabía con seguridad.

Pues bien, como les iba contando, existía una calma incierta a su alrededor, es decir en el campamento de la Tercera Dûrmana de Al’Varant. Caladan se encontraba en las afueras de éste y desde ahí podía vislumbrar las sombras inquietas de los generales, que encerrados en una de las tiendas principales, esperaban.

La presencia esperada no tardó en aparecer, era una maestra cofrade del senado, encargada de negociar con el consejo de ancianos que gobernaba en Dharait; según sabía lo que él conocía como el gobierno de Al’Varant no quería cometer el mismo error que en la lejana Hildan y eso al elfo le parecía bastante razonable. Por otro lado, aquella dama era más que una maestra cofrade, era su hermana del corazón, Glithien de los Vanyar; pero nadie en el desierto le llamaba así y ella al parecer, quería olvidarse por todos los medios de aquel nombre. Por supuesto, después de tantos años sin verla se sorprendió y no era para menos, sólo reminiscencias quedaban de lo que antaño fuera, sólo murmullos dentro de un ser que parecía ser más silencioso que el vacío. Y sin embargo, para Caladan no dejaba de ser Glithien, por más que ella insistiera en que no le llamara así.

Así pues, la elfa bajó del caballo y con los dos guardias que la acompañaban se internó en la tienda.

Caladan movió los hombros hacia atrás y después sacó su hermosa flauta de mithrill, pronto las notas también se convirtieron en murmullos nocturnos…

Duró poco, en el centro del campamento se escuchó una trompeta y la incertidumbre se convirtió en movimiento rápido y constante, el elfo se dio la vuelta y miró, el ejercito se preparaba para la lucha y eso sólo podía significar una cosa, Glithien había fallado o ¿tal vez no?

El Elda caminó entonces y se internó entre las tiendas, no pasó mucho para que se encontrará con ella, detrás de la mascara unos ojos lo miraban tristes y cansados, él le sonrió y esperó que ella hiciera lo mismo.

-Los Aresdae han decidido atacar lo más pronto posible la ciudad, así se ganará más fácilmente la batalla-le dijo ella en varante, Caladan ya lo dominaba bastante bien, aun cuando no llevara mucho tiempo en las tierras de los habitantes del desierto.

-¿Qué te han dicho en la ciudad?- le preguntó suspicaz- los generales deben estar muy enojados para decidir tal cosa.

-Lo mismo que dicen siempre, cuando otros tratan de quitarles su libertad-Neyla cerró los ojos-En Dharait, mejor que en ningún otro lugar, saben escuchar entre palabras y no aceptaran la autoridad del senado, sólo la del rey. Y en estas tierras han pasado demasiadas cosas viejo amigo, que tardaría tres generaciones de hombres en relatártelas- Neyla puso una mano sobre su hombro y Caladan pudo adivinar una sonrisa tímida en sus labios.

Las figuras de los dos, desentonaban visiblemente, el elfo era un poco más alto que ella y Glithien de por sí, sobrepasaba por mucho la estatura media de los varantes. Así pues era extraño ver a dos seres gráciles estar quietos ante tanto movimiento.

Ocurrió entonces que un joven cataphracta se acercó a ellos, llamando la atención de Neyla, que le miró un poco inquieta; el muchacho venía ya engalanado con sus ropas de guerra, una pesada armadura le cubría el cuerpo y en la mano, un escudo triangular lucía ante la luz de las antorchas.

-¿Nesri?-la elfa asintió en silencio-Para la Al’Derasda Cathaphrant(caballería pesada), sería un gran honor, que cabalgara con nosotros.

-Yo…yo no soy guerrera-contestó por lo bajo, Caladan sintió como su mano se aferraba a la suya-No sería digna de tal honor.

-Pero nosotros escuchamos lo que hizo en tierras lejanas, junto al senador Athran- el joven le miró con esperanza-No dudaríamos nunca de su capacidad.

Luego de un momento, en el que la mano de Glithien se separó de la suya, ella respondió.

-Está bien-el cataphracta sonrió agradecido y dio media vuelta-Sólo necesito que me haga un favor-El jinete se detuvo y se giró-Él es mi amigo Caladan, como sabe, tampoco es parte del ejercito, pero le conozco y sé que no se quedara aquí.

-Ya veo-el muchacho observó al elfo y le sonrió-Venga conmigo por favor.

-¿Glithien?

-Ve con él, te veo cuando todo esto acabe-le dijo Neyla, que comenzó a caminar despacio entre las tiendas.

Caladan carraspeó, pero siguió al soldado de buena gana, éste le llevó con los alshurenae, que no son otros que la infantería ligera del ejército. Ahí le guió con el capitán, se despidió y desapareció entre las filas de los demás soldados.

Si bien, el elfo no se dedicó nunca al arte de la guerra, sabía manejar bien la espada que el mismo había forjado en Valinor y podría moverse fácilmente en batalla, así nuestro querido amigo de occidente se alineó con los otros y atinó a esperar.

No tardó la noche en indicarle a los Aresdae que debían empezar, así poco a poco los batallones avanzaron, Caladan buscó con la mirada a Neyla y pronto la encontró, justo en medio, junto a los cataphractae, estaba vestida con las ropas de guerra que él no conocía. Un yelmo dorado adornaba su cabeza, cubierta por un delgado velo que caía por lo hombros, el plateado de la mascara de mithrill contrastaba con éste. Un peto de metal se ocultaba detrás de una tunica blanca con un escudo que supuso, era de la Dehni a la que ella pertenecía, una falda de blancas y anchas telas se encontraba sujeta por un hermoso cinturón, un escudo redondo era sostenido en la espalda, en su mano la hermosa lanza que ya había visto alguna vez en Valinor descansaba y sus brazos estaban igualmente protegidos con la armadura dorada. Pero su mirada le desconcertó, estaba cansada y pudo notar que a duras penas andaba en el caballo, aun cuando su figura se mostrara impasible al igual que los que la rodeaban.

Se vio obligado a quitar la vista y a mirar por donde andaba, la ciudad cada vez se veía más cercana, una trompeta sonó a lo lejos y el cielo pareció oscurecer con la primera embestida de los habitantes de Dharait.

Pronto, el ruido de los escudos y las armas de guerra, sustituyó a los sonidos de la noche, que a Caladan se le antojaban lejanos murmullos.

Escrito el 03-07-2008 07:06 #3

Ruidos

El choque con la defensa de la ciudad le había ensordecido los oídos, todo aquello se convirtió en ruidos, ruidos que ahora le parecían demasiado cercanos, ahora desde ahí vislumbraba a los primero hombres escalando las murallas y a las grandes piedras lanzadas por las maquinarias destruyendo parte de la muralla. El elfo se movió ágilmente entre los soldados y avanzó hacia al frente, justo en donde los alturenae esperaban el momento de entrar, una vez que la muralla cayera, a los lejos Caladan distinguió a otra parte del ejercito, que hacía enromes esfuerzos por derribar la puerta.

Las piedras dieron en el piso muy cerca de él, el polvo no disminuía aún, cuando las flechas de la defensa impactaron en los soldados, fue entonces que notó que las bajas ya se estaban notando, sin embargo los alturenae eran precavidos y cuando las flechas cesaron unieron los escudos y avanzaron en una sola y sólida línea que no se rompió, pero el elfo no estaba incólume, no notó cuando alguna de aquellas primeras flechas dieron en su hombro derecho, la sangre lentamente bajaba por su brazo y hasta que llegó aún caliente a su mano, se miró la herida; no se detuvo, la rompió y de un golpe la sacó, un grito se unió al ruido producido por la batalla, un grito que asemejaba a la voz de los muertos.

Una vez que el ejército entró por la brecha, la toma de la puerta se tornó fácil, un batallón de hirlarenae se internó rápidamente y se dirigió hacia allí, con las armas ligeras que llevaban enfundadas terminaron con la poca defensa de la puerta que aún seguía en pie. Al abrirla, parte de los nûrasda entraron a la ciudad y se encaminaron al centro de ésta.

No obstante, aquello no lo vio nuestro amigo elfo, pues él permanecía en la entrada, con un brazo inservible y el otro blandiendo una espada que no sacaba del asombro a los varantes de su alrededor, era de un ligero metal, pero parecía estar hueca, en su interior una luz brillaba con intensidad. Caladan sonrió y con un ligero pensamiento, hizo que la espada se convirtiera en pura luz y aquello pareció infundirle esperanza a los varantes, pues redoblaron los esfuerzos, acabando con la línea defensiva de Dharait. Ésta al romperse les dejó el campo libre, las primeras filas del ejercito se perdieron entre las calles de la ciudad y el elfo siguió a un pequeño batallón de alshurenae.

En el horizonte ya comenzaba a perfilarse un amanecer rojizo, cuando se escuchó de nuevo aquella trompeta en el aire, interrumpiendo el ruido de las armas al chocar unas a otras o en todo caso el contacto de una, con la piel de otro. En ese momento, Caladan atestó el último golpe en contra de un corpulento hombre, que cayó abatido en el suelo, se pasó la mano por la frente y se miró el brazo, que iba de mal en peor. Un alshuren se acercó a él.

-¡Hemos ganado!-gritó eufórico, el elfo sonrió contento, pero la piel comenzaba a tornarse pálida, el hombre se alarmó al instante- Venga, la Dehni Nartaeth(cofradía de los médicos) ya debe estar instalándose en la ciudad.

El hombre le paso una mano por el pecho e hizo que se apoyara en él y no es que a nuestro amigo de occidente le gustara aquel trato, pero no le quedaba de otra, así que caminaron lentamente hacia el centro.

En las cercanías los estandartes de Al’Varant ya ondeaban el aire y un silencio sepulcral mató a los ruidos ensordecedores de la batalla, que ahora le parecían lejanos murmullos.

[Editado por tari el 03-07-2008 07:07]

Escrito el 03-07-2008 07:15 #4

Silencios

La quietud de los cuerpos inertes en el piso de las calles, asemejaba a un silencio, silencio sepulcral que sentía directamente en la piel, en el alma. Por todos lados sólo veía muerte, sangre; y sin embargo podía oír a lo lejos el canto de las aves matutinas, que ajenas a la matanza, cantaban, le cantaban a la mañana. Caladan dejó que su voz se hiciera presente y su cantó le llenó los oídos a su acompañante, que sin entender el idioma de la letra, la sentía completa, bañándole el espíritu, entonces ya no tuvo euforia por la victoria, sino tristeza por sus compañeros caídos y compasión por lo habitantes de la ciudad.

Pero no fue el único que le escuchó, pues el elfo tenía una voz potente y ésta llegó a los oídos de los Aresdae y de todo aquel que se acercará a los edificios principales de la ciudad. Supo que Glithien también le escuchó pues sintió el espíritu de ella llorar con amargura. Cuando doblaron por una esquina, la vio sentada en el barandal de una puerta, con la mirada baja, sosteniendo a un soldado joven, que no era otro que el mismo que les había buscado la noche anterior. Se zafó del brazo de su acompañante y atinó correr hasta ella, se arrodilló, le alzó mirada, se encontró sólo con unos ojos que parecían más un mar de lágrimas, que aquellos que le dieran luz en la antigua Valinor.

-Él no dudaba de mi capacidad-susurró, aún con el llanto en su mirada- y eso le ha traído la muerte.¿No lo ves Caladan?, ¿Cómo podría ser yo Glithien, si aquellos que se acercan a mí terminan mal?, ¿Acaso no tengo derecho de protegerles de mí misma?...Como desearía terminar con todo esto, como desearía ya no hacerles daño a los que amo-las manos de la elfa, cayeron a los lados y su llanto se hizo más fuerte.

El elfo entonces quitó suavemente el cuerpo del muchacho y tomó en brazos a Neyla, con la ayuda del alshuren la llevó con los curanderos y se sentó junto a ella, con el brazo aun sangrando sacó su flauta y comenzó a tocar, pero está vez la cancón no era triste, sino con un tonó distinto, con el tono de la esperanza. Con la vista fija en su hermana del corazón, vio como cerraba los ojos, un curandero se acercó a ella y le quitó con cuidado, una de las protecciones del brazo izquierdo, una fina cortada descendía del codo hasta la muñeca, el médico la desinfectó y la vendó con cuidado, luego le dio a oler unas hiervas y Neyla abrió los ojos cansada. El curandero, se dirigió luego a él y le obligó a dejar la flauta a un lado, con las últimas fuerzas que le quedaban, Caladan se recostó en un lecho y se sumió en la inconsciencia.

Cuando despertó, escuchó susurros a su alrededor. A su lado Glithien hablaba con un hombre ricamente ataviado, que adivinó, era un general del ejército, el hombre hizo una señal de respeto y salió de la habitación en la que se encontraba. Entonces la Elda se giró y le miró.

-Perdiste mucha sangre…-comenzó a decirle, aunque no terminó, pues el elfo le interrumpió.

-Neyla-comenzó a decir, ella se sorprendió, pues no solía llamarle de aquella forma-¿Han muerto muchos?

-Más de los esperados-contestó con voz lúgubre- Desde hace un rato, que han dado inicio los ritos funerarios, los generales se han visto obligados a dejar que la gente recoja a sus muertos, se lo debemos al pueblo de Dharait. Pero ahora descansa, lo necesitas.

-Deberías hacer lo mismo, no tienes buen aspecto-Neyla rió con amargura y le tomó la mano.

-Duérmete Alîair, regalo del mar-dijo ella en un susurro y Caladan sonrió cerrando los ojos lentamente.

Los cantos por los caídos comenzaron a escucharse desde la ventana y estos terminaron por sustituir el silencio de la muerte. Pero a él, sólo le llegaban lejanos murmullos.

Escrito el 07-07-2008 00:30 #5

Resumen de la batalla.

Al Varant ha perdido 21 armadas x35= 735 puntos.

Recuperables: 588 puntos.

Valoraciones: 8 + 8.2 + 7.8 + 8 + 8.6 = 8.12

Recupera: 477 puntos. Han solicitado daños por valor de un 30% lo que suponen 105 puntos.

Total recuperación: 582 puntos

Pierde: 153 puntos.

Por la participación en la batalla, Al Varant obtiene 600 monedas.

Por el saqueo de la ciudad obtiene 300 monedas.

Compañías actualizadas y listas.

Por la participación en la batalla se reparten 290 Nóti.

Por las historias se entregan 96 Nóti.

Saludos!

Historia finalizada.