La Guerra de los Clanes

Batalla 53. Revuelta En Breald.

Terminada
Escrito el 03-07-2008 18:57 #1

Como no podía ser de otra manera, la ciudad de Breald no está muy contenta con el expolio que viene sufriendo; por lo que no ha tardado mucho en alzarse en armas contra los extrangeros, provinientes de Nensir, que les han subyugado por la fuerza.

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Fin Guerra: Maianor deja de Atacar

Armadas perdidas por "Maianor" = 21

Armadas perdidas por "Nensir Airatâri" = 29

Victoria para Maianor.

Nensir mantiene el control de la ciudad.

Escrito el 05-07-2008 14:20 #2

7 Aqua Duir.

Althira había decidido viajar a Breald después de hablar con Emmârdin y Aranarth sobre la leyenda del caldero Aldakune. Por ello, había ido aquella mañana a Dâkosto a decírselo a su hermano. Sin embargo, aunque la assana le había contado parte de la historia sobre el Aldakune que había sabido por Emmardîn y Aranarth, al Artadako no le parecía una idea buena que su hermana fuera a Breald.

- No, Thira. Breald está muy lejos y sus habitantes bastante inquietos. Nos están llegando informes poco alentadores. Hay peligro de que haya una revuelta. No voy a dejarte ir.

- Venga Tath. Es importante. Ellos estaban ya aquí cuando llegamos. Podrían tener información muy interesante… Sobre el Aldakune… -añadió casi murmurando. –Sólo es una visita a la biblioteca… tienes innumerables tropas alrededor… ¿qué puede pasar?

- ¡Sólo es una biblioteca! –repitió Tath exasperado. –La última vez que visitaste una biblioteca casi te secuestran y acabaste en unas ruinas en el centro del continente… -dijo con voz preocupada. – Las bibliotecas de aquí son mucho mejores que la de Breald. No sé por qué te empecinas en… -dijo mientras se dirigía a la puerta, al fin y al cabo no podía negarle nada a su hermana. -¡Cuando llegue Northiêl le decís que venga! –gritó a alguien que Althira no pudo identificar.

- ¿Eso significa que me dejas ir? –preguntó Althira esperanzada.

- Eso significa que Northiêl te acompañará. Si vas a Breald para averiguar si la leyenda del caldero es cierta… será mejor que te acompañe alguien que esté metido en ese embrollo.

Althira y Tathâral aún pasaron un rato hablando antes de que Northiêl apareciera por la puerta de forma atolondrada y con Nothal colgado de su espalda.

- Me han dicho que me llamabas, Capi –dijo apenas entró. –Oh, aret assana Althira –saludó al ver a la hermana del artadako. –No sabía que estabas reunido, Tath. Si quieres vuelvo luego.

- Tranquila Nor, tengo que pedirte algo –Northiêl lo miró con curiosidad. - Thira quiere ir a Breald a mirar no sé qué de una leyenda… -continuó Tath mirando de reojo a Althira, pues ésta le había contado que la información era confidencial. –Nor, quiero que cuides de ella y que nada malo le pase –dijo con el semblante serio.

- Claro capi, Aiwë y yo iremos a Breald con ella y le ayudaremos a investigar… -dijo Northiêl con tranquilidad.

- No, no. No quiero que llaméis la atención y Breald está llena de soldados nuestros. Iréis las dos solas. Serás su guardaespaldas particular –bromeó sonriendo. –Puedo contar contigo, ¿no?

- Claro Capi. Ya sabes que estoy a tu entera disposición. Iré a prepararlo todo. Partiremos cuando la assana diga.

Al día siguiente, Northiêl recogió a Althira en la puerta de su casa. Llevaba sus ropas habituales, una capa de viaje y una bolsa con víveres y alguna muda. A su lado, una leona descansaba en el suelo, a la sombra, y sólo levantó la cabeza cuando la assana cerró definitivamente la puerta para partir.

- ¿Qué es eso? –preguntó Althira al verla. Ante la desconfiada pregunta, la leona gruñó.

- Está bien, Lahna. Es Althira –dijo señalando a la assana. –Si hiciera falta tendrías que dar tu vida por ella, así que no gruñas demasiado –dijo acercando la leona a la sacerdotisa, que la miró desconfiada. –Ésta es Lahna, nuestra compañera de viaje… y tu otra guardaespaldas. Será mejor que te lleves bien con ella. No hace nada. Deja que te huela y te reconozca y ya está –pidió mientras acariciaba a la leona.

- Estás loca –dijo Althira mientras, después de que la leona se separara de ella, iba a buscar su caballo.

El viaje a Breald fue tranquilo y agradable. No tenían prisa, así que mantenían un ritmo constante y ligeramente rápido pero evitaban cansarse en exceso. En general, Northiêl se dedicaba a hablar sin parar de cosas banales y Althira escuchaba. Como no parecía desagradarle que hablara, Northiêl no dejaba de hacerlo. La assana se acostumbró pronto a la presencia de Lahna. Northiêl se había ocupado de ella desde que la cercara en Kwalm Lâra y, para entonces, la leona era completamente mansa a menos que la elfa ordenara lo contrario.

Sólo una noche hablaron de lo que iban a hacer en Breald.

- ¿Por qué tanto interés en esa ciudad? –preguntó al fin Northiêl.

- Mi padre siempre decía que el enviado a esconder el aldakune había visitado varias ciudades de la zona antes de elegir el lugar ideal para esconderlo y, que si algún día se perdían las pistas que había en nuestras tierras, las ciudades del Aldalaurë ayudarían a encontrarlo al que lo buscara. Por supuesto, entonces nuestra tierra era el otro extremo del bosque… y yo pensaba que se refería a aquellas ciudades… Bueno, en realidad yo pensaba que esto sólo era una leyenda –dijo al final.

- Ya veo… deberíamos habértelo dicho antes. Aiwë y yo llevamos meses buscando pistas sin encontrar nada. Supongo que quisimos movernos demasiado poco. No hemos llegado a salir de Galador.

- Galador es posterior a la pérdida del aldakune. Las fronteras no estaban entonces. No podéis acotar tanto la zona.

- Sí, supongo que tienes razón. Tal vez nos lo hemos tomado con demasiada tranquilidad –dijo Northiêl de forma simple, como quien dice una curiosidad.

En Breald las recibió Kelnêtir, que estaba a cargo de la ciudad.

- Soy Northiêl Dusuik y vengo acompañando a la assana.

- Por supuesto, pasad. Nos llegó un mensaje del Artadâko hace unos días. Os esperábamos ayer…

- Hemos tenido un viaje tranquilo. No había prisa por llegar –contestó Northiêl con tranquilidad.

- Por supuesto. Aunque habéis elegido mala época para visitar Breald, assana –dijo dirigiéndose a Althira. –Las gentes están inquietas. Al liberarlos de su antiguo rey nos acogieron bien pero no les gusta rendir culto a Nensir. No hay manera de hacerles entender la importancia que tiene cada ritual…

- Tal vez se inquietarían menos si respetáramos lo que piensan –dijo Northiêl sin pensarlo. Tanto Althira como Kelnêtir se la quedaron mirando como si hubiera negado a Nensir.

- En cualquier caso –intervino Althira. –Debemos darles tiempo para que se den cuenta de que Nensir realmente merece que se lo adore así.

- Por supuesto, assana. Bueno, ésta es la biblioteca. – dijo señalando un edificio que había al lado de ellas.- Acomodaremos una casa cercana para que puedan instalarse. Es un placer tener a alguien del consejo entre nosotros –dijo antes de retirarse.

Northiêl hizo un gesto con la mano para despedirlo. Cuando estuvo lo suficientemente lejos como para que no la oyera, murmuró: “por supuesto, todos serán más felices cuando se conviertan en pequeños aldalântar muy educados y hayan perdido lo que les caracterizaba como pueblo…”

- ¿Por qué eres tan agnóstica? –dijo Althira, que sí la había oído. –Puede que tras probarlo, se den cuenta de que Nensir es la solución a sus problemas. Tú eres aldalânta, deberías entenderlo.

Northiêl se encogió de hombros y, tras ordenar a Lahna que se ocupara de que nadie hiciera daño a Althira, le dijo que iba a dar una vuelta por la ciudad.

La ciudad era un lugar agradable, o lo hubiera sido si la elfa no se hubiera sentido amenazada con cada mirada de los lugareños. Pasara por donde pasara, había gente en la calle. Por una parte estaban los soldados aldalântar que, al reconocerla, la saludaban con alegría y se acercaban a ella para preguntarle cómo seguían las cosas en Neitillot. Y luego estaba la gran masa: gente que la miraban con odio y desconfianza. Northiêl se sentía identificada con ellos. Sabía que de haber nacido en Breald, se comportaría igual.

Escrito el 05-07-2008 14:23 #3

Althira y Northiêl estuvieron varios días en Breald. La sacerdotisa pasaba el día en la biblioteca donde, al parecer, había encontrado algunas referencias históricas que podrían estar relacionadas con el aldakune. Northiêl la ayudaba por las mañanas en la biblioteca pero pasaba las tardes paseando por las calles de Breald.

Una tarde que paseaba acompañada de Lahna para que la leona se relajara un poco después de pasar el día encerrada en la biblioteca, un niño se les acercó.

- ¡Hala! ¿Has visto Ituk? ¡Es una leona! ¡Debe de serlo! ¡He visto un dibujo en el libro del maestro y se parece mucho! –dijo emocionado mientras se aproximaba. Pero, cuando estaba a pocos centímetros, paró en seco. El libro también explicaba que las leonas eran peligrosas. Al notar la presencia del desconocido, Lahna gruñó.

- Ni se te ocurra Lahna. Es un amigo –dijo Northiêl sonriendo. –Puedes acercarte, chico. No te hará nada. Es amiga mía.

Ante el permiso de la elfa, el niño miró a su acompañante con ojos vidriosos por la ilusión y se aproximó para acariciarle la cabeza.

- ¿Seguro que no le hará nada? –preguntó el joven que acompañaba al niño. Por la apariencia, Northiêl dedujo que debía ser su hermano.

- Seguro. Lahna sólo es peligrosa cuando yo le permito serlo, ¿verdad Nothal? –dijo mirando al koala, a su espalda. Al escucharlo, el niño levantó la cabeza y fue corriendo a ver al koala.

- ¿Y qué es esto? –preguntó con ilusión.

- Es un koala. ¿Quieres cogerlo? Creo que te llevarás bien con él, le encantan los niños –dijo mientras ponía a Nothal en sus manos. El koala lo olisqueó un poco antes de agarrarse a la espalda del muchacho como lo hacía con la elfa. -¿Ves? Lo que yo decía –dijo ella riendo. Entonces reparó en que el joven protector del niño miraba con preocupación. –Tranquilo, no dejaría a mis “bichos” en manos de tu hermano si no fueran inofensivos –dijo con una sonrisa.

- No es mi hermano, es mi sobrino. Es hijo de mi hermana mayor. Ella y su marido murieron durante la batalla… Eres una elfa aldalânta, ¿no?

Northiêl asintió, aunque por alguna razón no se sentía muy orgullosa de ello en aquellos momentos.

- Supongo que debo agradecerte que tu pueblo nos liberara de la maldición…

- No, no tienes por qué hacerlo. Además no he venido a luchar, sino a buscar información en vuestra biblioteca. Aun así… ¿no estáis contentos de haber dejado de sufrir bajo las manos de un tirano? –dijo refiriéndose al antiguo rey de Breald que, según le habían contado, no había sido un buen rey.

- ¡Por supuesto! El deseo de todo pueblo oprimido es cambiar de opresor… para continuar siendo oprimido –dijo con sorna. Northiêl se escandalizó mucho al escucharlo.

- ¿Eso hacen? –dijo horrorizada.

- ¿Crees que perteneces a un pueblo perfecto? ¿No podéis dejarnos en paz? Os hemos dado las gracias y hemos pagado con muchas vidas la supuesta libertad que nos habéis ofrecido… pero no entendemos vuestras costumbres ni queremos entenderlas, para eso ya tenemos las nuestras. No sabemos quién es Nensir ni nos interesa y no creo que haya nada de malo en pensar que los rituales que nos obligáis a hacer son absurdos. Sin embargo, más de uno ha estado a punto de acabar entre rejas por negarse a hacerlo.

- Lo siento –dijo Northiêl con sinceridad.

- ¿Lo siento? ¿Todo lo que tienes que decir ante eso es “lo siento”? –dijo el chico incrédulo.

- ¿Y yo qué quieres que haga? También considero absurdos los rituales pero no soy nadie para ordenar que dejen de amargaros la vida, ¿sabes? A mí me mandan. Puedo intentar convencer a mis superiores de que dejen de insistir en eso, pero no servirá de nada. ¡A mí misma me obligan a hacer esos rituales! No puedo ayudarte en eso. Aunque, si nos dierais una oportunidad veríais que los aldalântar no somos tan malos.

- ¡Pero no podéis pretender que seamos aldalântar! ¡Nosotros no lo somos! ¡Somos humanos, no elfos! –gritó el joven, decidido a convencer a la única habitante de Galador que le había hecho caso.

Northiêl se encogió de hombros y no contestó. Él tenía razón y ella lo sabía, pero no podía hacer nada. Sin embargo, aquel encuentro y el cariño que el niño había cogido por los animales de Northiêl hicieron que, durante los días que Northiêl pasó en Breald, pasaran mucho tiempo juntos. Hablaban de cosas sin importancia y, sobretodo, reían mucho. Además, Ituk conocía la leyenda de un caldero perdido hacía mucho y Northiêl le pidió que se la contara por si era la que buscaba. A cambio, Nor explicó a Ituk cuáles eran los métodos más efectivos para simular que se hacía un ritual sin hacerlo, o directamente escabullirse de participar en él. Todo eso hizo que llegaran a entablar una amistad bastante fuerte.

Unos días después del encuentro, el sobrino de Ituk apareció en la biblioteca, sólo y bastante enfadado. “Quedarme en casa, con lo aburrido que es quedarse en casa…” murmuraba.

- ¿Te pasa algo? –preguntó Northiêl al verlo murmurar así. No era habitual ver al sobrino sin el tío.

- Mi tío, que se ha vuelto loco. ¡Me ha dicho que me quede en casa! ¿Quiere que muera de aburrimiento? Y encima me ha ordenado esconderme en el sótano y no salir de la casa hasta que él venga a buscarme o pasen varios días… se ha vuelto loco. Sabía que estarías aquí y por eso he venido, quiero jugar con Lahna un rato.

Northiêl miró a Althira de forma preocupada.

- Me voy a ver qué pasa. Lahna, no dejes que nadie pase por esa puerta. Que no les ocurra nada ni a la assana ni al chico, ¿lo has entendido? –la leona gruñó y se puso en posición de alerta mientras Northiêl se dirigía a Althira. –Será mejor que os quedéis aquí. Las dos sabemos que eres mejor curando que luchando… y tu hermano no me lo perdonaría si te pasara algo. Lahna cuidará de vosotros. En cuanto sepa qué está pasando volveré.

Cuando Northiêl salió de la biblioteca la revuelta ya había empezado. De todas partes salían lugareños dispuestos a darlo todo para conseguir por fin su ansiada libertad. Los soldados que, a pesar de saber que la revuelta estaba cerca no estaban preparados para ella, se defendían como podían de los lugareños, que parecían haberse multiplicado en los últimos minutos.

- Esto es una masacre –dijo Kelnêtir cuando Northiêl consiguió alcanzarlo. –La ciudad ha despertado como cada día y, sin embargo, a las dos horas ya habíamos perdido gran parte de los oficiales. Los tumultos se han extendido por toda la ciudad, empezando por las calles internas, en los barrios más antiguos y llegando a la gran plaza. Se trata de una patrulla armada con proyectiles y armas de todas clases, algunas artesanales pero otras profesionales. Su primer objetivo ha sido las casas ocupadas por los elfos, allí han empezado a caer los proyectiles. Lluvia de pequeñas piedras han estado cayendo sin parar y, a duras penas, hemos podido refugiar a los nôrî élficos en las habitaciones del antiguo palacio real. Casi todas las calles han sido tomadas y el ejército está intentando contener a los distintos lugareños. La ciudad está exaltada. ¡No sé qué se les ha pasado por la cabeza a los lugareños! ¡Somos demasiados! No pueden ganar, y aunque lo hicieran perderían a demasiada gente… antes de que se recuperaran estaríamos aquí ocupándolos otra vez. Además, no los hemos tratado tan mal…

Northiêl se alejó de allí y buscó un tejado libre desde el que contribuir a la defensa. Lo cierto es que no se enorgullecía de pertenecer a los que defendían la ocupación, pero se debía a su clan y no podía darle la espalda. Eligió los dardos cuyo veneno no era letal y empezó a disparar. Cada dardo era un golpe certero, pero sólo tiraba cuando veía a alguno de los suyos a punto de caer.

Desde el lugar en el que se encontraba pudo ver que lo que había dicho Kelnêtir era cierto. La batalla se estaba desarrollando bastante cruenta, los revolucionarios no querían ceder mientras que las defensas aldalântar tenían el encargo de no permitir que el caos se dejara llevar por toda la ciudad, soldados alda fueron llegando desde los alrededores de la ciudad después de la llamada desesperada de la guardia de la ciudad. Era parte del ejército del Aldakûne que aquella mañana habían estado entrenando en las afueras de Breald. De esta manera, se había organizado un batallón de contención que recorría todos los barrios de la ciudad mientras avanzaban como podían a través de los exaltados.

Escrito el 05-07-2008 14:24 #4

Todas las calles de la ciudad estaban viviendo una cruel batalla entre ocupantes y lugareños. Sin embargo, ganaran o perdieran, los lugareños estaban perdiendo demasiadas vidas. A su espalda, Nothal escondía la cabeza para no mirar. No era un espectáculo agradable. De repente, el koala presionó con fuerza la espalda de la elfa y ésta se quedó rígida. La señal de Nothal indicaba que alguien se acercaba. Había bajado del tejado. Giró un poco la cabeza y se encontró con Ituk. El joven estaba lleno de arañazos, pero tenía buen aspecto.

- ¿Vas a matarme o a hacer que te mate? –preguntó divertida, mirando a los ojos a su amigo.

- Ninguna de las dos cosas –dijo él, y luego miró la ciudad bañada de sangre. –Empiezo a pensar que no fue tan buena idea.

- Fue un suicidio.

- Pero hemos ganado –dijo señalando la ciudad con la cabeza, lo cierto era que los lugareños mantenían la ventaja.

- Sí, pero ¿a qué precio? Te quejas de liberarte de un rey tirano pagando muchas vidas y te encargas de perder otras tantas intentando liberarte de… nosotros. Ya te lo dije, un día u otro se darán cuenta de que no os pueden pedir lo que os piden y, entonces, pedirán sólo lo que sí pueden pedir.

- Eso conlleva esperar demasiado. No estamos dispuestos a esperar tanto –contestó Ituk.

- Entonces mantened esta revuelta hasta que seáis demasiado pocos para saborear la victoria. ¿Sabes si tus amigos han entrado en la biblioteca?

- Creo que sí. Al menos pretendían entrar, menos mal que le dije a…-pero Ituk dejó de hablar, Northiêl había echado a correr.

La elfa corrió hacia la biblioteca sin importar por dónde pasaba y con quién se encontraba, por lo que cuando llegó estaba llena de arañazos y tenía un corte bastante profundo en el hombro izquierdo, donde Nothal intentaba quitar el puñal que le habían clavado.

- Será mejor que lo dejes como está. No sé si conseguiré llegar a la biblioteca si me lo quitas –dijo la elfa al darse cuenta de las intenciones del koala. –Pero hazme un favor, Nothal. Inmovilízalo tanto como puedas, ¿quieres?

El koala intentó obedecer sin mucho éxito mientras Northiêl seguía corriendo mientras notaba el dolor en el hombro. Al llegar, se encontró la puerta abierta y a un lugareño dirigiéndose peligrosamente hacia Althira y el niño. Althira estaba en el suelo sin moverse y Nor pudo ver que sangraba. No tuvo casi tiempo de reaccionar, sacó su daga y se acercó sin hacer ruido al lugareño, tomándolo por la espalda y poniéndole la daga en el cuello.

- Créeme que preferiría no matar a nadie hoy, pero si tengo que hacerlo lo haré. No veo nada de noble en atacar a dos personas indefensas que se limitan a estudiar los libros de una biblioteca –le dijo casi en un susurro, lo cierto es que las fuerzas empezaban a fallarle.

- Indefensas, ¿dices? Esa leona ha estado a punto de matarme. A mí y a mis compañeros, aunque puede que con suerte sigan vivos… ¡y tu amiga…! –pero Northiêl no llegó a saber lo que había hecho Althira, porque Ituk llegó por detrás y le quitó el puñal que tenía clavado con un movimiento brusco, haciendo que perdiera el equilibrio de la impresión. Nor sintió que las fuerzas la abandonaban por completo y caía, pero no llegó al suelo porque Ituk la cogió al vuelo y lo impidió.

- Estas cosas es peligroso mantenerlas clavadas mucho tiempo –dijo mientras tapaba la herida con un pañuelo para frenar la hemorragia antes de girarse a sus compañeros. -Chicos, la revuelta ha terminado. Se ha ordenado la retirada. Los elfos están dispuestos a escuchar nuestras quejas y requerimientos –les dijo. –En cuanto a vosotras, siento mucho que… -pero entonces levantó la vista y vio a su sobrino. A Ituk se le heló el rostro. -¿Qu… qué haces tú aquí?

- Me aburría en casa y he venido a leer un rato con Northiêl y Althira. Y entonces han llegado esos hombres y se han creído que era un aldalânta. ¿No te parece divertido? Lo que no entiendo es por qué nos han atacado. Menos mal que estaba Lahna y se les ha echado encima enseguida. Aunque después le han clavado un cuchillo y la pobre ha dejado de moverse… espero que esté bien… Pero bueno, lo realmente divertido ha venido después, ¡porque Althira y yo hemos jugado a lanzarles encima las estanterías a esos hombres! Y si no fuera porque ese hombre ha logrado salir de debajo de la estantería y herir a Althira, habríamos acabado con todos –dijo triunfante.

Ituk, Northiêl y Althira, que se había acercado arrastrando la pierna herida para mirar cómo estaba la herida de la ainakelvari, se miraron y no pudieron evitar reír. Ellos lo habían pasado realmente mal y, sin embargo, para el niño todo había sido como un juego. Aquello no dejaba de ser absurdo.

Escrito el 09-07-2008 16:00 #5

Resumen de la batalla.

Nensir ha perdido 29 armadas x35= 1015 puntos.

Recuperables: 457 puntos.

Valoraciones: 8+7,95+7,4+8,2+7,4+7,8= 7,791

Recupera: 356 puntos. Por los daños sufridos por los dirigentes de la compañía, recupera 140 puntos. Total recuperación: 457 puntos.

Pierde: 558 puntos.

Por la participación en la batalla obtiene 600 monedas.

Compañías actualizadas y listas.

Historia finalizada.